jueves, 20 de junio de 2019

INVERSIÓN EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA


Investigación y desarrollo: cuánto y cómo se invierte en la Argentina

El país está muy por detrás de las naciones líderes en el ranking de recursos asignados a la ciencia como porcentajedel PBI; los analistas destacan que la clave está en dar incentivos y en ver cómo se aplican los conocimientos logrados
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CÓRDOBA.- Marina Simian, directora del laboratorio de nanobiología e investigadora independiente del Conicet, participó del programa de preguntas y respuestas ¿Quién quiere ser millonario?, que emite Telefé. Y alcanzó el objetivo buscado: ganó $500.000, que dijo que destinaría a mantener en pie las diferentes líneas de investigación que lleva adelante. El hecho puso en el centro del escenario el debate sobre la prioridad (o la no prioridad) que le da la Argentina a la inversión en ciencia. El país, entre el sector público y el privado, invierte 0,53% del PBI en investigación y desarrollo (I+D), según datos publicados por el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad, y el 73% de esos recursos provienen del Estado. El indicador está por debajo de la media de Iberoamérica, que es de 0,79% y muy lejos del 2,34% que, en promedio, invierten los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Y del 1,93% de los países integrantes de la Unión Europea.
En América Latina el promedio es de 0,68% del PBI y Brasil es el país mejor ubicado en el ranking, con 1,27%. Le siguen la Argentina y, en tercer lugar, México, con 0,50%. Los especialistas coinciden en que el nivel local de inversión está por debajo del requerido para alcanzar niveles internacionales de competitividad.
Los datos son de 2016 (son los últimos disponibles, según un informe publicado meses atrás por el citado observatorio, y son también los que toma en cuenta el Banco Mundial para sus publicaciones), pero los analistas coinciden en que en los últimos tiempos no hubo variaciones significativas. Son 1200 las empresas que invierten en I+D de manera sostenida en el tiempo, según afirman en la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Inversión Productiva.
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El economista Juan Llach plantea que el nivel de inversión como porcentaje del PBI deja a la Argentina en el puesto 60 entre 180 países, casi el mismo lugar que en el ranking del índice de PBI por habitante. "Invertimos menos que todos los países desarrollados y ni que hablar de varios asiáticos. Invertimos como lo que somos, no como lo que éramos cuando tuvimos tres premios Nobel en ciencias, ni como necesitamos para ser un país desarrollado y socialmente integrado", agrega.
Según su opinión, para escalar posiciones es clave fortalecer e integrar estrategias. "No hay solo una falencia del Estado, que invierte cerca del 90% del total y que ha tenido gestos relevantes de continuidad en la materia en este siglo. El sector privado también debe hacer lo suyo y, además, no pocos investigadores deberían superar su frecuente individualismo, formando más equipos para trabajar en los temas más estratégicos".
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Algo similar sostiene Rodolfo Barrere, coordinador de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia, sostiene que, para mejorar la inversión que hace el país en investigación y desarrollo y sus aportes al crecimiento económico, es fundamental movilizar a los actores privados. Describe que en América Latina los gobiernos financian, en promedio, el 58% de la inversión, mientras que en Europa la ecuación está invertida. "Plantear las condiciones para que las empresas inviertan implica actuar sobre diferentes factores. Además de lo estrictamente vinculado a I+D, hay que hacer un esfuerzo de largo plazo con resultados inciertos -agrega-. Y hay que insistir en que, aunque la inversión en ciencia genera mayor valor agregado, con incrementarla no se saca a la gente de la pobreza ni se logra desarrollo. Esos objetivos están atados a muchos otros factores".
Desde el lado del sistema público de ciencia, los 140 directores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) se autoconvocaron semanas atrás en Córdoba y advirtieron que existe una situación tal que, "de no revertirse en forma urgente" provocará "consecuencias devastadoras".
Pese a las críticas, en el Gobierno afirman que no solo se apuesta a ampliar la inversión pública en el área, sino también a incentivar la de carácter privado. 
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Jorge Aguado, secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, señala: "Definitivamente, lo que nos diferencia de los países desarrollados medianos y grandes que logran una competitividad en el sector productivo es que usan el conocimiento y no solo lo producen; mejoran la calidad de vida". De todos modos, el funcionario dice que hay un crecimiento en la participación del sector privado, que en 2017 representó 27% del total (18% correspondió a empresas de origen nacional).
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La economista Mariana Mazzucato, docente de Economía de la Innovación en la Universidad de Sussex (Gran Bretaña) y autora de El Estado emprendedor, repensando el capitalismo y El valor del capitalismo, sostiene que el Estado es la organización más emprendedora del mercado y la que asume inversiones de mayor riesgo. Defiende el concepto de que la innovación es un proceso "colectivo, enormemente incierto y acumulativo" y señala que, a su entender, hay que dejar de lado la idea de un Estado "aburrido" que solo genera marcos regulatorios para la acción de los privados. Es necesario dar paso a "asociaciones dinámicas".
El eje en los incentivos
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Fernando Stefani, investigador principal del Conicet y vicedirector del Centro de Investigaciones en Bionanociencias, califica a la política oficial en este tema como "incoherente", porque forma especialistas que "no usa y que no tienen un rol". Agrega que, entonces, hay otros actores que "los reciben más que contentos, porque no invirtieron en formación y se encuentran con investigadores y científicos de primera línea".
Advierte, además, sobre un factor central al hablar del sector privado: dice que en ningún lugar del mundo la inversión de las empresas es espontánea: "Hay incentivos que ayudan a minimizar los riesgos; el Gobierno sirve para darle forma a un país y se la da con estímulos. Hoy gastamos mucho en incentivar la especulación, en vez de usar recursos para generar actividades de mayor valor; el discurso está disociado con la realidad".

