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sábado, 30 de diciembre de 2017

¿ QUIÉN ES ÉRICA RIVAS ?


Érica Rivas: "Convivimos con enfermos de poder que creen que nuestro cuerpo es de ellos y pueden hacer lo que quieran"
Ante la inmensidad del espejo que simula reflejarlo todo, Érica Rivas se mira y lamenta no tener en su camarín ninguna imagen. No están Niní Marshall ni Miranda, la hija que parió hace 16 años en la cocina de Villa Ortúzar con la ayuda y el aliento de Rodrigo de la Serna, el hombre con el que compartió más que una década. Se lamenta ante el vacío la mujer que, decidida a abrazar la actuación, con 21 años dejó con dolor y bronca la casa de sus padres. Estaba dispuesta y convencida a seguir un sueño sin importar los sinsabores que más tarde dejarían cicatrices. Las mismas cicatrices que hoy se anima a mirar y a reconocer como parte de un aprendizaje que la llevó a consagrarse como una de las mejores actrices de su generación, con personajes que se instalaron en la memoria colectiva. ¿Quién no recuerda a María Elena de Casados con hijos o a la novia ensangrentada de Relatos salvajes?
A cara lavada y frente al espejo, Érica agradece cada reconocimiento con cierto pudor, una timidez escondida que se devela en la expresión de su rostro. De hablar suave y dueña de una risa dulce y contagiosa, le da peso a cada palabra, a cada reflexión. La mayoría, atravesadas por el compromiso como mujer ante una sociedad que reclama contra la desigualdad de género.
Enciende un sahumerio, sirve dos tazas de café y confiesa el dolor que siente en el cuerpo. "Me entregué por completo", dice sobre Selena, el personaje que compuso en Bruja, la tercera película de Marcelo Páez Cubells, que la volvió unir en escena a su hija Miranda y que entremezcla el mundo místico con la búsqueda desesperada de un madre soltera, cuya adolescente es secuestrada por una red de prostitución. "Me involucré mucho con la historia, con la problemática de la trata, de la esclavitud, con la persecución de las mujeres desde que el mundo es mundo."
-Ensayistas feministas como Anne Lewellyn, autora de La caza de brujas, en Europa, y Silvia Federici, en su libro Calibán y la bruja, revisan distintos momentos históricos y destacan que la herejía y la brujería no eran más que supuestos delitos instaurados por la misoginia.

-Hablamos de mujeres estigmatizadas, quemadas en la hoguera [unas nueve millones fueron víctimas de un genocidio en Europa y Estados Unidos durante los siglos XVI y XVII]. Aún hoy la imagen que se tiene de una bruja está relacionada con un ícono de maldad, de terror; sin embargo, eran mujeres que tenían algo para decir. Eran independientes, sus voces fueron calladas. Cuánto nos falta conocer a estas mujeres que desafiaron el orden patriarcal. La brujería está relacionada con la esclavitud, con la trata y con el origen del feminismo.
-Fuiste de las primeras voces del #NiUnaMenos. El tema se instaló. ¿Qué reflexión te merece?
-Pareciera que cada vez estamos peor, por la cantidad de casos que hay. Lo que sucede es que hay una mayor conciencia. No hay leyes que acompañen y las que están son antiguas, ya no sirven. Tenemos que armar cosas nuevas. La conciencia avanza mucho más que lo formal. Ya lo sabemos, vivimos en una sociedad patriarcal y de repente empezamos a despertarnos y a romper con mandatos, enseñanzas que nos vienen formando desde hace miles de año. Es mucho, es monumental lo que hay que hacer. Nos vamos a equivocar una y otra vez, y también nos vamos a ir de un extremo al otro.
-¿Te considerás feminista?
