Mostrando las entradas con la etiqueta HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de julio de 2020

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Cuarentena. Cinco historias detrás de los comercios que tienen que volver a cerrar
El sueño de Mirian Riojas se demoró por la pandemia: logró abir Moupy, un local de ropa femenina, recién el 9 de junio. Ahora debe cerrar.

El viernes último cientos de comerciantes del Área Metropolitana de Buenos Aires que habían logrado reabrir su negocio hacía tan solo unas pocas semanas, después de 80 días de parálisis total, recibieron la noticia como un baldazo de agua fría. Tal como anunció el presidente, Alberto Fernández, deberán volver a bajar la persiana para cumplir con una nueva etapa de confinamiento estricto, del 1 al 17 de julio.
Si bien se comprende que la cuarentena es una de las pocas herramientas disponibles para reducir la propagación del coronavirus, muchos comerciantes de rubros considerados "no esenciales" temen que el cierre prolongado se convierta en definitivo. Los gastos fijos se acumulan mientras la generación de ingresos sigue detenida y, en algunos casos, ya no tienen a quién recurrir para mantener sus estructuras en pie.
A continuación, la historia de cinco comercios que volverán a cerrar la cortina esta semana, con la esperanza poder volver a abrirla.
"Compré para liquidar"
Pin de Val zamudio en Oc: Nathaniel De Cruz | Dibujos de ojos ...
Mirian Riojas, indumentaria femenina

Un negocio de ropa femenina anuncia con chillantes luces y carteles la apertura del nuevo local: Moupy. Del escritorio -y con el celular en la mano- se levanta Mirian Riojas. Detrás del barbijo se le dibuja una enorme sonrisa y pide unos minutos antes de hablar. Está coordinando la entrega de mercadería con sus proveedores. Hace tres meses pudo tramitar todos los permisos que le exige el gobierno porteño para vender ropa e indumentaria en el barrio, sin embargo, recién hace 20 días atendió a sus primeras clientas. La idea de crear su propio negocio la venía madurando desde hace algunos meses y cuando recién se dio la oportunidad se encontró con que, por la pandemia, no iba a poder abrir lo que parar ella era el sueño de su vida.
"El 9 de junio fue para nosotros el primer día de ventas de nuestro local. A partir de eso se vendió entre una y dos prendas por día", dice Riojas, quien además agrega que no puede saber si ese valor en las ventas es representativo porque no tiene un punto comparativo.
A principio de año inició todos los permisos online para poder instalar el negocio en la zona, pero por la pandemia se demoró la gran apertura. "Arranqué justo con la cuarentena y tuve que hacer todo online. Tuve que pagar impuestos y servicios sin haber vendido ninguna prenda para que no pase nada y seguir un negocio que nunca había abierto las puertas al público. Te dicen que te congelan los impuestos, pero no es verdad, siguen corriendo los gastos y hay que hacerse cargo", asegura.
Mirian Riojas: "Si no nos dejan abrir el 17 de julio, voy a tener que poner la mercadería en liquidación, porque ya se acerca el recambio de temporada" 
Según la flamante comerciante, el nuevo cierre y apertura habría que tomarlo con pinzas. "Un día te dicen sí esta es la última cuarentena y así se fueron a 96 días, para que nos dijeran que hay que volverse a encerrar porque no tenemos camas para atender a los enfermos. Es seguir esperando, y escuchar lo que nos digan día a día, porque tampoco sabemos si el 17 o un par de días antes no van salir a decir que necesitan un par de semanas más", se queja.
Riojas dice que, si bien su contadora la asesoró para aplicar a la ayuda oficial del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), no pudo hacerlo, porque, recién iniciada en el rubro, no cumplía con los requisitos.
Antes de abril, Riojas se había stockeado con un buen lote de mercadería de invierno, pero, con la demora en la apertura, a lo que suma el nuevo cierre, deberá ponerla en liquidación. Los suéteres de lana y las calzas térmicas que cuelgan del perchero van a quedar relegados. "Si no nos dejan abrir el 17 de julio, voy a tener que ponerla en liquidación, porque ya se acerca el recambio de temporada. Compré para liquidar", razona.
"No creo que esta la podamos aguantar"
3 beneficios de dejar fluir el llanto | Bioguia
Juan Carlos Ares Ramos, de Mueblería Casa Ramón
"El lavadero de autos de la esquina, cerró; la casa de ropa de chicos, cerró; la casa de pilas, cerró; la casa de artículos de limpieza, los dueños son propietarios y van a alquilar el local; la otra casa de ropa, también y es muy probable que el restaurante de la esquina también cierre". Juan Carlos Ares Ramos, dueño desde hace casi 30 años de la mueblería Casa Ramón, en Colegiales, hace el recuento de los comercios de su cuadra que no resistieron a tantos días de inactividad y decidieron bajar la persiana definitivamente.
"Y nosotros... no creo que ésta la podamos aguantar", dice sentado al fondo del local angosto, justo donde termina la división entre la parte de exhibición de muebles y el taller en el que él, de 65 años, y su hermano, de 73 años, hacen reparaciones. "Ya veníamos trabajando mal los últimos años y ahora, después de tantos días cerrados, ya no te quedan puertas para golpear. Los amigos y la familia nos dieron todo lo que tenían", dice Ares Ramos.
Los hermanos Ares Ramos abrieron el local a mediados de los 90 junto con su padre -Ramón- y su tío. Antes, la familia había tenido una próspera empresa mayorista de azúcar que "se fundió con la hiperinflación de Alfonsín" y luego tres locales de compra y venta de antigüedades, que sucumbieron durante el menemismo. El tercer rubro en el que se reinventaron fue la mueblería y, ahora, dicen, tal vez le llegó también la hora.
"Este es un rubro muy castigado, porque la gente en este contexto no gasta en muebles. Cuando pudimos volver a abrir empezamos a tener algunos pedidos, algo de arreglos, pero con eso solo la pucheréas; no podés mantener la estructura comercial de un negocio", apunta Ares Ramos. "Además -dice, y muestra con un gesto a su alrededor- te darás cuenta que el negocio tiene muy poca mercadería. No hemos repuesto porque tenía miedo a que esto pasara y tener cheques que después no la pudiéramos levantar".
El comerciante asegura que este golpe es más fuerte porque ya venían de años de malas ventas y de achicamiento del negocio, que no daba ganancias como para contratar más que algún empleado por día. "Los tarifazos nos mataron: yo pago $7000 solo de ABL y de agua. A eso sumale, luz, teléfono, todos los gastos comerciales. Cuando te querés acordar, no te queda nada", apunta.
Con una botellita de alcohol en gel sobre el modesto escritorio y el barbijo colgándole de una oreja, Ares Ramos dice: "Esto emocionalmente te saca. No duermo de noche, tomo pastillas para los nervios. Es muy difícil convivir con esta pena". Y señala a su hermano: "Él la lleva más por dentro".
"Tuve que fundir dijes y cadenitas para convertir el oro en pesos y pagar"
Llanto en el trabajo? Cómo debe reaccionar un líder si las ...
Francisco Raúl Romero, de la joyería Tucumán 8-30
Francisco Raúl Romero, de 65 años, desciende con agilidad la larguísima escalera caracol que nace entre las mesas de exhibición y las cajas fuertes de la joyería Tucumán 8-30, ubicada en Cabildo 1196. "Este cierre nos va a arruinar. Nos va a perjudicar tremendamente", es lo primero que dice el joyero, que alquila este local hace 30 años y solo recuerda haber atravesado un momento tan crítico en la crisis de 2001.
Romero fue pagando "en partes" los gastos que se generaron en los primeros 80 días en los que la cuarentena obligatoria lo obligó a mantener las persianas bajas, valiéndose de ahorros y recurriendo incluso a desprenderse de mercadería. "Tuve que fundir dijes, cadenitas, para convertir ese oro en pesos y pagar. Así como la gente viene a vendernos a nosotros, nosotros tuvimos que fundir para juntar plata", dice.
El local tiene una empleada a la que se le pagó el salario con la ayuda del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) y, si bien Romero considera que "lo más fácil sería bajar la cortina", dice que todavía no piensa en cerrar definitivamente su local. "Si van a liberarnos para trabajar el 17 de julio, como dicen, entonces todavía podemos ver", señala, esperanzado de que el esfuerzo pedido por el Gobierno a los comerciantes sea efectivamente el último.
"Aparte, los compromisos que uno tiene con la gente son a 30, 40 días. Uno no puede bajar la cortina de un día para otro porque nosotros estamos hace 30 años acá. Imagínese el barrio, la gente, los clientes", dice, sin poder concebir la idea de dejar de ser parte del entorno, y agrega: "Además, yo ya tengo 65 años; no estoy para andar dando muchas vueltas ni para empezar de nuevo".
Para el joyero la pregunta sobre cómo cree que lo afectará el nuevo período de cierre es muy fácil de responder. "Vos cerrás y empezás a perder plata. Es automático", explica. Además, dice que la joyería es un negocio muy particular en el que la venta presencial es irremplazable, más allá de que él tiene una página web. "En este rubro tenés que tener abierto para que la gente mire, se pruebe -dice-. No podés atraerlos con la persiana baja y las vidrieras vacías. Me dicen 'busco un anillito'... ¿y yo qué hago? ¿se los dibujo en el aire? Es un problema", ilustra.
Romero dice que cuando se dispuso por primera vez la obligación del cierre del local, quedaron algunas de las joyas que los clientes le habían llevado para arreglar y que, con el correr del día se empezaron a impacientar. "Tuve que venir más de una vez a sacar cosas para entregar, porque los dueños quieren tener sus cosas", explica. En esas visitas esporádicas al local de Belgrano se encontró además con lo único que nunca dejó de entrar al local: las boletas por abajo de la puerta. "Te cae la factura de la luz, del teléfono. No te pueden cortar el servicio, sí, pero se te va a acumulando la deuda", se queja.
"Nosotros no estamos preparados para vender online"

