jueves, 2 de junio de 2022

Complejo Teatral de Buenos Aires


El Complejo Teatral de Buenos Aires anuncia que desde el próximo miércoles 1 de junio a las 12.30 horas se pondrán a la venta las localidades de los espectáculos en cartel hasta el final de la Temporada: “Boquitas pintadas”, “¿Quién es Clara Wieck?” (Teatro San Martín), “Vassa” (Teatro Regio), “Pequeña Pamela” (Teatro Sarmiento).
Podés adquirir tus entradas en nuestra boleterías o en nuestra web www.complejoteatral.gob.ar
Fotos Carlos Furman





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LECTURA RECOMENDADA


San Miguel, de María Lobo
Una original novela que no distingue géneros
Emilio Jurado Naón


Muy al contrario de lo que supo instalar cierto vanguardismo despolitizado, el tema es lo que más importa. Los demás aspectos de un libro se ordenan en torno al tema, que, bien elegido, puede intervenir en la cultura establecida por la vía de lo nuevo. ¿Sobre qué se puede escribir? Y, ante todo, ¿quiénes pueden abordar tales o cuáles tópicos, y quiénes no?
En la novela San Miguel, de María Lobo (Tucumán, 1977), un grupo de artistas que participan de una residencia chaqueña se empecinan en atribuciones como esta: “Los escritores de la provincia deben escribir acerca de su lugar geográfico. Ellos tienen que escribir acerca de ese espacio que a nosotros [los escritores de la ciudad] nos queda lejos”. Contra la división nacional de los temas, María Lobo ataca este núcleo ideológico a fuerza de anacronismos y disonancias. Mientras se supone que desde las ciudades hay que escribir sobre un “futuro inquietante”, la narradora de San Miguel trabaja con los consumos culturales del pasado, construye climas y geografías mutantes (como los cerros nevados del Chaco) y pone en cuestión la correspondencia entre literatura y actualidad.
San Miguel se lee como la preparación de una novela. Una novela de amor que quiere ser epistolar, pero superpone los mensajes al amado ausente con consideraciones sobre el amante presente; una escritura que fantasea con videoclips de la banda R.E.M., pero se entrega a la monotonía y la pausa abrupta; una novela que reniega de los mandatos regionales aunque hace énfasis en las formas específicas del habla. Una novela de tesis cuando eso es lo último que se espera. Así, entonces, San Miguel va alejándole la carnada al lector ideologizado y defrauda toda ilusión de encontrarse frente a otro producto con denominación de origen en el mercado pretendidamente federal.
Está el tema, pero también el tono, que rinde homenaje a los colores anacrónicos de películas como E.T. y Reality Bites; un “tono epiceno”, como acuña la narradora, que no distingue géneros, aunque no por muy neutro se evade de la polémica (“El viento no me arrasa./ Lo sabe cualquiera que haya nacido en San Miguel”) ni de las disonancias.
Como le sucede a un cellista cuando las vibraciones de una cuerda coinciden con las de la caja y se produce el acople que se conoce como lobo, la escritura de Lobo avanza analítica y en espiral, acopiando figuras mundanas (letras de canciones noventosas, montículos de suéters en el suelo que evocan fantasmas, diálogos banales levemente desfasados), en un relato que desentona voluntariamente, tanto en tema como en expresión, con el denominador común de la narrativa actual, y en esa desarmonía encuentra su riqueza.


