viernes, 22 de marzo de 2024

CRISIS Y EL 1ª PERSONA


El consumo se hunde y esperan un impacto en los precios
El segundo mes del año registró una baja de 4,1% interanual; la retracción es mayor en los supermercados; crece la migración de los consumidores a marcas más accesibles
Francisco Jueguen
Por el impacto del sinceramiento de precios que impulsa el Gobierno, el consumo masivo cayó un 4,1% interanual en febrero –por encima de la baja del 3,8% de enero– y acumuló en el primer bimestre un descenso de 3,9%. Tanto las empresas de alimentos y de productos de consumo como los supermercados creen que en marzo esas bajas se están profundizando. El sector privado ve aún remarcaciones este mes, pero vaticina un freno brusco en abril por la caída de las ventas.
“Como piano de un quinto piso”. Así, describen en un supermercado, cae el consumo masivo en la Argentina luego del sinceramiento de precios que encaró el Gobierno.
La consultora especializada Scentia informó que el consumo se retrajo un 4,1% interanual en febrero –por encima del 3,8% de enero pasado– y acumuló en el primer bimestre un descenso de 3,9%.
Tanto las empresas de alimentos y de productos de consumo como las grandes cadenas comerciales creen que en marzo esas bajas se están profundizando. En ese marco, algunos ven todavía aumentos de precios de un dígito este mes en algunas categorías de productos, pero vaticinan un freno brusco desde abril por la fuerte caída de las ventas. Es además lo que impulsa el ministro de Economía, Luis Caputo, en las reuniones que mantuvo con los sectores y que derivaron en una mayor apertura de importaciones para alimentos (2900 posiciones arancelarias), en una baja transitoria de los impuestos que pagan esos productos y en la recomendación oficial sobre las estrategias comerciales de las firmas (entre ellas, la dura crítica al 2x1).
La retracción de las operaciones ya está afectando además los hábitos de consumo de los argentinos, que empiezan a migrar –como en cada crisis del país– a marcas más baratas a la hora de encarar las compras en las góndolas. Además, la eliminación de los programas de control de precios (Precios Justos) generó una aceleración en los aumentos en supermercados (eran donde se podían encontrar esos productos con precios deprimidos), por lo que ahora el golpe a las ventas es más notorio en esas grandes superficies que en los autoservicios. También caen las compras en los mayoristas, que ajustaron fuertemente sus precios (en enero se desplomaron un 10%).
“Se repite el número en [el canal de] supermercados de -8,3%, con una retracción algo más marcada en el interior que el AMBA”, escribió en una síntesis ejecutiva Osvaldo Del Río, director de Scentia. “Los autoservicios mantienen signo positivo, aunque al límite, de +0,1%. En este caso, la situación es bien diferente entre las regiones reportadas, siendo el AMBA el área que aporta de manera positiva y define el cierre del mes”, dijo.
“Todas las canastas son negativas en supermercados y la mitad en autoservicios”, describió Del Río, que agregó que el precio promedio ponderado se aceleró a 324,6%.
El consumo de productos de alimentación cayó 2% en el mes. Además, bajaron bebidas con alcohol (-11,5%), bebidas sin alcohol (-1%), desayuno y merienda (-6,4%), higiene y cosmética (-5,8%), impulsivos (-1,6%) y limpieza de ropa (-3,6%). El único que mostró una leve suba es perecederos más frío (0,6%).
Un informe de Nielsen IQ sobre “Tendencias Argentina. Consumo en tiempos de crisis” remarcó que “el supermercado es el que mejor resiste la crisis, aunque lo hizo muy apalancado por las políticas de precios. En diciembre-enero de 2024, donde ya no existe Precios Justos, el canal sufre fuertemente eliminando su crecimiento”. Luego agregó: “Se observa hacia finales de 2023 como las marcas B y marcas propias empiezan a acelerar su crecimiento”.
Según NielsenIQ, las marcas propias (de los supermercados) se fortalecen con una performance mejor que el promedio de todas las familias de productos, excepto las bebidas. Los mayores saltos en el consumo de esas marcas propias se dan en alimentos (29,4% en el bimestre diciembre-enero 2024), y cosmética y tocador (25,9%).
Según el estudio elaborado por NielsenIQ, en el corto plazo, comenzó a crecer una migración de productos premium al mainstream (más populares) o low value (bajo precio). Con algunas sutilezas, esos cambios se dan en todos los rubros (bebidas, alimentos, limpieza, y cosmética). En un supermercado dijeron que del 4 al 17 de marzo la caída de ventas en unidades es del 9% interanual. En otra cadena importante son incluso más pesimistas: en lo que va del mes, hay una baja de 10% interanual en volumen y una facturación con un alza nominal de 270%, o sea, por debajo de la inflación. “Es un verano difícil”, cuentan desde el mundo de las bebidas alcohólicas. En una empresa líder hablan de un “drama” de caídas de entre 18% y 20% en febrero-marzo. Son cifras que ya habían experimentado en enero. En el mundo del vino, en tanto, ven ese desplome, pero particularmente en los supermercados. “Allí los precios estaban regalados”, explicaron, haciendo alusión a los controles impulsados por la Secretaría de Comercio del kirchnerismo. “Hoy, el supermercado está teniendo parámetros más normales para la Argentina y parece que se desploma todo, pero en realidad lo que está pasando es que está cambiando [el consumo] y se está volviendo más al almacén de barrio”, señalaron.
En una alimentaria multinacional afirmaron tener caídas interanuales de ventas de 21% en febrero y 36% en marzo. Esto, dijeron, se debió tanto al consumo como a los problemas con el pago de importaciones. En una firma de consumo masivo dijeron que las caídas superan el 5%, según los comentarios de sus distribuidores.
“Hay que estar atentos a la primera semana de abril”, dijeron en una empresa de alimentos. “Entonces se va a ver la verdad de cuál es la movida de precios de consumo masivo. Ya están a un dígito en general, pero en abril se va a empezar a sentir que en algunas categorías ya no aumentan más los precios, pese a la inflación, y en algunas categorías, puede haber incluso algunas bajas. No tanto por lo de las promociones, que fue un poco de show, sino porque está muy pinchado el consumo”, agregaron.

