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martes, 17 de noviembre de 2020

CONSEJOS TECNOLÓGICOS


El byte se corta por lo más delgado VIII: Netflix versus Linux
Estos episodios empiezan casi siempre la misma forma: humildemente. Una pavadita. Una tontería que, además, no explica por sí cómo puso en marcha la serie de eventos que te dejó sin computadora, sin teléfono, sin smarttv, sin caldera o sin home theater.
Esta vez el problema se presentó luego de un hecho por completo insignificante. la computadora muy, pero muy legacy que usamos para ver películas y netflix (solo eso) está conectada a una pantalla LED convencional (o sea, no es un smart TV) por medio de un cable DVI con un adaptador HDMI. Es tan legacy que no tiene HDMI. ¿cuán legacy? Bueno, siéntense: la armé hace 13 años. Sí, trece.
Catástrofe en cascada
Hace una semana o algo así hizo falta un adaptador DVI/HDMI en otra máquina y, aunque sabía que tenía por lo menos otros dos, fue más fácil sacar el del televisor. craso error.
Luego, para ver una película, usé (provisoriamente) un cable VGA. pero netflix andaba a dos cuadros por segundo. así que terminamos usando un celular. Todavía me duele el cuello.
Al día siguiente, me propuse resolver el asunto y localicé otro adaptador entre mis innumerables repuestos. Supuse que todo sería soplar y hacer botellas, pero (Murphy, genio) después de volver a conectar todo exactamente como estaba antes, adivinen qué. correcto. netflix seguía andando mal. observé, sin embargo, que solo ocurría a pantalla completa, no en una ventana. ahora bien, aparte de que tenía cierto cierto sentido, no le encontré la gracia a eso de ver una película con los bordes de las ventanas a la vista.
Me puse a investigar un poco y descubrí que existía un driver (el controlador que media entre el sistema operativo y los dispositivos) de nvidia para esa placa de video. parecía ser la causa obvia y cometí el error de confiar en lo obvio. le pedí a linux que descargara e instalara el driver de nvidia, reinicié el equipo y todo parecía estar bien. Excepto por un detalle: al iniciar sesión, Ubuntu lanzaba un error y me devolvía a la pantalla de inicio de sesión.
Genial. Había pasado de desconectar un simple cable a quedar desterrado del sistema.
Antes de que lo pregunten, sí, inicié solo con la terminal y lancé X.org (dicho simple, las ventanas de linux) para ver qué ocurría. Simple: el sistema no podía iniciar el entorno gráfico (cortesía del nuevo driver) y me dejaba en la banquina, con la pantalla negra y el prompt. pensé en desinstalar los controladores de nvidia desde la terminal, pero no solo era una larga marcha, sino que además había otra cuestión.
Ese equipo estaba andando con un Ubuntu 16.04. En abril, por lo tanto, iba a tener que reemplazarlo. Ya lo había intentado antes, con un 19.10, pero la actualización me había dejado de a pie. cosa rara con linux, pero puede pasar con equipos tan antiguos. En todo caso, este accidente se presentaba como una ocasión excelente para intentar de una vez ponerle un sistema operativo que tuviera soporte durante al menos los próximos cinco años. Quise creer (intenten evitar el wishful thinking, es una pérdida de tiempo) que Ubuntu 20.04 habría resuelto los problemas del 19.10. lo instalé, y todo lo que obtuve fue un show de fuegos artificiales y defectos de video que, ocasionalmente, permitían divisar algún botón de las ventanas. no iba a andar, y no quería resignarme a volver al 16.04.
Fui a lo seguro: linux Mint. probé primero con Mate. Una vez más, las pantallas de instalación mostraban efectos anómalos y tardaban como siete años en cargar. Había pasado ya varias horas lidiando con el asunto y estaba empezando a considerar que esa noble máquina había llegado al fin de su ciclo. con 13 años cumplidos en junio, su longevidad era un milagro.
 En medio le había reemplazado algunos componentes que se desgastan rápido (como la fuente de alimentación), pero el motherboard, el microprocesador y las memorias era los originales. la placa gráfica, responsable del todo el siniestro, era también muy vintage (¡pero andaba!). Me conozco, no obstante, y me cuesta dar el brazo a torcer. repasé mentalmente cuáles eran las distribuciones de linux que nunca me habían fallado. En mi experiencia, la lista tenía una sola entrada: lubuntu.
Mientras colocaba la imagen de lubuntu 20.04 en un pendrive, me preguntaba cómo era posible que desconectar un cable hubiera desencadenado semejante situación (pésimo rendimiento a pantalla completa; un cambio de controlador que me había expulsado del sistema, y la imposibilidad de instalar una versión con soporte a largo plazo). nunca iba a saberlo, esa es la verdad. Ya había reemplazado el 16.04 original y toda prueba forense (por así decir) estaba ahora tapada de nuevos bits.
Pero las series son un culto aquí, y aunque no soy de mirarlas, me debo a mi público.
Con cierta ansiedad, inserté el pendrive con lubuntu 20.04 en un puerto USB, arranqué el equipo y cuando vi la pantalla de instalación, apreté Enter. crucé los dedos y esperé. luego apareció el Escritorio de lubuntu sin fuegos artificiales ni alucinaciones psicodélicas. por supuesto, faltaba mucho para cantar victoria. Tímidamente, lo puse a instalar. En unos 15 minutos estaba listo para reiniciarse. ahí vamos.
Tras esperar un rato, llegó la pantalla de ingreso al sistema. Había un parpadeo que no me gustaba y ya estaba por ponerme a despotricar cuando el Escritorio de lubuntu apareció claro y distinto, sin chisporroteos ni estroboscopios ochentosos. Había una actualización del sistema. previsible. la instalé. Después de eso y de reiniciar, entré en netflix con la más absoluta convicción de que iba a andar mal. pero no. a pantalla completa, en una máquina con 13 años de servicio, se veía a la perfección. Eso sí, no tenía sonido.

