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lunes, 15 de enero de 2024

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ




Cambios de vértigo: pros y contras

Joaquín Morales Solá

La ideología pintarrajea con trazos dramáticos la realidad. Que el oficialismo se quiere llevar puesta la Constitución. Que también se propone cerrar el Congreso. O que tal vez el gobierno de Javier Milei no pueda cumplir su mandato. De esto último dio cuenta Leopoldo Moreau, con una clara insinuación.
También el cineasta Adolfo Aristarain, quien directamente convocó a la sublevación popular hasta terminar con el gobierno de Milei. Dejemos tales incitaciones al golpismo en manos del fiscal Carlos Stornelli, que ya hizo la denuncia. Es probable que el Presidente aspire a contar con más facultades que las que debe tener un mandatario democrático, pero no es el primer presidente civil que le reclama al Congreso facultades extraordinarias. De hecho, desde que Eduardo Duhalde asumió en medio de la megacrisis de 2001/2002 el Ejecutivo le pidió al Congreso la declaración de emergencia económica. La tuvo siempre con la única excepción de Mauricio Macri; en 2017, Macri dejó caer ese atajo por el que el presidente llegaba rápidamente a tener más facultades que las que le otorga la Constitución. Alberto Fernández, ni lerdo ni tonto, las recobró no bien accedió al poder. Milei las tendrá, pero acotadas en el tiempo. Tampoco era necesario que un gobierno constitucional prohibiera reuniones de más de tres personas en el espacio público, como imponía un artículo de la ley ómnibus, que se trata en las comisiones del Congreso. Patricia Bullrich debió aclarar luego que el artículo se refería a reuniones para cortar calles o rutas. Es mejor prescindir de las decisiones que necesitan una aclaración. Ese artículo ya no está. Mucho menos debían apresurarse para calificar como una célula terrorista a un peluquero y a un jugador de pingpong. Es lo que hay, hasta ahora. La sobreactuación es una mala receta en cualquier circunstancia, pero lo es más cuando el Gobierno se plantea modificar un decreto de Néstor Kirchner, de 2006, que reglamentó la ley de defensa nacional de Raúl Alfonsín. Ese decreto les quitó a los militares cualquier injerencia en las tareas de inteligencia sobre el terrorismo internacional, cuya enorme magnitud ya se conocía desde 2001. El ministro de Defenhay sa, Luis Petri, les dijo a miembros del gabinete nacional que el país debe señalar al terrorismo internacional como un ataque extranjero y que, por lo tanto, los militares estarían habilitados para hacer inteligencia. La situación es más explícita en un país que sufrió los devastadores atentados terroristas que volaron la AMIA y la embajada de Israel.
Pero una cosa es lo que propone Petri y otra cosa es que militares retirados estén escarbando en la AFI (EX-SIDE), el servicio de inteligencia del Estado. Las leyes de defensa nacional, de seguridad nacional y de inteligencia les prohíben a los militares hacer inteligencia interna, sobre todo porque esta termina siempre ocupándose no del crimen organizado, como debería ser, sino de los albañales de la política local. El periodista Daniel Santoro informó que 3 coroneles, un brigadier y un almirante, todos retirados, fueron ahora nombrados en el servicio de inteligencia. Uno de esos militares trabajó al lado del exjefe del Ejército César Milani, quien tuvo una función importantísima en la recolección de información reservada para Cristina Kirchner. El actual director de la AFI es Silvestre Sívori, pero su referente político es el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, quien tiene, a su vez, como cercano colaborador al brigadier retirado Jorge Anelo. El arribo de esos militares a la AFI de Milei fue una decisión de Posse con el asesoramiento de Anelo. la nacion reveló durante el gobierno de Alberto Fernández que el exministro de Defensa Agustín Rossi había llevado militares retirados a la AFI cuando fue nombrado al frente del servicio de inteligencia del Estado. Se llamó “mesa militar” a esos exuniformados que hacían inteligencia interna. Rossi les inició entonces un juicio a este periodista y a la nacion por revelar nombres de espías. Pero fue oportuno recordar entonces que estábamos ante una decisión ilegal, como es oportuno recordarlo ahora. No una ley para Alberto Fernández y otra para Milei.
La desmesura se vio también en los artículos del interminable proyecto de ley referidos a la reforma electoral. En rigor, lo único urgente e importante es la implementación de la boleta única, que alejará cualquier riesgo de fraude. Por algo, el peronismo es y ha sido coherente solo cuando se opone pertinazmente a la boleta única. Lo es ahora en el Senado, donde lo hace con cierto disimulo mientras cubre al proyecto de boleta única con la necesaria confusión como para que no cambie nada. Si el Senado aprobara ese proyecto tal como llegó de Diputados, quedaría convertido en ley. La primera de la era Milei. Todo el resto de la reforma electoral, como una mudanza del sistema proporcional al sistema uninominal, requiere de un debate más profundo y de un consenso más amplio que el que prevén la Constitución y la ley. El sistema electoral es la base misma de la pirámide democrática; sus cambios no se pueden resolver por un voto, aunque ese voto los convierta en ley. Pero ¿serían legítimos en tal caso?
En el mientras tanto, los bloques no kirchneristas de la Cámara de Diputados tratarán desesperadamente de sacar en la semana que se inicia un dictamen de mayoría para aprobar gran parte de la ley ómnibus de Milei. Se trata de los bloques de Pro, de la Unión Cívica Radical, del que conduce Miguel Ángel Pichetto y de La libertad Avanza. Si cada uno de ellos (o solo uno de ellos) sacara un dictamen por su cuenta, el kirchnerismo y la izquierda estarían en condiciones de firmar el dictamen de mayoría, que es el primero que trata el plenario del cuerpo. Guillermo Francos y Martín Menem trabajan en las sombras más que en el triste espectáculo de luz y sonido que se vio en Diputados cuando se cruzaron los bloques cercanos al Gobierno con el kirchnerismo y la izquierda. “La ley saldrá, pero se sacarán algunas cosas y habrá también modificaciones en varios artículos”, dijo un diputado del viejo Juntos por el Cambio, la otrora exitosa coalición no kirchnerista que se fue sin decir adiós. Otra alianza antipopulista deberá fundarse en los próximos meses.
Un mes después de su arribo a la presidencia, Milei conserva lo que conquistó en la segunda vuelta electoral (tiene un promedio del 60 por ciento de imagen positiva) y es probable que el núcleo central de su plexo jurídico, el decreto de necesidad y urgencia y el proyecto de ley ómnibus, sea aprobado por el Congreso. No será idéntico al paquete que él mando. Algunas cosas dejarán de existir, en efecto, y otras se modificarán. Sucede en todos los parlamentos del mundo. La idea de que un proyecto del Ejecutivo debía ir al Congreso y salir aprobado sin ningún cambio era un capricho solo propio de Cristina Kirchner. Ni siquiera Néstor Kirchner cayó en tales cesarismos. Además, a Milei lo apura una inflación insoportable. Más del 25% de inflación mensual no fue un dato heroico. Es la tragedia nacional que dejó, sobre todo, la experiencia del populismo argentino.
La canciller y el ministro de Defensa están repartiendo sus trabajos para concretar un giro de vértigo en la política exterior argentina. El gobierno de Milei se propone dejar atrás las relaciones especiales con Venezuela, Cuba, Rusia e Irán para darles prioridad a los Estados Unidos, Israel y Europa. Ocurre que Diana Mondino debe hacer los necesarios equilibrios diplomáticos: China, por caso, rechaza cualquier sistema de libertades públicas y privadas, pero es el segundo socio comercial de la Argentina. Lula no puede ser un amigo de Milei desde que este se proclama admirador de Jair Bolsonaro, el archienemigo de Lula. Pero Brasil es el primer socio comercial del país. Petri, ministro de Defensa, hará una diplomacia más directa cuando elija con qué país harán maniobras conjuntas los militares argentinos o a qué país le comprarán armamento. Prevalecerán entonces Estados Unidos, Israel o Europa.
Dicen que el juez federal Ariel Lijo podría ser propuesto por Milei para cubrir la única vacante que hay en la Corte Suprema de Justicia. La sugerencia no es del ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, porque a este le gusta llevarse bien con la Corte. La sola propuesta de Lijo, un viejo amigo de Ricardo Lorenzetti, significaría, en cambio, un choque frontal con la mayoría de los jueces del máximo tribunal: con Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda. Todo estos están muy lejos de Lorenzetti. Serían, además, cinco hombres en un tribunal de cinco jueces. Ninguna mujer en un cuerpo que tuvo hasta hace poco a Carmen Argibay y a Elena Highton de Nolasco. Hay mujeres constitucionalistas muy valiosas para ocupar ese lugar en la cima del Poder judicial. La política necesita huir de nuevos escándalos. Y el Presidente tiene la obligación de despejarla de cualquier acritud, del tremendismo imaginario, del rumor espurio.
Hay mujeres constitucionalistas muy valiosas para integrar la Corte Suprema

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jueves, 24 de agosto de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


Sesenta días tan largos como la eternidad
Sectores del kirchnerismo apuntan a una inverosímil confabulación entre Milei y Bullrich para explicar los ataques a supermercados y comercios

