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sábado, 8 de octubre de 2022

Miguel Wiñazki



Muy pronto comenzamos en @neura.media con "La posnormalidad"
Por eso, queremos sortear un ejemplar del libro homónimo firmado y dedicado entre los participantes del seminario de octubre
La inscripción al seminario se realiza por mail en: filosofíawi@gmail.com
Es posible participar del sorteo hasta el 23/10
Los esperamos!



http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

miércoles, 13 de noviembre de 2019

MIGUEL WIÑAZKI, DEFINICIONES



MIGUEL WIÑAZKI
Alberto contra el Correcaminos, Bugs Bunny y Mickey
El presidente electo compone un personaje nuevo y vintage en simultáneo.
Se abrió un nuevo frente de confrontación internacional. La confederación de personajes animados desde Hollywood hasta Tokio debe haber recibido ya los estiletazos del presidente electo de la Argentina. Junto a José Pepe Mujica en un conversatorio en la Universidad de Tres de Febrero, Alberto Fernández​ expuso con tono filosófico una crítica demoledora en la línea dura y retro del conocido libro de Armand Mattelart y de Ariel Dorfman: “Para leer al Pato Donald”.
Para Alberto, Disney y la Warner montaron sistemas de control social. Refutó muy duramente a Bugs Bunny al que calificó de “estafador”. Reivindicó al Coyote y a sus miles de trampas frustradas, que busca comida y siempre queda estrolado y burlado por un vivo: el Correcaminos. El “bip bip” sería la onomatopeya del imperio.
Siguiendo hasta las últimas consecuencias esa línea de pensamiento el Coyote debería devorarlo.
El albertismo cultural tendría entonces que trabajar ya en una versión vengativa en favor del Coyote que en los nuevos tiempos y desde el cono sur habría de ser ponderado como el justiciero que condena a las aves veloces a su merecido destino entre las fauces de los pobres carnívoros latinoamericanistas y hasta ahora perdidosos.
El presidente electo cuestionó que un ratón, Mickey, tuviera un perro, Pluto. Es un asunto serio y relevante. Un roedor dominando a un perro es efectivamente un truco malintencionado y provocador. Dylan no lo permitiría nunca. Es información.
El presidente electo refutó también la violencia del animé japonés. Esas visiones beligerantes que auspician la contienda como senda sangrante del ascenso social. Se definió a sí mismo como deudor de la revolución hippie, que cuestionaba el consumo y convocaba a la paz mundial. Se asumió como heredero de Joan Baez, de Bob Dylan y de Walt Whitman.
Las críticas de Alberto Fernández a Bugs Bunny desataron una avalancha de memes
Alberto, reproductor epigónico de la pastoral solidaria universalista, lucrativa, laica pero evangelizadora y occidental. El futuro presidente evocó a Aristóteles y a Fernando Savater, cuestionó al posmodernismo que valora más la estética que la ética, que postula al individualismo y a la meritocracia como regla, que propicia el consumismo y la bulimia y la anorexia. Culpó Alberto, por esas distorsiones de la ingesta a la muñeca Barbie, responsable protagónica de la peste de los desórdenes alimenticios globales.
La vieja Barbie en rigor pasó de moda. Se aggiornó a la revalorización de las mujeres. Hoy se la ha rediseñado de acuerdo al imaginario de las múltiples profesiones antes cercadas por el machismo. La pérfida muñequita pese a todo no debe ser olvidada, ni perdonada.
Es evidente que los emblemas diseñados en el norte feroz han secado las venas abiertas de América Latina.
Los mercaderes de la diversión imperial nos han delegado al rol de esclavos jibarizados por la movida del consumismo que asumimos sin evaluar sus serviles consecuencias.
Hemos sido hipnotizados desde niños para digerir esas baratijas que nos envenenan para explotarnos.
Finalmente Alberto colocó en el podio de sus predilectos a Luis Alberto Spinetta, “un poeta surrealista”. Exalta “Elementales leches”. Cree que el mensaje más profundo está en éste texto: “Lo que está y no se usa nos fulminará”.
La paradoja es que la nueva administración plantea estimular al consumo, precisamente
El catecismo que viene se perfila con claridad, con enjundia nostalgiosa de juventud y con precisión universitaria.
Fernández, filósofo y poético, introduce nuevas prácticas discursivas muy distantes de las módicas intervenciones protocolares del ingeniero Macri.
El presidente electo compone un personaje nuevo y vintage en simultáneo. Propone la felicidad como camino. En su discurso de la victoria del domingo convocó a los suyos “a disfrutar”. El slogan es “volver a ser felices”.
Para Aristóteles la felicidad es deseada pero nunca concretada. El camino del deseo no concluye cuando gobierna un determinado color político.
Alberto: anti posmodernista, hippie sin barba y con bigotes pesados, trovador y apólogo de la revolución cultural del sesentismo tardío.
En simultáneo desde ciertos extremos de la coalición triunfante advienen síntomas no muy hippies y sí filofascistas: el abogado Eduardo Barcesat plantea y planea mecanismos para liberar a los “presos políticos” con Amado Boudou a la cabeza. Es un per saltum encubierto para presionar a la Corte y ordenar abrir las compuertas de las cárceles para los encumbrados militantes K, aún para los que ya tienen condenas firmes.
A la vez, los afiches que asocian al CONICET con el Frente de Todos, reflejan, aunque prima facie pareciera un hecho menor, una tendencia hacia la apropiación total por parte de una facción de un organismo que no pertenece a nadie en particular.
Volvió el progresismo teórico y retórico.
Falta ver ahora que hacen con la economía real.

