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domingo, 27 de octubre de 2019

OPINA SEBASTIÁN GALIANI,


Sebastián Galiani: "El mundo no confía en el modelo que propone el kirchnerismo"

Estudió Economía en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en la Universidad de Oxford. Ejerció la docencia en las universidades Di Tella, San Andrés y Washington, y, si bien actualmente está en la Universidad de Maryland, se tomó un semestre sabático para dar clases en la Universidad de Nueva York en Abu Dhabi; fue secretario de Política Económica entre 2017 y 2018
En 2009, Sebastián Galiani fue convocado a afiliarse al Jameel Poverty Action Lab (J-PAL), un laboratorio de pobreza que crearon Abhijit Banerjee y Esther Duflo, los recientes ganadores del Premio Nobel de Economía, junto con Michael Kremer.
El exsecretario de Política Económica del actual gobierno fue director de los programas de Educación, de Salud y de América Latina dentro del J-PAL, y fue miembro del directorio. Apenas hay 181 investigadores afiliados y Galiani es uno de ellos, al igual que el exrector de la Universidad Torcuato Di Tella, Ernesto Schargrodsky.
Luego de su paso por la función pública, en abril de 2018 el economista volvió a Maryland, donde da clases en la universidad desde 2012.
En una entrevista  Galiani dijo que "el mundo no confía en el modelo que propone el Frente de Todos y, entonces, cuando aumenta mucho la probabilidad de que el kirchnerismo vuelva al gobierno, el mundo se asusta con la Argentina".
-¿En qué consiste el laboratorio J-PAL?
-Este laboratorio se caracteriza porque los estudios que se hacen son siempre experimentales; ese es el método científico más riguroso para atribuir causalidad. Como el objetivo del laboratorio es informar sobre las políticas públicas, se tomó la decisión de que no esté la discusión metodológica en cada estudio.
-¿Son experimentos de economía del comportamiento?
-Están relacionados, pero no hay una limitación para buscar anomalías de comportamiento, que es lo que ha estudiado esta corriente. Un ejemplo es un estudio que hice en República Dominicana, donde había un programa de transferencias de ingresos a las familias más pobres; allí, en vez de darles el dinero, como pasa con la Asignación Universal por Hijo en la Argentina, les daban una tarjeta para comprar ciertos alimentos en ciertos almacenes. Lo que el gobierno comenzó a sospechar es que estos negocios les cobraban más caro a estas familias. Y esto tiene sentido desde la teoría económica, porque los almacenes tenían poder de mercado, porque no había tantos cerca como para que se generara competencia entre ellos. Trabajamos con el gobierno en una solución, que era aumentar la competencia afiliando más almacenes a este programa. Después de seis meses, si entraba algún almacén más a la competencia en un barrio, los precios que pagaban las familias pobres bajaban 6%. Así, confirmamos lo que sospechaba el gobierno y validamos la solución que propusimos.
-¿Cuándo se creó el laboratorio? ¿Ya había ganado un Premio Nobel alguno de sus integrantes?
-Entre los directores y afiliados este es el primer premio. El laboratorio se creó en 2003; es bastante joven y creció muchísimo en estos 16 años. J-PAL comenzó con solo seis miembros. Y se expandió hasta convertirse en un centro de investigación global, con 181 investigadores afiliados y 400 empleados en las principales universidades de investigación de todo el mundo. Hay registrados 2900 experimentos que se hicieron o que se están llevando a cabo.
-¿Alguno en la Argentina?
-Hace poco sacamos un paper con Rafael Di Tella y Schargrodsky, que también es afiliado de J-PAL, en el cual utilizamos un experimento que no hicimos nosotros, pero que es sobre la Argentina. Tiene que ver con la campaña negativa que el gobierno kirchnerista le hizo a Macri en el ballottage de 2015.
-¿De qué se trata?
- El gobierno anterior generaba informes en el programa 678, que no siempre reflejaban la verdad y en los cuales se lo trataba de pegar a Macri con la política de la última dictadura militar, usando imágenes y videos. Estos informes se pasaban también en Fútbol para Todos. Y se hizo un experimento para ver qué efectos tenía eso sobre cómo votaba la gente.
-¿Y qué conclusión sacaron? A simple vista pareciera que no tuvo mucho efecto, porque terminó ganando Macri...
-Es cierto. Pero en un momento, después de la primera vuelta, se esperaba que Macri ganara por 10 puntos, porque se creía que una parte importante de los votos de Massa iba a ir para Macri. Al final terminó ganando por dos puntos. Esa diferencia se achicó mucho en las últimas dos semanas, y nosotros encontramos que esta campaña impactó en el voto de la gente, reduciendo la intención de voto de Macri en seis puntos.