Ante las críticas, Aguado admite que hay políticas y coyunturas que "se meten en el camino", pero insiste en que el Gobierno trabaja para que aumenten los incentivos indirectos por sobre los directos, que eran los más usuales. Se pasó de un mix de 90 a 10 a uno de 60 a 40 entre directos e indirectos; en el presupuesto 2019 hay $1500 millones destinados a crédito fiscal en investigación y desarrollo. "Esta política se acopla con leyes como la de Economía de Conocimiento, que suma incentivos; en líneas generales lo que se busca es, por un lado, el incentivo directo para quien no tiene hoy el capital, y el indirecto para el que lo tiene y aspira al reembolso", explica el funcionario. Y agrega que se intenta acercar capital de privados para que financien proyectos.
La ley de economía del conocimiento rige para las empresas inscriptas en el Registro Nacional de Beneficiarios del Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento. Está previsto que opere entre el 1° de enero de 2020 y el 31 de diciembre de 2029. Los beneficiarios no podrán ver incrementada su carga tributaria total nacional respecto de la que tengan al momento de su solicitud de adhesión al sistema.
La medida alcanza a todos los tributos nacionales (directos, tasas y contribuciones impositivas que tengan como sujetos pasivos a los beneficiarios inscriptos, y derechos o aranceles a la importación y exportación). En el caso de los tributos provinciales, deberá haber una adhesión a la ley por parte de las jurisdicciones para que los beneficios se extiendan a ese nivel.
En el caso de las contribuciones patronales, el beneficio consiste en computar en forma completa el monto no imponible dispuesto por la ley de reforma tributaria, sin tomar en cuenta el esquema de aplicación en modo progresivo que dispuso la normativa. En el régimen actual de promoción de la industria del software se permite computar, según el caso, contribuciones patronales como créditos fiscales; en el régimen ahora aprobado eso sería posible, pero por única vez. En cuanto a Ganancias, los beneficiarios serán alcanzados por una alícuota reducida de 15%, con la condición de que mantengan su nómina de personal en los términos y condiciones que establezca la reglamentación. Además, los que estén en el registro no serán sujetos de retenciones y percepciones del IVA.
En la Argentina, según las cifras difundidas por el Gobierno, el sector de tecnología emplea a 430.000 personas y exporta por alrededor de US$6000 millones. La ley amplió el régimen que había previsto la ley de software de 2004, extendiendo los beneficios a empresas antes no incluidas, como las de informática, producción audiovisual, electrónica y biotecnología. El costo fiscal proyectado es de unos $12.000 millones en el primer año.
En la experiencia internacional, el instrumento más usado para la promoción de la inversión es el crédito fiscal. En Francia lo usan por año unas 15.000 empresas; le sigue Estados Unidos con una cifra apenas más baja y, la media de usuarios de beneficios de este tipo en los países desarrollados medianos y grandes es de entre 5000 y 6000 firmas. "En la Argentina pretendemos entrar en un esquema más atomizado; si logramos estar en unas 2000, habremos crecido mucho", dice Aguado.
