La economía de las PASO: dólares escasos, más pobres y desilusión
Cómo se llega a votar Los votantes participarán de las elecciones internas en un contexto que suma dos millones de nuevos pobres, una inflación de más de 50% en lo que va del año, reservas netas en terreno negativo y un dólar blue que roza los $600
Francisco Jueguen
¿Cómo llega la economía a las elecciones del domingo? Es difícil confiar en la política para dar una respuesta. Sus integrantes están en plena campaña. La oposición ve una bomba a punto de explotar en cada rincón y a un ministro-candidato que solo “alarga la mecha” para que la factura la pague el próximo presidente. El oficialismo es un rosario que solo enumera culpables (spoiler alert: no está la Casa Rosada en la lista). De esta manera, responsabiliza a la sequía de este año, a las empresas privadas y su rentabilidad y al FMI de las penurias, pese a que también ejercita la fantasía. “La Argentina está creciendo y desarrollándose en el rumbo que todos esperamos”, aseguró y despertó sonrisas irónicas la portavoz Gabriela Cerruti. El “relato” no tiene límites.
La economía llega en emergencia. “La inflación es el tema que más preocupa”, concluye la última encuesta de D’Alessio Irol de fines del mes pasado. Encabeza el ranking con el 90% de los votos y no discrimina por partido. La suba de precios acumula en el año un 50,7% y suma 115,6% en doce meses, lo que implica el número interanual más alto desde agosto de 1991. El dato de julio se conocerá la semana que viene. El IPC de la Ciudad marcó para ese mes un 7,3%.
Los analistas creen que los próximos meses oscilarán entre 6%, 7% y 8% mensual, pese a que puede haber picos de dos dígitos por las dos devaluaciones (la fiscal, ya ejecutada por el Gobierno, y la aceleración del crawling peg del oficial) y por un no descartado cisne negro: una mayor corrida cambiaria. A fines de este año, la inflación casi triplicará la que registró Mauricio Macri en 2019 (53,8%) y será la mayor en más de 30 años. Los analistas del REM –el informe de julio fue curiosamente postergado hasta después de votar por el Banco Central (BCRA)– creen que estará en el 142,4%.
Los salarios e ingresos sufren esa coyuntura. En los primeros cinco meses del año, el salario real registrado, integrado por trabajadores formales privados y públicos, se mantuvo constante con relación a igual período de 2022. Pero ese agregado es una trampa: esta paridad surge de ponderar la suba real del 2,2% de los trabajadores del sector público y la caída real del 1,4% del sector privado registrado. El sector de mayor pérdida es el informal (la estadística oficial tiene atrasos en su carga) con el 13%. Otro dato: según el informe de Evolución de la Distribución de Ingreso del Indec, el ingreso per cápita familiar –que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar– mostró un deterioro real de 2,45% en el estrato más bajo de la sociedad en el primer trimestre con relación el mismo período del año pasado. En el mismo período de tiempo, cayó 6,35% en el segmento medio, según esos datos. En el último año, los haberes de los jubilados se redujeron, en términos reales, hasta un 12,3%. Pese al relato oficial, en lo que va de 2023, hasta mediados del mes pasado, hubo un deterioro incluso para quienes cobran la mínima y tienen un refuerzo o bono de parte del Gobierno.
Así, la pobreza creció en un año. Se sumaron 2,2 millones de pobres entre el primer trimestre de 2022 y el primero de 2023, según datos oficiales del Indec procesados por la consultora ExQuanti (se trata de una proyección a la población total). Además, en base a los 31 aglomerados que mide el organismo, a la indigencia ingresaron 208.797 personas. Más allá del discurso en Casa Rosada, 618.979 chicos y adolescentes cayeron en la pobreza en tan solo un año y 92.853 niños son los que se sumaron al hambre y se convirtieron en nuevos indigentes.
Según ExQuanti, la pobreza subió más de 4 puntos a nivel general en el primer trimestre con relación al año pasado y llegó a 38,7%. Para el primer trimestre, los especialistas prevén que llegue a un 42,1%. Es un valor altísimo. También en los primeros tres meses de este año, la pobreza llegó en el conurbano a 45,8%, por lo que aumentó 7,4 puntos en doce meses. También subió la indigencia en el territorio que dirige Axel Kicillof: de 10,4% a 11,3%. Si el Estado no repartiera subsidios en el conurbano bonaerense, según ExQuanti, la indigencia treparía hasta 15,9%, un número dramático para el peronismo gobernante en ese distrito.