-¿Cómo se explica el resultado de las últimas PASO?
-Si uno compara las PASO de 2015 con las de este año, al Gobierno no le fue peor. Esta vez, el peronismo fue unificado. El candidato Roberto Lavagna no logró generar la atracción de votos que generó Massa en 2015. Eso en parte tiene que ver con la situación económica, que es mala: hay recesión e inflación alta, y eso afecta siempre al oficialismo. Pero no dejó de sorprender a mucha gente el resultado, porque las encuestas no lo anticipaban. Se le daba una diferencia razonable a favor de Alberto Fernández, de más de cuatro o cinco puntos, que estaba dentro de lo que el Gobierno consideraba que podía descontar, dado que entre las PASO y la segunda vuelta se polariza más la elección y vota una cantidad mayor de personas.
-¿Cree que el Gobierno puede dar vuelta la elección, teniendo en cuenta que tras las PASO la recesión y la inflación se profundizaron aún más?
-Es difícil hacer un pronóstico, porque al no tener encuestas se ha perdido la brújula. No sé cómo se está moviendo el electorado, pero están pasando cosas muy interesantes. La primera es que el Gobierno logró reencaminar su campaña y el presidente Macri está teniendo todos los días marchas muy exitosas, que muestran que hay una parte importante de la sociedad que entiende las dificultades con las que tuvo que lidiar estos cuatro años y está dispuesto a seguir apoyando. La economía empeoró después de las PASO, pero también el Gobierno ha logrado, por lo menos en un sector del electorado, hacer ver que eso es el resultado de lo que ocurrió en las primarias. El viernes previo a las primarias, una encuesta que decía que Macri estaba adelante hizo que la bolsa subiera y que el riesgo país bajara. Luego, una victoria mayor a la que todos esperábamos de Fernández generó lo que pasó después. Y eso también puede llevar a la población a repensar su voto.
-Usted dijo en entrevistas anteriores que a fines de 2019 la economía estará mejor que a fines de 2015. ¿Lo sigue pensando?
-Lo que yo siempre sostuve es que los fundamentos de la economía están mejor. Y lo sigo pensando. Se bajó el déficit fiscal significativamente, se arreglaron un montón de problemas de precios relativos, como el cepo y las tarifas. Ahora, de las PASO para acá la economía se deterioró de una forma que no anticipaba que iba a ocurrir, porque nunca anticipé que las primarias iban a mostrar esta diferencia. Las PASO tomaron por sorpresa a todos los analistas, por el margen que hubo en el resultado. Y eso siempre genera un deterioro en la economía, porque el gran problema que tiene la Argentina es que hay dos modelos de país muy distintos y el mundo no confía en el modelo que propone el Frente de Todos. Entonces, cuando aumenta mucho la probabilidad de que el kirchnerismo vuelva al gobierno, el mundo se asusta con la Argentina y eso afecta a la economía, porque afecta al crédito y al tipo de cambio. Post-PASO estamos anticipando lo que ocurriría si finalmente gana el Frente de Todos.
-¿El próximo gobierno heredará una situación mejor o peor que la que heredó Mauricio Macri en 2015?
-Creo que heredará una situación macroeconómica mucho mejor en los fundamentos, no en los resultados. El producto per cápita es más bajo y la inflación es más alta. En los resultados no está mejor la economía. En los fundamentos, sí está mejor.
-¿Sigue teniendo relación con el Gobierno?
-Desde que se fue Nicolás Dujovne [exministro de Hacienda] no tengo ninguna relación con el Gobierno, pero lo defiendo mucho en público porque creo que la Argentina tiene dos caminos. Uno en el cual con sacrificio y haciendo las cosas bien, le irá bien. Y el otro es el populismo que siempre está condenado al fracaso. Las sociedades crecen cuando ahorran, invierten y se integran al mundo. No hay otra forma, no hay magia. Ningún país lo hizo de otra manera.
-¿Cree que falló la comunicación del Gobierno para explicar estas cosas?
-Formé parte del Gobierno y no me dedico a criticar. Después del 10 de diciembre habrá mucho tiempo para analizar qué se hizo bien y qué se hizo mal. Por ahora, lo importante es rescatar lo que creemos que es positivo.
-Los funcionarios que pasaron por el Gobierno tenían curriculum importantes,. Sin embargo, la economía no anduvo como se esperaba. ¿Qué reflexión hace de su paso por la función pública?
