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jueves, 8 de febrero de 2018

PROYECTO APRENDIZ....HOLOCAUSTO NUNCA MÁS....


Los guardianes de la memoria del Holocausto
Superviventes de los campos nazis 'entrenan' a jóvenes en Argentina para que los horrores no se olviden

La superviviente Lea Zajac (izquierda) y su aprendiz Darío Berlinerblau (derecha), en Buenos Aires. En vídeo, homenaje realizado en el Senado.
Los nazis prefirieron llamar a Lea Zajac con el número 33.502 que le tatuaron cuando tenía 16 años. Casi un siglo después, Darío Berlinerblau la mira a los ojos, toca la piel penetrada por la tinta y escucha su voz. Ella, de 91 años, es la maestra y él, de 37, el aprendiz que se ha comprometido a hacer suyos los horrores del Holocausto y a transmitirlos cuando ella y otros supervivientes de los campos de concentración nazi ya no estén. "Cuando alguien te diga que la Shoah no existió, vos le podés decir que me conociste y tocaste el tatuaje que tengo en el brazo", le dijo Lea cuando se conocieron hace dos años en Argentina. Ambos participan de Proyecto Aprendiz, una iniciativa que reúne durante al menos cuatro meses a un superviviente y a un joven de entre 20 y 35 años que escucha y se convierte en guardián y difusor de un archivo imprescindible.

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Desde 2009, más de un centenar de personas han participado del proyecto, que tiene dos etapas. La primera es la capacitación de los jóvenes y la segunda, los encuentros presenciales que deben sumar al menos ocho horas, aunque las parejas de maestros y aprendices suelen superar las 30 horas de entrevista, según explica Diana Wang, una de las directoras de la iniciativa.
Cuando Darío fue por primera vez a la casa de Lea, en Buenos Aires, tenía miedo —de quedarse sin palabras, de incomodar— y también expectativa. Había preparado algunas preguntas, pero ella, que se define como una historiadora frustrada porque la guerra no le permitió ir a la universidad, se le adelantó. Esta polaca nacida en Micholowo, un pueblo cerca de la frontera con la ex Unión Soviética, le relató los acontecimiento que desembocaron en el ascenso del nazismo y su descenso personal "al infierno".
Tenía 12 años cuando inició la II Guerra Mundial, pero el 1 de septiembre de 1939 no pudo empezar el secundario porque Hitler bombardeó su pueblo. A ella y a su familia los reubicaron en el gueto de Pruzhany hasta su traslado en 1943 a Auschwitz, el mayor de los campos nazis, donde murió más de un millón de personas. Lea recuerda con rigor y poesía la última vez que vio las flores de su ventana, cubiertas de rocío; el hambre "incalificable"; los tres días y tres noches en el tren que la llevó a Auschwitzhacinada, el hedor, los niños muertos.

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Sus memorias le sugerían a Darío más preguntas; Lea respondía y continuaba sin saltarse ni una fecha ni una sensación. Iban y venían en la historia hacia atrás, hacia adelante y en profundidad. Los "esbirros nazis", dos palabras que Lea no separa, empezaron a evacuar los campos cuando la guerra llegaba a su fin para esconder la evidencia del genocidio. Lea caminó más de 50 kilómetros con la nieve hasta la rodilla, en una de las llamada Marcha de la Muerte, donde una de cada cuatro personas murió. Al final, quedó libre, "entre comillas", aclara, porque entonces empezó otra "lucha por la vida". Se instaló en Argentina, donde vive la comunidad más grande de judíos de América Latina y la sexta del mundo, y aunque no quería casarse ni tener hijos formó una familia.
Lea anda con bastón y hace poco terminó de leer Guerra y Paz, de León Tolstói, en español (de joven lo había leído en ruso). Ha sido maestra de cinco aprendices y desde que el campo fue liberado el 27 de enero de 1945 —día por el que este sábado se ha conmemorado el Día Internacional por la Memoria de las Víctimas del Holocausto— siempre ha hablado, pero no todos los supervivientes pueden expresarlo. Algunos solo toleran hacer el proceso una vez, otros no se animan porque el dolor es muy fuerte.
Ella también revive el horror cada vez que cuenta sus memorias y sabe que esa noche no podrá dormir. Pero no deja de hacerlo porque es su obligación moral, asegura. No sabe cómo sobrevivió, pero sabe para qué. "No olviden", pronuncia una y otra vez e insiste para quienes no ven lo que ella cree evidente: "Por el bien de ustedes, lo mío ya pasó".
Su aprendiz, Darío, relata cada vez que puede el testimonio que ya ha hecho propio. Después de firmar un compromiso ético para transmitir las memorias del Holocausto, ha mantenido con Lea el vínculo de un nieto con su abuela: van al teatro, toman el té, intercambian novelas y no dejan de hablar. Darío subraya que es parte de una de las últimas generaciones que van a poder oír el testimonio directo de un superviviente. Quedarán los libros y las películas, pero no será posible conversar con los textos y los filmes, mirarlos a los ojos o tocarles el número en la piel arrugada.