En el Gobierno aceptan la expansión de la figura de los “trabajadores pobres” en el país. Es, de hecho, uno de los cuestionamientos que apuntalaron la feroz interna entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Ese porcentaje fue récord en 2022, según datos de la UCA, si no se tiene en cuenta la distorsión que generó la cuarentena oficial. Llegó a 27,3% ese año, el número más alto desde 2006.
El relato oficial remarca que esta situación es compensada por la baja tasa de desempleo (6,9% en el primer trimestre) y porque se “acumulan 33 meses de crecimiento del empleo formal”. Hay trampa. Se cuenta desde abril de 2020, cuando por el confinamiento obligatorio, cayó a 5,8 millones ese número de trabajadores. Desde entonces se recupera. Hoy son 6,3 millones, un dato igual al nivel de 2017. Esto implica que no hay crecimiento sino estancamiento. Otro dato: hoy, el mundo del trabajo son 6,3 millones de asalariados formales, 3,5 millones de empleados públicos, 4 millones de asalariados informales y 4 millones de cuentapropistas. Traducción: más de la mitad de la torta del mercado laboral está precarizado o depende del Estado.
Consumo y desilusión
El consumo masivo comienza a sentir el golpe, pese a la imposibilidad de ahorrar (sin acceso a dólares), cuando el peso quema. Según datos de Scentia, en el primer semestre cae 0,6% anual. En volumen, en supermercados y almacenes, caen los rubros de alimentos secos (-0,5%), congelados (-1,2%), cosméticos (-1,5%), desayuno (-4%) y limpieza (-7%). Mejoran bebidas sin alcohol (+7%), bebidas con alcohol (+5%) y golosinas (+1,5%).
La consultora W, de Guillermo Oliveto, sobre la base de datos de Acara, AFCP, Indec, Construya, Scentia y Ultracine, ve una retracción en la compra de ropa (-10%), farmacias (-6,6%) e insumos para la construcción (-8,2%), mientras
El dólar blue subió casi $100 desde comienzos de julio por la incertidumbre
La inflación puede crecer por la suba de impuestos y la corrida del dólar
mejoran las ventas en supermercados (+8%), despachos de cemento (+0,5%), electrodomésticos (+3,5%), ventas de motos 0 km (+8%), de autos (+12%), shoppings (+13%), tickets de teatro (+96%) y de cine (+42%).
“El consumo llega a las PASO mejor de lo que se preveía”, anticipa Oliveto, y luego aclara: “Pero es un consumo de cortísimo plazo. Es un ansiolítico para tapar la angustia y el malestar. Comenzó como un fenómeno tras la pandemia, el vivir el hoy, que se mantiene. Esta es una sociedad que no tiene imaginario de futuro, piensa que 2024 va a ser peor y no se puede ni imaginar 2025. La frase que lo sintetiza es ‘si no te das un gusto vas a vivir triste’. Estamos en una sociedad que perdió la fe en ahorrar y que piensa en que no se puede dejar para mañana lo que se puede consumir hoy, porque va a ser más caro. Pero este consumo no mejora el humor social porque no proyecta esperanza. Queda más lejos viajar al exterior, comprar un auto o una casa. El consumo es un escape, pero con desilusión”.
De hecho, la venta de inmuebles en la ciudad de Buenos Aires cayó de 64.000 en 2017 a 33.000 en 2022. En el mismo período, la venta de 0 km pasó de 900.000 a 407.000, y los turistas al exterior bajaron de 3,7 millones a sólo 2,1 millones de personas.
Pese a ese consumo avivado por la tristeza, la actividad económica camina hacia una recesión, que según, el FMI y analistas, podría ser de una caída de -2,5% del PBI. El mejor momento de la economía de Alberto Fernández llegó en el tercer trimestre de 2022, cuentan en Equilibra. Entonces se multiplicaron el cepo y las trabas a las importaciones, tendencias que se profundizaron en las últimas semanas. El cuarto trimestre del año pasado mostró ya una caída y el primero de este año, una suba en el margen. Pero la sequía, según el economista Lorenzo Sigaut Gravina, derrumbará el segundo trimestre. Corriendo al campo, el resto de los sectores, desacelerará hasta mostrar un estancamiento en junio, excepto los vinculados a minas y canteras.
Sin embargo, cuando se ajusta el PBI por población, la actividad económica en el Gobierno del cuarto kirchnerismo no muestra crecimiento alguno. Esto implica que el PBI per cápita es igual que había en el cuarto trimestre de 2019. De hecho, a fines de este año es probable que ese número termine mostrando una leve caída, según Equilibra.