-Yo no me incorporé al Gobierno el primer día. Llegué en enero de 2017 cuando ya había un plan antiinflacionario de metas de inflación y ya se había adoptado una estrategia gradual de reducir el déficit.
-Pero usted coincidía con ese programa; de lo contrario, supongo que no habría aceptado.
-Intentar bajar la inflación rápido fue un error y dije varias veces que en 2016 creía que se podría haber hecho más ajuste fiscal. Pero en el momento en que me llamaron, esas dos cosas ya no eran relevantes; ya estaba el costo hundido. Todavía creía que era posible mejorar y el mercado también lo creía, porque hasta abril de 2018 el relevamiento de expectativas que publica el Banco Central decía que la inflación iba a bajar en 2018 y 2019, y que la economía iba a crecer. Las cosas no son blanco o negro. Uno piensa que porque una o dos cosas no fueron las mejores, no se tiene que sumar al gobierno. Mi visión es que cuando a uno lo llama gente con la que tiene una afinidad y cree que puede ayudar, tiene que hacerlo. Me alegra haberme sumado al Gobierno. En lo específico que yo trabajé, que fueron todas las reformas que se hicieron a fines de 2017, creo que fueron exitosas. Pocas veces se logró acordar cuatro leyes como las que se aprobaron en el Congreso, como la reforma tributaria, la ley de responsabilidad fiscal, el acuerdo con las provincias para bajar ingresos brutos y el cambio en la fórmula previsional. Fue un paquete de medidas que estuvo bien pensado y muchos economistas coincidían en su momento. El problema fue que después vino la crisis y la gente se olvida de todo eso.
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domingo, 24 de marzo de 2019

OPINA SEBASTIÁN GALIANI


Sebastián Galiani: "Si el equipo de Lavagna son Duhalde y Barrionuevo, también es riesgoso"
Sebastián Galiani, economista y exsecretario de Política Económica del Gobierno
Como buen profesor universitario, siempre lleva un libro encima. Esta vez es Handbook of Fields Experiments, de Abhijit Banerjee y Esther Duflo, lectura liviana para sus vacaciones de primavera en la Universidad de Maryland si uno lo compara con la jungla económica argentina.
Esta última es la otra pasión de Sebastián Galiani. "La gente cree que salir del populismo es apretar un botón y después, todo resuelto", afirmó en una entrevista en su ex casa, el Ministerio de Hacienda, dos días después de debatir con Mauricio Macri el futuro económico de cara a las elecciones.
Exsecretario de Política Económica del Gobierno y padre de la reforma tributaria, volvió a defender el gradualismo y el tipo de cambio flotante, pero, sin embargo, hizo una autocrítica sobre algunos pasos tomados, sobre todo, el optimismo oficial para bajar la inflación.
También habló de Roberto Lavagna, hoy convertido en un candidato de relieve, por el menos, para parte del establishment. A es ministro no lo diferenció del kirchnerismo. "Si el equipo de Lavagna son Duhalde y Barrionuevo, también es riesgoso", dijo el economista y académico.
-¿Estamos en crisis?
-El año pasado hubo una crisis cambiaria, que tuvo como consecuencia una aceleración de la inflación. Pero no es una crisis económica como las grandes que tuvo la Argentina. No hubo crisis de deuda ni bancaria. El sistema financiero está muy sólido. Y la inflación, si bien fue más alta, no pasó a un nivel para considerar al evento una crisis inflacionaria.
-¿El segundo plan del FMI está funcionando o necesita nuevos retoques?
-El programa del FMI tiene dos componentes. Uno es la convergencia al superávit fiscal primario y está funcionando bien. Los dos primeros meses de este año, Hacienda anunció superávit fiscal, por lo que se está en camino a conseguirlo.
-Pero el Fondo amplió la posibilidad de un rojo, el mercado lo leyó como una negociación...
-No siempre es así. No focalizaría en esa información como un indicador de que está subiendo el gasto. Hay que ir viendo la reactivación de la economía. El Gobierno va a hace todo por cumplir con el acuerdo con el Fondo. El acuerdo es muy importante porque nos permitió financiar nuestra deuda y tener un programa financiero que nos deja muy tranquilo este año y el que viene a una tasa muy baja.
-¿Y el papel de la política monetaria? Hubo más restricciones...