sábado, 6 de mayo de 2017

NUNCA MÁS...TEMA DE REFLEXIÓN


Literatura infantil: cómo contar la dictadura a los chicos a través de la ficción
Autores y editores explican por qué deciden abordar en sus textos este tema doloroso; la literatura como antídoto contra el silencio


La ausencia de los padres. La búsqueda de la identidad. La censura. La represión. El terrorismo. ¿Cómo narrar los años de la dictadura militar a los chicos? ¿Cómo explicarles que hubo desaparecidos, exilios forzados, títulos y autores prohibidos? Algunos con sutiles metáforas, otros con imágenes realistas, son varios los libros dirigidos a chicos y adolescentes que abordan la cuestión del golpe de Estado y sus consecuencias sociales. Editores y escritores locales cuentan cómo y por qué decidieron incluir este doloroso tema en sus ficciones.
Piedra, papel o tijera, de Inés Garland; El monstruo del arroyo, de Mario Méndez; El mar y la serpiente, de Paula Bombara; Fofoletes, de María Gabriela Belziti; Rompecabezas, de María Fernanda Maquieira; Camino a casa, de Jairo Buitrago, y ¿Quién soy? Relatos sobre identidad, con textos de Bombara, Méndez, Iris Rivera, María Teresa Andruetto, Irene Singer, Istvansch, María Wernicke y Pablo Bernasconi, son algunos de los títulos para el público infantil y juvenil editados en los últimos años que tienen la dictadura como eje o como escenario de las historias.
Fofoletes, María Gabriela Berziti.
En Fofoletes (Ediciones del Naranjo), la protagonista cuenta la emoción que vive la familia al mudarse a una casa más grande y con terraza. Ilustrado por Lucía Mancilla Prieto, el relato mantiene el punto de vista de una nena, que un día se sorprende al ver que sus padres, preocupados, queman algunos libros de su biblioteca. En una de las páginas aparece de fondo un televisor encendido y una imagen: Jorge Rafael Videla cuando lee a la población el comunicado número 1 de la junta militar.
No hay bajada de línea ni menciones de lo que sucedió en el país a partir del 24 de marzo de 1976. Pero esas últimas escenas (la de la quema de libros y la de Videla) alcanzan para introducir el tema a la hora de la lectura. La autora deja una puerta abierta para que padres, maestros o quien se ocupe de leer a los más chicos puedan explicar la historia reciente, a su manera.
Más metafórico y poético resulta Camino a casa (Fondo de Cultura Económica). El ilustrador Rafael Yockteng imaginó un león, que acompaña a una niña en su solitario camino de regreso al hogar. La composición de esa familia (y la ausencia) se revela al final, a través de un portarretrato: en esa imagen feliz aparecen los dos padres con sus dos hijos. En las páginas anteriores, sólo hay una mamá.
Dice Lola Rubio, editora de FCE: "Lo que más me gusta de ese libro es la enorme empatía que se genera con esa corajuda niña, sobreadaptada a una realidad muy cruda, casi actuando como un adulto, con la gran ayuda de un león imaginario, capaz de defenderla de todo. Y también hay mucha empatía con esa mamá, una mujer sola, jefa de hogar, agobiada, abatida. Recién sobre el final se ve que es una historia sobre desaparecidos".
"No existe escritura sin memoria", dice María Teresa Andruetto. Maquieira cita la frase de la autora cordobesa y agrega: "La literatura pone palabras allí donde hay agujeros de silencio. Escribir es poner en jaque a la muerte".
Rompecabezas, María Fernanda Maquieira.

