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martes, 15 de mayo de 2018

FEDERICO ANDAHAZI Y SU PASIÓN


"No te harás imágenes, ni te inclinarás ante ellas ni las honrarás", reza el segundo mandamiento, ese que jamás hemos podido cumplir. Vivimos en un mundo entregado a la idolatría. Me declaro pecador. La carne es débil. Sin embargo, el metal, fuerte y sólido, es mi mayor debilidad. El movimiento iconoclasta no pudo con nosotros, los que, día tras día, nos inclinamos ante el becerro de dos ruedas.
Las motos, en efecto, son un ícono sagrado que, en algún caso, sirve incluso para desplazarse. Para que un ícono sea eficaz debe ser universal, de modo tal que pueda ser adorado por la mayor cantidad de fieles. Así, la moto es el objeto de adoración del Hells Angels barbado que huye por la 66, pero también la del policía que lo persigue. Es el símbolo de la libertad que montaba Peter Fonda en Busco mi destino (Easy Rider) y la que soportaba el peso demoledor de Schwarzenegger en Terminator. El Che Guevara, cuando ignoraba que habría de transformarse él mismo en un ícono, recorrió América Latina en La Poderosa, una Norton de 1947 sin amortiguación.
Federico Andahazi: una historia de romances, matrimonios, viudas y amantes
Que la motocicleta es un ícono pagano no es para mí una hipótesis literaria; lo sé por experiencia: cada mañana me inclino ante mi fetiche y, cual Verónica ante el paso del Mesías, froto un paño sobre su irresistible anatomía, le ofrezco mi aliento al ojo impar del faro y, cual jesuita, lavo sus negros pies de caucho. No existe sensación más reconfortante que accionar el arranque y escuchar la voz profunda, sabia y pausada de un motor del año 1938, como el de la vieja Zündapp que reposa junto a mi biblioteca como testimonio de mis dos grandes pasiones: los libros y los fierros. Nada más literario que montar mi antigua Harley del 48 que, como el Quijote a Sancho, conduce a su inseparable ladero: un sidecar en el que llevo a mi familia.
De acuerdo con los estereotipos, los escritores deberíamos adorar las pipas, las lapiceras, las máquinas de escribir y las ediciones raras. Alguna vez, un crítico literario, refiriéndose a mí, dijo: "¿Dónde se ha visto un escritor arriba de una moto con una rubia abrazada?". Aclaro que la rubia es la madre de mis hijos y que me resultaría un tanto injusto obligarla a correr detrás de la moto solo para no escandalizar al reseñador de libros. Semejante comentario no hace más que poner en evidencia la ignorancia del crítico: en la casa-museo de Horacio Quiroga se puede admirar la motocicleta que lo ha sobrevivido.
Federico Andahazi: una historia de romances, matrimonios, viudas y amantes
La relación de los escritores con las motos es de larga data. Cuenta Enrique Cadícamo en sus Memorias que, para que un tanguero pudiese arrogarse tal título, debía haber manejado alguna vez una moto de más de 300 cm3. En el mismo libro se ve al autor de "Los mareados" sobre una antigua HD de válvulas laterales. Una tarde lluviosa 1987, sentado junto al ventanal del bar La Academia, Osvaldo Soriano recordaba la Tehuelche que solía manejar durante su adolescencia.
Cada vez que consigo volver a la vida a una moto siento la misma felicidad que produce devolverle la voz a aquellos personajes que han sido injustamente silenciados por el tiempo y el olvido
