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viernes, 4 de septiembre de 2020

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Género y territorio. Miradas femeninas al mundo poscolonial
De Maryse Condé a Chimamanda Ngozi Adichie o Edwige Danticat, las preguntas por el lugar de la mujer, la negritud y los desplazamientos entre culturas se convierten en un poderoso registro de la escritura





En 2018, el nombre de Maryse Condé (Guadalupe, 1937), autora respetada en Francia pero hasta ese momento poco conocida en el mundo hispanoparlante, resonó de otra manera. Inmersa en un escándalo de abusos sexuales, la Academia sueca había cancelado el Nobel de Literatura; frente a esta decisión, un grupo de intelectuales se propuso crear un premio efímero y en cierto modo compensatorio, al que bautizaron "el Nobel alternativo" y que le fue concedido a la escritora guadalupeña.
Maryse Condé a cara descubierta - Clarín
Por aquellos días circuló el video donde Condé agradecía el premio: desde su casa en el sur de Francia, en silla de ruedas y sonriente pese a las huellas del párkinson en la voz y los gestos, transmitía una intensidad que explica la increíble desmesura que por momentos exudan sus memorias. Porque, así como en Corazón que ríe, corazón que llora, la autora reconstruye su particular infancia en las Antillas, en La vida sin maquillaje -que acaba de distribuirse en la Argentina- sumerge al lector en el vértigo de una juventud vivida a caballo de tres continentes, en medio de convulsiones sociales y políticas, y a contramano de casi todo lo que no fuera el ejercicio de una voluntad empecinada, férrea, a veces desesperada.
En la obra de Maryse Condé, la reflexión sobre la problemática de género es inescindible de la pregunta por lo que significa habitar en la periferia del mundo. La vida sin maquillaje cuenta la génesis de esa mirada, además de la construcción de la escritora en tanto tal y en tanto mujer que se interroga por la sexualidad, la maternidad, el vínculo con los otros.
Está, además, la cuestión de la negritud. Nacida en territorio de ultramar francés, en el seno de una familia de los llamados "grandes negros" (la minoría de color que había logrado una situación económica acomodada), Condé fue criada en la reverencia a Francia y el desprecio a la cultura negra local. No demasiado tiempo le llevaría a la pequeña Maryse descubrir que para los blancos ella también era despreciable, por más que conociera al dedillo la literatura del continente. De la mano de ese descubrimiento vendrían entonces las lecturas de Aimé Césaire, de Frantz Fanon y, una vez en París -adonde sus padres la habían enviado a estudiar-, la participación en los círculos que discutían la descolonización.

África se convirtió en el gran objeto de deseo, el lugar donde -suponía la autora- podría encontrar la esencia que sus antepasados esclavos habían perdido. A fines de los años 50, con sus hijos a cuestas, desembarcó en un continente convulsionado, atravesado por la violencia y regido por una incólume cultura patriarcal. El periplo duró unos diez años, abarcó Guinea, Ghana y Senegal, y la confrontó con un mundo que jamás sería el suyo, que de algún modo la expulsó, pero que terminaría estando presente en casi toda su obra.
Chimamanda Ngozi Adichie, escritora nigeriana: “Sí importan las historias  que leemos” « Diario y Radio U Chile
Aunque perteneciente a otra generación y desde luego con otra mirada respecto de lo africano, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, 1977) también abordó en La flor púrpura, su primera novela, ese punto donde la perspectiva femenina se engarza con el registro de lo poscolonial. En este caso, a partir del punto de vista de una adolescente que asiste a las contradicciones entre una tradición que quizá tenga algo más que arcaísmos para ofrecer, y una modernidad donde la fascinación ante Occidente puede devenir en un conflictivo ejercicio de ceguera. En esta novela, la supervivencia del dialecto igbo representa para la protagonista algo más que el redescubrimiento de un territorio cultural. El igbo, junto con su sonoridad e historia, puede convivir con el inglés, portador de otros sonidos y legados. Una confluencia de expresiones en la que lo femenino irá tramando su propio surco.
A más de una década de haber escrito La flor púrpura, Ngozi Adichie, que en 2013 obtuvo el National Critics Circle Award por Americanah, reparte su vida académica y autoral entre Nigeria y Estados Unidos. Más allá de sus novelas, dos charlas TED la hicieron mundialmente célebre. Una es El peligro de una buena historia, donde advierte sobre el empobrecimiento de un mundo que solo acepte relatos contados desde un única perspectiva cultural. La otra se llamó Todos deberíamos ser feministas, se continuó en dos ensayos breves sobre el mismo tema, y consagró la popularidad de la escritora en el norte global.
La flor púrpura, de Chimamanda Ngozi Adichie
Sin este impacto masivo, la haitiana Yanick Lahens (Puerto Príncipe, 1953) no solo hizo suyas tanto la lengua francesa como el créole (lengua criolla, mixtura del francés y diversas lenguas africanas), sino que además formó parte de una asociación de profesores francófonos en los Estados Unidos, dirigió un proyecto llamado La ruta del esclavo, y actualmente es profesora del Collège de France. Premio Fémina 2014 por Bain de lune, Lahens mantiene fluidos vínculos con el universo intelectual europeo, sin que eso modifique su decisión de residir en el país natal.
De este amor por Haití, hecho de ternura pero también de una honestidad descarnada, se nutre la novela Douces déroutes, publicada en francés hace dos años y no casualmente acompañada con un epígrafe de George Sand: "Cuento aquí una historia íntima. La humanidad tiene su historia íntima en cada hombre." Por cierto, la de Douces déroutes es una historia ficcional, pero ambientada en el Puerto Príncipe caótico, cruel, ruidoso, desbordado y sucio que tan a menudo ocupa los titulares periodísticos. Los personajes transitan esa realidad sin ceder a la desesperación, anclados en los pequeños gestos donde resiste la vida: algún encuentro amoroso, una cena especialmente condimentada, la música. Una cantante veinteañera, hija de un juez asesinado por denunciar un caso de corrupción política, emerge como figura aglutinante y levemente reparadora. A través de su cuerpo, abierto al sonido como el cuerpo de un médium, resuenan las voces antiguas, el arte creado por sus ancestros, aquellos a los que el barco esclavista despojó de todo, menos de la voz.
La larga tragedia haitiana también late en Palabras, ojos, memoria, de Edwige Danticat (Puerto Príncipe, 1969). Radicada a los doce años en Estados Unidos junto con su familia, Danticat trabaja en esta obra con las huellas de la migración, la violencia política y el difícil lazo entre mujeres pertenecientes a distintas generaciones. Aquí es la memoria la que se enlaza con el género y remite al desafío que de algún modo marca esta época: hilvanar la trama de un mundo en el que centro y periferia dejaron de ser categorías inconmovibles.