Ese desafío persiguió Maquieira en Rompecabezas, una novela para lectores desde los 12 años protagonizada por Mora, una chica que va descubriendo verdades y secretos a la par que se enamora, se hace amigos, crece. "Mora junta las piezas, construye, deconstruye y reconstruye las escenas de su vida, pero hay piezas que faltan, verdaderos agujeros negros: silencios, huecos, cuerpos que no están. Así, Rompecabezas propone un juego en el que cada pieza nombra aquello que no está, que no se puede decir: los padres, la ausencia, la muerte. De ese modo se suceden signos que ponen en palabras lo no dicho: pañuelos blancos (Abuelas de Plaza de Mayo), zapatos en el río (vuelos de la muerte), cartas en hojas verdes (la Guerra de Malvinas), entre otros temas", enumera la editora del sello Loqueleo, de Santillana.
Este año, Loqueleo publicó otros títulos que toman ese camino, como Piedra, papel o tijera, de Garland, una novela de iniciación que en la segunda parte cuenta el contexto histórico de la trama, ubicada durante la dictadura. También reeditó Irulana y el Ogronte, de Graciela Montes, a 25 años de su publicación, con ilustraciones de Virginia Piñón. Allí hay un "ogronte" que atemoriza al pueblo; un pueblo paralizado por el miedo, y una nena muy valiente que se anima a todo.
En El monstruo del arroyo, del catálogo de Loqueleo, Méndez también recurre a un monstruo para representar el terror: un terror impuesto por la fuerza que enfrenta a los habitantes de ese pueblo de fantasía que bien podría ser la Argentina.
El mar y la serpiente, Paula Bombara.

"Ni los adultos pensamos todos lo mismo respecto del pasado ni los niños son todos iguales. Los chicos tienen menos experiencia de vida, pero captan perfectamente lo que ocurre entre líneas. Es muy probable que demanden más explicaciones e información. Por eso muchos adultos temen a estos libros: después viene el momento de debatir, de hablar sobre situaciones dolorosas. Estas lecturas generan la necesidad de resignificar la realidad. Y qué mejor que dotar a los chicos de herramientas simbólicas para repensar la vida y todo lo que ella trae", completa Rubio.
En El mar y la serpiente (Norma), Bombara narra lo que piensa y siente una chica demasiado chica para entender algunas cosas, pero no tanto como para no darse cuenta de que algo extraño sucede.
Cuenta la autora: "Escribí la novela entre 1998 y 2005. Fue un proceso basado en la intuición y en la experimentación literaria, en el cual tomé como punto de partida lo que viví en la niñez. Puse en juego emociones hechas un nudo de sentidos y de dudas, inquietudes, incertidumbre. Para mí, cada autor, cada ficción y cada lector son universos que se conjugan de modo impredecible; no creo que haya una forma «indicada» de transmitir historias; hay muchos modos, atravesados siempre por la identidad de quien escribe y por la identidad de quien lee".

Al rescate de los libros prohibidos

Monigote en la arena y La torre de cubos

Los dos de Laura Devetach. Fueron prohibidos en 1977 por "exceso de imaginación" y"falta de objetivos trascendentes".

Un elefante ocupa mucho espacio

El clásico de Elsa Bornemann también fue incluido en una lista negra de títulos infantiles. En este caso, porque en uno de los cuentos los animales de un circo hacen huelga.

El pueblo que no quería ser gris y La línea

De Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. El primero fue reeditado por Colihue y el segundo, por Del Eclipe. A 40 años del Premio Casa de las Américas, la reedición recuperó la línea roja de la versión original.

N. B. 

jueves, 24 de marzo de 2016

NUNCAS MÁS


1976 El inicio del horror

El 24 de marzo, la Junta de Comandantes en Jefe derroca a María Estela Martínez de Perón y toma el poder. Jorge Rafael Videla se hace cargo de la presidencia. El 16 de septiembre se produce un hecho emblemático: la Noche de los Lápices
1977 Un momento clave


El 30 de abril, las Madres de Plaza de Mayo hacen su primera marcha de reclamo
1978 Fútbol y "tablita"


La selección gana el Mundial. Empieza "la tablita" (devaluación mensual del peso)
1979 El terror denunciado
El 6 de septiembre llega una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y recibe miles de denuncias. El 14 de ese mes, Videla dice en la Casa Rosada: "Es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido"
1980 Caída bancaria
El 28 de marzo, el Banco Central decide el cierre del Banco de Intercambio Regional (BIR), con un perjuicio para el Estado nacional que se estimó en $ 3200 millones
1981 Cambios en la cúpula


Roberto Viola toma el lugar de Videla. A fin de año, Galtieri reemplaza a Viola
1982 La guerra atroz


Derrota en Malvinas. Bignone sucede a Galtieri. Estatizan la deuda externa privada
1983 Vuelven las urnas
El 30 de octubre, se celebran las elecciones que consagran a Raúl Alfonsín