martes, 29 de enero de 2019

MARCELO LARRAQUY...ARGENTINA; UN SIGLO DE VIOLENCIA POLÍTICA

Resultado de imagen para "La Tortura" del libro "Argentina. Un siglo de violencia política", de Marcelo Larraquy. Ed Sudamericana 2017
“El arte de la tortura es no matar”: las historias secretas del comisario Lombilla, el torturador más temible del primer peronismoDirigía la Sección Especial de Investigaciones. En un anexo de la comisaría 8°, en Urquiza 556, había montado un centro de torturas para opositores al gobierno. Pese a las centenares de denuncias, jamás fue condenado. El emblemático caso del estudiante Bravo y su relación con Perón

Por Marcelo Larraquy
Periodista e historiador (UBA)

El comisario Cipriano Lombilla es uno de los personajes menos investigados de los dos primeros gobiernos de Perón. Su memoria sólo perduró en los testimonios de los torturados de la Sección Especial Investigaciones de la Policía Federal que él comandaba.
En su época, su sólo nombre ya resultaba temible para estudiantes y la oposición política y obrera. Lombilla era un torturador que exhibía su impunidad: en su despacho tenía un portarretrato con una foto dedicada por Perón en la que posaba junto a él.
La Sección Especial era, en la práctica, un organismo autónomo de la Policía Federal. Respondía directamente a la Dirección de Informaciones Políticas, que dirigía el comandante de Gendarmería General Guillermo Solveyra Casares. La Dirección estaba en la Casa Rosada, en un despacho contiguo al del presidente Perón.
Lombilla identificaba su oficio con una frase que transmitía a sus asistentes: "El arte de la tortura es no matar. Es jugar siempre al límite para lograr la confesión, pero evitar que el detenido muera sobre la mesa".
La policía de Perón
Perón confiaba en la policía por encima de cualquier otra fuerza de seguridad. La Policía Federal había facilitado la concreción del hecho político fundacional de su liderazgo, el 17 de octubre de 1945. Ese día, la propia policía gritaba "¡Viva Perón!" al paso de los manifestantes.
Perón concibió a la fuerza policial como un cuerpo político. En sus dos primeras presidencias, la policía vigiló, encarceló y torturó a dirigentes políticos, gremiales y estudiantiles de la oposición; también fue un obstáculo para las conspiraciones internas de los militares contra el gobierno.
Perón simpatizaba con la fuerza que había sido creada en forma casi simultánea con su irrupción en la política y les otorgó a sus integrantes mejores sueldos, condiciones laborales y beneficios previsionales. Además, hizo realidad un reclamo corporativo: que la policía tuviese su propio Código de Justicia y sus conductas fuesen juzgadas por sus pares. Como sucedía con los militares.
La "vieja guardia" de la Sección Especial de Investigaciones del gobierno de Perón había hecho su experiencia en la Sección Orden Político comandada por Leopoldo Lugones (h)a inicios de los años treinta, durante la dictadura del general José Félix Uriburu.
En el sótano de la cárcel de la Penitenciaría, donde prestaban sus servicios, habían torturado a radicales, anarquistas, comunistas, estudiantes y militares, entre otras víctimas.
Esas prácticas se reprodujeron en la Sección Especial que dirigía el comisario Cipriano Lombilla.
La repartición estaba ubicada en un edificio anexo a la Comisaría 8ª, Urquiza 556, en Buenos Aires.
Mientras Perón ponía en marcha las reformas sociales, que representaban una demanda histórica de los trabajadores, el movimiento obrero se fue convirtiendo en la base de la movilización popular. Pero aquellos sindicatos que quisieron mantener su autonomía frente a la CGT y el Estado padecieron la persecución y la tortura.

Como sucedió en 1949 con los afiliados telefónicos que luchaban por mantener sus derechos gremiales, despojados luego de la intervención de la CGT, alineada con el sindicalismo "vertical" peronista. Los telefónicos se declararon en huelga. En respuesta, el gobierno aplicó la política de "trato duro" con los gremios disidentes.
En la madrugada del 1º de abril, un grupo de policías de la Sección Especial, sin orden judicial, allanó 40 domicilios de empleados telefónicos; veinte de ellos fueron trasladados a a Urquiza 556.
El episodio obtuvo notoriedad, sobre todo porque las torturadas eran operadoras telefónicas. Una de ellas, Nieves Boschi de Blanco, estaba embarazada. La sacaron de su casa, la llevaron a la comisaría de Ramos Mejía y luego Lombilla, junto al oficial principal José Faustino Amoresano y otros cuatro policías, se ocuparon de interrogarla.
La acostaron en una camilla y le aplicaron la picana eléctrica con una intensidad que variaba entre los cincuenta y los cien voltios, al principio sobre la ropa, y luego sobre su cuerpo. Para ahogar sus gritos, colocaron un disco de jazz en el fonógrafo.
"Te vamos a hacer largar el hijo antes de tiempo", le advirtieron. La operadora fue trasladada a un calabozo del Departamento Central de Policía. Le tomaron fotografías, legalizaron su detención y luego fue liberada. En la Sala de Primeros Auxilios de Ramos Mejía le comunicaron que había perdido el hijo.
Algunos gremios y partidos opositores reclamaron la supresión de la Sección Especial y la reincorporación de empleados telefónicos, dejados cesantes tras las torturas. Pero desde la Presidencia de la Nación se destacó el desempeño de Lombilla y otros funcionarios en "la pesquisa destinada a identificar a los integrantes de un grupo de comunistas que bregaba constantemente para producir una atmósfera de intranquilidad y descontento ante el personal de Teléfonos del Estado".
El "boicot" de Reyes
Otro grupo que fue trasladado a la Sección Especial fue el del diputado Cipriano Reyes, que había resultado clave para la movilización popular del 17 de octubre de 1945, pero luego se había negado a desarmar el Partido Laborista, pese a que Perón había ordenado disolver todas las agrupaciones partidarias que lo habían llevado al poder.
Reyes ya había sobrevivido a varios atentados contra su vida, cuando fue en septiembre de 1948 fue acusado de participar en un supuesto complot junto a un espía norteamericano con el objetivo de matar a Perón. El mismo Perón, frente a la multitud en Plaza de Mayo, aludió a Reyes como "un payaso que hace creer que lucha" por el pueblo trabajador y que el plan para matarlo, pagado por "el oro extranjero", había sido abortado.
Ese día Evita también habló desde el balcón. Dijo que había que fiarse de la Justicia, como había dicho Perón. Pero había que tener en cuenta algo más: "Sepan que si ellos no obedecen la consigna de luchar por una Argentina libre, justa y soberana, el pueblo puede tomarse algún día la justicia por sus manos". Ese día, si llegara, dijo Eva, ella estaría a la cabeza del pueblo si fuera necesario.
Reyes y su grupo fue trasladado a la Sección Especial. Les fueron colocando cadenas, vendas y capuchas negras. De a uno, fueron pasando a una oficina, los subieron a una mesa, los ataron de brazos y piernas con correas de cuero y los tuvieron en silencio, desnudos, por un rato largo. Pero no los tocaron hasta que llegó el jefe. Reyes escuchó su voz persuasiva.
—¿Dónde tenés escondidas las armas? —le dijo—. ¿Cuántos son los militares comprometidos?
A cada pregunta la acompañaba con la aplicación de la picana eléctrica. En la oreja y la planta de los pies. Los gritos de Reyes se apagaban con música. Pero Reyes se ahogaba, se hundía, se iba. Le oprimieron el pecho, trataron de extraerle la lengua para salvarlo. Le desataron las correas, lo incorporaron, le tomaron el pulso. Cuando ya estaba mejor, volvieron a golpearlo.
El jefe de la Sección Especial, comisario Lombilla, en el oído, le susurraba que confesara todo lo que Reyes no sabía. Lo dejaron tirado en el calabozo. Lombilla recomendó que no le dieran agua
Reyes parecía muerto.
Parte de la dirigencia laborista detenida en la Sección Especial atravesó experiencias parecidas a la suya. El algodón en los ojos, el vendaje, la mesa de tortura, las preguntas sin respuesta, el alambre electrificado —dos alambres en algunos casos—, el amplificador con música, los gritos ahogados, el desmayo, el calabozo, la sed.
El radiólogo Luis Eugenio García Velloso, que formaba parte del grupo, no se salvó del vendaje, pese a ser ciego. Le movieron la mano para que firmara una declaración en la que se autoincriminaba.
Cuatro días después de la detención, llegó a la repartición policial el juez Oscar Palma Beltrán para indagarlos. Pidió el nombre de todos. Eran catorce. La mitad de ellos habían sido torturados. Algunos supusieron que el juez actuaría en su defensa y denunciaron los tormentos. El magistrado les explicó que los había hecho reunir en la Sección Especial para facilitar la actuación de la Justicia.
Excepto Cipriano Reyes y el sacerdote Jordán Farías, que hicieron una pasada por la enfermería de la Penitenciaría para ser restablecidos, el resto fue a la cárcel de Devoto. La esposa de Reyes estuvo ocho meses detenida sin proceso judicial. El juez no encontró elementos para condenarlos. Pero la Cámara revirtió la sentencia. Reyes no saldría en libertad hasta la caída de Perón, en 1955.
El caso Bravo
Otro caso de resonancia por torturas de la Sección Especial de mayor resonancia fue el del estudiante Ernesto Mario Bravo. Apenas fue detenido, su madre escribió a Perón:
"Angustiada por la desaparición de mi hijo Ernesto Mario Bravo, desde su detención 17 de mayo por policía Sección Especial y agobiada por los más sombríos presentimientos, ruego nuevamente Excmo. Señor Presidente dignarse impartir instrucciones para urgente esclarecimiento del hecho y concederme audiencia."
Perón estaba enfrentado con la comunidad universitaria. El gobierno militar del GOU, que él integraba, había disuelto las organizaciones estudiantiles, clausuró universidades y detuvo rectores y decanos.
En 1945, la agremiación estudiantil se alineó con la Unión Democrática para las elecciones de febrero de 1946 y enfrentó en la calle a grupos peronistas y de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), un grupo de choque liderado por Juan Queraltó. En esa batalla hubo varios muertos. Dos estudiantes de Ingeniería de La Plata, Jorge Bakmas y Julio Rivello, fueron asesinados por negarse a vivar a Perón.