San Miguel

Por María Lobo

Qeja. 352 páginas

$ 2000

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LA CORRUPCIÓN KKKKK


La corrupción es el terraplanismo del kirchnerismo
Todo preso kirchnerista es “víctima” de una conspiración internacional del lawfare
Luciana Vázquez
.Alfredo Sábat
Cada tanto, como en Stranger Things, se abre un portal en el muro perokirchnerista de naturalización de la corrupción e irrumpe la palabra “robar” en boca de sus dirigentes. Si no es “robar” puede ser algún otro de los términos que se vinculan con “robar” en una especie de cadena de palabras que pertenecen a la misma nube de significados, por ejemplo, “presos”. El último episodio de la saga lo protagonizó el ministro de Desarrollo Territorial y Habitat, Jorge Ferraresi, cuando el sábado, en Villa Domínico, habló de “presos” como un destino posible para los dirigentes del cuarto kirchnerismo en el poder una vez terminada la presidencia de Alberto Fernández. “Si perdemos, algunos vamos a terminar presos, es verdad, y otros volverán a dar clases en universidades internacionales”, dijo el exintendente de Avellaneda.
En los noventas, llegó de forma más brutal el “robo para la corona” atribuido a José Luis Manzano y el “dejar de robar dos años”, de Luis Barrionuevo. Con el kirchnerismo fuera del poder, antes de que se conformara el Frente de Todos, el “reconozcamos que robamos” de María Eugenia Bielsa. Y ahora el “vamos a terminar presos” de Ferraresi. De los ´90s ahora, una escalada pero también un cambio de sentido en esos reconocimientos. Hay una especie de camino evolutivo en el modo en que la corrupción se procesa en el peronismo y se la conversa en público. Un cambio evolutivo del sentido de los lapsus peronistas por donde se filtra la permisividad en torno a la corrupción: antes del kirchnerismo, una suerte de reconocimiento cínico pero reconocimiento al fin. Con el kirchnerismo consolidado, una forma negacionista de encarar la corrupción: el problema es de los otros, que conspiran con el lawfare. La mención pública del verbo “robar” por parte de dirigentes peronistas de peso marca los hitos de esa evolución.
Los sentidos que Ferraresi le dio a la palabra “presos” hablan de la concepción de la corrupción que tiene el kirchnerismo después de 39 años de democracia. A primera vista, Ferraresi pareció reconocer que podían estar cometiéndose hechos de corrupción en el presente: esa impresión es falsa. Al contrario, sus palabras desmienten esa posibilidad y ponen en duda la verdad de la palabra jurídica ya no sólo en el presente y hacia el pasado, sino también en el futuro: cualquier militante, es decir, funcionario, que termine condenado y preso por sospechas de corrupción sucedidas en este presente, lo será injustamente.
Para Feraresi, todo acto judicial que lleve a la cárcel a un dirigente kirchnerista acusado de corrupción es, en realidad, el cumplimiento de un destino de nuevas injusticias posibles que aguardan a la militancia comprometida. “Tendremos la consecuencia de lo que viene ahora a nivel internacional, la persecución de dirigentes populares por el lawfare”, precisó el ministro con resignación de militante esforzado. “Preso”, aunque sea por corrupción, se interpreta tácitamente como “preso político”, es decir, perseguido injustamente.
En ese contexto, todo preso kirchnerista es “víctima” de una conspiración internacional del lawfare. Es el terraplanismo a medida que el kirchnerismo construyó para disimular lo que circula de manera subterránea del otro lado de la realidad visible desde que el menemismo creó a la corrupción como problema estructural. En octubre de 1999, en plena campaña electoral, cuando el menemismo cumplía 10 años en el poder, la corrupción era la segunda preocupación de la gente, según encuestas de la época. La primera era el desempleo.
Como voltereta final de la consolidación de ese terraplanismo, ahora no sólo es clave en la operación simbólica que busca quitarle legitimidad a la oposición y a la justicia, que según esa versión conspiran juntas. También divide a probos de réprobos dentro de la interna peronista. La frase de Ferraresi opone “presos”, el riesgo que corren los verdaderos militantes que volverán al “barro y a territorio” cuando estén fuera del poder, de los que “seguirán dando clases en universidades internacionales”, libres de ese riesgo. Las interpretaciones apuntan a Alberto Fernández y su condición de profesor universitario y a las clases que dictó en la Universidad Camilo José Cela en Madrid durante 10 años, incluso en 2019 cuando ya era candidato presidencial. Ferraresi no se detuvo en destacar el prestigio cuestionable de esa universidad: una investigación del periodista Javier Chicote, del diario ABC de España, premiado como Mejor Periodista de Investigación por la Asociación de Prensa de Madrid por ese trabajo, destapó el fraude y la entrega fraudulenta de títulos que se daba allí y el rol de la universidad en una trama internacional de transferencia opaca de fondos. También denunció que el mandatario español Pedro Sánchez habría recibido su título de Doctor en Economía en la Universidad Camilo José Cela de manera fraudulenta.
En ese discurso en Villa Domínico, en un acto de conmemoración de la asunción de Néstor Kirchner como presidente, organizado por el Ateneo “Cristina Kirchner conducción” en la sede de la UTN de esa localidad del partido de Avellaneda, Ferraresi elogió a la militancia comprometida y esforzada, en un arco que une a la juventud setentista y “los compañeros que dieron la vida” con la militancia, los dirigentes, que pueden terminar presa: la cárcel por hechos de corrupción es la nueva prueba que deben afrontar los militantes comprometidos. También elogió explícitamente a Cristina Fernández. No hubo mención directa alguna al presidente Fernández y su condición de militante esforzado pero la alusión al profesor de regreso a sus clases en instituciones internacionales lo dejan lejos del esfuerzo, el compromiso y el barro que espera a los buenos militantes.
La demora del presidente Fernández en definir el regreso del exgobernador Sergio Urribarri, condenado en primera instancia, desde Israel y el fin de su gestión como embajador es parte de ese cambio de concepción de la corrupción: la palabra judicial despojada de su peso de verdad. Para el gobierno, es una operación conspirativa.
El lapsus de María Eugenia Bielsa fue el de mayor sinceridad dentro del kirchnerismo. Llegó en un video cuya fecha se supone anterior a la conformación del Frente de Todos. “Voy a ser sincera. Me duele tener que sentarme a una mesa y explicar porqué robamos. Muchachos, y perdónenme que lo diga así, robamos, robamos y no hay que robar en la política. La plata del pueblo no se roba”, reconoció Bielsa abiertamente en un sincericidio de 1.21 minutos de duración, en un encuentro público que quedó grabado y se viralizó en el momento menos oportuno. El balance que hizo Bielsa de la década kirchnerista, con mención explícita a Cristina Kirchner y a Julio de Vido en otro pasaje de ese minuto y pico, además de una gestión cuestionada, le costaron la salida del gobierno de Fernández, donde ocupaba el ministerio que hoy encabeza Ferraresi.
La década menemista encontró su forma simbólica en el relato de su corrupción. Antes de que llegara la reelección de Menem, en 1991, a apenas año y pico de la asunción de Menem, se publicaba Robo para la corona, de Horacio Verbistky, con una frase atribuida a José Luis Manzano, que por entonces era el jefe del bloque de diputados del PJ, como título: la corrupción como parte de un organigrama en la que la cabeza política es la principal beneficiaria. Ese libro de investigación periodística dejó al desnudo la maquinaria de la corrupción. Y la frase título como reconocimiento sin vueltas de ese funcionamiento.
Esa década también trajo el reconocimiento público del dirigente gastronómico Luis Barrionuevo, que en aquellos años menemista era el titular de la Superintendencia de Salud de la Nación. “Tenemos que tratar de no robar por lo menos por dos años en este país”, dijo Barrionuevo en el programa Tiempo Nuevo.
Una encuesta de Fixer de estos días pone a la corrupción entre las principales preocupaciones de la gente. Después de la inflación, de la política y los políticos, aparecen los hechos de corrupción. En el cuarto lugar, la inseguridad y en el quinto, la pobreza. Es decir, aunque desde 2001 la Argentina parece enfrentar un cambio de su sentido común imperante, con un giro hacia la derecha, la preocupación de la gente en torno a la corrupción sigue tan vigente como antes. La Argentina está en una carrera de postas de desafíos complejísimos: a los problemas urgentes como la inflación, que además también es estructural, una vez resueltos, la esperan los problemas estructurales de fondo. Eso que la sociedad naturaliza y alteran todas las escalas con las que se concibe la realidad.

