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miércoles, 9 de mayo de 2018

TEMA DE REFLEXIÓN...JUGATE... "LA VERDAD ES ASÍ"


Capacidades diferentes: aborto y humanidad común
Abogar por leyes que promuevan la igualdad de derechos y promover que se elimine a seres humanos antes de nacer encierra una peligrosa incongruencia
Resultado de imagen para BEBES con malformaciones arrojados desde EL monte Taigeto,
Los espartanos eran formados y preparados físicamente desde niños en el arte de la guerra por aquel Estado griego. La leyenda refiere que aquellos recién nacidos con malformaciones eran arrojados desde lo alto del monte Taigeto, al sur del Peloponeso. Las doctrinas eugenésicas tendían a lograr un "mejoramiento" de la condición humana mediante la eliminación de aquellas personas que nacían con diferentes capacidades físicas o intelectuales.El nazismo llevó esta aborrecible doctrina a su máxima expresión, ejecutando masivamente a millones de seres humanos, en pro de la declarada pureza de la raza aria.
El mundo civilizado condenó y condena duramente estas y otras expresiones racistas contrarias a la naturaleza del ser humano. El mundo entero se escandalizó ante tamaña barbarie, y se puso el acento sobre personalidades del arte, de la ciencia y la cultura que deslumbraron al universo, más allá de sus necesidades especiales personales.
Entre los proyectos de legalización del aborto en trámite hay al menos cinco que incluyen, entre las causales de interrupción del embarazo sin plazo, las "malformaciones fetales graves" y otros que proponen el aborto libre, los cuales, aun sin especificar la causal, obviamente incluyen la posibilidad de impedir el nacimiento de quienes presenten alguna discapacidad, acrecentando en este caso las disposiciones del artículo 86 del actual Código Penal.
Los exámenes genéticos previos, actualmente realizables tomando una simple muestra de sangre de la madre, permiten detectar si existe alguna dificultad genética o de otro tipo en la persona por nacer. En España, por ejemplo, el 90% de los concebidos que padecen síndrome de Down son eliminados a través del aborto. Los médicos aconsejan la práctica, pues temen ser demandados luego por mala praxis si no lo hacen.
En definitiva, corresponde llamar las cosas por su nombre sin disfraces: estamos ante proyectos de ley que proponen la eliminación sistemática de las personas con discapacidad, sea por la causal específica o sea por el aborto libre y sin causa. ¿Cuál es el fundamento de esta eliminación? ¿Que no van a ser "normales"? ¿Qué es lo que mide la humanidad (o la normalidad) de los mortales? ¿Solo la eficiencia, el intelecto, el éxito?
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La persona con capacidades diferentes tiene valores que nos enriquecen a todos como personas y tienen muchísimo para dar. Hacen un gran aporte a una sociedad tan materialista y egoísta que olvida frecuentemente la dimensión del amor: la capacidad de amar y la necesidad de ser amados. No se puede valorar al ser humano únicamente por lo que rinde económicamente, entronizando una contracultura del descarte y la exclusión existencial. Estos intentos de darwinismo legislativo nos interpelan en nuestra propia humanidad y nos hacen cuestionar la esencia de lo que define al ser humano.
Ahora bien, desde estas columnas de opinión luchamos y pregonamos incansablemente contra toda forma de discriminación entre las personas, pugnando por eliminar las barreras físicas, educacionales, culturales, laborales y cualesquiera otras que impliquen diferenciaciones por su aspecto o condición física o intelectual. Nuestra legislación es muy rica en normas tuitivas y protectoras de la discapacidad, afortunadamente muy avanzadas, por cierto, y si bien no todas se cumplen como correspondería, la tendencia a evitar toda forma de discriminación se va haciendo carne en nuestra cultura y nos alinea con las convenciones internacionales suscriptas por nuestro país en la materia.
Lo dicho refleja la enorme incongruencia entre matar a las personas con capacidades diferentes indefensas en el vientre materno, aprobando leyes que autorizan dicho homicidio, y a la vez promover la lucha por la igualdad de derechos de las personas con tal condición, reclamando su justa integración en nuestra sociedad y reconociendo que con ellas nos une la humanidad común de nuestra única naturaleza compartida.
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La peor de las discriminaciones es indudablemente la que mata al diferente antes de nacer, la que le impide seguir viviendo. ¿Qué clase de civilización nos espera si retrocedemos a aquellas prácticas execrables del pasado que aún hoy criticamos, pero que parecemos no superar debidamente? ¿A tal extremo hemos llegado que la ideología nos ha cegado el intelecto y la sensibilidad?
Ponderamos la inclusión y la celebramos: jóvenes con síndrome de Down que se reciben de bachilleres, que practican deportes, que son artistas, músicos, cineastas, que tienen éxito en emprendimientos laborales que demuestran, con emocionante contundencia, lo inhumano de proponer leyes que decidan eliminarlos en el vientre materno. Cabe esperar que los argentinos seamos mínimamente coherentes con nosotros mismos.