Mazzucato está convencida de que un Estado "emprendedor" debería enfocarse en cómo transformar los desafíos sociales -como la inequidad social, el cambio climático o el envejecimiento poblacional- en metas concretas que puedan alcanzarse a través de la innovación. Este esquema requiere que el Estado asuma un rol de liderazgo, con inversión en áreas que son muy riesgosas para los privados. "Significa tener presencia no solo en la ciencia básica y la investigación -analiza-, sino en toda la cadena de innovación, entregando recursos a las pocas empresas interesadas en comprometerse con objetivos innovadores. No se trata de una estrategia sectorial, de elegir áreas principales, sino de contar con muchos sectores para trabajar juntos en formas innovadoras".
Desde la Secretaría de Ciencia y Tecnología sostienen que trabajan "fuerte" en brindarle a los actores privados capacidades científicas desarrolladas en el sector público. Hay 120 acuerdos con empresas que van desde multinacionales a pymes y emprendedores. "No es solo financiamiento presupuestario, sino que también es clave acercar el sistema público", define Aguado.
Mazzucato grafica el rol que el Estado debe cumplir en casos como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa y la NASA en Estados Unidos: "La direccionalidad en las inversiones es fundamental, porque permite crear demandas que arrastran a distintos sectores de la economía; sino, el mercado es el que decide la dirección".
La economista ratifica que lo que impulsa la inversión empresarial son las expectativas respecto de dónde se encuentran las futuras oportunidades tecnológicas y de mercado. "Los incentivos fiscales por sí solos aumentan los beneficios pero no siempre la inversión, que es lo que impacta en la capacidad productiva y en la generación de buenos empleos".
Según Aguado, en materia de investigación básica el objetivo es ser lo "más amplios y libres posibles". En tanto, en investigación aplicada la focalización a largo plazo está en el plan espacial, en Pampa Azul (desarrollo productivo del mar), en alimentos, en salud y en industria 4.0 con tecnologías emergentes. "En biotecnología tenemos muchas capacidades -ejemplifica-; en ese indicador la Argentina fue el país que más creció, ascendimos seis posiciones y queremos seguir apostando". El funcionario plantea que en el plan Argentina 2030 (un espacio de diálogo intersectorial impulsado desde el Gobierno) se "reflejarán" estas metas.
El modelo de transferencia de conocimiento en la Argentina siguió la tendencia mundial de pasar de un esquema "lineal" (en el que cada actor tenía delimitado su ámbito de movimiento) al de "triple hélice", donde se produce un entrecruzamiento o convergencia de actores e intervienen simultáneamente universidades, centros de investigación pública, empresas y Estado.
Por ejemplo, los entes estatales pueden ayudar al financiamiento, poniéndose en contacto con el sector de la producción y ofreciéndole soluciones a sus requerimientos, o bien las empresas se acercan a sondear si pueden encontrar respuestas a sus búsquedas.