jueves, 27 de junio de 2019

EL PROFESOR MIGUEL WIÑAZKI,

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MIGUEL WIÑAZKI
Cristina, Belgrano y el amor inconcebible
El sueño erótico de CFK es un síntoma de su mente transhistórica.
Cristina Kirchner, en campaña en Rosario. La ex presidenta quiso asociar otra vez su figura a la del creador de la Bandera. Un patriota que -en las antípodas de la opulencia de CFK- murió en la pobreza. 
María Josefa Ezcurra decidió seguir la brújula de sus palpitaciones y emprendió aquella interminable travesía para llegar luego de haber pernoctado en postas, en la nada, y de haber atravesado el polvo profundo de esas inmensidades vírgenes, hasta Manuel Belgrano que se debatía en el norte capitaneando éxodos y bayonetas.
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 Y después del polvo y de todos los caminos, María Josefa y Manuel se encontraron en Jujuy entre cardones, arenales pedregosos, cielos altivos, sangre derramada y heroísmos inauditos. El romance derivó en un hijo, Pedro Rosas y Belgrano. Lo crió luego Juan Manuel de Rosas. María Josefa era la hermana de Encarnación Ezcurra, la mujer del cruel Restaurador. Belgrano tuvo otros amores, otra hija, Manuela Mónica. Afrontó todas las victorias y todas las derrotas con el mismo coraje y murió, como se sabe, sin nada en los bolsillos.
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Escribió Ernesto Sábato: “Don Manuel Belgrano, frágil como una niña, generalito improvisado, que abrazó la fuerza de su ánimo, su fervor, dispuesto a enfrentar las tropas aguerridas, por una patria que aún no se sabía lo que era, y ¡todavía! no sabemos lo que es; hasta dónde se extiende; a quién pertenece de verdad; si a Rosas, si a nosotros; si a todos juntos…”
Degradando la altura de las gestas, de los sufrimientos, obviando las palabras profundas que llegan de otros tiempos, y sorteando con simplismo sin par todas las honduras de la memoria histórica, Cristina Fernández afirmó que ella hubiera tenido “seguro” algo con él. Un amantazgo con Belgrano.
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El sueño erótico de Cristina es un síntoma de su mente transhistórica, telenovelada por ella misma y grandilocuente.
En su ensoñación ditirámbica lanzó un dardo tácito y vetusto contra María Eugenia Vidal:“Hay dirigentes mujeres, jóvenes, de 45 años, que no son del campo nacional y popular, que no son viudas como yo, son separadas, (y las tratan) como hadas, virginales, angelicales”.
¿Cuál sería la crítica? ¿Que Vidal está separada? ¿Que no es virginal y que la tratan como si lo fuera? ¿Y si no es virginal cuál sería el problema?
Entre el romance imaginario de Cristina Fernández y esa enroscada enjundia frente a Vidal, el popurrí disonante de sus valores aportó muchos elementos relativos a un moralismo estamental en el que las viudas imperarían éticamente por sobre las separadas. O algo así.