-Tener un tipo de cambio flotante es un éxito muy grande. Esto te permite ajustar los shocks reales, como cuando tenés una sequía. Ahora tenés un tipo de cambio mas alto y lo compensás. Cuando tenés volatilidad nominal, un tipo de cambio fijo es mejor. La Argentina tiene, por su historia, mucha volatilidad nominal en los años electorales. Lo que hicieron con el acuerdo dos con el FMI fue un buen compromiso: seguir teniendo un rango de flotación, pero no dejarlo totalmente libre para dar certidumbre a la volatilidad nominal que viene con el juego electoral. Hay dos formas de visualizarlo. Con tipo de cambio fijo en la convertibilidad bajamos la inflación; pero cada vez que tuvimos un shock, el desempleo voló. Pasó en el Tequila, cuando se fue a 18%. También en la salida de la convertibilidad, que se fue a 14%. El costo ahí estaba no en la inflación sino en el desempleo. En 2009, el PBI cayó muy fuerte y qué fue lo que pasó: hubo una sequía y la crisis financiera internacional. Este año tuviste una sequía y una reversión de capitales a los emergentes. Y esas dos cosas le pegaron a la Argentina, pero no la hicieron caer ni como en 2009 ni el desempleo se fue a las nubes.
-Pero hubo casi 200.000 trabajadores privados menos el año pasado.
-Es un trade off. Te hace un ajuste más suave en lo real y tiene como contrapartida mayor inflación. Es un amortiguador. Venimos de una historia en la que siempre ajustábamos lo peor, con desempleo y caída del producto. Y al final venía una gran devaluación y con ella la inflación también. Este Gobierno ha hecho muchas reformas estructurales, que son inversiones, y las inversiones maduran a veces en un año y a veces en cinco. El éxito en término de lo que le llega a la gente va a tardar, pero va a llegar. ¿Por qué va a llegar? Cuando miro los cambios estructurales que se hicieron veo que el progreso es enorme. Este Gobierno ha saneado gran parte de la economía que heredó. Pasó de un déficit consolidado nación-provincias, bien medido, de 8,1% a uno de 3%. En esa fuerte baja, el gasto bajó más del déficit, porque subieron intereses y se bajaron impuestos. La baja del gasto es muy fuerte. Los que dicen que no se hizo nada, no miran los datos. Cuando este Gobierno asumió había atraso cambiario, había un cepo y había que salir de ahí. Sí, hubo una fuerte suba del tipo de cambio el año pasado, que fue una crisis cambiaria, pero es el resultante del cepo que va desde 2012 a 2016. Sin el cepo, no habría habido una crisis cambiaria. No es culpa de este Gobierno.
-Entonces tenían el dólar atrasado y las tarifas atrasadas, y existían como posibilidades las crisis o las sequías, ¿se jugaron a que no hubieran shocks en tres años?
-La otra opción era hacer el shock nosotros. Tener el shock con probabilidad uno o apostar, si nos va bien, a que la sociedad nunca pase por el shock e ir gradualmente ajustando tipo de cambio y cerrando el déficit. Era una apuesta mejor.
-¿Pero no era tener mejor un shock ordenado que otro desordenado?
-En teoría uno puede pensar que hay una cosa más ordenada. El ajuste que vos podrías haber hecho todo junto en vez de a lo largo del tiempo era el de las tarifas. Pero no hubiese pasado políticamente. En 2016 no se pudo hacer. Al Gobierno lo critican hoy por estos ajustes, imaginate si hubiese hecho uno más profundo. En el tipo de cambio se hizo el ajuste. Se fue de $8 a $16. Pero había tanto optimismo que la entrada de capitales no te dejaba hacer la corrección. El Gobierno no necesariamente puede hacer la corrección del tipo de cambio cuando lo decide. La corrección la hace el mercado. Puede hacer la nominal pero no la real. El tipo de cambio de 2016 no permitía arreglar la cuenta corriente, no la podías corregir con la entrada de capitales que había. Lo tuviste que corregir cuando hubo un shock. Tenía que haber un shock para corregir el tipo de cambio. Pero la idea original era que la productividad de la economía crecía por encima de la del mundo e ibas cerrando la brecha con el tipo de cambio sin tener que devaluar. Ese era el mejor de los mundos, porque no le pegaba a la pobreza. El Gobierno apostó a eso. A que la corrección de todos los desequilibrios que dejó el kirchnerismo le pegue lo menos posible a la pobreza. Necesitaba tiempo y que no hubiese un shock. Pero estoy seguro que el Gobierno eligió el mejor camino.
-¿No siente que hubo errores en ese camino?
