“La ciudad es una gran cueva”Los empresarios rosarinos se arman por miedo a la creciente violencia narco
Germán de los Santos
El exdirectivo de la Bolsa de Comercio de Rosario se corre el saco hacia un costado y hace un ademán que parece exagerado. Muestra la culata de la pistola Glock 26, que lleva oculta en su cintura, con una funda Houston de kydex, un material parecido al plástico. La funda está sujetada por el cinturón, y se usa dentro del pantalón. A simple vista no se ve que lleva un arma. El hombre peinado con fijador, que tiene el pelo brillante como de otra época, dice que no es el único que anda armado. El miedo no sólo acelera el pulso, sino que da vueltas en la cabeza, construye una paranoia que a veces toma forma real. Pero el miedo es algo que parece oculto. También se disimula, como las armas que cargan muchos ejecutivos del centro de Rosario. El establishment empresario de Rosario se dio cuenta del peligro cuando las balas comenzaron a picarle cerca. Apareció la “mafia”, que firma las extorsiones y se hace escuchar con disparos que se incrustan en los frentes de las casas, negocios o empresas. La rúbrica “con la mafia no se jode” –uno de los sellos de Los Monos- amplió el radio del miedo, que en un principio era exclusivo de los más pobres, donde comenzaron las extorsiones. Después, penetraron en otros sectores más acomodados. Los apretadores se dieron cuenta que el negocio debía apuntalarse con esa franja de la economía, cada vez más ancha, que sobrevive no en el blanco, tampoco en la oscuridad total de la ilegalidad, sino en un terreno gris.
La Fundación Rosario y el Foro Regional Rosario, dos entidades que agrupan a empresarios de importancia, argumentaban en un principio que las noticias que encasillaban a Rosario como una ciudad narco, muchas veces de manera exagerada, la “estigmatizaban”. Esa idea daba por superado el problema. Después se dieron cuenta, sobre todo en el Foro Regional, que no era un problema de edición periodística y decidieron estudiar el tema y realizar charlas y seminarios para tratar el problema. Ocurrió cuando los empresarios empezaron a tener miedo, y el problema había dejado de ser un karma de la llamada “periferia”, donde la sangre corría desde hacía más de una década. Repetían el eslogan del entonces gobernador socialista Antonio Bonfatti, que aducía que los medios de Rosario no tenían esos enfoques, según advertía, “porque nos conocen”. Había una realidad paralela. Hoy muchos empresarios que están arrepentidos de no haber visto el problema en su dimensión real, sobre todo por ignorancia, están aterrorizados. Amainar el miedo cuesta dinero. Ese cambio de mirada lo trazó el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Miguel Simioni, cuando en el aniversario de la entidad sorprendió con un discurso que traspasó el interés sectorial de los agronegocios. Simioni pidió a las autoridades que encuentren "soluciones efectivas" a la ola de crímenes. "Tenemos una hermosa ciudad, llena de oportunidades y con gente muy talentosa. Por eso no debemos naturalizar los hechos de violencia que tanto daño nos hacen", apuntó. Después de ese discurso la Bolsa de Comercio tomó la iniciativa y creó, junto a la Universidad Nacional de Rosario, la Multisectorial por la Paz para tratar el tema y coordinar tareas sociales que llevan adelante más de 40 entidades de la ciudad. “También esta multisectorial tiene la obligación de exigir políticas de estado que logren dar vuelta la situación que se vive en Rosario”, afirmó Andrés Williams, director de relaciones institucionales de la Bolsa de Comercio. Las extorsiones son el principal miedo en los ambientes de negocios y, sobre todo, en el comercio. Es un ritual criminal que comienza con balazos a los frentes de los locales, donde los atacantes dejan un cartel con un número de teléfono y la frase: “Con la mafia no se jode”. Si la víctima se contacta le exigen dinero, que varía de acuerdo a la importancia del negocio. “Pueden ser 100.000 pesos por semana o 30.000 dólares”, calcula un investigador.



