De padre taxista a llevar a Messi, el Emir de Qatar y diplomáticos en transportes premium
MARIANOBoniface
por Sol Valls

AL FRENTE DE LA EMPRESA ARGENTINA QUE TRASCENDIÓ FRONTERAS SIN ABANDONAR SU PAÍS NI SUS VALORES
Allá por 1970, en el corazón de Buenos Aires y arriba de un Ford Fairlane, nació Universal Traslados, una empresa de transportes premium, con foco en el segmento corporativo y diplomático. Su fundador, Salvador Pedro Boniface, tenía 28 años y era taxista cuando todo empezó. Su historia no es una de casualidades y azar, sino una de táctica y estrategia. Fue él mismo el que paso a paso, auto por auto, y muy metódicamente, forjó su imperio empresarial. “Mi papá era taxista y estaba cansado de que le roben, pero la gota rebalsó el vaso cuando se le fundió el motor”, cuenta su hijo Mariano Boniface, de 44 años y actualmente a cargo de la empresa junto con su madre Estela Jonneret, en un diálogo “Venía muy golpeado por la situación y quería un cambio. Entonces con sus ahorros más la plata que le había dado el seguro se compró un Ford Fairlane negro, un modelo recién llegado al país que en ese momento era el tope de gama”. Poco intuía Boniface, hoy un señor de 82 años, que ese sería el comienzo de un gran negocio. “En ese entonces los cortejos fúnebres estaban de moda, y él vio que, con su nuevo rodado, podía encajar”, dice Boniface (hijo). “Entonces imprimió sus tarjetas y empezó a figurar y, más temprano que tarde, se convirtió en el servicio que, a la hora de organizar un entierro, todos querían contratar”.

Con un equipo de 10 conductores freelancers que querían dedicarse a lo mismo, el hombre creó su propio manual de reglas para ejecutar cada traslado: autos negros y choferes de traje, guantes blancos y pelo engominado, “lo más parecidos a Gardel, mejor”, le remarcaba a cada uno de sus socios antes de incorporarse al equipo. La apariencia no era negociable: formaba parte de la propuesta de valor. El punto de inflexión fue la visita del primer ministro de Japón. “La embajada salió a buscar traslados y resulta que en la calle se toparon con un cortejo fúnebre. Uno que había organizado papá”, relata Boniface (h) y es evidente que se trata de una historia que contó más de una vez. “Entonces lo contactaron. Y ese fue un viaje de ida”. Aunque no literalmente: a la embajada de Japón le siguieron la de Estados Unidos y, al poco tiempo, ganaron de clientes a empresas como DuPont, Reuters e IBM. Para fines de los 90, cuando el tema de los entierros deluxe dejó de rendir, mutaron casi completamente al nicho de traslados premium para los segmentos institucional, corporativo y de turismo top. El último cortejo fúnebre para el que los contrataron fue el del expresidente de la Nación, Raúl Alfonsín, en 2009. De un Ford Fairlane a una flota de 200 autos Hoy la empresa de Boniface cuenta con una flota de más de 200 unidades (una suma entre vehículos propios y a través de prestadores de servicios). La mayoría son Mercedes-Benz de alta gama y varios blindados”. En el último año invirtieron más de US$300.000 para agrandar la flota y agregar SUVs, minivans y minibuses para traslados grupales. El repertorio, sin embargo, también incluye modelos de marcas generalistas, entre los cuales hay ejemplares del Ford Mondeo, Toyota Corolla y Fiat Cronos, así como algunas unidades con motorización híbrida. El ritmo es movido. Normalmente realizan en promedio 12.000 viajes mensuales. Número que aumenta a 15.000 en “temporada alta”, cuando es época de eventos, visitas diplomáticas y festejos de personajes de la alta alcurnia. Por ahora operan exclusivamente en la provincia de Buenos Aires, con oficinas en el Microcentro (en CABA), y en Buena Vista (en San Fernando). De cara al futuro cercano, para fines de este año prevén duplicar la inversión realizada el año último, y aumentar el volumen de traslados en un 20%. De acá a tres años, la meta es triplicarlo, dicen.



Un servicio a medida con seguridad especial Con más de 50 años en el mercado, en el abanico de clientes de Universal Traslados están SAP, Toyota, Bagó, Pfizer, Scania, Adidas, Coca Cola, Telefé, Chevron, Exxon, PAE, Pluspetrol, el Park Hyatt y el Intercontinental. En la lista de los principales servicios para los que trabajaron se leen los traslados de la cumbre del G-20 y del Mercosur; del casamiento de Lionel Messi; del entonces Rey Juan Carlos de España; del actual Emir de Qatar; y, la más reciente: la asunción del presidente Javier Milei. “Cada empresa o evento diplomático requiere de un contrato distinto, hecho a medida, con cláusulas específicas, atención customizada y normas de seguridad especial”, explica Boniface (h) y admite con honestidad aunque sin aires de grandeza: “No trasladamos a personas que no sean clientes de empresas premium. No es un servicio para gente común”. En materia de precios, por lo menos triplica los números de un traslado tradicional:. “Un viaje al aeropuerto, por ejemplo, con nuestro auto más económico, puede salir alrededor de $55.000″, comenta el directivo. Si se habla de un evento como lo fue el G-20, en 2018 -para el cual se contrataron 700 vehículos para las distintas delegaciones-, se cobra por día y, con opción tope de gama (auto premium blindado en la puerta 24/7 y chofer bilingüe), cada jornada puede costar alrededor de US$1000. Para ese acontecimiento en particular, Boniface (h), cuenta que tuvo que viajar a San Pablo, en Brasil, dos veces en el plazo de una semana, para pedir prestados “varios” Mercedes Benz, porque ellos ya no tenían disponibilidad. “De un día al otro, Arabia Saudita quería 300 autos blindados y, no sabíamos cómo, pero teníamos que llegar”, recuerda con humor y seriedad en simultáneo. “Tratamos de nunca decir que no. Pero la realidad es que Argentina no es como Nueva York. El número de Mercedes-Benz que ves en la calle es muy limitado”. Autos negros, sin música y esperar para hablar Desde 1970, cuando Pedro Boniface tuvo una idea que se animó a implementar, las cosas cambiaron, aunque no tanto, y es evidente que las normas decretadas cuando no tenía mucho más que un Fairline e ingenio del bueno, corren por las venas de Boniface hijo desde una temprana edad. Los choferes que trabajan con él ya no tienen la obligación de parecer Gardel, pero sí tienen que emanar elegancia y exclusividad, además de contar con un registro profesional. Se les pide ir de traje con corbata (aunque sin guantes), pelo corto, idealmente ser bilingües, evitar la música durante el manejo y no hablar hasta que el cliente empiece a hablar. Entre otros sellos distintivos, todos los conductores están capacitados en primeros auxilios, manejo defensivo, RCP y protocolo ceremonial. “Está todo en los detalles”, sostiene Boniface (h) que no tiene interés alguno en desligarse del mandato familiar-empresarial. “Detrás de cada volante tiene que haber un conductor profesional, porque cada uno de ellos es un eslabón fundamental en la cadena de excelencia que queremos representar”. Los autos siguen siendo negros, tienen toda la reglamentación al día y, como máximo, cuatro años de antigüedad. “Yo calificaría a esta empresa como un milagro”, declara Pedro Boniface y agrega: “Me cuesta creer que con tan poco se haya logrado tanto. Fue puro esfuerzo y sacrificio, desde el momento cero. Es un legado”.
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