Un viaje bello y poético a los años treinta

Cuesta abajo / Libro: Alfredo Le Pera / Actores-titiriteros-cantantes: Pablo Lago, Laura Laspiur, Lucía Gerpe, Martín Rebeche, Walter Menta, Mariano Basile, Mara Mantelli, Alejandro Cardozo, Osvaldo Melián / Músicos: César Nigro, Emilio Turco y Pau Longobardi / Escenografía: Osvaldo Walter Melián / Luces: Carolina Rabenstein / Realización de títeres: Ricardo Lista / Dirección musical: César Nigro / Co-dirección títeres: Carmen Kohan / Dirección general y adaptación: Hernán Márquez / Sala: Santos 4040, Santos Dumont 4040 / Funciones: domingos, a las 18 / Duración: 60 minutos.
Carlos Gardel sería tan feliz si pudiera ver la sublime trasposición al teatro de aquella película que filmó en 1934.
Cuesta abajo es una propuesta diferente que combina lo mejor del teatro musical con títeres. Discípulo de Eva Halac, Hernán Márquez concibió adaptó una de las cuatro películas que Gardel filmó para la Paramount Pictures, en los estudios de Long Island, a una puesta en escena intimista, con un grupo de nueve actores titiriteros cantantes y tres músicos en escena liderados por César Nigro.
Márquez nos hace viajar al Buenos Aires del 30, con sus personajes, sus costumbres, su forma de hablar y esa música tan nuestra que inundaba sus calles y era el orgullo de un país entero. Hay amoríos, lúmpenes, arrabaleras, cafishos, jugadores y esos seres que poblaban los bares porteños. Y en medio de esa dialéctica romántica de traiciones y lealtades circulan las canciones de la película, que incluyen dos clásicos inmortales: "Cuesta abajo" y "Mi Buenos Aires querido".
Uno no podrá diferenciar a cada títere con su manipulador -cada uno de ellos son cantantes, son actores-, y gracias a la belleza de la realización de Ricardo Lista que le otorgan unicidad a la propuesta y a cada una de las criaturas. Esos hermosos muñecos que caminan, se abrazan, cantan tangos o se desafían tienen poesía, además de vida. Es difícil destacar a alguno de los intérpretes porque todos son excelentes y en eso tiene responsabilidad este director-mago para tener en cuenta: Hernán Márquez. Porque Cuesta abajo tiene magia, es de esas joyas teatrales que parecen pequeñitas, pero son enormes. Confíe en estas palabras: presenciar esta propuesta es trasladarse a la pantalla de una época de gloria del cine argentino. Y no sólo no se verán traicionados los cinéfilos ni los gardelianos, sino que aquellos que no suelen tener ningún tipo de acercamiento al tango o a estas historias de antaño se verán inmersos en un cuento hecho realidad. Con personajes que tienen alma.
Corresponde también destacar el trabajo de escenografía de Osvaldo Melián y el diseño de luces de Carolina Rabenstein.
Cuesta abajo es una razón más para afirmar que ahora en el barrio de Chacarita hay buen teatro y es un nuevo circuito para recorrer y tener en cuenta a la hora de elegir.
P. G.
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