viernes, 1 de febrero de 2019

DIEGO CABOT....UN PATRIOTA

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Diego Cabot en la cumbre del periodismo: ganó el Premio Rey de España
Diego Cabot, ayer, con sus compañeros en la redacción de LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Dante Cosenza
El redactor de La Nacion recibió uno de los máximos galardones del oficio por su investigación sobre los cuadernos, según el jurado, "periodismo puro"
El prosecretario de Redacción, Diego Cabot, junto al equipo del diario LA NACION integrado por Candela Ini y Santiago Nasra, recibió ayer el Premio Rey de España en la categoría Prensa por el artículo "Los cuadernos de las coimas", la investigación sobre las anotaciones del chofer de Roberto Baratta, mano derecha del exministro de Planificación Julio De Vido, y que develaba la trama de corrupción organizada del kirchnerismo en la obra pública durante los años que estuvieron en el gobierno.
Se le atribuye a Bill Kovach la idea de que el periodismo es "la primera versión de la historia". La investigación de Cabot volvió a demostrar que el periodismo puede también empezar a cambiar la historia, y, por eso mismo, "hacer historia" en el oficio.
Estos premios, creados en 1983 por la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), tienen por objetivo reconocer el trabajo de los profesionales del periodismo de lengua española y portuguesa. Según el jurado, el trabajo de Cabot, que es egresado y profesor del Máster de LA NACION, cumplió con los parámetros del galardón en tanto fue catalogado como un trabajo de "periodismo puro", una muy interesante muestra del periodismo que, en ocasiones, "se ve forzado a hablar de sí mismo, a explicar a los lectores lo que hay detrás de una exclusiva", según lo publicado por EFE.
"Más allá del artículo concreto, el jurado ha valorado la investigación completa y su reflejo en las páginas de LA NACION, ejemplo de un trabajo periodístico que saca a la luz asuntos de enorme trascendencia y obliga a las autoridades a intervenir", explicó el jurado. Indicó que el premio pone de relieve la decisión del diario, en un momento determinado, de "dejar de publicar para poner la investigación en manos de la Fiscalía", en referencia a que Cabot y su equipo, decidieron llevar los cuadernos a la Justicia para que actúe y no priorizar la primicia.
Además del prosecretario de LA NACION, otros siete periodistas iberoamericanos fueron distinguidos en esta edición: los españoles Francisco Moreno y Conchi Cejudo (por la serie de reportajes sobre la Guerra Civil española), la venezolana Maryelina Primera (por una serie de reportajes sobre las migraciones provocadas por la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica), el boliviano Roberto Navia (por un trabajo multimedia en el que denuncia la caza ilegal e indiscriminada de jaguares en Bolivia), el portugués Nuno André Ferreira, el brasileño Marcelo Magalhaes (por un programa sobre piratas en la Amazonía) y el nicaragüense Wilfredo Ernesto Miranda (por un artículo sobre la represión de las protestas contra el gobierno de Nicaragua). Por su parte, el mexicano Joaquín López-Dóriga recibió una mención honorífica a su larga carrera televisiva mientras que la agencia brasileña Amazonia Real obtuvo el galardón al Medio de Comunicación más Destacado de Iberoamérica. El premio está dotado con 6000 euros y una escultura de bronce del artista Joaquín Vaquero Turcios.
La tapa histórica
Los cuadernos Gloria y la letra del chofer salieron a la luz el 2 de agosto de 2018
Fuente: LA NACION

Candela Ini Fuente: LA NACION
Santiago Nasra Fuente: LA NACION - Crédito: Dante Cosenza

Diego Cabot: "El periodismo me genera una adrenalina diaria"
Diego Cabot: "El periodismo me genera una adrenalina diaria"
Pablo Sirvén SEGUIR
Diego Cabot caminaba despreocupado cerca del centro Pompidou, en París, cuando recibió la noticia más inesperada. Su paso por la capital francesa se debía a motivos profesionales y aprovechaba sus últimas horas allí para recorrer el barrio de Les Halles. Fue entonces cuando le entró un audio de whatsapp con la noticia de que su investigación de los cuadernos de la corrupción acababa de ganar el premio Rey de España, uno de los lauros mundiales más codiciados por el periodismo de calidad.
A punto de embarcar de vuelta hacia Buenos Aires, habló de sus primeras impresiones sobre qué significa para él tan alta distinción. "Me emocioné solo en una calle de París", reconoció.
La ocasión resultó también una buena excusa para recapitular momentos de su vida profesional y de la vorágine en la que entró hace exactamente un año cuando llegaron a sus manos los cuadernos de la corrupción.