G. O.

LECTURA RECOMENDADA,


Cuentos completos 3, de Rubem Fonseca
Las pequeñas criaturas del inoxidable Rubem Fonseca
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La tradición del cuento argentino reposa, según un lugar común bien asentado, en el género fantástico, por mucho que esa definición deje fuera de juego a autores como Roberto Arlt. Siguiendo un reductivismo similar, el cuento brasileño contemporáneo tiende, a pesar de Guimarães Rosa o Clarice Lispector, a las miniaturas de un realismo seco y cortante. El laconismo sería efecto de una influencia que se opone a cualquier colorido tropical (la de Ernest Hemingway), aunque no debe descartarse que en la práctica ya estuviera configurado por la brevedad de la crónica narrativa, un formato popularísimo en la prensa brasileña.
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Dos nonagenarios, Dalton Trevisan y Rubem Fonseca, representan como ninguno ese modelo. El primero es, fuera de su país, casi desconocido. Sus relatos son rápidos estiletazos que modulan situaciones cotidianas y desopilantes, tan parecidas que sus personajes conservan el mismo nombre de historia en historia. Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925), como contrapartida, es tenido por uno de los grandes escritores del continente. Su obra -dura, pero también sarcástica y desbordante de silencioso humor negro- tiene una circulación mucho más amplia en castellano que la de su par de Curitiba. Solo comparten el odio por las entrevistas.
Un enigma detectivesco suele ser el epicentro de las novelas más conocidas de Fonseca. En Agosto, la trama desembocaba en el suicidio del presidente Getúlio Vargas (para definirlo mal y pronto, una suerte de Perón brasileño ), y en Grandes emociones y pensamientos imperfectos se seguía el rastro de la supuesta novela desaparecida de Isaak Babel, el escritor ruso víctima del estalinismo.
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Ese trabajo con los restos del policial negro detona de manera fulgurante en sus relatos, de los que Fonseca es un escriba poco menos que compulsivo. Si en las narraciones del comienzo de su carrera predominaba el realismo visceral, el tercer tomo de sus Cuentos completos deja en evidencia hasta qué punto su estética terminó por pulverizar cualquier limitación. Los cinco libros incluidos en el volumen (de Secreciones, excreciones y desatinos y Pequeñas criaturas, de 2002, a Amalgama, de 2013) fueron publicados en las dos últimas décadas. Podría decirse que al veterano Fonseca -dada la proliferación de imaginación indecente en sus historias, que podría desconcertar a más de un millennial distraído- el nuevo siglo no lo encontró dominado, sino libre de ataduras.
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Adicto a los narradores en primera persona -solo algún relato suelto de los casi noventa que figuran en el libro se permite obviarla-, Fonseca pone a sus personajes a actuar a partir de o hacia una idea más o menos disparatada mientras a su alrededor se acumulan, como un campo de pruebas, reflexiones y peripecias. El estilo sigue siendo acerado, de diálogos escuetos. La materia es hiperrealista, pero no el resultado, más cerca de la monstruosidad grotesca o del expresionismo.
La violencia y un deseo libidinal tortuoso son, como es habitual en el brasileño, la moneda de cambio recurrente. Más de un cuento termina con un simple tiro o palazo en la cabeza o algún otro crimen absurdo, pero sus contenidos, la materia, no le temen a nada, empezando por el último sustrato naturalista, la escatalogía. En vez de leer el futuro en hojas de té, el protagonista de un relato ("Copromancia") tiene la capacidad de leerlo en sus propias heces. En otro ("Mujeres y hombres enamorados"), una curandera envía a los que quieren conquistar al objeto de su deseo a que les saquen cera del oído o intenten orinarle la rodilla.
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La incorrección política -la indiferencia ante su posibilidad- apunta hacia los cuatro puntos cardinales, como cuando un padre desvía la investigación policial sobre la relación que mantiene el hijo adolescente con su maestra, algo que lo ayuda a superar la tartamudez. "No hay mujer que no sueñe con matar a su marido", se lee en "Francisca", incluido en uno de los libros ( Ella y otra mujeres), donde todos los títulos llevan nombres femeninos.
¿Dónde quedó aquel realismo del origen? Los cuentos del Fonseca tardío, que valen más sumados que de manera individual, son ya otra cosa: sus "pequeñas criaturas" se alimentan de la realidad como vampiros para representar una comedia humana de pincelada gruesa, ácida como los cuadros finales de Goya.

Cuentos completos 3
Por Rubem Fonseca
Tusquets. Trad.:R. Mata y otros548 págs. / $ 999