En ese marco, Massa se comprometió con el FMI a profundizar el ajuste para recibir dólares. No por nada, comenzaron a llegar aumentos de tarifas de luz de junio con facturas que muestran alzas mayores al 400%. El ministro tiene la difícil tarea de pasar de un déficit de 2,4% del PBI a uno de 1,9% cuando los ingresos tributarios se desplomaron casi un 1% por la grave sequía. De hecho, la recaudación por derechos de exportación sería la menor de los últimos 5 años, según datos del Iaraf, donde creen que la presión tributaria se parecerá este año a la de 2022 gracias a la generalización del impuesto PAIS a bienes y servicios. La devaluación fiscal, según indicaron en el Gobierno, sumaría ingresos por 0,9% del PBI. Massa deberá bajar el gasto si desea cumplir con el Fondo. Las tarifas y una contención de la masa salarial aparecen en el horizonte del ministro y candidato de Unión por la Patria, y del FMI.
Vale aclarar que la maquinita no para. Para sostener el gasto, el Gobierno emitió, según EcoGo, unos US$85.700 millones –en pesos– que sirvieron de asistencia al Tesoro del BCRA. Sólo es superado por el segundo gobierno de Cristina Kirchner (US$104.900 millones).
Sin dólares
La hoja de los dólares está en blanco.En el primer semestre,el déficit comercial llegó a los US$4387 millones y podría terminar el año en US$9000 millones, según la proyección de Marcelo Elizondo. Hasta junio, las exportaciones se desplomaron 24,5%, principalmente por la sequía, pero también cayeron los bienes industriales. Las importaciones bajaron 8,5%. Fue un deterioro menor, pero importante. Buscó un equilibrio entre mantener la economía andando, pese a las restricciones, y el estado de las reservas. Es una situación difícil de explicar cuando las exportaciones de 2022 habían sido récord y las ventas al exterior del complejo oleaginoso entre diciembre de 2019 y mayo de 2023 fueron US$117.000 millones. No hubo restricción externa hasta este año, el de la sequía extrema.
En ese marco, según Elizondo, el ratio de participación en el comercio global de la Argentina este año será de un 0,25%, el menor de la historia. Hace 20 años era de 0,41%.
El déficit comercial es un hecho. En ese camino, sin reservas –las netas son negativas en US$9815 millones, según el economista Salvador Vitelli–, el Gobierno se endeudó con organismos internacionales, China y Qatar para pagar pasivos con el FMI y hacer que la economía mantenga un ritmo, pese a desacelera. Más allá de la narrativa del desendeudamiento, según Econviews, el stock deuda pública aumentó US$80.778 millones en la era de Alberto Fernández. Se trata de US$19.132 millones en pesos; US$51.916 millones en pesos ajustados por inflación;US$28.688 millones en dólares constantes y sonantes a lo que se restan US$18.958 millones en moneda extranjera (deuda en euros que se redujo con la reestructuración de agosto 2020 y un porcentaje menor por la deuda con el FMI). Massa ahora espera que, pasadas las elecciones, el Fondo le gire US$7500 millones una vez que el board del organismo apruebe el último acuerdo técnico. El ministro deberá ajustar en campaña.
Ajustado por inflación, el dólar blue a $600 está lejos de los picos de crisis tras la renuncia de Martín Guzmán o el intento de desestabilización del cristinismo al Gobierno en octubre de 2020. Y, sin embargo, desde comienzos de julio se disparó casi $100. El dólar es más que fundamentos (inflación, tasa o falta de divisas). Es un termómetro que marca hasta dónde puede llegar el miedo al futuro de los argentinos sintetizado en algunas preguntas: cuánto costará reponer productos, habrá más devaluación de los pesos que tengo y quién será el presidente.
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El estado de algunas variables claves

◗ La inflación
En lo que va del año, la suba de los precios supera el 50% y en uno o dos meses estará por encima del 60% estimado en el presupuesto. Para fin de año, se espera una inflación por arriba de 142%, el mayor número en 30 años.
◗ El trabajo
Pese a que la tasa de desocupación está en 6,9%, más de la mitad del mercado laboral son trabajadores informales, cuentapropistas o empleados públicos. El empleo formal registrado se mantiene estancado, dicen los expertos.
