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lunes, 18 de diciembre de 2017

NOVEDADES DE LA PRÓXIMA FERIA DEL LIBRO


Claudia Piñeiro inaugurará la próxima Feria del Libro porteña
Vendrán Paul Auster, Yasmina Reza y Juan Villoro, y quedará representado el boom de la literatura escrita por mujeres



La Fundación El Libro hizo  anuncios sobre la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la más importante en convocatoria de América latina: cerca de 1.250.000 personas la visitaron este año. En 2018, el acontecimiento cultural más destacado de la ciudad abrirá al público del 26 de abril al 14 de mayo, y la encargada de brindar el discurso inaugural será otra vez una escritora argentina: Claudia Piñeiro . La autora de Las viudas de los jueves y Las maldiciones dará el puntapié inicial para que los lectores salgan a la cancha en La Rural.
Este año, la FIL recibió la visita de un centenar de escritores extranjeros. Y la cifra se repetirá el año próximo. Entre los autores que viajarán a la ciudad se encuentran confirmados los estadounidenses Paul Auster y Richard Ford, la francesa Yasmina Reza y el mexicano Juan Villoro. Según señaló Oche Califa, director institucional y cultural de la Fundación El Libro, la 44ª edición estará caracterizada por una fuerte presencia femenina. El boom de la literatura escrita por mujeres será objeto de diálogos entre escritoras latinoamericanas y, a la vez, poetas con gran número de seguidores, como la española Elvira Sastre y la peruana Giovanna Pollarolo, conversarán con el público.
El segmento juvenil, que impulsa en la actualidad la industria del libro, será el otro gran protagonista. Por eso, en la próxima edición, las actividades destinadas a esos lectores se programarán desde el primer fin de semana; booktubers de México, España y Colombia se reunirán con sus fans de la Argentina.
En el año del Mundial de fútbol, el primero de los "Diálogos latinoamericanos" que organiza la Fundación será entre Villoro, confeso apasionado del fútbol, y Eduardo Sacheri, el autor de Papeles en el viento. Montevideo será la ciudad invitada de honor y ya confirmó la presencia de doce escritores uruguayos.
Por segunda vez se entregará el premio literario al mejor libro de cuentos inédito, en el que concursan escritores menores de 50 años (en 2017 lo ganó el narrador tucumano Máximo Chehin). En 2018, el ganador del primer premio se llevará 370.000 pesos, además del honor de ser consagrado por un jurado integrado por Ana María Shua, Mempo Giardinelli, el puertorriqueño Eduardo Lalo y el crítico literario Jorge Lafforgue.
Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro, adelantó que casi el 90% de los 45.000 metros cuadrados que abarca la FIL ya ha sido vendido. El 97% del presupuesto de la feria lo aportan los privados; el resto es el "don" del Estado nacional, de las provincias y de la ciudad huésped. La FIL de Guadalajara, quizá la única con la que compite la de Buenos Aires, se hace mayormente con capitales de organismos estatales.
Entre las novedades relativas al sector editorial, la Cámara Argentina del Libro (CAL) impulsa la creación de un Salón de Derechos y de rondas de negocios entre editores argentinos y extranjeros.
Por otro lado, en el encuentro , los representantes de la CAL anunciaron que para la "ley Pinedo" (irónicamente llamada "ley Google"), que se debatirá el año que viene, buscarían consensos entre los distintos representantes que defienden los derechos autorales ante la supuesta democratización de las plataformas digitales. "En las tiendas de venta electrónica, más del 90% de los libros digitales están pirateados", dijeron e indicaron que no existe en ningún país del mundo una legislación similar.

D. G.

martes, 18 de abril de 2017

LOS BOTONES AMOROSOS DE CLAUDIA PIÑEIRO



A partir de una caja de botones que heredó de su madre, la autora de Una suerte pequeña reconstruye una sutil memoria de lo cotidiano



Claudia Piñeiro abre la caja de botones que heredó de su madre y aparece un mundo. Mejor, fragmentos de lo que ha sido un mundo: un mar de botones de todo tipo y tamaño. Los hay grandes y pequeños, redondos y cuadrados, de nácar o forrados en tela. Tienen los colores más variados, pero la larga convivencia en esa caja de cartón los ha igualado. Parecen caracoles marinos olvidados en la arena del tiempo. Sin embargo, en algún momento todos han prestado servicio. Y todos tienen una historia. "Este es de un tapado de astracán que mi madre se ponía en las salidas importantes", dice Claudia. Exhibe un botón beige de superficie rugosa, redondeado en la punta. Habla sin sentimentalismos, con ánimo clasificatorio, tal como un arqueólogo describiría las piezas de porcelana de una civilización antigua a partir de los restos de un plato.
Devuelve ese botón al mar indiferenciado de la caja y pesca otro. Éste es pequeño, de tonos anaranjados. Pertenecía a un vestido que su madre le hizo a los 10 años. Claudia mira el botón, pero en verdad sus ojos ven aquel solero que tanto quiso y, por añadidura, una escena de su infancia. Le encantaba ponérselo para las módicas salidas que le tocaban en suerte a esa edad. Por ejemplo, al club Burzaco, donde iban a bañarse a la pileta en las tardes ardientes del verano.
Al mirar ese botón también ve a su madre. Inclinada sobre la mesa de la cocina, María Josefina, a quien llamaban Cuca, recorta moldes de papel de diario y traza líneas de tiza sobre la tela, con una pila de revistas Burda al costado. Aparecen también el costurero, las agujas, un ramillete de dedales. La Singer estaba en casa de la abuela, al lado. Con ese arsenal, Cuca hacía la mayor parte de la ropa que vestían los miembros de la familia, incluidos los guardapolvos de colegio.
La caja de botones, que entonces pasaba más tiempo abierta que cerrada, tenía vida propia. Durante décadas, de allí entraron y salieron en forma continua una incontable cantidad de piezas. Cuca juntaba las que podía, por las dudas. Y no rechazaba nada. Allí fueron a dar, por ejemplo, los botones que había reunido Octavia, una prima soltera, española, que murió inesperadamente en un accidente. Los botones no se perdían. "Como buena inmigrante, mi madre guardaba todo para el día en que hiciera falta. Nada se tira." ¿Habrá imaginado Cuca que esa caja de primeros auxilios un día le permitiría a su hija reconstruir la historia familiar a partir de la ropa que llevaban?


"Este botón marrón es de una campera que mamá le regaló a papá cuando eran novios", muestra Claudia. Y cuenta que de chica ella quiso estudiar corte y confección, como sus amigas, pero su padre la instó a estudiar idiomas o cualquier otra cosa que no acabara confinándola a una vida enteramente doméstica. Hoy sus habilidades le permitirían hacer un dobladillo o coser un botón, pero no mucho más. Desde temprano se ha inclinado por otros hilos: aquellos con que se tejen las historias. "En la escritura, la imagen que aparece es como una madeja de lana. Para que la historia se desarrolle, hay que tirar del hilo."



Hoy estos botones tiran del hilo de la memoria. Pero Claudia no los guardó por ese motivo tras la muerte de Cuca. La movían, en verdad, las mismas razones que habían movido a su madre: el sentido práctico. Para algo iban a servir. Por ejemplo, para que sus hijos hicieran un collage en el colegio. Pero ahí siguen los botones, fragmentos imperecederos de una secreta arqueología familiar.
H. M. G.