martes, 7 de noviembre de 2023

LOS INGRESOS SIGUEN CAYENDO Y Y MÁS RECESIÓN


Advierten que los ingresos reales de la población caerían 14%, la mayor baja en 20 años
La masa de recursos percibidos por trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales volvería a niveles de 2007 a fin de año; los más golpeados son los informales
Javier Blanco

La masa de ingresos fijos de la población argentina, un consolidado que incluye los salarios laborales (formales e informales, privados y públicos), las jubilaciones y pensiones y los pagos a beneficiarios de todo tipo de asistencia social del Estado, caerá 14% en 2023 con respecto al año anterior en la medición promedio anual.
La proyección realizada por las economistas Laura Caullo y Azul Chincarini para la Fundación Mediterránea, suponiendo que se mantenga la trayectoria actual de la inflación hasta fin de año, significaría un recorte histórico e inédito si se consideran los últimos 20 años.
Según ese cálculo, la masa total de ingresos pasaría de $93 billones el año anterior a otra de $80 billones este año –medidos en términos reales–, a pesar de que “las tasas de empleo se ubiquen por encima del 44% [de la población económicamente activa] y de las medidas coyunturales para proteger los ingresos de la población (bonos a trabajadores y jubilados, refuerzos en programas sociales, devolución del IVA, entre otras)”, destacan las autoras sobre el fenómeno cada vez más universalizado de la existencia de trabajadores con ingresos que están por debajo de la línea de pobreza.
Esto se produce porque “la caída de la masa total de ingresos no se explica tanto por el número de personas contabilizadas, sino por los ingresos promedio en términos reales”, aclaran las economistas.
El total de recursos reales vinculados a los ingresos regresaría de este modo a los niveles que mostraba en 2007 y 2008, es decir, al menos 15 o 16 años atrás (si se los mide en dólares), “pero con importantes cambios en la composición, ya que las jubilaciones y la asistencia social tenían una menor participación” en el total en aquellos años.
“La constante erosión de los saldos monetarios vinculados a los ingresos reales de la población con niveles de inflación interanual por encima del 160% es estrepitosa”, remarcan Caullo y Chincarini.
La reducción del 14% prevista en los ingresos es liderada por los componentes relacionados con el mercado laboral, lo que pone a los asalariados como los mayores perdedores en la carrera contra la inflación.
“La masa de salarios del sector público y privado formal tuvo un descenso en términos reales de un 16% y un 15%, respectivamente; mientras el resto del sector privado cayó un 17%. Por su parte, la masa en jubilaciones se redujo un 8%. La menor caída (2%) fue presentada por el componente de asignaciones sociales, donde se incluyen los principales programas, como son la Asignación Universal por Hijo (AUH), la Tarjeta Alimentar y el plan Potenciar Trabajo, las becas Progresar y otros programas de promoción y asistencia social”, detallaron.
Aun con beneficios
Además, aclararon que las estimaciones incluyen “todos los beneficios otorgados en estos últimos meses a los trabajadores (bonos, devolución del 21% sobre compras relacionadas con la canasta básica alimentaria, la exención del componente tributario a monotributistas y del pago del impuesto a las ganancias a un conjunto de trabajadores asalariados con salarios inferiores a 15 salarios mínimos) y a los beneficiarios de planes sociales (refuerzos a la AUH, Tarjeta Alimentar, Potenciar Trabajo y bonos a jubilados)”.
En relación con los ingresos específicos de cada grupo, para el cierre del año se esperan “caídas de entre el 20% y el 17% en términos reales en los salarios y en los ingresos del sector informal o independiente; del 17% en AUH y haber mínimo, y un 13% en el haber medio previsional, considerando una última actualización en diciembre que sería afectada por el tope que se aplica al índice mediante el que se la calcula”.
El informe detecta además cambios significativos en la última década en el consolidado total de los ingresos. “Cedió terreno la participación de los ingresos de trabajadores privados, pasando de un 38,5% en 2011 a un 33,8% en 2023, pero el sector público pasó al 23% del total, con un incremento de 2,6 puntos porcentuales desde 2011”, detallan.
A su vez, “las jubilaciones también aumentaron su participación en 2,9 puntos porcentuales, pasando del 11,2% en 2011 a un 14,1% en 2023; mientras que las asignaciones sociales pasaron a representar casi un 5% de la masa de ingresos, con un incremento de 3,1 puntos porcentuales desde 2011”.
Al analizar los datos por provincias, observaron que entre junio de 2015 y junio de 2023 hay variaciones negativas de los salarios públicos en varias jurisdicciones, que van del 41,7% para el caso de Tucumán al 7,6% en Entre Ríos; mientras que para los privados van del 28,8% en el caso de Neuquén al 0,7% en la provincia de Santa Cruz.