-¿Cuándo te decidiste a ser periodista?
- Siempre tuve la idea, pero como pertenezco a una familia de clase media de La Pampa, era enorme el esfuerzo que tenían que hacer para mandarnos a mi hermana y a mí a estudiar a Buenos Aires, por lo cual me pidieron que eligiera una carrera más tradicional que me pudiera asegurar alguna solvencia. Mi hermana eligió psicología y yo, derecho, ambos en la UBA. Tardé bastante en recibirme y empecé a trabajar en una compañía de seguros.Pero siempre me quedó pendiente el tema del periodismo. A los 30, al nacer mi primer hijo me dije que no quería quedarme con esa espina. Mi idea era, al menos, intentarlo. Aprobé el examen del máster de LA NACION, pero luego me rechazaron. Nunca me dieron una explicación ni yo tampoco las pedí. Al año siguiente me aceptaron.
-¿Alguna vez dudaste de que el periodismo pudiese no ser lo tuyo?
- Ese primer momento que me dijeron que no me resultó frustrante. Después tuve momentos de crisis en la profesión porque no podía vivir de lo que me pagaban. Pero no cabe duda de que es mi pasión y es lo que me mantiene recontravivo. Ningún día es igual al otro. Me fascina conocer gente muy variada para tratar temas muy distintos. Contar cosas que la mayoría no sabe. El periodismo me genera una adrenalina diaria. Siento que no me equivoqué.
-¿Qué le aporta la abogacía a tu profesión de periodista?
- Me sirve para entender algunas cuestiones de las áreas en las que trabajo: relación del Estado con proveedores y el funcionamiento de los servicios públicos. También para clarificar el fondo de lo que escribo y para tener un diálogo más profundo con las fuentes. Me sirve mucho. El nivel de diálogo es distinto cuando se dan cuenta que no dominás bien un tema. La conversación ya se establece en un nivel técnico mucho más alto y detallado. 
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No me tienen que explicar qué es un juicio, una demanda y una sentencia. En el caso particular de los cuadernos me sirvió para ponerme en la cabeza de los denunciados y procesados, y poder así anticiparme a las jugadas de todos, funcionarios y empresarios.
-¿Qué es lo que más y menos te gusta del oficio?
-Pedir horas prestadas a vidas que no son las tuyas. Ir a tomar un café del que no sabés qué puede llegar a salir. Esa adrenalina me encanta. Me gusta contar historias a muchísima gente. Los cuadernos incluyen historias humanas, con amores y traiciones. No podría contar historias desangeladas. Me gusta ir siempre sobre los temas que van apareciendo con un entusiasmo que se renueva. Lo que menos me gusta es la demanda de tiempo que se le resta a la familia o que trabajás en horarios que otros no lo hacen. Lo que más me abruma es no poder administrar mis tiempos. Es un peso enorme que aguanto solo porque me encanta lo que hago.
-¿Qué balance hacés del tema Cuadernos al día de hoy? ¿Qué es lo que cambió en la ruta del dinero K ?
-Se rompió el cono de silencio entre la política y los empresarios; unos para administrar, llegar o perpetuarse en el poder; los otros para hacer negocios, pero siempre valiéndose de la plata del Estado, es decir, la de todos nosotros. Y con enorme complicidad mutua. Eso se rompió y es muy válido. Se produjeron confesiones que nos permitieron conocer por primera vez ese entramado. Son hechos que ya están probados por la Justicia. Es un aporte enorme. La pregunta es qué vamos a hacer los argentinos con esa verdad. Ya entendimos lo que costó y lo que nos cuesta. Ahora tenemos que resolver qué hacer con ella. Hay muchos que no les interesa esa verdad y que denigran los hechos.
-¿Qué sentís cuando algunos medios y periodistas hablan de "fotocopias"?
-Siento un gran orgullo porque si son fotocopias logramos que grandes empresarios a partir de ellas hayan reconocido sus delitos. La palabra fotocopia, además, presupone la existencia de un original. Es una simplificación.
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-Desde que empezaste a trabajar en la trama de los cuadernos, ¿cuál fue el momento de mayor miedo?
-Cuando se publicó la investigación tuve miedo. Sabía que la campaña de descrédito iba a venir.
-¿Recibiste amenazas?