Graciela Bosio, local de alfombras y cortinas en Villa del Parque

Una enorme caja achica el ingreso a un local de cortinas que, a su vez, sirve para hacerle notar a los clientes del barrio que están abiertos al público. En el fondo, detrás de una montaña de cortinas de tela y rollers , están Graciela Bosio y su marido Antonio, quienes atienden a los clientes que se acercan motivados por alguno de los artículos que cuelgan en la vidriera, que abarca la esquina de la calle Elpidio González y la avenida Nazca, en Villa del Parque. ¿Tiene nombre el local? "Graciela: alfombras, papeles y cortinas".
Graciela Bosio y su marido Antonio 
Desde el improvisado escritorio que tiene una pequeña lámpara encendida, aparece Graciela, quien dice que necesita canalizar lo que les pasa a los comerciantes que tienen que volver a cerrar los locales otras dos semanas. Cuenta que, desde que se decretó la cuarentena obligatoria, los comerciantes debieron apagar hasta las luces de la vidriera para reducir los gastos en el consumo de energía eléctrica.
Bosio y su marido viven en la zona, entre el barrio Santa Rita y Villa del Parque. Ambos están en el rubro desde hace algunos años y decidieron no tener empleados para reducir los costos. El local donde tienen montado el negocio pertenece a un familiar con quien tienen un acuerdo para pagar solo los impuestos y servicios públicos en el tiempo que dure la pandemia.
"A quienes tenemos negocios en la misma zona donde vivimos se nos podría dejar abiertos para darnos un poco de respiro económico. También para que, con nuesrtos ingresos, podamos ayudar al resto de los que la están pasando mal, porque si no el país no sé cómo va a subsistir", dice Bosio. Y plantea que, en su caso, así como en el de muchos otros que no tienen que usar el transporte público ni circular por las zonas con riesgo de aglomeración, "podrían mantenerse operativos".
"Hay comercios que son esenciales y tienen empleados que vienen desde el Gran Buenos Aires y hay muchos casos, como el nuestro, que no tenemos que circular y no generamos ningún movimiento. No se sabe en qué se basan, se tendría que estar estudiado un poco más para tomar esa decisión", añade la mujer que lleva en la cabeza los anteojos para leer.
"Nosotros no estamos preparados para hacer venta online, pero tratamos de, por lo menos, publicitar algo para que no nos olviden e ir manteniendo la clientela de tantos años, atentos en lo que podíamos ayudar o en caso de si podíamos alcanzarles algo, lo hacíamos en bicicleta, para poder ir tirando", puntualiza respecto de cómo se manejaron con los clientes en los meses que estuvieron cerrados anteriormente.
"El 17 de julio habrá que ver si tengo para pagar el alquiler"

Mariana Fraga, mercería en Villa del Parque

Sobre la avenida Nazca se destaca un local de botones, telas, encajes y elásticos, adornado por coloridos retazos e hilos que cuelgan por la vidriera del lugar. En una silla, detrás de una estantería, están Mariana Fraga y María Fernanda Cremona, quienes atienden el local desde la puerta para impedir el ingreso del público.
"Una vez que el negocio repuntó no pueden volver a cerrarnos otra vez. Cerramos cuando había que cerrar, después volvimos a abrir, autorizados por el Gobierno de la Ciudad, y ahora nos tendremos que volver a atrasar con los gastos del local", dice Cremona. Para poder cumplir con las obligaciones tributarias, Fraga debió hablar con el dueño del local para poder estirar unos meses mientras se "recomponía el negocio". No obstante, ahora tendrán que volver a cerrar al público.
"Lo que sí esperamos es que sea hasta el 17 y después no digan que tenemos que hacerlo otros 20 días, porque ahí ya sería mucho y lo único que haría sería perjudicar más a la gente. Ojalá que después nos dejen abrir de nuevo", añade.
María Fernanda es empleada de la mercería de Villa del Parque que manejan Mariana Fraga y María Fernanda Cremona 
El negocio de la tela, hilos, agujas y elásticos tuvo una recuperación acelerada, por la fabricación de barbijos caseros e industriales. Fraga -dice- pudo recuperarse en estos 20 días que tuvieron de reapertura, sin embargo, con el nuevo cierre, teme volver a donde estaba a principio de mes: con el alquiler atrasado y la cuenta de los servicios subiendo.
"Ahora habíamos empezado a pagar de a poco y resulta que nos vuelven a cerrar. El 17 de julio, cuando tenga que volver a abrir, habrá que ver si tengo suerte de juntar la plata de nuevo para pagar el alquiler y el monotributo", dice, preocupada por las responsabilidades que tiene.
B. M.  Y D. T. C. 

martes, 23 de junio de 2020

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Coleridge, Platón y el colosal albatros
Nunca leí mucho o tanto. Ya de grande los libros me encontraron casi circunscripto al ámbito de la poesía , quizás por su brevedad, por su incisiva mirada y canto a la vida. Cada una de ellas va abriendo puertas que me hacen viajar y estudiar.
Esta mañana me encontré con una larga poesía de
Samuel Taylor Coleridge, "La balada del anciano marinero" , que relata un viaje épico hacia el Polo Sur, donde el barco a la deriva es seguido en augurios por un albatros, considerado como buena suerte . Después de unos días, el capitán decide matarlo con su bayoneta. Los marineros, en represalia, se lo atan al cuello.

Este enorme pájaro sureño, puede estar semanas volando sin posarse; vuelve todos los años al mismo lugar para anidar un único huevo, vive mas de sesenta años y se empareja de por vida, aunque no practica la monogamia. Además, durante la larga incubación del huevo -ochenta días- la pareja se va turnando para darle calor de a semanas, mientras que el otro sale a buscar alimentos. Está comprobado que en estas salidas pueden llegar a viajar quince mil kilómetros en pocos días, usando los vientos con sus corrientes ascendentes y planeando con sus enormes alas, que llegan a tener más de tres metros de extensión. Las alas, según Platón, son un jeroglífico de la inteligencia. Terminé viendo un largo y bellísimo
documental realizado por Chris Jordan sobre estos pájaros -prometidos, proféticos-, en peligro por los plásticos que flotan en los océanos .
Albatross (2017) - Filmaffinity
Pero siento que no solo leí libros. Con la innata intuición que albergó, cuidó y gestó mis pasos desde niño, he leído las veredas, sendas y acciones de la vida, la expresión del arte y la música, el antiguo hacer de telares, algodones, damascos, hemp, lanas en petit point y sedas de las rutas de china, diamantes de Golconda, rubíes de Birmania, jade de China, perlas del Golfo Pérsico , ámbar, esmeraldas, laca, especies, porcelanas, vidrios o coral. Insistentemente, estos bienes venerados por la humanidad forjaron lo que soy.
10 cosas a saber antes de ir a Machu Picchu por Camino Inca
Las profecías milenarias de las geografías y costumbres,
el camino del Inca, el Brasil con caudal de cariño nordestino y sencillez, los Himalaya del Bután de rododendros y magnolias o los arroces de Vietnam . 