LA VIDA SIN MAQUILLAJE
Maryse Condé
Impedimenta
Trad.: Martha Asunción Alonso
320 págs. $ 1650


LA FLOR PÚRPURA
Chimamanda Ngozi Adichie
Trad.: Laura Rins
304 págs./$ 899


D. F. I.

sábado, 8 de agosto de 2020

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Mujeres y ciencia. La pionera del ADN, reivindicada

Se cumple el centenario del nacimiento de Rosalind Franklin, la investigadora que fue clave en los estudios que modificaron para siempre la biología, pero fue despojada de un reconocimiento en vida
Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se ...
¿Pieza clave y desdeñada en la historia de uno de los descubrimientos de la ciencia de la segunda posguerra mundial? ¿O una científica gruñona y algo limitada que no vio la importancia de las fotografías moleculares que tomó y que por eso tuvo que ser trascendida por quienes sí vieron la estructura en forma de doble hélice del ADN, los célebres y laureados científicos James Watson y Francis Crick?
A cien años de su nacimiento, que se cumplen hoy, la herencia del trabajo de Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) aún está en disputa para la historia de la ciencia. Mientras durante mucho tiempo la visión que predominó fue la cristalizada sobre todo por James Watson, una creciente corriente busca darle hoy un lugar acorde a sus méritos.
Valeria Edelsztein | www.tedxriodelaplata.org
Una parte de ese revisionismo que buscó valorarla en su justa medida fue Brenda Maddox en La dama oscura del ADN (2002; aparentemente, sin traducción al español). "Franklin se ha transformado en un ícono feminista, es la Sylvia Plath de la biología molecular, vista como un genio cuyos dones fueron sacrificados para la gloria de los machos", escribió Maddox en la revista Nature.
Antes de eso, su consagración o reivindicación post mortem, Rosalind había vencido la resistencia de su propio padre a que estudiara durante la Segunda Guerra Mundial en lugar de sumarse a los esfuerzos de la sociedad civil en la lucha contra Hitler. Luego de doctorada en Cambridge en ese mismo 1945 del final de la contienda, vivió cuatro años en París, donde se transformó en especialista en difracción de rayos X. A su regreso a Londres en 1951 comenzó a trabajar en el ADN. En particular, su campo era la realización de fotografías de rayos X; una de ellas, conocida como "foto 51" es la que usaron de inspiración los tres Nobel para proponer el modelo helicoidal finalmente triunfante.
Las pioneras - Rita Levi-Montalcini,Giuseppina Tripodi | Planeta ...
El problema es que fue innoble el cómo. Maurice Wilkins -un científico que trabajaba puerta de por medio y con quien tenía fuertes disputas- sustrajo la foto de Franklin y se la mostró a Watson, que hizo "eureka". Tras eso, publicaron un trabajo el 25 de abril de 1953, que reúne en pocas páginas una información que modificó a la vez la biología y la sociedad para siempre. En ese paper, Franklin aparece perdida entre los agradecimientos. Hay investigadores que creen que la propia Franklin pudo haber llegado a la estructura por sí sola algunos meses después si no se le hubiera arrebatado esa foto de su cajón. Luego de ese hito, del que quedó marginada, se mudó al laboratorio de John Bernal -una institución en sí mismo- donde trabajó en el virus del mosaico del tabaco y en la polio, y en cierto modo se despidió del ADN. Falleció a los 37 años por un cáncer de ovarios, quizá en parte provocado por su trabajo sin protección con los rayos X. Vivió los pocos años que le quedaban bastante ajena a estas disputas.
Fallece Rita Levi-Montalcini, neuróloga comprometida y ...