P. B. R.

DÍA DE LA BANDERA EN CONMEMORACIÓN DEL FALLECIMIENTO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO


20 DE JUNIO: DÍA DE LA BANDERA EN CONMEMORACIÓN DEL FALLECIMIENTO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO

Este día se honra al creador de la bandera nacional Manuel Belgrano, quien el 20 de junio de 1820 en Buenos Aires pasó a la inmortalidad. La bandera fue creada el 27 de febrero de 1812, durante la gesta por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Además Belgrano fue uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social, entre otras muchas cosas. Las ideas innovadoras de Belgrano quedarán reflejadas en sus informes anuales del Consulado.
La fecha fue decretada por ley 12.361 del 8 de junio de 1938, con aprobación del Congreso, por el entonces Presidente de la Nación Argentina, Roberto M. Ortiz. A partir del año 2011, por decreto nacional, dicho feriado es inamovible.
PASO A PASO
13 de febrero de 1812: Manuel Belgrano propone al Gobierno la creación de una "escarapela nacional", en vista de que los cuerpos del Ejército usaban distintivos diversos.
18 de febrero de 1812: El Triunvirato aprueba el uso de la escarapela blanca y celeste, decretando: "Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste..."
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27 de febrero de 1812: Entusiasmado con la aprobación de la escarapela, Manuel Belgrano diseña una bandera con los mismos colores, enarbolándola por primera vez en Rosario, a orillas del río Paraná. Allí, en las baterías "Libertad" e "Independencia" la hizo jurar a sus soldados. Luego, mandó una carta al Gobierno comunicando el hecho. Este mismo día, el Triunvirato le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui.
3 de marzo de 1812: El Triunvirato contesta la carta de Belgrano, ordenándole que disimulara y ocultara la nueva bandera y que, en su lugar, pusiese la que se usaba entonces en la Capital. La orden se debió a la preocupación por la política con el exterior. Pero, cuando la orden salía de Buenos Aires, Belgrano ya marchaba hacia el norte y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del Gobierno a la nueva bandera.
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25 de mayo de 1812: Al frente del Ejército del Norte, el entonces General en jefe Manuel Belgrano movilizó sus tropas hacia Humahuaca. En San Salvador de Jujuy, enarboló al ejército de su mando la bandera en los balcones del Ayuntamiento, en vez del estandarte real de costumbre que presidía las festividades públicas. Allí, la bandera argentina fue bendecida por primera vez.
27 de junio de 1812: El Triunvirato ordenó nuevamente a Belgrano que guardara la bandera y le recriminó su desobediencia.
18 de julio de 1812: El General contestó que así lo haría, diciendo a los soldados que se guardaría la enseña para el día de una gran victoria

miércoles, 19 de junio de 2019

HISTORIAS DEL CRIMEN,


Crónicas del crimen: la historia del descuartizador silencioso
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El frío era insoportable en la celda de hormigón, pero Eduardo Rodríguez Pastor no temblaba por la humedad gélida que le calaba los huesos en la madrugada del domingo 26 de julio de 2014, sino por la bronca de no poder juntar el valor necesario para terminar con todo. Para matarse.
En medio de la oscuridad y el silencio había arrancado un pedazo de fierro de la cama de cemento del calabozo y había intentado clavárselo en el pecho, como una especie de sacrificio ritual, para que los fantasmas huyeran de una vez por todas de su cabeza. ¿Qué lo había llevado a convertirse en un monstruo, en un asesino?
Rodríguez Pastor no logró suicidarse esa madrugada, y los médicos que lo atendieron horas después en el Hospital Alberdi, de Rosario, dudaron de que realmente lo hubiese intentado. ¿Era otra de las mentiras que atravesaban su vida? Luego de que le curaron la herida en el pecho, este hombre, de 54 años, alto, de físico envidiable, fibroso y delgado, dijo la verdad más profunda de su vida.
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Cuando uno de los policías que lo iban a llevar a los tribunales se acercó, le susurró al oído: "Yo lo maté y lo descuarticé. Está en la autopista". ¿Fue otra forma de suicidarse? El policía quedó pasmado y avisó a sus superiores lo que acababa de escuchar. Unas horas después, en el lugar que Rodríguez Pastor había indicado, en un camino rural sucio y polvoriento cercano a la autopista Rosario-Santa Fe, fueron encontradas siete bolsas de residuos; en ellas estaban los restos de su amigo Néstor Smud, de 69 años.
¿Qué lo había llevado a descuartizarlo? El misterio permanecía en el aire, sin respuestas. Y nadie quería revelarlas. Había un culpable, con eso bastaba, y no era necesario saber mucho más. ¿Para qué escarbar? Dolor era lo que sobraba en esta historia, cuyos protagonistas eran dos hombres mayores, de clase media, con dos hijos cada uno, que vivían en pleno centro de Rosario, que salían a hacer caminatas por la costa del río Paraná luego de haberse conocido por internet. Uno estaba preso y había intentado autoflagelarse y el otro estaba muerto en siete bolsas de residuos.
El último día de vida de Néstor Smud fue el 7 de julio de 2014. A las 17.30 recibió una llamada al celular de Rodríguez Pastor. Hablaron poco, y nadie, salvo ellos, sabe de qué hablaron durante esos 38 segundos.
Néstor provenía de una familia de dinero, pero no le había ido bien en los negocios, como aparentaba. Era contador, pero no ejercía, y vivía de un local de venta de bijouterie que manejaba con su esposa en el centro de Rosario. Era socio de un club judío que quedaba cerca de su casa, donde transcurría parte de su vida social.

