viernes, 6 de mayo de 2016

TEORÍAS CONSPIRATIVAS; PLACERES DE MUCHOS



¿Escucharon la última? Parece que hay un plan para poner algo en el agua que va a hacer que no podamos decidir libremente y todos nos hagamos de Atlanta. Y ojo con el último remedio para el dolor de panza, tiene un componente secreto que nos hace perder la memoria. Además, no vean la tele a las 3 de la mañana porque están poniendo propaganda subliminal para lavarnos la cabeza.
Siempre ha habido conspiraciones en la historia de la humanidad, reales y ficticias. Lo curioso es que, de alguna manera, nos gustan.

 La Gran Pregunta es por qué nos resultan fascinantes las ideas conspirativas, que avanzan a gran velocidad por radio pasillo, redes sociales y charlas de vestuario. Por si fuera poco, el origen de las conspiraciones requiere un gran secretismo, que también puede ser investigado. Y sí, es una pregunta científica, que amerita experimentos e hipótesis. De acuerdo a los expertos, una conspiración como el diablo manda debe tener a) un grupo que b) actúe en secreto para c) alterar las instituciones, esconder verdades o tener ganancias d) a expensas de que les crean.
Un factor importante es la educación del creedor: no tener el secundario completo aumenta mucho la probabilidad de aceptar la teoría conspirativa, al igual que el nivel de ansiedad del que recibe las historias. 

Otra variable importante es el control que la gente sienta que tiene sobre su vida; cuanto mayor sea, menos ingenuidad para las fábulas conspirativas.
Además, un estudio realizado hace muy poquito tiempo muestra que para mantener una conspiración andando y en secreto, bien al estilo Frank Underwood, el número de personas que compartan la conjura debe ser relativamente pequeño. El crecimiento de los complotados aumenta muchísimo la posibilidad de que haya soplones, o que por accidente a alguien se le escape el secreto.
Es claro que hay conspiraciones para todos los gustos. Por ejemplo, estar convencido de que la Apollo 11 no llegó a la luna sino que fue todo una filmación de Stanley Kubrick es absurdo, pero no le hace demasiado mal a nadie. En cambio, creer que las vacunas causan autismo, sin ninguna base certera, sí puede ser peligroso para el creyente y los que lo rodean.
Pero volvamos al secreto de los conspiradores: se puede trazar un modelo con ecuaciones que representen el número de personas, cuánto tiempo se mantiene la idea dando vueltas, la ganancia que se obtiene por mantener todo subterráneo o por salir a la luz.


El estudio que se publicó consideró cuatro conspiraciones. A saber: 1) que los primeros alunizajes fueron fraguados, 2) que el cambio climático es un fraude; 3) que existe un complot para tapar información sobre la seguridad de las vacunas y 4) que la cura del cáncer existe y está siendo escondida por laboratorios farmacéuticos.
En todos los casos se supuso que distinta cantidad de gente compartía la idea conspirativa. Los cálculos afirman que cualquiera de estas intrigas debieran desenmascararse en pocos años, sobre todo si hay muchos intrigantes detrás de la historia. Con unos 2500 conspiradores la mentira puede durar unos cinco años, pero si los que maquinan el plan son un grupo selecto de 100 personas, entonces la confabulación puede existir entre nosotros por un siglo sin que nadie confiese.


En otras palabras, si queremos plantar una conspiración en la opinión pública, y que dure mucho tiempo, mejor que el secreto sea compartido entre muy pocos, para disminuir la probabilidad de que se destape el complot.
Y me detengo acá, porque si sigo revelando secretos, temo que los extraterrestres vengan a buscarme

D. G. 

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