◗ Dólar y reservas
El número de reservas netas negativas en el Banco Central (BCRA) ya se acerca a US$10.000 millones pese a los tipos de cambio diferenciales. Más allá de los cepos, suben los dólares financieros y el blue está a casi $600.
◗ El rojo externo
Lasexportacionescayeroneste año casi 25%, afectadas por la sequía. Las importaciones lo hicieron más de 8%. El déficit comercial en el año sería de US$9000 millones y baja el ratio de participación del país en el comercio global.
◗ Pobreza e ingresos
En un año, más de dos millones de personas cayeron en la pobreza. También crecieron la pobreza y la indigencia infantil, sobre todo en el conurbano bonaerense. Cayeron los salarios e ingresos reales, según el Indec.
◗ El rojo interno y el FMI
El Gobierno buscará llegar al déficit fiscal de 1,9% del PBI pactadoconelFMIconnuevos impuestos, pero no lo alcanzará y deberá bajar el gasto. Sigue la emisión monetaria, y la acumulación de reservas será difícil de conseguir.
¿Cómo llega la economía a las elecciones del domingo? Es difícil confiar en la política para dar una respuesta. Sus integrantes están en plena campaña. La oposición ve una bomba a punto de explotar en cada rincón y a un ministro-candidato que solo “alarga la mecha” para que la factura la pague el próximo presidente. El oficialismo es un rosario que solo enumera culpables (spoiler alert: no está la Casa Rosada en la lista). De esta manera, responsabiliza a la sequía de este año, a las empresas privadas y su rentabilidad y al FMI de las penurias, pese a que también ejercita la fantasía. “La Argentina está creciendo y desarrollándose en el rumbo que todos esperamos”, aseguró y despertó sonrisas irónicas la portavoz Gabriela Cerruti. El “relato” no tiene límites.
La economía llega en emergencia. “La inflación es el tema que más preocupa”, concluye la última encuesta de D’Alessio Irol de fines del mes pasado. Encabeza el ranking con el 90% de los votos y no discrimina por partido. La suba de precios acumula en el año un 50,7% y suma 115,6% en doce meses, lo que implica el número interanual más alto desde agosto de 1991. El dato de julio se conocerá la semana que viene. El IPC de la Ciudad marcó para ese mes un 7,3%.
Los analistas creen que los próximos meses oscilarán entre 6%, 7% y 8% mensual, pese a que puede haber picos de dos dígitos por las dos devaluaciones (la fiscal, ya ejecutada por el Gobierno, y la aceleración del crawling peg del oficial) y por un no descartado cisne negro: una mayor corrida cambiaria. A fines de este año, la inflación casi triplicará la que registró Mauricio Macri en 2019 (53,8%) y será la mayor en más de 30 años. Los analistas del REM –el informe de julio fue curiosamente postergado hasta después de votar por el Banco Central (BCRA)– creen que estará en el 142,4%.
Los salarios e ingresos sufren esa coyuntura. En los primeros cinco meses del año, el salario real registrado, integrado por trabajadores formales privados y públicos, se mantuvo constante con relación a igual período de 2022. Pero ese agregado es una trampa: esta paridad surge de ponderar la suba real del 2,2% de los trabajadores del sector público y la caída real del 1,4% del sector privado registrado. El sector de mayor pérdida es el informal (la estadística oficial tiene atrasos en su carga) con el 13%. Otro dato: según el informe de Evolución de la Distribución de Ingreso del Indec, el ingreso per cápita familiar –que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar– mostró un deterioro real de 2,45% en el estrato más bajo de la sociedad en el primer trimestre con relación el mismo período del año pasado. En el mismo período de tiempo, cayó 6,35% en el segmento medio, según esos datos. En el último año, los haberes de los jubilados se redujeron, en términos reales, hasta un 12,3%. Pese al relato oficial, en lo que va de 2023, hasta mediados del mes pasado, hubo un deterioro incluso para quienes cobran la mínima y tienen un refuerzo o bono de parte del Gobierno.
Así, la pobreza creció en un año. Se sumaron 2,2 millones de pobres entre el primer trimestre de 2022 y el primero de 2023, según datos oficiales del Indec procesados por la consultora ExQuanti (se trata de una proyección a la población total). Además, en base a los 31 aglomerados que mide el organismo, a la indigencia ingresaron 208.797 personas. Más allá del discurso en Casa Rosada, 618.979 chicos y adolescentes cayeron en la pobreza en tan solo un año y 92.853 niños son los que se sumaron al hambre y se convirtieron en nuevos indigentes.