-Sí, aunque reconozco que estoy encarcelada en un montón de parámetros y en ciertos mecanismos machistas. Lo detecto, puedo verlo. Lo que realmente sucedió es que el problema ganó visibilidad. Ahora, comienza a haber datos, ya no hablamos de crímenes comunes, sino de crímenes de género, de femicidios, y eso es diferente. Hoy en todas nosotras hay algo que nos hace ruido, que nos lleva a preguntarnos qué pasa, qué nos pasa. Lo que digo puede parecer muy básico, pero tenemos que hablar entre nosotras, estar atentas a lo que nos ocurre, ser parte del cambio. En el camino uno va construyéndose y destruyéndose. Es un aprendizaje, en todo el mundo. Hay un cambio: cuando fui a la primera marcha muchos hombres no entendían porque hablábamos de femicidio y no de asesinatos, de violencia; hoy, esos mismos hombres entienden por qué necesitamos alzar la voz.
-¿Detectás en Miranda un cambio frente a estos temas?
-Ella tiene una mirada diferente. No termina de darse cuenta de todo lo que hemos vivido hasta ahora. Ella no siente que tenga dificultades por ser mujer. Por eso, siempre le digo: "Hija, yo te doy la posta, vos seguís, vos construís, no sé cómo va a ser el mundo. Me encantaría que seas feliz, te voy a ayudar en todo lo que pueda, pero muchas veces me equivoco por haber vivido en otro mundo, por haberlo construido y también destruido". Los chicos hoy tienen una apertura que me sorprende. Imaginá que muchos nacieron en la era del matrimonio igualitario, con dos papás o dos mamás; o viven con familias ensambladas. Tienen mucho menos rollo que nosotros, por lo menos en estas cuestiones.
-¿Cómo fue compartir el rodaje con ella?
-Hermoso, qué puedo decir. Verla feliz, creo que es lo más maravilloso que le puede pasar a una madre. Quiero acompañarla en este camino. Me encanta verla actuar, ser parte de su formación. Este amor se lo transmitimos con su papá. Veremos qué le irá pasando, cómo armará su recorrido, su camino. Para Bruja, investigamos juntas el tema de la trata, de la brujería, de las redes de prostitución.
-¿Apelaste a tus emociones personales para componer a esa madre?
-Imposible no hacerlo, teniéndola también a Miri conmigo. Juntas vimos a esa madre desesperada, capaz de hacerlo todo por recuperar a su hija secuestrada. Trabajé con esa empatía que tenemos con tantas mujeres que sufrieron el rapto de sus hijos; conocemos esa historia, somos parte de esa historia. El dolor me atravesó. En la película hago todo por llegar a mi hija. Soy una heroína que no usa armas, que utiliza los hechizos, posesiones, todos los recursos para encontrarla.
-Te casaste muchas veces en la ficción, pero nunca en la vida real. Llegaste a decir que el matrimonio "es el corset del amor".
-¿Dije eso? Quizá estaba usando mucho corset por esa época. [Se ríe.] Es cierto, me casé muchas veces en la ficción. El otro día una amiga mía, lesbiana, me decía en broma que ella siempre quiso estar fuera del sistema; ahora está casada, con papeles y todo. Es como dice Liliana Felipe: "Todos tenemos derecho a ser igual de infelices".
-¿Nunca te abrazaste a esa idea de ser la mujer de...?
-No. El problema con ser la mujer de... es que muchas quedan atrapadas, luego de una separación o un divorcio, en la nostalgia del por qué no funcionó el para siempre, esa fallida idea con la que crecimos. Muchas en esta búsqueda de felicidad dejan de lado su vocación, su trabajo, se dedican por completo a su familia y terminan dependiendo económicamente del marido. Y cuando se separan deben no sólo ocuparse de sus hijos, sino reencontrarse con lo que dejaron de lado, salvo que tengan la suerte de cobrar una herencia. A las que viven en la ciudad les puede parecer raro, porque la mayoría son mujeres trabajadoras, pero yo que vivo en Ingeniero Maschwitz lo veo mucho. En los countries suele pasar. He tenido que acompañar a amigas en el camino de vuelta a sus profesiones después de un divorcio, o de encontrar algo que les gustara, que les hiciera bien. Pienso en esto y no sólo en el terreno laboral, sino también en el sexual. Uno pensaría que hablamos de terrenos ganados, pero, cuando te encontrás con mujeres que nunca tuvieron un orgasmo y son madres de cuatro chicos, te das cuenta de que no está funcionando. Nos educaron para gustar, para agradar siempre. La cuestión es cómo queremos gustar. ¿Somos capaces de gustarnos a nosotras mismas? ¿Nos permitimos estar mal? El problema no son los demás, sino que nosotras no seamos capaces de permitírnoslo. Ni siquiera nos perdonamos envejecer.