Sabía que iba a ocurrir, no obstante. Fui a la configuración de sonido, donde estaba seleccionado el dispositivo de audio interno, que no tiene ni por asomo la calidad de una placa de audio decente. pero lubuntu había instalado los controladores para la placa adicional de esa máquina (una Soundblaster audigy), solo que no la había seleccionado como la principal (típico). cambié eso y luego de una tarde de dar batalla, el equipo estaba pasando series y películas sin pestañear. Dio abasto para varias horas de entretenimiento, cuyos ecos llegaban, tranquilizadores, a mi estudio, donde estaba escribiendo. pero al rato se presentó un nuevo problema.
Esperen. a no desesperar. resulta que me había olvidado de configurar el protector de pantalla, que cada 15 minutos se activaba, insolente, mostraba unos bonitos rayos de luz azul, y bloqueaba la pantalla. Justo lo que uno necesita cuando está mirando una serie, ¿no? Me preguntaron si podía resolver eso, cosa que hice mientras me decía por dentro:
–In your face, obsolescencia programada.
Genial. Había pasado de desconectar un simple cable a quedar fuera del sistema

A. T.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

sábado, 22 de agosto de 2020

CONSEJOS TECNOLÓGICOS,


Todo será más fácil, si sigue estos consejos geek
Luego de tantos años rodeado de nuevas tecnologías creo haber aprendido algunas lecciones. Por las buenas, en general, pero no siempre. Aquí va un brevísimo compendio (hay mucho más en la web).
Consejos geek (primera parte) - MWU Design
• Si algo no funciona en un enchufe USB, el problema es el enchufe USB. Use otro.
• Dele tiempo. Espere. Una máquina colgada tal vez está solo trabajando. Pensando, como se dice.
• Las cajas negras son una mala idea. Si no se puede desarmar, es un retroceso.
• Lo de las cajas negras cuenta también para el software.
• Más conozco a las máquinas, menos confío en ellas.
• O sea, haga backup y guarde a menudo lo que está haciendo.
• Fundamental: para tareas críticas, si funciona, no innove. A menos que el programa ya no sea compatible con su nuevo sistema operativo o que contenga una falla de seguridad grave, sea conservador con las actualizaciones.
• No ponga a cargar un dispositivo si va a dejarlo solo.
• Trate estos aparatos con mucho cuidado. La densidad de componentes que tenemos hoy desafía no solo la imaginación, sino también nuestra capacidad de comprensión. Un transistor, que en mi adolescencia tenía el tamaño de una moneda, hoy es 400 veces más pequeño que un glóbulo rojo.
• Lea el manual.
• Use las baterías hasta que les quede un 15% y solo entonces ponga a cargarlas de nuevo. Deje de cargarlas cuando lleguen al 100 por ciento. Repita el ciclo.
• Respete los polos. En general, como solemos usar corriente alterna, esto pasa inadvertido. Pero las pilas, las baterías y los enchufes de los cargadores tienen un polo positivo y uno negativo. No es ninguna buena idea conectarlos al revés.
• No crea en las fotos que ve en la pantalla. Todo se puede falsificar hoy, porque ya no hay papel, acetato, tinta ni pigmentos. Son todos ceros y unos, y eso se manipula con una precisión que burla fácilmente al ojo humano.
• Ante un problema, pruebe primero si no es un falso contacto.
