martes, 12 de octubre de 2021

RELATOS CON PERSONALIDAD



Flores que se abren de noche, de Tomás Downey
Narraciones regidas por el principio de inocencia
D. G. 

Cuatro relatos largos, a los que la etiqueta de “cuento” no alcanza a definir, integran Flores que se abren de noche, tercer libro de Tomás Downey (Buenos Aires, 1984). En 2018, el autor ganó una beca del Fondo Nacional de las Artes por el proyecto de este libro; después de leerlo, cabe decir que el dinero ha sido bien invertido. El primer relato está protagonizado por Anahí y Migue, amantes y hermanos por parte de padre. Los dos apenas han dejado de ser niños y, luego de deshacerse de una violenta tía y madre (respectivamente), tienen una beba. Refugiados en una isla del Tigre, comparten recuerdos, lo que da la tierra y el río y también el producto de la venta de las chucherías tecnológicas que Migue roba en las casas del continente. Las narraciones de Downey se rigen por un principio de inocencia: en sus historias los sermones morales e ideológicos (si hay) corren por cuenta de los personajes. Hasta aquí, aún se mueve en las aguas turbias de un realismo extraño.
A partir del segundo relato, vira a una amalgama de ciencia ficción realista, más verosímil que la realidad, se podría decir, con toques de comedia y pesadilla. En “CET”, la historia transcurre en una ciudad y la protagoniza otra pareja: Pedro, un arquitecto y profesor universitario algo rígido, y Lucas, más joven y relajado. Durante una noche de tormenta, mientras duermen, llueven desde el cielo unos óvalos negros que en su interior contienen a unos bichos grisáceos, vivientes e indestructibles, los CET. Mientras la sociedad vive el consabido ciclo de caos, conflicto y mansa adaptación al estado de cosas, Lucas cuida al CET que cayó en la terraza y lo trata como a una mascota. La irrupción de Tubby (como lo bautiza Lucas) desacomoda la vida de Pedro. Gracias al método narrativo de Downey, cuando el relato amenaza con derrapar, recupera con gracia una forma estable y precaria.
“La paciencia” es, por trama y estilo, el mejor cuento del volumen. Una madre cuyo hijo ha muerto en un accidente decide iniciar los trámites de reanimación del chico. El padre –porque otra vez hay una pareja– se ha ido al sur, en contra de la decisión de Carolina. Pese a que los reanimados tengan un sinfín de hándicaps, Nicolás regresa (sin un ojo, con la piel quemada y dificultades para comunicarse) al mundo de los vivos. El modo en que su presencia afecta a la madre se homologa al influjo de la escritura: “Cada movimiento me parece aislado, sin contexto, como si el tiempo se hubiese roto y quedaran una serie de momentos inconexos que tienen un orden, un sentido, de pura casualidad”. El relato final, “Hombrecito”, actúa como reverso del anterior. Catalina, una chica huérfana de madre, recibe en su cumpleaños el regalo anhelado: una persona en miniatura a la que deberá proteger de las amenazas, tan humanas, del entorno.


Flores que se abren de noche

Por Tomás Downey

Fiordo

210 páginas

$ 1100

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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