Algo lo unía con Rodríguez Pastor, a quien tampoco le había ido bien en lo económico, a diferencia de sus dos hijas, una azafata y la otra, dueña de un gimnasio. Había pasado por varios oficios; fue mucho tiempo carnicero, taxista y personal trainer de gente mayor. Al menos eso decía él.
En este último tramo de su vida conoció a Smud, 14 años mayor que él. Fue por las redes sociales. Siempre se mostró como un dandy, con su cuerpo cuidado y bien vestido, lo que le daba fama de mujeriego. Estaba quebrado económicamente y amigos como Néstor lo ayudaban a cambio de secretos que quedaban en las cuatro paredes de aquel departamento de Salta y Alvear.
Pero la tarde del 7 de julio de 2014 algo se quebró. Rodríguez Pastor golpeó en la cabeza con una mancuerna a Smud, que se desplomó. El impacto de esa pesa de 10 kilos le provocó la muerte, según reveló la autopsia. Él declaró que no había tenido intención de asesinarlo con ese golpe y que Smud se le había ido encima.
Pero lo que pasó después desbarata esa argumento, porque llevó el cuerpo de Néstor a la bañera y lo dejó allí tres días. Limpió la sangre que había manado de la cabeza de la víctima de un modo casi quirúrgico. No dejó un solo rastro. Y decidió llamar con el celular del hombre que estaba muerto en el baño a la esposa, ya que sospechaba que lo estaría buscando y que estaría preocupada porque su marido había roto su rutina.
Ese teléfono sonó varias veces antes de que él llamara. Pensó un momento qué debía decir, qué coartada podía tejer. Nunca había estado preso en su vida y ese futuro irreversible lo torturaba. A las 19.30, decidió atender. Era la esposa de Néstor. Se le ocurrió exponer la teoría del secuestro. Eso le daría tiempo. Entonces, cuando atendió, dijo que Smud había tomado "el remise equivocado" y reclamó a la mujer, bajo la sombra del anonimato, que debía entregar 20.000 pesos "para volver a ver a su marido".
La mujer estaba desesperada. Dos horas después recibió otra llamada similar desde un locutorio de la zona de la terminal de ómnibus de Rosario. La Tropa de Operaciones Especiales montó un operativo en la casa de Smud; le intervinieron el teléfono celular y el fijo. Los investigadores creían que se trataba de un secuestro extorsivo, aunque les llamaba la atención la escasa cantidad de dinero que pedían por una persona que tenía contactos con gente a la que le sobraba plata. Pero no hubo más llamadas extorsivas.
La policía comenzó a contactar al círculo cercano a Smud en busca de indicios, de alguna pista de la desaparición del comerciante. Un hombre del club aportó un dato clave: el hombre de 69 años al que buscaban era amigo de un personal trainer con el que salía a hacer ejercicio. Y tenían previsto encontrarse. Este testigo pidió la reserva de su identidad; a la prensa se le dijo que la información vital la había dado un taxista.
La hora del horror

