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lunes, 12 de febrero de 2018

UNA LUCHA QUE NO TIENE FIN; GANDHI


La lucha inacabada de Gandhi
El respeto a los intocables y la convivencia entre musulmanes e hindúes suponen todavía retos pendientes para India
Una imagen de Gandhi se pasea por Rajpath, el bulevar ceremonial de Nueva Delhi, en India, el viernes pasado.
El 30 de enero de 1948, Mohandas Karamchand Gandhi fue asesinado por un radical hindú. El magnicidio a manos de uno de los suyos fue el paradójico epílogo a una vida dedicada al ahimsa —la no violencia—, la noción incorruptible que había guiado a 255 millones de súbditos a rebelarse contra dos siglos de dominio británico. Ganada la independencia, el padre de India quiso afrontar los mayores retos del país: erradicar la tradición de los intocables y pacificar a musulmanes e hindúes. Ambos desafíos, imperdonables para sus enemigos, son todavía hoy empresas pendientes.
“Él mismo aceptó su fracaso”, reconoce su bisnieto, Tushar Gandhi. “El sistema de castas estaba tan arraigado en esta cultura que los hostigamientos continúan 70 años después”, explica desde su residencia en Mumbai, donde se dio el último enfrentamiento entre castas a principios de este año. “Pensar que su pueblo había entendido su mensaje fue su mayor error”, opina Tushar Gandhi. La máxima que mejor define a su bisabuelo, para él, es esta: “Mi vida es mi mensaje”. Su legado inspiró a Martin Luther King, Nelson Mandela o Lech Walesa.
Rebautizado Mahatma —alma grande—, Gandhi transformó el anticolonialismo elitista indio en un movimiento de masas por la independencia. Tras vivir en Sudáfrica, a su regreso a India en 1915 dejó su traje de abogado londinense y se vistió con un humilde dhoti (el taparrabos tradicional) para viajar por el inabarcable subcontinente. El mensaje trascendió entonces las fronteras religiosas y cada tarde, durante tres décadas, sus mítines políticos se aderezaron con pasajes de los libros sagrados del hinduismo, islam, cristianismo y sijismo. Llamó así a los desapoderados de la sociedad, de todos los credos, a participar en una lucha librada hasta entonces entre escaramuzas intermitentes contra el poder británico y debates políticos.
Inermes ante la superpotencia del siglo XIX, Gandhi reforzó su mensaje con el arma moral de la satyagraha, la insistencia en la verdad. La resistencia pacífica, una estrategia política sin precedentes, imposibilitó la represión de los insurrectos. “La imagen benefactora del colonialismo británico se desmoronó. ¿Cuánta gente puede ser castigada cuando hay cientos de miles de insumisos?”, pregunta retóricamente Mridula Mukherjee, doctora en Historia en la Universidad Jawaharlal Nehru (JNU), de Nueva Delhi. Coautora de India's Struggle for Independence (La lucha de India por la independencia), Mukherjee resalta el papel de las mujeres en las revueltas como protagonistas de piquetes contra el consumo de alcohol y el uso de textiles británicos en detrimento de la producción india, lo que al final desmanteló la economía colonial.
Tushar Gandhi, en su residencia en Mumbai
Así, el mensaje de Gandhi consiguió que mujeres y hombres de toda clase y condición contribuyeran al éxito de la independencia. Pero fracasó en su intento por eliminar la discriminación entre castas. En una sociedad dividida en cientos de lenguas, más de 4.000 etnias y un complejo sistema de segregación, Gandhi dignificó a los más parias de entre los pobres. Desde 1910, cuando forzó a que brahmines —castas altas— limpiasen letrinas, un trabajo impuesto hasta entonces a los dalits —intocables—. Además, en 1933 vivió con dalits y retó a que los brahmines demostrasen que las escrituras sagradas hindúes predicaban la marginación de las castas bajas.