El delirio es inherente a la megalomanía. Así como la paranoia.
Con poder los delirantes imponen una “deliriocracia”, el gobierno del dislate y de la reducción de la historia a escala de una mente que solo se observa a sí misma.
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Analizando la vida, la obra y los bolsillos vacíos del prócer deseado por Cristina ¿podemos suponer que Belgrano hubiera querido tener un romance con ella?. Son almas antagónicas. Héroe y genio él, ella no.
Belgrano, además, era periodista. Escribía, editaba, entrevistaba personajes relevantes y dirigía periódicos.
Sobresale su acción comunicativa en El Correo de Comercio, donde en tiempos de bocas acalladas predicaba ya con pluma brillante la revolución inevitable.
Entre los kirchneristas corrompidos prevalece el miedo al periodismo. Por eso diseñan, ahora como antes, operaciones de desprestigio, querellas, llamados a indagatorias y agravios prefabricados precisamente contra aquellos que los investigaron con responsabilidad.

Otra vez vuelven a equivocarse. Reiteran estrategias antiguas. Buscan lapidar como antes a quienes indagaron en sus cuentas sucias. No les resultó cuando estaban en el poder y no resultará ahora. Lo mejor hubiera sido no robar, en lugar de perseguir comunicadores. Hubiera sido preferible soslayar la corrupción, y no tratar de impedir que la corrupción aparezca expuesta ante la opinión pública como debe ser.
Las organizaciones de defensa de la libertad de expresión nacionales e internacionales están alertas, con los ojos muy enfocados otra vez en la Argentina, detectando avant la lettre maniobras arteras que bullen en cerebros ávidos de represalias y de gestos punitivos aleccionadores, como si enlodando a los informadores pudieran borrar las informaciones que los incriminan. La advertencia feroz y cuadriculada del ínfimo Dady Brieva que procura una CONADEP contra los periodistas no es solamente una estupidez, es también un aviso de lo que pergeñan con alevosía y con esa pasión por asociar siempre periodismo a delito.
Hay una relación perversa entre la condición delirante y la vocación del censor: la voluntad de abolir el sentido de realidad. La pretensión insensata de vociferar dislates para convertirlos en monsergas aplaudidas y eventualmente triunfantes.
Esa locura podría imponerse.
Y en el manicomio llora Belgrano junto a un calefón.

martes, 29 de mayo de 2018

¿ LO PENSAMOS ?

Miguel Wiñazki brindó una nueva clase magistral sobre el tiempo, uno de los grandes misterios de la vida y la filosofía ya que estamos hechos de él y, sin embargo, su definición parece ser inabarcable.Resultado de imagen para Miguel Wiñazki
Aquí es natural citar a Marcel Proust, el autor emblemático del tiempo en el siglo XX. Él escribe los siete volúmenes “En busca del tiempo perdido”. El último tomo –El tiempo recobrado– es una interesante reflexión literaria sobre el pasado y la infancia. Es una tarea casi imposible recobrar todos los instantes en la memoria.
Con Proust, se produce un dualismo entre la literatura y la filosofía que es Henri Bergson, el gran pensador francés del tiempo. Bergson proviene de la filosofía mientras que Proust de la literatura.
Bergson dice que el tiempo es un registro de la duración. Es decir, de este flujo que permite percibir que los sucesos comienzan y concluyen. Es una película. Y la memoria intenta capturar algún fotograma del film de la vida.
En Antinomias de la razón pura, Immanuel Kant explica que la razón colapsa ante la concepción de la palabra. El filósofo se pregunta si el tiempo comenzó alguna vez. De ser así, ¿qué había antes? ¿Qué hay después de su fin? Bajo esta mirada, se podría deducir que es eterno, que siempre estuvo y siempre estará.
Esto está íntimamente ligado a la identidad. Cada persona forma parte de una singularidad irrepetible pero, ¿cuántos somos a lo largo del tiempo? ¿Por qué está unida la identidad?
¿Qué une la diferencia de nuestras vivencias en el tiempo hasta hacer de nosotros uno? Algunos filósofos sostienen que no somos uno, sino que estamos compuestos de rupturas tras rupturas; la identidad es artificial.
Para Kant, el tiempo no existe fuera de nosotros. Es un organización del sistema perceptivo que coloca las vivencias en un orden sucesivo. El pensador denomina este proceso como intuición pura de la sensibilidad. Nosotros ordenamos las cosas en el tiempo pero no sabemos cómo es en sí.
Conclusión. El futuro todavía no fue. El pasado ya fue. El presente ya pasó. Eso es el tiempo.