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ARGENTINA Y EL NARCOTRÁFICO


La Argentina en los circuitos internacionales del narcotráfico
Es difícil formular un diagnóstico preciso de la situación real del país, pero lo cierto es que nuestra antigua situación marginal en el mercado global ha quedado muy atrás
Jorge Ossona Miembro del Club Político Argentino y de Profesores Republicanos
La inserción del país en los circuitos del narcotráfico internacional es reciente y paradojal. Primero, porque no lleva más de cuarenta años en no fortuita coincidencia con el fin de nuestra excepcionalidad regional como nación socialmente integrada. Luego, porque durante los últimos veinte devinimos uno de los consumidores per cápita más importantes a escala planetaria. Una situación que abre interrogantes acechantes, porque el ideal político del narco es el “Estado fallido”, con las consecuencias concomitantes para la integridad nacional.
El narcotráfico constituye un delito organizado a escala global cuyo combate requiere de una comprensión exhaustiva, pues posee diversas caras: económicas, políticas, sociales, culturales y geopolíticas. El término “cartel” para definir su unidad operativa resulta, hoy por hoy, un anacronismo. Se trata más bien de corporaciones multinacionales con su cadena de valor y sus eslabones. Satisface patológicamente la ansiedad que caracteriza al mundo moderno, y arraiga en las zonas dejadas al descubierto por el capitalismo clásico y el Estado. Constituye diferentes subculturas y describe mercados de consumo y producción vertebrados por una densa red de rutas.
La Argentina se inscribe en el circuito de América Latina que cobró una relevancia como gran productor de cocaína desde el ingreso en el consumo de masas. Durante los 60 y los 70, los grandes productores eran Bolivia y Perú, pero en los 80, tres grandes carteles colombianos coparon la demanda de Estados Unidos y Europa desplazando a los países pioneros. Su auge duró hasta mediados de los 90, cuando esas estructuras fueron pulverizadas por la acción conjunta del gobierno colombiano y fuerzas de especiales de apoyo norteamericanas como la DEA. Simultáneamente, se cortocircuitaron los accesos hacia Europa desde el Caribe. Los sucesores de los grandes capos colombianos desplazaron entonces tanto la producción como la logística exportadora hacia el sur: de nuevo a Perú y Bolivia, y a la Argentina como ruta alternativa de distribución con destino al Viejo Mundo con una estación intermedia en África.
Los colombianos –y luego también los mexicanos– hallaron en el país condiciones óptimas para diseñar su nuevo rol en la división internacional del negocio. Afortunadamente, no poseemos condiciones ecológicas para producir materias primas en gran escala. Como contrapartida, ofrecemos ventajas como la proximidad limítrofe con los grandes productores; fronteras “porosas” fáciles de sortear por vía aérea o terrestre; una red vial que la cocaína recorre con facilidad hacia los puertos medianos de Santa Fe y el norte de Buenos Aires, y la inexistencia de organizaciones afines previas exigentes de costosos peajes como las los tres grandes carteles brasileños. Contamos desde los años 60 con una industria de precursores químicos estratégicos para la producción del clorhidrato y una aduana permeable a la importación de insumos como la efedrina para la elaboración de metanfetaminas, negocio copado por las organizaciones mexicanas. Y dos ventajas adicionales: un país rico en recursos profesionales y una macroeconomía desquiciada que habilita las operaciones de lavado. Por último, un lugar seguro para el resguardo de los capos, sus familias y sus consignatarios encargados de monitorear el negocio internacional.
Las rutas del narco en la Argentina configuran dos grandes ramas: la de la cocaína, procedente del noroeste, y las de la marihuana, desde el nordeste. Por la primera ingresan traficantes desde Salta y Jujuy para acopiar la producción en Orán y Santiago del Estero. Allí, la pasta básica, que mayormente luego se destila para el abastecimiento interno, confluye con el clorhidrato depurado en Santa Cruz de la Sierra introducida por vía aérea y arrojada en pistas clandestinas. Esta última se dirige hacia los puertos santafesinos para su embarque a Europa.
La de la marihuana procede del corazón del Paraguay y desciende por vía acuática hasta la Triple Frontera. Desde allí, se transporta por tierra atravesando Formosa, Chaco, Santa Fe y Buenos Aires, o bien circula por la Hidrovía con el mismo destino, desembarcándose en algunos puntos hacia el mercado interno. En ambos circuitos se han insinuado rastros del temible Primer Comando Capital de San Pablo desde sus sucursales de Paraguay y Bolivia. Temeraria por su violencia superlativa de secuestros seguidos de mutilaciones recordatorias: algo así como la firma de la “hermandad” cuyos capos manejan desde las cárceles brasileñas y paraguayas.
Las organizaciones criminales colombianas y mexicanas tercerizan la logística en empresarios locales, pero supervisan el tráfico en puntos cruciales como Orán, Santiago del Estero y los puertos de embarque. Poco influyen en el mercado interno, salvo el pago en especie a ciertos elementos corruptos de las fuerzas policiales santafesinas por la cobertura de su ingreso en los puertos. Estos la revenden a grandes mayoristas que la distribuyen a minoristas asociados a las barras bravas de los clubes rosarinos. Hemos ahí la explicación de la complicada situación por la que atraviesa esa ciudad desde hace una década.
En los grandes conurbanos, mayoristas y minoristas suelen parasitar las colonias de inmigrantes bolivianos, peruanos y paraguayos configurando minicarteles como los de las villas 1.11.14, Zavaleta, 20 y 31 en el sur de la CABA, o algunas zonas del GBA como los enclaves de San Martín, Lomas de Zamora, La Matanza, Florencio Varela o La Plata. A nivel capilar, la unidad de provisión son los territorios barriales que exhiben complejas estructuras de distribuidores y comercializadores. Las clases altas y medias altas se proveen más bien de drogas sintéticas, analógicas o de diseño elaboradas en “cocinas” instaladas en barrios cerrados o departamentos en sus zonas residenciales, luego distribuidas en grandes fiestas legales o clandestinas.
Es difícil formular un diagnóstico preciso de la situación real del país fuera de algunos datos ofrecidos por estudios satelitales, información sobre el ingreso de precursores como la efedrina o la provista por instituciones sanitarias. Pero lo cierto es que nuestra antigua situación marginal en el mercado global ha quedado muy atrás. A esta altura, ya es inocultable el grado de penetración parasitaria en algunas jurisdicciones colocándolas en una zona gris entre la etapa predatoria y la parasitaria, o entre esta última y la simbiótica, puerta de entrada al Estado fallido.
De ahí, la atención que debería suscitar en la actual coyuntura nacional e internacional. Porque el narco evalúa todas estas condiciones y procura transformarlas en valor. Resulta inútil procurar “derrotarlo” según la fórmula de “lucha” lanzada desde los 70, pues no se trata de un enemigo convencional. Más productivo sería atacarlo en sus zonas frágiles, que en nuestro caso son las fronteras, la logística y las estructuras de lavado. Aunque no habrá arma más efectiva que la final consecución de un patrón de crecimiento que reduzca la informalidad, la desigualdad y la pobreza, caldo de cultivo en donde el narco germina.
No habrá arma más efectiva que la consecución de un patrón de crecimiento que reduzca la informalidad, la desigualdad y la pobreza, caldo de cultivo en donde el narco germina

