martes, 11 de abril de 2023

ECONOMÍA KKKK


Advierten que en marzo siguió bajando el consumo con tarjetas de crédito
Las operaciones aumentaron 5,2%, más de dos puntos porcentuales por debajo de la inflación mensual prevista (7%); alertan sobre retrasos en la actualización de los límites
Joaquín Lanfranchi
La escalada inflacionaria confirmaría su impacto en una de las principales modalidades de consumo de la clase media: las tarjetas de crédito. Consultoras privadas como First Group Capital informaron que las operaciones en pesos durante marzo registraron un saldo de $2.443.898 millones, lo que significa un aumento de un 5,2% nominal respecto del cierre del mes pasado, equivalentes a unos $ 121.774 millones por encima de febrero, cuando los movimientos habían aumentado solo un 1,4%.
En tanto, la medición interanual del consumo en el tercer mes del año a través de plásticos llegó al 81,8%, cifra que tampoco alcanzaría los niveles de la inflación interanual estimada que, de confirmarse el alza del 7% para el tercer mes del año, engrosaría la cifra interanual de 102,5% alcanzada en febrero, arrojando en consecuencia una baja de la cartera en términos reales.
“A pesar del incremento de los precios de los bienes que se adquieren con tarjeta de crédito, observamos que los saldos financiados no crecen en el mismo ritmo”, aseguró Guillermo Barbero, socio de First Capital Group. Y explicó: “Varios factores influyen para que se dé este fenómeno: una menor oferta de cuotas por parte de las entidades financieras debido al alza del costo de los fondos para las mismas, una autolimitación por parte de los consumidores a comprar en cuotas debido a los mayores costos por financiamiento, un parque de tarjetahabientes que tiende a achicarse por el incremento del riesgo crediticio y, por último, límites de crédito que no crecen con la frecuencia y en el importe necesarios para absorber los mayores gastos”.
Este relevamiento surge de los datos informados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) respecto del stock disponible al cierre de marzo. Sin embargo, más allá del incremento del consumo con tarjetas de crédito, aunque relativo, si se toma en cuenta la evolución del índice general de precios al consumidor, expertos consultados por recomiendan esperar a que finalice el procesamiento de las operatorias con tarjetas de débito, código QR y plataformas como Mercado Pago, que son los nuevos hábitos de pago profundizados tras la pandemia y que antes solían canalizarse a través del financiamiento crediticio.
En diálogo con este medio, Barbero expresó: “Nosotros trabajamos con los saldos que informa el BCRA, que son globales para todas las tarjetas de crédito. Sin embargo, ya podemos recoger que hay una baja del consumo en muchos rubros. Lo que pudimos ver es que baja el saldo financiado y, lo más importante, que desaparece la cantidad de cuotas que se ofrece a los consumidores porque para las entidades es muy costoso entregar cuotas”.
Por otra parte, advirtió que los clientes, cada vez con mayor frecuencia, están advirtiendo lo costoso que resulta financiar una compra en cuotas, lo que muchas veces los estimula a no realizarla. “Otro aspecto a destacar son los límites de crédito, que [las entidades bancarias] no los están analizando con la frecuencia, la rapidez y el volumen que se necesitan para que los tarjetahabientes puedan aprovechar al máximo sus límites de crédito”, agregó. “Lo que asombra es que no haya aumentado el saldo del financiamiento justo en los meses en los que son necesarios mayores financiamientos porque los bolsillos vienen flacos después de las vacaciones y se requiere más crédito para iniciar los gastos del ciclo lectivo y poner en orden cosas por los cambios de estación”, sumó el especialista.
Consumo en dólares
En cuanto al uso de las tarjetas de crédito para compras en dólares, en First Capital Group aseguran que en marzo se registró una suba interanual de 2,7% (USS$227 millones), aunque con un comportamiento mensual irregular. Así, hubo una disminución del 22,5% respecto de febrero, marcado por la temporada de verano.
De acuerdo con la consultora, el saldo de marzo refleja una significativa caída que comenzó hace cuatro años. “En marzo de 2019 el saldo alcanzaba los US$357 millones y en marzo de 2018, los US$586 millones, cabal demostración de la caída del uso de este producto en su versión en moneda extranjera a lo largo de los últimos años”, argumentaron.
Respecto de las razones del fenómeno, Barbero arguyó el actual tipo de cambio diferencial para compras con tarjetas, que desalienta el consumo. “Si uno no puede pagar todo el consumo de tarjeta en ese mes, se le aplica a su vez una tasa de interés diferencial, entonces es más barato hacer las compras con dólares en efectivo o pagar en dólares la cuenta con la tarjeta de crédito, en lugar de esperar la cancelación de los dólares con pesos, tratando de evitar todo lo posible los consumos en dólares”.
