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jueves, 17 de octubre de 2019

CREENCIAS

"No hay lugar para Dios en el universo", dice el Premio Nobel de Física 2019
Michael Mayor, descubridor del primer exoplaneta, habló de las posibilidades de vida fuera de la tierra y sobre la visión religiosa del mundo
El astrofísico Michael Mayor, suizo, de 77 años, se convirtió ayer en uno de los tres ganadores del Premio Nobel de Física 2019 por sus contribuciones a la astronomía. Especialmente, el reconocimiento tuvo que ver con que Mayor, junto a Didier Queloz, colega y también ganador del prestigioso premio, descubrieron en 1995 el primer planeta fuera de nuestro sistema solar, es decir, el primer exoplaneta.
Ese primer exoplaneta hallado, orbitando alrededor de una estrella de tipo solar y que fue bautizado como 51 Pegasi comenzó una revolución en la astronomía y desde entonces se encontraron más de 4 mil exoplanetas.
Mayor, que es Profesor Honorario del Observatorio de la Universidad de Ginebra, se enteró de que había ganado el premio otorgado por la Real Academia de Ciencias de Suecia cuando abrió su notebook a las 11.45. "Empezaron a llegar cientos de mensajes. Respondía a uno y llegaban cinco más. Cerré el ordenador y no lo he vuelto a abrir", confesó en una entrevista en el diario El País, de España, país en el que se encuentra este astrofísico para visitar un centro de Astrobiología y brindar conferencias.
This year's#NobelPrizein Physics rewards new understanding of the universe's structure and history, and the first discovery of a planet orbiting a solar-type star outside our solar system. The discoveries have forever changed our conceptions of the world.pic.twitter.com/7RQmabi47z&- The Nobel Prize (@NobelPrize)October 8, 2019

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En la entrevista, cuando fue consultado sobre cuál sería el sitio de Dios en el universo, Mayer respondió: "La visión religiosa dice que Dios decidió que solo hubiese vida aquí, en la Tierra, y la creó. Los hechos científicos dicen que la vida es un proceso natural. Yo creo que la única respuesta es investigar y encontrar la respuesta, pero para mí no hay sitio para Dios en el universo".
Al referirse al lugar que ocupa la tierra en el universo, y las posibilidades de que exista vida extraterrestre, el ganador del Nobel, dijo: "Las estadísticas dicen que hay miles de millones de planetas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Muchísimos son como la Tierra. Parte de ellos está a la distancia precisa de su estrella para que haya una temperatura adecuada y se dé la química compleja necesaria para que aparezca la vida. Basados en esto, las probabilidades de que haya vida en el universo son descomunales".
Michael Mayor en el momento en que se entera que ganó el Premio Nobel de Física, en San Sebastián
Con respecto de la vida que podría encontrarse en los exoplanetas, el diescubridar del primero de ellos, señaló: "Pueden ser formas de vida más simples que nosotros. Los elementos químicos son siempre los mismos, pero hay tantas posibilidades de diversidad. Piensa por ejemplo en la Tierra, lo diferentes que son los animales que viven sobre la tierra de los que están en el océano, o en un desierto, o en un bosque... ¿Cómo es realmente la vida en otros planetas? Es una cuestión preciosa y enorme para la próxima generación".
"Encontrar vida evolucionada, una civilización, es una pregunta completamente diferente. Es mucho más difícil, por ahora no hay forma de responderla. Yo puedo pasar feliz el resto de mi vida intentando responder solo la pregunta de si hay vida más allá de la Tierra", respondió, a la pregunta de si es posible encontrar vida civilizada en otros mundos.
Más tarde, Mayor habló de la imposibilidad de llegar hasta algún exoplaneta: "Nunca podremos ir. Los humanos tardamos tres días en viajar hasta la Luna. La luz solo necesitó un segundo. Imagina un planeta a 12 años luz. La luz tarda mil millones de segundos en llegar. Multiplica tres días por mil millones, es demasiado tiempo. Es una fantasía pensar que podemos ir hasta allí".

jueves, 21 de abril de 2016

LA MEDICINA ¿CIENCIA O CREENCIA?