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Inflación alta, dólar en alza y más recesión, la previsión de los bancos
Tres de las principales entidades privadas del país trazaron pronósticos sobre la economía hasta el balotaje y lo que vendrá con un gobierno de Massa o de Milei
Francisco JueguenEl aumento de precios apenas se moderaría el año próximo, según los bancos
Tres de los principales bancos privados de la Argentina se animan a entreabrir una puerta a lo que deparará el camino al balotaje y a los escenarios que se dibujan de cara a 2024. Ninguno duda sobre algunos presagios: habrá un dólar oficial más alto, inflación muy elevada y una recesión como consecuencia de los ajustes que requerirá la estabilización económica. Sin embargo, llegarán más dólares gracias al campo y al sector energético, aunque nadie vislumbra una lluvia de inversiones.
Para ellos, la política genera aún profundas desconfianzas. La primera de ellas es la viabilidad de un plan de estabilización, sobre todo en un escenario en el que más del 40% de los argentinos son pobres y cuando los ingresos caen desde hace cinco años. Sin embargo, la política también deja algunas buenas noticias: la fragmentación, creen, alimentará un Sergio Massa menos kirchnerista, mientras que los últimos resultados electorales alejan el fantasma de la dolarización. No habría lugar para un país convertido en Venezuela o para iniciativas rupturistas, como la muerte del peso. Eso huele el mercado.
Sin embargo, sí existirían marcadas diferencias si ganan Massa o Javier Milei. El primero podría encarar, avizoran, un gradualismo (a lo Mauricio Macri), lo que provocará saltos menos bruscos en precios relativos (tarifas y dólar), pero una inflación más alta en el mediano plazo. Milei se inclinaría por un shock: un salto mayor del dólar y un tipo de cambio fijo por un tiempo. Los dos ajustarían fiscalmente. Milei por el gasto y Massa sumando ingresos vía impuestos.
El camino al balotaje del 19 parece hoy algo más tranquilo, pero las tensiones con el dólar pueden volver en la previa del domingo electoral pese a la moderación de Milei gracias a su pacto con los halcones de Pro y debido a la profundización de las distorsiones macroeconómicas del “plan llegar” de Massa. Una ratificación del proyecto de dolarización y de la eliminación del Banco Central (BCRA) –un renacer identitario de La Libertad Avanza, como el intentado en estas horas– podría inducir un mayor nerviosismo en el mercado cuando empiecen a multiplicarse las encuestas.
En el BBVA ven un tipo de cambio oficial de $630 por dólar en diciembre, ya que creen que “el inmediato traslado a precios eliminó la ganancia de competitividad cambiaria” de la devaluación post-PASO. La inflación alcanzaría un 200% en 2023 y un 155% el año que viene si hay un plan de estabilización “relativamente exitoso”, dice el último informe del banco. El gasto preelectoral dejará el déficit fiscal en un 2,8% del PBI (desde el 2,6% que preveía antes el banco). “Por este incremento del rojo, la emisión monetaria seguirá acelerando, acentuando las presiones cambiarias e inflacionarias. Proyectamos que la emisión monetaria directa e indirecta para asistir al fisco superen un 4% del PBI en 2023 (+0,5 puntos respecto de 2022)”, escribieron.
La economía caería un 3,5% este año y un 2,5% en 2024. La entrada de dólares superaría en US$13.000 millones o US$15.000 millones, por lo que el BCRA podrá acumular reservas.
En el banco creen que la elección entre Milei y Massa será muy pareja. El ministro será una continuidad, pero con “nuevos condimentos”, con más poder que el que ejerció Alberto Fernández y con la necesidad de “hacer algo”. El cepo no se liberará en un eventual gobierno suyo, pero sí el tipo de cambio: un dólar a $600 alcanza para normalizar la economía, creen, aunque deberá atemperar la aceleración inflacionaria.
Para sofocar la crisis social, contará con apoyo sindical y con el poder político del peronismo. La brecha será más chica, pero aún existirá. Habrá ajuste fiscal, pero será con un aumento de la presión tributaria y, quizá, con alguna quita de subsidios económicos. La inflación bajará, pero lentamente.
Milei, en cambio, corre con el riesgo político de no tener poder político ni estructura. Se trata de una debilidad para quien busca iniciar un plan de shock mucho más duro en lo cambiario y fiscal. La apuesta sería por una devaluación grande y luego una fijación del tipo de cambio. La inflación, si se genera confianza, bajará más rápido. Es una apuesta a decir: “Esta será la última devaluación de la historia”. ¿Una previa de la dolarización como reforma de otros tiempos? Sí, se liberalizará el mercado cambiario. ¿El factor Macri? Serviría para bajar expectativas a un escenario “disruptivo”.