-Tuve algunos eventos, pero cuando pedí ayuda al gobierno porteño no obtuve respuestas y eso me hizo sentir que estaba solo porque las amenazas eran para mí. Meses después intentaron ofrecerme unas disculpas, pero no me interesó escucharlas. ¿Qué podía pretender yo si no pudieron cuidar a un equipo de fútbol? -se refiere al de Boca, atacado cuando iba en ómnibus hacia el Monumental a jugar el segundo partido por la Copa Libertadores , que terminó disputándose en Madrid)-; eso es inoperancia pura. El principal responsable fue desplazado -se refiere a Martín Ocampo-, pero la mayoría sigue en funciones.
-¿Por qué te especializaste en el tema de los servicios públicos, tarifas, trenes, energía?
-Cuando llegué a la sección Economía del diario LA NACION, en 2004, coincidió con que el gobierno de Néstor Kirchner , con Roberto Lavagna y Julio De Vidoincluidos, trabajaban en una mesa conjunta sobre los contratos de los servicios públicos de los años 90 que se habían vuelto incumplibles cuando el dólar pasó de 1 a 4 pesos y estaban rotos. No había nadie metido con ese tema. Me empecé a relacionar con los empresarios en su rol de contratistas y concesionarios. Allí encontré mucho para escribir. Me sentía cómodo. Y todo resultaba una gran novedad.
Con el tiempo, cuando aparecieron los subsidios y las estatizaciones, la cobertura se fue haciendo más masiva en los otros medios también.
-¿Intuiste los puntos flacos de esos empresarios antes de que aparecieran los cuadernos?
-Sí, y por varias razones. Primero, por los funcionarios con los que negociaban. Yo no tenía dudas. Muchos de ellos lo confesaban a mí y a otros periodistas, aunque no con el detalle que luego tuvieron ante el juez. Se justificaban, pretendían mostrarse como menos corruptos que el de al lado. Lo que no supuse es que esa corrupción fuera tan estructural, sobre todo en los rubros de obras públicas, transporte y energía. Y conviví con esa doble moral: los que a la mañana pagaban coimas, a la tarde daban cátedra de transparencia en encuentros empresarios. Eran invitados a la Casa Rosada a aplaudir, a las cenas con mandatarios extranjeros. Iban los titulares de las cámaras empresarias. Y yo me preguntaba a cuál creerle: ¿al de la mañana o al de la tarde?
-¿Qué cambió en tu vida a partir de la aparición de los cuadernos?
-Cambiaron mucho mis tiempos, más demandas de notas por parte del diario, más viajes y hasta responder a entrevistas de otros medios. Me cambió también el flujo de información: llegué a tener 780 chats abiertos y a acumular 40 mil mails sin leer. Cantidad de gente que te escribe de todos lados. Es difícil gestionar eso. Pero a veces hay pequeños datos que suman. Me volvieron a llegar al diario sobres con documentos y cartas manuscritas. Gente cansada de ver cómo el de al lado se hacía millonario por la política o los negocios, la exhibición de riqueza e impunidad.
-¿Qué te dice la gente cuando te reconoce?
-En la calle, la gente que se me acerca me saluda y valora la forma que lo hicimos. La gente cobarde solo se expresa por redes sociales.
-¿Qué te decís a vos mismo a partir de tanta exposición?
- La exposición es un legado que todavía me pesa. Una de las cosas que extraño es que antes yo podía sentarme en cualquier lado y ahora no lo puedo hacer con tanta facilidad porque las fuentes no quieren que nos vean juntos en un bar.
-¿Qué hacés para "no creértela"?
-La mejor manera es seguir haciendo periodismo como siempre; saber que tengo que salir a trabajar. No ha habido cambios.
-¿Cómo sigue la carrera después de una investigación de este calibre?
-En principio lo que siento es que mis ganas de hacer periodismo no varió. Me interesan los números y los hechos más que la opinión. Soy un periodista que sale a buscar la noticia y que me encanta incomodar al poder. También es verdad que me pregunto cómo sigo y por dónde. Cómo puedo aprovechar, ahora que la gente posa la vista en mí, para hacer escuela en el tema de la investigación periodística y formar gente. Tengo tantas propuestas que a veces me abruma sentarme a trabajar con tanta mochila.
-¿Es más potente una investigación cuando se la puede potenciar en un trabajo conjunto con la Justicia?
-Estudié una cantidad de escenarios y posibilidades. A mitad de camino me pareció que era una manera de potenciarlo. Sentí que era un caso único. Me llevó como un mes y medio tomar la decisión de llevar el tema a la Justicia y siempre con la desconfianza de perderlo.
-¿Y qué pasa cuando se van estableciendo lazos y cercanías que tampoco son tan convenientes?