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CLAVES AMERICANAS....CUBA


Cuba: la peor represión en 20 años

Andrés Oppenheimer
 En esta foto de archivo del 11 de julio de 2021, policías vestidos de civil detienen a un manifestante antigubernamental durante una protesta por los altos precios, la escasez de alimentos y los cortes de energía en La Habana, Cuba. El Parlamento cubano aprobó el lunes 16 de mayo de 2022 un nuevo código penal que modifica las condenas para ciertos delitos y que, según activistas y analistas, está dirigido a afectar la libertad de expresión y acallar posibles protestas.. 
Por ridículo que suene, México, la Argentina y Chile están pidiendo al presidente Joe Biden que invite a la dictadura cubana a la Cumbre de las Américas que se realizará del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, California, a pesar de informes creíbles de que el régimen cubano está cometiendo sus peores violaciones de los derechos humanos en más de 20 años. Según la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), Cuba tiene alrededor de 1000 presos políticos, incluidos unos 700 que fueron arrestados durante protestas pacíficas en todo el país en julio de 2021. “No hemos visto estos niveles de represión en Cuba desde hacía por lo menos 20 años”, me dijo Juan Pappier, especialista en América Latina de HRW.
A medida que aumenta la represión, se está produciendo un éxodo masivo de cubanos. Unos 115.000 cubanos, o más del 1% de la población de la isla, han huido del país en los últimos 7 meses, según la Patrulla Fronteriza y Aduanas de Estados Unidos. Es “sin duda el éxodo más grande de Cuba en las últimas cuatro décadas”, dijo al Miami Herald Jorge Duany, de la Universidad Internacional de la Florida. Entre los más recientes ejemplos de la represión gubernamental en Cuba están las durísimas sentencias contra los arrestados durante las protestas pacíficas del año pasado. Algunos de los manifestantes han sido condenado hasta a 30 años de prisión por supuestos cargos de “sedición”. Otros han sido condenados a casi un año de cárcel por cantar “Patria y Vida”, una canción de protesta que refuta el grito de guerra del difunto gobernante Fidel Castro, “Patria o Muerte”.
Según un comunicado de prensa conjunto de HRW y Amnistía Internacional, el régimen cubano tiene planeado sentenciar ya al rapero Maykel Castillo Pérez, conocido como Osorbo, y al artista visual Luis Manuel Otero Alcántara. Ambos están en prisión desde hace casi un año, y el fiscal ha solicitado que sean condenados a 7 y 10 años de prisión, respectivamente, por sus protestas pacíficas y artísticas contra el régimen. Al mismo tiempo, el Congreso oficialista cubano aprobó a principios de este mes un nuevo código penal que aumenta las penas por contactos no autorizados con personas u organizaciones extranjeras que afecten “la paz social y la estabilidad” de Cuba. Y en agosto del año pasado, el gobierno cubano emitió su decreto N° 35, que ordena a las empresas de telecomunicaciones cortar las conexiones a internet de sus clientes que publiquen noticias que el gobierno considere falsas.
Y, sin embargo, a pesar del aumento de la represión gubernamental en la isla, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha estado amenazando durante semanas con boicotear la Cumbre de las Américas, a menos que Biden invite a Cuba, Venezuela y Nicaragua. La Argentina, Chile y más de una docena de países del Caribe también han pedido a Biden que invite a Cuba, Venezuela y Nicaragua, aunque es probable que asistan a la cumbre. Como en el caso de México, son más explícitos en su defensa de Cuba, tal vez porque los asesinatos masivos de Venezuela y Nicaragua en los últimos tres años todavía están demasiado frescos en la memoria de todos.
Es difícil entender por qué algunos presidentes latinoamericanos que dicen defender la democracia están armando tanto alboroto por la acertada decisión de Biden de no invitar a las dictaduras a la cumbre. Según una norma aprobada en la Cumbre de las Américas de 2001 en Quebec, Canadá, cualquier ruptura inconstitucional del régimen democrático en la región es un “obstáculo insuperable” para la participación de un gobierno en la Cumbre de las Américas. Aún más absurdo es que, en un momento en que América Latina necesita desesperadamente aumentar sus exportaciones y reactivar su economía, México y sus amigos han puesto la participación de Cuba, Venezuela y Nicaragua en el centro de la agenda de la cumbre. Deberían aprovechar esta rara oportunidad –esta cumbre hemisférica se lleva a cabo solo cada tres o cuatro años– para buscar nuevos acuerdos regionales para impulsar el comercio, las inversiones y la transferencia de tecnología con EE.UU., que sigue siendo la economía más grande del mundo. Y en lugar de defender a la decrépita dictadura cubana, deberían estar apoyando a sus víctimas.

