sábado, 3 de agosto de 2024

UN GRAN CREATIVO....OSCAR VIALE.....Entre el teatro, el cine y la televisión, el autor construyó un camino prolífico.






Oscar Viale: un volantazo, el chiste con Alberto Olmedo que salió mal y el humor mordaz de quien entendió la profundidad de lo cotidiano
Actor, dramaturgo, guionista. Desde 1967, Oscar Viale desarrolló una prolífica carrera, generando materiales que se convirtieron en clásicos del teatro argentino contemporáneo
Se cumplen treinta años de la muerte del actor, dramaturgo y guionista, creador de clásicos de nuestro teatro como El grito pelado y Camino negro y de ciclos televisivos de tono popular como Los Campanelli y Mi cuñado
Pablo Mascareño
Tuvo la sabiduría de profundizar en lo cotidiano y extraer de ese néctar la sustancia simbólica y metafórica para desnudar realidades adversas, denunciar y fotografiar algunas anomalías de lo vincular. Jugó con la palabra aún cuando muchos de sus personajes se sumergían en diálogos de sordos. Engrandeció las temáticas populares sin restarles hondura. Problematizó lo evidente.
El 2 de agosto de 1994, a sus 62 años, Oscar Viale murió repentinamente dejando una obra extensa como un legado autoral que siempre vuelve a ser repasado. Se cumplen tres décadas de la partida de un hombre que, alguna vez, decidió darle un golpe de timón a su vida, dejar los estancamientos de un trabajo que no lo completaba y lanzarse a la aventura del arte.
Su pluma se paseó por guiones de teatro, cine y televisión, pero también fue intérprete, la actuación fue otra de sus posibilidades expresivas. Pensar en él es recurrir a los trazos de una memoria que rápidamente recupera títulos como El grito pelado, Chúmbale, Convivencia o Camino negro, clásicos del teatro argentino contemporáneo. Y también fue el hombre que le donó palabras a ciclos televisivos como La tuerca, Los Campanelli y Mi cuñado, la comedia unitaria que estaba escribiendo cuando un paro cardíaco fulminante lo sorprendió en pleno quehacer.
Oscar Viale junto al elenco de Mi Cuñado durante la entrega de los premios premios Martín Fierro, luego de ganar en la categoría Mejor Telecomedia
A sus nueve años ya entendía que el mundo no era parejo. “¿Por qué, papá, todos mis amigos van a la escuela y yo no? ¿Cuándo me va a tocar a mí?”. Escribir ha sido, quizás, su forma adulta de volcar en las páginas en blanco lo impúdico de la desigualdad y aquello que, muchas veces, no tiene respuesta. Sus personajes fueron arcilla para moldear diálogos de sordos. Distancias en las cercanías. Y también fue el autor del costumbrismo y el que apelaba al humor más corrosivo e hilarante.
Cariñosamente, muchos lo llamaban “el gordo Viale”. Su contextura física robusta y su aspecto bonachón no desmentían su esencia amistosa.
Lo último
Algunas historias pueden narrarse desde la escena final. Oscar Viale se encontraba en un gran momento profesional cuando la muerte lo sorprendió escribiendo los capítulos de Mi cuñado, la comedia unitaria que se emitía por Telefe, remedo de la propuesta que se había hecho años atrás con Ernesto Bianco y Osvaldo Miranda.
La nueva versión, con los roles protagónicos de Luis Brandoni y Ricardo Darín, se convirtió en un gran suceso de público en esa etapa inaugural de la gestión de Gustavo Yankelevich como hacedor del antiguo Canal 11 devenido en una señal privatizada bautizada como Telefe. Las idas y vueltas de un hombre formal y su cuñado “atorrante” congregaban a una audiencia familiar fiel y encandilada por los muy buenos libros que planteaba esta comedia de situación a la criolla.
Podría decirse que Oscar Viale partió con “las botas puestas”, con las manos en el teclado y apelando al desenfado de su humor.
Fuente de inspiración
Oscar Viale había nacido el 1 de enero de 1932 como Gerónimo Oscar Schissi. Siendo muy pequeño conoció el dolor de algunas carencias, tanto afectivas como materiales. Si bien se crio en el porteño barrio de Villa Devoto, su padre se desempañaba lejos de allí como obrero portuario.