sábado, 31 de marzo de 2018

EL ABORTO Y LAS CREENCIAS.....NOTA LA NACIÓN


Aborto: los budistas son los más permisivos y los católicos y Testigos de Jehova, los más estrictos



Les pido encarecidamente a los diputados que tengan en cuenta que hay muchísimos argentinos que están viviendo un tiempo sagrado de purificación", pidió la diputada Elisa Carrió, cuando se presentó el proyecto para despenalizar el aborto en el Congreso. Carrió pedía que se demorara el debate por razones religiosas. Sucede que muchos de los argumentos que esgrimen quienes se oponen a la despenalización del aborto tienen origen en creencias vinculadas a la fe. El debate no se postergó y comenzó el martes último en las comisiones
¿Cuál es la postura de los distintos credos que coexiste en el país sobre el aborto? ¿Debería una convicción religiosa de una parte de la sociedad condicionar la forma en que se legisla y se gobierna para el resto de la sociedad? No existe una posición monolítica sobre el aborto. Entre los referentes religiosos están los que se oponen en todas sus formas, los que lo admiten como excepción y los que creen que puede practicarse en las primeras semanas de gestación, antes de que "se insufle el alma". Se entrevistó a líderes y referentes de ocho de las religiones con más miembros en la ciudad: de la Iglesia católica, judíos, evangélicos, mormones, musulmanes, testigos de Jehová, budistas y miembros de la Iglesia armenia. Salvo la Iglesia católica, todos los cultos eligieron un hombre para responder. (Las entrevistas completas pueden leerse en los links que acompañan esta nota).
Mientras que los budistas son los que muestran una mayor apertura al aborto, la mayoría de los credos se opone a la interrupción del embarazo, por considerar que la vida tiene una naturaleza divina, dada por Dios. Aunque existen matices: los más radicales opositores son los Testigos de Jehová que lo prohíben, sin excepciones hasta en caso de violación. Si existe riesgo de vida, habrá que esperar al parto y la pareja podrá decidir salvar a la madre o al bebe. La Iglesia católica tampoco contempla las excepciones que hoy figuran en la ley: creen que el embrión es una persona con iguales derechos que la madre. En caso de que peligre la vida de la mujer, se pueden realizar tratamientos que pongan en riesgo al feto pero que no tengan por objetivo interrumpir el embarazo. Los mormones también se oponen al aborto en todas las situaciones, incluso en caso de violación, incesto, anencefalia o si está en riesgo la vida de la madre.
En el medio, se encuentran las religiones que prohíben el aborto pero que lo admiten en ciertas circunstancias. Es el caso de algunos grupos evangélicos, los judíos, los musulmanes, que autorizan el aborto en dos de los casos que contempla hoy la ley: violación o riesgo de vida para la mujer. Estos dos últimos, requieren el pronunciamiento de una autoridad religiosa. La Iglesia Apostólica Armenia además admite el aborto terapéutico en el tercer caso que prevé la ley: riesgo para la salud de la mujer.
Varios de los los entrevistados, buscaron correr el debate del aborto del plano de las creencias al plano de la ciencia. Algo similar hizo el propio Papa Francisco, en el libro "Sobre el cielo y la tierra", publicado cuando todavía era arzobispo de Buenos Aires. "El problema moral del aborto es de naturaleza prerreligiosa, porque en el momento de la concepción está el código genético de la persona. Ahí ya hay un ser humano. Separo el tema del aborto de cualquier concepción religiosa. Es un problema científico. No dejar que se siga avanzando en el desarrollo de un ser que ya tiene todo el código genético de un ser humano no es ético", dijo. "Es un ser humano real, no en potencia", dice la genetista Gabriela Moya, miembro del Instituto de Bioética de la UCA, designada por la Conferencia Episcopal para responder las preguntas. Fue el único culto que le dio la palabra a una mujer.