Y concluyó: “Cuando querés hacer consumos en dólares, a través de plataformas como Marketplace o paquetes turísticos, cuando consignás que sos de la Argentina no te admiten la compra directamente, lo que te restringe la posibilidad de hacer compras en el exterior”.

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Dólar agro: piden que haya más plazo para exportar y que se actualice la paridad
Productores de economías regionales afirman que el tipo de cambio fijo hará perder competitividad en un contexto inflacionario
Belkis Martínez
Las economías regionales comenzaron una carrera contra reloj para poder alcanzar el beneficio de los $300 por dólar exportable. El Gobierno, a través del dólar agro que anunció el ministro de Economía, Sergio Massa, y que rige desde hoy, fijó una ventana hasta el 31 de agosto próximo para 30 actividades. No obstante, la medida es cuestionada por el margen de tiempo y la cantidad de requisitos aplicables. Para algunos de estos sectores, la herramienta puede “ayudarlos a mostrarse competitivos” en el mundo unos pocos meses, pero necesitan que el valor sea actualizable cada mes y extensivo en el tiempo.
Antes de que una economía regional pueda ingresar al nuevo esquema, tiene que cumplir con ciertos requisitos y acuerdos de precios para el mercado local. El tipo de cambio fijo hasta fin de agosto se convierte en un interrogante para muchos que insisten con “la baja de retenciones”.
Yonathan Klimiuk es productor de té en la provincia de Misiones. Allí sacan 4 millones de kilos, que envían a 12 países, cuyo principal mercado es Estados Unidos. La herramienta, contó, es funcional si es actualizable en el tiempo, ya que de lo contrario van a “terminar desfasados y con el mismo tipo de cambio”.
El dólar diferencial hace que el productor reciba por cada brote de té US$0,10, es decir, $20, y ahora va a cobrar $30 de la última cosecha. “El sector ya venía soportando los costos con un dólar de alrededor de $300. A medida que esto vaya transcurriendo, necesitamos que sea actualizable. Si es hasta el 30 de agosto, que se vaya incrementando el porcentaje, si no vamos a terminar con el dólar que no va a ser competitivo nuevamente”, describió.
El valor del dólar estaba afectando de una manera fuerte. “Estábamos quedando fuera del mercado y con los costos que teníamos era imposible llevar la cosecha adelante, pero queremos que este diferencial abarque hasta diciembre, porque agarra la parte productora de la cosecha de abril y la primera de noviembre de la próxima campaña”, explicó.
Misiones produce 80 millones de kilos de té, de los cuales se exporta el 95%. La Argentina representa el 3% de la producción mundial. En Estados Unidos se concentra casi el 70% de las exportaciones.
“Con los costos que teníamos en dólares se nos venía complicando la competitividad con otros países grandes como India, China, Kenia, Sri Lanka. Este diferencial nos ayuda mucho para soportar los costos e incrementos que teníamos. Es un oxígeno para esta época del año que nos permitirá ser competitivos y seguir manteniéndonos”, extendió.
En cambio, Jorge Butiuk, productor yerbatero de esa región de Misiones, explicó que “el dólar agro a los productores de yerba, té, tabaco y madera no les da absolutamente nada”. “A ningún productor le afecta ni el dólar a $200, $300 o $400, el problema es que los insumos se los cobran al dólar blue. Es únicamente para los industriales exportadores y esto es una excusa de ellos, porque no le pagan lo que corresponde al productor, le dan migajas”, afirmó.
Según Rodolfo Vargas Arizu, un productor vitivinícola que exporta sus vinos a 13 países, como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, Paraguay, Emiratos Árabes Unidos y China, en las economías regionales esta medida no va a tener ningún beneficio como se espera. “Hay un total desconocimiento de cómo se manejan las economías regionales: yo no le puedo decir a los londinenses que tomen más vino ahora porque yo tengo una ventana para exportar. Nosotros tenemos que insistir, porque no hay un mercado spot donde yo pongo mi botella de vino y la vendo”, explicó. Entre las tareas de mercado y la reposición del stock de sus compradores, indicó, pasan como mínimo 90 días, por lo que no tienen suficiente margen para aprovechar esta ventana.
“Esas ventas no nos sirven a las pymes, sí les sirven a los cinco grandes que hay porque trasladan la mercadería desde el depósito en la Argentina al depósito de Estados Unidos. Mandan la plata para acá y ellos pueden hacerlo en forma rápida; para nosotros eso es imposible, o sea, al 90% de la vitivinicultura no le sirve. Nos sirve que eliminen las retenciones a las exportaciones. Es una incongruencia aumentar las exportaciones y cobrar más. Eso lo tienen que eliminar y poner un tipo de cambio libre”, añadió.
