viernes, 26 de enero de 2024

ESTACIÓN DE SERVICIO ABANDONADA....CARA Y PELIGROSA LA RUTA NOCTURNA


Preocupación en San Isidro por una estación de servicio abandonada
Pertenecía a Pdvsa y funcionó hasta 2018, en Sucre y Tomkinson; el lugar está vacío desde entonces y sufrió desde intrusiones hasta robos; es propiedad privada
María NöllmannEl deterioro avanza en el predio que ocupaba la estación de servicio
Lo primero en acabarse fue la nafta. Los empleados de la estación de servicio PDV Sur de la esquina de la avenida Sucre y Tomkinson, en San Isidro, cerraron primero un surtidor, luego otro. Hasta que, para mediados de 2017, ya no hubo nada que vender. A falta de suministro, pero también de órdenes de sus superiores, fueron improvisando.
Los empleados del local de comidas de la estación de servicio tardaron unos meses más en quedarse sin trabajo, pero pronto sucedió lo inevitable: al no haber reposición de mercadería, se quedaron sin medialunas; más tarde, sin café y sin golosinas. Para 2018, todo el comercio, ubicado en un punto estratégico de Las Lomas de San Isidro, había quedado vacío.
“Cuando los empleados se fueron, ya hacía meses que no cobraban el sueldo y estaban en juicio. Antes de eso, los pocos que quedaban en la estación me decían que no los habían despedido y que no querían renunciar por si la situación remontaba. Hacían turnos para que la estación no quedara sola, hasta que un día no volvieron más y esto quedó así. Cada vez está peor”, cuenta Arturo Reynoso, de 66 años, que hace 25 que trabaja como encargado de una galería comercial lindante con la estación. Observa con pena la estación, grafiteada y totalmente vandalizada, que de vez en cuando es ocupada por personas sin hogar.
En lugar de vidrios, en algunas ventanas la municipalidad colocó maderas para evitar intrusiones y robos. Pero, tras cinco años de abandono, ya queda poco allí por robar: dentro del local de comidas faltan gran parte de las placas de revestimiento del techo, además de los acondicionadores de aire, los electrodomésticos, las luminarias y, desde hace poco, también la caja registradora. “Una mañana vi cómo un tipo se la llevaba. Salía caminando cargado la caja”, cuenta Milagros de Leonardis, de 23 años, recepcionista de un centro de belleza de uñas de la misma cuadra.
Al abandono siguieron el robo de dos casas linderas y un local y varios autos que debieron ser remolcados del lugar: como las tapas de los pozos de los surtidores fueron sustraídas, muchos de quienes aprovechaban para estacionar allí comenzaron a quedarse estancados. Es por eso que el año pasado la municipalidad decidió vallar el predio.
Los vecinos denunciaron varias veces la presencia de okupas, así como también, hace pocos meses, una llamarada que salía del techo, aparentemente ocasionada por un cortocircuito tras una entradera. Los únicos que parecen disfrutar del deterioro del lugar son las jóvenes que ayer por la mañana viajaron desde Florida hasta esta locación para filmar una coreografía de baile urbano con sus guantes de red, sus tops deportivos, sus labios de un rojo intenso y los ojos delineados de negro.
“Este terreno vale fortunas. Está en el corazón de Las Lomas y mirá el daño que le hicieron”, se lamenta el vecino Alberto Zabaljauregui, de 66, mientras entrena a su cachorro de Doberman en la playa de estacionamiento abandonada. Todavía recuerda el local de comidas del lugar repleto de comensales y las largas filas de autos frente a los surtidores.
Esta estación abandonada, y otras tres que también exhiben la cartelería de la empresa estatal venezolana Pdvsa, son el resabio que dejó el fracaso del proyecto petrolero chavista en la Argentina. Un sueño truncado que terminó en un entramado de tráfico de dinero, embargos judiciales, deudas millonarias y al menos 80 juicios de empleados y proveedores por salarios y pagos atrasados.
El sueño de Chávez
Cuando, en 2005, se inauguró la primera estación PDV Sur en la Argentina, el pronóstico dentro del rubro de los combustibles era de prosperidad. Tras el acuerdo energético binacional Pdvsa-Enarsa, directivos de la estatal Petróleos de Venezuela prometieron abrir ese mismo año 600 estaciones de servicio en todo el país. Hablaban también de adquirir la red local de Shell y afirmaban que contarían con una planta refinadora propia y hasta con un puerto.
“Aquí se están rompiendo las barreras del neoliberalismo salvaje, del capitalismo. Vamos a seguir abriendo estaciones y vamos a comenzar a perforar pozos petroleros para que, en el futuro, la Argentina no tenga que importar petróleo”, dijo el entonces presidente venezolano Hugo Chávez en el acto de inauguración, tras cargar él mismo el tanque del icónico Chevrolet rojo modelo 1939 con el que Juan Manuel Fangio había cumplido en 1948 la carrera Buenos Aires-Caracas.