La vida comienza a partir de la concepción, pero no se puede determinar en qué momento comienza la persona, tal como planteó hace dos semanas el ministro de Ciencia Lino Barañao. Sobre este punto están de acuerdo los evangélicos, los católicos, la iglesia armenia, los mormones y los testigos de Jehová. También los judíos, aunque ellos consideran que el status de vida de un embrión o un feto no es el mismo del de la madre. En tanto los musulmanes creen que la insuflación del alma ocurre entre los 40 y los 120 días de gestación.
Las respuestas de los líderes religiosos aportarán argumentos, al debate en el que se zambullirán los legisladores en los próximos días. Aunque la mayoría de los referentes dijo no haber sido consultado hasta el momento por los autores de los proyectos de ley.
El budismo comprensivo
Los budistas creen que quien debe tomar la decisión de seguir adelante con un embarazo es la propia mujer, ni el Estado ni las creencias religiosas, ya que "será ella la única que asumirá las consecuencias", explica a LA NACION desde Taiwán el venerable maestro Hring Yun, referente mundial del budismo humanitario y fundador del movimiento Fo Guang Shan, cuyo templo en Argentina se levanta en la avenida Cramer, en Belgrano. Se estima que en la ciudad hay más de 40.000 budistas. " Quién debe decidir sobre el aborto es la mujer embarazada", dijo.
"El bebe dentro del vientre también es una vida, por lo tanto, abortar es matar. Sin embargo, no es el odio lo que lleva a las mujeres a abortar sino el sentir que ya llegaron a su último recurso". aporta Yun, y detalla cuál es la postura de ese culto: aunque son defensores de la vida, ponen el foco en la situación de la mujer y consideran que ni una ley, ni el Estado ni una creencia religiosa le puedan decir a una mujer si debe continuar con un embarazo. "El aborto, no es un asunto que la ley pueda resolver ni que los defensores de ella puedan establecer. La persona que tiene más derecho para decidirlo es la madre del bebe y se debería respetar esa decisión, ya que ella es quien soportará las consecuencias", agrega.
Miles de mujeres marcharon al Congreso para pedir la legalización del aborto
El aborto para los musulmanes
No existe referencia al aborto en el Corán. Sin embargo, será el Hadith, que es la segunda fuente canónica del Islam, que estructura la tradición, la que aborda el tema. Los musulmanes consideran que el aborto es haram, que significa pecado, ya que la vida es un don sagrado de Dios, pero puede ser admitido por motivos médicos entre los que incluyen las malformaciones en el feto.Se consultó a las autoridades del Centro Islámico de la República Argentina sobre su postura sobre el tema, no habían respondido el cuestionario que se les envió. Según las publicaciones vinculadas a esa comunidad, la norma general es que el aborto es ilícito pero se admite si existe grave peligro para la madre o por malformaciones en el feto. También se explica que existe diferencia entre el momento de la concepción y el instante de la "insuflación del alma", que creen que ocurre entre los 40 y los 120 días. Antes de este momento, el feto está en estado embrionario. El aborto debe realizarse en esa etapa. Y debe existir un fallo de las autoridades religiosas.
Los evangélicos, divididos
