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lunes, 26 de junio de 2023

ARQUEOLOGÍA URBANA....LA CISTERNA


La Cisterna exhibe mucho más que vestigios de la vida porteña
El nuevo museo San Telmo atesora vajilla, utensilios y hasta el tanque de agua más grande que tuvo la Capital hace 200 años; entrada libre y gratuita
Silvina Vitale
En uno de los pozos se encontró la vajilla de la casa de los Ezcurra Rosas
Con corte de cinta y gran expectativa quedó inaugurado un importante espacio arqueológico en Moreno 550, en el barrio porteño de Monserrat. Es de acceso público e invita a adentrarse en los usos y costumbres de la sociedad porteña de hace dos siglos.
Los hallazgos se produjeron durante el proceso de excavación para la construcción del actual edificio –denominado Paseo de la Cisterna– en 2017. Participaron de la apertura oficial Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad; Emiliano Michelena, secretario general de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; el gerente operativo de Patrimonio, Martín Capeluto, y el propietario del inmueble, José Kohon.
“Mucha gente trabajó para que esto fuera posible y es a ellos a quienes quiero agradecer y, especialmente, a José Kohon porque tampoco era obvio que en la Argentina íbamos a tener la posibilidad de este acuerdo públicoprivado tan potente como el que terminamos generando. Tenemos un pedazo de nuestra historia revelada, la posibilidad de asomarnos y conocer cómo se vivía en ese tiempo, cómo era el día a día cotidiano, además del contexto histórico y sociopolítico que se atravesaba”, dijo Avogadro.
Estos descubrimientos tuvieron lugar en la etapa previa de la edificación, por lo que, en ese momento, se activó un protocolo para la protección del patrimonio arqueológico y paleontológico de la ciudad. “Se encontró una estructura que supo ser el reservorio de agua de la casa de la familia Ezcurra y luego de los Ezcurra Rosas, ya que Encarnación Ezcurra se casó con Juan Manuel de Rosas y vivieron allí durante varios años”, explicó Capeluto.
Es una cisterna de un diámetro de siete metros y un poco más de tres metros de altura y, por las dimensiones, se considera que era la más grande de la ciudad en ese momento, un elemento de lujo del que solo disponían las familias pudientes. “A partir de este hallazgo se sucedieron otros, ya que se iniciaron una serie de excavaciones en el mismo terreno. En uno de los pozos se encontró la vajilla completa de la casa de los Ezcurra Rosas, desde diferentes tipos de platos, tacitas, copas, que habían encargado a Inglaterra y que tienen leyendas que aluden a la época rosista. Se cree que, luego de la batalla de Caseros, los unitarios entraron a la casa y arrojaron allí estos elementos, lo que para nosotros, desde el punto de vista de conservación del patrimonio, significa un hallazgo fantástico”, agregó.
Tras su restauración estas piezas se exhiben en el sitio arqueológico, donde se puede visitarse la cisterna y otros elementos aportados por el patrimonio de la ciudad. Funciona sábados y domingos, de 14 a 18; miércoles, jueves y viernes, de 13 a 19.
“Es el sitio arqueológico más importante de la ciudad y es público”, enfatizó Capeluto. Durante el siglo XIX, el sitio perteneció a la familia de los Ezcurra Rosas y funcionó como vivienda. Los objetos recuperados durante la excavación dan cuenta de esa etapa; así aparecen porcelanas pintadas a mano y decoradas en oro, bebidas importadas y elementos que conformaban el servicio de té. La técnica predominante era la impresión por transferencia, una práctica costosa que permitía a las familias más adineradas realizar su propio modelo. Los platos con leyendas y colores alusivos al período rosista que se encontraron son un buen ejemplo de ello.
Entre el fin de la Campaña de Rosas al Desierto, en 1835, y la inauguración de la estancia San Benito de Palermo, en 1848, la casona fue centro político de la Confederación Argentina. Con la caída de Rosas, se convirtió en la sede de la Casa de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. “Fue la última sede antes de que el gobierno de la provincia se instalara en La Plata. Luego funcionó allí el Correo Central de la Nación. A principios del siglo XX, fue un conventillo que se demolió por un estacionamiento”, señaló Capeluto.
Los elementos encontrados retratan todo lo que pasó por esa casa, por ejemplo, aparecen tinteros y sellos que pertenecieron a la época cuando funcionaba como sede de la gobernación o que también pudieron ser parte de los elementos del correo. “También se encontraron canicas o bolitas, trompos y pelotas de cuero con los que jugaban los niños que vivieron en el lugar durante los años en que fue un conventillo”, añade