-¿Te preocupa envejecer?
-Cuando cumplí 40 años, todos me preguntaron cómo me sentía. Imagínate lo que significa envejecer siendo actriz.
-¿Y cómo te sentiste?
-En un hombre, la edad pareciera valorarse; se habla de crecimiento de un artista, de su madurez. Con suerte a una mujer sólo le dejan el título de sabiduría, que uno adquiere con los años. Pero yo quiero seguir deseando, seguir gozando. Es como si en un momento de la vida te hicieras anciana y tenés que resguardarte en la sabiduría. Ya no hay belleza, no hay dulzura, no hay sexo, no hay nada más, sólo sabiduría. ¿Y la belleza? ¿Desaparece?
-¿En dónde solés encontrar la belleza?
-En todos lados. Me gusta mucho la naturaleza y, observándola, de alguna manera te ayuda a disfrutar de diferentes momentos. El encuentro con las plantas, no sólo en primavera, sino en la belleza de cada estación. No me aburro y eso tiene que ver con vivir en la naturaleza, con el reencuentro con uno mismo.
-¿Ese contacto con la naturaleza lo construiste desde chica en tus años en Ramos Mejía?
-Sí, totalmente, tiene que ver con la niñez, quizá con mis abuelos, que también eran amantes de la naturaleza. Con toda mi familia, ahora que lo pienso. Mi abuelo, de 100 años, tiene un patiecito chiquito [lo dibuja con los dedos en el aire, para dar una idea de su tamaño], con 18 mil plantas. Para mí la naturaleza lo es todo. Es el lugar de inspiración, de relajación, de conexión conmigo. Pero no hablo de meditar en el pasto, descalza. No, también uno se encuentra a sí mismo cortando rosales, jugando con los animales, viendo cambiar el día. La naturaleza no me angustia, no me deprime. Aprecio mirar un árbol, el cielo. Es terapéutico.
-Algunas terapias ponen el foco en el contacto con la naturaleza: podar, alzar hojas.
-Si sabés de alguien que quiera hacer terapia, avisame: tengo un montón de cosas que hay que hacer en el jardín de casa [risas]. Antes no me daba cuenta de los cambios de las estaciones del año, pasaban como cuadros, pero ahora descubro en cada una cosas diferentes, como las noches implacables de invierno. Sinceramente, la naturaleza es mi refugio. De hecho, me gustaría irme a vivir más lejos.
-Imagino que, por su edad, a Miranda no le gustará demasiado esa idea...
-En su momento, la decisión de vivir afuera, lejos del centro, la tomé también como madre. Ahora, Miranda como toda adolescente tiene ganas de vivir en la ciudad. Siempre le digo que toda la paz que vivió en su infancia en algún momento va a volver, que son cosas que quedan en uno. Como me sucedió a mí. Me parece tan raro que la gente quiera vivir toda amontonada en la ciudad. Amontonada y angustiada. Cuando estoy acá [en el centro de Buenos Aires] siento que no estoy haciendo todo lo que tendría que hacer, o que creo que debería hacer. Me siento como un pollo al que alumbran para que coma todo el tiempo. Incluso cuando te encontrás con alguien, lo primero que te preguntan es: "¿Qué estás haciendo? ¿En qué andas?", como si uno tuviera que estar produciendo todo el tiempo. Estar activo sobre todas las cosas. ¿No es raro? Y eso que yo estoy con muchas cosas a la vez... pero si no tengo nada, no me angustio. Creo que vivir lejos me hizo poner paños fríos a esta inercia. Fue clave instalarme en el campo, me hice vegetariana... Fue como si me hubiera dicho a mí misma, tranquila, no tenés que estar bicicleteando todo el tiempo.
-A los 21 años dejaste la casa de tus viejos con el dolor y la bronca de que no acompañaran tu deseo.