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Caputo: hablá con el Indec, no con los supermercados
Juan Carlos de Pablo

La pretensión del ministro de Economía de la Nación es entendible. Desea que la estimación oficial del aumento de los precios al consumidor tenga en cuenta todos los descuentos, promociones, etc., de que gozan los compradores. Importante para saber cuál fue, efectivamente, la tasa de inflación; para contar con diagnósticos realistas, y también para que los contratos y convenios indexados no sobreajusten.
¿Qué hizo el titular de la cartera al respecto? Convocó a los supermercadistas para que los precios que aparecen en las góndolas incorporen las ofertas, los descuentos, etc. Pero, en rigor, debería hablar con los funcionarios del Indec para que modifiquen la metodología, de manera que los precios que tienen en cuenta en los cálculos reflejen la realidad.
La respuesta “burocrática” del instituto que dirige Marco Lavagna es que el Indec estima la verdadera tasa de inflación en la medida en que los descuentos sean un porcentaje constante de los precios de lista. Pero este es, precisamente, el problema, porque, desde diciembre, la distancia entre los precios de lista y los efectivamente abonados es cualquier cosa menos constante.
La verdadera solución es muy simple… de enunciar. Los encuestadores del Indec no deberían ir a los puntos de venta a tomar nota de los precios, sino a comprar los productos incluidos en el índice. Volviendo al instituto con el ticket de compra, que incorpora todos los descuentos y las facilidades. ¿Cuál es el problema? Que es un método muy costoso. No hay más remedio que pedirles a los funcionarios no que “dibujen”, sino que adapten la metodología a la realidad.
Cuando yo era joven, la vida era mucho más sencilla. En las vidrieras aparecían los productos y sus precios, y si algún vendedor quería hacer una oferta tachaba el precio original y ponía al costado el nuevo para que cualquiera se enterara de inmediato. Hoy nunca sé cuánto me va a salir la compra que hice en el supermercado hasta que la cajera no me pregunte si tengo tal o cual tarjeta, se fije qué día es hoy, si soy alto o bajo, rubio o morocho, o hincha de qué cuadro.
Entiendo por qué el cine cuesta menos el miércoles que el sábado; no entiendo por qué una mercadería no perecedera cambia de precio según el día en que se la compre. Pero, en fin, los expertos en marketing sabrán. Pero el desafío es para el Indec, no para los supermercadistas.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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