Entrevista a Sele sobre Bután y sus secretos ✓ | Blog PANGEA
Mis sueños de Afganistán, Persia, Mongolia y Uzbekistán. Los rasgos de Alejandría, los sabores de Malasia, Indonesia y Filipinas.
Ellos me educaron, fueron mis escuelas y posgrado. Lejos de bibliotecas y cerca del hacer, aquella acción de caminar absortos por el mundo que a veces nos lleva por el alboroto y otras embebido por un silencio de minuciosa observación.

Aquel roce de vivir que otorga el mirar. Las arrugas y talento de la vejez. La mojada generosidad de mujeres que me albergaron entre susurros de deseo una y otra vez en aquellos acantilados de placer que parecen iluminados por el don de la vida, frescos, salobres. Magnánimos de vértigos y candor en las orillas de mañanas, siestas o noches desesperadas de alivio.
Silueta, Hombre, Arte imagen png - imagen transparente descarga ...
Pero ahora ya llegó la noche y estoy solo. Cautivo de estos hermosos pensamientos puedo entregarme al descanso. Hoy fui honrado por Coleridge, Platón y el colosal albatros, centinela de océanos y sueños .
Al vivir, se puede llegar en descansos. O, sin aquella conformidad, poner ímpetu en cada escalón, para advenir con la gloria del esfuerzo en los mismos romances que nos regalan los días. Ellos a veces se esconden entra las sombras de la comodidad. Sal y pimienta.

F. M.

lunes, 5 de agosto de 2019

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Hundir la mano en la basura
Resultado de imagen para nueva mente ulises de la orden
Es un documental sobre la basura. Una invitación, también, a observar el diario trajinar de una cooperativa de recuperadores urbanos. Y un discreto ensayo sobre la responsabilidad: la que encarnan sus protagonistas, la que quizás alguna vez asuman los espectadores.
Resultado de imagen para nueva mente ulises de la orden
Resultado de imagen para nueva mente ulises de la orden
Dirigido por Ulises de la Orden, Nueva mente
 abre con una suerte de racconto de eso que nos constituye, pero que preferimos ignorar. Basura. Más o menos repugnante, más o menos visible; siempre al borde de la eclosión. Las primeras imágenes cierran con "la montaña". Un paisaje imposible, allá en la Ceamse de José León Suárez: desperdicio sobre desperdicio sobre desperdicio, un megabasural atravesado por camiones que metódicamente arrojan residuos sobre una tierra demasiado exhausta.Resultado de imagen para cooperativa bella flor
Entonces, viene la historia. Cooperativa Bella Flor. Nacida del derrumbe económico y social con el que la Argentina inauguró este siglo. Recuperadores urbanos que antes fueron cartoneros, y apenas un poco más atrás, cirujas. Parte de los miles que, en plena crisis de 2001, buscaban entre los desechos restos de comida en buen estado, ropa en condiciones de ser usada, alguna herramienta, algún juguete. En aquellos días terribles, "la montaña" de José León Suárez era la meca de los que habían naufragado en la pobreza. Allí iban, de allí huían cuando se les prohibía -no precisamente con buenos modos- cirujear, y allá volvían, porque la supervivencia así lo demandaba. De aquellas jornadas nacieron varias cosas. El descubrimiento de que, además de eventual alimento, entre la basura había papel, cartón, vidrio: materiales reciclables, que habilitaban otro circuito. Ya no era solo cuestión de llevar "un fideo para que tus hijos coman", sino de recuperar elementos que podían ser reutilizados. Se había inaugurado un camino que los sacaba de la mera supervivencia. Y alivianaba en algo el peso insufrible de "la montaña".
Imagen relacionada
Los miembros de Bella Flor se organizaron, unieron fuerzas, aprendieron. Alguna vez expulsados violentamente de las inmediaciones del basural, hoy trabajan en el llamado Reciparque de la Ceamse. Se ganan la vida y, de paso y sin aspavientos, hacen un aporte al cuidado del medio ambiente.
Resultado de imagen para Reciparque de la Ceamse.
Hace más de diez años, viajé a Canberra para realizar una nota sobre el modo en que la capital australiana había pasado al frente en la solución del problema de la basura. De la mano de ambientalistas y funcionarios, visité escuelas, casas particulares, espacios comunitarios. En esa ciudad, las políticas de "basura cero" habían surgido como una demanda de la sociedad civil que fue escuchada por la gestión pública: el circuito virtuoso -aquello de "reducir, reciclar, recuperar"- estaba inscripto en cada intersticio de la vida urbana. Recuerdo sentirme torpe y hasta un poco salvaje en un lugar donde a nadie se le ocurriría la poco civilizada idea de tener un tacho, solo uno, en su casa. Un día me llevaron a visitar una planta de tratamiento de basura. En un espacioso galpón unos operarios separaban residuos. Vidrio, papel, metal, plástico. Era 2005. Como una ráfaga, me vino a la mente la imagen de los cartoneros que, quizás en ese mismo instante, recorrían las calles de mi ciudad, sin protección ni prestigio ni nada, haciendo lo que en la capital de Australia era considerado el núcleo de una gestión ambiental correcta.
Resultado de imagen para Reciparque de la Ceamse.
No es tanto lo que se transformó desde entonces, viene a decir Nueva mente. E introduce un dato: hay una persona del otro lado de esa bolsa de basura de la que tan rápidamente nos deshacemos. Alguien la abrirá, hundirá las manos en su contenido, seleccionará los materiales reciclables. Alguien con la voz y el rostro de los integrantes de Bella Flor y de otras cooperativas similares. Cómo no pensar en el simple acto de separar la basura en casa. Húmedo, seco: en lo mediato, un respiro al medio ambiente; en lo crudamente inmediato, un gesto hacia ellos.

D. F. I.

sábado, 8 de junio de 2019

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Recorren el país para que los chicos de escuelas rurales puedan tener su foto escolar

Cuando Erica Voget y Bernardo Greco llegaron a la escuela rural en Río Negro, una nena se tiró al piso y empezó a girar de felicidad. Habían llegado los fotógrafos que venían a regalarle algo que muchos no habían visto nunca: un retrato suyo en papel.
Erica es fotógrafa y calígrafa, Bernardo es fotógrafo y diseñador gráfico. Hace un año que viajan todos los meses a una provincia argentina donde buscan tres escuelas rurales que estén lejos de las rutas para ir a retratar a los niños y niñas que estudian ahí.
Llevan siete provincias recorridas, unas veinte escuelas rurales. El proyecto se llama Memoria Escolar y tiene dos objetivos claros: que los alumnos tengan su foto escolar impresa, igual que los de las escuelas urbanas, y poder retratar la ruralidad argentina.
El fin del proyecto es regalarle a cada uno una carpeta que de un lado tenga la foto individual, y del otro la foto colectiva. Buscan escuelas de 25 alumnos como máximo, para poder entregarla de un día para el otro.
Construir memoria con una foto en papel

La idea llegó a Erica un día de abril de 2018 en que estaban viendo con sus hijos la foto de cuando ella iba a la primaria. "Nuestros nenes se matan de risa al ver nuestras fotos escolares. ´A ver dónde está mamá, o dónde está papá´. Vemos cómo nuestros papás nos vestían o nos peinaban", cuenta Erica. Bernardo coincide: "Es construcción de memoria, individual y colectiva. Uno sabe el valor que puede tener una imagen suya 30 años después".
El proyecto inicial era sólo en el Gran La Plata. Pero un cliente de una cooperativa les dijo que no piensen en pequeño, que amplíen el proyecto, después habría tiempo de achicar. Les regaló una impresora que ahora llevan a cada viaje: pesa unos 13 kilos, está en una especie de valija y es el alma mater de su trabajo.
Ya visitaron comunidades mapuches en Neuquén, guaraníes en Misiones y quilmes en Tucumán. Llegar a cada escuela es, casi siempre, una odisea. "En la última teníamos que bajarnos a la noche en el medio de la ruta donde había una bandera. Una bandera que de noche no se veía y en la comunidad no había ni agua ni luz. Bajamos con la impresora y no veíamos nada. Cruzamos la ruta, y cuando se nos acostumbró la vista a la oscuridad vimos al cacique y a los chicos con el mate. Nos estaban esperando con un fogón armado", dice Erica sonriendo, como si su cuerpo volviera a sentir ese alivio de encontrarlos.
Erica Voget y Bernardo Greco retratan a chicos de escuelas rurales
Duermen en los lugares que los maestros les consiguen. En general son colchones en el piso de la escuela. Aunque hubo algunas excepciones: en Neuquén consiguieron una cama en una casa cercana y en Misiones el cacique les prestó su casa.
Pasados los tres días, les entregan la foto. Cuando los nenes la tienen en sus manos la abrazan. A algunos les da vergüenza, pero todos la espían y se la llevan contentos a su familia. Se la dan a su abuela, la pegan en la pared de su casa. Esto lo saben Erica y Bernardo porque, después del día escolar, visitan a algunas familias y también sacan fotos que retratan la ruralidad.
A cada visita los esperan con carteles de bienvenida, dibujos y bailes preparados o improvisados, como el de la nena en Río Negro. En esa provincia viajaron tres horas para llegar a una escuela donde había sólo tres nenes. No era ni siquiera un paraje. La directora se quedaba viviendo sola ahí toda la semana.
Después de Jujuy querían ir a Tierra del Fuego. Estaban programándolo, pero no salía: las maestras no les contestaban, y ellos no tenían la plata. Un compañero de la facultad de Erica que estaba en San Luis, presentó el proyecto de Memoria Escolar en la Cámara de Diputados y a los dos días lo declararon interés legislativo. Así consiguieron los pasajes para viajar a San Luis.
Noches de trabajo en la escuela