Joaquín Morales Solá

Patricia Bullrich....Alfredo Sábat
Importantes remarcaciones de precios convivían en las últimas horas con los ataques a supermercados y comercios en el interior del país. Una inflación en alza es la consecuencia natural de la aislada devaluación del peso que el Gobierno resolvió de manera desprolija y por indicación, según dejó trascender, del Fondo Monetario. Todos los productos industriales argentinos necesitan de insumos importados, que se pagan por lo tanto con dólares, y los propios alimentos tienen precios internacionales, valuados según la moneda norteamericana. La situación social oscilaba entre la pretensión del gremio camionero, que pedía un explosivo 140 por ciento de aumento salarial, y los trabajadores que están en el mercado laboral informal, muchos de los cuales quedaron inmediatamente sin trabajo después de la devaluación. El propio Gobierno oficializó los brotes de rebeldía social cuando el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, se refirió públicamente a esos episodios de violencia. Extraños, por cierto. Comerciantes de Once y Flores cerraron sus negocios para prevenir ataques, pero la propia policía de la Capital aclaró que no registró ningún hecho delincuencial en esos barrios. Mientras el propio Aníbal Fernández aclaraba que no sabía si había intencionalidad política en los ataques a comercios en el interior del país, un gremialista ultrakirchnerista, Daniel Catalano, acusaba de la autoría intelectual de esos hechos a una inverosímil confabulación entre Javier Milei y Patricia Bullrich. Una deducción propia de los conspiranóicos ideológicos, que creen en la perpetua conjura de las ideas, sobre todo si están asociadas a pensamientos de centroderecha. Y si la realidad choca contra sus teorías, peor para la realidad. Vale la pena subrayar que Bullrich y Milei son ahora adversarios electorales, porque Bullrich necesita ocupar el lugar expectante en el que quedó el candidato libertario después de las elecciones del 13 de agosto. El segundo lugar en el que terminó Juntos por el Cambio fue una de las grandes sorpresas de ese domingo de elecciones.
Si bien Bullrich tendrá que realizar una hazaña electoral en los próximos dos meses, hasta las elecciones generales del 22 de octubre, Sergio Massa es el candidato que objetivamente está en peores condiciones. Es el ministro de Economía de un país que está entrando en una zona donde la inflación mensual será seguramente de dos dígitos, al menos durante agosto y septiembre, los meses previos a los comicios generales. Su viaje a Washington de estos días concluirá con algunos dólares como para pagarle los vencimientos al Fondo Monetario; también anunció un crédito del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) por 1300 millones de dólares para antes de fin de año, aunque no aclaró cuánto antes de fin de año. Información clave para saber cómo llegará la administración de Alberto Fernández al final de su mandato. De todos modos, esos aportes son inferiores a los dólares de los encajes que el Banco Central ya usó de las reservas. Los encajes son parte de los ahorros en dólares de los argentinos que el Banco Central retiene como garantía de los ahorristas.
Algunos economistas detectaron que ciertos precios aumentaron entre el 25 y el 50 por ciento en los últimos días, pero aclararon que la mayoría de los incrementos fue de entre el 10 y el 15 por ciento. “La economía ya estalló”, concluyó un observador político, aunque aclaró que se trata de un estallido dentro de las condiciones de un gobierno peronista. Esto es: no habrá, ni debería haberlo, un final anticipado del gobierno de Alberto Fernández. Massa tendrá que explicar esas adversidades políticas y también su condición de primer candidato peronista en la historia en salir tercero en una elección nacional. Ese fracaso político, de enorme magnitud, no lo elimina como candidato. Hasta es posible que Massa aumente el número de votos que tuvo hace diez días. Sucede que él está en condiciones de colocar a sus dos contrincantes, Milei y Bullrich, en el espacio de la centroderecha o de la “derecha neoliberal”, como la llaman peyorativamente. Si lograra erigirse como el único (e increíble) referente del progresismo, lo votarán no solo el peronismo y el kirchnerismo, sino también algunos argentinos que detestan todo lo que está a la derecha de ellos. Ninguna de tales especulaciones podrá comprobarse antes de que ocurran las condiciones económicas que acompañarán al país en las elecciones de octubre.
Por ahora, Massa está solo. El Presidente prefirió el lugar de la sombra, tal vez porque cree que ese es el mejor aporte electoral que él puede hacerle al peronismo. “Si lo vetaron como candidato a la reelección, ¿qué ayuda podría darle ahora al peronismo? Ninguna”, cizañean a su lado. La vicepresidenta se ocultó en la hora de la desgracia, que es la estrategia histórica de los Kirchner para hacer frente a la desdicha. Lo mismo hizo su hijo, Máximo, tan entusiasmado antes en hablarle a una sociedad que, según se demostró hace diez días, ni siquiera lo escuchó. El oficialismo tiene sencillamente la dificultad de explicar el presente. El actual auditor general de la Nación, Jesús Rodríguez, quien ocupa ese cargo en representación de la oposición, recordó en un interesante análisis que el Real Instituto Elcano, un prestigioso think tank español, registró el pobre desempeño de la economía argentina en el período 2000-2023. Dieciséis de esos veintitrés años estuvieron bajo gobiernos kirchneristas. La conclusión fue que hubo 10 años de crecimiento negativo; 16 años de inflación anual superior al 10 por ciento; dos años de déficit fiscal superior al 3 por ciento; nueve años de déficit fiscal superior al 5 por ciento, y 13 años de una relación deuda pública-PBI mayor al 50 por ciento. Jesús Rodríguez también consigna que el gobierno de Alberto Fernández-Cristina Kirchner provocó una inflación anual de tres dígitos por primera vez en el siglo que corre; que empobreció a la sociedad, porque la riqueza por habitante es menor a la del inicio de su mandato, y que empeoró la distribución del ingreso, porque, según datos del Indec, la participación de los salarios en la renta total se redujo del 51,8 por ciento al 44,9 por ciento del ingreso entre 2017 y 2022. Una brutal caída de casi 7 puntos porcentuales en el ingreso de los asalariados. El funcionario subraya por último un dato fulminante para el relato kirchnerista: el actual gobierno es el que más incrementó la deuda a lo largo de toda la historia argentina. Lo hizo al ritmo de 25.000 millones de dólares al año. Y dice algo más: la actual administración -la cuarta kirchnerista- “se benefició de un entorno de precios internacionales para nuestro comercio exterior como ningún otro gobierno desde la inauguración democrática en 1983″. Tuvo más viento a favor, inclusive, que Néstor Kirchner. Vayamos a los números concretos: el valor de las exportaciones argentinas en los 43 meses que van de diciembre de 2019 hasta junio de este año alcanzó los 261.000 millones de dólares, un incremento del 23 por ciento con relación al mismo período de tiempo de la administración de Cambiemos. La razón de ese monumental aumento de los ingresos de dólares al país fue la guerra que le descerrajó Putin a Ucrania (y el consecuente aumento de los precio de los alimentos), al revés del argumento oficial según el cual esa guerra fue una de las causas de la desventura del gobierno.
En ese contexto, de relato carente de verdades por un lado y de oferta de soluciones facilistas por el otro, debe moverse Patricia Bullrich, que carece de la condición de economista (que, bueno o malo, sí la tiene Milei) y de la credencial de supuesto especialista económico que sacó Massa cuando ingresó al Ministerio de Economía. Trascendió cerca de la candidata presidencial que la próxima semana anunciará a su equipo económico, que estará liderado por Carlos Melconian, uno de los mejores comunicadores económicos del país, quien estará secundado por Enrique Szewach, Luciano Laspina y hasta Hernán Lacunza, que fue jefe de los equipos económicos de Horacio Rodríguez Larreta. “Todos nos conocemos desde de la gestión de Macri, porque todos fuimos funcionarios de su gobierno. Y todos nos llevamos muy bien”, dijo uno de ellos, que pidió que no se lo nombre. El desafío de Juntos por el Cambio consiste, en efecto, en que debe competir con un economista (Milei) en medio de una profunda crisis económica y con un candidato oficial que cuenta con los siempre pródigos recursos del Estado, aunque se trate del ministro de Economía de una economía desquiciada.
Hay una casi palpable preocupación en la coalición opositora. La propia Elisa Carrió aclaró que su renuncia a la candidatura a parlamentaria del Parlasur se debió pura y exclusivamente a razones de salud. Debe guardar un reposo casi absoluto durante tres meses, señaló, después del ictus que sufrió en Santa Fe durante la campaña electoral. “Soy amiga de Patricia Bullrich y la apoyo incondicionalmente en su campaña presidencial”, precisó. Aunque la relación entre ellos se enfrió en los últimos meses, Carrió aclaró que su renuncia no tuvo nada que ver con sus diferencias con Mauricio Macri. Cerca o lejos de Macri, todos saben que el problema que tienen los cambiemitas se llama Milei, no Macri. Y lo seguirá siendo en los largos 60 días que faltan para las elecciones generales. Un período de tiempo tan largo como la eternidad para la condición cambiante y tornadiza de la política argentina.

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lunes, 14 de agosto de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