“Él nunca quiso que los dalits cambiasen sus ocupaciones, sino ennoblecerlas”, explica Valerian Rodrigues, historiador de la Universidad de Ambedkar de Delhi. En cambio, Bhimrao Ramji Ambedkar, dalit de nacimiento y abogado, “luchó por empoderar a los intocables”. Se enfrentó a Gandhi con vehemencia, defendiendo que los dalits eligiesen a sus representantes políticos con independencia del resto del electorado, un privilegio que el Raj Británico [la ley de la Corona en la India] había dado antes a los musulmanes indios. Gandhi abogaba por un modelo de escaños reservados para los representantes de los dalits, pero elegidos por todos los votantes. Usando la huelga de hambre, Gandhi impuso su criterio frente a la de Ambedkar.
Hoy, la Constitución de India, de la que Ambedkar fue arquitecto, protege legalmente a los dalits, quienes también cuentan con un sistema de cuotas en educación y empleos públicos. La visión de Gandhi sobre los intocables, mientras, sigue siendo foco de dura crítica social. Unos le reprochan su conservadurismo, acusándole de plegarse a las castas dominantes. Otros entienden la postura del padre de la nación, quien vivía horrorizado con la idea de que la misma división política que alentó la dolorosa partición de India para crear la musulmana Pakistán acabase con la cultura hindú.
Así, inducidos por la estrategia británica de fragmentar India en sus diferentes identidades religiosas, los líderes musulmanes exigieron un Estado propio. La liberación colonial se transformó finalmente en la desmembración del subcontinente. “¿Qué hay que celebrar?”, escribe Gandhi sobre la “vivisección de la Madre” mientras las élites políticas festejan la independencia el 15 de agosto de 1947. En tres años, 14,5 millones de personas cruzaron las fronteras entre India y Pakistán en uno de los mayores éxodos de la historia. Medio millón de musulmanes e hindúes murieron asesinados.
Última huelga de hambre
“La situación le torturó. Sintió que su vida y su mensaje habían sido en vano. Sus ayunos quisieron poner fin a la violencia. Pero también mortificarle porque se sentía responsable de lo ocurrido”, explica su bisnieto. Dirigentes de todo el país recurrieron al casi octogenario Gandhi para frenar las matanzas. Hasta ese momento, la voluntad inquebrantable del Mahatma y sus huelgas de hambre habían conseguido parar la violencia hasta en cuatro ocasiones.
Durante su último ayuno en Nueva Delhi, sin embargo, los radicales pedían dejarle morir de hambre. La capital de la India independiente se había convertido en refugio de un millón de hindúes llegados de Pakistán. Mientras, el primer conflicto en Cachemira se agravó por la controversia del reparto de bienes entre las dos nuevas naciones. Gandhi había prometido dividir la compensación económica británica con el vecino Pakistán, ahora enemigo de guerra.
Gandhi cumplió lo pactado —siete millones de euros—. Algo inaceptable tanto para brahmines, que se creían atacados por su ideario de respeto a los intocables, como para los radicales religiosos que ansiaban un Estado hindú alejado del secularismo. De las filas de estos grupos salió el hombre entre la multitud que disparó a Gandhi a la hora del rezo hace hoy 70 años. El precursor del activismo sin violencia no pudo pacificar a los suyos. Pero su asesinato originó una década sin hostilidades religiosas en India.
"SUS RELACIONES CON LAS MUJERES TRANSCENDÍAN LOS ASPECTOS DE GÉNERO"
A finales de 1946, Gandhi se traslada a Noakhali (Bengal Occidental),donde 5.000 hindúes habían sido asesinados. Allí ocurre uno de los episodios más controvertidos su vida. Él mismo contó que durmió desnudo con sus discípulas, menores de edad.
“Gandhi conecta la violencia con su capacidad de autocontrol. Busca respuestas ante su fracaso. Y pone a prueba el poder sobre su cuerpo”, justifica Mukherjee. Para la historiadora, Gandhi duda de su propio ejemplo como hombre de paz y de su capacidad para dominar sus deseos, incluido el brahmacharya – celibato – al que fue fiel desde 1906.
Por su parte, Tushar Gandhi no sabe explicar la motivación de esos actos, pero subraya el inusual trato entre su bisabuelo y las mujeres de su entorno: “Manuben Gandhi [una de las niñas con las que experimentó] se refería él como 'mi madre'. Las relaciones del Mahatma transcendían los aspectos de género”.
A.L. M. C.