El 4 de octubre de 1945, Aarón Salmún Feijoo fue muerto cuando un grupo de diez personas de la Secretaría de Trabajo y Previsión lo interceptó en Perú y Avenida de Mayo, en el marco de la huelga estudiantil en la Facultad de Ciencias Exactas. Le dispararon un tiro en la boca. Fue considerado "el primer mártir universitario".
Tras la victoria de Perón en las elecciones de febrero de 1946, la universidad se convirtió en un espacio de culto al peronismo, con el restablecimiento de la enseñanza confesional y el uso de bibliografía oficialista.
Expulsaron a más de mil profesores —casi un tercio del cuerpo docente— y designaron a decanos y rectores con precarios antecedentes académicos.
Los estudiantes se mantuvieron en la resistencia. Una fórmula para controlarlos fue el certificado de "buena conducta", requisito imprescindible para la inscripción universitaria, que entregaba la Policía Federal. Los centros de estudiantes fueron vigilados y una red de informantes y delatores policiales se expandió por los pasillos y las aulas.
En este contexto de tensión entre el oficialismo y los universitarios, se produjo la desaparición de Ernesto Mario Bravo, militante comunista, que estudiaba Química en la Facultad de Ciencias Exactas. Fue secuestrado en el barrio de La Paternal el 17 de mayo de 1951. Una comisión policial comandada por el comisario Lombilla fue a buscarlo a su casa. Bravo intentó escapar pero fue aprehendido en la calle Fragata Sarmiento al 1800.
Hubo varios testigos que observaron el procedimiento. Pero la policía negó su participación y el gobierno no dio respuesta a sus familiares. Se intuía que Bravo correría el mismo destino que el Carlos Aguirre en Tucumán en 1949: secuestro, torturas, desaparición y muerte.
El caso Ernesto Bravo fue tomado por radicales, católicos, el diario La Nación, toda la oposición, como el símbolo de la represión de la Sección Especial. La Federación Universitaria Argentina (FUA), presidida por David Viñas, declaró dos días de paro. Su desaparición también fue denunciada en la Cámara de Diputados.
El peronismo no se quedó de brazos cruzados. Salió a responder. Denunció que era un caso "autosecuestro": a Bravo lo habían retenido los mismos estudiantes porque necesitaban un mártir, una bandera, para movilizarse contra el gobierno.
Después de 26 días sin noticias sobre su paradero, Bravo apareció. La versión policial indicaba que el estudiante supuestamente secuestrado había sido detenido tras un "tiroteo con la policía".
La prensa y los diputados oficialistas avalaron la versión. Bravo fue acusado de "abuso de armas y resistencia a la autoridad". El juez lo interrogó durante dos días. Su relato contradecía la narración oficial.
Bravo relató que luego de su detención fue conducido a la Sección Especial. Lo golpearon 10 hombres, a patadas y con cachiporras hasta que se desvaneció; lo desnudaron en una celda y le tiraron baldes de agua fría. Lo dejaron solo durante todo un día pero le impidieron dormir. Bebía agua del piso y su propia a orina.
Cada tanto, un kinesiólogo le hacía masajes para reanimarlo, y también le enyesaron el dedo anular y el meñique, que se habían quebrado por los golpes. Cuando observaron que su vida corría peligro, la policía recurrió a un médico. Bravo nunca lo pudo ver. Cada vez que lo atendía le vendaban los ojos. Lo llamaban "el doctor Maciel".
Después, una inyección le fue haciendo perder el conocimiento, aunque percibió que era trasladado en una camioneta a una casaquinta donde permaneció esposado en una cama. Allí también lo visitaba el "doctor Maciel".
Poco a poco, se fue sintiendo mejor. El 13 de junio le trajeron un peluquero, lo afeitaron, le dieron las mismas ropas con las que había sido detenido —lavadas y planchadas— y lo retiraron del lugar. Después de tres horas de viaje en auto entró en una comisaría. A la mañana siguiente fue obligado a declarar ante la Justicia bajo la acusación de "abuso de armas y resistencia a la autoridad".
El testimonio de Bravo a la justicia era verosímil. El cuerpo médico de Tribunales constató fracturas en los dedos, hematomas, huellas de las inyecciones. Pero, hasta ese momento, en el expediente había dos versiones contrapuestas: el informe de la policía y los dichos de Bravo.
El doctor Caride: el testigo incómodo
Cinco días después, surgió la tercera versión: la del "doctor Maciel", que eran en realidad el médico Alberto Caride, jefe de Traumatología del Hospital Ramos Mejía, ubicado en la calle Urquiza, frente de la Sección Especial.
Caride explicó a la Justicia que había sido contactado por teléfono por el oficial principal Amoresano en la madrugada del 18 de mayo de 1951. Lo pasaron a buscar por su casa.Ya había atendido en forma privada a pacientes detenidos en la Sección Especial. A uno de ellos le había amputado la pierna izquierda, otro había quedado estéril por los castigos, y también había tratado por una enfermedad de columna al gobernador bonaerense, coronel Domingo Mercante, entonces "lugarteniente" de Perón. Caride suponía que esa era la vinculación con el llamado. Pronto supo que no.
El comisario Lombilla lo recibió en su escritorio. Tenía a primera vista la foto en la que posaba con Perón, con una dedicatoria personal del Presidente. Le comentó que sus médicos estaban de vacaciones y necesitaba sus servicios. Sabía que él también preparaba las suyas. Lombilla le dio el pasaporte que había gestionado en la policía para viajar al exterior. Pero le explicó que iba a tener que suspenderlas. A uno de sus muchachos "se le había ido la mano" con un detenido y ahora quería dejarlo bajo su responsabilidad para que hiciera lo que pudiera. Pero si no fuera así, "mala suerte…", le dijo.
Caride fue guiado por Lombilla por el interior de la Sección, empujaron una puerta de metal, entraron en una "cueva". Había una figura postrada en la oscuridad que respiraba con dificultad. Estaba inconsciente. Tenía la cara deformada, el cráneo hundido. Le brotaba sangre de la boca.
—Este es el hombre —lo presentó Lombilla.
Caride se agachó para separarle los párpados, los hematomas se lo impedían. Cuando se paró para hablar con Lombilla se encontró cercado por hombres con pistolas al cinto. Advirtió que él también era un prisionero.
—Hay que darle agua —dijo el médico.
Lombilla se negó.
—Hablemos abajo –dijo.
La puerta metálica volvió a cerrarse con candado.
Fueron a la oficina del Archivo. Lombilla no quería muchos testigos. Estaba Amoresano y algún asistente más. Había muebles con centenares de prontuarios. El comisario le pidió una evaluación de lo que había visto.
—Tiene conmoción cerebral —dijo el médico.
—Puede ser. Le dimos tres horas de picana…