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

miércoles, 2 de agosto de 2017

ARQUEOLOGÍA URBANA


Descubrieron el sitio arqueológico más antiguo de Belgrano
Un equipo de expertos encontró restos de utensilios y alimentos donde en el siglo XVIII hubo un oratorio de los monjes franciscanos
Un equipo de expertos encontró restos de utensilios y alimentos donde en el siglo XVIII hubo un oratorio de los monjes franciscanos, es el sitio arqueológico más antiguo de Belgrano


Los primeros monjes franciscanos que vivieron en Belgrano utilizaban platos y fuentes de loza inglesa, porcelana oriental, ollas de terracota europeas, vasos labrados, copas de cristal y botellas cuadradas de bebidas alcohólicas, entre otros elementos. Restos de todos esos utensilios fueron encontrados en un pozo donde funcionó la primera capilla de la zona, el oratorio de La Calera, y permiten inferir que los frailes usaban a diario objetos similares a los de las clases altas de la sociedad colonial y virreinal del siglo XVIII. Se trata del sitio arqueológico más antiguo de la comuna 13, que abarca Belgrano, Colegiales y Núñez.


Según reveló el equipo del Centro de Interpretación Arqueológica y Paleontológica de Buenos Aires, la información sobre las prácticas de consumo de los sacerdotes proviene del desecho de objetos de su vida cotidiana. Los elementos fueron arrojados a un pozo ciego en la actual barranca que da sobre la calle La Pampa, a unos 20 metros de la intersección con Arribeños. Allí se situaban su capilla y una construcción anexa. "El hoyo nos habla sobre la existencia de materiales pertenecientes a habitantes con alto poder adquisitivo. De acuerdo con la información recabada, las familias pudientes les donaban vajilla y otras pertenencias de uso diario", explicaron los investigadores.
En excavaciones realizadas a dos metros bajo tierra, el equipo recolectó cuentas de collares, el asa de un misal roto, una hebilla de cinturón o de zapato, botones de hueso, una botija o pirulera -propia del comercio de aceite y otros productos de la época-, un florero de posible uso de culto, un portavela, un orinal de cerámica esmaltada a mano y espejos de vidrio. Los objetos más pequeños fueron recuperados a partir de la aplicación de técnicas de tamizado de tierra y de flotación.


Entre la vajilla, pueden distinguirse piezas de mayólica española y francesa, lozas inglesas del tipo Creamware y otras pintadas a mano, y cerámicas vidriadas propias de la última parte del siglo XVIII. También se aprecia gran cantidad de porcelana oriental, que constituía un producto exclusivo, prácticamente de lujo, muy difícil de reponer.
El oratorio de La Calera era un edificio de 1726; se denominaba de ese modo porque los monjes tenían a su cargo la extracción de rocas con conchillas utilizadas para la obtención de cal. "Las conchillas de moluscos fueron producto de una ingresión marina llamada belgranense, que ocurrió en Buenos Aires hace unos 100.000 años", explicó el paleontólogo Horacio Padula. Los frailes permanecieron allí hasta 1825.
En el mismo hoyo arrojaron a lo largo de los años restos de sus alimentos. Era habitual que una vez que los pozos ciegos se dejaban de utilizar se desecharan allí desde objetos rotos hasta remanentes de comida. Para el zooarqueólogo Mario Silveira, "se puede afirmar que los franciscanos se alimentaban principalmente de peces, aves y mamíferos como ovejas y vacas, entre otros animales".


El sitio arqueológico fue descubierto en diciembre pasado, momento en que los expertos aprovecharon la remoción de tierra realizada durante los trabajos de puesta en valor de las barrancas de Belgrano. Mientras ejecutaban una prospección superficial sobre la calle La Pampa, les llamó la atención la presencia de ladrillos de grandes dimensiones entre la vegetación. Luego se confirmó que se trataba de una estructura oval perteneciente a un antiguo pozo asociado espacialmente a la antigua capilla. Una vez despejado el césped que lo cubría y extraídas las primeras capas de sedimento de su interior, comenzó a irrumpir un conjunto amplio, diverso y bien conservado de materiales culturales de fines del siglo XVIII que pertenecerían al oratorio de La Calera, también llamado iglesia de San Francisco.
Estudio
La colección de vasijas, botones de hueso, vasos de vidrio y otros elementos recuperados.
Ricardo Orsini, miembro del equipo, recordó que llegaron por primera vez al lugar "luego de analizar diferentes estudios documentales y fotográficos que permitían no sólo conocer acerca de la presencia franciscana, sino además ubicar el punto aproximado en donde se levantó durante más de un siglo la capilla. Una intervención de tipo arqueológico constituía una línea de estudio sobre la vida cotidiana de los diferentes grupos eclesiásticos que se asentaron allí a lo largo de los años".