Mi primera moto fue una Douglas 350 de 1947. Una elegante moto inglesa, antecedente británico de las BMW de cilindros boxer, que obtuve en canje por una guitarra Gibson Les Paul. Estaba perdidamente enamorado de mi Douglas y suponía que habría de ser aquel un romance de por vida. Pero se cruzó en mi camino una pulposa Sunbeam 500 repleta de curvas. Fuimos felices: era una amante tan apasionada que cuando su motor bicilíndrico vibraba yo sentía que se me aflojaban los dientes. Fui "bigamotor" al conocer a una Triumph Tiger de la que enviudé al poco tiempo cuando se me fundió frente al Cavanagh. Confieso que he tenido encuentros ocasionales con una alemana, una BMW R 69s del 60. También, una breve aventura con una preciosa belga FN. Y admito que he estado con orientales: conocí los placeres que me prodigaran una Suzuki 650, una Honda Goldwing 1000 del 77 y hasta una Kawasaki Police como la de Poncharello.
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La búsqueda, restauración y el mantenimiento de una colección de motos es una tarea gratísima aunque nada sencilla. Rescatar de un galpón una moto dada por muerta, olvidada y convertida en una masa ininteligible es un trabajo que, a priori, se diría imposible como la resurrección. Muchas veces el grueso sudario de grasa y polvo protege las motos de la letal amenaza del óxido. Una vez exhumada y puesta en el banco de trabajo, hay que comprobar el estado de la pintura original, el estado del cuadro y, sobre todo, el del motor. Es raro que se pueda conservar la pintura de fábrica, aunque sí es posible a veces admirar los pigmentos originales antes de repintarla. Aunque nos emocionemos al comprobar que el motor gira sin dificultades y los cambios entran sin delatar obstáculo alguno, debemos saber que, para ahorrar problemas futuros, es necesario desarmar hasta la última arandela y sustituir las piezas gastadas. Cada vez que me toca presentar un libro en el exterior, aprovecho para traer algún repuesto aquí inhallable: desde pequeños accesorios cosméticos hasta pesadísimas piezas motrices. Cuando mis editores me proponen un paseo en los momentos libres, en lugar de la visita a los sitios de rigor, les pido que me lleven a los desarmaderos de los suburbios: con sorpresa, por encima de los lentes de leer, me ven revolver chatarra. En Estambul conseguí el filtro de aire de una Indian, y en Atenas, cerca del puerto del Pireo, compré un cuadrante para el velocímetro de una Moto Guzzi.
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Poner en marcha una moto luego de años de restauración es el momento más emocionante. Después de tantas jornadas de trabajo arduo, por fin llega el gran día. Recuerdo la primera vez que estuve frente al gran desafío. Tragué saliva, llené el depósito de aceite, cargué nafta cuidando no salpicar la pintura, respiré profundamente y, por fin, accioné la patada. Al tercer intento el motor carraspeó, vaciló un momento y, de inmediato, rugió con el brío de un animal salvaje. Desde entonces su voz inimitable no ha dejado de hacerse oír.
Siempre me digo que el oficio del escritor no es muy diferente del de restaurar motos antiguas. La mayor parte de mis novelas transcurren en épocas remotas y sus protagonistas son personajes que han quedado sepultados bajo el peso de la historia. Cada vez que consigo volver a la vida a una moto siento la misma felicidad que produce devolverle la voz a aquellos personajes que han sido injustamente silenciados por el tiempo y el olvido
 