Ante el temor creciente y por las dudas sobre cómo actuar frente a estas situaciones, la Asociación Empresaria de Rosario decidió elaborar un protocolo ante amenazas y extorsiones. Ricardo Diap, presidente de la entidad, explicó que en los dos primeros meses del año unos 70 empresarios y comerciantes fueron víctimas de este tipo de delito, en el que aparece siempre la sombra de los grupos narcos que operan desde la cárcel. Diab dijo que lo que recomiendan “es no pagar y denunciar”. Pero, al mismo tiempo, aseguró comprender a quien decide ceder ante la extorsión porque “hay que estar en la piel de la persona que sufre las amenazas” y teme por su familia. El caso más conocido fue el ataque y la supuesta extorsión al supermercado Único de Rosario, que es propiedad de la familia de Antonela Rocuzzo, la esposa de Leonel Messi. Un hombre más joven que el corredor de granos que anda armado, que pertenece al mundo de las finanzas agrega: “Tenemos miedo a los narcos y a los fiscales”. La frase parece una síntesis perfecta. Pero no son sólo los hombres de negocios los que transpiran miedo, sino también los abogados que hicieron mucho dinero con su trabajo. Aquellos que defendieron en los tribunales a los narcos más pesados. “Acá se respira pólvora todo el tiempo”, grafica Carlos Varela que logró alejarse de a poco, casi como si nadie se diera cuenta, confiesa, de la defensa de los miembros de la banda Los Monos. Las nuevas generaciones de narcos son más problemáticas, porque tienen más dinero, pero son “perros rabiosos”, señala. El universo narco rosarino es algo particular. Los que “vivieron” de los grupos mafiosos -abogados, contadores, financistas- ganaron mucho dinero. Se hicieron ricos. La mayoría de los narcos más importantes están presos o muertos. Los “ricos” son los sobrevivientes del negocio y cargan con el miedo que deja el resultado final. Por eso en Rosario la riqueza se oculta, se disimula, se disfruta fuera, en Miami, Europa o más cerca, en Buenos Aires. No es que florezca un sentimiento de culpa, sino que exhibirla representa un riesgo. Un ejemplo es que uno de los principales empresarios de la construcción se mueve en un VW Gol. El auto importado que posee está en el garaje, limpio y brilloso. Lo usa para pasear por Buenos Aires. Roberto Fontanarosa ensayó hace años que él prefería quedarse en Rosario porque era una ciudad que “tenía escala humana”. Ese concepto se contraponía a la mirada que existía desde Rosario de Capital Federal, un monstruo que se mueve sobre la base de ser impersonal. Rosario era la contracara. Y los hombres de negocios disfrutaban de esa cercanía. Porque esa comunidad de amigos y conocidos generaba cierto alivio y sobre todo protección. No por casualidad Pablo Javkin, intendente de Rosario desde 2019, repitió al principio de su gestión la frase: “Los que nos conocen saben que somos gente de bien”. Le hablaba al exdirectivo de la Bolsa de Comercio que hoy se mueve con una Glock en la cintura.
Paso a paso
Así fue como la banda liderada por Julio Rodríguez Granthon lavó dinero en 2021 en una financiera de Rosario
Búnker de venta de drogas
VALPARAÍSO 2692
Villa Banana, uno de los lugares más pobres de Rosario. El búnker lo manejan Facundo y Uriel Pérez, dos soldaditos, bajo las órdenes de Julio Rodríguez Granthon, alias El Peruano, que está preso, condenado a diez años de prisión por narcotráfico. El Peruano provee al búnker de cocaína. El búnker recauda unos 3.000.000 pesos por semana.
Financiera Increase SA, la negociación
RIOJA 889, PISO 9, ROSARIO
Desde la cárcel de Marcos Paz, el Peruano negocia el precio de la cotización del dólar blue con Iván Ferrarons, alias Iván Dólar, de la financiera Increase SA. La cueva cobra un extra del 2% porque el dinero es riesgoso, pertenece al narcotráfico.
El depósito.
OVIDIO LAGOS 426, ROSARIO
Los soldaditos Facundo y Uriel Pérez llevan 32.000.000 de pesos a Marcos Díaz, exrugbier. Díaz, que está prófugo, es el valijero y quien tiene contacto con los soldaditos. En Ovidio Lagos 426 cuentan y preparan el dinero para cambiar. Facundo y Uriel Pérez embalan el dinero en bolsas de residuos y lo llevan a la cueva en el baúl de un Toyota Corolla.
La Cueva.
RIOJA 889, PISO 9, ROSARIO
El dinero narco que se obtiene del búnker de Villa Banana termina en Rioja 889, piso 9, la cueva que pertenece a Gustavo Shanahan, expresidente de Terminal Puerto Rosario. Shanahan está procesado por narcotráfico y detenido en su domicilio. El dinero narco se transforma al "dólar banana", el tipo de cambio narco.