El triunfo del hartazgo social

Joaquín Morales SoláMilei, anoche, en el eufórico festejo
Una vasta y profunda protesta social se alzó ayer con la victoria. El Gobierno quedó atrapado dentro de una pinza conformada por la oposición clásica de Juntos por el Cambio y por la oposición rupturista del sistema que encarna Javier Milei.
En rigor, fue Milei la enorme sorpresa de la jornada, porque logró resultados que ni las encuestas ni las elecciones provinciales previas habían anticipado. Fue, por lejos, el candidato más votado. El partido libertario será en los próximos cuatro años, si repite en octubre los resultados de ayer, un protagonista clave de la gobernabilidad del país.
En efecto, si esos números se renuevan dentro de dos meses, Milei estará en una segunda vuelta contra Patricia Bullrich, aunque debe aceptarse también que la elección de ayer de Juntos por el Cambio fue realmente mala. Estuvo lejos del 40 por ciento de los votos, para hablar de cifras redondas, que cosechó en 2015, en 2017, en 2019 y en 2021. De igual modo, si todo se repitiera en octubre, el kirchnerismo habrá quedado relegado a un humillante tercer puesto. Sería la conclusión definitiva de un ciclo político que duró 20 años. Sin embargo, lo que más preocupaba anoche a muchos sectores del “círculo rojo”, según la etiqueta que le puso Mauricio Macri, es cómo y quién gobernará el país durante los próximos cuatro meses que quedan de mandato de Alberto Fernández. El hombre fuerte de la administración es, al mismo tiempo, el candidato Massa, relegado a mero espectador de trofeos ajenos.
Milei significa en sí mismo la expresión de un voto protesta, pero la baja participación de la sociedad en la convocatoria electoral constituyó también otro síntoma de la reprobación social a una dirigencia social demasiado entretenida en sus propios conflictos. Ayer participó solo el 69 por ciento del electorado, la más baja participación en elecciones presidenciales desde 1983. En aquella elección de hace 40 años fue a votar el 85,61 por ciento del electorado. De la última elección primaria presidencial, la de 2019, participó el 76,40 por ciento, casi el 8 por ciento más del electorado que se comprometió ayer con el primer paso para elegir a un nuevo presidente. Se puede concluir que la mayor dosis de protesta estuvo dirigida hacia el Gobierno, simplemente porque es el Gobierno, pero también es cierto que la oposición cambiemita estuvo en el centro de la censura social.
Desde 2021, cuando Juntos por el Cambio ganó ampliamente las elecciones legislativas de ese año, sus dirigentes no han hecho más que discutir sobre cuál de ellos sería el próximo presidente. Doble error: dieron por ganada una elección dos años antes de que se realizara y perdieron el interés en los problemas de la gente común. Esa fue, al menos, la apariencia, que es lo que importa en política. Mientras la oposición más seria se divertía con sus cosas, Milei creció con el voto de los jóvenes de clase media y media alta y también con los jóvenes marginales del conurbano bonaerense. Ninguno sabe de categorías políticas o muy pocos de ellos las conocen. Milei es obra, al mismo tiempo, de una moda política que suele instalarse en la juventud apolítica en un país raro, donde los jóvenes de 16 años no pueden ser juzgados por algunos delitos, pero pueden elegir al presidente de la Nación. De todos modos, ausentismo y Milei son expresiones cabales del hartazgo social con la dirigencia política en general. No debemos olvidar que fueron elecciones que se realizaron en un territorio geográfico con una inflación de entre el 120 y el 140 por ciento anual, con la mitad de su sociedad bajo la línea de la pobreza y con recientes seis muertos por el gatillo fácil de los delincuentes en apenas 48 horas. Bolsillos vacíos y el miedo a morir o a ver morir a familiares y amigos es una mezcla necesariamente peligrosa para cualquier estirpe política.
El ministro a cargo de esa economía es Sergio Massa, un candidato devaluado, tan devaluado como el peso argentino y como el gobierno que él aceptó representar en las elecciones primarias. El ministro-candidato debió enfrentar una elección después de una semana en la que todas las noticias, tanto económicas como las que alarmó la inseguridad, fueron pésimas. Debe reconocerse al mismo tiempo que el fenómeno Javier Milei frenó a los candidatos de Juntos por el Cambio y, sobre todo, le impidió a Patricia Bullrich sacarle una ventaja mayor a su contrincante en la coalición opositora, Horacio Rodríguez Larreta. El alcalde capitalino perdió en la propia Capital que gobierna frente a Bullrich, lo que significa, se lo mire por donde se lo mire, una anomalía política sin precedente.
Es la consecuencia, en parte, de las elecciones concurrentes, que resultaron un desastre sin paliativos. Rodríguez Larreta ordenó que los porteños votaran por primer vez el mismo día para autoridades nacionales y locales, pero en elecciones concurrentes. Significa que votaron en el mismo cuarto oscuro, pero con dos sistemas distintos: el de la boleta tradicional para las elecciones nacionales y el voto electrónico para los comicios capitalinos. Muy pocos entendieron algo. Colas interminables de votantes, máquinas que no funcionaron y ciudadanos cansados que terminaron desertando de la votación.
Las elecciones concurrentes las dispuso Rodríguez Larreta para que Martín Lousteau no se sintiera en inferioridad de condiciones frente a su oponente Jorge Macri. Una decisión destinada a conformar a los aparatos políticos que no tuvo en cuenta a la gente común. Increíble osadía después de que el ausentismo fuera el gran protagonista de las elecciones provinciales que se realizaron desde febrero pasado. La baja participación de ayer era previsible. ¿Por qué le dieron más argumentos a la indiferencia social? La jueza electoral de la Capital, María Servini, fue la primera en advertir sobre las numerosas fallas del sistema electrónico, que tuvo mejores experiencias en elecciones pasadas.
La Capital fue coherente con su historia: Juntos por el Cambio hizo una gran elección (con más del 55 por ciento de los votos a sus dos candidatos, Jorge Macri y Martín Lousteau), mientras el peronismo se redujo a poco más del 20 por ciento, que es el porcentaje que lo acompañó siempre en el distrito donde reside el gobierno nacional. Jorge Macri se terminó imponiendo contra un candidato del radicalismo, Lousteau, que recurrió a las buenas y a las malas artes para hacer su campaña electoral. La Capital seguirá en manos de Pro, que era el objetivo fundamental también del expresidente Mauricio Macri. El exmandatario detestaba la sola idea de que la Capital, donde inauguró el partido político que lo llevó luego a la jefatura del Estado, volviera al poder de los radicales.
Un dato preocupante se instaló ayer en Juntos por el Cambio: Axel Kicillof podría ser reelegido gobernador bonaerense si la elección de la víspera se repitiera en octubre. La novedad fue que Néstor Grindetti resultó elegido candidato a gobernador por Juntos por el Cambio; perdió la elección Diego Santilli, que había ganado las legislativas de 2021. Seguramente Grindetti fue arrastrado por la buena elección de Patricia Bullrich y Santilli sufrió la derrota de su candidato presidencial, Rodríguez Larreta. Pero ¿es posible imaginar un eventual gobierno de Juntos por el Cambio o del propio Milei con la provincia de Buenos Aires gobernada por un kirchnerista de pura cepa como Kicillof? Un país imprevisible en el mediano plazo y aparentemente ingobernable en el corto quedó dibujado cerca de la medianoche.
Rodríguez Larreta no fue el único gobernante que perdió en su distrito. A Massa le ocurrió el mismo fracaso en Tigre. Su antiguo protegido y actual enemigo, el ahora intendente de Tigre, Julio Zamora, derrotó a la esposa de Massa, Malena Galmarini, en el distrito que el ministro-candidato había convertido en un bien ganancial de su matrimonio. Nunca se terminará de entender por qué los políticos corren riesgos innecesarios. ¿Para qué necesitaba Massa que su esposa fuera intendente de Tigre? ¿De qué le serviría en el triunfo o en la derrota para su combate nacional? Si bien lo que sucedió en Tigre fue, quizás, el golpe que más le dolió al candidato oficialista, la derrota nacional tiene un mayor significado para Massa. Los resultados nacionales de ayer son en rigor el pronóstico de su definitivo fracaso como candidato presidencial, aunque debe reconocerse que el paisaje electoral se instaló en un territorio muy confuso. Solo se puede colegir que terminarán compitiendo Milei y Patricia Bullrich, pero como toda deducción puede resultar un error.
Es cierto que Patricia Bullrich se transformó anoche en la política argentina con razonables posibilidades de ser la próxima presidenta de la Nación. Es probable que su campaña de aquí a octubre le permita agrupar a ese 40 por ciento de los votos que Juntos por el Cambio perdió. Su primera tarea será retener los votos que obtuvo Rodríguez Larreta. Ella tendrá en ese sentido menos trabajo que el que le hubiera tocado al alcalde capitalino, porque los votos de Bullrich podían fugarse hacia Milei. Es improbable que quien votó por Rodríguez Larreta lo haga después por Milei; son opciones antitéticas. Pero Bullrich no debería ignorar ni subestimar a los que votaron por su ya excontrincante, porque seguramente buscaron una política más serena. Un país más tranquilo.
La sociedad argentina vive demasiadas guerras (contra la inflación insoportable, contra el narcotráfico impune, contra el robo sin alma) como para aceptar que le prometan una nueva. Nadie debería desdeñar, con todo, que una mayoría de la sociedad aspira a un cambio profundo de los paradigmas políticos que prevalecieron hasta ahora, que es lo que prometen tanto Bullrich como Milei. Cambios en la administración de los recursos del Estado, en la política exterior, en la relación con los inversores, en la conservación del orden público y en lucha contra el narcotráfico y la delincuencia. Si se suman el ausentismo y los votos a favor del cambio que prometieron Milei y Bullrich, ayer venció un clamor social para que nada en adelante sea igual a como fue. 

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jueves, 10 de agosto de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ, EL BLUE CASI 600 Y SE CORTARON LAS COMPRAS DEL BCRA