Es famoso que a la hora de recibir el premio Nobel de 1962 por ese trabajo que Franklin protagonizó junto con Maurice Wilkins y la dupla Watson-Crick, la referencia a Franklin haya sido igual a cero. Se cuenta que Crick le preguntó a Wilkins si debía nombrarla; no, dijo Wilkins. Quienes se quedaron con la gloria del ADN apelaron a dos estrategias: por un lado, no nombrarla; y si lo hacían, hacerlo por lo general en términos de su conflictividad. Watson destaca que no se pintaba los labios, se vestía mal y "era innegable que tenía un buen cerebro. Solo con que lograse mantener sus emociones controladas, había grandes posibilidades de que fuera una verdadera ayuda". Lo hace en La doble hélice (escrito en 1968), en cuyo epílogo de años después tiene, no obstante, algunas palabras de disculpa. La llama "inmadura científica", que hubiera visto antes la doble hélice si se hubiera prestado más a la interacción con expertos, en Prohibido aburrirse (y aburrir, 2010). Watson no se privó de nada en su logorrea.
El propio Watson, hoy de 92 años, tuvo un recorrido posterior sinuoso que lo llevó a asesorar a la Casa Blanca sobre agentes biológicos para la guerra en Vietnam, y vio terminada su carrera cuando realizó declaraciones racistas, contra los homosexuales y contra las mujeres en ciencia, lo que de algún modo terminó de enmarcar su desprecio por Franklin.
En Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel(y nadie se entera) (2012), la argentina Valeria Edelsztein enumera la gran cantidad de investigadoras injustamente desdeñadas y apunta un rasgo en favor de la supuestamente conflictiva Franklin: "Contra toda lógica, Rosalind no se enojó al ver que Watson y Crick habían usado sus resultados sin mencionarla, sino que estaba contenta porque otros habían corroborado su modelo [?]. El resto ya lo conocemos. Es la historia de siempre: callaron, pero no otorgaron".
También en el Olimpo la ubica la italiana Rita Levi-Montalcini (ella misma genial científica y Nobel de Medicina de 1986) en Las pioneras. Las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia desde la Antigüedad hasta nuestros días (2017) donde cuenta la historia de colegas como Caroline Herschel, Vera Rubin o la infaltable Marie Curie. "El propio Watson reconoció el hurto (de la fotografía 51), aunque relató aquel episodio casi como si se tratase de algo cómico. En su obra describe a Rosalind con tal desprecio que muchos miembros de la comunidad científica hicieron llegar sus críticas al autor por el tono que había empleado y por su falta de ética profesional", escribe Levi-Montalcini.
María Jesús Santesmases (IFS) coautora de una biografía de ...
Otra obra en el mismo sentido reivindicativo fue la publicada en España por la doctora en química María Jesús Santesmases y el periodista científico Antonio Calvo Roy titulada simplemente Rosalind Franklin (2019). "Era una mujer moderna, amante de las montañas, inteligente y hábil con las manos. En apenas quince años de vida en los laboratorios publicó treinta y siete artículos de primera línea, considerados clásicos en su especialidad [?] capaz y brillante, dotada de un formidable tesón y de un extraordinario rigor intelectual, no se arredró en el difícil ambiente masculino de los laboratorios de los años cuarenta y cincuenta", escriben. Santesmases-Calvo Roy anotan que el Nobel de 1962 no fue el único en el que colaboró: también lo hizo con el Nobel de Aaron Klug de 1982 por sus investigaciones sobre las estructura de ácidos nucleicos y proteínas.
Esos tardíos reconocimientos ahora se multiplican. Desde 2004 una tradicional facultad de medicina de Chicago lleva su nombre; la actriz Nicole Kidman hizo de ella en la obra de teatro Photograph 51 y la revista Time la eligió como una de las cien mujeres más influyentes del siglo XX. Para su centenario, entre otras recordaciones, el King's College tenía preparada una celebración particular que pasó al 2021 por pandémicas razones. El homenaje en redes será con el hashtag #Franklin100e incluye algunas de las consecuencias de su trabajo, por ejemplo en la secuenciación de virus, virtualmente imposible sin los conocimientos de ADN. Sería justo entonces que su nombre se agregara en el ADN cuando se habla del descubrimiento de Watson y Crick y se pasara a la tríada Watson-Crick-Franklin. Pero habría que ver si a ella le hubiera gustado la compañía.

