La transformación de la “Quinta avenida de Buenos Aires”: del glamour de las marcas internacionales a un polo joyero
En solo cinco cuadras de la tradicional y exclusiva Alvear hay 23 tiendas que están vinculadas al universo de las alhajas e incluso abrirán más; la mayoría de los vecinos anhelan que vuelvan los locales premium como el de Armani o Louis Vuitton
Erica Gonçalves
Algunos hombres de traje permanecen a metros de locales de la calle más francesa y sofisticada de la ciudad de Buenos Aires. No basta con la mera intención de ingresar a un negocio, sino que es preciso explicarles qué lo lleva a uno ahí. Algunas fachadas tienen incluso un timbre y un intercomunicador para algo similar. En muchos casos antes de entrar se debe permanecer en un limbo entre dos puertas de vidrio. Los vecinos ya están acostumbrados a ver a los hombres de ambos negros y las medidas de control que hoy tienen los negocios del mundo de los relojes exclusivos y de las joyas en la avenida Alvear. Mucho más cuando desde la pandemia a esta parte han aumentado el número de tiendas del rubro que se instalaron en esta calle. En las primeras cuadras hay dos inmuebles comerciales vacíos: los residentes de la zona señalan que dos nuevas joyerías abrirán ahí.
“No entiendo por qué ahora hay tantas joyerías”, dijo Mariana Santamaría, que hace 35 años vive en la calle Ayacucho, a pocas cuadras de la avenida Alvear. “No creo que sea por los vecinos: no creo que necesiten vender sus alhajas debajo de su casa. Quizás tiene que ver con los turistas y con que quizás acá consiguen mejores precios de compra. Están las históricas y otras que ni idea. Supongo que a algunos joyeros quizás les convenía la zona para estar cerca de las tradicionales”, expresó en un intento de encontrar una explicación. Y agregó: “De todas maneras, se ve linda la avenida con las joyerías”.
Por su parte, Juliana D’Aloisio, empleada hace nueve años en un restaurante de una de las galerías, señaló: “Me llama la atención que abran joyerías, dada la situación económica. Supongo que es por los turistas. Mucha gente viene hasta acá para vender”.
El mercado de las joyas domina la calle que históricamente fue la más lujosa de la ciudad. A lo largo de las cinco cuadras más comerciales de la avenida Alvear, entre las calles Adolfo Bioy Casares y Libertad, actualmente hay 23 locales en los que se comercializan piezas de oro, plata, piedras preciosas y relojes exclusivos. Ocho tiendas del rubro abrieron desde la pandemia a esta parte.
Tan solo quince años atrás deslumbraban en esas veredas las vidrieras de prestigiosas marcas internacionales como Louis Vuitton, Polo Ralph Laurent, y Ermenegildo Zegna. Solo un par de ellas sobreviven de aquella época. Su relevo, diseñadores y firmas nacionales de primera línea, resignaron sus lugares en Alvear ante la crisis económica que generó la cuarentena y el Covid. En los últimos años, un gran número de locales fue ocupado por relojerías y joyerías de primera y segunda mano. La mayoría de los vecinos extraña el pasado esplendoroso y espera que las marcas de lujo vuelvan. Gran parte de los joyeros tradicionales también.
“Hay dos tipos de negocios: los joyeros y las marcas tradicionales y la gente que se dedica a la compraventa”, dijo Enrique Stad, dueño de Jean Pierre Joyeros, una histórica firma que hace 100 años está en la avenida. “Ese rubro no tiene nada que ver con la creación de joyas. Ellos compran barato, desarman y funden. Es como comparar a Hermès con la ropa vintage. Es otro tipo de negocio”, apuntó.
Para Stad, la permanencia de algunos locales es circunstancial: tuvo que ver con el valor de los alquileres y del oro en la pandemia. “Se instalaron para poder comprar acá: esta es una zona exclusiva de alto poder adquisitivo y los que viven por acá no van a la calle Libertad”. A su entender, el actual polo joyero podría diluirse en 2025. “Las marcas internacionales van a volver. Están en las principales ciudades del mundo. Cuando se abra la economía y vuelvan, los negocios vintage no van a soportar los costos de los alquileres”, expresó.
Para el dueño de la joyería más antigua de la avenida, las marcas de prestigio aún siguen en la zona y crecerán en número. “La avenida ha significado históricamente glamour y lujo. Hoy el lujo son Rolex, Longines, Montblanc y todas las joyerías tradicionales que aún siguen en Alvear”. Y sumó: “Extrañamos el glamour que nos dan las marcas internacionales y las nacionales de primera línea”.