El cuerpo de Smud ya no estaba en el baño. Tres días después de matarlo, Rodríguez Pastor decidió descuartizarlo. Había comenzado a despedir un olor fétido. "¿Cómo saca una persona sola un cadáver de un departamento en pleno centro de Rosario?", preguntó meses después el asesino a un allegado. Aunque tenía fuerza, mover el cuerpo fue para él una tarea agotadora. Lo hizo por etapas. Afiló un cuchillo y usó una sierra de mano de sus tiempos de carnicero. Desguazó el cuerpo de Smud como sabía hacerlo con una media res y repartió las partes en siete bolsas que, en varias etapas, bajó y cargó en el baúl de su VW Polo.
Fue hasta un camino perdido cerca de Capitán Bermúdez. Tiró las bolsas y volvió al departamento, donde limpió todo.
Cuando la policía allanó su departamento, sabía que su suerte estaba echada. Aunque había limpiado todo con un empeño enfermizo, quedaron pequeños rastros que encendieron las alarmas de los investigadores. En el departamento fueron halladas dos armas, pero no las había usado. La causa de la muerte de Smud fue un golpe en la cabeza con una mancuerna que usaba para ejercitar sus bíceps.
A Rodríguez Pastor lo llevaron a la subcomisaría 27», del barrio Alberdi. En un calabozo, solo, la madrugada que tramó matarse decidió confesar todo. Hacia la zona rural de Capitán Bermúdez se dirigieron los policías, al mando de Mariel Arévalo, jefa de Seguridad Personal. En el lugar señalado encontraron los siete bultos. La escena era atroz. El forense del Instituto Médico Legal admitió que nunca había visto nada parecido. "Es un hito en la historia del crimen de Santa Fe", apuntó Arévalo.
El asesino fue enviado a la cárcel de Piñero, donde tenía una convivencia amena con los otros internos y con los guardias. En los partidos de fútbol se ocupaba de masajear a los jugadores que se acalambraban o sufrían alguna lesión. Decía que era kinesiólogo, pero era otra más de sus mentiras. No eran más que trucos aprendidos por haber practicado deporte toda su vida.
Dos años después, en febrero de 2016, Rodríguez Pastor falleció en la cárcel por un problema cardiovascular. Fue tres meses antes de que empezara el juicio por el crimen de Smud, que nadie quería que se hiciera, ni los familiares de la víctima ni los del victimario. En eso coincidían: el paso del tiempo debía encargarse de enterrar la historia.

Protagonistas de una pesadilla
Néstor Smud (víctima)
Tenía 69 años, casado y con dos hijos ya mayores. Provenía de una familia acomodada que, sin embargo, no tenía la prosperidad que aparentaba. Él era contador, pero no ejercía. Se dedicaba al comercio de accesorios de moda en un local que manejaba junto a su mujer en el centro de Rosario
Trabó relación con Eduardo Rodríguez Pastor, a quien había conocido a través de redes sociales. Salían a hacer caminatas juntos por la costa del río Paraná
En circunstancias nunca debidamente aclaradas, el 7 de julio de 2014 fue muerto de un golpe en la cabeza en el departamento de Rodríguez Pastor, que lo había citado a través de una breve llamada al teléfono celular
Eduardo Rodríguez Pastor (victimario)
Tenía 54 años y dos hijas de prósperas carreras personales -una, arquitecta; la otra, propietaria de un gimnasio- que contrastaban con la suya, signada por los altibajos económicos. Tuvo varios oficios: dijo haber sido carnicero, taxista y personal trainer de personas mayores
Alto y atlético, delgado y siempre bien vestido, se dejaba ayudar económicamente por amigos a quienes recibía en su departamento del centro de Rosario
El 7 de julio de 2014 golpeó en la cabeza a Smud con una mancuerna de 10 kilos; lo mató en el acto. Mantuvo el cadáver durante tres días en la bañera hasta que decidió descuartizarlo para poder deshacerse de él
El crimen, en tres momentos
Ataque artero
Sangre en el centro rosarino: Rodríguez Pastor mató a Néstor Smud con una pesa; mientras retenía el cadáver en su casa, llamó a la mujer de la víctima y le exigió $20.000 por un presunto secuestro
Hora de confesión
Revelaciones en la seccional: Agobiado, Rodríguez Pastor se clavó un fleje de hierro en el pecho, pero no logró quitarse la vida. Mientras se recuperaba le confió a un guardia que había matado y seccionado a Néstor Smud
Final sin juicio
Un infarto selló el silencio: Dos años después, y cuando esperaba el juicio en el penal de Piñero, donde se había hecho amigo de presos y guardias, Rodríguez Pastor murió de un problema cardíaco