miércoles, 25 de octubre de 2017

GANDHI Y SU LUCHA

INVESTIGADOR; DR. RICARDO "EL MORDAZ"

GANDHI



Mohandas Karanchand Gandhi (1869-1948)
Mohandas Karanchand Gandhi nació en el estado principesco de Porbandar, en aquel entonces bajo dominio británico, de una familia de buena posición socioeconómica que le permitió costearle sus estudios de derecho en Inglaterra. Durante su estadía en Londres sufrió terriblemente, no porque se sintiera discriminado por ser hindú, sino por su propia personalidad que le jugaba en contra. El hombre que décadas después movilizaría multitudes de millones de compatriotas, como ningún otro líder pudo lograr en la historia, era extremadamente tímido.
El solo hecho de intentar un diálogo con un desconocido le resultaba un esfuerzo inaudito. La vestimenta que traía de la India tampoco lo ayudaba, pero cuando decidió transformarse en un gentleman británico las cosas no mejoraron, el problema radicaba en su personalidad y no en el aspecto físico.
El retorno a la India no mejoró su situación, el ambiente estaba saturado de abogados y solo consiguió resolver litigios menores. Ante los magistrados, sus alegatos balbuceantes y casi inaudibles, hacían que careciera de elocuencia y poder de convicción. Durante meses merodeó por los tribunales de Bombay buscando causas que defender hasta que le ofrecieron el cargo de abogado en una empresa hindú radicada en Sudáfrica.
Cuando Gandhi desembarcó en el puerto de Durban a la edad de 24 años, para representar a la firma que lo contrató durante doce meses, pensó que al término de ese lapso regresaría a la India. No imaginó que estaría ausente de su patria durante un cuarto de siglo, y que a su regreso, sería otra persona completamente diferente, se había transformado en el más grande conductor de masas.
En ese país extremadamente racista sufrió varios episodios que cambiarían completamente sus ideas, su filosofía, su personalidad y su futuro. El más importante ocurrió cuando en viaje hacia Pretoria irrumpió en el vagón un hombre blanco que le ordenó retirarse a tercera clase. Gandhi alegó que había sacado boleto de primera, pero el individuo acudió con el guarda y en la siguiente estación lo expulsaron del tren violentamente. Tiritando de frío pasó la noche en la estación y cuando despuntó el alba se había jurado a sí mismo luchar contra toda injusticia y defender su dignidad como hombre y como hindú.
Durante el año que duró el contrato Gandhi se ocupó de enseñar inglés a sus conciudadanos y a defender sus derechos. Su popularidad fue creciendo y el día de la despedida le hicieron una gran fiesta, pero cuando estaba por partir leyó casualmente en el diario local que la Asamblea legislativa estaba planeando pasar una ley que negaba a los hindúes el derecho al voto.
Gandhi que hasta ese momento no estaba interesado en la política desarrolló una campaña en la que recaudó miles de firmas de oposición a la medida. No logró su cometido pero su popularidad trascendió las fronteras y llegó hasta Inglaterra y la India.