• Lo que importa son los altavoces y la memoria RAM. Invierta en eso antes que en todo lo demás. Si a ese equipo de audio que costó una fortuna le conecta parlantes de segunda categoría, sonará como de segunda categoría, irremediablemente.
• No pueden guardarse secretos en un dispositivo conectado a la Red. Si le dicen otra cosa, están mintiéndole. O espiándolo.
• No es usted, es su máquina. Y su patrimonio. Y su identidad. Mucha gente me llama exagerado por la cautela que siempre recomiendo en cuanto a contraseñas, autenticación, vulnerabilidades y demás. El argumento es siempre: “Yo en mi notebook no tengo nada que pueda interesarles a los hackers”. Bueno, dos cosas. Primero, no son hackers. Son delincuentes informáticos. Segundo, lo que buscan es aprovechar su hardware y robarle datos filiatorios y credenciales bancarias, de sitios de comercio electrónico, y así.
• Si al alejar los auriculares a la distancia de un brazo todavía puede oír la música, está buscándose una sordera a mediano o largo plazo. Baje el volumen. No es broma.
• Todo necesita mantenimiento. Sin excepción. Desde un ventanal hasta una caldera, desde el auto hasta el smartphone. De otro modo, tarde o temprano, y en general en el momento más inoportuno, el ventanal se trabará, la caldera no encenderá, el auto se quedará sin batería y el smartphone, sin espacio de disco.
• El tiempo y el esfuerzo dedicados al mantenimiento de un equipo son directamente proporcionales a dos variables: la complejidad del dispositivo y lo crítico de su tarea. ¿Está pensando en tu notebook? Supuse.
10 consejos geek para aprovechar al máximo tus viajes Las mejores ...
• Agua y electrónica no se llevan bien. Eso incluye la lluvia. Aunque hay algunos equipos que toleran la inmersión o las salpicaduras, la regla es no mezclar agua con electrónica. Fin del debate. Y aleje esa taza de café de la notebook, por favor. Ah, ¿es té? Lo mismo. Lejos.
• Nunca use una pantalla a oscuras. Siempre debe haber una fuente secundaria e indirecta de luz, a un costado, no demasiado fuerte ni tampoco muy débil.
• Evite usar una pantalla a contraluz de una ventana durante un día soleado. O de espaldas a esa ventana. El display, siempre perpendicular a las fuentes de luz intensas.
• Si el programa o el sitio no son claros y fáciles de usar, están mal diseñados. La idea de que hay que ser un veterano de Unix para usar una computadora o internet es tan obsoleta como discriminatoria. Su médico puede salvarle la vida y quizá no tiene ni idea de qué es grep. Ni hablemos de cómo usarlo.
• El teclado es seis veces más rápido que el mouse. Comprobado experimentalmente. O sea, aprenda todos los atajos que pueda. Y cambie de software, si el que está usando solo anda con el mouse.
• Toda maquinaria tiene límites operacionales. Altitud, velocidad, temperaturas máximas y mínimas, revoluciones, etcétera. Si las excede, habrá consecuencias. Desde romper el equipo hasta que deje de funcionar, al menos temporalmente. Recuerdo una vez, en la montaña, con mucho frío, bastante por debajo de cero, cuando alguien me dijo que su cámara de fotos había fallado. “No anda más”, sentenció. Tuve que señalarle que en realidad no hay electrónica de consumo que funcione debajo de cero grados. Ese dato figura, por supuesto, en el manual. Léalo. ●