Crédito: Julián Bongiovanni

martes, 10 de abril de 2018

RÉCORD HISTÓRICO EN LA VENTA DE AUTOS Y MOTOS


Justamente, el boom de autos importados impulsó un trimestre récord en ventas de vehículos y prenuncia, según los especialistas del sector, un 2018 superando el techo histórico de comercialización de 0 km con una cifra que -estiman- llegará al millón de unidades. "Va a haber récord histórico seguro", estimó Franco Roland, especialista sectorial de la consultora Abeceb. "El primer trimestre es definitivo", agregó.
La Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) informó ayer que, tal como había anticipado la nacion, el primer trimestre del año sería récord histórico en ventas. El acumulado de ese período llegó a 274.115 unidades, lo que equivale a un aumento interanual del 17,9%.
"Con un fuerte patentamiento en los últimos días, el tercer mes también fue récord, lo que sumado a los mejores enero y febrero completa el mejor arranque de la actividad desde que existen estadísticas del sector", ratificó Dante Álvarez, presidente de Acara. El número de vehículos nuevos patentados fue de 83.954 unidades, un aumento interanual del 7,2%.
"Completamos el mejor trimestre de la historia con una demanda robusta en todos los segmentos: motos, autos, camionetas y camiones. Este fortalecimiento del mercado se da en el marco de un quíntuple crecimiento del sector automotor: inversiones, producción, exportaciones, ventas y empleo", dijo a la nacion Fernando Grasso, flamante secretario de Industria.
"Más del 61% de los autos vendidos vino de Brasil", explicó Roland, que agregó que los autos nacionales patentados en marzo de 2017 fueron el 32%, mientras que este año ese porcentaje fue del 28%. Para el especialista, a fin de año se habrán vendido 1.020.000 vehículos nuevos, lo que superaría la marca histórica de 2013, cuando se produjo la burbuja del "dólar auto", impulsada por el cepo kirchnerista.
Para Martín Alfie, economista jefe de la consultora Radar (fundada por la exfuncionaria Paula Español), este año también habrá un récord histórico. "Será de ventas totales, pero no de nacionales", matizó, y sobre los datos de marzo cuestionó: "El récord de patentamientos está motorizado por los vehículos importados. Esto se debe a las rebajas de los impuestos internos a los automóviles y, sobre todo, a la laxitud del Gobierno frente al incumplimiento del intercambio flex con Brasil. Recién ahora se está exigiendo efectivamente el seguro de caución a las automotrices, a pesar de que se reglamentó en julio del año pasado". Alfie agregó que las importaciones de vehículos terminados pasaron de US$3400 millones en 2015 (cuando el comercio exterior estaba prácticamente cerrado) a US$6900 millones en 2017.
Esto cambiará, creen en el Gobierno, con lanzamientos de autos de alto valor agregado este año. "Vamos a ser la pick up nation", se esperanzó un funcionario semanas atrás.

