viernes, 20 de enero de 2023

EL ASESINATO DE FERNANDO


Báez Sosa: a tres años, un fuerte reclamo de justicia
En el nuevo aniversario de su asesinato, lo recordaron con actos en Dolores y en Villa Gesell
Gabriel Di Nicola y Mariano Confalonieri
“Nosotros somos un brazo de Fernando. Queremos que la gente no se olvide de él. Necesitamos justicia y paz para seguir viviendo. Cada día es como levantar una bolsa en la espalda. Tratamos de ayudarnos el uno al otro para salir adelante”. Arrasado por el dolor, Silvino Báez se abrazaba a su esposa, Graciela Sosa, y agradecía a los cientos de personas que, en el Anfiteatro Municipal de Dolores, los acompañaron para recordar a su hijo, Fernando, asesinado a golpes hace tres años en Villa
Gesell, donde anoche también una multitud se congregó frente al boliche Le Brique, escenario del crimen, para mantener vivo el recuerdo del joven de 18 años en momentos en que el juicio por el crimen entró en su etapa final.
DOLORES y VILLA GESELL.– A cientos de kilómetros de distancia, miles de personas se mancomunaron en un solo grito: “Justicia por Fernando”. En el Anfiteatro Municipal Libres del Sur, en el primer pueblo patrio bonaerense, más de 2500 personas alzaron carteles al cielo y lloraron, como en el escenario lo hacían Silvino Báez y Graciela Sosa, que cargan desde hace tres años con una herida en carne viva y el dolor inextinguible por la muerte de su hijo, asesinado a golpes cuando fue a disfrutar de unas vacaciones en Villa Gesell. Y allí en la ciudad balnearia, frente al boliche Le Brique, una multitud también exigía castigo a los que el 18 de enero de 2020 segaron la vida del joven estudiante de Derecho, de 18 años.
A las 20, hubo sendas misas en memoria de Fernando Báez Sosa. En Dolores fue un oración interreligiosa de la que participaron el imán Marwan Gill, presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía Argentina; el rabino Saul Bonino; Eric Escala, arzobispo de la Iglesia Anglicana en Argentina; Iya Eugenia Calvi, ministra religiosa Afro-Umbandista; monseñor Carlos Malfa, obispo de la Iglesia Católica en Dolores, y el pastor Marcelo López Pavón, representante en Dolores de Aciera, la asociación de iglesias evangélicas.
En Villa Gesell, en tanto, el oficio fue encabezado por el obispo de Mar del Plata, Gabriel Mestre, que ante una muchedumbre respetuosa oró por los padres y por “el eterno descanso de Fernando”, al tiempo que reclamó una “justicia justa” para su crimen. Luego, mirando hacia el lugar donde se desató la tragedia, dijo: “Que el Señor lo tenga en la gloria”.
Los homenajes habían comenzado más temprano, en Dolores. Antes del oficio interreligioso, y acompañados por Oscar Rossi –padre de Julieta, la novia de Fernando–, Silvino y Graciela plantaron un jacarandá en honor a su hijo. Luego, Patricia Sosa cantó una canción ante la multitud que había colmado el anfiteatro municipal de la ciudad.
En Villa Gesell también cantaron. Entonaron Sobreviviendo, de Víctor Heredia, a la que le cambiaron una estrofa para enfatizar “no puedo olvidar lo que pasó con Fernando”. Frente a Le Brique, cerca del árbol donde el joven fue asesinado, los manifestantes improvisaron un altar con fotos, velas y un cartel que reclamaba “justicia”.
En uno y otro punto, miles de personas se sumaron luego a un minuto de silencio por “la no violencia”. En unas pantallas instaladas especialmente en el anfiteatro por pedido de los padres de Fernando, se pasó un video con fotos del joven y se recordaron todas las cualidades que lo caracterizaban: “valores”, “empatía”, y “solidaridad”.
En el acto, los referentes de cada credo exigieron justicia y dedicaron sentidas palabras para la víctima y sus padres, que cerraron la jornada. “Muchísimas gracias a todos por apoyarnos en este momento tan difícil de nuestras vidas. Nos están dando la fuerza necesaria para seguir adelante, para seguir exigiendo justicia. También quiero agradecer a las otras personas, que dan de su bolsillo para colaborar con nosotros”, empezó Silvino Báez.
“Nosotros somos un brazo de Fernando. Queremos que la gente no se olvide de él. Necesitamos justicia y paz para segur viviendo. Cada día es como levantar una bolsa en la espalda. Tratamos de ayudarnos el uno al otro para salir adelante”, concluyó.
Arrasado por las lágrimas, entre aplausos y gritos, le cedió el micrófono a su esposa. Ella también remarcó: “Quiero agradecerles por venir a acompañarnos en este día tan doloroso, que perdimos a nuestro hijo”.
Graciela dijo: “Un día, Fernando quiso ir de vacaciones. Empezamos a juntar plata para que él pudiera viajar y ser feliz con sus amigos. Había terminado la secundaria. Después siguió el CBC. Pudo ingresar con mucho sacrificio a la Facultad de Derecho. Se inscribió con buenas calificaciones. Y, en base a eso, me pidió ir de vacaciones. Quisimos darle esa oportunidad. Pero lo que nunca pensamos es que Fernando no regresaría a nuestro lado”.
Calificó a su hijo como un “sol”, como la persona que les “daba alegría todos los días” a ella y a Silvino. “Hoy estamos vacíos. Nada quedó en nuestra casa. Estamos los dos solitos. Han pasado fiestas, Navidad, Año Nuevo, nuestros cumpleaños. Sin él, la vida se terminó para nosotros”, clamó. Y todos lloraron.
“Quiero una justicia ejemplar. No busco venganza. “Solo deseo tener un poco de paz y que Fernando pueda descansar en paz. Estoy destrozada en mi corazón, no encuentro razón para vivir sin Fernando. Gracias a todos ustedes, que me demuestran tanto cariño, estoy de pie”, dijo ella, y los 2500 del Anfiteatro se emocionaron hasta las lágrimas, como cuando, un rato antes, había dicho “Te amo, Fernando, con todo mi alma”.
“Nosotros no queremos venganza. Queremos que paguen lo que le hicieron a nuestro hijo”, insistió. Y, finalmente, dejó al cielo el mensaje para su hijo: “Gracias por darnos tanto amor y alegría por 18 años”

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