Lombilla le transmitió a Caride sus experiencias como torturador. Si la picana se aplica por mucho tiempo, los músculos se contraen y el detenido queda duro. La mandíbula es lo primero que se endurece. A menudo se ablanda con una buena trompada. Pero en el caso de este detenido, le explicó Lombilla, los golpes no resultaron.
Caride propuso internarlo en un sanatorio lo más rápido posible. Lombilla le explicó que podía atenderlo en la repartición.
—¿Cuánto tiempo se necesita para que se recomponga? —preguntó.
El médico no podía precisar si se recuperaría en forma completa.
—Las conmociones cerebrales dejan huellas que son imposibles de predecir.
Si el diagnóstico era complicado, Lombilla comentó que podía hacer atropellar al detenido por un auto y que el problema se resolviera con un "accidente". Podía ser un auto de la Sección Especial.
—Las denuncias van a la Dirección de Tráfico de la Policía y no tardan mucho en archivarse…
La hipótesis del "accidente" quedó flotando en el aire.
Lombilla también le explicó por qué no le daban agua al detenido. Después de las torturas, había que dejar pasar al menos cuarenta y ocho horas para que el sistema digestivo le permitiese tragar algo. Ni siquiera podía hacerlo por enema. Pero le admitió a Caride que tenía razón.
—…lo de la conmoción cerebral quizás haya sido porque lo agarramos de los pelos y le golpeamos la cabeza contra la mesa —dijo.
El arte de la tortura es no matar, explicó Lombilla. Es jugar siempre al límite para lograr la confesión, pero evitar que el detenido muera sobre la mesa.
La muerte era considerada un imprevisto en la Sección Especial.
Le había ocurrido una vez a Amoresano. Empezó a torcerle las muñecas a un detenido que continuaba sin hablar, o mejor dicho, sólo se quejaba. Ese día estaba con mucho trabajo y Amoresano perdió la paciencia. Le dio un golpe en el pecho y el corazón y se le plantó en el acto.
Lombilla se sonrió por la mala suerte de su ayudante.
Del Archivo fueron hacia un pequeño depósito de medicamentos. Lombilla dijo que tomara lo que le hiciera falta. No había mucho. Caride decidió ir a su consultorio de Riobamba 261 para retirar jeringas, suero, una sonda. Lo acompañó Amoresano.
Cuando regresó a la Sección Especial, el médico hizo las primeras curaciones al prisionero. Recomendó que le pusieran una bolsa de hielo para bajarle la fiebre y, en lo posible, que lo colocaran en una cama con un colchón, frazadas, almohada.
Lombilla lo invitó a tomar un café en su despacho. Se preocupaba por ser cortés con el médico. Le habló de Perón. Tenía buena relación con él. El General estaba apadrinando los estudios de su hijo como cadete del Colegio Militar.
Pasadas las seis de la mañana, lo dejaron ir. Quedó una guardia de policías vigilando su casa. A la tarde Caride fue a hacer visitas médicas acompañado por un oficial. A la medianoche volvió a la Sección Especial para ver al detenido ilegal. Estaba tirado sobre un felpudo; no había hielo ni se había aplicado nada de lo que indicó. Un par de zapatos en la cabeza le servían de almohada. Todo el resto estaba igual.