El golpe inicial fue el fracaso de las negociaciones con Shell, afirmaron a expertos del rubro. Fue entonces que la petrolera venezolana optó por adquirir la red local de la cadena uruguaya Sol Petróleo (Petrolera del Conosur SA), que hasta entonces era propiedad de la empresa pública uruguaya Ancap. Así, todas las estaciones de servicio independientes que tenían contratos temporales con Sol fueron empapeladas con los afiches violetas de la flamante PDV Sur. A su vez, fueron empapeladas las cuatro estaciones que eran propiedad de la empresa uruguaya, como es el caso de la que hoy se encuentra abandonada en Las Lomas de San Isidro.
Tras el cambio de planes, los proyectos anunciados por la empresa venezolana quedaron truncos. De las 600 estaciones prometidas, Pdvsa solo llegó a tener 65. Con los años el número comenzó a decaer hasta que finalmente, a mediados de 2013, sus locales empezaron a cerrar.
“Los que hicieron un buen negocio fueron los de Ancap, que lograron transferir Sol a Pdvsa. Habría que felicitarlos”, opinó Daniel Gustavo Montamat, expresidente de YPF y exsecretario de Energía, el año pasado a al ser consultado sobre la debacle de la filial argentina de Petróleos de Venezuela.
El economista agregó: “Si hubieran comprado Shell, hubiesen tenido más estaciones y hubieran tenido refinación propia. Pero no lo lograron, entonces tenían que comprar combustible en el país, porque traer combustible de Venezuela también era a pérdida. Durante un tiempo, vendían el combustible a un precio menor que las otras marcas. Eso lo bancó un tiempo Venezuela, pero después ya no, porque todo eso se traducía en pérdida”.
Incertidumbre
El fracaso final ocurrió en 2013, tras la muerte de Chávez y el ascenso de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela, cuando la filial argentina dejó de recibir dinero de Caracas. Según fuentes cercanas a la compañía, los fondos locales de Pdvsa eran inexistentes. “La empresa nunca generó un centavo en la Argentina”, afirmó un exempleado de alto cargo que prefirió resguardar su identidad.
Entre otras demandas, Pdvsa tiene una causa por tráfico ilegal de dinero desde Bolivia hacia la Argentina. Los US$100.000 no declarados incautados en un aeropuerto boliviano, en enero de 2020, eran transportados por una mujer, María Palacios, quien luego declaró que el dinero estaba destinado al pago de sueldos de Pdvsa Argentina.
Los vecinos de la estación abandonada en Las Lomas de San Isidro temen que la situación del local siga empeorando y dicen tener desconocimiento total de quién es el propietario del predio. Según fuentes de la intendencia sanisidrense, el inmueble sigue a nombre de Petrolera del Conosur SA. “La habilitación que tenían para funcionar como estación de servicio se dio de baja de oficio en febrero de 2021. El terreno es propiedad privada. Hasta el momento los dueños no presentaron en el municipio ningún proyecto ni pedido de habilitación para ese lote”, afirman.

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La ruta de la noche joven: previas, boliches y mucho gasto hasta bien entrada la madrugada en Pinamar
Chicos de entre 16 y 23 años deambulan por las calles de esta ciudad; entre tragos, baile y taxis, la mayoría de ellos buscan “pasarla bien”; pueden desembolsar 30.000 pesos por salida
Juan Francisco Gallarino
24 01 24 A partir de las 0 horas los jóvenes empiezan a copar distintos puntos de la ciudad de Pinamar. Hacen "la previa" en algún bar o espacio público y luego se van a bailar. Los menores que no pueden ingresar a los boliches se quedan cerca de la costa.
PINAMAR (Enviado especial).– Toda segunda quincena de enero, la temporada en este destino se caracteriza por la prolífica llegada de jóvenes. Y este año no fue la excepción, aún ante la crisis económica. Según estimaron fuentes de la Secretaría de Turismo local  alrededor de 30.000 chicos deambulan por la calles de la ciudad; la mayoría de ellos tienen un mismo objetivo, “disfrutar la noche”.
Para los chicos de entre 16 y 23 años, la nocturnidad empieza cerca de las 22. Pero eso no implica salir todavía. Un gran cúmulo de jóvenes, con el incremento de los precios y la desvalorización del peso como excusa, optan por abaratar costos o ahorrar. Así, comen en los departamentos que alquilan antes que en restaurantes. Solo un pequeño puñado se inclina por salir. Y cuando lo hacen terminan en locales de comida rápida o hamburgueserías.