Cuando el pequeño Gerónimo Oscar llegó al mundo, su padre, que ya había fundado el sindicato que aglutinaba a algunos sectores de los trabajadores del puerto, se encontraba preso, perseguido por su actividad gremial. El hombre conoció a su hijo recién nacido cuando su esposa -ya recuperada del parto- se lo acercó a la prisión. Dos años después, la madre de Viale falleció, con lo cual el pequeño se crio junto a su padre y, desde muy pequeño, acompañándolo en las actividades gremiales y en las movilizaciones que denunciaban magros salarios y peores condiciones laborales. Oscar Viale creció con una conciencia de la realidad a flor de piel.
Cuando era jovencito ingresó a trabajar en la Secretaría de Hacienda, un trabajo burocrático que no lo completaba. Antes, ya había comenzado a incursionar en el mundillo de la escena, probando el nuevo manjar que se convertiría en su plato de cabecera. Estaba entrando en la adolescencia cuando un amigo lo llevó a la Sociedad Italiana de su barrio y le mostró las delicias de un taller de teatro.
Esa vocación por la actuación lo hizo debutar en el ciclo radial Las dos carátulas e iniciar la carrera de actuación en el conservatorio. Allí conoció a su primera esposa y madre de sus dos hijos Nora y Diego, un prestigioso músico. La vida familiar lo llevó a abandonar la cursada.
Tiempo después, en 1967, se sinceró consigo mismo y pateó el tablero. Renunció a su puesto en una dependencia estatal, que le propiciaba un ingreso fijo y seguro, para adentrarse en el mundo de la escritura. Los actores Ulises Dumont y Julio López fueron lo alentaron conociendo sus virtudes como observador corrosivo de la realidad. Aquel año escribió, en menos que canta un pájaro, El grito pelado, su opera prima teatral que logró grandes críticas y que, años después, pasara a formar parte de un acervo insoslayable.
Haydée Padilla, una actriz que conoció muy bien a Oscar Viale
Cuando en 2003 se estrenó una versión de El grito pelado, dirigida por Hugo Midón en el Teatro de la Ribera, Haydée Padilla, una de sus protagonistas, le dijo al periodista  Alejandro Cruz: “Tenía un poder de observación increíble. Fue una de las personas más astutas que conocí, un tipo lúcido. Tenía un conocimiento de lo popular maravilloso. Siempre recuerdo su alegría, su sensibilidad. Al principio se lo subestimó un poco hasta que demostró que era un gran autor. Lo que pasa es que, como escribía con tanta facilidad, parecía que era poco profundo. Ocurrió algo similar a lo que pasó con Alberto Olmedo, que recién se lo descubrió cuando estaba muerto”. Padilla y su marido, el dramaturgo Sergio de Cecco, habían sido grandes amigos de Viale.
Acaso El grito pelado fuera una síntesis exacta de la producción dramatúrgica que comprendería el corpus autoral de Viale. Los dilemas de un suburbio sobreviviente y una clase media tan aspiracional como empantanada. De dolores y alegrías sin empalagarse, como un tuco en el que primero se sumerge el pan.
En la temporada 2012 se pudo ver en Mar del Plata una versión de Camino negro interpretada por Romina Ricci y Luciano Castro
Rápidamente, Oscar Viale se hizo un lugar en el medio, alternando la escritura con la actuación, aunque solía afirmar que todo le había costado mucho y permanentemente sentía la sensación de “tener que pedir permiso” para hacer lo que su vocación impartía. Sus personajes, como él, se sentían antihéroes en un mundo exitista, pero sembrado de derrotados.
Ya establecido en el mundo del espectáculo, se enorgullecía de su vínculo de camaradería con próceres como Armando Discépolo, padre del grotesco criollo.
Sus clásicos
La obra dramatúrgica de Oscar Viale aglutina unos cuantos “clásicos” del teatro contemporáneo argentino como La pucha, Chúmbale, Convivencia, Camino negro, Antes de entrar, dejen salir o Tratala con cariño, entre muchas otras. Algunas de estas piezas contaron con el protagónico de la actriz Betiana Blum, quien fuera su pareja durante varios años.
Betiana Blum, musa y un gran amor de Oscar Viale
En 2008, una versión de Chúmbale, dirigida por Santiago Doria, marcó una inflexión ya que se trataba del primer material del dramaturgo que se estrenaba en el Teatro Nacional Cervantes.
Chúmbale de Oscar Viale en el Teatro Cervantes con dirección de Santiago Doria
La ductilidad del escritor también le permitió adentrarse en la producción de guiones cinematográficos de tono disímil. Con rápidos reflejos para encarnizar el humor popular, picaresco y de trazo más grueso, su pluma tuvo a su cargo los parlamentos de El gordo de América, con Jorge Porcel; Los hombres solo piensan en eso, también con Porcel y sumándose Alberto Olmedo; o Mi novia el… con Olmedo y Susana Giménez.