Caride protestó ante Lombilla y el comisario le pidió que no se alterara. No tenía mucho margen para quejarse.
-Cualquier acusación que haga en nuestra contra sólo servirá para comprometerlo. Continúe con nosotros y en silencio. No tiene otra salida.
Conexión Balcarce 50
La Sección Especial era un "agujero negro" de la Policía Federal. Lombilla le explicó el funcionamiento. En teoría, su repartición dependía de la División de Investigaciones de la Policía Federal. Pero en la práctica era una repartición autónoma que reportaba a la División de Informaciones Políticas de la presidencia de la Nación, que dirigía el comandante de Gendarmería, general Guillermo Solveyra Casares.
En 1938, Solveyra Casares había creado y comandado el primer servicio de la inteligencia de la fuerza e internó a sus gendarmes, vestidos de paisanos, en los bosques del Territorio del Chaco para buscar información que ayudara a capturar a Segundo David Peralta, alias "Mate Cosido", y otros bandoleros sociales que atormentaban, con asaltos y secuestros, a gerentes de compañías extranjeras y estancieros.
Solveyra Casares tenía su despacho contiguo al del presidente en la Casa Rosada y participaba en las reuniones de gabinete.
El hombre de "enlace administrativo" entre Balcarce 50 y Urquiza 556 era el subcomisario José González, que revestía como subjefe de Informaciones Políticas y también como subjefe de la Sección Especial, un escalón por debajo de Lombilla.
—Rendimos cuentas a Perón, no a la policía —explicó Lombilla, y prosiguió—. Desde el punto de vista legal, yo sé que podría ser condenado por mil casos… Ve aquella pila de papeles…
Caride se dio vuelta. Era una pila de carpetas de quince centímetros de altura.
—…son denuncias de los presos de la Sección Especial que se presentaron en la Justicia. Los jueces las envían de vuelta para acá y yo las archivo.
Había un procedimiento interno, de confianza mutua, entre Lombilla y los jueces. Funcionaba como una señal de alerta: si el magistrado decidía un allanamiento a su repartición, lo llamaban por teléfono, y sus subordinados realizaban el traslado interno de los detenidos a la Comisaría 8ª, y la Sección Especial se mantenía "limpia".
Los días que siguieron, Caride continuó visitando a Bravo. Ya se alimentaba. El médico tenía la certeza de que no se moriría. Mientras tanto, en todo momento del día, lo acompañaba Amoresano.
Si visitaba a algún paciente en su casa, el oficial se acomodaba en la sala de espera. El policía había tomado confianza con el médico. En una oportunidad le mostró una polea de la sala de torturas que había traído del Paraguay para colgar de los tobillos a los opositores políticos, y un pequeño motor eléctrico, algunos rollos de alambre y una aguja de tortura que, atada al alambre, aplicaba sobre sus cuerpos.
Después Bravo fue trasladado y Caride comenzó a visitarlo a la quinta de Paso del Rey, en el Oeste. Bravo siguió sufriendo mareos pero se fue recomponiendo; tenía una fisonomía más presentable.
El 10 de junio le informaron que Bravo quedaría en libertad y ya no necesitarían sus servicios. Bravo tenía puesto un traje. Como le habían robado los zapatos que usaba el día de la detención, una comisión policial allanó su domicilio y trajo otro par para calzarlo.
Al día siguiente, Bravo ya estaba formalmente detenido en la Comisaría 45ª y listo para declarar ante la Justicia.
Pocos días después Caride relató el caso a los diputados radicales Silvano Santander y Miguel Ángel Zavala Ortiz, quienes acompañaron su presentación ante el juez. Su testimonio fue omitido por la prensa oficialista, que dejó de mencionar el caso.
Caride tuvo que exiliarse al Uruguay.
Lombilla y Amoresano fueron imputados por el delito de "privación ilegal de la libertad y lesiones", pero dos años después, en 1953, fueron sobreseídos.

*Texto editado del capítulo "La Tortura" del libro "Argentina. Un siglo de violencia política", de Marcelo Larraquy. Ed Sudamericana 2017. @mlarraquy

LA SANTA CASA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES.....VISITALA