Una escena de esa proximidad la grafica un allanamiento que se produjo por una estafa inmobiliaria en la torre Aqualina, a metros del Monumento a la Bandera. El negocio ilícito se había gestado en una peña que hacían empresarios, gerentes de medios y delincuentes más rústicos en el restaurante Pampa de la ciudad. Cuando Guillermo Salazar Boero, expresidente de Terminal Puerto Rosario, vio las camionetas de Gendarmería abajo le pidió a su pareja: “Prepárame el bolso”. Los gendarmes no lo venían a buscar a él, pero todo era posible. “Hoy no sabés de dónde viene el dinero. Y te podés comprar un problema gigantesco, con la mafia o con la Justicia. Terminás con un tiro o en la cárcel”, advierte el hombre de negocios que maneja una cueva financiera en el centro de Rosario. “Esta ciudad es una gran cueva. Lo fue toda la vida, y mucho antes de que existieran los narcos, porque es la génesis de una ciudad portuaria donde se mueve mucho dinero, blanco, gris y negro”, admite uno de los referentes históricos del negocio financiero. El miedo genera un costo, no sólo un riesgo. Un joven financista averiguó para comprar un auto blindado. “El blindaje que sirve, que es el que usan en Colombia, cuesta lo mismo que el auto. Es una fortuna. Ese modelo incluye la protección antibombas. Pero no es tan fácil porque además hay que pedir una autorización a la ANMAC. Hay que ser legítimo usuario de armas de fuego. Es un quilombo”, rezonga. El hombre de traje impecable se quiere mudar a un country, algo de moda en el rubro. Vive en una mansión en Fisherton, que tiene seguridad privada, con una garita con un guardia las 24 horas, pero igual se siente desguarnecido. “¿A quién le vendo esa casa?”, se pregunta. “Pensé en alquilar una casa en un country, que igual no es para nada seguro, porque hoy hay más narcos que en ningún otro lado. ¿Pero qué hago con mi casa? La tengo que demoler porque no se la vendo a nadie”, plantea preocupado.
El exclusivo country Aguadas en Funes, localidad vecina a Rosario, sirvió de escenario para una reunión de los capos narcos de un cartel colombiano. Cuando LA NACION reveló la información, corrió pánico entre los vecinos que no sabían que esos hombres que habían llegado en varios autos importados eran parte de una organización más pesada que los narcos locales. En ese country reside un selecto grupo de funcionarios políticos, judiciales y empresarios importantes de la ciudad, que no sabían que sus vecinos estaban preparando uno de los contrabandos de cocaína más grandes de la historia. El 22 de junio pasado se hizo la primera reunión cumbre entre los narcos que pretendían “exportar” 1658 kg de cocaína desde el puerto de Rosario. Al encuentro no concurrieron ninguno de los protagonistas de las crónicas de la mafia rosarina, tan proclive a llamar la atención con balas y sangre. Este fue un cónclave de gerentes internacionales y sus delegados en la provincia de Buenos Aires de una empresa narco que movía más de 100 millones de dólares. En Aguadas había alquilado de forma temporaria una casa en el lote 183, según la causa judicial que está en el juzgado federal de Campana, Marco Páez, un bonaerense que había convocado Gabriel Nicolau, un narco del conurbano que era junto con José “Tano” Sofía, un veterano protagonista oriundo de Haedo, el encargado del cargamento en Rosario, cuyos dueños eran los colombianos Newson Cheung Sabogal y Gabriel Londoño Rojas. Esa mañana del 22 de junio en la reunión en Aguadas estaba el representante del cartel internacional Antonio Ramírez Duque, otro colombiano, que seguía de cerca la operación y controlaba a los argentinos. Duque había llegado a Buenos Aires dos días antes y quien lo llevó hasta Rosario en su camioneta VW Amarok fue Nicolau. La reunión, según las tareas de inteligencia que constan en la causa, duró una hora. Las cuestiones importantes se definen sin demasiada charla. Las investigaciones contra las cuevas financieras mostraron que ese costado oscuro servía no sólo para mover el dinero de una ciudad con una economía gris. También era el sistema bancario de los narcos. El caso de Gustavo Shanahan lo mostró con nitidez. Shanahan sabía que el dinero que cambiaba provenía del narcotráfico y, por el riesgo que representaba, cobraba una diferencia mayor. El 5 de noviembre de 2020 la justicia federal de Rosario procesó a Shanahan, extitular de Terminal Puerto Rosario por narcotráfico, tras detectar que la banda liderada por el expiloto peruano Julio Rodríguez Granthon, preso en el penal de máxima seguridad de Marcos Paz, había cambiado más de 34.000.000 de pesos en esa casa de cambio de manera ilegal. Shanahan nunca pisó los búnkeres que manejaba desde la cárcel Rodríguez Granthon, con soldaditos “descartables”, cuyo destino probable es la muerte o la cárcel. Pero ganaba dinero con los dividendos de ese negocio ilegal, al cambiar pesos ajados por dólares blue flamantes. A la cueva financiera esa sola operación le dejó un dividendo extra de 680.000 pesos, que en total configuraron más de 1.000.000 de pesos. El riesgo era predecible y luego se hizo palpable cuando el 15 de octubre de 2020 fue detenido Shanahan, que fue socio hace más de una década de Jordi Pujol, el hijo del histórico expresidente de la Generalitat catalana, quien tuvo problemas judiciales en España luego de que el financista rosarino admitiera que había lavado 13.000.0000 dólares de este clan en el puerto de Rosario. Shanahan fue uno de los hombres de negocios más poderosos de Rosario, con inversiones inmobiliarias millonarias como el complejo de barrios privados Los Pasos, detrás del country Carlos Pellegrini y el Jockey Club. Para emprender este desarrollo que tuvo problemas y terminó en una demanda judicial millonaria vendió sus acciones del puerto a Vicentin
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