Cada noche se pasan horas mirando las fotos que sacaron durante el día, desde que los chicos se levantan, el paseo que hacen durante la tarde, el momento escolar, las visitas a las casas.
La noche la ocupan mirando las fotos, haciendo pruebas de color con la impresora, seleccionando las que van a imprimir y después recortando con trincheta una por una para pegarlas en la carpeta que adelante dice Memoria Escolar y atrás la frase de Leo García: "Nunca voy a perder mis sueños, que es el único tesoro que tengo". "Nosotros les contamos a los nenes que hay que soñar y trabajar para eso", dice Erica.
Cada viaje lo planean con tiempo. Contactan a la gente de la provincia, en general a través de conocidos, y buscan escuelas rurales alejadas. El financiamiento es, por ahora, lo que más les cuesta conseguir. Juntan peso por peso para el pasaje en colectivo a la ciudad y para el otro entre escuela y escuela.
Las fotos son el resultado de la mirada de los dos. Con sólo estar ahí saben qué quiere fotografiar el otro, no necesitan ni una palabra. La conexión se les nota al hablar.
Cuando algo parece ir mal, se resuelve. Bernardo cree que están iluminados. Una de las últimas veces casi pierden el colectivo, pero Erica corrió dos cuadras hasta que paró en un semáforo y pudieron subir. Otra vez tuvieron que hacer dedo para llegar al aeropuerto.
"En Tucumán dormimos un día en un colchón comido por los perros, al otro día terminamos en un hotel 5 estrellas vacío en el medio de una chacra, porque todavía no lo habían abierto al público. Nos pasan cosas rarísimas", cuenta Bernardo.
Lo que buscan con el proyecto es, además de entregar la foto en papel, revalorizar la educación pública, de la que ellos también vienen. Sueñan con volver en unos años a ver y fotografiar cada uno de esos grupos de alumnos.
Cada viaje, dicen, es un viaje en sí mismo. Apenas vuelven a su casa en La Plata ya están mirando el mapa en la heladera que van pintando sus hijos. Siempre pensando en el próximo destino, en la próxima aventura.