Ladudaahoraestápuestaencómo se va a indexar ese dólar de $300. “Si yo hago una operación ahora y me la pagan dentro de 90 días, ahí ya perdí el 20%. Esos $300 se transforman en $230, hoy está en $218, dentro de dos meses va a estar en $230. O sea, no me da ningún beneficio; ese beneficio es solo porque el Banco Central requiere dólares y lo habla con la soja o con los mercados spot, que son mercados mundiales”, sostuvo.
“Así no sirve para nada. Les sirve a cinco empresas que son grandes empresas y al sindicalismo. Para las pymes, que somos las que damos el 75% de mano de obra y las que sostenemos, no tiene ningún beneficio. El único beneficio que pueden tener es la libre competencia, sabemos trabajar en las economías regionales, pero necesitamos el tipo de cambio libre, que me den el mismo que me pagan. Así, vamos a tener una fuente de ingresos descomunal en la Argentina”.
En este tiempo, dijo, es probable que se venda lo mismo que otros meses. “No creo que vaya a cambiar su esquema de ventas, porque en esta actividad desde agosto hasta noviembre es cuando se vende casi el 40% de todo el año, porque es para fin de año, cuando todo es mucho más importante. Si esto dura hasta el 30 de agosto, no sirve. No va a cambiar nada, está estructurado para la soja y los granos. Cuando se sientan en la mesa se nota que tienen un total desconocimiento de lo que son las economías regionales. No saben ni cómo se vende”, puntualizó.
Guillermo Toller es un productor de naranjas en Federación, en la provincia de Entre Ríos, donde tiene una pyme familiar. “Esto es reciente, si bien ayuda el tipo de cambio, no nos termina de solucionar los problemas, porque el Gobierno viene por escaleras y nuestra realidad va por ascensor. La parte climática pegó muy duro y va a afectar bastante la producción en líneas generales. Va a ayudar, pero no va a solucionar el problema de fondo. Con una inflación del 100%, a nosotros se nos desdibujan mucho los costos a la hora de competir en el exterior. Esto es un pequeño parche”, afirmó.
Sobre el requisito de ingresar a Precios Justos, indicó que aún no están interiorizados. “Tenemos que ver la letra chica para ver qué calidad de frutas, variedades y demás están consideradas. Hay que ver de qué forma se juega”, mencionó

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El lado B. La sequía deja vidas y proyectos frustrados
Algunos productores tardarán varios años en recuperarse; se harán la mitad de viajes en camión que en 2022 e impactará en el empleo
Francisco OliveraRomán Gutiérrez dio de comer a sus vacas la soja seca
Camiones que hacen la mitad del trayecto habitual, almacenes que trabajan menos, vendedores de fertilizantes con el negocio casi cerrado, changas que no se hacen… Estados que no recaudan. No hace falta dedicarse al campo para sufrir el golpazo de la peor sequía de la historia. Una recorrida por los diferentes rubros, principalmente en ciudades y pueblos periféricos de las áreas de producción, deja entrever parte del drama: el daño ya está hecho.
Ya a mediados de enero pasado, aún con la esperanza de que lloviera algo en esa zona a fines de mes, un informe de la Sociedad Rural de Pergamino estimaba que, como consecuencia de la merma en la cosecha, este año habría US$193 millones menos del sector privado solo en ese municipio. Son 4,58 veces el presupuesto del partido. La lluvia llegó un mes y medio después y ni siquiera del modo en que se esperaba.
“Cae una gota y agarro la chata para ver si me sirve: a veces son chaparrones aislados que afectan a una chacra y a la de al lado no”, dice
Román Gutiérrez, productor de la zona, que hace pocos días tomó una decisión drástica sin precedente: les abrió a las vacas la tranquera y las dejó pastar las 160 hectáreas que quedaban de la soja, ya inservible. “Que al menos sirva para algo”, dice.
Hay que aclarar algo sobre quienes viven del campo. No es que el productor “gane menos”, como se suele suponer o decir con este tipo de imprevistos: lo que queda bajo tierra sin resultado alguno es su capital de trabajo –lo que invirtió– y, si la crisis es aguda, parte de su patrimonio. Y como la renta del sector en el mejor de los casos, con una excelente cosecha, llegaría al 15% en dólares, le llevará años volver a la situación inicial. “Me va a llevar seis años recuperar lo que perdí”, agrega Gutiérrez.