La Santa Casa de Ejercicios Espirituales: tranquilidad colonial en medio del vértigo de Constitución
A pocos metros de la avenida 9 de Julio, en la manzana que rodean la avenida Independencia y las calles Estados Unidos, Lima y Salta, se levanta una de las construcciones más antiguas que sobreviven en la Ciudad: la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, fundada hace 223 años por la beata María Antonia de Paz y Figueroa.
Detrás de las paredes austeras de color blanco con ventanas, rejas y faroles coloniales, el edificio es un misterio para quienes transitan a diario por la zona. Aunque a su alrededor el bullicio es constante, en el interior de la casa no se oye demasiado. Quizás son los viejos muros de ladrillo cocido los que contienen el ruido del exterior. Atrás queda el trajín de los autos que se detienen a cargar combustible en la estación de servicio que da a la calle Lima, o el paso apurado de los usuarios de la línea de subte E. Puertas para adentro el ambiente es apacible.
El aljibe de la casa
La casa fue declarada Monumento Histórico Nacional el 21 de mayo de 1942 y aún conserva en sus salones, claustros y patios la memoria de una época. La construcción comenzó, gracias a la donación de terrenos de familias que cedieron las escrituras de la manzana, a fines del siglo XVIII por obra del arquitecto Juan Campos y quedó inaugurada el 7 de abril de 1795.
El edificio se divide en el Beaterio, la Casa de Ejercicios y la Casa del Capellán y fue realizado con ladrillo cocido y cal traída de las Barrancas de Belgrano, lo que permitió que sus paredes de un metro de espesor permanezcan intactas. Se trata de la construcción más colonial que se mantiene en pie en la Ciudad y que por su carácter histórico no puede ser modificada, salvo que se trate de restauraciones que mantengan los planos originales.
Un espacio de tranquilidad
Hasta hace algunos años las fachadas se veían vandalizadas con pintadas y no se podía caminar por la vereda de Independencia debido a que eran muy angosta. Solo podía pasar una persona a la vez, e incluso la vereda tenía un guardarail que la separaba de la calle. Tras una restauración a fines de 2016, se pintaron y arreglaron todos los muros y se ensancharon las veredas de Independencia y Salta. Incluso se colocaron luces en el piso para resaltar el edificio de noche.
Camila Piris Machado, la arquitecta especialista en Conservación y Preservación del Patrimonio que dirigió la obra de puesta en valor explicó "Una de las intervenciones fue el ensanche de la vereda, que estaba desvinculada del tejido urbano. Así se incorporó al peatón a la circulación de la manzana". Además de restaurar las paredes también se colocaron baldosas y se dejaron los bordes originales de las veredas de la época colonial. También se incorporaron luminarias y se renovaron los solados.
Una estatua de la fundadora de la casa
LA ESTRUCTURA COLONIAL
Con una estructura que se parece a las construcciones medievales de España, los muros son amplios, hay pocas ventanas al exterior, las puertas son de algarrobo, los techos de tirante y los herrajes, originales. Al recorrer los pasillos o claustros aparecen a la vista faroles coloniales de tres caras, los mismos que Juan José de Vértiz colocó sobre la calle Florida, una de las obras por la cual lo llamaron "el Virrey de las Luminarias".
"La parte histórica es tan rica que sobrepasa cualquier relato anecdótico", sostuvo durante una recorrida la historiadora Graciela Ojeda de Río, encargada desde hace años de las visitas guiadas que se realizan el primer domingo de cada mes y quien fue además nombrada por el Papa Francisco -en aquel entonces arzobispo de la ciudad de Buenos Aires- como parte de la comisión de peritos históricos en la causa de beatificación de su fundadora, el 27 de agosto de 2016 en Santiago del Estero.
Imágenes en el interior de la casa
El Salón de las Américas es el lugar donde solían reunirse grupos de mujeres que consideraban a la fundadora "Patrona de las Mujeres Empresarias Argentinas". A un costado de la sala todavía se encuentra un viejo piano con candelabros que perteneció a Manuelita, la hija de Juan Manuel de Rosas. Hoy el lugar es utilizado como sala de conferencias y espacio de reuniones para retiros abiertos.
Al ingresar a otra de las salas hay más objetos de época: un piano que perteneció a la familia Sáenz Valiente, similar al que usó Mariquita Sánchez de Thompson para cantar el Himno Nacional y que se encuentra en la quinta Los Ombúes, un costurero antiguo, cuadros donados por familias y un reloj a cuerda de 1703 obsequiado por los británicos en la época de las invasiones inglesas.
Un lugar de recogimiento
El edificio tiene seis patios coloniales, dos capillas y dos comedores. Uno de ellos es el "Patio de la Entrada o Jazmines", que mantiene sus columnas y ladrillos originales. En el claustro del Beaterio aparece colocada sobre la pared una cruz de 47 kilos que llevaban los ejercitantes sobre los hombros como práctica de piedad.
EL ROL DE SU FUNDADORA
En la casa hay cuadros y esculturas que rinden homenaje a Paz y Figueroa. Afuera, antes de llegar a la calle Lima, se destaca sobre la fachada el retrato de una mujer que sostiene una cruz. A su lado aparece la Virgen de los Dolores y a un costado las siglas "IHS", el logo de los jesuitas. Más arriba se lee entre cerámicos lo siguiente: "Mama Antula", el nombre en quichua de su fundadora.
El altar de la casa
Al hablar de su protagonismo, la historiadora Ríos subraya el liderazgo que tuvo la beata, casi tres siglos atrás, cuando la mujer debía estar acompañada siempre por un hombre. "Logró realizar ejercicios con mujeres de la nobleza y esclavas. Tenía un espíritu muy superior", señala. Primero consiguió el permiso del obispo de Jujuy y después de su llegada a Buenos Aires, en 1789, la autorización del Virrey Nicolás Arredondo para edificar la casa y brindar ejercicios espirituales ignacianos.
LAS DOS CAPILLAS
En la Capilla Chica o del Beaterio, utilizada por lo general para retiros, hay maderas del siglo XVIII y una serie de cuadros que representan las estaciones del viacrucis, con inscripciones en francés, donados en la época de Napoleón III. En otro sector está la Capilla de los Ejercitantes, que da a la calle Salta y donde los todos domingos se realizan misas abiertas al público.
Un remanso en medio del caos
La capilla está dentro de la Casa de Ejercicios y entre sus imágenes aparece San Cayetano y San Ignacio de Loyola, creador de la Compañía de Jesús y de los ejercicios espirituales. "Él crea esta forma de meditación, que se caracteriza por estar unos días retirados de la vida habitual para reflexionar", dice la historiadora y explica que se trata de un trabajo de introspección con ejercicios tanto para laicos como para religiosos.
Al ingresar a la cocina, remodelada con el transcurso de los años, se observan mayólicas con bordes azules originales de Francia. En ese lugar hace 200 años las beatas cocinaban las empanadas que le enviaban a Rosas. Allí llegaban los proveedores de alimentos y los aguateros. Al salir aparece un patio con soleras en el que hay un naranjo, una palmera y una magnolia de la época colonial. Cuenta la historia que allí Mariquita Sánchez, recluida en la casa como "depositada", se encontraba con un pretendiente que se acercaba a visitarla con la complicidad del aguatero y con quien finalmente se terminó casando años después.
Una imagen de Jesús en la cruz
A un costado del patio está la despensa, las habitaciones que eran de los esclavos y una segunda cocina utilizada para amasar. Al ingresar se observa un torno que se comunicaba directo a la Casa de Ejercicios y arriba de él, sobre la pared, un retrato del Padre Carlos Mugica. Al cruzar la puerta se llega al viejo comedor que se utilizaba en la época colonial, donde hay cuadros y faroles de la época. Al frente del salón hay una escultura de la fundadora, quien modificó su apellido por el de San José y murió el 7 de marzo de 1799 en la celda 8 de la Casa de Ejercicios.
También se puede recorrer el Patio de las Ánimas, donde cobra protagonismo otra joya colonial: un banco enviado desde el Cabildo cuando fue achicado. En los alrededores hay habitaciones o "celdas", que tienen salida al exterior y son en total más de 90 en toda la casa, y pegado a la Capilla de los Ejercitantes está el Patio de la Cruz. Allí en la antigüedad se realizaba la reflexión final de los ejercicios. Todavía está colocada una cruz colonial, un aljibe y tres campanas con un reloj de sol.
Así estaba la fachada antes
VISITAS Y ACTIVIDADES
Aunque no hay documentación precisa, debido a que los archivos fueron quemados cuando se incendió la Curia Metropolitana en 1955, pasaron por la casa los grandes próceres de la historia argentina, virreyes, gobernadores y todos los presidentes También fundadores de otras misiones como el Cura Brochero.
En el edificio viven las hermanas de la Congregación Hijas del Divino Salvador y además de retiros, ejercicios abiertos y visitas guiadas, todos los años la casa participa de la "Noche de los Museos". En uno de sus últimos deseos "Mama Antula" dejó en su testamento un pedido especial: que la conducción del lugar esté siempre a cargo de una mujer, que en la actualidad desempeña la superiora Julia Zurraco

