martes, 6 de septiembre de 2016

FEMICIDIO ¡¡BASTA!!!


Alcanza con poner en el buscador Google "violencia de género" para saber que seguimos en peligro. Que la violencia machista no está en retirada. Habrá que ver si de un año a esta parte hubo un 25% más de casos, más mujeres atacadas, o es que las malas noticias traen, paradójicamente, el comienzo de una buena: hoy son más las mujeres que se atreven a denunciar lo que antes sucedía en infiernos privados.
Es cierto que hasta ahora la evolución de esta tragedia colectiva no concede mucho lugar para el optimismo. En julio se presentó en la Legislatura porteña una encuesta realizada en el área metropolitana, bajo la supervisión de la Dirección General de la Mujer, cuyos resultados no eran muy alentadores: sólo 1 de cada 10 mujeres se atreve a pedir ayuda.


Pero entonces, la inolvidable movilización del #NiUnaMenos y su onda expansiva, que aún persiste en las redes sociales, en los medios, en la calle, ¿no logró perforar ni un milímetro los muros de silencio? Natalia Gherardi , directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, aclara el punto: esa encuesta se realizó entre noviembre de 2014 y enero de 2015, es decir, antes del fenómeno social y mediático que generó #NiUnaMenos.
Publicar, hablar, denunciar, dar testimonio, investigar, reclamar a la Justicia, abrir el cerco sigue siendo el camino. Hubo avances. Se sabe más. Hay más oficinas especializadas. Pero no alcanza. Nos siguen matando. Estudios realizados en zonas de Chaco, Jujuy y en la Capital confirman que hay más conciencia, pero la información de cómo actuar o adónde recurrir sigue siendo de difícil acceso.


¿Tanto tiempo puede llevar que todas las escuelas y universidades (públicas y privadas) sean caja de resonancia? Y los hospitales y sanatorios, los aeropuertos, las terminales de trenes y colectivos, los taxis, los subtes, los cines. Una campaña de vacunación social contra el machismo. Con un instructivo preciso: qué hacer, adónde ir, qué pasos seguir. ¿Por qué no se hace todavía?
¿Por qué? Porque a nadie le importó lo suficiente, dice Gherardi, como si fuera obvio. Y tal vez sea obvio. La cruda realidad, ni más ni menos.

UN EJEMPLO 





Raúl tomó del brazo a su ex pareja, María, en la calle y la obligó a ir a un cajero automático para hacer una extracción. Cuando el cajero le denegó la operación, el hombre tuvo un estallido de violencia que incluyó gritos, empujones y hasta un intento por prenderle fuego a la campera que ella llevaba puesta.
Luego de que María realizó la denuncia por violencia de género, la fiscal interviniente ordenó una medida de prohibición de acercamiento y facilitó a la víctima un botón antipánico. Sin embargo, el agresor violó la orden de restricción y esperó a su pareja en la salida del subte. Le exigió que le diera el celular para saber si había iniciado una nueva relación amorosa. La víctima activó el botón antipánico y Raúl se alejó.
Ese mismo día, horas más tarde, mientras María volvió a su casa, él la interceptó en una esquina y le quitó el teléfono celular. Al enterarse de que tenía una nueva pareja, la tomó de la muñeca y la llevó, arrastrándola, varias cuadras, mientras simultáneamente se comunicaba con la actual pareja de la víctima para amenazar e insultarlo.
María volvió a activar el botón de pánico y de esta manera pudo avisar a la Policía de la Ciudad, que a través de un micrófono incorporado en el dispositivo tecnológico pudo registrar el audio del momento, que dio lugar para que el juez dicte prisión preventiva y se inició un nuevo proceso contra el imputado.

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