Avenida del Mar, uno de los puntos de encuentro de los jóvenes en Pinamar
Así, a primera hora de la madrugada recorren la avenida Ingeniero Bunge, una de las principales de este destino, en la búsqueda de lugares donde tomar un trago. De entre todas las ofertas, una de las que se destaca es Morena Bar, que, noche tras noche, registra una gran afluencia de adolescentes. “Pinamar es el núcleo de la juventud. Y acá viene un gran número de ellos, a cualquier hora de la noche o la madrugada. Lo que más se pide son tragos con jugo”, detalla un empleado a este medio.
Luego, los jóvenes se dirigen hacia la rotonda de Avenida del Mar, punto medio entre los dos principales boliches de la ciudad. Pero no es tiempo todavía de ir a bailar. Antes, aprovechan para pasar por algún kiosco para comprar “provisiones” para una jornada larga. “La mayoría de los que vienen a este almacén compran chicles, agua, jugo o gaseosas, que usan para rebajar cualquier bebida alcohólica que estén tomando y luego continuar con la ‘fiesta’”, señalan  los encargados de un kiosco que rebalsa de chicos.
Concluida la “previa”, los mayores de edad caminan taciturnos hacia los locales bailables de preferencia, mientras los más chicos se “adueñan” de la rotonda. El primer grupo puede optar por ir a Boutique, gerenciado por Víctor Stinfale, o a UFO Point. Entre los dos, en los últimos días, según fuentes del Municipio, convocaron a unas 6000 personas.
La noche termina alrededor de las cinco o las seis. En esa etapa, los grupos de amigos pueden elegir entre regresar en taxi a sus respectivos departamentos o demorar la vuelta unas horas más y aprovechar para ir comer algo. “A la madrugada este negocio explota. Durante horas, los chicos toman alcohol sin ingerir ningún alimento. Es por eso que vienen acá, comen y cierran el día”, indica un empleado de una reconocida cadena de comida rápida.
Los gastos
Serena y Juana, con tragos en sus manos, hacen cálculos sobre lo que gastan durante una noche típica en este destino: “Normalmente, la primera parada es un bar. Ahí, gastás alrededor de $6000. Tomás un shot y dos tragos. Luego vas para el boliche. La entrada ronda los $10.000. Ahí adentro no hacemos consumiciones, porque los precios son altos. Una vez que salimos, cerca de las cinco o seis de la mañana, vamos a algún local de comida rápida, donde comemos por $8000. Finalmente, usamos unos $6000 en taxi para volver al departamento. En total, gastamos noche tras noche unos $30.000″.
Los chicos pueden gastar unos 30.000 pesos por salida

Tony, Nicolás y “Chino” coinciden con la cifra ofrecida por las dos chicas. Ellos, durante el día, van al balneario El Pájaro. “Nosotros ahorramos durante todo el día. No vamos a la playa, comemos poco al mediodía, picamos algo a la tarde y el resto lo invertimos en la noche. De los 15 días que vamos a estar acá, pretendemos salir todos y gastar en todos”, suman. El dato no es menor: si el costo por día es de $30.000, en dos semanas pueden desembolsar casi medio millón de pesos.
Mientras se preparan un trago con fernet y una bebida de cola, a escasos metros de la rotonda entre las avenidas Bunge y Del Mar –dos calles por las que hay una constante circulación de jóvenes y que fueron designadas como corredores nocturnos por la Municipalidad–, Dante y Facundo habla y ofrecen algunas alternativas “económicas”: “Hay días en los que no vamos a los bares y compramos alcohol en un kiosco. Nos rinde más y amortizamos el gasto. Una botella de vodka está alrededor de $4000. Y la podes usar más de un día”.
A la espera de entrar en Boutique
El recorte, cuentan los chicos, puede estar también orientado hacia el boliche o el regreso a casa: “En nuestro caso, hacemos todo lo posible para ingresar a los locales bailables gratis, sin tener que pagar. Eso es posible si tenés algún contacto o algún amigo dentro. Y también nos ahorramos unos pesos volviendo a pie”. “Si sacás esas dos cosas, con $25.000 podés andar sin ningún problema”, resaltan. Y cierran: “La idea es divertirse, pasarla bien y disfrutar de la noche pinamarense”.
No solo en Pinamar se produce este fenómeno, sino que tiene su espejo en Mar del Plata, que en los últimos años se convirtió en una meca del turismo joven. De hecho, desde el Ente Municipal de Turismo y Cultura afirmaron que cuatro de cada diez visitantes integran este segmento.. Así, como ya se publicó  el fin de semana pasado, los paradores de las playas del sur y los de Playa Grande convocaron a unas 200.000 personas. La cifra es equivalente a una cuarta parte de la población residente en la ciudad. Y el gasto promedio por día, según los cálculos de los propios jóvenes, es de 50.000 pesos o más.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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