@oppenheimera

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miércoles, 1 de junio de 2022

ESCENARIO ...LA FALTA DE RESPUESTAS


Cambiemos: una pregunta sin respuesta
Claudio JacquelinMauricio Macri e Hipólito Yrigoyen
Fue un paso importante. No suficiente ni definitivo. La reafirmación de la pertenencia de la Unión Cívica Radical (UCR) a Juntos por el Cambio mantiene la integración de la coalición, pero no suelda ninguna fisura. Y tampoco da respuesta a la pregunta que desvela a los principales dirigentes y referentes de los espacios que la componen: ¿para qué estar juntos?
Todos saben por qué están en JxC, qué los llevó a integrar la alianza y las razones por las que han permanecido juntos siete años. No es poco. Pero cuando miran hacia el momento en que fueron gobierno y, sobre todo, cuando avizoran el futuro, aparecen las diferencias de objetivos, de diagnósticos y de pronósticos que abren dudas y amenazan con bifurcar los caminos. Nada está superado ni resuelto. El acto radical de La Plata fue un respiro en medio de tanta agitación interna. Pero, también, significó un punto de partida, desde el que caben esperar nuevos sobresaltos.
La revitalización con la que se exhiben y se autoperciben los radicales no está destinada a mantener ningún statu quo, sino a seguir desafiándolo, más aún cuando a su despliegue territorial le sumaron un pre candidato a presidente capaz de trascender fronteras partidarias y, especialmente, de Juntos por el Cambio. El principal desafiado es el macrismo, también en plena reconfiguración de formas, ideas, proyectos y liderazgos. Un escarpado camino les espera a todos hasta encontrar un nuevo punto de coincidencias. Si lo encuentran.
Demasiadas cosas han cambiado. La decisión de ponerle freno al “vamos por todo” kirchnerista con la conformación, en marzo de 2015, de una fuerza política detrás de un candidato presidencial en condiciones de concretarlo explica la razón de ser de aquel Cambiemos, con el liderazgo dominante de Pro y de su dueño, Mauricio Macri. Pero pasaron cosas (demasiadas) y ese contexto mutó. Ya no existe desde hace mucho.
Es más, en el radicalismo dicen ahora que no existe lo que los unió al principio desde el momento en que se configuró el gobierno surgido de las elecciones de 2015, que cristalizó al entonces Cambiemos como una alianza electoral-parlamentaria y no como coalición de gobierno.
Eso es lo que los radicales se niegan no ya a repetir, sino que se proponen anticiparse para evitar cualquier circunstancia que facilite su restauración. La sospecha tiene así más valor que la evidencia y la prevención, más peso que la constatación para los dos sectores mayoritarios en disputa por el liderazgo y por la consagración de un candidato presidencial.
El proceso de fractura que atraviesa el Frente de Todos ofrece las formas de un cristal astillado en el que ya no se espeja ni se puede explicar JxC. No alcanza con la alteridad como argamasa ni como constructor de identidad para el presente y mucho menos basta para pensar y diseñar el futuro. Lo que se ve hoy de la coalición opositora es la proyección de una imagen del pasado, que no puede disimularlos contornos de una figura en proceso de transformación.
El impacto de un fin de ciclo
El fin de un ciclo político del que tanto se habla, y al que la figura opositora estelar de estos días Facundo Manes se aferra y potencia para apalancar su proyecto político, opera sobre los cambiemitas con un efecto de doble presión a la hora de (re)definir la propia identidad.
El diagnóstico sobre ese final de era no se limita a un agotamiento del proyecto hegemónico kirchnerista que signó las últimas dos décadas, aunque ese punto resulta nodal en cualquier discusión y planificación de la acción política. La coincidencia sobre la agonía que transita el kirchnerismo no implica consenso entre los opositores respecto de la duración del proceso y su eventual colapso ni sobre la capacidad que aún puedan tener Cristina Kirchner y los suyos de reinvención. O de daño.
La declinación del espacio político surgido en 2003 no solo está vinculada al rechazo que puedan suscitar sus figuras más emblemáticas, sino que también expresaría una crisis de los paradigmas, soluciones y premisas que dominaron en este período y que es más profunda. De naturaleza política, económica y social. De allí que las discusiones que atraviesan a la oposición resulten más complejas de resolver. Cada uno de los sectores en pugna tiene un diagnóstico diferente sobre la profundidad de esa crisis y hasta dónde cala en la sociedad la necesidad de una ruptura o de una reforma superadora. Romper o curar es la cuestión.
El modelo bipolar, definido por las especulares antinomias kirchnerismo-antikirchnerismo, macrismo-antimacrismo, no resuelve ni sirve para explicar ya casi nada, pero sigue tensionando, ordenando y desordenando en el interior de las dos coaliciones políticas. Una cosa es el ocaso de un proceso y otra muy distinta su final. Entre uno y otro media siempre una distancia de tiempo y de poder. Más aún cuando es el adversario el que está en ejercicio del gobierno, con el costo que implica (es cierto), pero con los beneficios que reporta tener el manejo de importantes recursos institucionales y económicos para influir sobre la realidad. Tanto como para que algunos analistas y dirigentes políticos conjeturen sobre un posible enfrentamiento electoral protagonizado por Cristina Kirchner y Macri, aunque suene improbable.