Los evangélicos están divididos: algunos admiten el aborto como excepción, en casos de abuso sexual y si está en riesgo la vida de la madre. "Es una solución no deseada pero necesaria", apunta el teólogo Norberto Saracco, pastor de la Iglesia Evangélica Pentecostal. Otros pastores consideran que abortar es matar, en cualquiera de sus formas, ya que no se puede priorizar los derechos de una persona sobre otra, porque consideran que el embrión no es sólo una vida, es una persona. "El debate es si el embrión es una cosa o una persona. Se busca cosificar al embrión para cauterizar el dolor natural que se puede sentir frente a la decisión de abortar. Una mujer embarazada es madre. El aborto no cambia su condición. Será la madre de un hijo muerto" plantea el pastor Gabriel Ballerini, director de Bioética de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera), que explicó cuál es la postura de una importante parte de la iglesia evangélica: En contra del aborto, incluso en casos de violación o riesgo para la mujer. La iglesia evangélica no tiene una estructura vertical. Por esa razón, no hay una posición unificada, explicó.
Con autorización de un rabino
Los judíos se oponen al aborto y argumentan que la prohibición que figura en la Torá. Aunque, el feto no tiene igual status de vida que la madre y aceptan el aborto como excepción, si hay riesgo vital para la madre. "Si el feto amenaza la vida de la madre, se interpreta que la está persiguiendo para matarla. Entonces tiene preeminencia la vida de la madre", explica el rabino Tzvi Grunblatt, director de Jabad Lubavitch Argentina. Los abusos sexuales pueden habilitar un aborto, pero un médico y un rabino deberán analizar cada caso y tomar la decisión de autorizar la interrupción del embarazo. En general, sólo se aprueba hasta los 40 días de gestación.
La iglesia armenia es contraria al aborto y considera que no es posible determinar si un embrión es o no una persona. "En algo estamos todos de acuerdo: en que es un contenido vital único e irrepetible. Y no es sólo la persona humana la que merece la inviolabilidad de la vida, también el embrión", apunta explica el arzobispo Kissag Mouradian, representante de la Iglesia Apostólica Armenia. De todas formas, este culto admite el aborto cuando el feto presenta complicaciones que ponen en riesgo no sólo la vida sino también la salud de la madre, una de las excepciones más amplias, ya que otras religiones lo limitan al riesgo de vida.
La legalización del aborto comenzó a debatirse en comisiones el martes, en Diputados
¿Y qué dicen los feligreses?
La pregunta que cabe es si los feligreses de las distintas religiones tienen las mismas convicciones personales que las autoridades del culto que profesan.
La encuesta sobre creencias y actitudes religiosas, dirigida por el investigador del Conicet, Fortunato Mallimaci, hecha hace diez años, apunta que ya entonces existía una brecha entre los valores que pregonan las instituciones religiosas y las creencias de sus miembros. Según los resultados, el 63.9% de la población general se expresaba entonces de acuerdo con el aborto en ciertas circunstancias. Esa misma respuesta tenía una mayor aceptación entre los católicos que en la población general, ya que el 68,6% de los fieles consultados habían dado esa respuesta. Entre los evangélicos, la brecha fue menor, aunque también es alta: el 48,1% de los evangélicos dijeron estar de acuerdo con el aborto en ciertas circunstancias. Esto, según explica en el informe "evidencia un estado de creencia religiosa, sin pertenencia ni identificación con las normas que la institución proclama. En el caso de los evangélicos, la adhesión a los principios doctrinarios es más significativa. El 16,9% de la población encuestada (2403 casos en Capital y Gran Buenos Aires) consideró que el aborto debía estar prohibido en todos los casos. Sólo el 15% de los católicos opinaron así. Entre los evangélicos, fue del 37,4%.
Significa que los evangélicos son más propensos a sostener los preceptos de su religión, mientras que los católicos muestran una mayor autonomía de opiniones. El estudio no indagó sobre la relación entre el aborto y otros grupos religiosos.
C. H. 