Quizá haya sido faraón en otra vida. O escriba. O limpiador de pirámides. O hasta gato sagrado. Pero la verdad es que no me importa, ni me interesa en lo más mínimo. Por supuesto que sí puede haber gente a la que sí le importa y sí le interesa, y están en todo su derecho. Pero que un curso de Terapia de Vidas Pasadas se dicte en la Asociación Médica Argentina como una alternativa terapéutica es otra cosa: es mezclar terrenos que no tienen nada que ver entre sí. Y eso está mal, muy mal.


Insisto: no está nada mal creer en la reencarnación, o en la influencia de los astros o en las patas de conejo. Lo que es inadmisible es darles un tinte científico (o de alguna aplicación de la ciencia como la medicina), porque no los tienen, y cualquier argumento en contrario es falaz, paticorto, engañador. Y peligroso, sobre todo si se aplica en el ámbito clínico, donde la gente se entrega a diversas explicaciones pseudocientíficas si es que cubren sus expectativas y, sobre todo, les da esperanzas que la investigación no siempre puede asegurar.
Pero allí está el curso dirigido a médicos y psicólogos, que asegura trabajar sobre la dimensión atemporal del alma o el atrapamiento de la conciencia, todo en pos del trabajo terapéutico de experiencias traumáticas de las vidas pasadas (y aclaro que estas son citas textuales del programa). Los asistentes tienen un bonus track, ya que se les realizarán prácticas de regresión didáctica (los afortunados son elegidos por sorteo) durante las mismas clases.


Estamos hablando de la AMA, la entidad cuyos objetivos incluyen nuclear a los médicos, estimular la investigación científica y la enseñanza médica. Las vidas pasadas no entran por ningún lado: esto no tiene nada de ciencia ni de base en la evidencia, como se supone que la medicina moderna debe perseguir. Pero de nuevo, aquí el problema no son necesariamente los interesados, ni siquiera el docente (que afirma que el mensaje de dedicarse a la cirugía del alma le llegó desde las estrellas), sino una organización que, al ofrecer sus instalaciones y nombre, le da entidad clínica a la pseudociencia.
Ejemplos de estas mezclas inmezclables hay muchos, lamentablemente. Hace muy poco tiempo, la comunidad científica se vio revolucionada por un trabajo publicado en la respetable revista PLoS ONE, bajo el título Características biomecánicas de la coordinación de las manos en actividades de agarre en la vida cotidiana, con autores chinos y colaboradores norteamericanos. Se trata de un estudio de biomecánica, que investiga las conexiones entre músculos, tendones, huesos y articulaciones de la mano humana. Pero la primera alarma aparecía ya en el resumen del trabajo, que afirmaba que "la conexión funcional indica que. la arquitectura conectiva entre músculos y articulaciones es el diseño adecuado del Creador para realizar una multitud de tareas cotidianas de manera confortable". 

De nuevo, esto no se trata de creencias: el Creador (cualquier sea la acepción que se le quiera dar) no tiene cabida en un artículo científico de estas características. Una vez advertido el desliz vino la reacción, las críticas y los pedidos de explicación; así, los autores afirmaron que, dado que el trabajo fue originalmente escrito en chino, se confundió la traducción de naturaleza por la de creador. La diferencia con el curso que mencionamos más arriba es que aquí se puso en marcha el mecanismo de control del rigor científico (que claramente no había funcionado adecuadamente en la revisión original del trabajo) y el paper debió ser retractado por la revista; en otras palabras, es como si nunca se hubiera publicado. También es cierto que quienes debimos haber pedido la anulación completa del estudio somos los argentinos, que sabemos que la única mano de Dios es local y apareció fugazmente en la cancha allá por 1986.

En definitiva, hay múltiples versiones del mundo y de la cultura. No son todas iguales, y barajarlas sobre la misma mesa no es ético, hace daño, da pena, y se acaba por llorar.

D. G.