CIENTÍFICAS. COCINAN, LIMPIAN Y GANAN EL PREMIO NOBEL
Valeria Edelsztein
Siglo XXI
128 págs./$ 469

LAS PIONERAS
Rita Levi-Montalcini
Crítica
Trad.: Lara Cortés Fernández
128 págs./$ 810

M. D. A. 

miércoles, 20 de mayo de 2020

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Literatura a distancia. Aprender a escribir en tiempos de pandemia
Los talleres virtuales, una salida creativa para escaparle al confinamiento, parecen haber encontrado terreno fértil con la cuarentena; algunos libros, sin embargo, pueden resultar guías tan entretenidas y eficaces como los maestros más acreditados
Wislawa Szymborska - EcuRed
Hace casi dos siglos Honoré de Balzac llamaba plumíferos a los empleados públicos porque estos, por lo general, andaban con una pluma entre los dedos. Con el tiempo esta categorización, que tiene su costado peyorativo sin por eso dejar de ser simpática, se hizo también extensiva a los escritores. A primera vista no parece haber grandes similitudes entre los primeros y los segundos, pero lo que es seguro es que en la Argentina hay muchos de los dos.
Para bien o para mal los rioplatenses siempre escribieron demasiado y hoy ese gen plumífero se volvió más dominante que nunca. Con o sin cuarto propio, en nuestro modesto paisito de las orillas parecen haberse sincronizado los relojes biológicos del total de escritores -los consagrados, los in progress , los en ciernes y los en potencia, que vendríamos a ser prácticamente todos- para señalar al unísono como un gran cucú que el momento de escribir es ahora.
Mucha gente, y sobre todo mucha del mundillo editorial, le teme a la literatura de pandemia más que a la propia pandemia, porque con el confinamiento la curva de textos no solo no se aplana sino que además viene demostrando un crecimiento exponencial. Algunos murmuran por lo bajo que se avecina un desastre literario mundial. Exageran, ciertamente, ¿pero a quién podría importarle, cuando este mal sueño llegue a su fin, la obra de un ejército de tecleadores embotados por el alcohol en gel? Afortunadamente, el grueso de la producción se limita a crónicas, diarios íntimos y fragmentos desflecados, y el hecho de que nadie hasta hoy haya tenido el poco gusto de anunciar un rifacimento de La peste de Albert Camus, o la próxima aparición de una novela de más de 300 páginas, permite abrigar cierta esperanza en la especie.
"Hice un ejercicio de vaciamiento de mi voz para escuchar la voz del otro"
Este auge creativo que a algunos les resulta escalofriante es celebrado por otros como si se tratara de un nuevo siglo de Pericles. Y es así como, con afilado sentido de la oportunidad, estos otros han sabido captar, cooptar y capitalizar la sobreabundancia de escribas que anidan en las redes sociales (posiblemente más ubicuos en Twitter, por ser la plataforma que privilegia la palabra, la dialéctica, la ironía y cierto espadeo), ofreciendo talleres, cursos y cursillos online que consiguen enlazar a más de uno. Algunos talleristas, de hecho, en su apremio promocional, llegan a propiciar arengas dignas de entrenadores de atletas de elite y ni hablar de los que ofrecen una "garantía" como si el alumno fuera un electrodoméstico al que hay que calibrarle la resistencia. En fin, bienaventurados los que adscriben a estas ofertas y salen mejores, o por lo menos indemnes.
Sin embargo, existe y existirá gente menos gregaria y más recoleta que no se atrevería nunca a formar parte de un taller modo Zoom, por pudor, por cierta perplejidad ante la tecnología, por ser la primera vez que la idea de escribir se le cruza por la cabeza y presume que es tarde, o simplemente porque no está en condiciones de pagarlo. Para todos ellos (y para los demás también) hay libros que pueden resultar maestros tan eficaces como aquellos que dirigen los talleres más acreditados.
Maestros de la escritura , de Liliana Villanueva, por ejemplo, es un libro que hace foco en ocho de los talleristas más reconocidos del Río de la Plata: Abelardo Castillo, Liliana Heker, Mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg, María Esther Gilio, Leila Guerriero y Hebe Uhart. Sobre esta última autora, tan atenta a las modulaciones de cada voz, tan convencida de que la literatura está hecha de detalles y de que la verdad se arma en el diálogo, hay que mencionar que Villanueva -alumna suya durante varios años- ya había escrito anteriormente un libro precioso, publicado por Blatt & Ríos: Las clases de Hebe Uhart .


Además de ser interesante desde una perspectiva histórica (los primeros escritores que abrieron las puertas de sus casas lo hicieron para ofrecer un espacio de resistencia durante la dictadura) y pródigo en testimonios, Maestros de la escritura es un libro ameno y decididamente didáctico. Cada maestro es un capítulo en sí, con su impronta y metodología particular. Los hay más y menos intervencionistas, más lúdicos o más severos, más campechanos y más crípticos, más eficientes o más proclives a irse por las ramas. Y todos ellos legítimos en la proeza de enseñarle a otro a escribir mejor, sin caer en la trampa de hacer de ese otro el insípido clon de una distopía futurista, como bien temía Laiseca: "No quiero formar un ejército de Laisequitas".
Otro volumen muy útil para pulir la prosa es Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor de la poeta polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), Premio Nobel de Literatura en 1996. El libro es una compilación de las mejores respuestas a escritores principiantes redactadas por la propia poeta para una revista literaria de cuyo consejo de redacción formó parte durante casi tres décadas.

La pedagogía practicada por la primera dama de las letras polacas es una suerte de terapia de electroshock. Szymborska se arremanga y señala todo lo que está mal en la escritura y lo hace sin rodeos, con impecable liviandad y una ironía feroz. Sus cartas son breves, sin firma (porque no era invariablemente ella la que escribía en la sección) e infalibles a la hora de disparar contra ciertos vicios -lo solemne, la adjetivación barroca, los diálogos rengos, la rima sobreexigida, lo banal, lo afectado, lo cursi- sin importarle que la vocación ajena pudiera pulverizarse en ese instante.
Sus consejos son tan elementales como insoslayables: la lectura voraz, el buen uso de la gramática, la autocrítica, la corrección y la reescritura. No obstante, Szymborska no crea falsas expectativas en sus plumíferos aprendices ni pierde el tiempo con peroratas motivacionales. De hecho, hasta podría decirse que actúa adrede como una desalentadora serial, porque sabe, y no se avergüenza ni una pizca en decirlo, que "el talento? Algunos lo tienen, y otros no lo tendrán nunca."

CORREO LITERARIO
Por Wislawa Szymborska. Nórdica. Trad.: A. Murcia y K. Moloniewicz. 170 págs./$1690


MAESTROS DE LA ESCRITURA
Por Liliana Villanueva. Godot. 263 páginas. $ 940

D. V.

viernes, 3 de abril de 2020

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


La rebelión de las madres
"¡Mamá no hace caso!". En la retórica familiar, una inversión: el hijo señala que la madre es desobediente. No porque se resista a tomar la sopa o se empaque a la hora del baño: ella se rebela contra un destino de abnegada, eternamente al servicio de los otros, o de supermujer, capaz de conciliar familia con trabajo y cumplir con todo. ¿Cómo ser madre hoy? 
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Es lo que se preguntó la socióloga y escritora española Esther Vivas el día que descubrió, a sus 39 años y después de mucho buscarlo, que sería madre. 
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Y las respuestas que encontró están en Mamá desobediente, un ensayo recién publicado en el país que propone una mirada de época (feminista, igualitaria y emancipada) sobre un mundo fascinante que para muchos de nosotros, aunque hijos, es ajeno: la maternidad.