-Con Bonadio no tengo ninguna relación. Lo vi dos veces y la última fue en julio. Respeto su rol, pero no tengo relación ni buena ni mala con él. Tengo flujo de información por otro lado. Pensá que hay muchas defensas. Con el que establecí más relación, pero no de amistad, es con Stornelli, pero cada uno respetando su rol y los momentos de silencio en que no puede hablar.
-¿Alguien te quiso sobornar alguna vez directa o indirectamente?
-Sí, una vez, mucho antes de lo de los cuadernos, en un asado en una terraza de la zona de Tribunales. Yo me hice el que no entendía. Tampoco quería perder la fuente.

LA PÁGINA DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ,


En la Argentina se ha borrado la verdadera historia de los primeros e infaustos años 70, bajo la falsa idea de que recordarlos implicaría justificar la última dictadura. Cunden la cobardía, la hipocresía y la indiferencia y una parte relevante de la intelectualidad actúa como facilitadora de este peligroso fraude convertido en doctrina.


Por Jorge Fernández Díaz


“Lo curioso no es cómo se escribe la historia, sino cómo se borra”, refería Manuel Alcántara. El viejo maestro del articulismo español aludía de algún modo a la amnesia personal y también a la colectiva, a esas operaciones de ocultamiento que nos prodiga el inconsciente o que nos imponen los hábiles memorialistas del sentido.
En la Argentina se ha borrado la verdadera historia de los primeros e infaustos años 70, con sus abominables crímenes políticos y bajo la falsa idea de que recordarlos implicaría justificar la última dictadura.
Mediante este chantaje eficaz, según el cual quienes objetan aquellas “ejecuciones revolucionarias” están a favor de “la teoría de los dos demonios” y necesariamente trabajan para los genocidas, resulta que los terroristas deben ser evocados como jóvenes inocentes, lúcidos y democráticos, y Perón debe ser despegado de la salvaje persecución de “izquierdistas” que ordenó desde el poder, de los atentados perpetrados por la Juventud Sindical que actuaba bajo su inspiración y de las organizaciones paraestatales de represión ilegal que montó su gobierno.
Durante los últimos actos del 24 de Marzo, quienes jamás pidieron perdón por sus aberraciones, quienes practicaron como soldados el terrorismo en democracia y después se refugiaron como pacifistas en los organismos de derechos humanos, celebraron una nueva misa laica y declararon su autoamnistía.
Borrón y cuenta nueva, compañeros; teníamos razón en la lucha armada y no vamos a andar pisándonos el poncho, ni a darle pasto a las fieras. Somos buenos, nosotros somos buenos, y la “contradicción fundamental” consiste ahora en olvidar los pecados y divergencias, y unirnos para combatir al partido del “antipueblo”, reencarnación actual de aquel despotismo sangriento.
El “Nunca más” se ha transformado así en un libraco inútil y sospechoso, y campea en nuestro país un nuevo pacto de impunidad para quienes no quieren dar cuenta de sus actos ya no solo ante los tribunales, ni siquiera ante el juicio de la Historia.
En un momento de esa ceremonia escalofriante, los oradores aseguraron defender “la política como herramienta de transformación de la realidad”. Sin embargo, enumeraron enseguida facciones que son precisamente la negación del Estado de derecho y la consagración de la antipolítica, y lo hicieron con orgullo reivindicativo: Montoneros, FAP, FAL y ERP.
Figura en esa antología patriótica el Partido Comunista, que no fue mencionado en la lista de los colaboracionistas del régimen militar, siendo que los soviéticos y su sucursal argentina establecieron una provechosa alianza comercial con Videla.
También se soslayó que la cúpula montonera, creyendo que venía una especie de Lanusse y no el nefasto almirante Massera y sus pistoleros y torturadores, anhelaba el golpe castrense, alarmada e incómoda por la cacería que el propio peronismo ortodoxo había desatado contra ella.
Y por supuesto, se ha omitido que los trostkistas revolucionarios tenían el mismo anhelo y pugnaban por apurar y agudizar las contradicciones; porque ya se sabe: cuanto peor, mejor.
Para entender la gravedad simbólica e institucional que implica rehabilitar de manera heroica y con adulteraciones grotescas aquellas aventuras a puro gatillo y trotyl, solo habría que imaginar qué ocurriría si en España se realizara hoy un acto celebratorio de la ETA o en Colombia se organizara una marcha para ensalzar la lucha de las FARC, cuyos dirigentes han tenido al menos la honestidad de pedirles disculpas a sus víctimas por los secuestros y masacres.
