Los tipos se aborrecían; detestaban sin disimulo aquello que el otro representaba: sus ideas, su forma de ver el mundo y su estilo de vida. Cuando, en 1968, la cadena estadounidense ABC les propuso protagonizar diez debates durante las convenciones republicana y demócrata de cara a las elecciones de ese año, dijeron que sí pese a ese odio. La posibilidad de argumentar y de destruir los argumentos del otro en cámara resultaba más atractiva que seguir rumiando en la intimidad. Era una propuesta innovadora en tiempos en que los noticieros de TV eran la institución más confiable para los ciudadanos de ese país, aunque el verdadero motivo hay que buscarlo en la falta de presupuesto de la cadena de noticias ante sus competidoras NBC y CBS. William F. Buckley Jr., considerado el primer intelectual de derecha moderno, director de la conservadora National Review y conductor del programa Firing Line, y Gore Vidal, el arrogante y provocador escritor liberal, autor de una larga lista de best sellers y gran animador cultural de su época, aceptaron discutir los temas calientes de la agenda política. Best of Enemies, un exquisito documental dirigido por Robert Gordon y Morgan Neville que puede verse en Netflix, reproduce las jornadas que cambiaron la televisión (el show político fue visto por 10 millones de personas) y conduce a inquietantes preguntas sobre las formas actuales del espectáculo y el periodismo, la construcción del gusto de las audiencias masivas y la dominante pereza intelectual.

La película toma aquellos diálogos explosivos entre personas de origen tan similar (blancos de acento patricio, uno quiso ser alcalde de Nueva York; el otro, legislador demócrata) y cosmovisión tan diferente (el católico Buckley creía que el comunismo y la sexualidad diversa amenazaban el futuro de su país, mientras que el progresista Vidal despreciaba a la derecha sectaria y buscaba con su obra erradicar toda etiqueta sexual) y sobre esa reproducción monta fragmentos de archivo y testimonios de personas cercanas al evento y a sus protagonistas. En las secuencias de lo que fue el debate, compitiendo en esgrima verbal, pero conscientes de que se necesitaban uno al otro para dar el mejor espectáculo, es evidente que a Vidal lo preocupan la derecha que desprecia la lucha por los derechos civiles, mientras que Buckley Jr., orgulloso patrocinador de la política de "la ley y el orden", puede afirmar sin inmutarse que "la libertad genera desigualdad". Vidal cree que el mundo está en lo cierto cuando acusa a EE.UU. de genocidio en Vietnam porque "el 90% de los muertos fueron civiles" y Buckley Jr., quien tiempo después sería uno de los grandes hacedores del triunfo de Ronald Reagan, percibe a Vidal y el pensamiento que éste encarna como un peligro para la nación. "¿Cómo voy a ser un antipatria si soy el biógrafo oficial de este país?", responde con soberbia Gore Vidal, en un momento.
La elegancia y la erudición de uno y otro son deslumbrantes y dominan los primeros ocho debates, hasta que el odio estalla en la novena emisión, cuando un distante Gore Vidal llama "criptonazi" a su oponente y consigue desequilibrar a Buckley Jr., quien deja a un lado la caballerosidad, para transformarse en un pendenciero que le escupe "maricón" mientras lo mira a los ojos y lo amenaza con trompear su "cara de mierda" y dejarlo enyesado. Una escena legendaria; un momento en el que el rating fue oro en polvo, mientras la sensatez y el diálogo político eran derrotados. Buckley Jr. nunca pudo perdonarse y ni siquiera el juicio que le entabló a Vidal -quien dudó de su heterosexualidad en un artículo de Esquire- pudo liberarlo de esa culpa. Habían nacido el mismo año (1925), pero en 2008 Vidal tuvo la fortuna de despedirlo de este mundo. "Creo que el infierno será un lugar más animado", escribió Gore Vidal, quien "era bueno odiando", como ironiza en el film el periodista Christopher Lehmann-Haupt, amigo de Buckley Jr.

H. P.
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