Elecciones decisivas cargadas de peligros
Joaquín Morales Solá
Una campaña presidencial de la que desertaron el Presidente y la vicepresidenta. Un candidato a presidente oficialista que es al mismo tiempo ministro de Economía de una economía en creciente crisis. Elecciones en las que la competencia más entretenida está en la oposición y no en el oficialismo. Un gobierno en el que conviven el anticapitalismo liderado por Cristina Kirchner y la versión capitalista que encarna Sergio Massa. Sin embargo, los ruidos más furiosos de las disputas internas se oyen en el espacio de la oposición.
Una oposición en la que no existen grandes diferencias sobre qué habrá que hacer, sino cómo habrá que hacerlo.
Cuando restan en realidad menos de dos días de campaña electoral (la veda comenzará el viernes, a las 8, que es como decir que la campaña terminará en la noche del jueves), nadie sabe con certeza qué pasará el domingo en la primera ronda de las elecciones presidenciales. La sociedad argentina no es distinta de las sociedades que se advierten en Occidente. Están lejos de la política porque creen que esta no percibe las prioridades de la gente común. Razón no les falta en muchos casos. Son indiferentes, por lo tanto, a las construcciones de la política y también a sus ofertas. Esos fenómenos se repararon claramente en las elecciones provinciales que precedieron a las presidenciales.
La participación en las urnas fue escasa y el ausentismo fue, en mucho casos, el gran protagonista de un domingo de elecciones. ¿Sucederá lo mismo cuando los argentinos comiencen el proceso de elección del próximo presidente del país? Es probable, porque el domingo por venir se elegirán los candidatos a presidente, no al presidente. No hay argumento sólido que justifique el desgano social frente a elecciones presidenciales (o frente a cualquier elección). El camarista del fuero electoral Alberto Dalla Vía dijo hace pocos días que el ausentismo es un error, porque “si no van a votar, otros van a resolver por ellos”. Contra el inteligente consejo del juez, la realidad indica que todavía hay argentinos que no saben qué se votará el domingo, como existe, del mismo modo, otra franja de ciudadanos atrapados por el fanatismo político. Estos aceptan, por ejemplo, que la inflación es altísima y que no les alcanza el salario para llegar a fin de mes, pero anticipan que votarán convencidos por la fórmula del Gobierno. Eso es intocable para esa mirada que no admite la grisura de las cuestiones públicas. Tal grado de inclaudicable adhesión es exclusivo del kirchnerismo (o del peronismo); nunca se lo observó en la coalición opositora de Juntos por el Cambio, en la que las lealtades de sus adeptos son más exigentes.
Tantos elementos novedosos en las elecciones nacionales de este año las convierten en absolutamente imprevisibles. Para peor, las encuestas se equivocaron mucho en los últimos tiempos, tanto en el país como en el exterior. El 23 de julio pasado hubo elecciones en España; casi todas las mediciones de opinión pública indicaban que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, actualmente en la oposición, sería el próximo presidente del gobierno. Eso no solo no sucedió; el líder popular es hoy un político que ganó por escaso margen y que no puede formar gobierno. La suposición de que todos los encuestadores son deshonestos o ineptos está ciertamente equivocada; sucede que la mayoría de la gente no contesta al requerimiento de los encuestadores, que un porcentaje importante de los ciudadanos deciden su voto a última hora o que lo cambian antes de ingresar al cuarto oscuro. En tales condiciones, las encuestas han dejado de ser un faro seguro de la política, y seguramente no lo serán hasta que los encuestadores modifiquen su metodología para incorporar los nuevos hábitos sociales.
Entre tantos límites objetivos, deben agregarse situaciones nuevas de la política argentina. Por ejemplo, la notable ausencia electoral de Alberto Fernández; nunca desde 1983 un presidente de la Nación estuvo tan lejos de las elecciones en las que se elegirá a su sucesor. El jefe del Estado parece no haberse recuperado nunca de la renuncia a la candidatura a la reelección para la que estaba habilitado por la Constitución. Renunció a postularse para otro mandato porque era la decisión que le imponía la necesidad de no romper con Cristina Kirchner, quien le hizo saber de buenas y de malas maneras que quiere verlo pronto de regreso en su casa. A pesar del consejo de gobernadores e intendentes peronistas, que le insistían al Presidente en que debía enfrentar el liderazgo de su vicepresidenta y promover la renovación del justicialismo, Alberto Fernández prefirió sobreactuar la sumisión a Cristina. Según sus intérpretes, el Presidente suponía que un definitivo quiebre de la relación con la vicepresidenta pondría en riesgo la correcta culminación de su mandato presidencial. El Presidente tomó las decisiones que le impuso Cristina Kirchner, pero rompió todo diálogo con ella. Es el módico lujo que se da en esa aventura política en la que debió tolerar el desdén y la humillación.
También Cristina Kirchner se fue de la campaña electoral. Salvo un par de actos con Sergio Massa a su lado, ella, que es la figura más convocante del kirchnerismo, eligió dejar solo al candidato presidencial de su partido. El problema ahí tiene características distintas. No confía en Massa, no olvidó nunca que el ministro de Economía prometió que la metería presa por delitos de corrupción y no es cierto, como ella dijo, que las ofensas políticas prescriben a los seis meses. Además, Cristina aspira a consolidarse como la lideresa de una corriente de izquierda del peronismo, no como la madrina de una propuesta de centroderecha, como es la oferta de Massa.
El ministro la incomoda, pero es la única herramienta electoral que tiene a mano. Esa es otra extrañeza de las vísperas electorales. El candidato del oficialismo es el ministro de Economía que aparece como el responsable de una economía en ruinas. El precio del dólar coqueteó en los últimos días con los 600 pesos, número que llevaría la devaluación de Alberto Fernández al 1000 por ciento desde que asumió. El Banco Central no tiene dólares y la inflación pegó un nuevo respingo. Algunos economistas estiman que la inflación mensual estará en los próximos meses entre el 8 y el 9 por ciento. Massa, que mostró una peligrosa intolerancia con el periodismo que pregunta, se propone como el presidente que sacará a la sociedad argentina del patíbulo de la inflación. Se molesta cuando los periodistas le hacen la pregunta más obvia (el último blanco de su tosquedad política fue el periodista Rolando Barbano): ¿por qué no soluciona el problema de la inflación cuando es ministro de Economía? ¿Por qué los argentinos confiarían en que lo hará solo cuando sea presidente? Tales cuestionamientos son tan legítimos como el reconocimiento de que ante la deserción de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, fue Massa quien debió ponerse al hombro el Estado y la campaña electoral.
Massa solo tolera el aguijoneo molesto de Juan Grabois, que lo desafía en la interna del oficialismo, pero que no pone en duda su condición de candidato de la coalición peronista. Grabois representará el próximo domingo al sector más ideologizado del cristinismo; la pregunta que debe responderse consiste solo en saber cuántos votos Grabois le pellizcará a Massa. En síntesis, el ministro es el hombre fuerte del Gobierno y de la campaña no tanto por mérito propio como por default del Presidente y la vice.
La interna más divertida es la de Juntos por el Cambio porque ahí disputan dos candidatos en igualdad de condiciones. Un runrún insistente sostiene en las últimas horas que Horacio Rodríguez Larreta se arrimó peligrosamente a Patricia Bullrich, quien venía, dicen, con una clara ventaja sobre el alcalde capitalino. En rigor, nunca se difundieron encuestas muy creíbles en un sentido o en otro. Es evidente que Rodríguez Larreta controla más aparatos partidarios y que Patricia Bullrich seduce más al voto pasional. Pero si las encuestas son poco confiables en las elecciones generales, también lo son en las internas partidarias, sobre todo en una competencia tan pareja como la que libran los postulantes de Juntos por el Cambio. Mauricio Macri salió en horas recientes a esbozar vagamente una mayor simpatía por las posiciones de Bullrich. Dijo que un cambio fundamental no es negociable y que no se puede acordar con los autores del fracaso argentino. Esos son los principios que se escuchan en boca de Bullrich. Pero en el acto Macri se exhibió como una instancia de unidad posterior a las elecciones del próximo domingo. “La unidad de Juntos por el Cambio está por encima de todo. El clima de pelea interna se olvidará cuando los votantes hayan elegido al candidato”, se entusiasmó.
Ahora bien, ¿por qué el dólar aumentó en los últimos días? ¿Por qué la foto de los camiones buscando dólares que llegaban a Ezeiza? No son señales de tranquilidad, aunque, como bien observa Juan Carlos de Pablo, las elecciones de este año no son, en cuestiones económicas, comparables a las de 2019. Entonces subió el precio del dólar porque ganó ampliamente una coalición peronista que los operadores del mercado suponían que sería una mala experiencia en el gobierno. Ahora es distinto porque ninguna encuesta posiciona al Gobierno ganándole a Juntos por el Cambio. ¿El mercado financiero cree que ganará Massa? Difícil. ¿O supone, en cambio, que perderá, y que por venganza la dupla Alberto FernándezSergio Massa nombrará a millones de empleados públicos o quitará el cepo al dólar sin un paquete de medidas que acompañe esa decisión? De Pablo señala que, si fuera así, “no es una buena base decisoria” la del mercado cambiario.
El país se meterá en un brete complicado si los resultados del domingo conformaran a los extremos. Si la oposición fuera la protagonista de un batacazo electoral (al estilo de lo que fue el peronismo en 2019 frente a Macri), dejaría a la nación política sin gobierno durante cuatro meses. ¿Quién creería en un gobierno que está derrotado de antemano? ¿Quién lo escucharía o lo tendría en cuenta? El otro extremo consistiría en un resultado virtualmente empatado: si Juntos por el Cambio ganara solo por dos o tres puntos, fácilmente reversibles para la coalición peronista en las elecciones de octubre. ¿No estaría el peronismo a las puertas de renovar su poder? ¿No quedaría el país en medio de las luchas internas del peronismo, entre la izquierda y la derecha del justicialismo, que es su eterna tara? ¿Qué inversores nacionales o extranjeros arriesgarían un solo dólar en semejante país? Los resultados deberían situarse en el justo medio de tales extremos para que no haya riesgo de colapsos previos al 10 de diciembre, pero la política es reacia a dejarse gobernar por la lógica, y mucho menos por la aritmética.
Cristina Kirchner se fue de la campaña electoral y dejó solo a su candidato
La interna más divertida es la de JxC: hay igualdad de condiciones
El ausentismo ha sido el protagonista en las elecciones provinciales

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Con el blue al borde de $600, Massa prometió más controles
El dólar paralelo trepó $2 y cotizó a $598, aunque había iniciado la rueda en baja; el ministro dijo que, junto con la UIF, “hará sentir el rigor” a los “pícaros” que especulan
Melisa ReinholdAlgunos comercios porteños siguen rigurosamente al precio del dólar informal
El dólar blue volvió a subir y se acercó a la barrera de los $600. A cinco días de las elecciones primarias, la incertidumbre se apodera del mercado cambiario y presiona al alza las cotizaciones libres, a la espera de conocerse cómo quedará conformado el escenario de candidatos presidenciales para octubre.
La situación incomoda al ministro de Economía y precandidato oficial, Sergio Massa, que ayer prometió endurecer los controles sobre el mercado informal. A la salida del acto que encabezó en Tortuguitas con la Confederación General del Trabajo (CGT) señaló: “Parecía que bajaba [por el dólar blue], después volvieron a aparecer los mismos pícaros que ayer estuvieron jugueteando. Mañana [por hoy] les vamos a hacer sentir el rigor con todos los instrumentos que tiene la UIF”.
Con todo, horas después, fuentes de Economía parecieron querer suavizar las declaraciones. “Dijo que lo iban a ver, que era un tema para charlar con la UIF y la CNV. Y que se iba a hablar con ellos y Aníbal [Fernández, ministro de Seguridad]”, afirmaron.
En una jornada de marcada volatilidad, ayer el dólar blue se vendió a $598 en las calles de la City porteña. Se trató de un avance diario de $2 (+0,4%), a pesar de que durante las primeras negociaciones del día llegó a retroceder hasta $6, tras el fuerte salto de $22 que pegó el lunes. Al observar el recorrido que realizó desde comienzos de julio, cuando el tipo de cambio paralelo se despertó luego de dos meses de calma, acumula una escalada de $106 (+21,5%).
“En la recta final de las PASO, el mercado sigue en la búsqueda de cobertura en moneda dura, empujando al alza a todos los dólares financieros y al blue. El mercado empieza a pricear en mayor medida la incertidumbre electoral, la falta de dólares en el Banco Central (BCRA) y la aceleración de precios en agosto”, sostuvieron desde la sociedad de bolsa Delphos Investment.
Así, el blue marcó un nuevo récord nominal. Aunque, la cotización aún se posiciona por debajo en términos reales frente a otras crisis recientes. Por caso, al ajustar por inflación el pico de julio del año pasado ($338), serían $699 actuales. El ejercicio también se puede realizar con el salto de octubre de 2020, de $195. De repetirse un evento similar, hoy rozaría los $879, según cálculos del analista Salvador Vitelli
Los tipos de cambio financieros también operaron al alza. El dólar MEP con GD30 se negoció a $521,92, un avance diario de $5,2 (+1%). Este movimiento se dio a pesar de que al final de la rueda parecieron en pantallas las órdenes que emite el Banco Central en el mercado de bonos para ponerle techo a la cotización.
El contado con liquidación (CCL) mediante la compra-venta de GD30 apareció en pantallas a $555,75, unos $4 más arriba (+0,7%). El CCL con Cedear cerró estable en los $597,40 (-0,1%), a pesar de que durante las primeras operaciones del día llegó a marcar máximos en los $610.
“El mercado de cambios está caliente, las brechas están muy altas. Hay dolarización y se están reduciendo las posiciones en pesos de cara a las elecciones, incluso con bonos hard dollar. Sucede que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) quedó para después de las PASO, lo que incrementó la incertidumbre con respecto a lo que puede llegar a pasar en el mercado de cambios y todas las medidas que se tomarán a continuación, ya sea endurecimiento del cepo, de las importaciones (SIRA) o un salto discreto del dólar”, dijo Gabriel Caamaño, economista de la consultora económica Ledesma.
Una de las sorpresas de agosto llegó de la mano del tipo de cambio mayorista. Luego de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunciara un principio de acuerdo, que se terminaría por firmar luego de las elecciones primarias, esta cotización tomó mayor velocidad y ya se mueve por encima de la inflación estimada. Ayer se vendió a $284,20, con una suba diaria de $1 (+0,4%). Aun así, la brecha frente al blue es del 110%.
“En los últimos días, continúa sorprendiendo entre los operadores la importante aceleración en el ritmo de deslizamiento del dólar mayorista. Se encuentra muy por encima de lo que venía sucediendo en los meses previos, cuando corría cerca de la inflación, una dinámica a seguir de cerca por sus implicancias. Aun así, la brecha, lejos de contraerse, se viene ampliando ante la firmeza que siguen exhibiendo los distintos tipos de cambio”, agregó Gustavo Ber, economista de Estudio Ber.
En tanto, las acciones argentinas operaron ayer en terreno positivo. El S&P Merval cotizó en las 466.194 unidades, un avance del 3% frente al cierre anterior. Lideraron Central Puerto (+6,3%), Telecom Argentina (+4,6%), el Banco Macro (+4,3%), el Grupo Financiero Galicia (+4,3%) y el Banco Supervielle (+4,3%).
La tendencia se replicó entre las acciones locales que cotizan en la Bolsa de Nueva York (ADR). Los papeles de Central Puerto se destacaron con un 5,7%, seguidos por el Grupo Financiero Galicia (+3,9%), Telecom Argentina (+3,6%) y el Banco Supervielle (+3,4%).
“El mercado descuenta que, gane quien gane, debe llevar adelante una política económica de mayor apertura, equilibrio fiscal y fortalecer el balance del Banco Central. El mercado de acciones venía con un atraso muy importante, pero estas mostraron una fuerte suba en el último año. Creemos que todavía hay margen para recuperar precio”, sumó el analista financiero Salvador Di Stefano.
Por otro lado, los bonos del último canje de deuda subieron. En el exterior, los títulos Globales treparon hasta un 5,14% (GD29D) y los Bonares, un 3,22% (AL29D). El riesgo país se mantuvo relativamente estable en los 2013 puntos básicos.
“La mayor cautela externa, junto a la acentuada prudencia que vienen exhibiendo los operadores tras el ‘trade electoral’ ante la cercanía de las PASO, condicionará los activos domésticos en los próximos días. Sobre todo, en pleno aceleramiento del proceso de dolarización”, completó Ber.