Los elementos objetivos de la crisis están sometidos a la subjetividad de las interpretaciones y, sobre todo, de las ambiciones personales de los principales actores. Allí encuentra arraigo y complejidad la pregunta de para qué están juntos los cambiemitas y con quiénes quieren, pueden o deberían juntarse, con quiénes negociar y con quiénes no, a quiénes interpelar y convocar. Cada uno tiene una respuesta distinta para cada uno de esos interrogantes.
Esas preguntas abren nuevos interrogantes cuando se plantean las tres dimensiones sobre las que operan: el rol de oposición, la construcción de un proyecto electoral con potencial de éxito y la generación de las condiciones para un eventual gobierno, capaz de concretar proyectos y evitar una frustración. Como la que terminó encarnando la presidencia de Macri, que le prolongó la vida al kirchnerismo y lo devolvió (maquillado) al poder. Ante esos escenarios es que se bifurcan casi con claridad dos caminos. Por un lado, el que representan Mauricio Macri y Patricia Bullrich, o el ala de los halcones, para quienes el presente está configurando una deriva inexorable hacia la derecha liberal en términos políticos, sociales y económicos.
Para estos, no solo el populismo está en fase terminal, sino que tampoco hay espacio para alguna variante de tipo socialdemócrata. En la terminología de 2015, entre shock y gradualismo, shock sin vueltas.
Tampoco hay lugar en este espacio para el peronismo, salvo la variante republicano-liberal (casi un oxímoron) que tiene más presencia mediática que votos probables. Los dirigentes anarcolibertarios y su electorado son los destinatarios de sus esfuerzos y sus mensajes. Por convicción y conveniencia tanto electoral como respecto de la orientación de una eventual administración.
El temor a los votos que Milei-Espert les puedan quitar a los halcones oficia para ellos como un motor tanto como funciona a modo de amenaza para sus rivales internos. Así, algunos instalan la posibilidad de que si al final del camino Macri no está en condiciones de ser candidato y termina apoyando a Horacio Rodríguez Larreta, Bullrich arme una alianza por fuera con los anarcolibertarios.
La presidenta de Pro niega esa posibilidad, pero algunos de sus allegados son menos taxativos ante el temor de que una vez más el expresidente incline su dedo hacia el alcalde. Lo cierto es que la forma en la que se definirá la precandidatura presidencial de Pro es una de las mayores incógnitas que pesan sobre la coalición opositora. Las encuestas hoy no son un instrumento que permita resolver el dilema.
Por otro lado, la vertiente de Pro que tiene a Larreta como referencia y proyecto encuentra algunos puntos sustanciales de coincidencia con el radicalismo oficial, representado por Facundo Manes y Gerardo Morales. Entre ambos espacios hay variantes y matices diferenciales muy definidos, pero coinciden en la necesidad de ampliar su base de sustentación hacia una nueva transversalidad que incluya al peronismo no kirchnerista. Los tiempos y los objetivos marcan la diferencia entre unos y otros.
Los pero cambiemitas
Los radicales, con los hermanos Manes al frente, quieren sumar desde ahora a esos peronistas, en una construcción electoral que les permita competir con éxito con el aparato de Pro en las PASO.
Concluida la convención partidaria, en la que fue consagrado presidente Gastón Manes, se empezará a ver a Facundo desplegar las alas en busca de ese electorado y sus dirigentes. El neurólogo se entusiasma con los atisbos de armado nacional que expresan dirigentes de ese sector, como el cordobés Juan Schiaretti, el salteño Juan Manuel Urtubey y los bonaerenses Florencio Randazzo y Diego Bossio. Se imagina la construcción y representación de un espacio de centro popular, con perfiles social demócratas, si ese artefacto es posible de imaginar en la Argentina de hoy.
Con varios de ellos ya ha mantenido conversaciones, pero lejos están aún de algún tipo de convergencia. De hecho, no hay siquiera versiones unívocas sobre esas charlas. Es el caso de lo ocurrido en el encuentro con Schiaretti. Allegados al gobernador dicen que el neurólogo llegó a ofrecerse como candidato a vicepresidente en una eventual fórmula conjunta. Los Manes lo niegan de plano y refuerzan tanto su aspiración presidencial como su pertenencia a JxC, sin intención alguna de ruptura para armar una alianza alternativa. Aunque demandan una ampliación de la actual coalición y no con lo que representan Javier Milei y los suyos, como sondea el macri-bullrichismo.
Larreta, en tanto, se mantiene firme en la construcción de su candidatura para disputar unas PASO dentro de JxC con la actual conformación y en la pavimentación (su especialidad) de una eventual concertación poselectoral con el peronismo para darle sustentabilidad a un eventual gobierno suyo, de cuyas características no da precisiones.
Por ahora, la alianza sigue siendo así una herramienta para transitar el camino fuera del poder y mantener las aspiraciones de sus integrantes, aunque cada día exija un nuevo esfuerzo sostener su solidez.
En el rol de opositores aparecen a diario diferencias internas a la hora de votar en el Congreso o en legislaturas provinciales proyectos del oficialismo, conflictos que se potencian con la construcción de candidaturas para las elecciones de 2013.
El para qué estar juntos sigue siendo una pregunta abierta para la que los dirigentes cambiemitas todavía no tienen respuestas. Para sí ni para muchos electores.●