Aquí nadie se arrepiente y a nadie le importa nada; cunden la cobardía, la hipocresía y la indiferencia entre la clase dirigente (cuando no directamente el analfabetismo histórico), y una parte relevante de la intelectualidad actúa por acción o por omisión como facilitadora de este peligroso fraude convertido en doctrina.
Porque si bien es verdad que cuanto más se achica un grupo más se radicaliza, y que por lo tanto estos discursos son ignorados por su pequeñez sectaria, no es menos cierto que ese “relato” penetra en algunas aulas con fuerza pedagógica.
Militantes de este gran camelo son invitados por centros de estudiantes para bajar línea en las escuelas, y docentes agremiados divulgan la historia amañada bajo la aquiescencia de directores y de progenitores acojonados por el clima general, o con la mirada complaciente de esos otros padres que integran el orgulloso “Progresismo 4×4” de los barrios más paquetes.
No se trata únicamente de manipular la memoria, sino de transmitir la ocurrencia de que vivimos en la actualidad bajo un nuevo orden represor. Que como a Maldonado, a cualquiera lo pueden eliminar del mapa.
Nadie explica el monumental montaje político que se armó con ese drama, y entonces se suceden anécdotas como las que sufrió recientemente un amigo; su nieta de seis años llegó temblando del colegio, su madre la abrazó y le preguntó por qué estaba angustiada, y la nena le dijo: “Tengo miedo de que me desaparezcan”. Seis años.
No solo es necesario ocultar los homicidios setentistas y disfrazar a los guerrilleros de algo que nunca fueron (demócratas), sino que es preciso vincular el más tenebroso gobierno de facto con un simple gobierno constitucional. El pasado con el presente. Y esa jugada se puede observar en el documento del 24: su propósito fue demonizar a Macri y convertir a los presos comunes de la política en presos políticos de una nueva tiranía.
Ellos no son entonces los grandes corruptos que le robaron al pueblo, sino abnegados militantes del campo popular que están siendo proscriptos. En ese texto se lamenta que no hayan ido a la cárcel los directores de los principales diarios, y se sigue acusando a los periodistas de las peores calamidades.
Denuncian lo que callaban con Cristina (la penosa situación de las cárceles), mencionan razonablemente el asunto Chocobar (un error político del Presidente) y gritan “basta de matar”, pero hacen la vista gorda con los pobres que asesinan en las calles esos mismos delincuentes prohijados por su abolicionismo jurídico.
Y se mantienen, obviamente, solidarios con Venezuela, brillante laboratorio de su propio fracaso. Cualquiera, sin embargo, puede acordar con ellos en que la muerte de Nahuel Rafael es todavía una mancha y una duda, aunque parece que ya se olvidaron de las múltiples víctimas de violencia institucional ocurridas durante “la década ganada” -hechos aún impunes-, y naturalmente del escandaloso encubrimiento por la muerte del fiscal Nisman, cuyos principales sospechosos se encuentran dentro de su propia tropa.
La opinión que Graciela Fernández Meijide, en nombre de la ley y contra toda medida que implique comerse al caníbal aun en el extremo caso de Astiz (con cáncer y con pedido de prisión domiciliaria), mereció no solo insultos antes y después del acto, sino hasta la orden de hostigarla por parte de algunos exmontoneros.
A este articulista, como también a cualquier miembro del Club Político Argentino, le repugnan los criminales de lesa humanidad (mantengo por Astiz la misma simpatía que por una cucaracha voladora), y desearía que los beneficios que los asisten a él o a cualquiera de sus socios sean lo más restrictivos posibles.
Pero el ataque a Graciela fue una demostración más de que este colectivo que acaba de autoamnistiarse no tolera disidencias ni acepta el acuerdo democrático. No tienen por qué aceptarlo; en realidad nunca creyeron en él. Siempre fueron fascistas de izquierda. Pero fascistas al fin.

ARTE E MUJERES....SALEN A LA LUZ


Juego de damas: el arte rescata de las sombras la obra de las mujeres
Una serie de exhibiciones recupera piezas que duermen en los depósitos; en los museos, representan apenas el 15% de las colecciones históricas; habrá muestras en el Bellas Artes, la Colección Fortabat, la Usina del Arte y Proa
Este año la obra de muchas mujeres cobrará protagonismo en los museos del país. Comienza a tomarse nota de la desventaja que han tenido hasta ahora las artistas frente a sus colegas varones: son minoría en las exposiciones permanentes y mayoría en los depósitos.
El Museo Nacional de Bellas Artes, sede Neuquén, y la Colección Fortabat, entre otros espacios, harán sus muestras de revisionismo histórico con perspectiva de género, mientras cursos, visitas guiadas y exhibiciones individuales buscarán reparar omisiones de larga data.