jueves, 3 de mayo de 2018

ECONOMÍA.....OPINA MIGUEL WIÑAZKI

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El filósofo y periodista Miguel Wiñazki brindó una nueva clase magistral sobre la filosofía de la inflación. Mediante el repaso de la obra de tres reconocidos pensadores, Wiñazki explica cómo el proceso inflacionario -y la devaluación de la moneda- se encuentra fuertemente ligado al miedo individual de cada persona.
Inflación
La injerencia de las ideas de Elias Canetti, escritor búlgaro ganador del Nobel de Literatura, es fundamental para comprender la filosofía de la inflación. Su obra, junto a la de diversos pensadores, revela un patrón en el análisis de la inflación y es que, detrás de esta, se esconde siempre el miedo. En el trasfondo de cada proceso inflacionario e hiperinflacionario.
“Cuando hay mucho miedo, se produce lo que Canetti denomina la inversión del miedo a ser tocado. La primera reacción de una sociedad temerosa es decir: ‘No me toques’. Eso se conjura apretujándose con los demás. Convirtiéndose en masa. En la masa, donde ya no soy exactamente yo sino todos nosotros, la sociedad de masas contemporáneas, ahí se produce una inversión del miedo al ser tocado y una conducta irracional con consecuencias disparatadas“, observa Miguel Wiñazki.
Sobre la constitución de la masa como inversión del miedo a ser tocado, Canetti establece una cierta correlación con la inflación. “Cuando hay inflación, hay una indiferenciación de cada unidad. Ya no es una moneda sino que siempre es un montón. Ese tumor que crece, indeferenciando la unidad, y daña a todos”, agrega Wiñazki. Según el filósofo, la inflación no es la devaluación de la moneda sino que es la depreciación del individuo. Cada sujeto genera la rueda inflacionaria por temor.
El prestigioso economista canadiense John Galbraith sostiene que el miedo a la suba generalizada de precios es tan perjudicial como la suba en sí misma: es la inflación. También analiza los orígenes de la inflación, las monedas y los tesoros. La moneda surge en el reino de Lidia, entre el siglo VII y VIII antes de Cristo. Al poco tiempo de acuñarse, comienza a devaluarse ya que rápidamente los mismos que acuñan la moneda y la poseen -gobernantes o comerciantes- comienzan a limarlas y guardarse el oro en polvo o convirtiéndola en aleaciones. El proceso devalúa el precio debido a que los ciudadanos advierten que decae el valor de la moneda porque fue falsificada.
Otra visión es la de Paul Tabori. En Historia de la estupidez humana, estudia el fenómeno de una isla llamada Yalp. “Tienen una moneda hasta el día de hoy. Son piedras como círculos gigantes que aún están vigentes. Hoy viven 6300 personas. En ese sitio, la moneda no se mueve porque es de piedra. No hay devaluación posible. Una vez hubo un huracán y todas las grandes monedas de Yalp se hundieron en las aguas transparentes. Todo el mundo sabe quién es el dueño de cada una de las monedas. Están en el fondo del océano y no sirven. Es decir, la moneda petrificada es inexistente, inútil“, concluye Wiñazki