Según ExQuanti, la pobreza subió más de 4 puntos a nivel general en el primer trimestre con relación al año pasado y llegó a 38,7%. Para el primer trimestre, los especialistas prevén que llegue a un 42,1%. Es un valor altísimo. También en los primeros tres meses de este año, la pobreza llegó en el conurbano a 45,8%, por lo que aumentó 7,4 puntos en doce meses. También subió la indigencia en el territorio que dirige Axel Kicillof: de 10,4% a 11,3%. Si el Estado no repartiera subsidios en el conurbano bonaerense, según ExQuanti, la indigencia treparía hasta 15,9%, un número dramático para el peronismo gobernante en ese distrito.
En el Gobierno aceptan la expansión de la figura de los “trabajadores pobres” en el país. Es, de hecho, uno de los cuestionamientos que apuntalaron la feroz interna entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Ese porcentaje fue récord en 2022, según datos de la UCA, si no se tiene en cuenta la distorsión que generó la cuarentena oficial. Llegó a 27,3% ese año, el número más alto desde 2006.
El relato oficial remarca que esta situación es compensada por la baja tasa de desempleo (6,9% en el primer trimestre) y porque se “acumulan 33 meses de crecimiento del empleo formal”. Hay trampa. Se cuenta desde abril de 2020, cuando por el confinamiento obligatorio, cayó a 5,8 millones ese número de trabajadores. Desde entonces se recupera. Hoy son 6,3 millones, un dato igual al nivel de 2017. Esto implica que no hay crecimiento sino estancamiento. Otro dato: hoy, el mundo del trabajo son 6,3 millones de asalariados formales, 3,5 millones de empleados públicos, 4 millones de asalariados informales y 4 millones de cuentapropistas. Traducción: más de la mitad de la torta del mercado laboral está precarizado o depende del Estado.
Consumo y desilusión
El consumo masivo comienza a sentir el golpe, pese a la imposibilidad de ahorrar (sin acceso a dólares), cuando el peso quema. Según datos de Scentia, en el primer semestre cae 0,6% anual. En volumen, en supermercados y almacenes, caen los rubros de alimentos secos (-0,5%), congelados (-1,2%), cosméticos (-1,5%), desayuno (-4%) y limpieza (-7%). Mejoran bebidas sin alcohol (+7%), bebidas con alcohol (+5%) y golosinas (+1,5%).
La consultora W, de Guillermo Oliveto, sobre la base de datos de Acara, AFCP, Indec, Construya, Scentia y Ultracine, ve una retracción en la compra de ropa (-10%), farmacias (-6,6%) e insumos para la construcción (-8,2%), mientras
El dólar blue subió casi $100 desde comienzos de julio por la incertidumbre
La inflación puede crecer por la suba de impuestos y la corrida del dólar
mejoran las ventas en supermercados (+8%), despachos de cemento (+0,5%), electrodomésticos (+3,5%), ventas de motos 0 km (+8%), de autos (+12%), shoppings (+13%), tickets de teatro (+96%) y de cine (+42%).
“El consumo llega a las PASO mejor de lo que se preveía”, anticipa Oliveto, y luego aclara: “Pero es un consumo de cortísimo plazo. Es un ansiolítico para tapar la angustia y el malestar. Comenzó como un fenómeno tras la pandemia, el vivir el hoy, que se mantiene. Esta es una sociedad que no tiene imaginario de futuro, piensa que 2024 va a ser peor y no se puede ni imaginar 2025. La frase que lo sintetiza es ‘si no te das un gusto vas a vivir triste’. Estamos en una sociedad que perdió la fe en ahorrar y que piensa en que no se puede dejar para mañana lo que se puede consumir hoy, porque va a ser más caro. Pero este consumo no mejora el humor social porque no proyecta esperanza. Queda más lejos viajar al exterior, comprar un auto o una casa. El consumo es un escape, pero con desilusión”.
De hecho, la venta de inmuebles en la ciudad de Buenos Aires cayó de 64.000 en 2017 a 33.000 en 2022. En el mismo período, la venta de 0 km pasó de 900.000 a 407.000, y los turistas al exterior bajaron de 3,7 millones a sólo 2,1 millones de personas.