En Madrid, los economistas argentinos del Banco Santander presentaron la semana pasada su visión sobre lo que ocurrirá en la Argentina. Allí focalizaron en dos ejes: la necesidad de lograr consensos debido a la fuerte fragmentación política, y los desafíos y mitigantes para estabilizar. Entre los desafíos aparecieron los múltiples tipos de cambio, el alto déficit fiscal, el desalineamiento de los precios relativos, el estancamiento económico, la falta de acceso al mercado internacional de deuda y el “overhang” monetario (la enorme cantidad de pesos dando vueltas en la economía).
Luego destacaron cuáles –estiman– serán los “mitigantes” u oportunidades que tendrá el próximo gobierno. Describieron que existe un “mandato” social por bajar la inflación, hay expectativas por el fin de la sequía, con una mejora de la recaudación y de la cosecha, precios altos de las commodities y una tasa de interés internacional cerca del nivel “terminal”.
En el Santander creen que la devaluación ya está hecha con el desdoblamiento 30/70, de manera “heterodoxa”. Tal lectura implica que el actual tipo de cambio diferenciado, por arriba de los $500, llegó para quedarse. Si gana Massa, afirman, no ven a un “ultrakirchnerista” y creen que el tigrense volverá a trabajar para llegar a un superávit fiscal. Lo hará sumando pesos por la recaudación que venga desde el campo y más ajustes de tarifas.
El año que viene será recesivo y de alta inflación. “La Argentina no puede escapar a un plan de estabilización”, dicen. Gracias a la energía y al campo, es probable que haya menos tensión por el lado de la balanza de pagos: las divisas alcanzarán. Los grandes interrogantes son el social, con una elevada pobreza, y el político. Por la fragmentación, se destaca la necesidad de lograr acuerdos.
Camino al balotaje
En el Banco Galicia analizaron las próximas semanas. “Hasta ahora, la lectura que ha hecho el mercado en las primeras ruedas de la semana es que la probabilidad de llegar a la presidencia de Javier Milei ha mermado e, incluso si ello termina ocurriendo, la necesidad de tender canales de diálogo con sectores hasta hoy fuera de LLA reduce la probabilidad de avanzar con una dolarización “a como dé lugar” (es decir, sin las divisas suficientes para rescatar la masa de pesos, redundando en una dolarización a un precio considerablemente más elevado que el de mercado actual)”, dice el último informe de la entidad firmado por su equipo de research y estrategia.
“A pesar de que la posibilidad de una dolarización se ha visto reducida ante la necesidad de Javier Milei de obtener el apoyo de otras fuerzas políticas, existen otros riesgos asociados al hecho de que el escenario electoral aún se encuentra indefinido. Este panorama abierto implica que durante las próximas semanas los desequilibrios macroeconómicos continuarán intensificándose, con un tipo de cambio que se mantendrá fijo hasta el balotaje y un ajuste fiscal que seguirá postergado hasta no contar con un presidente electo”, agregaron sobre la economía de Massa.
Para el equipo del Galicia, la suba del tipo de cambio diferencial –el desdoblamiento temporal hecho por Massa hasta el 17 de noviembre– podría estimular en las próximas semanas una liquidación adicional de exportaciones, aunque aparece un límite en el volumen que queda disponible, especialmente en el de la soja. Allí creen que el remanente es de US$550 millones. Este mecanismo, además, adormecerá al dólar CCL, adonde irá parte de la oferta, y restará “presión” sobre el uso de divisas del BCRA. A esto además contribuirá el cepo sobre las importaciones y, probablemente, el swap con China.
“A pesar del deseo de postergar correcciones hasta haber asegurado la presidencia, para poder ganar Sergio Massa debe convencer a los mercados de que su intención es corregir el rojo de las cuentas públicas en 2024”, estimaron en el Galicia, donde citaron la propuesta de la “separata” (una suba de impuestos) para llegar a un superávit de 1% del PBI.
“Los mercados financieros, si bien tienen más en calma en las últimas ruedas, pueden volver a reaccionar ante cualquier novedad en el ámbito político, mostrando un nuevo incremento de la volatilidad. Por ejemplo, si la noción de dolarización vuelve a cobrar fuerza a pesar de la necesidad de tender puentes con espacios que no apoyan esta medida, es esperable que se vea un resurgimiento de la tensión cambiaria”, cerraron. Ese nerviosismo, claramente, favorece al libertario. La semana pasada Milei ratificó que “no es negociable” la dolarización. “Eliminar el Banco Central es necesario para terminar con la inflación para siempre”, escribió en su cuenta de X Emilio Ocampo, el designado por Milei para conducir la entidad monetaria.
Las tensiones parecen inevitables. Milei ajustará su equipo y su acuerdo con Macri para moderar el miedo a su eventual gobierno. Massa postergará el ajuste tratando de diluir la bronca. Se abrirán escenarios difíciles para los argentinos, nada que no conozcan, pero habrá oportunidades: son chances que una clase política muy devaluada debería aprovechar.

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