G. d. l. S.

LA PÁGINA DE ARTURO PÉREZ - REVERTE,


La niña que ama a Aquiles



ARTURO PÉREZ-REVERTE
La historia de hoy es una historia de resistencia y de gloria. Una historia de gente que no se rinde. De padres y niños dispuestos a vender cara su piel. Y no se trata de buscar en el pasado: ocurrió hace solo unos días en un colegio argentino; pero si imaginan ustedes otro lugar, personajes y asunto, podría ocurrir en cualquier sitio. Especialmente -y por eso me detengo en ello- también en España. En estos tiempos grises en que cualquier independencia intelectual es aplastada desde la escuela, cuando lo que se busca es igualar a todos los críos en la mediocridad penalizando la brillantez y la inteligencia, la de la niña que ama a Aquiles me parece una historia ejemplar. Me enteré de ella hace poco, por casualidad, y busqué ponerme en contacto con el padre. Lo conseguí ayer mismo. Y como me lo contó, lo cuento.
Tiene casi cinco años y la llamaremos Helena. Con hache. Sus padres son muy aficionados a la historia antigua de Grecia, y la niña ha crecido familiarizada con los mitos clásicos. Por supuesto, se trata de una criatura normal: juega con otros niños, ve dibujos animados en la tele y cosas así. Lo que pasa es que, además, sus padres le leen cuentos mitológicos y homéricos antes de dormir, ve fotos de paisajes helénicos, conoce palabras del griego antiguo y los nombres de los dioses del Olimpo, y está familiarizada con los héroes de la Guerra de Troya, Teseo y el Minotauro, los trabajos de Hércules, Ulises, los Argonautas y todo el formidable repertorio, fascinante para un niño, que ofrece la cultura clásica. Por otra parte, Helena tiene unos padres responsables que cuando le cuentan esas historias procuran suavizarlas, volviéndolas adecuadas para una niña de su edad. Y en esos días de fiesta en que los críos se disfrazan, he visto fotos suyas orgullosamente vestida de hoplita griego, con casco, escudo y lanza fabricados con cartón y papel dorado.
El primer problema surgió en el colegio, cuando los niños empezaron las clases de inglés con números y nombres de animales. A Helena no se le daba bien contar en inglés, pero conocía los números del uno al siete en griego clásico. Y como todos los críos ansiosos de expresar en clase lo que saben, cuando se le preguntaba respondía con palabras griegas que la maestra no entendía. El asunto empeoró en clase de expresión, cuando al preguntar a los niños qué dibujo animado les gustaba más o qué personaje de Marvel era su favorito, Helena dijo que su héroe preferido era Aquiles. "¿Un personaje de dibujos que no conozco?", preguntó la maestra. "No, señora -respondió Helena-. Aquiles, el que luchó en Troya". Quiso saber la docente cómo una niña de cuatro años conocía a Aquiles, y ella respondió que se lo había contado su papá. La maestra fue a decírselo a la directora del centro, concluyendo ambas que seguramente la niña había visto la película Troya, esa de Brad Pitt, con escenas sangrientas y de sexo que los menores no debían ver. De modo que citaron a sus padres con urgencia.
La reunión con la directora, que en otros tiempos habría sido aclaratoria, fue la previsible en esta época de gilipollez y de cogérsela con papel de fumar. El padre lo explicó todo con naturalidad y ahí debió quedar el asunto, pero la directora tenía ideas propias sobre la formación humanística a los cuatro años. Demasiado pronto para eso, sostenía. Además, "su hija no debe consumir mitología griega porque cuenta historias violentas que jamás existieron y pueden confundir a la niña". Dijo eso y algunas cosas más, como "los mitos no dejan enseñanzas prácticas", "el griego clásico es una lengua muerta y no le servirá a su hija en el futuro" y acabó señalando el peligro de convertir a Helena en una marginal entre sus compañeras "normales", más familiarizadas con La Patrulla Canina y Mi Pequeño Pony.
El padre de Helena escuchó todo aquello en silencio. Y cuando hubo acabado la directora, dijo en lenguaje rigurosamente laconio: "Se necesitan dos años para aprender a hablar, pero sesenta para aprender a callar". Después se puso en pie y añadió: "Si vuelve a citarme por estas cosas, saco a mi hija del colegio y le pongo una demanda de proporciones homéricas". Y regresó a su casa, donde aquella misma noche le contó a Helena la historia de los trescientos espartanos que murieron en las Termópilas, peleando frente a un ejército inmenso, por defender la civilización occidental. Y a la mañana siguiente, como de costumbre, la llevó al colegio, saludó a la maestra y se fue al trabajo como cualquier otro día.

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