-Más que nada temía que tuvieran razón. Ellos no tienen nada que ver con esto [se refiere a la actuación: la mamá es profesora de literatura y el padre, actuario] y querían que yo tuviera una carrera universitaria para que me banque económicamente, que la actuación la tuviera como un hobby. La tuve que pelear mucho. Hasta me anoté en la facultad de psicología y cursé varios años. Con el tiempo los entendí.
-Alguna vez dijiste que no mirabas televisión porque te preocupaba que le metiera miedo a Miranda. ¿Hoy a qué le temés?
-Sigo sin ver televisión y recomiendo no mirarla, por el miedo, por la sensación creada de que todo va a ser horrible y cada vez peor. No la veo por la angustia que me generan las cosas que pasan. A veces siento que no es verdadero lo que me muestran y, otras, siento que no lo puedo abarcar, que no puedo aguantar toda la angustia de lo que ocurre en Siria o en tantos otros lugares. Y tener una hija adolescente es todo un tema, no sólo por el miedo que se filtra en los medios, sino por lo que transitamos. Tener una mujer hermosa, inocente, joven a mi cargo con el paradigma cultural que tenemos, no es fácil. Convivimos con enfermos de poder que creen que nuestro cuerpo es de ellos y que pueden hacer lo que quieran. Me escucho a mí misma diciéndole a mi hija: "¿Vas a salir con esa pollerita?". Yo misma diciendo eso y me enojo, pero se lo tengo que decir, alguien se lo tiene que decir. Le inoculo esa mierda en su cabeza. Le inoculo que no puede disfrutar de su cuerpo como quiere, de lo hermoso que es, le digo que no puede vivirlo con alegría, con libertad, sin tener miedo. Y encima de eso, tenés a los medios que después juzgan a las chicas a las que les pasó algo, porque salieron de noche, con polleras cortas o no estudiaban el secundario y se drogaban...
-El jueves se estrenó La cordillera, la película de Santiago Mitre en la que Ricardo Darín es el Presidente y vos, su secretaria personal.
-Es un personaje que me costó mucho, porque quería explorar lo que significa ese lugar de poder para una mujer, un espacio tan estigmatizado desde lo masculino. Intenté imaginar cómo es ese ámbito en el que jamás me interesó estar. Recuerdo que mi abuela siempre decía que mi papá iba a ser presidente, porque él había sido medalla de oro en la facultad. Creo que, por lo general, uno no piensa eso de una mujer, no cree que va a llegar a presidente, aunque sea medalla de oro en la facultad. No se te ocurre ni siquiera imaginarlo. No debe ser fácil para una mujer estar en un lugar con tal poder y tan definido por el hombre.
-¿Ya te animaste a la dirección?
-Estoy codirigiendo con Marcela Balza el documental que tiene como protagonista a Marilú Marini. También actúo un poco en él. Es todo un desafío, pero a la vez tan placentero... Marilú es una mujer que admiro y quiero. Todo un referente para mí. Tiene una gran memoria emocional y cada encuentro que compartimos es maravilloso. Volviendo a la pregunta, poco a poco me voy sumergiendo en la dirección. El corto que tenía previsto filmar [La confesión] está en stand by y pronto retomaré el proyecto del largometraje Si me quieres escribir con Cuini Amelio Ortiz. Ella está trabajando ahora en un documental sobre la maravillosa Margarette Von Trotta.
-En mayo viajaste al festival de Cannes con La cordillera. En ese marco tuviste tu momento con David Lynch.
-[Risas] Imaginate. Sólo fue de cholula, no es que él me dijo "quiero trabajar con vos". Es uno de mis directores favoritos. Cuando lo vi me puse colorada, no podía creerlo. Me insistieron, casi me obligaron a que me sacara esa foto. Estaba en estado shock. Por uno de sus libros, en el que habla del camino de ideas y creatividad, empecé a hacer meditación. Cada vez que veo algunas de sus películas, descubro cosas nuevas y entiendo otras. Es un director que está metido en mis pesadillas.