R. M.

lunes, 20 de mayo de 2019

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Sin final feliz. ¿Por qué muchas adopciones se truncan en el camino?
Las vinculaciones y guardas preadoptivas fallidas son más frecuentes de lo que se cree. Escuchar a los chicos, profundizar las evaluaciones y acompañar a las familias son los puntos claves 
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES PARA ADOPCIÓN
Joaquín (16) y Nico (12) vivieron la mayor parte de su vida en hogares para chicos sin cuidados parentales de la ciudad de Buenos Aires. Durante diez años, esperaron "impacientemente" -así le dijeron al juez- encontrar "una mamá y un papá".
En 2017, el sueño parecía cerca de cumplirse: conocieron a un matrimonio, se mudaron con ellos y empezaron el proceso de guarda preadoptiva (el paso previo a la adopción definitiva). Pero la ilusión duró poco. La pareja se sintió sobrepasada y, primero, intentaron continuar solo con Joaquín, porque era el "menos problemático" de los dos. La fraternidad que había entre ellos, no lo hizo posible y el 22 de diciembre de ese año, fueron llevados de regreso al hogar.
Los fracasos en los procesos de vinculación -cuando el niño o niña y la posible familia adoptiva empiezan a conocerse- y durante la guarda -que implica la convivencia y dura un mínimo de seis meses-, son más frecuentes de lo que se cree.
Aunque ambas etapas fueron pensadas como un "período de prueba", los especialistas en el trabajo con niños, niñas y adolescentes privados de cuidados parentales, coinciden en que es fundamental destinar todos los recursos necesarios a evitar que estos desencuentros sucedan, por el duro impacto emocional que provoca en los chicos (ver aparte), con historias atravesadas por la violencia y la vulneración de sus derechos.
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES PARA ADOPCIÓN
Según cifras del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad, el año pasado se acompañaron 188 procesos de adopción, que involucraron a 272 chicos, y se produjeron 11 desvinculaciones de 15 de ellos. La mayoría fueron durante la etapa de vinculación. Por otro lado, datos del Ministerio Público Tutelar porteño indican que en 2017 egresaron de los diferentes hogares un total de 109 chicos y chicas con guarda preadoptiva y las desvinculaciones fueron 23: el 87% correspondió a adolescentes y el 13% restante, a grupos de hermanos.
Para Yael Bendel, asesora general tutelar del Ministerio Público Tutelar, "los números de las devoluciones son alarmantes". "Un niño devuelto es un niño nuevamente abandonado, y el abandono es un maltrato emocional muy difícil de revertir", sostiene Bendel, quien plantea que la adopción siempre tuvo una mirada adultocéntrica y esto exige un cambio cultural. "El derecho es de los chicos a tener una familia -afirma-, no de los adultos a tener un hijo".
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES PARA ADOPCIÓN
Trabajar fuertemente con los postulantes de los registros y su "disponibilidad adoptiva", para que comprendan cuáles son las características de los chicos "reales" que esperan en los hogares; fortalecer el proceso de evaluación y selección y profundizar el acompañamiento con equipos especializados durante todas las etapas, son para los referentes algunos de los desafíos.
Pero también lo es poner el foco siempre en las necesidades, deseos y respeto a los tiempos de los chicos y chicas, preparándolos para ese momento de sus vidas y acompañándolos.
"Hablo de 'devolución' en lugar de fracaso porque me parece que fracaso es una palabra demasiado suave y liviana para el daño que estas situaciones provocan en el niño", detalla Fabiana Isa, psicóloga y coordinadora general del programa de extensión Atención de Niños Privados del Cuidado Parental de la Facultad de Psicología de la UBA. Y describe: "Lo pienso en la línea de la metáfora digestiva: si un niño entra en el circuito de hijo no sería pasible de una devolución, pero a este niño que no pudo ser asimilado se lo devuelve a modo de algo fallado".
Según Isa, es fundamental el proceso de "evaluación de idoneidad parental", donde tiene que indagarse no solo la disponibilidad económica y física de los adultos, sino también la afectiva y emocional, brindándoles información veraz sobre las necesidades de los chicos que esperan en encontrar una familia.
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES PARA ADOPCIÓN
En esa línea, Lucas Aón, a cargo del Juzgado Civil Nº 25 de CABA, explica: "Es muy importante el trabajo que hace el juzgado cuando elige a la familia, así como poner en conocimiento de los postulantes las historias de los chicos, en general muy duras. Les contamos absolutamente toda la verdad. Algunos te dicen que les parece que no van a poder afrontar eso".
Para María Laura Casal, directora del hogar La Casita de Manos Abiertas, "sería esencial que los equipos de los hogares participen de alguna manera en la selección de postulantes, ya que somos quienes más conocemos a los chicos. Algo que casi no se hace".
No quemar etapas
Además de trabajar con los postulantes, los especialistas subrayan que es clave escuchar al chico respecto de sus deseos de cómo conformar la familia. "Antes de pedir las carpetas de los postulantes, le contamos todas las alternativas que existen, para ver qué es lo que ellos quieren", dice Aón.
Los niños y adolescentes no siempre están listos para pensar en una familia distinta a la que conocieron. "Deberán estar preparados para este encuentro, informándolos de todo el proceso y respetando sus tiempos y sus necesidades", enfatiza Adriana Donato, directora Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (Dnrua).
Imagen relacionada
Justamente, el no haber tenido información clara ni preparado a las menores es lo que hizo que el proceso de adopción que iniciaron Grace y Pablo con dos niñas no prosperara. La situación superaba lo que ellos podían hacer.
Después de esperar años, esta pareja se presentó a un llamado a convocatoria pública de dos hermanas de 11 y 14 años. Al conocerlas, sintieron que todo iba a ser perfecto, pero la mujer asegura que las chicas no estaban del todo convencidas de que una adopción era lo mejor para ellas. Las chicas guardaban ilusiones de regresar con su familia de origen, quienes al poco tiempo las contactaron por las redes sociales. "Decidir que no podíamos seguir adelante fue el momento más duro de mi vida, pero era lo mejor", asegura Grace.
Actualmente las nenas viven en el hogar donde las conocieron y Grace y su marido se transformaron en sus referentes afectivos.
Isa dice que hay un momento previo a la vinculación muy importante: "Es el primer encuentro, que llamo 'cita a ciegas', donde hay fantasías desde los dos lugares. Allí tiene que haber una decisión de volver a verse". Y agrega: "No hay que quemar etapas. Hay que darles la posibilidad a los chicos de elegir, y no la sensación de que es el último tren".
Los especialistas coinciden en que construir el vínculo requiere tiempo, paciencia y esfuerzo. Aquí aparece otro factor clave: el acompañamiento durante todo el proceso preadoptivo y adoptivo. En el momento en que los padres empiezan a sentir que no son capaces de manejar el problema (lo que suele ocurrir durante la convivencia) tienen que hacerlo saber y pedir ayuda.
Para Rosa Cabral, abogada especialista en derecho de familia y miembro del Poder Judicial, la vinculación "es un tsunami que arrasa con las expectativas de todos los involucrados", por eso, se necesita el sostén de un equipo interdisciplinario, "un recurso que el Estado no provee". "Debería ser externo al juzgado, porque el juzgado es contralor y, entonces, el postulante no va a querer poner todas las quejas o sentirse libre de decir lo que siente", opina Cabral.
Desde el Dnrua explican que cuentan con un "Programa de apoyo técnico y acompañamiento a familias para los períodos de vinculación, guarda y adopción". En estas dos últimas etapas, el acompañamiento se brinda a petición de los adultos, ofreciendo un espacio de escucha y reflexión. En la Ciudad, el Ruaga creó en 2017 un equipo de acompañamiento de vinculación: "Desde el momento en que se conocen los postulantes con los niños tenemos un equipo de apoyo 24 horas", dice Karina Leguizamón, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la ciudad de Buenos Aires.
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES , RECHAZADOS
Respecto a la posibilidad de establecer sanciones para aquellos postulantes que devuelven a los chicos, Bendel, sostiene: "Consideramos que deberían quedar fuera de los registros de postulantes. Algunos juzgados lo han hecho".
Cuando regresaron al hogar, Nico y Joaquín contaron que esos papás no tenían paciencia, que eran muy exigentes y que no los acompañaban en el juego y en lo deportivo.
El fracaso para ellos fue muy duro. "Cuando Joaquín se dio cuenta que la guarda se iba cayendo porque su hermano era muy travieso y los adoptantes no sabían cómo manejarlo, se puso muy mal, pedía por favor una oportunidad. Los hermanos estaban desesperados por una familia, dispuestos a aguantar", recuerda Carolina Paladini, defensora pública de menores e encapaces a cargo de la Defensoría N° 7 de CABA.
Los chicos tuvieron su revancha. Gracias a una convocatoria pública  encontraron una nueva familia. "Cuando les empecé a contar a esa pareja cosas de los chicos y les leí la carta de agradecimiento que ellos le habían escrito al juez después de saber que tendrían otra oportunidad, se emocionaron de una forma que ya mostraba que eso iba a funcionar", cuenta Paladini.
Y concluye: "Me impresiona que chicos de 16 y 17 años sigan pidiendo una familia, no pierden esa ilusión a pesar de haber sufrido más de un abandono".
Las marcas en los chicos: cómo lograr que vuelvan a creer
"¿Qué pasa que nadie nos quiere?", "¿tenemos que separarnos?"; "¿por qué nos vuelven a abandonar?". Natalia tiene 29 años, pero recuerda como si fuera hoy lo que sintió a los 12, cuando una guarda fallida la hizo volver, junto a una de sus dos hermanas, al hogar de chicos sin cuidados parentales en el que vivían. Era la más grande; la seguían Malena, de 9, y Cristina, de 6.
Imagen relacionada
A la distancia, sabe que fue lo mejor. "A la única que querían era a mi hermana del medio, que se quedó con ellos. La más chica y yo éramos un estorbo, nada de lo que hacíamos o decíamos les gustaba", sintetiza. Al volver al hogar, Natalia fue la más afectada: "No quería ir a la escuela, había perdido todo tipo de interés", cuenta.
Para estos chicos, atravesar una nueva situación de abandono es muy doloroso. "Suelen experimentar conductas depresivas o equivalentes, como trastornos en el sueño, en la alimentación, desinterés por lo que antes les gustaba, dificultades escolares", describe la psicóloga Fabiana Isa. De ahí la importancia de trabajar para que no sientan que están "fallados" o que "son culpables", advierte la especialista.
Sacar las culpas
Carolina Paladini, defensora pública de menores e incapaces de la Ciudad, subraya que estos niños y niñas "quedan con muchísima vulnerabilidad psicológica, con mucho miedo a iniciar una nueva vinculación", por lo que "en el marco terapéutico hay que enfocarse en qué significó esa devolución y buscar estrategias para que se rearmen".
Sin embargo, Isa aclara: "A la larga, para muchos chicos una devolución es lo mejor, porque estar condenados al desamor deja marcas subjetivas tremendas". Es lo que hoy piensa Natalia, que hace más de 16 vive en una familia que la quiere, donde pudo saber cómo era ser realmente una hija. Lo que lamenta es haberse separado de sus hermanas, a quienes volvió a ver de grandes.
Esa es una de las situaciones más difíciles para un grupo de hermanos. "Es terrible que la Justicia lo permita. Ese niño que quedó va a cargar consigo el terror de que, en algún momento, cuando haga algo que no cierre, va a tener el mismo destino que sus hermanos que fueron devueltos", señala Isa. Además, considera que "esa actitud expulsiva habla de la inconsistencia de esos adultos y de su imposibilidad de armar otros recursos".
Resultado de imagen para NIÑOS TRISTES , RECHAZADOS
La psicóloga agrega que a los equipos profesionales esto, por lo general, "los afecta mucho", ya que lo viven como un fracaso y, a veces, no quieren volver a exponerse ni exponer al chico. "Pero lo peor que le puede pasar es que lo olviden", dice. Por eso, destaca que es clave "poner rápido la escucha en el niño".
Paladini también conoce de cerca el desafío: "Vi caritas de mucha desilusión, de mucho dolor -relata-. Muchas veces, los niños y niñas ni se lo imaginan, están tan ilusionados y enganchados con la fantasía de la familia que les cae de sorpresa. Otras, te lo dicen directamente".
Por ejemplo, Francisco, que hoy tiene 13 años y una familia, tuvo a los 11 una guarda fallida. Vivió por algunos meses con una mamá, que tenía una vida muy tranquila, en un departamento, cuando él había aclarado que quería hermanos, una casa donde poder correr y jugar con mascotas. "Por supuesto, no funcionó, ni para él ni para ella -señala Isa-, que tenía expectativas de que al segundo mes el chico ya esté cursando felizmente en un colegio bilingüe".
A veces, el dolor hace que los niños desistan. "Tuvimos un caso de una adolescente que tuvo dos guardas frustradas y ella sola nos dijo que no quería intentarlo más, que prefería otro tipo de vinculación y nos pidió que sea a través de una referente afectiva del hogar", cuenta Paladini. "No insistimos -agrega-, porque ella nos dijo claramente que no podía atravesar un proceso así otra vez".
Laura Rubio, mamá adoptiva y especialista en la temática, advierte que "no es fácil sostener el dolor de un niño que no lo puede manifestar desde lo discursivo, sino en conductas y actitudes difíciles de comprender". Y recuerda: "Los niños que llegan a una situación de adoptabilidad no vienen de un 'lecho de rosas', son chicos sufrientes, con heridas emocionales y de las otras; a veces abusados, lastimados, vulnerados en sus derechos de modos que ni imaginamos, y a los que hay que ayudar a transitar esos duelos".
Resultado de imagen para NIÑOS PARA ADOPTAR
Para Laura Salvador, de la organización Familias por Adopción, adoptar implica comprender que ese chico es una persona ajena a nuestra familia, cultura y costumbres, y que el éxito tiene que ver con cuán flexibles y permeables podamos ser los adultos. "Estos niños, generalmente, vienen con una vivencia muy dolorosa. De la noche a la mañana, nadie puede cambiar la idea de lo que es una familia, y construir los vínculos lleva mucho trabajo, además de amor", concluye Salvador.
Desafíos para trabajar
1. Poner el foco en los deseos y necesidades de los chicos y chicas
No todos los niños y adolescentes desean tener el mismo tipo de familia ni requieren de la misma disponibilidad. Algunos, por ejemplo, prefieren familias monoparentales. En el caso de que tengan hermanos, la prioridad es siempre mantenerlos juntos o que puedan continuar con el vínculo una vez adoptados.
2. Garantizar una buena evaluación de los postulantes
Es muy importante asegurarse de que quienes desean adoptar cuenten con las suficientes herramientas para poder llevar acabo el proceso de forma positiva. Hay que explicarles cuáles son las necesidades de ese chico o grupo de hermanos. "No se puede enmascarar un trastorno y decir que ese niño lo único que necesita es mucho amor, porque además de eso va a requerir una disponibilidad emocional y económica para acompañar un tratamiento", dice la psicóloga Fabiana Isa.
3. Brindar información veraz sobre los menores
Respetar la identidad de cada niño, niña o adolescente debe ser prioritario. Se debe poner en conocimiento de los postulantes sus historias, que suelen estar atravesadas por múltiples violaciones de derechos. A partir de conocerlas, los adultos podrán manifestar si están dispuestos a acompañar a esos chicos, o no.
4. Acompañar durante todo el proceso de pre y postadopción
Generalmente, las mayores dificultades surgen durante la convivencia, es decir, en el período de guarda preadoptiva. La preadolescencia y adolescencia, también suelen ser etapas de más conflictivas, como ocurre con todos los hijos. Por eso, que exista un acompañamiento o asesoramiento a disposición de los postulantes, sea cual fuera el momento en que lo requieran, es clave.
5. Contar con más equipos especializados
Para los referentes en la temática de adopción, actualmente no existen suficientes equipos interdisciplinarios especializados en adopción que estén a disposición de las familias. Consideran que es fundamental la formación de pregrado, por ejemplo, en las carreras de psicología o psiquiatría infantojuvenil.
Resultado de imagen para NIÑOS PARA ADOPTAR
Propuestas para informase y buscar contención
Charlas y talleres gratuitos
"Lazos y vínculos" es uno de los talleres gratuitos que ofrece Laura Rubio Escuela de Adopción, dirigido a quienes estén transitando una vinculación o guarda. También dictan uno para familias que ya tienen la sentencia de adopción, para quienes necesitan asesoramiento legal y otros. Mail: laurarubiorr@gmail.com