F. J.

viernes, 9 de febrero de 2018

USAR CASCO SALVA VIDAS


No usar casco aumenta siete veces el riesgo de morir en un incidente de tránsito








Así lo indica el análisis de más de 25.000 casos del primer registro de trauma del país; la atención de esas lesiones se hizo en 14 hospitales y servicios de emergencia de Buenos Aires
El primer análisis local de más de un cuarto de millón de atenciones por trauma en ocho años avala la afirmación de que usar casco salva la vida. En los 4078 casos de motociclistas asistidos por un incidente en la calle, la mortalidad en los que viajaban sin protección fue siete veces mayor que en los que la llevaban.
El relevamiento incluye la información que 14 hospitales y sistemas de atención prehospitalaria de la provincia de Buenos Aires ingresaron desde octubre de 2009 en un registro que coordina la Fundación Trauma, de acuerdo con los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El 16% de los 25.573 registros hasta el mes pasado son motociclistas con traumatismos en la cabeza, las piernas o los brazos, el pecho o el abdomen. El 22% no usaban casco al momento del incidente y alrededor de un tercio (29,4%) sufrieron lesiones encefálicas graves, comparados con el 10,5% en el grupo con casco.
Esa diferencia se tradujo en la posibilidad o no de sobrevivir al hecho: murieron siete veces más motociclistas sin protección que los que iban con protección (8,6 vs. 1,3%).
"Mientras los estudios publicados hablan de un aumento del trauma, en especial el de cráneo, ahora lo pudimos medir con un dato local concreto: sin casco, el traumatismo es más grave", indicó Laura Bosque, directora ejecutiva de la fundación y miembro de la Sociedad Argentina de Medicina y Cirugía del Trauma.
Adultos jóvenes
Los pacientes tenían entre 16 y 44 años y uno de cada cuatro traumatismos había sido grave. "Las lesiones en motociclistas son de especial interés en América Latina, donde esta forma de transporte se incrementó notablemente", indicaron desde la fundación sobre los resultados.
En la red de atención del trauma, que, hasta ahora, funciona solo en la provincia de Buenos Aires, participan los hospitales de adultos y pediátricos Erill (Escobar), San Roque (Gonnet), San Martín y Sor María Ludovica (La Plata), Güemes (Haedo), Simplemente Evita Km 32 (La Matanza), Eurnekian (Ezeiza), El Cruce (Florencio Varela), Oscar Alende y Tetamanti (Mar del Plata) y Alejandro Korn (Melchor Romero). También están la UPA Trauma de Lezama (RN2), SAME Pilar y el Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES) de Ensenada y Mar del Plata.
Esos centros y servicios de emergencia registraron entre octubre de 2009 y enero pasado 29.454 pacientes, con 20.462 auxilios prehospitalarios. En general, los incidentes de tránsito fueron la principal causa de trauma (30,6%), seguidos de las caídas (21,8%) y las agresiones (15,5%), más en los hombres que en las mujeres.
Por edades, esas causas fueron más o menos frecuentes: hasta los 17, lo más común fueron las caídas, los incidentes viales y el atrapamiento o el aplastamiento, mientras que entre los 18 y los 64 años prevalecieron los hechos de tránsito, las agresiones o peleas y las caídas. En los mayores de 65, el trauma por caídas fue lo más habitual (en uno de cada dos lesionados), seguido de los incidentes viales y las agresiones.
Hubo más casos de trauma los sábados y los domingos que los días de semana, sobre todo entre las 13 y 18, y por las lesiones en el tránsito. De hecho, en los jóvenes y adultos, siete de cada 10 casos ocurrieron en la calle u otros sitios públicos, mientras que uno de cada dos chicos y adolescentes se lesionó en el hogar. La tendencia se mantiene desde un análisis de medio término, cuando el registro superó los 10.000 casos.
En la red también participan el SAME y los hospitales Juan C. Sanguinetti y Federico Falcón de Pilar. Con los datos de estos servicios municipales, el registro de trauma acumula a la semana pasada 29.454 atenciones hospitalarias, con 20.462 asistencias prehospitalarias.
"El trauma como enfermedad está demostrando tener un comportamiento estable y que se mantiene a pesar de los cambios de gobierno, lo que permite inferir hacia dónde habría que apuntar para trabajar en las estrategias de atención de la salud y la prevención", indicó Bosque.
Pocos en la región
Como Colombia, Panamá y Bolivia, la Argentina integra el muy reducido grupo de países en la región con un registro de trauma, de acuerdo con Esteban Foianini, secretario de la Sociedad Panamericana de Trauma.
De visita en el país para conocer la red de hospitales, el cirujano boliviano, que trabajó 10 años en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en destinos como Kosovo, señaló la importancia de contar con esa información para analizar el estado del sistema de atención y mejorar su calidad, detectar los problemas que favorecen el trauma para solucionarlos (por ejemplo, instalar un semáforo en una esquina o agregar iluminación en la vía pública) y derivar a los pacientes a hospitales especializados de acuerdo con la gravedad de cada caso.
Nacionalizar el registro

Además de señalar la importancia de que el registro se nacionalice en el país, consideró que deberían designarse hospitales como centros de atención del trauma según el nivel de prioridad y reforzar la asistencia prehospitalaria con los servicios de emergencia. "Por el tamaño y la densidad poblacional de la Argentina, hay áreas que están totalmente desprotegidas, especialmente en el norte -dijo Foianini-. Hay trayectos prolongados de rutas sin soporte ni socorro, y esto lo vi aun en rutas nacionales".
"Hay un interés global en el manejo del trauma -explicó el especialista-. El trauma ocurre en cualquier momento y cuando menos se espera. Lo peor es que es absolutamente prevenible. Y una vez que ocurre hay muchos errores que pueden afectar la recuperación. No cualquier hospital puede manejar el trauma".
Tener estadísticas del trauma de calidad y confiables es clave para Vicente Gutiérrez, secretario del Consejo de Administración de la Fundación Trauma y expresidente de la Academia Nacional de Medicina.
"El registro no solo describe la atención que reciben los enfermos, sino también qué pasó después y cuántos quedaron con secuelas -explicó-. En trauma, la suerte del paciente depende del lugar en el que recibirá atención: los casos leves se pueden derivar a cualquier centro, pero aquellos más graves necesitan un lugar que cuente con un tomógrafo, terapia intensiva y una guardia quirúrgica entrenada".
Lo ideal, según indicó, sería que cada provincia tenga un hospital especializado de referencia. "Esto organizaría mejor los recursos de traslados, equipamiento y profesionales formados", dijo Gutiérrez.

