lunes, 5 de septiembre de 2016

VISITÁ CAMPANÓPOLIS; UNA AGRADABLE SORPRESA


Campanópolis, una aldea medieval en Buenos Aires

Por increíble que parezca, estas imágenes no son de Bélgica, Austria o República Checa. Se trata de la aldea medieval de Campanópolis que se encuentra en González Catán, en medio del partido de La Matanza.
Hace unos cuatro años falleció su creador, Antonio Campana, un excéntrico empresario gastronómico con increíble imaginación. Con mucho esfuerzo son sus hijos quienes se ocupan de mantener en pie esta ciudadela en la que jamás vivió nadie, donde no se sabe con exactitud cuántas construcciones hay (pero sí se sabe que hay 836 llaves) y que ocupa nada menos que 20 hectáreas, en un terreno de algo más de 200, que posee llanuras, bosques selváticos, ríos, arroyos y lagos.
Repleta de castillos, torres, callejones con recovecos, molinos, y casitas que parecen salidas de un cuento de los hermanos Grimm, Campanópolis es un pequeño hermoso mundo desconocido hasta para los propios vecinos.

La ciudad, bautizada Campanópolis por el historiador Alfonso Corso, amigo de Campana, se construyó a fuerza de improvisación y creatividad de este hijo de inmigrantes, que en 1977 compró los terrenos con la idea de criar ganado. Pero la CEAMSE se los expropió en 1980 para utilizarlos como un enorme basural. Cuando Campana finalmente recuperó las tierras, en el año 85, el predio era inutilizable para ganado o cultivos. Al mismo tiempo, a Campana se le diagnosticó un tumor, y decidió entonces desprenderse de sus empresas y consagrarse a su sueño.


Las vueltas del destino quisieron que Campana viviera 24 años más. Tiempo que invirtió en nivelar y quitar de sus tierras los más de 2 millones de metros cúbicos de basura, plantar más de 10.000 árboles y abocarse de lleno a su emprendimiento.



De esta manera, Campanópolis se fue edificando y decorando con materiales de demolición, piezas antiguas, y mil y un elementos que otros habrían considerado inútiles.










Cabe destacar que Campana no era arquitecto ni contrataba arquitectos ni trabajaba con planos de arquitecto.
Según su hijo, “Sólo él sabía lo que se iba a construir día a día. Podía hacer un dibujo en un papel higiénico o en el capot del auto, con una tiza, y así se lo entregaba al albañil”.
Hoy Campanópolis se encuentra abierto al público en general, y tambien se organizan visitas para colegios y escuelas con charlas sobre reciclaje y ahorro de energía.
Qué más contarte, si las imágenes hablan por sí solas.

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