Asesoramiento y convocatorias en CABA
El Ruaga tiene "talleres de espera" para postulantes y equipos de acompañamiento para vinculación, que funcionan las 24 horas. Además, elConsejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño lanzó una web para difundir convocatorias públicas de niños y adolescentes que esperan una familia. Línea 102.

Acompañamiento desde el Estado
En la Dnrua, se realizan charlas dirigidas a quienes desean inscribirse en el registro y encuentros para personas inscriptas, guardadores y padres adoptivos. Además, brindan apoyo en los períodos de vinculación, guarda y en la postadopción para quienes lo soliciten.

Sostenerse entre pares
La organización Ser Familia por Adopción tiene como objetivo fortalecer los procesos que restituyen el derecho de niños, niñas y adolescentes a tener su familia definitiva. Ofrecen capacitaciones, charlas y brindan información a quienes piensan en adoptar o están transitando el proceso.

E. B. y M. A.

viernes, 22 de febrero de 2019

HISTORIAS DE MUCHAS VIDAS,


Renacer gracias al rugby: historias de exreclusos que tras pasar por Los Espartanos dieron un vuelco a sus vidas
Unidad 48 (San Martín). Los Espartanos, durante un entrenamiento la semana pasada en la cancha de pasto sintético; de 1000 internos, 350 juegan al rugby
"Coco, ¿todavía no te dieron el Premio Nobel?", grita un interno que a buen ritmo se entrena dando vueltas a la cancha de rugby de la Unidad Penitenciaria 48, en San Martín. Eduardo Oderigo (Coco, 48 años, casado, ocho hijos) se ríe.
Abogado penalista, exjugador del SIC y entrenador, desde que hace 10 años creó Los Espartanos, un equipo de rugby dentro de ese penal de máxima seguridad, asiste a un fenómeno inesperado, incluso para él: cientos de reclusos abrazan un deporte que en su gran mayoría no conocían y terminan comprobando que sus vidas han dado un vuelco extraordinario.
Escuela de valores como el respeto a las reglas y a la autoridad, trabajo en equipo, integridad, juego limpio, solidaridad, disciplina, el rugby viene logrando lo que ya muchos consideran un milagro: la transformación de peligrosos delincuentes en personas que dejan atrás su pasado y se reinsertan en la sociedad.
Si el índice de reincidencia en el delito de quienes salen de las cárceles argentinas oscila, según las fuentes, entre el 50 y el 70%, en el caso de Los Espartanos el número cae a menos de 5%. Hay 174 Espartanos que desde que recobraron su libertad trabajan en empresas privadas.
De las 180 cárceles del país, se juega al rugby en 51, y el número no deja de crecer. El modelo ya fue replicado en España, Portugal, Italia, Uruguay, Chile y Perú.
Fundación Espartanos Rugby
"Los presos provienen de ambientes muy hostiles, muy violentos, y ellos han usado esa violencia para salir a delinquir -explica Oderigo-. Lo mismo durante su vida en la prisión. Lo que encuentran en el rugby es una forma de canalizar esa violencia. La transforman en fuerza, en ímpetu para jugar y superarse".
César Duga, Hugo Figueroa y Luciano Guyot son casos de vidas desquiciadas por las drogas y el delito. A los tres, el paso por Los Espartanos los hizo renacer. Duga y Figueroa están en libertad y son ejemplos de reinserción laboral y social. A Guyot le quedan 10 días de cárcel. Estuvimos con ellos.
"Quería jugar al fútbol"
A César Duga, de 37 años, lo perdieron las malas compañías y su pasión por el fútbol, y lo salvó el rugby. Nacido en una familia de bajos recursos del Barrio Colibrí, en San Miguel, hasta los 14 años jugó en las inferiores de Independiente, en Avellaneda. "Era 5 y andaba bien", dice.
Su padre, empleado de la Bodega Giol, cayó enfermo, y su madre trabajaba todo el día para mantener a sus cuatro hijos. Cuando tenía 13 años, un amigo lo indujo a consumir cocaína. "Empecé a drogarme, a faltar a los entrenamientos. Tenía demasiada libertad para mi edad y vivía en la calle. Me junté con unos chicos que salían a robar".
Ya estaba en el mundo del delito. A los 14 lo detuvieron por primera vez después de robar un minimercado y estuvo un mes encerrado en una comisaría. La recuerda como "una selva, en la que para sobrevivir tenés que hacerte respetar". Varias veces terminó a las trompadas. ¿Síndrome de abstinencia de la droga? No, porque la propia policía se la conseguía, a cambio de ropa o zapatillas.
Cuando recuperó la libertad, salía a robar todos los días. Cuenta que además de gustarle la plata, la necesitaba para seguir jugando al fútbol. "Si no, no podía comprarme ni un par de botines. Yo soñaba con ser jugador profesional". Lo detuvieron cuatro veces más, la última en un instituto de máxima seguridad, porque todavía era menor de edad. Al salir, un año después, se sumó a "La 20", una banda muy pesada que, dice, "si buscan en Google la van a encontrar".
Habitualmente operaban disfrazados de policías y hacían entraderas y secuestros extorsivos, con pistolas automáticas de 45 y 9 mm. "Ojo: nunca maté".
César Duga. Desde hace un año trabaja en una empresa de alimentación; para sus jefes, "es un empleado modelo"
Su vida hasta los 32 años fue un raid delictivo cada vez más redituable. "Junté mucha guita. Me compraba motos y podía consumir marihuana, cocaína, pastillas..." Pero una y otra vez caía detenido: recibió cuatro condenas. Y cuando quedaba en libertad, reincidía. La última vez que cayó fue por un asalto a una casa en Bella Vista. Si bien escaparon, los investigadores encontraron un pelo que los condujo hasta la banda. Le dieron 2 años de prisión. Poco después también fue detenido uno de sus hermanos.
"Era un preso conflictivo, me vivía peleando y me mandaban todo el tiempo a los buzones [celdas de aislamiento]. En Garín, me comí una buzoneada de 30 días por una reyerta generalizada y agresiones con faca. Salté de penal en penal porque nadie me aguantaba".
Lo notable de César, retacón y macizo (1,70, 85 kilos), no es esa vida de droga, crimen y cárcel, ese curriculum de violencia en la calle y entre rejas, sino que hoy lo cuenta sentado en una oficina de CookMaster (en Tigre, provincia de Buenos Aires), empresa de alimentación en la que trabaja desde hace algo más de un año. Allí, sus jefes lo reconocen como "un empleado modelo del depósito". La firma abastece a más de 200 escuelas, hospitales, penales e institutos de menores.
En el medio de sus dos vidas está la llegada a la Unidad Penitenciaria 48 de San Martín, sobre el Camino del Buen Ayre, cuna y reino de Los Espartanos.
"Yo no tenía idea de lo que era el rugby, jamás había visto una pelota ovalada, pero enseguida me gustó. Me gustaron mucho sus valores: el respeto por el otro, pensar en función de equipo, que las cosas se hablen y se discutan siempre tratando de llegar a un acuerdo".
Fundación Espartanos Rugby
Dice que ahí empezó a hacer "un clic" en su cabeza. "Los Espartanos confiaron en mí y me ayudaron a cambiar, a recapacitar, darme cuenta de lo equivocado que estaba. ¡Volví a nacer! Hoy los quiero como mis hermanos, como mi familia del corazón. Toda mi recuperación se la debo a ellos".
César vive en San Miguel y de noche está completando la secundaria en el colegio Mariano Moreno, de esa localidad. En CookMaster, un trabajo que le consiguió la Fundación Espartanos, fue peón, ayudante de cocina y camarero, y ahora es repositor. La firma es miembro de Creer, una red de empresas y ONG que impulsa la reinserción de expresidiarios. "César ya es un referente de Creer", dice Luis Lusardi, director de CookMaster.
El 11 de enero, cuando cumplió 37 años, César recibió un mensaje en su celular. Lo leyó y se puso a llorar. "Estoy muy orgullosa de vos", decía. Era su madre.
Por una broma
Aunque hace solo seis meses que trabaja allí, Hugo Figueroa se mueve a sus anchas por la estación de servicio Puma de Blanco Encalada y Uruguay, en Boulogne, partido de San Isidro. Puede estar barriendo, limpiando los parabrisas de un auto o cargando nafta.
"Estoy feliz", dice. "Acá todos me hacen sentir muy bien".
Su primer trabajo al salir de la cárcel, a fines de marzo del año pasado, fue en una panadería en Don Torcuato, su barrio de toda la vida, en la que el encargado nunca parecía estar conforme. La Fundación Espartanos le había conseguido ese empleo, pero la estaba pasando mal y renunció.
Durante un tiempo hizo changas. Hasta que volvieron a llamarlo de la Fundación porque tenían un lugar para él en YPF. El único problema es que debía esperar cuatro meses. Le parecían una eternidad. Se le ocurrió preguntar en estaciones de servicio, y en la de Puma de Boulogne lo tomaron. Pero el día en que le tocaba empezar, no fue. Cuando lo llamaron para preguntarle qué había pasado, les dijo: "Es que no fui sincero con ustedes. No les conté que estuve en prisión". La respuesta lo sorprendió: "Ya lo sabemos porque averiguamos tus antecedentes. Pero igual te queremos dar una oportunidad. Vení". Una hora después estaba poniéndose el uniforme.
Hugo Figueroa. Aunque en Puma conocían sus antecedentes, lo tomaron; "acá todos me hacen sentir bien"
"Hugo trajo unión al equipo de trabajo, por su buen humor y porque siempre está dispuesto a ayudar. Es un ejemplo de superación", dice la jefa de la estación, Daniela Nizzola.
De familia santiagueña sin mayores apremios económicos, sus padres se separaron cuando tenía 12 años. En el barrio conoció a chicos que se drogaban y que robaban para poder seguir drogándose. Tuvo su primer trabajo a los 14, "no por necesidad, sino por gusto", porque moría por conocer el Pacheco Golf Club. Fue caddie durante 10 años y además jugaba. Llegó a 12 de hándicap.
Su primer robo, dice, fue producto de una broma. Un día, cuando tenía 19 años, estaba con sus amigos chorros y se le ocurrió pedirles la pistola que llevaban, una 32 mm. "Soy muy jodón y, aunque les tenía mucho miedo a las armas, se las pedí para hacerme el gracioso". Agarró la bicicleta y el revólver, y se fue a dar una vuelta, como para "seguir la broma". De pronto, vio que una 4x4 paraba en una casa y encaró al que manejaba. "Era un gordito de unos 60 años. Le robé 700 pesos, el celular y el reloj. Pensé: '¡Qué fácil es esto!'. Además, me generaba una gran adrenalina".