"Se ha generalizado a lo largo de la historia un determinado ideal de buena madre, caracterizado por la abnegación y el sacrificio", escribe Vivas y a la descripción de esa mamá casada, devota, monógama y esclava opone otro arquetipo: "Las supermamás o 'mamás máquina', tan sacrificadas como las madres de siempre, pero con una vida laboral y pública activa y, por supuesto, con un cuerpo perfecto". De este dilema parte para describir las exigencias del nuevo mamismo y proponer vías de rebelión: el rechazo a los mandatos e imposiciones o, aun peor, a las distintas formas de abuso que sufren las madres, como la violencia obstétrica. En la Argentina, el 67% de los partos en clínicas privadas son a través de cesáreas, mientras que la Organización Mundial de la Salud dice que una cifra superior al 10 o 15 por ciento no está justificada. "Se trata de una violencia no solo física sino también verbal, que puede expresarse mediante un trato paternalista, infantilizador o humillante hacia la madre", dice Vivas y a mí se me aparece el recuerdo de un médico que a una amiga embarazada le hablaba en media lengua, y le decía: "A ver, ¿qué le pasa a la mamita?".
Aunque algunos sectores del feminismo siguen viendo la maternidad y la crianza como fuentes de opresión, Vivas opina que se puede ser madre y feminista. El libro, que en España fue un boom en redes sociales y un tema de discusión en las tertulias televisivas, ayuda a repensar ideas arcaicas: esta Mamá desobediente defiende los derechos de aquellas que tienen hijos, pero no las glorifica al punto de volverlas mártires. Según Vivas, es una oportunidad histórica: "Una vez que las mujeres hemos acabado con la maternidad como destino, nos toca ahora poder elegir cómo queremos vivir esta experiencia".

Listamanía
Cinco libros actuales para repensar la maternidad



Mamá desobediente De Esther Vivas. Éxito en España, se publica acá esta "mirada feminista a la maternidad" que discute los mandatos tradicionales.
Resultado de imagen para El nudo maternoDe Jane Lazarre.
El nudo maternoDe Jane Lazarre. Un clásico reeditado: publicado en 1976, es el libro con las memorias descarnadas de una escritora que confronta el mito de "la buena madre"
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No madres De María Fernández-Miranda. El testimonio de mujeres sin hijos que se alejan de los tópicos y que anhelan un futuro donde no tengan que dar explicaciones.
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Maternidades subversivas De María Llopis. Embarazos, partos y crianzas fuera de la norma: una reacción contra la maternidad asexuada, medicalizada y desempoderada.
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Quién quiere ser madre De Silvia Nanclares.
Una novela autobiográfica sobre los deseos frustrados de una mujer que quiere ser madre y no consigue quedar embarazada.
N. A. 

sábado, 15 de febrero de 2020

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Memorias de mujeres. Cómo contar el dilema de la maternidad
El nudo materno, de la estadounidense Jane Lazarre, un clásico del feminismo, permite rescatar un momento clave de la reflexión autobiográfica y de la autoconciencia del complejo lugar de la posición femenina


"Todo el mundo lleva dentro de sí una especie de borrador, perpetuamente retocado, de la historia de su vida". Probablemente en 1975, cuando Philippe Léjeune escribió esta frase en El pacto autobiográfico, no sospechó hasta qué punto su libro anticipaba una suerte de pasión que se desataría varias décadas más adelante. Porque hoy, en tiempos de la llamada "era del ego", el uso de la primera persona, expansivo y exuberante, se prodiga en autoficciones, autobiografías, todo tipo de escritura confesional, ensayos, memorias. El diario íntimo, esa zona de delicado derrotero entre lo público y lo privado (al fin y al cabo, un diario siempre se escribe para alguien), alguna vez espacio estrictamente ligado a la construcción de la subjetividad, atraviesa buena parte de las actuales literaturas del yo. Lo hace tanto de manera evidente como a modo de eco difuso, recuerdo de cierto ejercicio de autorreflexividad más propio de épocas menos extrovertidas.

En este sentido, libros como El nudo materno, de la estadounidense Jane Lazarre, permiten volver a pensar no solo en la función de la escritura autorreferencial, sino también en lo que ocurre cuando esa escritura pertenece a una mujer.
Lazarre publicó El nudo materno en 1976 (un año después de que Léjeune presentara el que hoy es libro de referencia sobre la autobiografía): tiempos de la Segunda Ola feminista en Estados Unidos, pero también de intensa conflictividad social y racial.
En ese contexto, la autora se propone desmontar lo que denomina " la falacia de la maternidad" con una crudeza que incluso hoy resulta impactante. "Lo único eterno y natural en la maternidad es la ambivalencia", afirma. Pero también se permite decir, respecto de ella y del padre de sus hijos: "Éramos una entidad política: un hombre negro casado con una mujer blanca".
El sustento material de El nudo materno son los cuadernos de notas que la autora reconoce haber escrito, por años, de manera continua y frenética: un minucioso seguimiento de las transformaciones físicas, psíquicas e intelectuales de una mujer que vive por primera vez la experiencia de la maternidad.