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Un nuevo traspié cortó la racha compradora del BCRA
La entidad debió vender US$21 millones pese a que no hubo pagos extraordinarios; fue la segunda rueda en rojo tras el nuevo dólar agro
Javier Blanco
La racha compradora de reservas, reiniciada por el Banco Central (BCRA) tras la reformulación –a fin de julio– del Programa de Incentivo Exportador (PIE) o dólar agro, tuvo ayer su segunda interrupción. Ocurrió sin la aparición de una demanda extra que la propiciara, como había sucedido el pasado miércoles, cuando debió vender US$99 millones por una compra de YPF.
La seguidilla, que se había extendido por 10 de las últimas 11 ruedas y había comenzado a perder fuerza ayer tal como advirtió la nacion, se cortó al tener que aportar el ente monetario al mercado unos US$21 millones netos. Así resignó una cifra muy similar a la recomprada anteayer y pasó a exhibir un saldo neutro en lo que va de la semana.
A eso colaboró la merma del 36% que mostraron las liquidaciones del dólar agro, al caer de US$132,4 millones a US$85 millones con relación a lo ingresado anteayer.
Es una readecuación de la oferta esperable ahora que el PIE remozado ya aportó US$1830 millones al mercado oficial, cifra que representó el 92% del objetivo inicial de US$2000 que perseguía.
De ese total aportado, el BCRA logró atrapar unos US$1274 millones netos, lo que supone una tasa de retención del 69,5%, que fue posible por los recortes extra aplicados a la demanda de divisas en paralelo
Se trata de un nivel importante, pero a la vez insignificante, como explicó anteayer la nacion, si se tiene en cuenta que el BCRA tiene una posición de reservas netas negativa en algo más de US$9600 millones, pese a haber comenzado a reprogramar la demanda importadora desde hace más de un año, lo que le generó una deuda estimada en US$14.000/15.000 millones con las empresas involucradas.
El nuevo tropezón, que reactiva las dudas del mercado sobre la sostenibilidad de la racha compradora, llegó al cabo de otra rueda que sirvió para confirmar que el Gobierno se resignó a acelerar la devaluación oficial del peso, tras años de haber tenido su avance reprimido, lo que –junto a una carga tributaria muchas veces insoportable– mermó notablemente la competitividad de la producción local.
Esto se volvió a comprobar al convalidar ayer otra suba de $1 para el dólar mayorista, que cerró a $284,20 por unidad para la venta. Así acumuló un avance de $4,85 en los dos primeros días de esta semana, “lejos de los $2,45 de aumento registrado en idéntico lapso de la semana anterior”, hizo notar el operador Gustavo Quintana, de PR Cambios.
Lo mueven más rápido
De esta manera, el tipo de cambio referencial se movió a un ritmo mensualizado del 11,6% (inferior al del 14,6% que había llegado a marcar anteayer), que a la vez supone una tasa de ajuste del 282% anual.
Es decir, a un ritmo aún más alto que el de la inflación local, lo que puede ayudar a acelerarla en las próximas semanas. “Ya no es algo puntual”, remarcó el economista
Salvador Vitelli, de Romano Group.
La importante aceleración en el ritmo de deslizamiento del dólar mayorista, muy por encima de lo que venía sucediendo en los meses previos, cuando corría cerca de la inflación, no sirve para aportar algo de calma al mercado.
Por el contrario, parece aportarle ruido en un contexto de incertidumbre generalizada ya influenciado por la cercanía del primer turno electoral (las PASO).
El nuevo ritmo del denominado crawling-peg, que algunos se animan a renombrar running-peg ahora, “es una dinámica que el mercado va a seguir de cerca por sus implicancias”, explicó ayer el analista financiero Gustavo Ber.
“Por algo, aunque el dólar oficial corra más rápido, la brecha cambiaria lejos de contraerse se viene ampliando, así hay un muy elevado spread que no resultaría sustentable y así profundiza la demanda de los más baratos”, advirtió.
La interrupción de la racha llegó sin la aparición de una demanda puntual o extra que la propiciara
El nuevo tropiezo oficial reactiva las dudas del mercado

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jueves, 13 de julio de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