No dejó su trabajo de caddie, pero "una o dos veces por mes" salía a robar. Depresivo, consumía todo tipo de pastillas. "Me bajoneaba muy fácil. Si me peleaba con mi novia era capaz de quedarme cuatro días en la cama sin comer".
Después se vinculó con una banda de adultos, varios de los cuales habían estado presos. "Entrábamos en casas, countries, barrios cerrados. Robaba para la noche: boliches, mujeres... Y me gustaba el oro. Iba a la calle Libertad, en la Capital, y me compraba cadenas y relojes. Llegué a tener como 30 relojes".
Hugo Figueroa. Aunque en Puma conocían sus antecedentes, lo tomaron; "acá todos me hacen sentir bien"
En 2009, entraron en una quinta en Benavídez en la que había una pareja. En una distracción, el dueño de casa se hizo de un arma y les disparó. A Hugo, una bala le entró por la clavícula izquierda, le cruzó el pecho y se le incrustó en el hombro derecho, donde todavía la tiene. Estuvo dos días en coma. Cuando salió del hospital y la policía empezó a buscarlo, se fue a Santiago del Estero, pero ya tenía un hijo y no podía estar sin verlo. Volvió. Un abogado le consiguió una eximición de prisión hasta que se sustanciara el juicio, que se hizo cuatro años después. Una semana antes del juicio, volvió a fugarse.
En esa época, su depresión estaba peor que nunca. Un día intentó suicidarse tomando 30 pastillas de clonazepam. Lo encontraron a tiempo y le hicieron un lavado de estómago.
Se entregó cuando el juicio ya había terminado y tenía una sentencia de 7 años y medio de cárcel. Empezó a cumplirla en la Unidad 21, de Campana. Los dos primeros meses estuvo en una celda de aislamiento. En medio de una nueva depresión, llegó a perder 12 kilos.
De a poco se fue adaptando. Tuvo buen comportamiento y hasta se convirtió en alfabetizador de otros internos.
En 2017, lo trasladaron a la Unidad 48 de San Martín, donde conoció a Los Espartanos. "Yo ya venía cambiando, ya estaba dispuesto a hacer las cosas bien, y el rugby y el equipo me ayudaron muchísimo porque ahí aprendí el valor de la amistad, el compañerismo. Encontré gente que me escuchaba y por primera en años pude desahogarme. Volví a confiar en la gente".
Fundación Espartanos Rugby
Un viernes, rezando el rosario con Los Espartanos, contó entre llantos la desesperación por ver a su hijo, que entonces tenía 6 años. Llevaba casi un año sin verlo. Lo abrazaron, lo consolaron y le pidieron que tuviera fe en Dios y en la Virgen. Dos días después, la guardia le avisó que tenía una visita. Su hijo.
"Espartanos -dice Hugo- significa para mí luchar en la cancha y dentro de uno mismo con esa persona que ya no queremos ser. Significa amar, confiar. Como nos dijo una vez el Papa, en el arte de ascender lo importante no es caer, sino no permanecer caído".
El cheto de la villa
A Luciano Guyot (32 años) no le quedan muchos días por tachar en el calendario: el miércoles 27 de este mes saldrá en libertad. Fueron 7 años en prisión, condenado por robo calificado, tenencia de arma y participación de un menor.
La policía que lo detuvo cuando intentaba huir después de robar un departamento debe de haber reparado en que ese joven de 24 años tenía señas particulares. Proveniente de una tradicional familia de San Isidro, jugaba rugby en el CASI y había estudiado en el Colegio San Isidro Labrador.
Pero siempre anduvo a los saltos. A los 13 años, conoció a unos chicos de una villa cercana que se juntaban a metros de su casa, en la zona del Bajo, para charlar, fumar porros y salir a "trabajar": robos en la zona. Él pasaba y los saludaba, hasta que un día se quedó a conversar. Se hicieron amigos, empezó a fumar y los acompañaba en sus rapiñas.
A los 15, su vida ya era un mix de delincuencia y droga. "Ganaba mucha plata, y muy fácil. Me compraba toda la merca que quería. Incluso cuando robábamos autos, en la villa nos pagaban con droga. Todo era tan sencillo que estaba convencido de que nunca me iban a agarrar".
Repitió tercer año y ya no volvió al colegio. "Me gustaba robar porque me generaba adrenalina y me levantaba la autoestima. Lo loco era que seguía teniendo mis amigos del colegio y del CASI. Estaba con los chetos y con los de la villa".
Luciano Guyot. Le quedan 10 días para salir de la cárcel; "basta de droga y choreo: quiero laburar"
Tiempo después empezó a juntarse con otros chicos que paraban en las plazas Alsina y Don Bosco, en el Alto de San Isidro. La misma agenda: delincuencia y droga. La policía lo detuvo un par de veces; cuando tenía 17 años lo agarraron con un revólver 22 largo. Lo enviaron a un instituto de menores y después a un centro para drogadictos en City Bell, del que se escapó.
"Al volver a casa, mamá me echó". Sus padres se habían separado cuando tenía 10 años. "Mi viejo me dijo que fuera a vivir con él, pero yo quería seguir robando. Salía a robar varias veces por día".
A los 24 años, cayó por última vez tras aquel robo en un departamento y fue condenado a 7 años de cárcel. No se ahorró ninguno porque en prisión siguió siendo igual de indócil, rebelde y pendenciero. En el penal de Sierra Chica se agarró a facazos con otro interno. Los dos quedaron heridos.
En la Unidad 41 de Campana conoció a Los Espartanos, y hace tres años consiguió que lo trasladaran a la 48 de San Martín. Pero a poco de llegar, sus compañeros de celda le dieron la bienvenida: una paliza que lo dejó en el piso sangrando. "Vieron que tenía 500 pesos y un celular, y no les gustó. Se quedaron con todo, incluida mi ropa". Por esa pelea, fue aislado en los "buzones", de donde 15 días después lo rescató Oderigo y le consiguió un cambio de pabellón. Fue al 8, colonizado por Los Espartanos. Volvió a jugar al rugby y se convirtió en una de las figuras de su equipo. Se entrena dos horas por día.
"A Coco y a Los Espartanos les debo todo. Me dieron valores, amigos, ganas de cambiar. Me dieron una segunda oportunidad, y no la voy a desaprovechar".
Cuando apenas le faltan 10 días para dejar la cárcel, dice que ahora lo que necesita es conseguir trabajo. "Basta de droga y de choreo: quiero laburar". Hace una pausa y agrega: "Quiero vivir".
"Yo soy la razón por la cual nos ven y cruzan la calle"
Emotivo testimonio de un preso al hablar ante un foro de abogados; es el capitán de Los Espartanos
Gabriel Márquez
A fines del año pasado, Eduardo "Coco" Oderigo, el fundador de Los Espartanos, fue invitado a hablar durante el Encuentro Anual de Abogados de Empresa, organizado por IDEA. Unas 500 personas llenaban el salón principal del Hotel Sheraton de Pilar. Pero ninguna sabía la sorpresa que les esperaba.
Oderigo, abogado penalista y exjugador de la primera del SIC, les contó la historia de lo que empezó, hace 10 años, como un equipo de rugby de apenas un puñadito de internos -no más de 10, en la primera convocatoria- de la Unidad Penitenciaria 48 de San Martín. Pocos jugadores y, además, un potrero infame casi sin pasto, que era más amigable y divertido cuando llovía y la tierra dura se convertía en barro.
En 2009, después de conocer la cárcel durante una recorrida y pasmarse por lo que había visto, a Oderigo se le ocurrió proponerle al director que los reclusos empezaran a jugar al rugby. La respuesta que recibió fue contundente: "¿Que gente violenta practique un deporte violento? Es como tirar nafta al fuego". Pero Oderigo no se daba por vencido. "Dame una oportunidad". El director accedió.
De aquellos comienzos a lo que es hoy: sobre algo más de 1000 internos (más del doble de la capacidad del penal), ya son 350 los que juegan al rugby, y el número sigue creciendo. El modelo se replicó en otras 50 cárceles del país y en varios países de la región y de Europa.
De cara a la reinserción en la sociedad, la fórmula de Los Espartanos, hoy constituida en una Fundación con 500 voluntarios, se completa con otras tres patas: estudio, trabajo y espiritualidad. Donadas por el Banco Nación, en la Unidad 48 se construyeron el año pasado dos aulas para cursos y talleres, muchos de ellos dados por bancos y empresas, y un gimnasio que incluye un ring para practicar boxeo.
Fundación Espartanos Rugby
Oderigo les explicó a los abogados que el milagro no era que los internos jugaran al rugby, sino lo que el rugby estaba operando en sus vidas: un cambio radical, un ferviente deseo de dejar atrás sus pasados tormentosos. Les puso un ejemplo: Gabriel Nehemías Márquez, un chico de 25 años que de peligroso delincuente, con condena a 10 años, se había transformado en el capitán de Los Espartanos. Un ejemplo como recluso, como jugador y como líder, les dijo. Una persona confiable.
A esa altura de su exposición, Oderigo hizo una pausa y preguntó: "¿Quiénes de ustedes estarían dispuestos a darle trabajo en su empresa?". Recorrió el salón con la mirada. No se levantó una sola mano. "¿Ninguno?" Entonces, llegó la sorpresa: "Gabriel, vení, por favor".
Gabriel, el Capi, que goza de salidas transitorias por buen comportamiento (le resta al menos un año de prisión) y se había sentado en el fondo, subió al escenario y les habló. "Yo soy la razón por la cual ustedes nos tienen miedo. Yo soy la razón por la cual ustedes, si paran en un semáforo y me acerco, suben los vidrios del auto. Yo soy la razón por la cual si me ven caminando, cruzan la calle. En realidad, yo era la razón de todo eso. Cambié. El rugby me cambió. Los Espartanos me cambiaron. Hoy no quiero hacerle mal a nadie. Quiero ser alguien positivo para la sociedad. Gracias por escucharme".
Oderigo volvió a preguntar al auditorio: "¿Quiénes estarían dispuestos a darle trabajo?" Se levantaron cientos de manos.
No permanecer caído