En el prólogo a la edición en español de este libro se cita al escritor español Alberto Olmos, quien señala que "lo que permite diferenciar la cansina moda de la autoficción protagonizada por un yo en constante campaña de autopromoción de esa otra autoficción en la que brilla un yo literario es que en la primera el autor te lo cuenta porque le ha pasado a él, mientras que en la segunda te lo cuenta porque (también) te ha pasado a ti". De hecho, hay algo que vincula las memorias de Lazarre con otros textos autorreferenciales escritos por mujeres. Pueden ser los Diarios de Anaïs Nin y su indagación en el erotismo femenino, la maravillosa reflexión que Nancy Huston hace sobre la extranjería en Nord perdu; la intensidad intelectual, vital y literaria que traducen los diarios de Virginia Woolf, Susan Sontag o Alejandra Pizarnik, la desgarrada subjetividad que asoma en los Diarios completos de Sylvia Plath. En cada uno de esos trabajos, más allá de las diferentes personalidades, épocas o estilos cultivados por sus autoras, emerge lo que el feminismo de la segunda mitad del siglo XX denominó " autoconciencia".
 Un término que alude a la imbricación de la intimidad más profunda con la dimensión de lo político, es decir, con el lugar que históricamente tuvieron las diferencias de género. Habría, así, un vínculo casi inevitable entre el ejercicio de autorreflexión que implica toda escritura autobiográfica y cierta autoconciencia del complejo lugar de la posición femenina.
En el caso de la escritura de Lazarre, hay una permanente confirmación de que "lo personal es político". La autora no solo participó de los grupos de reflexión característicos de la Segunda Ola (donde las mujeres, activistas o no, se reunían para compartir experiencias, padecimientos o dudas sobre sexualidad, inserción laboral, cuidados), sino que también fue impulsora de grupos de reflexión sobre la maternidad, participó en la creación de redes alternativas de guarderías, y entendió el feminismo como un corpus de acción y pensamiento inseparable de su deseo, conflictivo pero deseo al fin, de ser madre.

Este tipo de concepción no tiene por qué ser inevitable. Basta seguir la obra autobiográfica de la neoyorquina Vivian Gornick que, a través del feminismo y la literatura, plasma en La mujer singular y la ciudad su decisión de renunciar a la maternidad y a la vida en pareja en pos de su realización personal. Por su parte, la francesa Virginie Despentes desarrolla en Teoría King Kong una poderosa primera persona que reivindica una sexualidad femenina no exenta de rasgos masculinos y, de paso, rememora su paso por la pornografía, la prostitución y el día en que sufrió la violación que la definió como escritora y como "mujer que ya no es exactamente una".

La furia de Lazarre es de otro tenor. Con honestidad brutal, narra desde los momentos en que podría dar la vida por su hijo hasta las crisis donde llega a fantasear con el infanticidio. El ejercicio intelectual es permanente, incluso cuando se aplica a la corporalidad más primitiva. Pero semejante inmersión en lo subjetivo no excluye el afuera. La escritora recuerda el día en que, con su niño a cuestas, acude a una manifestación. En un instante, cuando los cuerpos de los manifestantes, en su mayoría varones, se tensan frente a los cuerpos de los soldados que amenazan reprimir, percibe algo que nunca había sentido antes de ser madre: "Ellos eran hombres, y yo formaba parte del grupo de las mujeres y los niños. El mundo, con todo su horror y su prodigio, pertenecía más a mi pequeño, dormido en su cochecito, que a mí misma".

EL NUDO MATERNO
Jane Lazarre
Las Afueras
Trad.: E. Vilallonga
268 págs./ $ 1590


DIARIOS
Alejandra Pizarnik
Lume
506 páginas, $ 1049

D. F. I. 

lunes, 11 de noviembre de 2019

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


Novela romántica: un fenómeno con las mujeres como protagonistas
En 2019, el primer encuentro de novela rosa superó el cupo de audiencia
Ya sea en su vertiente biográfica o erótica, el género es un éxito editorial en la Argentina con un público bien definido: nueve de cada diez lectores son mujeres de todas las edades
De cada diez personas que compran una novela romántica, nueve son mujeres. Culebrones, romances prohibidos, relatos eróticos, biografías ficcionalizadas: con todas sus variantes, el género romántico causa furor entre las argentinas. Los datos de las librerías y editoriales indican que es el género menos afectado por la crisis que atraviesa la industria. Los títulos de las autoras románticas más populares del país venden en promedio unos 20.000 ejemplares. Y hay megasellers que ya han superado el millón de libros vendidos.
"Si bien hay rastros de novela romántica desde la época de la literatura clásica y ya con la literatura moderna surgen exponentes muy claros, sobre todo en habla inglesa, en la Argentina comenzamos a publicar autores locales del género hace unos quince años. Hasta 2000, aproximadamente, los títulos románticos que se publicaban a nivel local, salvo algunos pocos casos, eran traducciones. Dos de las grandes excepciones fueron Cristina Bajo y Florencia Bonelli, que empezaron a publicar entre fines de la década del 90 y comienzos de 2000. Ellas lograron, apenas publicadas, romper el nicho del género y transformarse en best sellers de inmediato", contó Florencia Cambariere, directora literaria de la División Comercial de Penguin Random House.
Según la editora del grupo PRH, que organiza la segunda edición del festival Historias que Enamoran, la excelente recepción que tuvieron autores del exterior los hizo notar el enorme potencial de lectoras argentinas ávidas de encontrarse con voces locales dentro del género. Así fue como en 2008 publicaron a Gloria Casañas y fue un éxito inmediato. "Desde aquel momento el género no para de crecer y es uno de nuestros segmentos de lectores más sólidos e incluso cercanos. Además, estas escritoras no hacen más que superarse desde la investigación y el oficio con el que trabajan sus obras. Muchas de ellas no son solo autoras románticas porque sus lectores las leen por muchos atributos más que exceden el género", agregó Cambariere.