martes, 27 de marzo de 2018

CARTA DE LECTORES; ABORTO


Debate sobre el aborto

¿Cómo explicarse las diferencias de opiniones al juzgar sobre los mismos hechos? Quien ha hecho o presenciado un aborto se queda para siempre con la impresión imborrable de que ha eliminado una vida humana. "Es más fácil sacar al niño desmembrado del útero de su madre que sacarlo de su pensamiento". Siendo el derecho a la vida el primero de los derechos humanos, toda legislación que autorice el aborto es una negación de esos derechos y, por lo tanto, de la medicina misma. No solo se mata a un niño, sino también su descendencia. La misión de los médicos es proteger y promover la vida humana, nunca destruirla. Desde el instante de su concepción, desde ninguna óptica se concibe que una persona se vea obligada a realizar comportamientos que contradicen los designios de su conciencia. Esta convicción está celosamente guardada en el juramento hipocrático. Hipócrates, en el siglo III a.C. prohibía el aborto. Si se quiere introducir el aborto en el ordenamiento jurídico se debe escoger también a los hombres que sepan suministrarlo. No serán ciertamente los médicos. Hoy, la mejor manera de hacerse víctima de una falsa teoría es negándole toda posibilidad a una verdadera. Llegado el momento de decidir no interesa saber quién está en la verdad y la razón, sino quién ejerza más fuerza. El derecho a la vida, al igual que el resto de los derechos fundamentales, es por naturaleza absoluto. No pueden ser decididos por el voto de una asamblea o por consenso democrático, ya que son algo inherentes por naturaleza a la esencia misma del ser humano. La vida se configura como un valor superior del ordenamiento jurídico y no debería tampoco existir ninguna ley que apruebe diversas causas justificatorias. En el aborto provocado o autoconsentido el resultado es una muerte y no una vida. Si no se acepta que hay vida, toda discusión posterior carece de sentido. El aborto es una acción violenta que es contraria a la maternidad y a la paternidad, y que enfrenta un riesgo grave también para la mujer. Creen que ese hijo les pertenece; no saben o no quieren saber que son simples administradoras de esa vida, a la cual deben cuidar y proteger.

Margot Sueiro de Votta

margotvotta@hotmail.com

viernes, 27 de octubre de 2017

TEMA DE MUCHA Y PROFUNDA REFLEXIÓN


Privilegiar la vida ante todo

El debate sobre el aborto debe encararse desde una postura humanista, sin argumentos falaces ni ideológicos; es la propia existencia la que está en juego

Todavía hay hoy quienes a estas alturas ponen en duda la existencia de un ADN propio de cada persona a partir del momento mismo de la concepción, esto es desde la fusión del óvulo y el espermatozoide que da origen al embrión. Es esa unión la que genera un ser único e irrepetible, individualizable y distinguible de cualquier otro de la misma especie. Aun así, los ideólogos y activistas de turno, siempre dispuestos a invocar supuestos derechos de la mujer, insisten en que este ser "por nacer" no existe separado del cuerpo de quien lo concibe, que sólo sería una parte, como un dedo, o un apéndice. Para este nivel de ceguera conceptual que contraría severamente las irrefutables comprobaciones científicas con las que hoy contamos gracias también al avance tecnológico que confirma la vida desde el instante de la concepción con impactantes imágenes en 5D la madre quedaría habilitada a "sacarse"/"extirparse" el feto, como quien decide cortarse el pelo, simplemente porque el derecho sobre su cuerpo la asistiría para pisotear el derecho a la vida del niño por nacer.