CIENCIA ARGENTINA


Hemofilia: desarrollan el factor de coagulación por ingeniería genéticaPor primera vez en el país, el Laboratorio de Hemoderivados logró producir la proteína que evita hemorragias; si el proyecto avanza , la Argentina podría convertirse en el tercer proveedor del mundo
1964, cuando Arturo Illia creó el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), su intención fue que la población accediera a medicamentos para enfermedades complejas protegida de intereses comerciales.
Cincuenta y cinco años después, el mismo laboratorio que produce soluciones farmacológicas con derivados de la sangre para la Argentina y otros países de Latinoamérica, logró desarrollar con ingeniería genética el factor IX de la coagulación que falta en personas con hemofilia B.
Los investigadores tomaron la secuencia de ADN que sintetiza en el organismo el factor IX y la introdujeron en un vector para que la transporte al interior de células animales. Cultivaron esas células en un biorreactor a escala de laboratorio y ahora poseen la materia prima de esa proteína de la coagulación de la sangre.
"La ventaja es que con esta tecnología nos independizamos de la fuente natural del factor IX, que es el plasma sanguíneo, y ahora es producida por la célula que está en cultivo", subraya Carlos Argaraña, uno de los asesores científicos del proyecto Biohemo e investigador del Centro de Investigaciones en Química Biológica (Ciquibic).
Otra virtud "es la gran inocuidad de la proteína final -agrega- comparada con la que se purifica de tejidos naturales", porque se eliminan los riesgos de contaminación con agentes infecciosos.
El conocimiento y el producto son el resultado de un consorcio público en el que intervinieron los científicos José Luis Bocco, del Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici); Carlos Argaraña y José Luis Daniotti, del Centro de Investigaciones en Química Biológica (Ciquibic), ambos de la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet; y el Laboratorio de Hemoderivados, con Catalina Massa, Cristina Arias, Daniel Corona y Daniel Martínez.
"Obtuvimos una proteína de buena calidad y pureza, y con la actividad necesaria para cumplir con los requerimientos de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat)", destaca Corona.
Logramos un factor IX recombinante con identidad biológica e inmunológica, y propiedades físico-químicas similares al que se comercializa actualmente en la Argentina. Lo que viene es una etapa no menos compleja: la de producirlo masivamente y pasar todas las pruebas para que llegue a quienes lo necesitan", apunta Bocco.
El próximo paso es la construcción de la planta Biohemo en terreno ya asignado de la ciudad universitaria de la UNC, donde se producirá el medicamento para comercializarlo y se realizarán las pruebas de seguridad.
Prueba y error
La hemofilia B es un problema de coagulación de la sangre que predomina en varones. Su causa es la deficiencia del factor IX y puede ser leve, moderada o grave.
En la Argentina hay alrededor de 250 personas que la padecen, aunque se estima que está subdiagnosticada. Se consumen 8.208.000 unidades de factor IX recombinante importado, que representan el 36 % del total de uso de ese medicamento. Según datos del Laboratorio de Hemoderivados, desde 2011 a la fecha, el consumo aumentó el 160% en el país y el mundo.
Tomás Díaz, de Villa María, Córdoba, tiene 21 años y padecen hemofilia B moderada desde los 13.
Cuenta que solo recurre al factor IX ante una cirugía programada, pero que siempre tiene que tener una reserva en su heladera por si sangra por algún corte o golpe.
Se la descubrieron cuando, durante un partido de rugby, se golpeó el bíceps y se le produjo un hematoma. "Fui a cirugía para que me lo sacaran, pero al mes tuve una infección, me hicieron nuevos estudios y encontraron hemofilia B. Estuve mucho tiempo en rehabilitación y me donaron 2 litros de sangre", recuerda.
Le costó asumir la enfermedad y una de sus consecuencias: dejar de jugar al rugby. Y aunque hace vida normal y juega al fútbol con amigos, siempre tiene el medicamento en la heladera por las dudas.
El proyecto Biohemo obtuvo parte del financiamiento del Fondo Argentino Sectorial (Fonarsec) para comenzar a trabajar en 2014. Fueron cuatro años de ensayo y error. "Uno lee un trabajo, trata de replicarlo, pero generalmente no obtiene el resultado que busca. Entonces, investiga por qué, vuelve a empezar... ", apunta Martínez.
Podrían haber comprado directamente el clon (la célula animal que lleva en su genoma el gen del factor IX humano), pero decidieron arrancar desde cero. "De esta manera, además de producir esa proteína, tenemos el conocimiento para desarrollar cualquier otra de interés farmacológico", subraya Corona.
En ese horizonte brillan como posibilidades la insulina, los anticuerpos monoclonales, la hormona de crecimiento, el interferón beta y el alfa, y medicamentos del futuro. Mientras tanto, la adquisición de esta tecnología de punta colocará al país entre uno de los tres proveedores de factor IX recombinante en el mundo.
Made in Córdoba: Desarrollo de última generación
Daniel Corona, José Luis Daniotti, José Luis Bocco, Carlos Argarana y Daniel Martínez forman parte del proyecto Biohemo, que logró producir por métodos de ingeniería genética una proteína faltante en la sangre de las personas con hemofilia. Aunque no hay estimaciones definitivas de cuánto costará el medicamento una vez que se finalice su escalado y aprobación por la Anmat, se calcula que, por tratarse de un laboratorio público y con una misión social, tendrá un valor más bajo que lo que actualmente se comercializa en el país.

COMBATIR EL DELITO SIN DAÑO


Así funcionan las pistolas Taser El gobierno nacional adquirió este tipo de armas no letales para usar en aeropuertos y en estaciones de trenes
"En los grandes aglomerados de personas está probado que es muy eficaz para no tener que usar armas de fuego", señaló en declaraciones radiales el secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco.


El modelo que adquirió el Gobierno es el X26P, un dispositivo de transmisión de impulsos eléctricos de muy bajo amperaje. Según trascendió, el Ministerio de Seguridad ya dispone de un cargamento de 300 unidades. Cada pistola tiene un costo aproximado de 3.000 dólares.
En principio solo la usarán efectivos en aeropuertos y estaciones de trenes
El representante de la empresa Taser en la Argentina, Maximiliano Bucello, explicó cómo funcionan este tipo de armas. "Tiene un protocolo de uso como toda herramienta que porte un oficial de una fuerza seguridad. Dicho protocolo indica cuándo y con qué riesgo se debe usar. La Taser es una alternativa más previo al uso de un arma de fuego", aclaró.
La Taser es un arma intermedia utilizada en varios países del mundo como Estados Unidos, Australia, Francia e Inglaterra, entre otros países. En América ya la usan Brasil, Colombia y México. El modelo X26P tienen alcance de cuatro, siete o 10 metros –como máximo– dependiendo del cartucho.
El experto especificó que las Taser se utilizan en momentos en los cuales hay un claro riesgo de terceros. "Por ejemplo, cuando hay un suicida o una toma de rehenes que atente contra otras personas. En momentos de violencia de género", señaló. Asimismo, remarcó que luego de disparar, la inmovilización del agresor es instantánea y solo dura cinco segundos.

¿Cómo funciona?
– Se disparan los dos electrodos con forma de arpón
– Los dardos se clavan en el agresor mientras el cable conductor los mantiene conectados a la pistola y se produce la descarga eléctrica
– La descarga continúa mientras el oficial aprieta el gatillo, normalmente entre uno y cinco segundos
Según explicó Bucello, los impulsos electrónicos son controlados y cuando alcanzan al atacante le provocan hasta 19 contracciones musculares por segundo, permitiendo su arresto sin poner en riesgo la integridad física del involucrado.
El individuo jamás pierde el conocimiento, es decir que puede escuchar las órdenes del oficial y su ritmo cardiorrespiratorio no se ve alterado. "La persona alcanzada se siente cansada, extenuada. Y ese efecto dura entre cinco y diez minutos", agregó.
Este modelo además se puede utilizar haciendo contacto directo con el agresor, lo que constituye una ventaja, debido a que luego de disparar los dardos, el oficial de policía puede repeler otras agresiones al aplicar el modo de contacto en forma inmediata, con total efectividad.
Las fuerzas federales serán capacitadas para el correcto uso de estas armas no letales
Asimismo, estas pistolas cuentan con un registro de control mediante una memoria digital que almacena datos encriptados solo accesibles a través de un software. En el chip se guardan: fecha y hora de uso y la duración de los impulsos, entre otras cosas.
También cuenta con una cámara HD, la que graba audio y video (por más de una hora) a partir del momento que se le quita el seguro. Incluso registra toda la acción en la oscuridad total.