Pese a ese consumo avivado por la tristeza, la actividad económica camina hacia una recesión, que según, el FMI y analistas, podría ser de una caída de -2,5% del PBI. El mejor momento de la economía de Alberto Fernández llegó en el tercer trimestre de 2022, cuentan en Equilibra. Entonces se multiplicaron el cepo y las trabas a las importaciones, tendencias que se profundizaron en las últimas semanas. El cuarto trimestre del año pasado mostró ya una caída y el primero de este año, una suba en el margen. Pero la sequía, según el economista Lorenzo Sigaut Gravina, derrumbará el segundo trimestre. Corriendo al campo, el resto de los sectores, desacelerará hasta mostrar un estancamiento en junio, excepto los vinculados a minas y canteras.
Sin embargo, cuando se ajusta el PBI por población, la actividad económica en el Gobierno del cuarto kirchnerismo no muestra crecimiento alguno. Esto implica que el PBI per cápita es igual que había en el cuarto trimestre de 2019. De hecho, a fines de este año es probable que ese número termine mostrando una leve caída, según Equilibra.
En ese marco, Massa se comprometió con el FMI a profundizar el ajuste para recibir dólares. No por nada, comenzaron a llegar aumentos de tarifas de luz de junio con facturas que muestran alzas mayores al 400%. El ministro tiene la difícil tarea de pasar de un déficit de 2,4% del PBI a uno de 1,9% cuando los ingresos tributarios se desplomaron casi un 1% por la grave sequía. De hecho, la recaudación por derechos de exportación sería la menor de los últimos 5 años, según datos del Iaraf, donde creen que la presión tributaria se parecerá este año a la de 2022 gracias a la generalización del impuesto PAIS a bienes y servicios. La devaluación fiscal, según indicaron en el Gobierno, sumaría ingresos por 0,9% del PBI. Massa deberá bajar el gasto si desea cumplir con el Fondo. Las tarifas y una contención de la masa salarial aparecen en el horizonte del ministro y candidato de Unión por la Patria, y del FMI.
Vale aclarar que la maquinita no para. Para sostener el gasto, el Gobierno emitió, según EcoGo, unos US$85.700 millones –en pesos– que sirvieron de asistencia al Tesoro del BCRA. Sólo es superado por el segundo gobierno de Cristina Kirchner (US$104.900 millones).
Sin dólares
La hoja de los dólares está en blanco.En el primer semestre,el déficit comercial llegó a los US$4387 millones y podría terminar el año en US$9000 millones, según la proyección de Marcelo Elizondo. Hasta junio, las exportaciones se desplomaron 24,5%, principalmente por la sequía, pero también cayeron los bienes industriales. Las importaciones bajaron 8,5%. Fue un deterioro menor, pero importante. Buscó un equilibrio entre mantener la economía andando, pese a las restricciones, y el estado de las reservas. Es una situación difícil de explicar cuando las exportaciones de 2022 habían sido récord y las ventas al exterior del complejo oleaginoso entre diciembre de 2019 y mayo de 2023 fueron US$117.000 millones. No hubo restricción externa hasta este año, el de la sequía extrema.
En ese marco, según Elizondo, el ratio de participación en el comercio global de la Argentina este año será de un 0,25%, el menor de la historia. Hace 20 años era de 0,41%.
El déficit comercial es un hecho. En ese camino, sin reservas –las netas son negativas en US$9815 millones, según el economista Salvador Vitelli–, el Gobierno se endeudó con organismos internacionales, China y Qatar para pagar pasivos con el FMI y hacer que la economía mantenga un ritmo, pese a desacelera. Más allá de la narrativa del desendeudamiento, según Econviews, el stock deuda pública aumentó US$80.778 millones en la era de Alberto Fernández. Se trata de US$19.132 millones en pesos; US$51.916 millones en pesos ajustados por inflación;US$28.688 millones en dólares constantes y sonantes a lo que se restan US$18.958 millones en moneda extranjera (deuda en euros que se redujo con la reestructuración de agosto 2020 y un porcentaje menor por la deuda con el FMI). Massa ahora espera que, pasadas las elecciones, el Fondo le gire US$7500 millones una vez que el board del organismo apruebe el último acuerdo técnico. El ministro deberá ajustar en campaña.
Ajustado por inflación, el dólar blue a $600 está lejos de los picos de crisis tras la renuncia de Martín Guzmán o el intento de desestabilización del cristinismo al Gobierno en octubre de 2020. Y, sin embargo, desde comienzos de julio se disparó casi $100. El dólar es más que fundamentos (inflación, tasa o falta de divisas). Es un termómetro que marca hasta dónde puede llegar el miedo al futuro de los argentinos sintetizado en algunas preguntas: cuánto costará reponer productos, habrá más devaluación de los pesos que tengo y quién será el presidente.