No es el único negocio tradicional de la avenida que manifiesta el anhelo: “Esperamos que esas marcas vuelvan. Incrementan el flujo de compradores con capacidad adquisitiva elevada”, señalaron desde Santino Joyeros.
“La instalación de las joyerías tuvo que ver con la situación económica. La apertura de capitales y de las importaciones puede hacer que todo cambie”, dijo Lorenzo Ganado, que hace 33 años vive en Alvear. Y sumó: “A mí me gustaría que vuelvan las marcas nacionales de primera línea”. Por su parte, María, que vive sobre la avenida hace 24, señaló: “Yo compraba en Louis Vuitton y Versace. Me gustaría que estén de nuevo acá”.
“En todas las ciudades del mundo hay calles elegantes. Alvear, con su estilo francés, es la nuestra. Ojalá vuelvan las primeras marcas”, dijo Nidia González, vecina de la avenida hace más de 24 años.
Aún más joyeros
Desde la pandemia a esta parte, ocho locales que pertenecen al mundo de las joyas se instalaron sobre la histórica calle exclusiva. En Alvear al 1900 y 1500, dos nuevas abrirán en los próximos meses. “Vamos a abrir un local enfocado a la venta de relojes a mitad de cuadra”, dijo Adrián Rodriguez, dueño de El Cantón. No son los únicos que tendrán doble presencia en el corredor: Patricio Ricci abrió hace ocho años un local y hace tres años, otro en la misma cuadra. Otros, incluso llegan a tener tres negocios dentro de los mismos 100 metros.
El polo joyero tiene su epicentro en la avenida: solo en Alvear al 1800 hay 16 locales de joyas. Muchas de ellos están en la Galería Promenade. Más allá de la avenida, las calles adyacentes cuentan también con un gran número de locales tanto de venta de piezas de oro, plata, piedras y relojes como de compraventa. Quintana y Callao son un ejemplo de ello, e incluso el centro comercial Patio Bullrich.
“Algunos vienen de la calle Libertad. Se instalaron porque hay mucha gente de plata que viene al hotel”, dijo Marta que es vecina del barrio hace 10 años. “También porque cuando la gente necesita plata vende sus pertenencias; qué mejor que acá”, señaló. Y sumó: “Me gustan las joyerías en calle Alvear, pero no las cuevas. Años atrás hubo un allanamiento y algunas eran cuevas”.
Los turistas que ya conocían la avenida advierten su mutación. “Es llamativa la cantidad de joyerías. Se volvió más específica en cuanto a alhajas”, dijo Zulema Gorgerino, de Córdoba. “Sigue siendo una avenida fina y hermosa”, completó Sergio, su marido.
Por su parte, la chilena Vanesa Merello, que hace más de 50 años visita Buenos Aires y la lujosa avenida, señaló: “Me encanta que haya joyas antiguas y que haya muchas joyerías”.
Una de las últimas aperturas en el polo corresponde a una empresa nacional. “Esta es la Quinta Avenida de Buenos Aires y queríamos estar en el momento en que las marcas internacionales regresen”, dijo Paul Anthony, de Testorelli, una firma del rubro que tiene 137 años en la Argentina. “Abrimos en agosto, pero siempre quisimos estar acá. Antes no había lugar: hay muy pocos inmuebles sobre esta vía”. Y aclaró: “No vinimos por la concentración de joyerías”. Eugenia Oksentiuk del negocio Longines –que abrió hace dos meses– destacó la virtud de la zona: “El 70% de los que entran compran porque ya saben a qué vienen. El 80% de las ventas corresponde a turistas. Principalmente orientales, de Ecuador y de Estados Unidos”, contó.
Más allá de la concentración de locales vinculados a las joyas, sobre la avenida Alvear hay varios de indumentaria, marroquinería, vinerías y de moda, entre otros. La opinión de ellos respecto del aporte del mercado de alhajas está dividida. Para Vanesa Rodríguez, encargada de Aston, las joyerías “suman”: “Atraen gente de alto poder adquisitivo. Siempre hubo muchas en la zona”. Javier Piatigorsky, empleado de Giesso, indicó: “Nos gustaría que vuelvan las marcas más exclusivas del mundo. Atraen más clientes y son más lindas para Alvear. Además, las joyerías son en su mayoría compraventa”, indicó.