LAVAJILLAS INTELIGENTES EN EL CES 2018


CES 2018: Este lavavajillas inteligente es ideal para hogares pequeños

La empresa de electrodomésticos Heatworks se presentó esta semana en el CES 2018 en Las Vegas para revelar la novedad más reciente de la compañía: un lavavajillas compacto.
Creado en colaboración con Frog Design, el lavaplatos, llamado Tetra, no requiere instalación de plomería o especial y usa solo medio galón de agua por ciclo, lo que lo hace ideal tanto para el medioambiente como para tu billetera.
Aunque el hogar promedio está compuesto por 2.58 personas, el lavavajillas moderno tiene espacio para 13 personas o más. Esto hace que las personas crean que o bien deben lavar a mano sus pocos platos sucios, que desperdician 10 veces más agua que usar un lavavajillas, o esperar a que una carga de llenado ejecute un ciclo. Con Tetra, se espera cambiar la mentalidad de las personas.
En cuanto al diseño, Tetra es una combinación llamativa minimalista. Su base tiene un elegante aspecto de acero cepillado, y su cubierta superior se asemeja a agua suavemente ondulada. Sin embargo, quizás lo más mejor de todo es que Tetra es completamente transparente, permitiéndote ver exactamente en qué parte del ciclo de lavado de platos se encuentra.
Además, Tetra utiliza la tecnología Ohmic Array patentada de Heatworks para calentar el agua, lo que significa que no utiliza elementos de calefacción metálicos tradicionales que se pueden oxidar. En cambio, los minerales naturales en el agua se excitan usando electrodos de grafito, calentándolo directamente y de manera segura. De esta forma, obtienes un control más preciso de la temperatura del agua y puedes desinfectar tus platos más sensibles, como biberones y recipientes de plástico para almacenar alimentos.
En cuanto a lo que hace que Tetra sea "inteligente", puedes controlar el proceso de lavado de platos a través de la aplicación complementaria del dispositivo, ya que todo está conectado a Internet. Incluso puedes usar la aplicación para ajustar la presión del agua, encender el lavavajillas de forma remota cuando no te encuentras en la misma habitación y personalizar los ciclos para que se ajusten a lo que estés lavando.
Aunque el precio exacto y la disponibilidad de Tetra aún no se han anunciado, Heatworks dice que el mini dispositivo costará menos de 300 dólares y se lanzará en algún momento

EXCELENTE, SR. PRESIDENTE


El Presidente encabezó el acto en recuerdo de las víctimas del Holocausto
Macri, entre sobrevivientes del Holocausto, en un acto celebrado en la Cancillería
En una ceremonia emotiva, Macri pidió que "nunca más se repitan en el mundo procesos de violencia masiva"
El presidente Mauricio Macri encabezó un acto en memoria de las víctimas del Holocausto, a 74 años del horror. La ceremonia en conmemoración y homenaje a las víctimas del genocidio perpetrado por el nazismo se realizó en el Palacio San Martín, con autoridades de la Cancillería, la Secretaría de Derechos Humanos y la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (Aimh).
Un alambre de púas, de cuyo extremo salen dos flores púrpuras, con el lema "#recordemos (#weremember)", fue la imagen que repitieron las pantallas que funcionaron como telón de fondo para el discurso presidencial. "La pérdida es inmensa, por eso inmensa tiene que ser la memoria", pidió Macri, emocionado, luego de escuchar el testimonio de una sobreviviente de la Shoá.

El Presidente diagnosticó que en el mundo hay un panorama alarmante por los distintos casos de violencia hacia las minorías. Para ello bregó por el "diálogo, la convivencia, el encuentro y el respeto", que son, dijo, "los pilares de la política de derechos humanos del Gobierno".
El Día Internacional de Recordación de las Víctimas del Holocausto a manos del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial fue establecido por la ONU en 2005. Desde entonces, ningún presidente argentino había participado de la ceremonia. Además del homenaje a las víctimas, Macri dio así un fuerte gesto a la comunidad judía y al Estado de Israel.
Antes del Presidente habló Raquel Mowszowicz, una de los 250 personas que lograron sobrevivir al horror y se radicaron en la Argentina. Además de contar cómo logró escapar de su pueblo, en Polonia, la mujer pidió justicia por los seis millones de judíos asesinados por la maquinaria nazi.
Otra decena de sobrevivientes de la Shoá, acompañados por sus familias, siguieron las palabras de Mowszowicz con emoción.
Macri encabezó el acto junto con los organizadores de la convocatoria: el canciller Jorge Faurie y el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj . También estuvieron presentes el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman; el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, y los diputados Waldo Wolff, Carmen Polledo y Daniel Lipovetsky.
La sala de actos del Palacio San Martín estuvo colmada por la presencia de embajadores y representantes diplomáticos de otros países. "Es un acto importante y le da peso a la política de memoria que desarrolla nuestro gobierno. Es también una señal fuerte a los negacionistas del Holocausto", indicó Avruj

LECTURA RECOMENDADA,


PROHIBIDO MORIR AQUÍ - ELIZABETH TAYLOR

Una lluviosa tarde de domingo, poco después de haber enviudado, Laura Palfrey llega al Claremont para iniciar una nueva vida. En el hotel la esperan cuatro huéspedes permanentes, días ordenados en torno a las rutinas de las comidas y los programas de televisión. Solo modifica el tedio la visita esporádica de algunos familiares. Pero nadie va a ver a Laura. Cuando de pronto conoce en la calle a Ludo, un joven a quien desvela el deseo de ser escritor, juntos elaboran un plan para compensar la soledad a la que la tienen sometida.
Elegida por The Guardian como una de las mejores novelas de todos los tiempos, candidata al Booker Prize, Prohibido morir aquí es la obra maestra de Elizabeth Taylor. Su genio reside en la forma tan verosímil con que sabe capturar cada detalle revelador de la vida cotidiana. El encanto poético, la precisión de las observaciones, un milagroso sentido de la ironía y un afinamiento justo de la voz terminan por componer una narración vívida, inolvidable, extraordinariamente conmovedora.
“Admiro a Elizabeth Taylor, una autora de gran sutileza, compasión y profundidad. Vuelvo a leer sus novelas una y otra vez, tratando de descubrir cómo lo hace”.
SARAH WATERS
“Jane Austen y Elizabeth Taylor son hermanas literarias”.
ANNE TYLER
“Esta novela cambió mi vida para siempre”.
ELIZABETH BOWEN
“¡Cómo envidio al lector que se acerca a Elizabeth Taylor por primera vez!”.
ELIZABETH JANE HOWARD