Bio
Profesión: actriz
Edad: 42 años
En 2005 se hizo popular en la TV con Casados con hijos. En 2011, obtuvo un Konex por actriz de la década en cine. Con Relatos salvajes volvió a demostrar su versatilidad. Ahora, coprotagoniza La cordillera y termina el rodaje de Bruja, junto a su hija Miranda, de 16 años.


F. SCH

sábado, 22 de octubre de 2016

DANIEL MELINGO....REPORTAJE MÚLTIPLE


El tango nómade de Daniel Melingo
 Anda, su nuevo álbum....El músico contesta las preguntas de sus colegas


De cuna tanguera y juventud rockera, Daniel Melingo vive sus días de linyera en un universo que funde las músicas del mundo con el espíritu arrabalero. El ex miembro de Los Abuelos de la Nada y Los Twist acaba de editar Anda, su octavo álbum como solista, en el que cruza el tango con la psicodelia y a la canción francesa con el sonido rebético de la Grecia del siglo XIX. Nómade por naturaleza, Melingo encuentra en Anda su travesía ideal, yendo de la Buenos Aires de los años 80 al Japón de la década del 30, pasando por París, para luego terminar en China y otra vuelta más. Comenzará una gira que lo llevará durante un mes por Holanda, Gran Bretaña, Portugal, Francia, Suiza y Bélgica.
En esta nueva edición de Entrevista colectiva, Melingo responde las preguntas que le hicieron músicos y viejos compañeros, que lo pasean por su pasado, su presente y su futuro.
1. Richard Coleman
-A lo largo de tu carrera siempre te has destacado por tu condición de elegante. ¿Cómo lleva la elegancia el Linyera y cómo puede perder un zapato (uno solo) y seguir canchereando?
-Je, je. Mantener la elegancia es uno de los fundamentos del linyera. Aunque uno se imagina al linyera con una bolsita y harapos, no es el caso. Mi personaje del linyera, por la galera y por lo que sea, es un poco atemporal, ni pobre ni rico, es un vagabundo. Está construido desde el camino. En cuanto a lo del zapato es importante para mí y también la forma en la que lo descubro. De alguna manera me hace conectar con una parte que tal vez sea un poco simbólica, pero que es muy importante. Es una conexión con lo despojado. Por más que yo con el zapato haga chistes, desde que es un teléfono hasta que es como una mascota, en realidad en escena lo uso como un elemento simbólico y como un instrumento escenográfico. Por eso la elegancia y la estética ante todo.

2. Alfredo Piro
-Una vez dijiste: "El tango me dio la necesidad de aprender". ¿Qué fue lo que aprendiste hasta ahora del tango y por qué fue el tango el propulsor de esa necesidad?
-El tango me acompañó desde muy chico. En mi familia hay muchas personas muy tangueras, algunas ya fallecieron, pero el tango siempre me acompañó como una moneda corriente. Y creo que el tango me dio la necesidad de aprender porque su técnica está un poco lejana de la técnica que utilizamos para hacer rock o cualquier otro ritmo. Yo soy fundamentalista de desalambrar los géneros, pero técnicamente el tango requiere de una escuela y un conocimiento determinados, sobre todo para cantarlo. Ahora estoy con mi segunda profesora de estos últimos diez años y estoy aprendiendo a dejar el ego de lado, que para un cantante es muy difícil. Pero sin dudas la técnica es lo que el tango me hizo aprender otra manera de hacer música.
3. Alejandro Guyot
(34 Puñaladas)
-El tango nace de una mezcolanza no sólo de músicas, sino también de idiomas, de ritmos, de dialectos de distintos continentes, que terminaron dotando al género de una personalidad inconfundible. ¿Cómo pensás que hoy sigue operando esa retroalimentación de géneros en la Argentina?
-Indudablemente éste es un momento de gran fusión, justamente con todo el advenimiento de músicos de otras técnicas, no músicos de otros lugares, porque generalmente los músicos de rock tienen en esencia al tango. Por eso hablaba de la técnica. Hoy el tango se sigue nutriendo con creadores de otros costados de la música, como puede ser el rock nacional, el jazz, el folklore. Todo eso lo va nutriendo, especialmente en las idas y vueltas, porque fundamentalmente el tango es nómada.