El pasado de la avenida
La Avenida Alvear es todavía una de las zonas más sofisticadas de Buenos Aires. Lugares importantes y vinculados con el lujo se encuentran ahí: el Palacio Duhau-Park Hyatt, el Jockey Club, el Hotel Alvear y la embajada de Francia, entre otros. En 2007 la cadena de televisión NBC la situaba entre las cinco principales del mundo por la relación calidad y glamour, detrás de la Quinta Avenida, la Madison de Nueva York, Les Champs Elysées de París y Oxford Street de Londres. Por su belleza, las marcas internacionales en los 90 acapararon los escasos inmuebles comerciales que tenía Alvear. De sus épocas doradas, son principalmente Hermès y Montblanc las que soportaron los vaivenes económicos y aún hoy siguen arraigadas a la vía.
Las restricciones a las importaciones y el cepo durante el gobierno de Cristina Kirchner determinaron la salida progresiva de la mayoría de las marcas internacionales que estaban en Alvear. Armani dejó el país en 2009. Cartier se fue en 2012 y le siguió Polo Ralph Lauren. En 2013 lo hizo Louis Vuitton y meses después Salvatore Ferragamo, Escada y Kenzo. En 2015, Ermenegildo Zegna. Luego de esas salidas, las marcas nacionales de primera línea ocuparon los inmuebles comerciales de la avenida Alvear. Después de la crisis que desató la pandemia, un gran número de negocios quedó vació. Muchas joyerías encontraron entonces ahí su lugar.
Tres años atrás el alquiler de un local de 25m² podía costar 1000 dólares. Algunos señalan que antes de eso se conseguían incluso por menos. Se espera, sin embargo, que los valores se actualicen: aumentos del 300% podrían determinar la salida de muchos negocios del mundo de las joyas.
“Cuando vinimos no había tantos joyeros, pero nos suma que haya muchos en la zona”, dijo Esteban Anco, que en 2021 abrió un local de relojes de segunda mano en Alvear 1800. Por su parte, Magdalena Steffens, empleada de la firma que está ubicada en Quintana y Callao, remarcó también el incentivo que generó en ellos el actual polo joyero: “Nos instalamos acá por la buena ubicación. También nos interesó la concentración de joyerías”.
Compraventa de joyas
Una persona de traje en la puerta preguntaba con insistencia con qué objetivo se quería ingresar al local. Adentro, la vendedora explicó: “Es que vienen 20 personas por día para ofrecer oro y joyas y a nosotros no nos interesa. Solo vendemos creaciones nuestras”, dijo Angie Daunine, empleada del Rubi Rubi. Y sumó: “Algunos joyeros nos han dicho que se ubicaron acá por nosotros. Sabían que tenemos muchos clientes. A los dueños les alegra que haya joyeros y que está zona sea un polo”, indicó.
La reputación es importante para muchas de las firmas que pertenecen al mercado de joyas y la calle suma en ese sentido: tiene fama de confiable y se la asocia con un elevado poder adquisitivo. “La gente viene a Alvear por eso”, dijo Daniel Varela, dueño de Joyería Recoleta. “La reputación en este negocio es importante y se crea con el tiempo: es un activo. Muchos registran los nombres por el valor que tienen en el mercado. Cuando dejan el negocio, algunos luego los venden”.
Respecto del mercado joyero actual de la avenida, Varela señaló: “Hoy hay más locales de compra de oro que de otro tipo, pero las cosas cambiaron. Después de la pandemia había más movimiento, pero ahora en la Argentina estamos caros”. La suba de alquileres y un mercado menos activo podrían determinar una reconfiguración de avenida Alvear.
María Vignoni vive hace más de veinte años sobre la avenida Alvear: “Es un fenómeno muy raro que haya tantos locales de ese rubro. Las joyerías tradicionales son típicas de Alvear. Las que venden cosas usadas, no. A mí, una vez en una me cambiaron plata”. Según señaló, muchas de las que tienen el cartel de joyería no exhiben alhajas y no se parecen en realidad a una de ellas: puros sillones y escritorios. “Cuando llevé una cadenita con dije de brillantes y esmeraldas a uno de los negocios de mi cuadra, me ofrecieron pagarme solo por el oro. Según dijeron, el resto no tenía ningún valor. Me pagaron nada más que 100 dólares. No hice negocio, pero accedí”.
Patricia viajó de San Isidro a la ciudad para hacer una venta. Aunque por seguridad no quiso especificar qué llevaba en su mochila, señaló que se trataba de una “alhaja familiar muy antigua”. Sus allegados le habían indicado que era valiosa y que era en la zona de la avenida Alvear en donde debía ofrecerla. Sin embargo, según indicó, todavía no había oído lo que esperaba: “Hasta ahora me llevé un chasco bárbaro”. Todo un día podría llevarle ofrecer su pieza a todos los compraventa de joyas de la avenida más lujosa de Buenos Aires y de la zona.
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