Es tan buena esta novela que no sé por dónde empezar. Su autora, una escritora inglesa, una gloria secreta, tuvo la mala suerte de llamarse Elizabeth Taylor en los tiempos de oro de la diva de los ojos violetas. Desde hace tiempo que nuestra casi desconocida Elizabeth es, sin embargo, amada por grandes lectores y escritores, aunque sin lograr la popularidad merecida. Murió de cáncer en 1975 -había nacido en 1912- y lejos de todo paralelo con la diva que se convirtió en Cleopatra y que vivió un amor tormentoso con el gran actor Richard Burton, la Elizabeth escritora llegó a decir en una de las pocas entrevistas que dio -vivía bastante aislada, en la campiña y lejos de Londres, con su marido y sus dos hijos- que los argumentos se le ocurrían mientras planchaba. Una declaración acorde con su origen -padre agente de seguros, madre modista- y a su ideología política ligada alguna vez al partido comunista y, más tarde, a su consecuente militancia laborista.
Fue institutriz y bibliotecaria. Tenía 24 años cuando se casó con el pastelero John William Kendall Taylor y fue entonces cuando a la medida de su época debió abandonar su nombre de origen (Dorothy Betty Coles) para pasar a llamarse como la gran estrella del cine, que también era inglesa y que había nacido en 1911, por lo cual tenían prácticamente la misma edad. Amiga de distinguidas plumas como Robert Liddell e Ivy Compton-Burnett, la Taylor escritora fue considerada una autora extraordinaria por grandes nombres como Kingsley Amis y Antonia Fraser, al tiempo que su talento para el detalle y su capacidad narrativa hicieron que su escritura fuera comparada con la de Jane Austen. Pero la gran diva del mismo nombre tuvo una luz que impedía a todo el mundo ver más allá.
Su primera novela fue At Mrs. Lippincote´s (1945), a la que siguieron once novelas más y varios libros de cuentos. Cada tanto, durante todos estos años y seguramente luego del deslumbramiento de algún gran lector que llegaba a una de sus obras en inglés, alguna editorial se animaba a traducir sus obras al español, aunque ninguna logró ir más allá de la consabida confusión de hacer pensar a los lectores que la actriz de Quién le teme a Virginia Woolf ADEMÁS se dedicaba a la literatura.
Pero hoy somos afortunados y hay que celebrar. Prohibido morir aquí, considerada por The Guardian como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa, acaba de ser editada en español por la editorial argentina La bestia equilátera y se nos abre un tiempo de leer a una autora fabulosa (¿tendremos la fortuna de que la misma editorial publique más obras de E.T.?). La novela de la que hablamos -cuya cubierta es tan clásica como irresistible- cuenta la historia de una cofradía de ancianos que pasa su última temporada de relativa independencia viviendo en el hotel Claremont, de Londres. El Claremont es la antesala del geriátrico o de la muerte y ellos lo saben bien. Se trata de sus últimos años como personas capaces de manejarse con autonomía y todos son, naturalmente, personas poco atendidas por sus familiares directos, por lo que el desembarco en el hotel -que les ofrece tarifas bajas porque son huéspedes seguros aunque de alguna manera los desprecia- es un signo de ese abandono familiar.
Elizabeth Taylor, como Cleopatra, en la película de Joseph Mankiewicz de 1963
El personaje principal de la novela es Mrs. Laura Palfrey, una viuda que sigue creyendo que su matrimonio de años con Alfred -con quien vivió en Birmania, donde el difunto trabajaba como administrador- fue perfecto. Al comienzo de la novela, la viuda acaba de llegar al Claremont, por lo que debe adaptarse a una nueva vida. A su alrededor, viejos y viejas satélites que viven sus últimos años con rutinas de escolares. Viejos que a su modo vuelven a ser niños ("a medida que envejecemos nos dedicamos a recibir y dejamos de dar. Dependemos de los demás para nuestros placeres y para todo lo demás"), mujeres que se masculinizan en la ancianidad (ella misma es descripta así por Taylor en las primeras páginas: "Habría podido ser un hombre apuesto y distinguido y, a veces, cuando se ponía un traje de noche, parecía un general ilustre disfrazado de mujer"), hombres que sobre el final en algún sentido se feminizan. Cuando nos vamos apagando, vamos perdiendo brillo y Taylor, una observadora feroz, presenta a sus personajes con una precisión no exenta de cierta delicada crueldad.
La irrupción de la juventud en este club de muy mayores opera como una luz vital de ilusión, aunque es una luz que se enciende pocas veces y por poco tiempo… Es el caso de Ludo, un joven con problemas de dinero que pretende convertirse en escritor y que conoce por accidente -esto es literal- a Mrs. Palfrey, a quien asiste y de quien se ocupa, por lo que la anciana le termina otorgando el lugar de su nieto, Desmond, el joven ingrato que nunca tiene tiempo para visitarla. Mrs. Palfrey y Ludo hacen un buen pacto para disfrazar la soledad, otro de los grandes temas de la novela que tuvo su versión cinematográfica en el 2005, con la gran Joan Plowright como la protagonista.

Escrita en 1971, Prohibido morir aquí –el título original es Mrs. Palfrey at the Claremont– es una novela de clima y de personajes, con un narrador que acompaña a Mrs. Palfrey pero que se hace el tiempo para seguir también al resto de los protagonistas, todos seres retratados con una sensibilidad exquisita y con una calidad inusual para el retrato. Cada uno de ellos tiene sus rituales, macerados con los años y muchas veces convertidos en muecas, como la costumbre de Mr. Osmond -un anciano conservador y xenófobo- de enviar cartas de lectores a los periódicos. El paso del tiempo en el estribo de la vida también se mide diferente: "A medida que envejecía, miraba con mayor frecuencia el reloj y siempre era más temprano de lo que creía. En su juventud era siempre más tarde".
Un detalle interesante, casi un chisme: una de las ancianas vecinas de Mrs. Palfrey es Mrs. Burton, una persona aficionada en exceso al alcohol ("tenía la cara arruinada: llena de bolsas, papadas y surcos profundos, como la ladera de una montaña luego de un alud"). Algún crítico llegó a escribir que tal vez el nombre -Mrs. Burton- fue un venenoso bautismo en homenaje a la verdadera Elizabeth Taylor. Y es que debe haber sido durísimo compartir el nombre con alguien tan famoso. El resentimiento debía aflorar seguido, pero sobre todo cuando recibía cartas de admiradores que, pensando que ella era la célebre actriz, le pedían fotos suyas en bikini. "Mi marido piensa que debería enviárselas y dejarlos perplejos", contó en una entrevista. "El problema es que no tengo bikini", ironizó.

Un dato final de esos que muchas veces dejamos pasar por pereza o tal vez porque no es tan frecuente hallar motivos para resaltarlo. La traducción de Prohibido morir aquíde Ernesto Montequín es tan pero tan buena que dan ganas de salir a abrazarlo. La suya es una traducción elegante y argentina, heredera de la mejor tradición de pares locales como Pepe Bianco o Enrique Pezzoni.
Pertenezco al club de los que piensan que en la vejez recibimos algo de lo que dimos antes. Prefiero pensar que lo que vemos sobre el final -aún en su crueldad- tiene que ver con una respuesta de los que nos suceden y no con la ingratitud natural de los seres humanos: el egoísmo temprano puede tener costos, aunque no lo sabremos hasta que llegue el momento en que alguien deba ocuparse de nosotros, como nosotros lo hicimos en su momento. Prohibido morir aquí se ocupa desde la literatura de ese tiempo de decadencia y crepúsculo en el que las cartas ya están echadas y lo hace con una historia y unos personajes inolvidables. Una novela con título de policial y corazón de gran historia de todos los tiempos.