Alberto Olmedo y Susana Giménez, protagonistas de la película Mi novia el..
Pero también el cine familiar congregó su interés, siendo responsable de El picnic de los Campanelli y El veraneo de los Campanelli, comedias en torno a la recordada familia televisiva que almorzaba en vivo cada domingo.
Las versiones cinematográficas que llevaron a la pantalla grande a la familia Campanelli fueron responsabilidad de Oscar Viale
Las temáticas adultas también fueron lo suyo, demostrando su lucidez para volcar sus textos en films como El infierno tan temido, protagonizado por Graciela Borges y basado en un cuento de Juan Carlos Onetti; Plata dulce, con Federico Luppi y Julio de Grazia; o Los gauchos judíos, cuyo elenco encabezaron Pepe Soriano y Dora Baret.
Fernando Ayala, Enrique Cahen Salaberry, Raúl de la Torre, Enrique Carreras, Juan José Jusid y Carlos Galettini fueron algunos de los directores que confiaron en su trabajo como guionista.
Federico Luppi y Julio de Grazia jugando una escena del film Plata dulce
En televisión, además de Mi cuñado, su pluma condujo los destinos de los guiones de programas como La tuerca, El chupete y Buscavidas, entre otros.
Teatro, cine y televisión también fueron espacios donde Oscar Viale tendría un lugar como actor, sumándose a los elencos de ciclos como La tuerca. También protagonizó una versión de su pieza Chúmbale y formó parte de las películas La guita, Autocine Mon Amour, Juan que reía y Crecer de golpe.
Norman Briski y Oscar Viale en el film La guita, dirigido por Fernando Ayala y estrenado en 1970
Un escándalo
En 1976, Oscar Viale se sumó como autor de El chupete, el ciclo de humor de Alberto Olmedo que se veía por Canal 13, con vistas a darle nuevos bríos a la propuesta. Sin embargo, la experiencia duró poco dado que, durante el primer programa, una broma sacudió a la población y enardeció a las autoridades en los comienzos de la dictadura militar.
El 4 de mayo salió al aire el primer programa de la nueva temporada. En el inicio, el locutor Jorge Nicolao dijo muy seriamente mirando a cámara un texto escrito por Viale: “En este horario y por este canal debía salir al aire hoy el primer programa del año de El chupete. Infortunadamente eso no será posible debido a la desgraciada circunstancia de que su protagonista, Alberto Olmedo, ha desaparecido. Este hecho nos ha llenado a todos de consternación. Sorpresivamente, su familia, sus amigos, sus compañeros, el país todo, se ve privado de la presencia física de quien tanto quiere. Olmedo, el Negro Olmedo, ha hecho esta vez un viaje inesperado que, terriblemente, por primera vez, no causa gracia”. Finalizadas las palabras del locutor, apareció en cámara Alberto Olmedo vociferando: “¿Qué? ¿No se puede llegar tarde?”.
El interminable minuto que duró el parlamento inicial fue suficiente para que muchos medios de comunicación anunciaran la muerte de Olmedo, quien, en ese momento, se encontraba actuando en el teatro Maipo junto a Jorge Porcel.
El “sketch” no fue del agrado de las autoridades. El programa fue levantado y Alberto Olmedo regresaría con su ciclo de humor recién dos años después. Oscar Viale corrió la misma suerte, siendo despedido de Canal 13, señal a la que se acababa de sumar. La “imitación” de Orson Welles leyendo La leyenda de los mundos no tuvo final feliz.
En 1976, una broma que salió mal, escrita por Oscar Viale y protagonizada por Alberto Olmedo, alejó al escritor y al actor de las pantallas televisivas
Legado
Oscar Viale fue un prolífico representante de la Generación del 60 y formó parte de Teatro Abierto -el ciclo que enfrentó a la dictadura militar- aunque su pieza Antes de entrar, dejen salir no pudo estrenarse por motivos prácticos y fue ofrecida directamente en el circuito comercial.
Viale hizo de todo. Ofreció su arte como un boticario que se enorgullece del surtido de sus anaqueles. Del humor al drama, de la comedia ligera al grotesco costumbrista con trasfondo social.
Entre el teatro, el cine y la televisión, el autor construyó un camino prolífico. Aquella intuición para abandonar su escritorio en la Secretaría de Hacienda no fue fallida. Pateó su propio tablero para, con su pluma, movilizar pensamientos, hacer humor desde la crítica corrosiva y no temerle a la envergadura de lo popular. En él, lo cotidiano se convirtió en metáfora.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.