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martes, 20 de noviembre de 2018

BORGES, BIBLIOTECA MIGUEL CANÉ Y SUS ESPACIOS

VISITALA
Borges en la Biblioteca Miguel Cané

En el año 1938 bajo la dirección del poeta Francisco Luis Bernárdez, se produce uno de los hechos más significativos en la historia de la Biblioteca Municipal Miguel Cané. Ingresa como empleado el escritor Jorge Luis Borges, por recomendación de Adolfo Bioy, padre del escritor Adolfo Bioy Casares.
Se incorpora de manera provisoria el 8 de enero de 1938. En agosto del mismo año lo confirman en el puesto de hemerotecario auxiliar.
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Comienza realizando tareas de catalogación y clasificación del fondo bibliográfico. Lo más notable de su paso por la Biblioteca Cané es que en sus ratos libres se dedica a leer y escribir notas y reseñas bibliográficas para las revistas literarias El Hogar y Sur y además prólogos y traducciones de obras del inglés al español.
Así llegan cuentos como “La biblioteca de Babel”, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “Pierre Menard, autor del Quijote” incluidos en su libro "El jardín de senderos que se bifurcan", que más tarde formaría parte de "Ficciones".
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La biblioteca donde trabajó Borges
Resultado de imagen para borges en la biblioteca miguel cané, FICCIONES
Conocida mundialmente por haber sido el lugar donde el escritor se empleó por primera vez, la Biblioteca Municipal Miguel Cané constituye una visita obligada para todos los autores que visitan Buenos Aires.
La Biblioteca Miguel Cané encierra en sus salas historia y presente.
Avenida Carlos Calvo, entre Muñiz y Avenida La Plata: hay una fiambrería, una verdulería, una biblioteca, un restaurante chino... “¿Biblioteca? Hace 30 años que vivo acá y recién me doy cuenta de que esto es una biblioteca”, dicen algunos de los vecinos. Historias que se ocultan ante la mirada desatenta del ciudadano que no repara en aquellos lugares únicos que siempre se ven, pero pocas veces se miran.
La Biblioteca Municipal Miguel Cané es uno de esos casos. Sus puertas están abiertas desde el 11 de noviembre de 1927, cuando fue inaugurada por una designación de la Municipalidad de Buenos Aires. “Es una biblioteca muy importante. De tamaño medio en cuanto a volúmenes y con muchos años de historia. Incluso, fue la primera en la que hubo libros en braille. Hoy ya no tenemos esos tomos. ¿Qué pasó? La desidia”, afirma Miguel Rivas, uno de los bibliotecarios referencistas.

Conocida mundialmente por haber sido el primer lugar en el que Jorge Luis Borges se empleó de manera efectiva entre 1938 y 1946, la Cané recibe visitas periódicas de extranjeros que quieren conocer el lugar donde trabajó el mundialmente reconocido escritor.
Para este fin, se decidió armar una pequeña sala simbólica en la que están dispuestas una máquina de escribir, un escritorio y algunas de las obras más conocidas de autor, como "La Biblioteca de Babel". “La gente no entiende que acá se trabaja en todo el salón, ellos esperan encontrarse con un lugar puntual en el que se sentaba y escribía Borges. Fue por eso que armamos ese lugar, pero un bibliotecario no está siempre en un mismo escritorio. Lo gracioso es que hay muchos que tocan la mesa, respiran profundo y dicen: ‘Se siente su presencia –la de Borges-’, yo me como las carcajadas y les digo que sí”, cuenta Miguel.
Pero la historia de la Biblioteca de Carlos Calvo no termina ahí. Muchos escritores mundialmente destacados la visitaron varias veces y son recordados en las paredes del lugar. En 2008, recibió la visita del mexicano Juan Villoro, del peruano Mario Vargas Llosa (quien fue declarado visitante ilustre), y del chileno Jorge Edwards, entre otros.