Ante una guerra que nadie quiere ver
Joaquín Morales SoláSergio Massa, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez larreta
¿ En qué curva del camino pasado quedó la ancha avenida del medio que le gustaba recorrer a Sergio Massa? Desde el lunes, el ministro de Economía ha señalado como su enemiga electoral a Patricia Bullrich, convencido, tal vez, de que en política es tan importante saber elegir los amigos como los adversarios. Está seguro de otra cosa, además: con Horacio Rodríguez Larreta sería un combate pobre, porque competirían por el mismo espacio, supuestamente el de la moderación, mientras que con Bullrich podría polarizar con lo que ahora Massa llama la “extrema derecha”.
Su problema es que ya él no es un moderado; su reciente alineamiento absoluto con Cristina Kirchner lo colocó en el palco de los talibanes de la política. Es difícil, con todo, saber con precisión desde qué lugar habla el virtual jefe del Gobierno. ¿Asumió realmente el discurso de centroizquierda del kirchnerismo o estamos solo ante otro de los muchos paseos ideológicos de Massa? Ligero y superficial, el ministro sacó el único tema que nadie imaginó nunca que estuviera en su boca: el pasado. Muy pocos políticos en el país han sido coherentes con la acción política y con la ideología, pero Massa es el que más barquinazos dio en los últimos diez años. En 2013, enfrentó duramente a Cristina Kirchner en las elecciones legislativas de aquel año; entonces la derrotó y hundió definitivamente el proyecto de re-reelección de la actual vicepresidenta. Dos años después, el 1º de mayo de 2015, en un acto como candidato presidencial por su coalición, anunció que “metería presa a Cristina Kirchner” y que echaría del Estado a los “ñoquis de La Cámpora” cuando fuera el presidente que hasta ahora nunca fue. El lunes pasado se dio vuelta: subrayó la excelente relación que lo une a Cristina y el respeto que le tiene.
Massa también es intrépido. Se metió de lleno en el supuesto pasado montonero de Bullrich sin detenerse en un hecho fácilmente comprobable: su ahora elogiada lideresa, Cristina, es la principal exégeta de la agrupación peronista Montoneros, que se levantó en armas en los años 70. La vicepresidenta viene de enaltecer a la “generación diezmada” en una clara alusión a los jóvenes peronistas que optaron por la lucha armada hace más de cuatro décadas. Parecía, en rigor, que aquel sangriento desafío de los insurgentes al Estado era intocable para el peronismo kirchnerista, porque la tardía e inútil adhesión de los Kirchner a la sedición los había cubierto con un manto de impunidad. No solo parece; es así. “Es como si tuvieran sangre azul en un régimen monárquico”, describe un conocido dirigente peronista la posición dentro del kirchnerismo de los que pasaron por la lucha armada o de los que perdieron a sus padres en aquellas refriegas.
El primer reproche de Massa a Bullrich se limitó a los cambios en su vida política, pero luego aparecieron carteles en la vía pública, ya con el supuesto nombre de guerra de la actual candidata opositora en los años 70. Trabajo obvio de los pestilentes sótanos de los servicios de inteligencia. Nunca habrá que olvidar durante esta campaña que el candidato a vicepresidente de Massa, Agustín Rossi, sigue siendo el jefe virtual del espionaje oficial; la AFI (ex-SIDE) quedó en manos de su segunda, Ana Alberdi, cuando aquel fue nombrado jefe de Gabinete. Pero esa referencia del massismo a la lucha armada como un error y con supuesta información del pasado es otra cosa; significa meterse a los torpes manotazos en las profundidades del relato kirchnerista. Massa se mueve así, frívolo y liviano, desde que hace política. La primera formación de Bullrich en política fue, en efecto, durante aquellos tiempos sin piedad ni medidas. Ella lo reconoció ayer, aunque desmintió que haya militado en Montoneros (anduvo, dijo, con la Juventud Peronista, que apoyaba a ese grupo armado) y recordó que hizo una fuerte autocrítica sobre esa historia. Se comparó con un ícono de la política internacional (y de su espectáculo) como lo es el expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica, un simpático exguerrillero arrepentido. Massa se equivocó si olvidó el peso de la fuerte formación política de Bullrich y creyó que la callaría recordando algunos retazos del pasado. Peor: corre el riesgo de hacer de la candidata un fenómeno electoral incontrolable. Los electores saben quién es la enemiga de Massa, que es lo que este se propone, pero también quién es el enemigo de Bullrich. Es Massa.
Sin dólares
Llamó la atención en las últimas horas la soltura con que economistas y políticos hablaron de las reservas del Banco Central. No hay reservas, dicen, y repiten que el Gobierno está usando los encajes (que son los dólares de los ahorristas) para comprar insumos industriales importados. De esa manera, la administración trata de evitar una mayor recesión de la economía. Una nota publicada ayer en por la periodista Sofía Diamante informó que las reservas netas son negativas en más de 6000 millones de dólares, cifra que corresponde a los encajes de los depositantes. “La Argentina está entrando en territorio desconocido”, se animó a describirle un economista. Nunca se había llegado a tales extremos con los dólares de los ahorristas y nunca antes se había hablado con tanto desparpajo de cómo se usa el dinero ajeno. Sin embargo, el ministro de Economía está contento porque probablemente mañana dará a conocer el índice de inflación de junio, que, según el relevamiento que hace el
Banco Central entre los principales economistas, estaría algunas décimas por debajo de la de mayo. Sería del 7,3 por ciento, según ese relevamiento, en lugar del 7,8 de mayo. La alegría se explica porque en mayo varios economistas habían pronosticado una inflación del 8 por ciento para junio. ¿Comparte la sociedad esos regocijos? Una encuesta reciente de D’Alessio/Berensztein indicó que los tres principales temas de preocupación de la gente común son la inflación, la incertidumbre de la situación económica y la inseguridad. Esos tres temas atrapan entre el 70 y el 90 por ciento de la inquietud social. Todas las demás cuestiones nacionales están por debajo del 50 por ciento entre las prioridades sociales. Patricia Bullrich también eligió a su enemigo.
El precio del dólar rompió ayer la monotonía de los últimos días. Fue una mala noticia porque ese dólar paralelo suele ser el que formatea la inflación futura. Aunque nadie sabe si fue una excepción o una tendencia, lo cierto es que sacó al Gobierno de la sensación de calma que había instalado en jornadas recientes. Debe reconocerse que el oficialismo tiene más elasticidad para acomoMilei darse al calendario electoral. Casi justo un mes antes de las elecciones primarias, el peronismo gobernante encontró la fórmula para exhibirse unido. “Es una calma rara, porque no se sostiene en nada objetivo”, sostuvo un encuestador.
En contraste, la lucha interna en la oposición de Juntos por el Cambio no logra encauzarse por carriles más o menos razonables. En rigor, Bullrich y Rodríguez Larreta están protagonizando la primera interna presidencial en serio desde que se instauró el sistema de primarias obligatorias y simultáneas. Las elecciones primarias de 2015 entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió fueron, comparadas con la riña actual, un cordial divertimento entre viejos amigos.
El futuro de los votos
El peor problema de los cambiemitas actuales es que no saben si lograrán mantener la unidad de todos los votantes luego de las elecciones. No saben cómo será el día después. “Solo se los podrá juntar luego si uno de los dos arrasara al otro, pero será difícil lograrlo si la diferencia entre Bullrich y Rodríguez Larreta fuera de muy pocos votos. Las divergencias son muy grandes y quedaron muy expuestas”, señaló otro analista de encuestas.
Sea como fuere, la capacidad acrobática del peronismo (era hasta hace poco inimaginable una Cristina Kirchner elogiando públicamente a Massa, aunque, eso sí, después de llamarlo “fullero”) logró que las encuestas que se conocen vayan acercando al peronismo a su piso histórico de votos; es decir, entre el 28 y el 30 por ciento.
Al revés, Juntos por el Cambio no está cerca, por las mediciones que se conocen, del 40 por ciento de los votos que retuvo, en cifras redondas, en 2015, en 2017 y en 2021. Nadie sabe hacia dónde se van esos votos que le están faltando a Juntos por el Cambio, a pesar de que Javier Milei perdió algunas simpatías en las últimas encuestas. Esto es: decrece por las denuncias de trasiego de dinero y candidaturas, pero no crece la oposición cambiemita. La intercesión involuntaria del libertario resultó inservible hasta ahora para la coalición de Juntos por el Cambio.
Cierta insolencia hubo también en el peronismo kirchnerista cuando se atrevió a abrir un debate sobre la política energética. Ya es una certeza histórica el fracaso del kirchnerismo en materia de energía, que llevó al país a ser importador neto de gas. Estudios serios señalan que se destinaron unos 40.000 millones de dólares a esas importaciones desde que los Kirchner llegaron al poder. El Gasoducto Néstor Kirchner –cuándo otro nombre– tuvo una inauguración formal, pero todavía necesita de unos seis meses más para entrar realmente en funcionamiento. De hecho, hay tramos de la cañería que todavía no están colocados bajo tierra. Fue un acto de campaña, aunque Alberto Fernández podría haber regresado a su primera versión presidencial; podría haber hecho de esa ceremonia, al menos, una función de Estado. Pero la iniciativa ya no es de él. El gasoducto lo inauguró la vicepresidenta. Y ella no conoce otro método de hacer política que el de una muy dura confrontación. Massa se acomodó, rápido, a ese estilo, que interpelará también a Patricia Bullrich.
El flamante spot de campaña de Bullrich, en efecto, puede servirle para esta etapa, en la que necesita agrupar a los votantes duros de Juntos por el Cambio, pero difícilmente le sea útil en la campaña por las elecciones generales si ganara la candidatura. El estilo implacable e intransigente del spot coloca la actual competencia electoral en la categoría de una guerra. Es improbable que el hombre común aspire ahora a participar de escaramuzas de semejante tamaño. No se trata tampoco de la ancha avenida del medio que Massa ya perdió; eso fue siempre otra impostura.
Pocos políticos en el país han sido coherentes con la acción política y con la ideología, pero Massa es el que más barquinazos dio
Ligero y superficial, el ministro sacó el único tema que nadie imaginó nunca que estuviera en su boca: el pasado

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jueves, 15 de junio de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


Un pacto prematuro con Schiaretti, que se cayó
Joaquín Morales SoláHoracio Rodríguez larreta, Juan Perón y Patricia Bullrich
A pesar de los documentos y las declaraciones acuerdistas, el pacto de dirigentes de Juntos por el Cambio con el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se cayó. “La única posibilidad de que esa alianza se inscriba mañana [por hoy] es que buena parte de la coalición haya decidido romper Juntos por el Cambio. Y eso no es previsible”, señaló ayer uno de los principales dirigentes de la alianza opositora. Hoy, en efecto, vencerá el plazo para inscribir alianzas ante la Justicia Electoral.
La conclusión de aquel dirigente se suma a la declaración de la convención nacional de la Unión Cívica Radical, que, si bien ratificó su vocación de ampliar la coalición, no exhibió apuro en hacer nuevas alianzas. “Es verdad que todo Juntos por el Cambio quiere ampliar la coalición. La pregunta que debemos responder antes es con quiénes y cuándo”, agregó aquel candidato.
La decisión de Horacio Rodríguez Larreta, Gerardo Morales, Elisa Carrió y Martín Lousteau de correr en busca de Schiaretti iba a tropezar inevitablemente con la oposición del influyente radicalismo cordobés, que integra la amplia coalición opositora que enfrentará al gobernador de Córdoba dentro de diez días con la candidatura de Luis Juez para gobernar esa provincia. Y tropezó. Es probable que los acuerdistas de Juntos por el Cambio proyecten hacer otro tipo de alianza, menos formal, con Schiaretti antes de las primarias de agosto, pero el gobernador cordobés aspiraba a un acuerdo formal y firmado a la luz pública. “Es un hombre institucional; no le gustan los acuerdos en la oscuridad”, aclaran a su lado.
Según Patricia Bullrich, los acuerdistas de Juntos por el Cambio también exploraron la posibilidad de una alianza parecida con el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, pero ahí chocaron con sectores locales del radicalismo y del socialismo que aspiran a derrotar al actual mandatario peronista.
Perotti es uno de los gobernadores peor valorados en casi todas las encuestas de opinión pública, sobre todo por el pésimo manejo de la creciente inseguridad en Santa Fe durante su administración. Lo único que une a Perotti, Schiaretti y Rodríguez Larreta, entre varios más, es que comparten el asesoramiento político de Guillermo Seita, un hombre que se mueve en la sombras, pero que es influyente desde los años 90, cuando trabajaba para el entonces superministro de Economía, Domingo Cavallo. Juez tiene a Seita entre ceja y ceja. El “paseador de perros” lo llama, en alusión a la cantidad de políticos de distinta extracción de los que Seita es consultor político.
Con Perotti o sin Perotti, lo cierto es que el lunes hubo otro documento de un grupo de dirigentes de Juntos por el Cambio (Rodríguez Larreta, Morales, Miguel Ángel Pichetto, Carrió y Lousteau, entre varios más) que insistieron en la necesidad de ampliar Juntos por el Cambio, aunque no mencionaron a Schiaretti.
El documento celebró la victoria en San Luis de Claudio Poggi, un peronista que nació a la vida política bajo la tutela de los Rodríguez Saá y ahora los enfrentó, y señaló que ese es el ejemplo que Juntos por el Cambio debe seguir para ampliar la coalición opositora.
La diferencia entre Poggi y Schiaretti es que el gobernador electo de San Luis abandonó el territorio político de los Rodríguez Saá en 2017 y desde entonces, hace casi seis años, pertenece a Juntos por el Cambio. “Poggi ya pasó la prueba del ácido. No es lo mismo que Schiaretti, a quien tenemos que enfrentar en los próximos días”, apuntó otro importante dirigente de la coalición opositora.
El documento de los acuerdistas tuvo el mérito de exponer públicamente las posiciones políticas e ideológicas que se enfrentan en Juntos por el Cambio. Mientras Rodríguez Larreta cree que solo un gobierno de amplia base política, que debe necesariamente incluir al peronismo, puede resolver la crisis argentina, Patricia Bullrich ratificó que no está dispuesta a poner en discusión el cambio. “Voy a negociar, pero nunca negociaré el cambio”, precisó.
Para ella, la competencia actual es entre los defensores del statu quo y los que promueven cambios profundos en la política y la economía. Nunca habla del peronismo, aunque se supone que lo incluye cuando anuncia que negociará con ciertas condiciones. El acuerdismo explícito de algunos se torna relativo en los otros. Esa es la diferencia de fondo entre ellos. De todos modos, Bullrich debe decidir todavía cuál es su programa nacional y con quiénes lo hará. Debe decidir quién será su candidato a vicepresidente cuando van quedando pocos candidatos. Uno es el gobernador saliente de Mendoza, Rodolfo Suárez; otro es Mario Negri, uno de los pocos dirigentes radicales que cuentan con conocimiento nacional. Negri es el presidente del bloque de diputados radicales.
No sorprende la firma de Pichetto en ese documento de los acuerdistas; Pichetto viene proponiendo un acuerdo fundamental entre peronistas y no peronistas desde que era presidente del bloque se senadores peronistas durante el gobierno de Mauricio Macri.
A su vez, Gerardo Morales siempre estuvo más cerca del peronismo que el resto del radicalismo; de hecho, en 2015 prefería un acuerdo con Sergio Massa, con quien tiene una alianza provincial en Jujuy, anpopular tes que con Macri. Su posición fue derrotada en la convención radical de Gualeguaychú que se inclinó por la construcción del viejo Cambiemos. En esa convención tuvo una participación decisiva Ernesto Sanz, entonces presidente del radicalismo.
Sorprende más la presencia de Elisa Carrió entre los acuerdistas porque ella fue siempre muy crítica de Lousteau y de los dirigentes peronistas que gobiernan Córdoba desde hace 24 años. Quizá lo que explica la posición de Carrió es su regreso a las posiciones más críticas a Macri y, por extensión, a Patricia Bullrich. Sea como fuere, solo Aníbal Fernández fue tan crítico de Macri como lo es ahora Carrió. Es improbable que esa relación entre Carrió y Macri, que supo ser amable, pueda recomponerse después de las declaraciones de la líder de la Coalición Cívica de los últimos días.
La polémica por Schiaretti solo profundizó la pérdida de apoyo de la marca de Juntos por el Cambio, que ya venía en caída libre. Los encuestadores y analistas de opinión pública sostienen unánimemente que la insistencia en las peleas internas provocó semejante devaluación de la coalición opositora. Es lo que explica también el destacado ausentismo en las elecciones provinciales del domingo pasado y el crecimiento en las encuestas nacionales de Javier Milei. El dirigente libertario hizo muy malas elecciones en los comicios provinciales que se realizaron hasta ahora, pero los encuestadores aseguran que Milei es un fenómeno nacional que no puede medirse por comicios provinciales.
El nuevo Clemente
El encuestador Alejandro Catterberg sostiene que Milei hará en las elecciones de este año el papel que cumplió en 2001 la figura de Clemente, una creación artística del dibujante Caloi. Según Catterberg, Clemente fue la segunda figura más votada en las elecciones de 2001, apenas por debajo del Partido Justicialista. “Clemente fue la expresión del hartazgo de la sociedad en 2001, como ahora podría serlo Milei”, argumenta Catterberg.
De todos modos, la magra cosecha de Milei en las elecciones del interior del país es una información política que debe tenerse en cuenta. Del mismo modo, la política debe tomar nota del derrumbe del kirchnerismo en las provincias más importantes, como Mendoza, donde apenas superó el domingo el 15 por ciento de los votos.
El peronismo de Mendoza es liderado por la senadora Anabel Fernández Sagasti, una de las dirigentes que cuentan con la protección explícita de Cristina Kirchner. No le sirvió de nada.
La desesperación de Eduardo “Wado” de Pedro por mimetizarse con el triunfo de los tucumanos Juan Manzur y Osvaldo Jaldo fue patética. Corrió a Tucumán antes de que se conocieran los primeros resultados de las elecciones del domingo. ¿Cómo supo los resultados antes de que se contaran los votos? Misterios de la política norteña. Nadie puede vincular honestamente a Manzur y Jaldo con el camporismo que expresa De Pedro.
El ministro del Interior es uno de los tres dirigentes más importantes de La Cámpora, junto con Máximo Kirchner y Andrés “Cuervo” Larroque. Manzur y Jaldo deberían explicar antes qué pasó en la capital provincial con las elecciones de intendente. El conteo de votos se suspendió por la supuesta caída del sistema cuando las dos candidatas, la oficialista y la opositora, estaban empatadas. Es la primera vez que pasa algo parecido en la capital tucumana; la supuesta caída del sistema se dio solo en la capital de la provincia. Además, según observadores imparciales las escuelas que faltan escrutar son justo las que históricamente ganó Juntos por el Cambio.
La Junta Electoral, que es la que tiene a cargo el recuento de votos, está integrada por personas que responden absolutamente al actual gobernador Manzur. Manzur es el mismo gobernador que ordenó un bono excepcional de 20.000 pesos a los empleados públicos en medio de la veda electoral. Lo que hubiera producido un escándalo político en cualquiera de los grandes distritos electorales transcurre casi como una risible anécdota en las provincias feudales del norte argentino.
Por eso, es importante que Juntos por el Cambio decida, antes de correr en busca de nuevas alianzas, con quién y cuándo es conveniente trabajar ciertos pactos.•
Los encuestadores sostienen que la insistencia en las peleas provocó una devaluación de Juntos por el Cambio
Para Catterberg, Milei hace el papel de Clemente en 2001, que fue la expresión del hartazgo en aquella votación