F. CZ.

jueves, 8 de febrero de 2018

ECONOMÍA; CRECIMIENTO VENTA DE MOTOS


También creció el patentamiento de motos en enero: 17,6%
Fueron 74.651 unidades; Honda, Zanella y Motomel, las marcas más vendidas

La división Motovehículos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) también informó que el número de unidades patentadas durante enero pasado fue de 74.651 motovehículos, un crecimiento de 17,6% en la comparación con el mismo mes de 2017, ya que en enero del año pasado se habían patentado 63.483 unidades.
Según la entidad, que cuenta con 1090 socios y representa a concesionarios, el sector viene de un 2017 muy activo, no solo en ventas, cuando estuvo en niveles cercanos a las 690.000 unidades, sino también "en la profesionalización y en la búsqueda de un sector cada vez más formal y previsible, mediante la firma de acuerdos de financiación con bancos, convenios con gremios, baja de impuestos, capacitación y campañas de seguridad vial".
Mediante un comunicado de prensa, Gustavo Bassi, presidente de la división motovehículos de Acara, señaló: "Empezamos el año con una continuidad de la demanda activa que observamos en gran parte del año pasado, eso es positivo y nos hace ser optimistas".
"Vamos a hacer un esfuerzo para acompañar este buen momento con acciones e iniciativas que refuercen la toma de conciencia del manejo seguro de cualquier motovehículo -prosiguió Bassi-. Cada motovehículo que expendamos debe ser con una recomendación y un mensaje claro sobre conducción segura y concientización. En eso debemos trabajar todos juntos. Será uno de los grandes objetivos por reforzar durante este año".
En cuanto a los patentamientos por marcas, las diez más vendidas el mes pasado fueron Honda (14.111 unidades), Zanella (13.622), Motomel (9310), Yamaha (8235), Corven (7867), Gilera (5054), Guerrero (3445), Bajaj (3116), Keller (2463) y Brava (1505).


A su vez, la demanda del mercado en el primer mes del año se caracterizó por una prevalencia de modelos chicos y de baja cilindrada. De acuerdo con los registros de Acara, la Zanella ZB110 fue la más vendida, con 5367 patentamientos (7,2% de participación), seguida por la Honda Wave 110 S (4560; 6,1%), la Corven Energy 110 (3661; 4,9%), la Gilera Smash (3641; 4,9%) y la Motomel B110 (3475; 4,7%)

E. L.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

BROTES VERDES


Fuerte suba en las ventas de autos y motos 0 km
Crecieron en forma interanual 19,9% y 40,1%, respectivamente, en noviembre pasado

El patentamiento de automotores en noviembre creció casi 20% y se encamina a cerrar el año con un piso de 900.000 unidades, informó ayer la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara). El número de vehículos patentados en noviembre ascendió a 71.850 unidades, con un crecimiento de 19,9% con relación al mismo mes de 2016, cuando se habían patentado 59.926 unidades. El acumulado de once meses del año arroja una cifra de 852.126 unidades, lo que consolidó una suba de 27,3% en la comparación contra el mismo período del año pasado. "El crecimiento del mercado no se detiene y la proyección anual tendrá un piso de 900.000 unidades", destacó Acara en un comunicado.