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ANNE, EL BOOM


Anne, el fenómeno. Un siglo después, la chica pelirroja de Tejas verdes es un boom global
No solo rompe tabúes y resiste el paso del tiempo: la saga que nació como una historia en ocho volúmenes, vendió 52 millones de copias y fue un éxito en Netflix, confirma su vigencia frente a nuevas generaciones
Natalia Blanc
"Anne with E", la adaptación que llevó el clásico a la pantalla chica
“El personaje femenino más encantador que se ha creado desde la inmortal Alicia de Carroll”. Así definió Mark Twain, el autor del clásico infantil Las aventuras de Tom Sawyer, a Anne, la protagonista de las historias creadas por la autora canadiense Lucy Maud Montgomery a principios del siglo XX. Cien años después, la exitosa saga que nació con el título Anne, la de Tejas verdes (Ana para las versiones hispanas) y continuó su camino a la par del crecimiento de la protagonista en ocho volúmenes, se convirtió en un fenómeno literario global.
El stand de Edelvives de la reciente Feria del Libro en Buenos Aires estuvo dedicado a Anne
Resistente al paso del tiempo y los cambios sociales, la novela que habla sobre la orfandad, los lazos familiares y el vínculo entre niños y adultos, entre otras cuestiones universales, se consigue en el país en distintas ediciones: Catapulta, bajo el sello Yo Soy, editó los tres primeros títulos, con ilustraciones del argentino Pablo De Bella; Emecé publicó la saga completa (del primer tomo se vendieron unos 15.800 ejemplares, según datos de Planeta Argentina); Penguin Random House, con el sello Molino, lleva publicados cuatro y lanzará otros tres este año; Duomo Ediciones publicó tres que vende, por separado, y juntos en una caja. Ediciones Del Fondo también lanzó una caja “Anne”, con nueve títulos por $ 12.500, que incluye Historias de Avonlea, un libro de cuentos que L. M. Montgomery, en los que aparece una Anne adulta, ya casada y con hijos.
La tapa de la edición de Edelvives
Ideal para fanáticos, la bellísima edición de Edelvives, ilustrada por el español Antonio Lorente, tiene epílogo de Margaret Atwood. Es un volumen de colección que cuesta $6900. La sede local de la editorial española dedicó el stand de la reciente Feria del Libro de Buenos Aires a la “Annemanía”.
En conjunto, la novela lleva vendidas 52 millones de copias desde su primera edición. Ocupa el puesto 18 en el ranking de las veinte obras clásicas más vendidas de la historia.
El salto de la historia al formato serie producida por Netflix en 2017 revivió el furor por Anne y logró, también, que muchas chicas y chicos que no conocían el libro se volcaran de lleno a la lectura de todos los volúmenes. Pero ya antes de la adaptación audiovisual, titulada Anne with and E, la niña era adorada por millones de lectores y lectoras de culturas variadas: en Japón, por ejemplo, el fanatismo por la saga desató un boom que causó sorpresa a Atwood.
“Ana, la de Tejas verdes es uno de esos libros que casi te hace sentir culpable si te gusta, en vista de la gran cantidad de gente a la que también le gusta. Si es del agrado de tantas personas, piensas, no puede ser tan bueno, o no tan bueno para ti”, escribió la autora de El cuento de la criada. “Como tantas otras personas, leí la obra cuando era niña, y me sumergí en ella de tal manera que ni siquiera podría precisar con exactitud en qué momento. Se lo leí a mi hija cuando tenía ocho años, y ella lo volvería a leer por su cuenta un tiempo después, y se haría con todas las secuelas -en las que percibió, como todo el mundo, incluida la autora, que el nivel ya no era el mismo que en el original-. También vi la serie de televisión, que, pese a la reescritura y a las omisiones, contenía una historia central igual de potente y seductora. Y hace algunos veranos, cuando mi familia y yo pasamos una temporada en la Isla del Príncipe Eduardo, incluso llegué a asistir al musical. La tienda de regalos del teatro tenía a la venta muñecas de Ana, un libro de recetas de Ana y todo tipo de parafernalia relacionada con Ana. El teatro era grande y estaba abarrotado; frente a nosotros se había formado una larga cola de turistas japoneses”, cuenta la autora canadiense.
“Me pregunté qué les parecería aquello a los turistas nipones. Luego empecé a preguntarme qué pensarían del fenómeno en general. Qué opinión les merecerían las muñecas de Ana, las chucherías, los libros. ¿Por qué era Ana Shirley, la parlanchina huérfana pelirroja, tan increíblemente popular entre ellos?”, continúa la autora. Una de las hipótesis de Atwood es: “Quizá fuera por su pelo rojo: debía resultar exótico, pensé. O quizá, a ojos de las mujeres y chicas japonesas, Ana fuera un ser estimulante: ante el riesgo a ser rechazada por no ser el chico deseado y apreciado, se las ingenia para ganarse los corazones de sus padres adoptivos y terminar el libro con un notable grado de aprobación social. No obstante, triunfa sin sacrificar su esencia: no tolera el insulto, se defiende, incluso saca a relucir su carácter y logra salir airosa. Rompe tabúes”.