Gandhi en Sudáfrica
En 1899 mientras aún se encontraba en Sudáfrica Gandhi, que se consideraba un súbdito inglés, participó en un nuevo enfrentamiento contra los Boers formando un cuerpo de ambulancias con 1.100 voluntarios. Cuando terminó el conflicto con la victoria inglesa, la paz entre Boers y el Reino Unido no trajo mejoras a las condiciones sociales de la comunidad hindú. Durante más de una década se produjeron numerosas protestas y actos de resistencia, todos liderados por Gandhi. Él y muchos de sus compatriotas, conocieron cárcel y humillaciones.
Diez años después de su llegada se produjo el segundo impacto que modificaría definitivamente su forma de vida. Ocurrió como la primera vez también en un tren, cuando un amigo inglés le ofreció un tratado del filósofo John Ruskin titulado Unto this Last.El viaje de Johannesburg a Durban era de 24 horas, tiempo durante el cual Gandhi no pudo dejar el libro un solo instante. “Decidí cambiar mi vida acorde con los ideales de Ruskin”, señalaría más tarde.
Cuando descendió del tren había prometido renunciar a todos los bienes de este mundo y vivir conforme a los ideales anticapitalistas de Ruskin. La riqueza no era más que un arma para engendrar esclavitud, escribía el filósofo. Sus ideas se asemejaban mucho a las de su madre Putlibai, la cuarta esposa de su padre, quien basada en el Bhagavad Gita, le inculcó durante la infancia a no hacer daño a ningún ser viviente, a ser vegetariano, a ayunar para purificarse, y a ser tolerante con otros credos religiosos. Este cambio total en la vida de Gandhi asume mayor grandeza si se tiene en cuenta que en ese momento era un próspero abogado con un ingreso anual de 5.000 libras esterlinas, una fortuna para la época.
Adquirió una granja de 50 hectáreas a 20 kilómetros de Durban, en plena región zulú. Gandhi aplicó allí el modo de vida que lo acompañaría hasta su muerte: renunciamiento a las posesiones materiales, satisfacer de la manera más simple las necesidades del hambre, una vida comunitaria en la que el trabajo de cada uno tenía el mismo valor y las dos doctrinas que lo volvieron mundialmente célebre: la no violencia y la desobediencia civil. Finalmente le comunicó a su esposa Kasturba Makhanji, quien lo ayudó incondicionalmente en todas sus actividades y con la que tuvo 4 hijos, que había tomado el voto de castidad.
El destacado escritor Gilbert Murray, fue uno de los primeros en tomar conciencia de la importancia de la singular personalidad de Gandhi, cuando en una publicación londinense escribió con extraordinaria lucidez el siguiente párrafo: “va a ser muy difícil lidiar con un hombre que tiene un desinterés total por los placeres sensuales, las riquezas, el confort y la promoción, pero que tiene la firme determinación en creer en lo que es correcto. Es un enemigo peligroso y atípico porque aunque conquistemos su cuerpo, no podremos hacerlo con su alma”. Sus palabras fueron proféticas ya que con su metódica desobediencia civil sin violencia, Gandhi lograría derrotar a un imperio y hacerle perder su más preciada colonia.
Regreso a la India
El 9 de enero de 1915, Gandhi, regresó a la India y fue recibido como un héroe por una multitud entusiasta. Aquel hombrecito vestido con una túnica y sandalias y aspecto insignificante sería a partir de entonces la figura dominante de su país y el líder más influyente que haya conocido el mundo. Rabindanath Tagore, el Premio Nobel de literatura le confirió el título de Mahatma: la “Gran Alma” y a partir de entonces pasaría a ser llamado Mahatma Gandhi por las masas, el periodismo, los políticos y el mundo entero.
Su lucha pacífica contra el Imperio Británico se inició cuando tomó conciencia del maltrato que podían ejercer los ingleses con sus súbditos. En febrero de 1919, el Consejo Legislativo Imperial pasó la ley Rowlat Act, mediante la cual cualquier hindú sospechoso de sedición podía ser detenido y encarcelado por tiempo indefinido. Gandhi organizó una táctica pasiva que inmovilizó a la India, pero no pudo evitar que se produjeran revueltas en varios sitios que fueron brutalmente repelidas por los soldados ingleses y dejaron un saldo de 400 muertos y miles de prisioneros.
Calmados los ánimos y con la bendición del virrey, Gandhi formó el Partido del Congreso que se transformó en un movimiento de masas animado por su ideal de no violencia y donde él era el alma del Partido y la misión: la independencia de la India. A partir de entonces, todo lo que fuera inglés debía ser boicoteado. Gandhi empezó devolviendo al virrey las dos medallas que había ganado con su cuerpo de ambulancias durante la Guerra de los Boers.
Inició campañas de educación para incitar a los aldeanos a utilizar letrinas, mejorar sus condiciones sanitarias, combatir el paludismo, construir escuelas y estimular las relaciones entre hindúes y musulmanes.
Marchó por todo el país pasando noches enteras en los asientos de tercera clase de los trenes, habló varias veces al día y visitó miles de aldeas, caminando descalzo y seguido por sus partidarios. Las multitudes acudían de todas partes para conocer personalmente al Mahatma Gandhi. Pero hubo dos cruzadas que por su originalidad, el carácter masivo de la respuesta y el daño que infligieron a la economía del imperio, trascendieron ampliamente las fronteras: el retorno al empleo de la rueca y la marcha de la sal.
El Reino Unido compraba el algodón indio a precios irrisorios que regresaba convertido en paños que eran vendidos a valores muy superiores. Gandhi resucitó la vieja rueca de madera para que millones de hindúes, empezando por él mismo, hilaran su ropa y evitaran comprar las telas inglesas.