No permanecer caído. La historia de Los Espartanos, escrito por el periodista Federico Gallardo y publicado por la editorial Logos, apareció en 2017.
"Si nos acercamos a una cárcel vamos a encontrarnos con un muro de hormigón. Pero hay otro, mucho más fuerte y pesado, que es el ideológico, construido con prejuicios", dice en la introducción.
El nombre del equipo fue puesto por un jugador en el segundo entrenamiento. "Somos Los Espartanos. Yo veo todas las noches la película 300, y el espartano no tiene dolor ni sufrimiento, no siente calor ni frío. Y así somos nosotros". Los entrenadores aceptaron.
En el capítulo sobre los capitanes, el actual, Gabriel Márquez, habla de su niñez. "Éramos pobres, sufrí hambre. Mi papá y mi mamá vendían las cosas para poder drogarse. La heladera, los muebles. Eran capaces de dejarnos sin comer para poder drogarse".
Citada en el libro, Graciela Aramberri, directora de la escuela del penal, dice que hay tres diferencias entre Los Espartanos y el resto de los presos. "Los espartanos miran a los ojos; los demás, para abajo. La segunda es que el espartano escucha; el resto habla sin parar. Y la tercera, y más importante, es que los que juegan al rugby te tocan, te abrazan, son cariñosos; los otros son tensos y distantes".
Cómo colaborar
Empresas: contratación de expresos; trabajar es clave para su reinserción
Voluntarios: se puede ayudar en rugby, espiritualidad y acompañamiento
Donaciones: www.fundacionespartanos.org/dona;info@fundacionespartanos.org
C. M. R. R.