La versión del ilustrador español Antonio Lorente
Que Anne rompe tabúes es una de las claves del furor actual por una historia publicada por primera vez en 1908. Vista por las chicas y los chicos de hoy, la protagonista es una joven “empoderada” que lucha por sus ideales. Nacida en 1874, la autora refleja en su primera novela un protofeminismo en las decisiones cotidianas de su entrañable personaje, que es adoptada por dos hermanos, Matthew y Marilla Cuthbert, para que los ayude con las arduas tareas de la granja. El conflicto inicial se dispara con la decepción de los Cuthbert cuando se encuentran con una nena, ya que esperaban un varón.
“Anne me encanta. Amo cómo escribe la autora. Me gusta cómo trata los temas: los cambios en la pubertad, el bullying, la economía de las familias. Cuando Anne llega al pueblo, por ser pelirroja y con pecas, era la más rara de todos. No encaja, pero se adapta a su nueva familia. Lo que más me gustó es que Anne hace la revolución en Tejados verdes y muestra que las mujeres pueden hacer las mismas cosas que los hombres”, opina Catalina, de 12 años, que comenta libros en su cuenta de Instagram. “La recomendaría una y mil veces”.
Cata, de 12 años, rescata que "Anne demuestra que las mujeres podemos hacer las mismas cosas que los hombres"
Mila, de 14 años, que vio la serie y leyó el libro, opina que se complementan: “Está muy bueno ver la profundidad de los personajes en los dos casos. La serie es más dinámica; los libros, no tanto. El primero me parece el más entretenido: la protagonista cuenta cómo es su vida y por qué es así. El final me hizo llorar”. Para Sofía, de 12 años, que también vio la serie, “la historia es triste pero muy linda”.
De la mano de Netflix
Anne with an E es una de las series de Netflix más vistas en todo el mundo. Basada en los libros de Lucy Maud Montgomery, tiene guion de Moira Walley-Beckett, quien introdujo algunos cambios con respecto a la novela original. Estrenada en 2017, Netflix anunció el final con la tercera temporada. Los fans estallaron de bronca y muchos se sumaron a una campaña por la web para pedir su continuación, algo que todavía no se confirmó.
“A mí la de la serie de Netflix me encantaba; de hecho, cuando empecé a crear el personaje intentaba evadirme de la figura de la serie porque es muy parecida a la Ana que yo tenía en mi cabeza. Quise salirme un poco de esa imagen y crear mi propia Ana. Es verdad que, al hacerlo en libro, Ana empieza con 11 años y termina con 16; entonces, va creciendo y transformándose. La mayoría de la gente me ha dicho que Ana es tal cual se la imaginaban y eso me hace sentir muy contento. Me he encontrado con mucha gente que se siente identificada”, comentó Lorente desde Madrid.
"Anne with and E", en tres temporadas, disponibles en Netflix
“Ana, de las Tejas verdes es una de las colecciones más emblemáticas y exitosas del sello Molino; forma parte de una serie insignia, Los Inolvidables. En nuestra edición encontrarán las novelas ligeramente adaptadas y profusamente ilustradas. Son ideales para lectoras y lectores de entre 8 y 13 años. Llevamos publicados los cuatro primeros libros de la serie, llegarán tres más a las librerías durante este año (el 5 y el 6 salen en junio) y otros dos están ya programados para 2023″, contó María Amelia Macedo, editora del grupo Penguin Random House, que define a Ana como “una niña precoz, carismática, inteligente, perspicaz, de lenguaje florido e imaginación alborotada que tiene ambiciones literarias y está decidida a ganarse un lugar en la vida. Es una niña empoderada y valiente, que logró encantar a todas las edades”.
El primer volumen de la exitosa saga
Tal es el éxito de la saga, PRH publicó, también bajo el sello Molino, una reversión titulada Anne sin filtro, de las españolas Iría Parente y Selene Pascual, autoras del best seller juvenil Rojo, blanco y sangre azul. “En versión contemporánea se retoman los personajes de la serie original y se incluyen temáticas LGBTQ+”, completó Macedo.
“Nosotros lanzamos Anne, la de Tejados verdes en abril de 2021 y ya vamos por la tercera reimpresión. Luego, salimos con Anne la de Avonlea y también reimprimimos. Recientemente lanzamos el tercer tomo Anne, de la Isla. Nuestras ediciones son traducciones propias completas del original y están ilustradas por Pablo De Bella. Para el lanzamiento hicimos campaña con diferentes Tik Tokers, vimos que el público que consume las sagas son, por un lado, jóvenes y en su mayoría mujeres, de entre 12 y 16 años. Pero también observamos que eran releídos por mujeres adultas”, explicó Mara Tomaino, de Catapulta.
La edición actual de Emecé
Como dice Atwood, quienes se identifican con Anne “se reconocen carentes de poder, ridiculizados e incomprendidos. Ella se rebela de la manera en que a ellos les gustaría rebelarse, logra aquello que a ellos les gustaría lograr y es amada del modo en que a ellos les gustaría ser amados”.

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