Novelista y dramaturga,
Montfort es autora de Mujeres que compran flores (Plaza y Janés, 2016), un fenómeno literario global que ya lleva 22 reediciones cuyos derechos se han vendido a Estados Unidos, Francia, Portugal, Alemania, Noruega, Corea y Bulgaria, entre otros países. Su última novela es El sueño de la crisálida (Plaza y Janés), una historia de amistad entre dos mujeres rebeldes. 

Ron, por su parte, se hizo famosa con su novela Culpa mía a través de la plataforma de Wattpad, donde tiene 400.000 seguidores. Con la primera parte (Culpa mía) y la segunda (Culpa tuya) superó los 37 millones de lecturas digitales.
 Y con Culpa nuestra, publicado en febrero de 2018, el cierre de su trilogía Culpables, alcanzó el récord de 60 millones de lecturas en Wattpad y más de 100.000 ejemplares impresos vendidos. De visita al país, la joven autora va a presentar el segundo título de la saga Enfrentados, Ébano, una historia de amor con intrigas.

Cuando se pregunta a la editora de PRH si se trata de un boom destinado a permanecer o de una moda pasajera, Cambariere asegura: "El género romántico es un boom ya clásico porque no solo se sostiene en el tiempo sino que no para de crecer a pasos agigantados. Eso sí, no vende cualquier libro. Hay una búsqueda de voces muy exigente para lograr construir voces narrativas que permanezcan vivas en un catálogo. No publicamos libros que consideramos de baja calidad, sino autoras que se transformen en fondo editorial y que nos sigan trayendo nuevas y buenas novelas. Nuestro catálogo vivo es una prueba de ello".
Suspiros de amor verdadero

¿A qué se debe el furor por las historias románticas? Responde Gloria Casañas, una de las autoras argentinas más exitosas del género: "Pienso que la novela romántica toca las fibras más íntimas, remueve las emociones y también la ilusión de que el amor verdadero es redentor.
 Eso puede ser muy real cuando se lo encuentra, y es un deseo, un anhelo de todo ser humano. ¿A quién no le gusta enamorarse perdidamente? Las historias de amor permiten esa vivencia, aunque sea en la fantasía del lector, pero con la secreta esperanza de que se vuelva realidad".


Con once novelas, que vendieron más de 300.000 ejemplares, Casañas es referente de la novela histórica y romántica, una de las variantes del género. En el best seller La maestra de la laguna (2010) narra una historia de amor que transcurre entre Boston y la Argentina, a través de las maestras norteamericanas que trajo al país Domingo Sarmiento. La escritora cerrará el festival hoy, a las 15.15, con la charla "La escritura como tapiz. El hilo con el que se teje la historia", moderada por Cambariere.


Para
Gabriela Margall, autora de Lo que no se nombra y Ese ancho río entre nosotros, entre otras novelas, hay varios motivos que pueden explicar la pasión de las argentinas por las novelas históricas. "Uno es conocer la historia contada de otra manera, a través de personajes que no son necesariamente conocidos o importantes. Por otro lado, la novela histórica nos permite bucear en nuestra identidad, es una forma de conocernos. El pasado siempre es una pregunta, desde chicos, y la novela histórica es una de las formas de responder a esa pregunta". Justamente, la charla en la que participará Margall, junto con otras autoras, tiene como título "Entre la realidad y la ficción. La historia como novela".
Este mes, el sello Grijalbo publicó la segunda antología romántica
Ay, pasión. Historias que enamoran, que reúne relatos de "amor, deseo y seducción" escritos por Bajo, Casañas, Florencia Bonelli y Margall, entre otras. Del primer volumen, Ay amor. Diez historias para enamorarte, publicado en mayo de 2017, se vendieron más de 50.000 ejemplares. De Guarinoni, Milano, Border y Pérez Rey responderán preguntas de la audiencia.
Las lectoras románticas son tan ávidas que consumen libros en papel y electrónicos. En el último tiempo, además, también se están instalando con fuerza las versiones narradas en audiolibros.
La relación cercana de las autoras con las mujeres que compran sus novelas también es un fenómeno en sí mismo. "La fidelidad de las lectoras sorprende a los que no están dentro del género. Como escritora la viví siempre y solo empecé a preguntarme por ella cuando me hacían esa pregunta. Creo que una posible respuesta es que no hubo intermediarios, en especial en los inicios. La relación entre lectora y escritora era directa y eso generó una relación personal que sigue hasta hoy. En mi caso hay lectoras a las que hoy llamo amigas", asegura Margall.
Para Casañas, "el fervor de las lectoras es una continua fuente de sorpresa y gratitud, porque no hay que dar nada por sentado, esa fidelidad es algo raro y precioso". Y agrega: "Creo que la comunicación en las redes sociales la fomenta y la mantiene. Y luego los encuentros como este festival son el broche de oro que la consolida. Nunca son suficientes, siempre quedan ganas de más, más novelas y más encuentros. Y se da un fenómeno único, el lector se torna confidente muchas veces, es un círculo que gira y gira, siempre celebrando que los libros nos unan".