En tanto, el patentamiento de motos llegó a 64.731 unidades en noviembre, con una suba de 40,1% frente al mismo mes de 2016, según la división Motovehículos de Acara. En un comunicado, la entidad indicó que el acumulado ya alcanzó un total de 630.148 motos patentadas y el año se encamina a cerrar en valores históricos. El presidente de la División Motovehículos de Acara, Gustavo Bassi, expresó que "el crecimiento ininterrumpido ratifica que es un buen momento para el sector"

27,3% Acumulado
Es la variación que suman los autos en los primeros 11 meses del año.
900.000 Vehículos
Las ventas de autos, según Acara, llegarán en 2017 a este nivel y quedarán cerca del récord de 2013.

domingo, 22 de octubre de 2017

LAS MOTOS DE FEDERICO



Al llegar a la casa de Federico Andahazi salen a tu encuentro no los perros, sino las motos. Para atravesar el hall de entrada hay que esquivar siete u ocho piezas de colección que han sido o serán restauradas. En el living, cerca de los cómodos sillones antiguos en que nos sentamos, hay una Zündapp modelo 1938 que parece salida de una película de la Segunda Guerra Mundial. Quieta y muda, se vuelve pronto parte del paisaje, como un perro fiel que espera la orden del amo.


Las motos le enseñaron a Andahazi una versión de la libertad. Ocurrió durante sus primeros años en la Facultad de Psicología, en medio de un amor clandestino con una mujer que vivía en La Plata y viajaba hasta él a bordo de una humilde Zanella. Un día en que se hizo tarde, la dama volvió en tren y le dejó la moto. Deslizarse en dos ruedas por entre los autos en las imposibles calles del centro porteño fue para Andahazi como quitarse de encima un peso hasta entonces inadvertido. Y un amor lo llevó a otro. "Volví a ver a esta chica a las dos semanas, y al despedirnos me costó más separarme de la moto que de ella", dice.



Por entonces, su único capital era una Gibson Les Paul que había sido de Pino Marrone, el gran guitarrista de Crucis. Incapaz de tratar al instrumento como lo hacía su antiguo dueño, no dudó cuando encontró una Douglas 350 de 1947 en poder de un músico que miró su Les Paul con cariño. Fue un trueque mano a mano que le deparó tres años de felicidad y una nueva historia sentimental con todos los condimentos, incluida una traición que impuso distancia pero que acabó redimida por un azaroso reencuentro. Por esta moto, la primera, Andahazi sufrió, y quizá por eso es la que prefiere entre todas las que tiene, que son muchas.
La traición se consumó en el antiguo bar La Academia, de Callao y Corrientes. Mientras tomaba un café con un amigo, se arrimó a su mesa un español que lo había visto dejar el pingo en la vereda. Regresaba a España al día siguiente y quería llevarse la Douglas consigo. Le hizo una oferta generosa. Federico la rechazó. El hombre duplicó la suma. La respuesta fue la misma. Duplicó otra vez, y otra, hasta que Andahazi cedió. "Con lo que me pagó viví un año entero, pero me arrepentí toda mi vida de ese gesto. Me sentía moralmente mal."
Un año después, un amigo le dijo que la moto estaba en una agencia de San Juan y Boedo. Así era. El español no había podido sacarla del país y la había dejado en consignación. Pedía una fortuna que estaba fuera de su alcance y Federico se resignó.


En 2012 descubrió que en MercadoLibre había una Douglas 350 en venta. Supo que era la suya. Ahora era él quien estaba en condiciones de pagar lo que le pidieran y la recuperó. Fue como reencontrar a la novia de la adolescencia: ahí estaba el fileteado que él le había pintado, reconoció su olor, y hasta se enterneció al volver a un viejo defecto: cada tanto, el engranaje de la patada se seguía zafando.
Andahazi disfruta restaurando motos antiguas desahuciadas. Para ponerlas a rodar otra vez bucea en su historia y consulta viejos manuales, algo semejante a lo que ocurre cuando escribe y debe dotar de vida a algún personaje histórico. Es un proceso misterioso, paciente y delicado. "Una falla en la moto te puede costar un accidente. Y si al personaje no lo creás bien, matás la novela."
En las alforjas de la Douglas metía las libretas que llenaba en el bar La Academia con las notas para El anatomista, su primera novela, publicada en 1997. Esa moto, que lo acompañó en momentos cruciales de su vida, es parte de su memoria. Y le dejó, como todo primer amor, algunos tics. "Cada vez que me subo a una moto compruebo que las alforjas estén bien cerradas, para que no se me vuele lo escrito."

H. M. G.