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jueves, 1 de junio de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


Un fiscal al servicio de Cristina Kirchner

Joaquín Morales Solá
el fiscal Guillermo Marijuan
Guillermo Marijuan es un fiscal desconcertante, si lo queremos llamar de una manera que no siembre suspicacias. En noviembre pasado, cuando comenzaba la ofensiva del oficialismo contra la Corte, Marijuan pidió que se investigara penalmente el manejo de la obra social de la Justicia, que depende directamente de la Corte. Una parte de la estrategia oficial es embarrar a los tres jueces que forman la mayoría del tribunal con supuestos manejos deshonestos de la prestadora de servicios de salud de los judiciales.
La entonces sorpresiva denuncia de Marijuan se respaldó en un voto solitario del juez Ricardo Lorenzetti, quien había dicho lo mismo que el fiscal. Lorenzetti está en franca minoría dentro de la Corte. Ahora, Marijuan acaba de pedir el sobreseimiento de Cristina Kirchner en la causa del dinero K, porque, según él, no pudo constatar una vinculación comercial entre la expresidenta y Lázaro Báez, a quien se acusa en ese expediente de haber lavado 55 millones de dólares. Es el mismo fiscal que trasladó excavadoras en 2016 para perforar la interminable Patagonia, en una búsqueda obsesiva del tesoro kirchnerista, tres meses después de que Mauricio Macri asumiera la presidencia de la Nación. No encontró nada.
Sin embargo, sus amigos en la política no están en el macrismo ni en el cristinismo; su amigo político es Sergio Massa, a pesar de que los dos aseguran que dejaron de tratarse en los últimos tiempos. Cuando Massa le arrebató a Cristina Kirchner la posibilidad de la re-reelección en 2013, y se perfilaba como un triunfante candidato presidencial, Marijuan esperaba ser propuesto como procurador general de la Nación (es decir, como jefe de todos los fiscales) en un eventual gobierno del entonces intendente de Tigre. Massa necesita ahora desesperadamente la bendición de Cristina Kirchner para ser candidato presidencial (que es lo que quiere ser), pero debe competir con Eduardo “Wado” de Pedro y con Axel Kicillof. ¿Qué mejor prueba de amor, dicen algunos, que darle ahora a la vicepresidenta una buena noticia judicial, que son las únicas noticias que a ella le importan? Si Massa estuvo detrás de la lapicera de Marijuan, le habrá demostrado a Cristina que pudo mucho más que Alberto Fernández en mucho menos tiempo. El Presidente no logró deshacer ninguna de las causas judiciales que asedian a Cristina Kirchner, a pesar de que Alberto Fernández tenía en los tribunales muchos más amigos que Massa.
Vale la pena revisar el núcleo central de la decisión de Marijuan. El fiscal aseguró que no probó los vínculos comerciales de Cristina Kirchner y Báez, a pesar de que él mismo comprobó que hubo al menos 370 llamadas telefónicas entre la vicepresidenta y el empresario de la obra pública. Marijuan no puede ignorar que en otras instancias de la Justicia se probó decididamente esa relación. Por ejemplo, en el reciente juicio oral sobre la obra pública que terminó con la condena a seis años de prisión de Cristina Kirchner. En su célebre alegato sobre la corrupción en la obra pública durante los años de los dos Kirchner, el fiscal Diego Luciani dijo varias veces que “Báez es Néstor y Cristina Kirchner”; usó una forma elegante para señalar que Báez es, en última instancia, un testaferro de los Kirchner. Luciani también probó que Báez ingresó varias veces a la residencia de Olivos cuando Cristina era presidenta de la Nación. ¿Puede Marijuan ignorar en un expediente lo que sucedió en otros expedientes? Puede, pero es una manera aviesa de esquivar el trabajo de otros fiscales y jueces.
El problema más serio del dictamen de Marijuan es que deja a Cristina Kirchner a las puertas de un sobreseimiento. Si bien el juez Sebastián Casanello no está obligado a frenar la investigación (puede continuarla si quiere), lo cierto es que la causa carecerá de apelación para llegar a la Cámara Federal. Solo pueden apelar el fiscal (Marijuan ya dio su opinión favorable a Cristina), y la UIF y la AFIP, que son querellantes, pero estas dos agencias están controladas por funcionarios que responden a Cristina Kirchner. El camino hacia la instancia de apelación está obturado entonces, y tampoco esto es una casualidad. La sala de la Cámara Federal que debería analizar esta causa es la que integran los jueces Mariano Llorens y Pablo Bertuzzi, dos magistrados con fama de independientes en los tribunales. Hace poco, en esta misma causa, la defensa de Cristina Kirchner desistió de apelar una decisión que la afectaba cuando supo que esos dos jueces deberían resolver la cuestión. Intuyó que votarían en contra de sus intereses.
Sobresale una conclusión: Marijuan le hizo un favor de tamaño indescriptible a Cristina Kirchner, aunque nadie sabe con certeza por qué eligió ese camino. Solo puede deducirse, con cierto grado de certeza, que no tomó esa decisión para hacer justicia, para interpretar correctamente las leyes o para cumplir con una convicción personal. ¿Estuvo Massa en el medio? ¿Es un favor que Massa le hizo a Cristina, a la espera de que le devuelva la cortesía? ¿O el fiscal solo tiró el anzuelo, a la espera de pescar una oportunidad para su carrera judicial? No hay respuestas, por ahora.
El arzobispo y el peronismo
Menos enigmática es la polvareda política que provocó un viejo sermón del arzobispo designado de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva. En una misa en el día del militante, en 2016, el presbítero señaló que “todos alguna vez quisimos ser peronistas”, pero luego se dedicó a ponderar los aspectos nobles que puede tener la dedicación a la política. García Cuerva no dijo, en rigor, que era peronista, sino que hizo una alusión a la hegemonía del pensamiento peronista durante los años de su juventud. El arzobispo es un intelectual formado en el derecho, la historia y la teología, un sacerdote con una sólida formación como no es habitual en la Iglesia. El Papa designó, además, a un obispo para los próximos 20 años en la Capital del país. García Cuerva tiene 55 años y los sacerdotes se jubilan a los 75 años. Podría haber trasladado a la Capital al arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, un expresidente de la influyente Comisión de Pastoral Social, con muy buena relación con dirigentes políticos, sindicales y empresarios. Lozano fue obispo del duro conurbano bonaerense y viene de una familia de obreros; enhebró lazos muy cercanos con empresarios y sindicalistas, quienes suelen describirlo como una buena persona. Bergoglio hizo obispo a Lozano y siente por él un especial aprecio personal. El problema es que Lozano tiene 68 años y debería jubilarse dentro de siete. El Papa quiere, según parece, que su diócesis sea administrada por muchos años por un arzobispo designado por él. Un arzobispo que sobreviva al propio Papa.
De todos modos, de García Cuerva se pueden decir muchas cosas menos que no está preparado intelectualmente para el cargo. Tampoco se le puede endilgar complacencia con el poder kirchnerista, porque en su momento hizo duras críticas al manejo de la pandemia o a los insoportables índices de inflación. Esas reflexiones las formuló en Santa Cruz, cuna y fortaleza del kirchnerismo, donde es más difícil ejercer la libertad de expresión.
Otro aspecto que se subrayó de García Cuerva es su supuesta relación cercana con el matrimonio Massa, sobre todo porque el eclesiástico fue párroco, antes de ser obispo de Río Gallegos, en lugares muy cercanos a Tigre. Si fuera así, es García Cuerva el que deberá cambiar; no será García Cuerva quien cambiará al Papa. El Pontífice nunca confió en el actual ministro de Economía y, según se sabe, rechazó muchas veces invitaciones a reunirse con Massa. Algunas invitaciones le llegaron de personas de la Iglesia que cuentan con el aprecio o la amistad del Papa. La respuesta de Bergoglio fue siempre la misma: no. Según quienes lo escucharon, suele argumentar que Massa no es un político confiable, sino todo lo contrario: volátil, imprevisible y demasiado ansioso. No son las personas que agradan al jefe de la Iglesia Católica.
De todos modos, llama la atención que la política no le esté dando a García Cuerva, un próximo futuro cardenal de la Iglesia, la oportunidad de mostrarse en Buenos Aires tal como es, más allá de los archivos siempre manipulables. Es probable que la explicación radique en que también García Cuerva tropezó con la fractura que divide cruelmente a la sociedad argentina. Con la célebre grieta que el propio García Cuerva denuncia como un inmenso obstáculo para cualquier solución de los muchos y graves problemas argentinos