N. B.

domingo, 27 de octubre de 2019

AUTORAS Y LECTURAS RECOMENDADAS,


La literatura del siglo XXI revisa las maneras y las voces para contar la maternidad
Escritoras argentinas y extranjeras presentan madres alejadas de la visión idílica y los mandatos
La madre es, desde siempre, tema en la literatura. De acuerdo a cómo se la construye -desde dónde se la mira-, esa figura cambia. Con el Día de la Madre como excusa, se abre el espacio literario para pensar desde qué lugar y de qué manera se pone la lupa de la ficción para revisar modelos que parecieran no adaptarse a la horma de la contemporaneidad. ¿Qué traen las escritoras que escriben sobre el tema?
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La francesa Amèlie Nothomb escribió más de veinte títulos, todos de reconocida densidad. Pero
Golpéate el corazón (Anagrama) es una de sus apuestas más altas: una novela sobre madres e hijas. Mejor dicho, sobre lo que se despierta en unas a partir de las otras. Historia sobre el deseo, el propio cuerpo, y el cuerpo y el tiempo al servicio de otro: una hija. Eso le sucede a Marie, la joven bella que sabe lo que genera, especialmente en el hombre más guapo. Con él se casará, embarazada, y eso cortará sus sueños. Nace Diane y despierta en Marie una distancia tejida desde los celos que pone sobre la tela de los vínculos emociones impensadas, pero son lo que son. Así lo cuenta Nothomb: "A sus once años, Diane sintió que todo su universo se venía abajo. Hasta entonces, si había resistido era porque creía que su madre no era consciente de su sufrimiento. Y ahora descubría que, según su madre, ella era la culpable de la ausencia de ternura con la que se la trataba".
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También francesa, Julia Deck vino a la Argentina el mes pasado a presentar su novela
Viviane Élisabeth Fauville (Eterna Cadencia). Es la historia de una mujer de 42 años a la que su marido abandona luego del nacimiento de su hija; separada, se muda, prolonga su licencia por maternidad y mata a su psicoanalista. Deck, invitada en el marco del Filba, compartió junto a la escritora Margarita García Robayo y la periodista y socióloga Eugenia Zicavo la mesa que llevó por título "Madres hay millones: ¿qué configuraciones literarias circulan hoy en la construcción de personajes-madres?". Contestar eso produjo pausas, risas -de las que se festejan y de las incómodas- y también abrió nuevas preguntas . Dijo Deck: "Desde chica me fascinaron los personajes de las malas madres. Las madrastras, por ejemplo, tenían más estilo que las heroínas llenas de buenas intenciones". "Hay pocos textos felices sobre la maternidad -resalta Deck-. En Francia, todavía vivimos en un discurso muy pesado para las mujeres".
Resultado de imagen para Primera persona (Marea),
Otra propuesta se instaló: ¿qué pasa cuando no hay deseo de ser madre? García Robayo, que presentó hace poco su último libro,
Primera persona (Marea), trazó una analogía entre el pico más alto de la tierra y la maternidad. "Podés escalar el Himalaya, sí, pero es como si de esa experiencia uno se quedara solo con el vértigo. Si lo que más abunda es el padecimiento por la maternidad, eso me empieza a parecer insuficiente para contar una experiencia que es tan trascendental como escalar el Himalaya".
Resultado de imagen para Matate, amor (Mar Dulce), de Ariana Harwicz,
La maternidad tiene algo de lo irreversible. Así se puede ver en
Matate, amor (Mar Dulce), de Ariana Harwicz, la autora argentina que vive hace una década en Francia. Es la historia de un amor, como diría el bolero; pero de idílico, nada. Una universitaria arma su vida familiar y materna en medio del bosque. Un vacío cultural que la perturba hasta volverla a costados primitivos, modos de escape a esa rutina de la que no puede salir.
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En ese sustantivo, madre, pueden entrar desde el superyó del mandato hasta el deseo más líquido del dejarlo ser. En su segunda novela,
Fugaz (Tusquets), Leila Sucari trabajó a su personaje en esa oscilación. Una mujer joven que está sola en la vida. Es muy sexual, disfruta de su cuerpo, el de los otros. Queda embarazada y su hijo se convierte en alguien a quien amar, cuidar y es también objeto de todas sus dudas. Sobre el libro, Sucari dice: "Quise correr la maternidad de lo abnegado. Esta es una madre que no anula sus impulsos. Con la maternidad se nos pide todo en su justa medida, como si se disciplinara el deseo. Trabajé con los desbordes, esa cosa de hasta dónde termina uno y empieza el otro". Sucari, que también es madre, pensó en su propia experiencia para algunas cuestiones de la novela. "Para mí la maternidad fue tan fuerte que me hizo pensar mucho. El tema de las culpas, los miedos, todo eso que se dice como en un susurro es lo que pasa de verdad."
Resultado de imagen para Una casa llena de gente(Cía. Naviera Ilimitada), de Mariana Sández,
Una casa llena de gente(Cía. Naviera Ilimitada), de Mariana Sández,
tiene como centro la historia entre una madre y su hija. Contada desde este lugar: la infancia de la niña, Charo, con su familia. Luego, cuando la hija tiene 25 años, la madre muere y le deja todos sus diarios para que, a través de ellos, la hija construya ese vínculo. La historia de la infancia sucede en un gran edificio, hay cruces con otras familias, vecinos: una paleta de formas de maternidad y paternidad. "El entretejido de miradas muestra el modo en que se va construyendo una personalidad -dice Sández-. Cuánto somos lo que queremos o debemos ser, cómo terminamos ocupando ciertos roles para compensar los modelos de los demás".

M. A.