-Eso ya es blanco o negro. Cuando yo llegué, el gradualismo existía. Cuando uno está en el Gobierno, ve qué implica cada reforma, cada cosa; los que piensan que se puede hacer todo en el día, no estuvieron en el Gobierno o, cuando estuvieron, no reflexionaron.
-Pero, ¿hubo errores?
-Errores hay todo el tiempo, en todos los gobiernos del mundo. Un gobierno que toma mil decisiones, en un contexto de incertidumbre, con información limitada comete errores. Acá o en EE.UU. Mirá si no el error de David Cameron de llamar al Brexit.
-Pero, ¿cuáles fueron las principales equivocaciones?
-Quizás a nivel macro no debimos haber sido tan optimistas con la capacidad que se tenía de bajar la inflación rápido. No tendría que haberse adoptado una meta por tres años. Eso te quitaba flexibilidad. No está mal tener metas, pero en un contexto en el que ajustás precios relativos y estás saliendo del cepo si pongo la meta en 17% y termino en 25%, hay que recalibrar y eso te genera una tensión institucional. Hubo más errores, más chicos. Pero el problema no es ese. El problema es lo que heredaste. No se podía arreglar rápidamente. De la única forma que se podía arreglar sin que nadie sufra era creciendo todo el tiempo y que todo lo demás saliese bien. No tenía probabilidad cero, pero tampoco uno. Con un shock de entrada o no, uno iba a pagar los costos de lo que se había gastado de mas en el populismo. Cuando uno tiene populismo vive por arriba de lo que puede y de manera sostenida en el tiempo. Esa es la definición económica. Cuando uno hace eso, tiene que hacer ajustes. Una posibilidad de hacer ajustes y que la gente lo sufra poco es ir por arriba, o sea, yo crezco y en esa trayectoria voy cambiando todo. Así, la gente no se baja. Si vos vas el primer día y dictaminás que se tienen cinco puntos de más de consumo y lo querés ajustar ese día, tenés que bajar los salarios a todos ese día. No hay otra forma de ajustar el consumo. El Gobierno apostó a la mejor estrategia para proteger a la población.
-En un país acostumbrado a vivir con ese gasto, ¿es posible esa corrección de consumo y a la vez ganar las elecciones?
-Cuando tenés una experiencia populista, en general lo que pasa es que tuviste un momento inicial de bonanza. Acá fue el precio de la soja, en otros lugares el del petróleo. Entonces, el nivel de consumo y de gasto publico se ponen al nivel de esa riqueza. Cuando el boom termina y tu riqueza cae, te quedás con un nivel de gasto muy alto. El cambio o la normalización de la economía se logra creciendo. Eso era el gradualismo. Pero eso no se abandonó. La Argentina va a volver al crecimiento, porque ha resuelto en buena medida el problema fiscal, las tarifas, el tipo de cambio y ya estamos hasta exportando energía. Se han resulto esos problemas y, en la medida en que Macri sea reelecto, nos va a ir muy buen, como a Perú o Chile. Tener equilibrio fiscal estructural, integrarse al mundo con tipo de cambio competitivo y flotante, dar previsibilidad y tener una economía de mercado. Este Gobierno está avanzando en normalizar el funcionamiento de los mercados. Se adoptó un tipo de cambio flotante, al costo de tener más inflación, pero con una inversión para absorber mejor los shocks y ha hecho un ajuste fiscal importante. Todavía le falta, pero este Gobierno también quiere llegar al equilibrio financiero. Con el Presidente hablamos de eso. De hecho, hablamos de cómo seguir después de las elecciones para llegar al equilibrio financiero. Este Gobierno también ha bajado inteligentemente los impuestos.
-Pero con la crisis se subieron las retenciones y este año la presión tributaria es récord.
-La presión impositiva es alta, pero es mas baja que en 2015. Es un punto y medio más baja. No solo eso. Hay una reforma tributaria que sigue su reloj. El año que viene bajan las ganancias corporativas al 25%, ingresos brutos y el impuesto al trabajo. ¿Qué le falta a la economía? Le falta previsibilidad. El primer trimestre de 2018 fue muy bueno, la inversión fue altísima y la inversión que no llegaba, llegó. Y llegó porque se había ganado la elección de medio término y se había despejado el riesgo de populismo por seis años. Había previsibilidad. Después vinieron los shocks y se paró todo, porque volvió la incertidumbre. Si nos recuperamos, cumplimos con el FMI y el presidente Macri es reelecto, se vuelve a abrir el horizonte temporal para la Argentina.