Tampoco corresponde reducir el tema del aborto a un "problema de salud" como pretenden desde la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario, en cuyos claustros comenzó a dictarse en estos días una materia optativa sobre el tema. La iniciativa no puede sostenerse desde lo científico desconociendo la dimensión ética intrínsecamente ligada al cercenamiento de la vida. Ni desde el punto de vista filosófico ni mucho menos desde el científico, estas posturas tienen el menor fundamento. Su sola enunciación encierra la demostración de la grave falacia que encierran. El discurso de los activistas sólo se mantiene vivo desde las posiciones políticas o ideológicas extremas, violentas a veces, que se pueden vociferar hasta el cansancio, pero no se pueden sostener en una discusión que pretenda ser seria y racional. Tan cargado de vida propia está el embrión que incluso se lo puede desarrollar fuera del útero en el que fue concebido, para implantarlo en un vientre diferente. Alguien podrá discutir luego si el aborto será o no punible, pero lo indiscutible es que cualquier práctica abortiva mata a un ser humano vivo. No existe el matiz, o la posibilidad, de "un poco" ser humano, o "un poco" ser vivo. O es un embrión humano, distinto de su mamá, o no lo es. Que su ADN sea diferente al de ella es una prueba incontrastable de una individualización que se mantendrá a lo largo de toda la vida de la persona.
En cuanto el debate se enardece, aparecen repetidos una serie de remanidos seudoargumentos, dignos de mejor causa. Por ejemplo, se dice que hay más muertes por abortos en países subdesarrollados que en países desarrollados, lo cual será cierto o podría serlo, como que puede haber más casos de dengue, de Chagas, de delincuencia, de enfermedad o de muerte. No se sabe qué demuestra el argumento per se. Por cierto, lo abultado o no de una cifra no acredita que la muerte del niño sea algo deseable. No es tampoco válida la estadística que dice que en la Argentina mueren 500.000 mujeres por año a causa de abortos clandestinos, otra cifra absurda que se repite hasta darla por cierta sin evidencia alguna que la avale.
Se lee también sobre la necesidad de evitar el trauma psicológico de quien aborta en condiciones indeseables, sin advertir que, incluso en las mejores condiciones sanitarias a las que verdaderamente no todas las mujeres pueden acceder, todas las que abortan quedan expuestas a sufrir un trauma psicológico asociado a la muerte intencional del propio hijo que nada tiene que ver con la pulcritud o asepsia del procedimiento utilizado.
Un exhaustivo informe publicado en la prestigiosa revista The Lancet sostiene que uno de cada cuatro embarazos en el mundo se interrumpe de forma voluntaria; traducido a cifras eleva a unos 56 millones el número de abortos anuales. Confirma también que la penalización de estas prácticas no significó reducción del número de casos: en los países que prohíben el aborto, estos ascienden a 37 por cada mil mujeres mientras que en donde es permitido, la estadística desciende a 34.
El biólogo Fabricio Ballarini, joven investigador del Conicet, con doctorado y posdoctorado de la Facultad de Medicina de la UBA, difundió a través de Vorterix un video sobre el referido informe y destacó que la ilegalidad no genera que la gente no aborte. Insistió en la falta de información sobre el tema y avaló que las decisiones en todos los campos se apoyen en datos científicos y no en cuestiones afectivas, emotivas o especulativas con diversos fines. Esto aplica también, indica con tristeza y preocupación, a las políticas públicas. Ballarini fue amenazado y perseguido en las redes por haber difundido evidencia científica avalada por la Organización Mundial de la Salud que muchos niegan.

El tema no pasa ni por la estadística, ni por la prohibición, ni por la clandestinidad. El debate confirma que estamos ante un dilema ético o moral con consecuencias jurídicas que, como tal, no queda fuera de la contienda electoral. En Cambiemos, la recomendación a los candidatos parece haber sido no hablar de temas que generen polémica. Aun así, entre otras voces, la valiente de Esteban Bullrich se alzó contraria a la despenalización utilizando sensatamente el argumento de #NiUnaMenos aplicado a una beba creciendo en el vientre materno. Está claro que la discusión sobre este tema no puede ser partidaria cuando está en juego el más sagrado de los derechos: la vida.
Muchos son los casos de jóvenes que agradecen a sus madres no haberlos abortado y haber sido dados en adopción. Recientemente, un destacado periodista relataba en un libro cómo descubrió, de grande, que era adoptado. Éste es el enfoque humanista que ha de primar cuando se aborda el tema del aborto. Y no es otro que el que rescata el llamado derecho a la vida que nuestra Constitución y nuestras tradiciones consagran.