Tratan de sumar páginas a una historia del arte escrita por y para los hombres, aun hoy. En los museos, las obras de mujeres representan apenas un 15% de las colecciones históricas, pero las exposiciones permanentes no suelen reflejar siquiera ese mínimo porcentaje. En la actualidad, se calcula que apenas acceden a un 30% de los premios y las exposiciones.
En el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén una exposición señala lo que no suele verse: las obras de 34 artistas mujeres que integran el patrimonio nacional pero duermen en los depósitos. Hasta marzo puede visitarse "Sala propia", que es la primera exposición de rescate del año, curada con perspectiva de género por Kekena Corvalán.
Fátima Pecci. En esta obra aparecen Martina Céspedes y sus hijas durante las Invasiones Inglesas. 
Los datos son contundentes. De los 220 artistas de la colección, 25 son mujeres. Es decir, un 11,4%. En su historial, el museo registra 59 muestras antológicas de una sola persona, de las cuales 45 corresponden a artistas varones y solo 14 a mujeres: Norah Borges, Emilia Gutiérrez, Margarita Paksa, Diana Dowek, Amalia Picca, Marie Orensanz y Liliana Porter, entre otras. El título alude al cuarto propio del que habla Virginia Woolf, en oposición a ese lugar en el que suelen estar confinadas. "'Sala propia' es un llamado a sacarlas de allí", dice Corvalán. Hay joyas de Raquel Forner y Tarsila do Amaral, pero también obras como la del colectivo Regladetressimple, que plantean una crítica institucional: en una gran pared pintada de negro, dibujaron a escala el espacio que ocupan las obras de mujeres en el acervo; es mínimo, apenas una esquina.
"'Sala propia' es el acto de llevar los feminismos dentro de las guardas de los museos, colecciones y espacios de exposición", señala Corvalán. "Cuestiona el canon, pero no solo desde el feminismo, sino con presencia federal. Aquí está la necesidad de volver la cuestión contra el canon como una máquina de desarmarnos y repensarnos desde el deseo de abrir mundos y de integrarnos más allá de cuestiones de clase", dice.
El Museo Nacional de Bellas Artes prepara su propia exposición feminista para mediados de año: la historiadora Georgina Gluzman curará una exposición que visibiliza las obras de las artistas mujeres activas en Buenos Aires entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Emilia Bertolé. Autorretrato. La pintora y poeta rosarina será una de las artistas destacadas en el MNBA 
Gluzman es investigadora del Conicet y autora de Trazos invisibles (Biblos, 2016), que reconstruye la vida de artistas que hoy casi no se conocen pese a la fama que tuvieron en su tiempo. "Se han conservado muy pocas obras con anterioridad a 1890 -explica-. Las adquisiciones comienzan a partir de 1911, con el primer Salón Nacional. Eran un 30 por ciento en las exhibiciones, aunque no ganaban premios (recién en 1924 Raquel Forner obtiene un tercer premio). Pero siguieron participando: se sobreponen a un sistema que las excluye. Artistas activas que vendían en general a precio bajo, pero, como no estaban vinculadas a las vanguardias, cuando se escribe la historia del arte caen en el olvido, por ser mujeres y porque sus postulados estéticos se consideraban pasados de moda".
La muestra contará con la obra de 20 mujeres, como Emilia Bertolé, Julia Wernicke, María Obligado de Soto y Calvo, Ana Weiss de Rossi y Lía Correa Morales. "A veces encontrás grandes injusticias, artistas de una gran potencia que el filtro disciplinador no dejó pasar, como María Carmen Portela. La historia del arte no es una cosa fija en la que ingresan los que se lo merecen, sino un relato que se construye en un momento histórico, con determinados prejuicios. El canon es políticamente masculino y las mujeres estamos excluidas simbólicamente. La obra de mujeres suele rondar el 15% de los acervos, pero las curadurías ni siquiera lo reflejan".
Wanda Pimentel. Serie Envolvimiento, 1968. Una de las obras guardadas en depósito. 
La Colección Fortabat tiene en marcha una muestra que se verá a mediados de marzo, curada por Francisco Lemus, con foco en mujeres de los 90: Schiavi, Bairon, Hasper Jitrik, Laguna, López, Herrero y Pastorini. "Son artistas que formaron parte del modelo artístico y curatorial de la Galería del Centro Cultural Rojas
. Rastrea afinidades estéticas y afectivas entre las artistas y ese espacio. Indaga en dos proyectos cercanos al Rojas, pero que trazaron una diferencia: "Violaciones domésticas" (1994) y "Juego de damas" (1996). Estas muestras iluminan la potencialidad de las artistas y, sobre todo, una estrategia de visibilidad donde la reflexión sobre el género y el feminismo se encuentran de manera subyacente, operando en los procedimientos artísticos y el discurso", cuenta el curador.