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El estado de algunas variables claves
◗ La inflación
En lo que va del año, la suba de los precios supera el 50% y en uno o dos meses estará por encima del 60% estimado en el presupuesto. Para fin de año, se espera una inflación por arriba de 142%, el mayor número en 30 años.
◗ El trabajo
Pese a que la tasa de desocupación está en 6,9%, más de la mitad del mercado laboral son trabajadores informales, cuentapropistas o empleados públicos. El empleo formal registrado se mantiene estancado, dicen los expertos.
◗ Dólar y reservas
El número de reservas netas negativas en el Banco Central (BCRA) ya se acerca a US$10.000 millones pese a los tipos de cambio diferenciales. Más allá de los cepos, suben los dólares financieros y el blue está a casi $600.
◗ El rojo externo
Lasexportacionescayeroneste año casi 25%, afectadas por la sequía. Las importaciones lo hicieron más de 8%. El déficit comercial en el año sería de US$9000 millones y baja el ratio de participación del país en el comercio global.
◗ Pobreza e ingresos
En un año, más de dos millones de personas cayeron en la pobreza. También crecieron la pobreza y la indigencia infantil, sobre todo en el conurbano bonaerense. Cayeron los salarios e ingresos reales, según el Indec.
◗ El rojo interno y el FMI
El Gobierno buscará llegar al déficit fiscal de 1,9% del PBI pactadoconelFMIconnuevos impuestos, pero no lo alcanzará y deberá bajar el gasto. Sigue la emisión monetaria, y la acumulación de reservas será difícil de conseguir.
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Malabares con el Fondo, a cinco días de las primarias
Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi
Faltan apenas cinco días para las PASO y aparece el recuerdo del cimbronazo que provocó en los mercados el resultado de 2019, cuando los 15 puntos de diferencia en la fórmula AF-CFK (Alberto Fernández-Cristina Kirchner) sobre la fórmula MM-MP (Mauricio Macri-Miguel Pichetto) coordinó un salto del dólar de $40 a $60 y un derrumbe de los precios de los bonos y acciones a la mitad.
Vale recordar que las encuestas habían marcado un cuasi empate técnico y desatado una euforia de mercado en la previa. Después del resultado de las PASO quedaba claro que AF tenía votos suficientes para ganar en primera vuelta, pero la elección definitiva era recién a fines de octubre.
Sin cooperación entre oficialismo y oposición, con un FMI que se retiró a cuarteles de invierno hasta el nuevo gobierno y le cortó los desembolsos al país, el camino a las elecciones definitivas (incluyendo la remontada de Macri de casi 10 puntos porcentuales y un mejor balance de fuerzas en el Congreso que el que reflejaban las PASO) implicó una caída en las reservas brutas de US$23.100 millones y, en las reservas netas, de US$12.500 millones. Esto aun con el reperfilamiento de la deuda corta de pesos y dólares del Tesoro a fines de agosto y de la imposición de un límite a la compra de dólares dos días más tarde.
Hoy las encuestas muestran una elección de medios (Milei saca más cerca de 20% que de 30%), Juntos por el Cambio (JxC) es el espacio más votado, pero no lo suficiente como para ganar en primera vuelta en octubre (la diferencia es inferior a 10 puntos porcentuales) y Bullrich gana la interna de JxC. Como quedó demostrado en 2019, las encuestas pueden fallar, pero a menos que Milei se aproxime a un tercio de los votos con riesgos de colarse en un ballottage en noviembre, no parece que pueda aparecer una lectura binaria del mercado como ocurrió entonces.
Diferencias que vale remarcar 1)
En las PASO de 2019 la economía mantenía la cuenta capital abierta y la toma de ganancias era sin brecha con el dólar oficial. Hoy convivimos con un cepo “sofisticado” cada vez más rígido que intenta suturar los agujeros que se van abriendo, y la toma de ganancias requiere convalidar un dólar financiero en torno a $600 (el CCL) con un dólar oficial de $285, frente a la expectativa de que en el nuevo gobierno la brecha no desaparezca (como en diciembre de 2015) pero sí se comprima. El esquema actual es perBCRA verso, pero mucho más “estable”.
2) En 2019 el riesgo que visualizaba el mercado y frente al cual exageró era que “venían los malos”. La expectativa de volver a un esquema de represión financiera como el que finalmente se dio aceleró la corrida contra el peso y el desplome en los precios de los activos financieros. Parados a hoy, la expectativa es que “vienen los buenos” y el mercado empieza a reaccionar a estas señales. La candidatura de Massa (que no haya kirchneristas con chances que compitan en las PASO); los resultados en las elecciones de San Juan, Santa Fe y Chubut –donde ganaron los candidatos de JxC– alentaron las expectativas de cambio y se trasladaron a los precios de los activos financieros, contribuyendo a sostener la transición.