Gandhi hilando en la tradicional rueca
Esta gesta revolucionaria produjo un impacto negativo importante en la economía inglesa y tuvo tanta trascendencia que la bandera actual de la India independiente lleva en su centro el símbolo de una rueca.
A esta cruzada Gandhi agregó la “marcha de la sal”. En el clima tórrido de la India, la sal era un elemento indispensable en la alimentación de cada habitante. Abundaba en las costas, pero el gobierno británico conservaba el monopolio de su distribución y estaba gravado con un impuesto que para los campesinos que subsistían al límite, resultaba oneroso.
En la madrugada del 13 de marzo de 1930, Gandhi salió de su vivienda con un cortejo de discípulos e inició una marcha de 400 kilómetros hacia el mar. A medida que pasaban los días la caravana aumentaba en volumen y millares de hombres, mujeres y niños, se apiñaban y arrodillaban a su paso para saludar al Mahatma. El virrey optó prudentemente por no ejercer ningún tipo de represión ni interferencia, ya que por entonces había decenas de periodistas que seguían diariamente a la gigantesca multitud y enviaban periódicamente cables a sus respectivos países sobre la evolución de la marcha. Las pantallas de cine se llenaron de imágenes del hombrecito semidesnudo que apoyado en su bastón y aclamado por multitudes se encaminaba con voluntad de hierro hacia el mar.
Después de 25 días Gandhi sumergió sus pies ampollados en las aguas del océano Índico cerca de la ciudad de Dandi, se agachó, recogió un puñado de sal y lo elevó al cielo ante millares de espectadores que lo aclamaron. La sal se había convertido junto con la rueca en los dos símbolos de la lucha por la independencia.
De un extremo al otro del continente la gente se dedicó a recoger sal, purificarla y distribuirla. Esa medida más el boicot hacia toda mercadería proveniente de Inglaterra hizo que el gobierno reaccionara con una feroz represión y Gandhi estuvo entre los miles de encarcelados. Pero todo fue inútil, los métodos clásicos de castigos de todo tipo se estrellaron contra la táctica imbatible y original de la desobediencia civil sin violencia. Para el imperio británico la India se había convertido en un volcán fuera de control.
Un día de febrero de 1947, los Miembros de la Cámara de los Comunes, esperaban sombríos y melancólicos el discurso del Primer Ministro sobre el futuro de la India. Clement Attlee comenzó a leer el mensaje que había sido preparado por el almirante Mountbatten: “El Gobierno de Su Majestad desea hacer saber claramente que tiene la firme intención de adoptar las medidas necesarias para proceder al traspaso de la soberanía de la India a manos de una autoridad india responsable en fecha no posterior al mes de junio de 1948”.
Pese a las protestas de Churchill, la Cámara de los Comunes ratificó la marcha de la historia. Por aplastante mayoría votó el final del reinado de Gran Bretaña en la India. Gandhi había triunfado sobre el impero.
Gandhi. Biografía y vidas. La Enciclopedia Biográfica en Línea.http://www.biografiasyvidas.com/monografia/gandhi/
Dominique Lapierre y Larry Collins. Esta noche, la libertad. Emecé Editores. Buenos Aires 1978.
Gandhi. Macropedia, tomo 19. Encyclopaedia Britannica. Chicago 1995.
Annete Barnabas. Mahatma Gandhi: An Indian Model of Servant Leadrship. IJLS. International Journal of Leadership Studies.International Journal of Leadership Studies, Vol. 7 Iss. 2, 2012.