4. Pipo Cipolatti
a) -¿Cómo fue que tan prontamente te acercaste a un instrumento como el Ondas Martenot?
b) -¿Cuándo volveremos a grabar un tema nuevo juntos?
a) -El Ondas Martenot me acompañó desde mi primer momento de estudiante, en los años 70. Entre todos mis maestros tuve la suerte de estudiar con Rodolfo Arizaga, un compositor de vanguardia de los años 50 y 60. A fines de la década del 50, él había conseguido traer el primer Ondas Martenot al país, que es como el antecesor del sintetizador, parecido a un teremín y por supuesto de sonoridad similar a algo que yo utilizo mucho, que es el serrucho, la sierra musical, que en los shows lo toca Muhammad Habibi.
b) -Bueno, eso está en carpeta hace bastante. Es cuestión solamente de abrir y soltar las fieras para que se junten.
5. Leandro Lopatín
(Turf)
a) -¿Qué recordás del Ibiza de 1984, cuando fuiste a grabar con Los Twist? ¿Qué música sonaba?
b) ¿Cuáles eran tus influencias en la época de Lions in Love?
a) -Fue la grabación de Cachetazo al vicio y fue fantástico. Por primera vez trabajamos con un técnico inglés y lo más difícil fue explicarle que queríamos un sonido subdesarrollado, que era el sonido básico de Los Twist. Finalmente lo conseguimos y es una joyita ese disco. Lo convencimos de mantener nuestro sonido subdesarrollado. Me acuerdo que sonaba Franky Goes To Hollywood. "Relax" era el hit del Ku de Ibiza, donde tantas noches fuimos después de trabajar en el estudio Mediterráneo, en el centro de la isla. Era una discoteca al aire libre, que en los 80 era toda una novedad, con una pileta enorme en el medio..., un ambientazo.
b) -Los Lions hicimos una vista hacia el pasado, teníamos mucha influencia de Jimi Hendrix, de la psicodelia de fines de los años 60 y comienzos de los 70, de los primeros álbumes de Pink Floyd, de The Who, todo lo que fuera el funky. James Brown era pieza fundamental para los Lions. Todo lo que tuviera wah wah en las guitarras nos gustaba.


6. Cucuza Castiello
-Siendo un referente indiscutido del rock nacional y más allá de las influencias tangueras, ¿cómo, cuándo y sobre todo por qué el tango te tomó por completo?
-Cuando yo volví al país después de diez años de vivir en Europa, alrededor del 95, 96, fue automático: llegué a Buenos Aires y me envolvió la pasión por esos temas que después fueron al disco Tangos bajos. Mi vuelta de diez años de ausencia fue lo que me provocó todo eso. Lo primero que escuché fue a Edmundo Rivero y Carlos Gardel, que siempre me había acompañado. En Europa yo tenía un dúo con Stefanie Ringes, la cantante de Lions in Love, con el que tocábamos en las calles de Amsterdam y de París todo un repertorio gardeliano.
7. Antonio Birabent
-¿Qué escuchás cuando te levantas a la mañana y qué escuchás a la noche?
-No tengo un método para escuchar música. Generalmente intento escuchar el silencio o el sonido del lugar donde me despierto y de donde me voy a dormir. No utilizo el sonido en lo posible hasta encarada la vigilia, porque trabajo todo el día con el sonido, entonces para mí en esos momentos el silencio es lo mejor de la música.
8. El Ministro
(Orquesta Típica Fernández Fierro)
-Dicen que el tango está muerto. ¿Creés que es así o que aún podemos darle la estocada final?
-No, me parece que es una frase cliché que no hace referencia a lo que pasa. Es una frase muy tanguera, también, porque los tangueros somos muy fatalistas y necesitamos tener la muerte cerca para pensar. Pero creo que está más vivo que nunca, que es otra frase cliché. Es un momento de nutrirse. Creo que en los próximos años se va a ver el trabajo que se está realizando ahora muy seriamente, con muchos músicos muy talentosos. Por otra parte, yo digo que el oficio de verdugo es muy difícil, ponerse a matar gente no es nada fácil..., y mucho menos a un género.