Raquel FornerTinieblas, 1943. Fue la primera mujer en ganar un premio en un Salón Nacional, en 1924. 
La ola de rescate tuvo un punto alto con "Mujeres radicales: arte latinoamericano, 1960-1985", la exposición del Hammer Museum, que estuvo hasta noviembre pasado en la Pinacoteca de San Pablo, con curaduría de Cecilia Fajardo-Hill y Andrea Giunta. "Las exposiciones de artistas mujeres no representan un fin en sí mismo, son una estrategia de visibilización de obras que de modo sistémico el mundo del arte no permite ver, sencillamente porque los espacios que ese mundo deja para las artistas mujeres representa, en el mejor de los casos, el 30% -dice Giunta-. Estas exposiciones son una estrategia de rescate, en tanto permiten revisar la obra de extraordinarias artistas del pasado que han quedado olvidadas u ocultas". Giunta será la curadora de la Bienal del Mercosur en 2020, con el título "Femenino(s). Diferencia, participación y cultura democrática".
En la nueva muestra permanente del Malba hay artistas mujeres que brillan por su ausencia. Mónica Mayer, Grete Stern o Liliana Maresca están ahora guardadas a la sombra.
De 210 obras solo 32 son de mujeres artistas. Por eso, la historiadora María Laura Rosa propuso dar un curso que las pusiera un poco más a la vista, "Colección permanente en foco: las artistas mujeres", los viernes de febrero. "A través de cuatro encuentros, tomaremos dos nociones de los estudios de género: mujer nueva y excepciones positivas. La primera refiere a aquellas mujeres autónomas que buscan insertarse profesionalmente entre los años 20 y 40 del siglo XX. La segunda es la mirada excepcional que ha dado la historia del arte tradicional a las pocas mujeres que lograron ingresar a su relato. Por el contrario, los estudios de género han mostrado cómo aquellas figuras excepcionales actuaban en simultáneo con muchas colegas. Analizaremos a las artistas en relación con las compañeras de su tiempo", explica. De Frida Kahlo a Yente, Lidy Prati, Lygia Clark, Carmen Herrera y a las más contemporáneas Marcia Schvartz, Wanda Pimentel, Mira Schendel y Ana Mendieta.
Emilia GutiérrezJuglares. La obra es propiedad del MNBA, sede Neuquén, e integra "Sala propia"
En marzo, Corvalán inaugura dos nuevos capítulos de esta historia: uno en el Museo Urbano Poggi de Rafaela, Santa Fe, con obras de artistas como Olimpia Aimaretti de Ogilvie o Juana Elena Diz, y otro, una muestra feminista en el Centro Cultural Haroldo Conti. "Investigarlas, ponerlas a dialogar es continuar pensando performativamente la curaduría en tanto un modo específico de la política en acto", dice.
Marzo, mes de la mujer, tendrá acciones de todo tipo, como las que harán el colectivo de trabajadoras del arte Nosotras Proponemos, en el Centro Cultural Morán, y las que sumen los propios museos. Por ejemplo, en el Moderno habrá visitas guiadas especiales con mujeres artistas que forman parte de la colección. Nora Iniesta tendrá una exposición alusiva en el Centro Cultural El Más Acá. Entre las internacionales, en Fundación Proa se verá en febrero a la artista y activista Fannie Sosa. El Museo Sívori presentará "Transurrealismo. Arte y diversidad de género", compuesta por piezas de la colección y artistas argentinos contemporáneos. El colectivo PintorAs tendrá una muestra en abril en la Usina del Arte, curada por Lara Marmor. "Estamos cumpliendo 10 años de nuestra primera muestra y existencia", dice Silvia Gurfein, una de las integrantes de este grupo de 20 artistas mujeres con obra pictórica. Otra muestra será la de Fátima Pecci Carou en la galería Piedras, "Las otras en los pliegues de la Historia". "Es un biombo de pinturas sobre historia argentina y latinoamericana desde una mirada feminista, en coproducción con una politóloga", cuenta la artista. Cristina Schiavi curará en la galería Pasaje 17 una muestra con obras de Elsa Soibelman, Ana López y Alita Olivari. "Quise poner el énfasis en tres artistas de generaciones diferentes que por una u otra razón no son convocadas. Continúo la idea de indagar y armar otra historia del arte".