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jueves, 25 de mayo de 2023

EL ANÁLISIS DE MORALES SOLÁ


Alberto Fernández, en su versión sin límites
La reacción presidencial
Joaquín Morales Solá
En su último frenesí mediático, Alberto Fernández volvió a ser el político intrigante, sinuoso y sin noción de los límites para emprender una campaña electoral, tal como se lo conoció antes de su reconciliación con Cristina Kirchner, en 2018. Las víctimas de su último desorden político e intelectual fueron la propia Cristina (a quien, no obstante, trató con benevolencia) y el alcalde de la Capital, Horacio Rodríguez Larreta, a quien directamente culpó nada menos que del suicidio del célebre médico René Favaloro.
En el caso de Cristina Kirchner, el Presidente abandonó la defensa cerrada que hacía de la vicepresidenta frente a las acusaciones de corrupción durante su gestión presidencial. Y remarcó lo que es una obviedad política: ella no es Juan Domingo Perón por más carisma que tenga. ¿Era necesario recordarle que en la historia del peronismo será una dirigente más? Bajarla del Olimpo es casi una crueldad para un personaje como Cristina. Cuando miró a Rodríguez Larreta observó solo al contrincante electoral, aun cuando Alberto Fernández no sabe todavía quién será su propio candidato. Esa elección es una facultad, limitada ahora, de Cristina, no de él. ¿Acaso las novedosas alusiones presidenciales a la expresidenta están relacionadas directamente con el veto que ella le asestó a la improbable reelección de Alberto Fernández y al hecho fácilmente constatable de que lo desnudó de poder frente al proceso electoral? Es posible. Alberto Fernández suele confundir también las cuestiones políticas con las personales, como le sucedió –y le sucede– con Mauricio Macri. Detesta al expresidente desde que este habilitó, en 2006, al entonces fundacional Pro para aprobar la destitución mediante juicio político de Aníbal Ibarra como jefe del gobierno capitalino. Ibarra era entonces un cercanísimo aliado del gobierno de Néstor Kirchner y de Alberto Fernández.
No todo fue lawfare en la investigación judicial de Cristina Kirchner por hechos de corrupción, según se desprende de esas declaraciones de Alberto Fernández conocidas el domingo último. El insistente y falso argumento de que una vasta conspiración judicial, empresaria y mediática asediaba a Cristina Kirchner en los tribunales cayó por boca de quien es el presidente de la Nación designado por el dedo de la propia vicepresidenta. Alberto Fernández dijo que Cristina Kirchner cometió “faltas éticas” porque le dio contratos con el Estado, cuando era presidenta, a Lázaro Báez sin tener en cuenta que existía una relación previa entre ella y el supuesto empresario. El primer aspecto que debe subrayarse es que esa falta ética es más profunda aun en el caso de Néstor Kirchner, porque este conocía a Báez desde antes que Cristina y porque fue él quien le dio, como presidente, el primero de muchos contratos con el Estado.
El Presidente señaló que una “falta ética” no es necesariamente un delito, y en ese momento pareció salir en defensa de su vieja madrina. Calló lo que cualquier abogado sabe: es la investigación judicial la que debe establecer si una falta ética es también un delito –o no–. Los jueces y fiscales están haciendo, por lo tanto, el trabajo que les toca. No están puestos ahí, hurgando en los papeles de Cristina, por una extraña disposición de conjuras e intrigas. El relato se hizo trizas. El cristinismo odió esas cavilaciones públicas del Presidente y le advirtió que ni se le ocurra concurrir mañana a la megacatarsis cristinista en la Plaza de Mayo, un acto que sabe más a despedida que a exaltación de la vicepresidenta. Podrían silbar y hasta gritarle traidor al jefe del Estado, según le hicieron saber.
Otro aspecto que merece destacarse es que Alberto Fernández habló de una falta ética como si solo se hubiera tratado de un ingenuo trasiego de favores personales hecho por alguien, Cristina Kirchner, que no recibió nada a cambio. Según la investigación de varios fiscales y jueces que terminó con el célebre alegato del fiscal Diego Luciani, la familia Kirchner fue ampliamente beneficiada por las obras públicas que le concedió a Lázaro Báez desde 2003 hasta 2015. Para peor, existe otra causa en trámite, Hotesur y Los Sauces, que establecería cómo se lavó, en parte al menos, el dinero de Báez de la obra pública en hoteles y edificios propiedad de los Kirchner. En ese punto preciso es donde cualquier falta ética se convierte en delito, aunque la única instancia que debe establecerlo es, desde ya, la Justicia. Debe repetirse, entonces: la presencia de la Justicia es necesaria en el caso de Cristina según puede concluirse de las propias declaraciones públicas del Presidente. El inverosímil lawfare es solo un relato para fanáticos.
Alberto Fernández no se privó siquiera de decirle ignorante a Cristina, sin decírselo, cuando señaló que el triple empate electoral, reconocido por ella, carece de estrategia. “Para entrar en la segunda vuelta, hay que tener una estrategia para ampliar luego el número de votos”, le enseñó. Una lección de estrategia política a la eterna profesora. Cristina estalló de furia, dicen. Los dos Favaloro, mártir de la corrupción, es un botín electoral para el Presidente
se suicidaron con la sinceridad de reconocer que Javier Milei podría dejar al kirchnerismo fuera de la segunda vuelta electoral. Si el peronismo resultara tercero en la primera vuelta de octubre, como ellos admiten implícitamente, el kirchnerismo deberá prepararse para su eclipse definitivo y absoluto.
Esa oscilación del destino electoral explica, quizás, el caso Rodríguez Larreta. Refiere, a su vez, a otra parte del semblante de Alberto Fernández: no tiene límites ni medidas cuando se trata de batir a un enemigo. Tal vez haya sido el político que instaló en la Argentina la práctica de la campaña electoral sucia, con acusaciones falsas, con medias verdades que se parecen a las mentiras y manipulaciones obscenas de datos históricos.
El famoso cardiólogo René Favaloro, que inventó la técnica del bypass para las enfermedades coronarias y que salvó millones de vidas en el mundo, se suicidó en Buenos Aires en el invierno infame del año 2000. Dejó una carta abierta en la que denunció la corrupción del sistema de salud y de los sindicatos. “¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno! Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atenKirchner, ción médica”, escribió el médico, lapidario, antes de dispararse un tiro en el corazón. Entre los amigos más cercanos de Alberto Fernández están, precisamente, los dirigentes sindicales del sistema sanitario. Las culpas no están lejos del Presidente, aunque no lo aluden a él. El martirio de Favaloro, que se mató cuando su fundación sobrellevaba una deuda insoportable, tiene varios culpables, pero Rodríguez Larreta no figura entre ellos. “No les den el gobierno a los que manejaban el PAMI cuando Favaloro se suicidó”, disparó el Presidente, en alusión a Rodríguez Larreta. “¡Canalla!”, le respondió el precandidato presidencial de Juntos por el Cambio.
¿Qué pasó con Favaloro? Una de las deudas más importantes de la Fundación Favaloro la tenía el PAMI con esa institución; el PAMI estaba entonces a cargo de Cecilia Felgueras, una creación estelar y fugaz del delarruismo. Rodríguez Larreta era también funcionario del PAMI, pero había llegado allí en representación de algunos sectores peronistas sin capacidad casi de decisión. Vale la pena recordar brevemente cómo fue todo aquello para entender el grado de manipulación al que está dispuesto el jefe del Estado con el propósito de destruir a un competidor electoral. ¿O acaso no fue peor lo que hizo con Enrique Olivera en 2005? Entonces, le inventaron a Olivera una cuenta bancaria en el exterior, que no tenía, pocos días antes de las elecciones legislativas en las que debía competir en nombre del partido de Elisa Carrió. El denunciante, Daniel Bravo, entonces funcionario de Aníbal Ibarra en la Capital, reconoció luego haber sido “utilizado” y le pidió disculpas a Olivera. Bravo había estado en el despacho de Alberto Fernández días antes de su denuncia contra Olivera. Cuando las cosas se aclararon, las elecciones ya habían pasado y Olivera se vio seriamente afectado, pero el candidato de Alberto Fernández no ganó. Fue la primera elección que Mauricio Macri ganó en la Capital, aunque solo como diputado nacional.
De todos modos, no hay peor ejemplo que el de una persona sin principios ni sensibilidad que le atribuye injustamente a alguien la muerte de otra persona. Basta con solo insinuar que su gestión o su desidia pudo provocar nada menos que el suicidio de un hombre célebre. El uso engañoso y falso, supuestamente solidario, del nombre y el prestigio de las personas es otra mala costumbre (para llamarla de algún modo) de Alberto Fernández. Favaloro fue un mártir de la corrupción argentina, como él mismo lo dejó escrito, y ahora el Presidente lo quiere convertir en botín electoral. La memoria del médico más popular de la Argentina merecía un destino más pacífico y amable
No hay peor ejemplo que una persona que le atribuye a otra una muerte injustamente
Al intentar defender a Cristina, Fernández justificó el accionar de los tribunales

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