9. Andrés Vilanova
(Carajo)
-Después de tantos años, ¿cómo hacés para mantenerte escuchando música nueva? ¿Escuchás música nueva?
-Generalmente escucho música a través de gente que voy conociendo en los viajes. La oferta de música hoy es enorme y es difícil centrarse, entonces estoy permeable a cualquier tipo de música, no sólo rock, pop o rap, sino también a músicas regionales que son muy de mi agrado. Música de las regiones de los diferentes lugares donde voy viajando y dando conciertos: Turquía, Grecia, Marruecos, Argelia, todos países muy ricos en música. Siempre hay una nueva oportunidad de conocer músicas autóctonas que se siguen tocando hoy, más allá de las creaciones modernas, con sonidos electrónicos, que también tengo acceso por amigos disc jockeys y productores. El abanico es enorme.
La máquina del tiempo
Luego de su gira europea y en el lapso de apenas un mes, Daniel Melingo se meterá en la máquina del tiempo y revivirá, al menos por unos instantes, los años de sus primeras y más importantes bandas de rock: Los Abuelos de la Nada y Los Twist. Primero, el 22 de octubre, en el marco del show de Andrés Calamaro en el Personal Fest, subirá al escenario para reunir luego de mucho tiempo a Los Abuelos. Un mes más tarde, también en escenario ajeno, esta vez en el de su amiga Fabiana Cantilo para su show Proyecto 33 (que se llevará a cabo el 22 de noviembre, en el teatro Maipo), Melingo volverá a formar parte de Los Twist por un puñado de temas.
S. R.

viernes, 14 de octubre de 2016

TIM BURTON, REPORTAJE


Entrevista de Fabiana Scherer
No hace tantos siglos que los padres de niños peculiares sencillamente creían que les habían arrebatado a sus hijos «reales» y los habían sustituidos por otros, es decir, por criaturas hechizadas y malignas, por no mencionar dobles totalmente ficticios, lo que en épocas más oscuras era considerado una licencia para abandonar a las pobres criaturas, si no matarlas directamente.”


Cuando Ransom Riggs escribió El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares no imaginó que su obra sería llevada al cine por Tim Burton, el hombre que supo ser un niño peculiar y que al igual que Jacob, el protagonista de esta historia, no huyó de los monstruos ni de esos seres a los que llamaban raros, al contrario, los buscó y en ellos encontró la humanidad que otros pretendían no ver.
Estaba destinado a ser un niño extraño, eso decían y pensaban de Timothy William Burton en la soleada Burbank, California, ciudad que lo vio crecer.
“Pero no me sentía raro”, cuenta Burton, vestido de negro de pies a cabeza en una de las habitaciones de un hotel londinense. Lo único que da color a su vestimenta son unos lápices y lapiceras que asoman desde el bolsillo izquierdo de la camisa.
Con el pelo revuelto a lo Robert Smith, más flaco que de costumbre y una verborragia que se prolonga en el aire con el dibujo de sus manos en cada respuesta, Burton reflexiona: “El problema es que todo se categoriza, a todo se le pone una etiqueta y uno esto lo vive desde que es chico, desde que vas al colegio y prácticamente te obligan a estar dentro de un grupo. Y si te gusta algo diferente. -piensa en voz alta-. Todos creían que yo era raro porque me gustaban las películas de monstruos, el género de terror, pero eso no te hace una persona extraña. La verdad es que yo no me sentía raro. Para mí, extraños eran los otros.”
Sus propios padres, ya fallecidos, reconocieron en más de una oportunidad que nunca entendieron al hijo que sólo quería crecer rápido para poder trabajar de hombre dentro del traje de Godzilla y que intentaba todo el tiempo escapar de esa prisión que otros llamaban hogar.
Al igual que el chico Ostra, uno de los personajes del libro de poemas La melancólica muerte de chico Ostra que escribió e ilustró y que tanto tiene que ver con él, Burton sentía que era un extraño en su propia casa. Por eso, a los 12 años se fue a vivir con su abuela. “Ella fue la persona más importante en mi vida -comparte el director el sentimiento por aquella mujer-. Era un ser mágico y especial. Ella fue la que me permitió soñar.”