Es el trabajo que hay que hacer: con otras miradas, repensar el canon.
Raquel Forner. Composición, 1934. En el MNBA, sede Neuquén.
M. P. Z. 

LECTURA RECOMENDADA,


Leonardo y Maquiavelo, de Patrick Boucheron
El más probable y menos conocido de los encuentros
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Leonardo Da Vinci y Niccoló Machiavelli compartieron espacios y proyectos. Curiosos y preocupados por su época, no pudieron no saber uno del otro, no pudieron no haber conversado. Sin embargo, no hay documentos que los vinculen. ¿Cómo salvar ese vacío? ¿Cómo completar la línea de puntos que une a dos de las figuras más importantes del Renacimiento? Patrick Boucheron, profesor del Collège de France y presidente del consejo científico de la École Française de Roma, se atreve en Leonardo y Maquiavelo, siguiendo el camino de unos pocos historiadores ilustres, entre los que se cuenta más recientemente Carlo Ginzburg. En su recorrido, escribe no solamente historia sino también un tratado sobre cómo escribir historia.
La narración arranca el 22 de junio de 1502 en el palacio de Urbino, uno de los más hermosos de la época. César Borgia, hijo del papa Alejandro VI y duque de Valentinois, lo acaba de tomar. Leonardo es figura destacada de su corte, y muy probablemente reside en el palacio a comienzos de julio. El 24 de junio, por la noche, llega Machiavelo, secretario de la Cancillería florentina, enviado en misión diplomática.
"El encuentro tuvo lugar, y nada sabremos de él", cuenta Boucheron. "Tres hombres se cruzan, sin duda se hablan, intercambian una visión en parte común (lo adivinamos puesto que conocemos sus escritos y sus acciones ulteriores) acerca del modo en que los hombres fuerzan el curso de las cosas, pero no podemos decir nada, por lo menos si resistimos valiéndonos de los escrúpulos del historiador, que solo avanza a pie seco, que solo atraviesa el curso del agua vadeando, apoyándose en textos como el paseante se apoya en los guijarros", explica sobre su oficio, con una metáfora elocuente.
Habrá otras coincidencias significativas. Los tres pasarán largos meses en Ímola entre fines de 1502 y comienzos de 1503. En sus cartas, Maquiavelo menciona a "otro depositario de los secretos del duque" y a "uno de los nuestros". La alusión sirve a Boucheron para discutir la posibilidad de que Leonardo actuara como doble agente, de Florencia o del rey de Francia.
Por ahí, por ejemplo, avanza la novela del ruso Dmitri Merezhkovski, El romance de Leonardo Da Vinci, cuyo comentario sirve al historiador para reflexionar sobre sus métodos y sus límites. También sobre sus riquezas: el abanico de alternativas y la discusión de las pruebas puede ser más interesante que decidirse por un único relato imaginario.
Pero, sin dudas, es en los formidables planes sobre el desvío del Arno que Leonardo y Maquiavelo parecen estar más cerca. Los florentinos tienen en Pisa un rival indomable: ataque tras ataque, quedan a las puertas de la ciudad situada aguas abajo, sin poder vencerla. El proyecto de reencauzar el río ofrece ventajas económicas, para aprovechar sus aguas con molinos y regadíos, pero también para anegar la ciudad enemiga.
Hay varios croquis de Leonardo sobre las obras, técnicamente avanzados y animados por una característica "vibración estética", en la descripción de Boucheron. Maquiavelo, por su parte, es "el infatigable promotor del proyecto". El autor de El príncipe confiesa en una carta a la Cancillería: "Tenemos semejante deseo de que esta empresa sea perfecta que no hemos pensado en otra cosa".
Entre julio de 1503, cuando Maquiavelo defiende por primera vez el proyecto y Leonardo es consultado para elaborar los planos, y agosto de 1504, cuando dos mil obreros comienzan a excavar un canal, "no faltan indicios de una colaboración entre ambos hombres en la empresa florentina de defensa territorial", destaca Boucheron. Retomando su metáfora clave, resuelve cómo debe avanzar el historiador: "No es un rompecabezas, sino acaso un vado que atravesar para seguir el curso de esa inquietud común".
Profundo y fascinante, Leonardo y Maquiavelo es una pequeña obra maestra, que nos llega intacta en traducción impecable.
Leonardo y Maquiavelo, Patrick Boucheron, Trad.: Agustina Blanco, FCE, 189 páginas, $ 379
A. M. V. 

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