A. T. 

martes, 31 de marzo de 2020

CONSEJOS TECNOLÓGICOS


Distanciamiento, clases virtuales, el retorno del teletrabajo y un poco de nostalgia geek
De la pandeia podríamos salir fortalecidos, pero también cambiados; en la imagen, un clásico de clásicos que ahora es software libre: Micropolis. Vintage, pero sigue siendo genial
Hasta ahora, el distanciamiento social no me viene causando demasiados trastornos. Un poco por suerte y otro poco porque tocaba, había hecho una compra preventiva poco antes de que se dictara el aislamiento. Preventiva no contra la pandemia , sino contra la inflación. Ya saben. Pocos instrumentos financieros más eficientes que el aceite, por poner un ejemplo. O el alcohol, ya que estamos.
A eso debo sumarle una biblioteca vasta, mi huerta, mi cocina, la música, que aquí suena prácticamente todo el tiempo, y alguna que otra película, aunque prefiero leer. ¿Jueguitos? No me alcanza el tiempo para tanto, incluso estando así guardado, pero debo decir que descubrí Micropolis en la tienda de aplicaciones de Ubuntu .
Es el primer SimCity -ataque de nostalgia inminente, prepárense-, cuyo código fuente la compañía Maxis donó en enero de 2008 bajo la Licencia Pública General (lo convirtió en software libre, en otras palabras), en especial para que se usara en el programa One Laptop Per Child . Esta simulación de una ciudad fue obra del genial Will Wright, autor también de Los Sims y del incomparable SimEarth. SimCity fue lanzado en 1989, para que se den una idea de lo viejo que es esto, y sin embargo me enganché sin poder evitarlo durante un buen rato.
Porque Murphy nunca falla -lo que es de por sí una contradicción o una paradoja-, justo cuando más la necesitábamos, se nos murió la placa de video de la computadora con la que vemos películas y series, situación que nunca había experimentado antes . He visto romperse discos duros (externos e internos), placas de sonido y hasta monitores. Mi primer pantalla, hace muchos, pero muchos años, fabricada por la que entonces era una segunda marca (a mucha honra) y hoy es un gigante de la industria, duró solo 10 minutos. Luego de eso, produjo un estampido sordo y empezó a echar humo por la parte de atrás. Era mi primera computadora personal. Eso es empezar con el pie izquierdo (aunque me lo cambiaron al día siguiente).
En fin, nunca me había fallado una placa de video. Cierto es que esta pobre soportó durante tanto tiempo un régimen de trabajo tan feroz que estaba pasada de vida útil. Antes de que lo pregunten, no, no fue el ventilador. Seguía rotando sin problema. Tampoco era el slot, el enchufe donde van las placas de expansión en una PC (ya sé, esta jerga suena a 1995); dado el aislamiento, fui a mi desván tecno, rebusqué en los cajones, y encontré otra tarjeta compatible. Funcionó.
Sí es cierto que el aislamiento me hizo atravesar algunas nuevas experiencias, con suerte desigual. Estamos trabajando mucho de forma remota, pero los periodistas nos adaptamos muy rápido a las circunstancias extraordinarias; básicamente, porque las circunstancias extraordinarias son lo que en un diario llamamos "noticias". Así que los diversos equipos nos alineamos en un santiamén y entre WhatsApp y herramientas especiales de trabajo a distancia seguimos haciendo nuestra labor . A la vez, y estoy seguro de que nos viene pasando a todos, echo de menos estar en la Redacción. Me crié en un diario, como ya he contado, y por lo tanto este vínculo afectivo no es ni caprichoso ni inesperado. Ni tampoco trivial.
Donde me sentí un poco extraviado fue con eso de impartir clases virtuales en la universidad . Al principio, confieso, me resistí a capa y espada, pero una conversación oportuna con una persona muy inteligente me hizo cambiar de opinión. O, para ponerlo más claro, recular en chancletas. Y allí fui al aula virtual, una plataforma web que funcionó más que bien.
En este caso, hay cosas que se pierden, pero también otras que se ganan. Le voy a dedicar, cuando haya dado más clases (y espero que no sean muchas, porque prefiero toda la vida el aula real), algunas reflexiones. Para no dejar esto tan inconcluso, diré que la experiencia fue mucho mejor que la que había esperado. Lo que me lleva a otra cuestión sobre la que estuve meditando.
Por obvias razones, el aislamiento es un dolor de espalda desde todo punto de vista, excepto el más importante en este momento, el de contener la pandemia. Así que quédense en sus casas hasta que pase la tormenta, no es broma . Pero el parate va a tener consecuencias muy fuertes en la economía. Aquí, un excelente análisis de José Del Río al respecto .
Además, y aunque no lo notemos en el corto plazo, también va a reubicar muchas piezas en el tablero. El teletrabajo, una práctica muy común en las multinacionales, posiblemente vaya a extenderse más allá de la pandemia . Hasta ahora estaba mal visto en unos cuantos ámbitos (y es impracticable en otros), pero lo cierto es que durante estos diez días en que no he salido de casa evité manejar más de 550 kilómetros.
Eso me hizo consumir menos nafta (algo así como 38 litros), lo que constituye un ahorro para mí, pero es nocivo, a gran escala, para la industria del combustible. Ahora bien, más importante es que evité casi dos horas por día (promedio; depende del día) de traslados. De pronto obtuve 14 horas de tiempo libre o de productividad, elijan lo que más les guste. Estoy dejando afuera tres jornadas del fin de semana, incluida la de hoy. Catorce horas es mucho; casi dos jornadas laborales completas.
¿Vieron todo eso que uno nunca hace porque no tiene tiempo? Bueno, advertí muy pronto que gran parte de ese tiempo está en los traslados. Para muchas personas estos números son todavía más grandes.
De modo que, en mi opinión, y como me decía el otro día mi médico (por teléfono), vamos a salir fortalecidos de la pandemia, pero también -agrego- vamos a salir cambiados. Eso, si nos comportamos como ciudadanos responsables.

A. T.