martes, 27 de marzo de 2018

EL ORIGEN DEL PENSAMIENTO NACIONALISTA


MIGUEL WIÑAZKI
Una nueva clase magistral, el filósofo y periodista Miguel Wiñazki da cátedra acerca de los orígenes del nacionalismo en Europa a principios del siglo XIX y su posterior mutación en el continente latinoamericano.
“La filosofía del nacionalismo es primariamente europea. Antes de la Revolución Francesa, los territorios eran propiedad privada. Es decir, no había nación. Había feudos que tomaban para sí determinado territorio. Más allá de diversidades lingüísticas o culturales. El orden dinástico y económico medieval son anteriores al nacionalismo”, comienza diciendo Miguel Wiñazki.
El primer bosquejo de ‘nación’ aparece en el tratado por la Paz de Westfalia (1648), donde se acuña el término «soberanía nacional». “Allí comienza a vislumbrarse un protonacionalismo a partir de un nuevo orden económico. Implicaba una cierta protección hacia el avance de los señores feudales por sobre territorios que preferían resguardarse e imponer un orden diferente”, asegura Wiñazki.
El historiador británico Eric Hobsbawm plantea que el surgimiento del nacionalismo es inescindible del nuevo orden económico capitalista. Es por eso que existe también un nacionalismo liberal en sus orígenes. La disolución del imperio otomano, el imperio austro-húngaro y la caída del régimen napoleónico sucedieron simultáneamente en términos cronológicos con el advenimiento de las naciones: La unificación alemana y la italiana hacia fines del siglo XIX. La invención de la nación fue previa a la configuración real de la nación.
Para el filósofo, los enunciados de los pensadores alemanes Johann Gottfried Herder y Johann Gottlieb Fichte fueron cruciales para el nacimiento del nacionalismo germano. Con la publicación de «Discursos a la nación alemana», Fichte sentó las bases del nacionalismo, utilizando la expresión «raza» como factor de cohesión. “Fichte pensaba en la nación alemana, una nación que aglutinara a todos los condados diversos que hablaban el alemán y que se consideraban miembros de una misma patria y raza. Introduce el elemento étnico como elemento de cohesión nacional“, agrega.
“El nacionalismo alemán empieza siendo una reacción romántica primero frente al imperio de Napoleón. Cuando este cae derrotado, las naciones fulguran. Primero, España que, tras el imperio napoleónico, resurge como nación en un sentido y se debilitan sus colonias ultramarinas porque en América también hay una reacción frente a eso”, sostiene Wiñazki.
Según el pensador, “la decadencia del imperio napoleónico y la disolución del imperio otomano y austrohúngaro articulan un nacionalismo centrífugo”. Es decir, las naciones se descentran de esos imperios y se conforman así mismas como naciones. El imperialismo decimonónico generó en su disolución la aparición del Estado-Nación. La imposición de la lengua nacional fue vital para el aunamiento de los países.
Los idiomas castellano, italiano, francés y alemán eran lenguas literarias y es justamente desde la literatura por donde decantan al pueblo y se configuran como territorio lingüístico nacional. “Dentro del nacional catolicismo español, la religión actúa como unidad cohesiva que propicia una lealtad a unos valores centrales. La religión es esa identidad que permite adorar a un Dios para adorarnos a nosotros mismos. El proceso termina en Franco. El patriotismo no estaba exactamente unido al nacionalismo porque las patrias eran chicas”, alega el periodista.
Al referirse al nacionalismo latinoamericano, Wiñazki elige ahondar en el ideario de Mariano Moreno, considerado un ‘nacionalista liberal’. Moreno planteaba una idea de nación fundada en el libre comercio, donde el futuro pasaba por negociar con los ingleses. Su libro La Representación de los Hacendados expone las intenciones de minifundistas y latifundistas de la Provincia de Buenos Aires de vender sus productos a Inglaterra.

LEIDO POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ
“Hay un protonacionalismo morenista que prefigura una nación liberal en la Argentina. La Argentina surge originariamente como nación liberal con innumerables contradicciones y notables conflictos y después ese orden conservador de Rosas realiza una restauración organicista y verticalista que engendra una nueva cuestión más mestiza entre ese nacionalismo rosista y el liberalismo morenista”, concluye.