-Pero más allá del saneamiento estructural, la suba de la inflación por encima de los salarios, y la situación del empleo, ¿no son un obstáculo para la reelección?
-Sí. No estoy diciendo que los resultado que ve la gente son positivos. La gente ve la que la inflación es más alta y que la economía no esta creciendo. Nuestra tarea es explicarle a la gente. La salida del populismo no es tocar un botón y que se resuelva.
-Pero, ¿qué cree que pesará a la hora de la reelección, el discurso o la billetera?
-Ambas cosas. Cuando alguien vota, tiene que mirar a futuro. Yo tengo que convencerlos de lo siguiente. Hicimos un esfuerzo único para salir del populismo. Este Presidente ha avanzado mucho en esos cambios. Ahora llega la hora de cosechar. Parte de nuestra tarea es contarles que lo que hicimos tuvo costos y que lo lamentamos. Elegimos un camino, que era el gradualismo, porque minimizaba los costos. Ahora, a veces, hay shocks y no se puede. Ahora hay que elegir. Nos va a ir bien si seguimos por este camino, si no, no solo no nos va a ir bien, sino que echamos a perder el esfuerzo que hicimos. Y eso es un pecado, pero ya lo hemos hecho en el pasado.
-¿Por ejemplo?
-La convertibilidad tuvo una virtud. Terminó con la inercia inflacionaria en la Argentina. Fue la única vez. Tuvo un costo muy alto: el desempleo. ¿Qué hizo el kirchnerismo? Volvió a generar inflación e inercia inflacionaria. No respetó la memoria de esos desempleados. Todo ese sacrificio lo tiró al tacho para gastar de más. Eso tenemos que explicar. Todo lo que hicimos para recuperar la energía se puede perder. Todo lo que hicimos para recuperar el equilibrio fiscal se puede perder. Todo lo que hicimos para recuperar la competitividad interna se puede perder. Todo lo que hicimos para bajar la presión tributaria se puede perder. Importa cómo está la situación de los votantes, pero estamos viendo que la inflación va a ir bajando y que la economía va ir creciendo. Se va a llegar con una economía mucho mejor a las elecciones. Esto va a ser igual que en 2017.
-Volviendo al acuerdo con el Fondo: como se amplió el gasto, también se hizo más restrictivo el plan monetario del Banco Central. ¿Alcanzan los dólares para para absorber los pesos en circulación en tiempos de elecciones cuando crece la dolarización de carteras?
-Depende de la demanda de dinero. Para los precios que hay con esta demanda de dinero, sí. El dólar es un activo y, como todo activo, depende de la rentabilidad esperada. Va a depender además de las perspectivas de quién vaya a ganar la elecciones. Vamos a tener que ir monitoreando eso. El gran riesgo que tiene la Argentina es la vuelta del populismo.
-¿Quién es el populismo?
-El populismo es el kichnerismo.
-¿Y Lavagna?
-No tengo clara su visión, porque estuvo por todos lados, con el kichnerismo y con el radicalismo. Lo que importa es el equipo. ¿Cuál es el equipo de Lavagna? ¿Barrionuevo?¿Duhalde? Si es ese, también es riesgoso.
-Los primeros dos meses de este año mostraron una inflación muy alta y, para marzo, algunas consultoras ya hablan de 4%, ¿Cómo ve el avance de la inflación?
-Va a tardar más en bajarse de lo que se pensó cuando hicieron el segundo acuerdo con el FMI. Pero va a ir bajando. La expansión monetaria no va a acompañar esas tasas de inflación y, por otro lado, hay componentes muy específicos en estos meses hasta abril. Estoy hablando de las tarifas. Por otro lado, hubo algunas fuertes subas de productos primarios, como la carne. En parte, esto último tiene que ver con que hubo un boom de exportaciones. Eso, si bien es malo para el índice de inflación, es bueno para recuperar las exportaciones. ¿Cuál fue la respuesta del kirchnerismo a la misma situación? Cerrar las exportaciones y destruir el stock de ganado para que no suban en un par de meses los precios. No es el camino.
-¿Qué posibilidades hay de que la Argentina vuelva tener una crisis cambiaria?
-Uno no espera ningún shock. Primero, por definición, sino no se llamaría así. Estamos pensando que no solo no va a haber sequía, sino que la cosecha va a ser récord. Además, que los capitales van a volver a los emergentes, aunque tenemos el financiamiento asegurado por el Fondo. Tenemos todo para que no pase. ¿Qué hay distinto? La elección, que genera ruidos.
F. J.