3) Los precios de los activos de partida eran mucho más altos. En 2019, en la previa a las PASO, los bonos en dólares tenían paridades de casi 90 y el riesgo país estaba en 900 puntos básicos (pbs), con una tasa de 10 años en EE.UU. de 2%. Hoy los bonos tienen paridades en torno de 35 (vienen de 20) y el riesgo país se ubica en 2000 pbs (viene de 2600), con la tasa libre de riesgo en torno de 4% (la tasa de 10 años de Estados Unidos).
4) En 2019 el programa con el FMI incluía desembolsos frescos que se usaban para cancelar vencimientos con el mercado, que se cortaron después de las PASO. Hoy el programa con el FMI incluye desembolsos que se usan para pagarle al propio FMI. El staff level agreement firmado dos viernes atrás incorporó las revisiones (y los desembolsos) de junio y septiembre, en un intento de correrse hasta diciembre, cuando deberá negociar un nuevo programa con la nueva gestión. El acuerdo incluye desembolsos por US$7500 millones que llegarían una vez que el directorio lo apruebe después de las PASO, y cuando para entonces el país ya le habría pagado al FMI US$9400 millones (casi US$5000 millones más que los acordados en el acuerdo original). Las condiciones para que el desembolso se haga efectivo (prior action) no están escritas en el documento publicado, pero incluirían una corrección cambiaria en torno de 30% que Massa intentó negociar con la aplicación de impuestos a las importaciones de bienes y servicios y, en los últimos seis días, con la aceleración del crawling peg al 12/15% mensual.
5) A diferencia de agosto de 2019, cuando las reservas netas del todavía eran de US$22.000 millones, llegamos a estas PASO con reservas netas negativas en US$10.000 millones. Aun destrabando el giro del FMI post-PASO, casi la mitad deberá ser usada de inmediato para cancelar los créditos puente conseguidos con la CAF, Qatar y China (que permitió la activación transitoria de US$1700 millones del segundo tramo del swap). Y el resto deben ser usado para la cancelación de intereses y capital hasta octubre.
Juego de gallinas
Como dijimos antes, no están escritas las prior actions que exige el FMI para hacer efectivo el desembolso indispensable para seguir transitando. Por lo pronto, la expectativa de una devaluación del 30% luego de las elecciones aparece en el radar y se filtró a los mercados de futuros. La aceleración del crawling peg en los últimos seis días, sumada a las medidas de devaluación fiscal y nuevo dólar diferencial para el maíz, buscan mejorar la posición de liquidez del BCRA, pero independientemente del impacto inflacionario y sobre la actividad que van a tener (suba de 2,8% en alimentos en la primera semana de agosto). No es evidente que alcancen para que el FMI destrabe el desembolso.
Por lo pronto, el juego de gallinas no terminó en colisión. Massa se movió y el FMI también se movió. Pero el curso de choque continúa; solo se movieron levemente hacia atrás ganando tiempo hasta después de las PASO. La duda es lo que pasará después.
Si Massa “se siente competitivo” con chances de llegar a un ballottage –léase, es el candidato más votado– y la recuperación de Milei le muerde votos a JxC, que no consigue los suficientes como para ganar en primera vuelta, es factible que busque seguir tensando la cuerda con el FMI e intente evitar un salto discreto del dólar. La pregunta es qué hace el Fondo frente a este escenario. ¿Prioriza la lógica que primó hasta ahora de evitar que el país entre en atrasos y evitar ser “el culpable de la caída”, o no?
En cambio, si Massa no “se siente competitivo” –léase no es el candidato más votado–, JxC saca votos suficientes como para ganar en primera vuelta en octubre y además gana la provincia de Buenos Aires, corre el riesgo de que lo “obliguen” a anticipar el ajuste que intenta patear para la próxima gestión. Un candidato opositor con votos suficientes como para ganar en octubre mantendría la dureza del FMI para realizar el desembolso.
Otra vez, el largo plazo en la Argentina es el domingo 13 de este mes, mientras la necesaria agenda de estabilización se posterga.
La necesaria agenda de estabilización se posterga; el largo plazo es el 13 de agosto
Los autores son economistas y directores de la consultora Eco Go
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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