La mayoría de ellos llegó al lugar atraído por la historia de Borges. Sin embargo, la opinión de Rivas en relación con el escritor no es de lo más amigable: “La verdad es que me tienen cansado con Borges. Fue un gran escritor, no hay dudas, pero hay que separar al escritor de la persona. Como ser humano, había cosas que me molestaban mucho: su soberbia, por ejemplo”, dispara. Lo que más le molesta al referencista es la forma en la que Borges concebía al trabajador público: como a "una clase de personas que se la pasaban hablando de mujeres y fútbol", cuenta.
Y es que la importancia de la biblioteca no radica únicamente en quienes trabajaron en ella, sino en el hecho de que aún hoy, luego de 85 años, sigue trabajando con la misma dedicación que siempre, pese a los avances de la tecnología, que le quitaron gran parte de su terreno como fuente de información. “La concurrencia mermó bastante de la mano de Internet. Los más chicos ya no vienen acá. Las cosas que les piden en el colegio las consiguen en Internet. Sin embargo, en los adultos aún persiste el rito de la lectura por suerte”, finaliza Miguel, expresando su deseo de que ese rito nunca pierda vigencia y de que la biblioteca vuelva a sus años de esplendor.

martes, 3 de julio de 2018

PAUL GROUSSAC, BORGES Y JOSÉ MÁRMOL...LA MIRADA INTERIOR

Se cumplen 89 años de la muerte de Paul Groussac, que, como Borges y José Mármol, quedó ciego; la penuria de un escritor excepcional
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Nunca sabremos del todo quién fue Paul Groussac. Fueron tantas las cosas que hizo y, de tan naturalizadas, resultan invisibles. Tras la estela del modernismo, inventó, desde afuera de la lengua, la prosa en América Latina. No por nada Alfonso Reyes lo admiraba sin vueltas. Además, le dio un impulso decisivo a la crítica musical, una conquista que casi nadie solía tomar en cuenta hasta que Pola Suárez Urtubey recopiló sus artículos
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Groussac aparece siempre pesimista, aunque con su lanza en ristre, dispuesto a atacar la confección de programas de concierto según criterios de gusto casi culinario y a defender lo nuevo, especialmente si viene de Francia.
Ahora, cuando se cumplen 89 años de su muerte, el médico oftalmólogo Omar López Mato, conocido por sus libros sobre las penurias del cuerpo que atacaron a artistas y próceres, publicó un artículo que recupera una vez más la maldición de los directores más emblemáticos de la Biblioteca Nacional: la ceguera. Ellos fueron José Mármol, en el siglo XIX, y ya en el XX, Paul Groussac y, casi ni hace falta decirlo, Borges. 

"François-Paul Groussac era un hombre de físico enjuto, irritable, mordaz y con fama de mal carácter -cuenta López Mato-. Llegó a la Argentina sin conocer el idioma y se convirtió en un eximio escritor y exégeta de nuestra historia. Los argentinos tenemos el extraño récord de contar con tres directores de la Biblioteca Nacional que quedaron ciegos mientras ejercían su conducción".

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La historia es antigua y el propio Borges hizo alusión a ella en "Poema de los dones", incluido en El hacedor (1960), ese que empezaba "Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche". Y en cuyo final está la clave de toda la historia: "¿Cuál de los dos escribe este poema / de un yo plural y de una sola sombra? / ¿Qué importa la palabra que me nombra / si es indiviso y uno el anatema? // Groussac o Borges, miro este querido / mundo que se deforma y que se apaga / en una pálida ceniza vaga / que se parece al sueño y al olvido".
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Groussac consultó el tratamiento con Clemenceau, y López Mato refiere el testimonio de Jorge Lavalle Cabo: "Una mañana, el doctor Poulard le sacó el vendaje y comprobó que el órgano visual funcionaba a la perfección. Groussac, emocionado, vio el rostro gozoso de sus hijas... Cuando volví por la tarde el hombre había rejuvenecido y, exultante, se prometía orgías de luz para los días inmediatos. Esa noche, un agudo y prolongado dolor en el globo ocular le enervó sobremanera... Se hizo necesario practicar un examen prolijo. El resultado fue desastroso: había sobrevenido un glaucoma y el ojo estaba perdido. ¡Groussac quedaba completamente ciego!". Quiso matarse, pero se impuso la dignidad.
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En 1979, cuando se cumplió medio siglo de la muerte de Groussac, Borges escribió sin rodeos y con un énfasis poco frecuente en él: "Sus instrumentos fueron la razón y la gracia, los años y el destierro... yo sé que está a mi lado, aconsejándome, yo, que no me atreví a conocerlo. Desde su sombra, Paul Groussac nos obliga a ser inteligentes y cultos". Por las sombras (también la segunda, la de la muerte, que ahora también comparte), Borges podría haber hablado de sí mismo.