Es inevitable que esta crisis involucre a otros sectores. Eduardo Riera, flamante presidente de la Sociedad Rural de Jesús María, en Córdoba, se reunió la semana pasada con representantes del Grupo de los 6, que reúne a las ramas más representativas de la economía, para evaluar la caída general. “Me llaman los albañiles y me dicen que les quedan 15 días de laburo”, contó a un la nacion productor de Río Seco, en el norte de la provincia, donde este año hubo 46 días con temperaturas superiores a 35 °C, el récord en 20 años.
Juan Carlos Raimundo, vocal de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), cuenta que hay camiones que hicieron uno o dos viajes en todo el año y que ya lo sufre el comercio en general. El intendente de Pergamino, Javier Martínez, coincide: “Acá todo depende del agro: hay gente que se comió casi todo su capital de trabajo”.
Las empresas de camiones, la mayoría de ellas familiares o unipersonales, anticipan también un pésimo año. Según estimaciones de la Confederación Argentina del Transporte Automotor (Catac), la cantidad de viajes, que el año pasado fue de 3,5 millones, se reducirá en 2023 a 1,7 millones. La mitad.
Ramón Jatip, presidente de Catac, es además el dueño de la pyme Logística Tomar, de Junín, y supone que deberá reemplazarlo yendo a trabajar fuera de la zona núcleo, donde llovió un poco más. Dice que ya perdió 30% en dólares entre un año y otro.
El Gobierno intentará ofrecer un alivio. Ya hizo varias promesas; a algunas de ellas todavía les falta la implementación. El dólar agro que anunció Sergio Massa podría ser un aliciente para quienes tengan algo de soja, aunque no ayudará a compensar las pérdidas productivas.
No hace falta describir lo que esta situación representa para el fisco: el agro aporta 7 de cada 10 dólares que entran en el país, y solo el año pasado exportó más de 55.000 millones (entre todas las actividades vinculadas). Según cálculos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la pérdida general será este año superior a los US$20.000 millones. Los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) calcularon un número similar para la pérdida de ingresos: US$20.468 millones. Llegarán menos divisas y eso impactará de lleno en el Banco Central (BCRA).
Es el desastre que dejó La Niña. Si se toma el promedio de caída de agua en los últimos tres años, es como si en esta parte del mundo hubiera dejado de llover durante todo un año. A diferencia de lo que pasa en Estados Unidos, un país con mercado de capitales robusto que cuadruplica a la Argentina en el valor de la hectárea y que tiene seguros multirriesgo, acá solo hay seguros contra granizo o incendios, no contra la sequía.
Los productores reaccionan como pueden. La semana pasada se conocieron las imágenes de José Marcelo Ramos, productor de Fortín Olmos, en el norte de Santa Fe, en la desesperación por darles agua a sus vacas con un camión cisterna que le prestaba una vecina. Tenía 86 animales y 21 murieron. Quienes duermen en el campo dicen haber escuchado en las noches de calor a los terneros balando de sed.
El gobierno de Santa Fe calcula que la provincia perderá unos US$4000 millones. Pablo Javkin, intendente de Rosario, lamenta lo que parece ya el fin de un ciclo que, hasta enero, venía a buen ritmo: “La recaudación crecía bastante por arriba de la inflación y ahora se estancó en ese nivel. Son signos de recesión. El riesgo es que se corte la cadena de pagos. Espero que las nuevas medidas alcancen para liquidar lo que le queda de stock [de soja al productor]”, dice.
A las regiones menos competitivas les llevará aun más tiempo. En Salta, por ejemplo, donde a la tonelada de soja hay que agregarle 70 dólares de flete, ya se perdió la mitad de la cosecha de caña de azúcar.
“Acá no hay revancha: lo que no llovió hasta ahora no va a llover hasta noviembre”, dice Carlos Segón, presidente de la Sociedad Rural salteña, que proyecta unos US$1000 millones menos para la economía de toda la provincia en relación con la cosecha anterior.
“Malvendí toda la hacienda”, agrega Gastón Rodó, productor ganadero con explotación a 30 km de El Quebrachal, en el Chaco salteño, cerca de la frontera con Santiago del Estero. La necesidad de los productores, la caída en la demanda y el alza en los alimentos hacen que los feedlots paguen por los terneros menos que hace siete meses: cayeron desde agosto de 480 a 430 pesos por kilo.
Segón duda de que el Gobierno vaya a aportar soluciones. “El Cuchi Leguizamón decía que un funcionario con iniciativa puede terminar siendo un mono con navaja”, cita.
Dependerá en parte del interés que despierten las medidas de Massa. Para los cultivos de invierno, como el trigo, la esperanza es que ahora acompañe la lluvia. Hay tiempo hasta junio. El resto del problema le caerá al próximo gobierno: la Argentina no es solo impredecible desde la meteorología.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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