Los franciscanos se instalaron en las barrancas luego de que Juan Espinosa les cedió su chacra para la construcción de su parroquia y la explotación de la cal. Sin embargo, en 1774, la nieta de Espinosa les exigió que devolvieran las tierras, una casa contigua a la iglesia y el horno. Aparentemente les habían cedido las tierras con la condición de que sólo fabricaran cal para ser utilizada en su propia capilla y en la de San Francisco de San Telmo, pero los monjes habrían vendido a privados y a otras iglesias.


Un año después, la propiedad había cambiado de manos y el entonces responsable, Javier Hornos, les donó nuevamente el edificio original, no así las tierras. En 1775 se instalaron otra vez en La Calera, hasta 1825, cuando vendieron el edificio. En ese lugar se asentó la iglesia de la Inmaculada Concepción de Belgrano, tras la caída de Juan Manuel de Rosas y la creación del pueblo de Belgrano; esta capilla luego se trasladó a la calle Vuelta de Obligado, donde está la actual Redonda.
A diferencia de otros puntos arqueológicos de Buenos Aires, en los cuales el avance urbano impidió la preservación, en este caso la conservación del antiguo paseo de las barrancas de Belgrano permitió que subsistiera esta estructura bajo el parque. Los expertos pretenden seguir interviniendo el pozo con el objetivo de continuar las investigaciones tendientes a ubicar los cimientos del edificio de la orden seguidora de San Francisco de Asís en la Argentina.



Los trabajos están a cargo del Centro de Interpretación Arqueológica y Paleontológica de Buenos Aires, dependiente de la Gerencia Operativa de Patrimonio de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico porteña, con la colaboración de profesionales del Centro de Arqueología Urbana (FADU-UBA) y en coordinación con la comuna 13.
Testimonios de los expertos
Mario Silveira
Zooarqueólogo
"Los hallazgos nos permiten afirmar que los monjes franciscanos se alimentaban principalmente de peces, aves, y mamíferos como ovejas y vacas, entre otros animales"
Ricardo Orsini
Centro de Int. Arqueológica
"Estudios fotográficos y documentales permitieron no sólo conocer acerca de la presencia franciscana en el lugar, sino además ubicar el punto aproximado donde se levantó la capilla"







Los primeros pasos de los franciscanos, en un predio de Montserrat
La orden hizo pie en Alsina y Defensa, tras la fundación de la ciudad
Documentos hallados en la basílica de San Francisco, en Montserrat, indican que el templo fue construido a mediados del siglo XVIII con materiales provenientes del oratorio de La Calera, de las barrancas de Belgrano, donde los franciscanos que allí vivían trabajaban en la fabricación de cal a partir de conchillas marinas encontradas en el lugar. "El primer templo fue precario, elaborado a partir de adobe y paja. La construcción definitiva, para la cual utilizaron cal, fue a partir de 1731, según planos del arquitecto jesuita Andrés Blanqui", explicó Alejandro Javier Cáceres, guía del Museo Fray José María Bottaro, que funciona dentro del convento de San Francisco, en Alsina y Defensa, en Montserrat.
Se estima que los primeros franciscanos llegaron a Buenos Aires en 1580. Fueron los únicos religiosos que estuvieron presentes el día en el que Juan de Garay fundó la ciudad. Sin embargo, de acuerdo con registros que se conservan en la Biblioteca Histórica del convento de San Francisco, también se podría inferir que en realidad arribaron cuando se realizó la primera fundación de Buenos Aires, en 1536. En el actual barrio de Belgrano se instalaron en 1726, cuando se fundó el oratorio de La Calera.
Los monjes, seguidores de San Francisco de Asís, se caracterizan por utilizar desde sus orígenes, en el siglo XIII, un hábito marrón con capucha que contiene un cordón con tres nudos, que representan los votos de pobreza, obediencia y castidad, a los que deben adherir durante su vida. Se calcula que existen alrededor de 50 franciscanos a lo largo de toda la Argentina, especialmente en Buenos Aires y en las provincias de Catamarca, Salta, La Rioja, Santiago del Estero y Santa Fe, donde se encuentra el convento de San Lorenzo o convento de San Carlos Borromeo. No son monjes de clausura, sino que tienen una serie de actividades vinculadas a la beneficencia y la educación, principalmente. La escuela más antigua de la Argentina fue fundada por padres franciscanos: se trata del colegio San Francisco, también situado dentro del complejo de Montserrat.
El Museo Bottaro ofrece hoy una colección de piezas de imaginería de arte sacro colonial que es una de las más valiosas de América latina; se puede visitar de lunes a viernes, de 11 a 17.