martes, 10 de agosto de 2021

ECONOMÍA COTIDIANA


Es tiempo de dejar de pensar que la competitividad se consigue solo con devaluar
La idea de que una economía sea eficiente es que realmente promueva el bienestar de toda la población y, a la vez, es aquella que gane productividad, única manera de elevar los ingresos


Santiago Bulat

El mundo más globalizado exige mejores niveles de competitividad para no quedar atrás en esta carrera






1. Competitividad. Cuando estudiamos economía se nos explica que un país “gana competitividad” con una devaluación de su moneda porque sus productos se abaratan medidos en dólares. Supongamos una TV se vende en la Argentina y en Brasil a US$1000. Eso significa que, si el tipo de cambio en la Argentina es de $100 por cada dólar, se necesitarán $100.000 para comprarlo, mientras que en Brasil (con un tipo de cambio de R$5) se necesitarán R$5000. Si la Argentina devalúa su moneda de $100 a $200, solo necesitaré US$500. Una devaluación, inmediatamente, deja una economía más barata y atractiva para vender bienes al exterior. Pero esto es solo una parte.

2. Definición. Pero la competitividad es un concepto mucho más amplio. El Word Economic Forum lo define como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. La productividad, a su vez, mide la eficiencia con que los insumos de la producción, como la mano de obra y el capital, se utilizan en una economía para producir a un determinado nivel. Entonces, el elemento clave para ser competitivo es que los costos de los insumos y factores de producción (capital y trabajo) sean bajos con relación al nivel de producción de la economía y los precios internacionales de los bienes que producimos. Como dijo Paul Krugman, premio Nobel de Economía en 2008: “La productividad no lo es todo, pero a la larga lo es casi todo”.

3. Medición. La misma entidad realiza un ranking de competitividad de 141 países en 12 áreas distintas, contenidas dentro de tres pilares diferentes: “requisitos básicos” (instituciones, infraestructura, entorno macro, salud y educación), “mejoradores de eficiencia” (mercado de bienes, estructura laboral y profundidad financiera) e “innovación y sofisticación”. Singapur, Estados Unidos y Hong Kong se ubican los primeros lugares, mientras que Congo, Haití y Yemen están entre los peores. ¿La Argentina? Peor que la media.

4. Argentina. Hasta hace pocos años, nuestro país ubicaba el puesto 104 en el ranking de competitividad global. Para 2019, habíamos ascendido hasta el puesto 83. Si bien nos encontramos de la mitad de tabla para abajo, la medición de los rubros es marcadamente heterogénea. Por ejemplo, en el campo de estabilidad macroeconómica, que tiene en cuenta la inflación y la dinámica de la deuda, nos ubicamos en el puesto 139 sobre 141 países. El segundo segmento en el que Argentina pierde competitividad es en su mercado de bienes, ubicándonos en el puesto 120 a nivel global. Esto sucede principalmente por la existencia de impuestos distorsivos en su cadena de producción, las trabas y las altas tarifas para el comercio internacional. El tercer rubro que lleva a la economía local a ser poco competitiva es el mercado laboral (puesto 117), con altos impuestos al trabajo, la productividad y movilidad laboral, y, por último, las prácticas de contratación y de despidos de las compañías.

5. Tarea. La idea de que una economía sea competitiva es que realmente promueva el bienestar de toda la población y, a la vez, es aquella que gane productividad, única manera de elevar los ingresos. El mundo más globalizado exige mejores niveles de competitividad para no quedar atrás en esta carrera y eso exige corregir los rubros que la desalientan para dejar solo de pensar en competitividad = devaluación.

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