Su deseo más preciado e
ra ser normal, vivir una vida normal. Quería para usted lo que jamás pudo tener para sí -le confiesa Miss Peregrine a Jacob el anhelo de su abuelo, una relación que Burton destaca y considera única, haciendo referencia a su propia historia-. Pero jamás pudo escapar de su peculiaridad.
“Mis padres sufrieron de ese ideal de familia perfecta -reconoció en una vieja entrevista-. Creo que en el ambiente en el que crecí hubo un trasfondo de normalidad. Ni siquiera sé lo que significa la palabra, pero se ha quedado atascada en mi cerebro.”
Y el deseo se realizó/ Dio al fin a luz un bebe./ Pero éste, ¿era humano o no? Bueno, quizá. Tal vez/ Diez dedos en pies y manos, / y demás órganos sanos. /Pero, ¿normal? No, ni hablar, escribió Burton en verso la historia del chico Ostra, que termina devorado por sus propios padres.
“Normal”, se detiene en la palabra y la esquiva con el mismo impulso que lo llevaba de pequeño a arrastrarse hacia a la puerta. “Mi abuela decía que antes de que pudiera caminar quería irme.” Buscaba escapar de esa burbuja de supuesta normalidad en la soleada Burbank, en la misma tierra donde simuló su propio asesinato con un hacha y kétchup para aterrar a los vecinos del lugar.
La cámara de Súper 8, Vincent Price, Edgar Allan Poe, Boris Karloff, los monstruos de Ray Harryhausen y los dibujos que trazaba en soledad se convirtieron en sus aliados en su forma de escapar sin que nadie notara o criticara su peculiaridad.
“En Miss Peregrine los chicos que protagonizan la historia tienen talentos especiales. Uno puede controlar el fuego, otro tiene una fuerza física increíble, otro puede flotar -describe Burton-. La gente adora a los niños que tienen superpoderes, pero estos son chicos que tienen aflicciones. Por eso me encantó el libro de Riggs. Ellos se sienten diferentes en lugar de sentirse súper, y la película habla de las diferencias. Son unos X-Men afligidos. Uh, ya veo que va a quedar eso”, intenta salvar la situación entre risas.
Hoy las películas de superhéroes están más vivas que nunca, podrías haber imaginado unos X-Men al estilo Burton.
Sabía que ibas a quedarte con eso [risas]. Nunca imaginé la película de esa manera, aunque muchos puedan pensar que son mis X- Men. Siempre sentí que es una versión más humana y las habilidades de cada chico es más una aflicción que un superpoder. Además, la historia no es algo como vamos a salvar al mundo, es más bien algo así como somos quienes somos, esto es lo que hacemos y quizás te podamos ayudar. Es más mundano y humano, y eso es lo que atrajo mi atención.
Sabe que se metió en un terreno que quería evitar. Hablamos de superhéroes. Atento, espera la siguiente pregunta. Vamos a hablar de Batman, el de Michael Keaton, el que en su momento -1989- puso en jaque a los fanáticos del cómic alarmados por la mirada que el director, nada afecto a las historietas, proponía sobre Ciudad Gótica.
“Los tiempos cambian, en aquél entonces creían que nuestra versión era demasiado oscura -dice con cierta ironía-, pero ahora, cuando la ves, se parece más a una versión de Batman sobre hielo.”
De Superman prefiere no hablar. Aquel proyecto fallido de finales de los 90 que tenía a Nicolas Cage como protagonista.
Burton trabajó sobre la versión del hombre de acero durante un año, se hicieron diseños, prueba de trajes, se escribieron varios guiones [incluido el de Kevin Smith, quién deslizó: “Tal vez no había mucha gente vestida de negro en lo que escribí”].
Tal desilusión quedó resumida en una frase que el propio Burton pronunció: “Básicamente perdí un año de mi vida. Y un año es mucho tiempo para trabajar con gente con la que no quieres trabajar”.
De la no realización del film surgió un documental de culto, The Death of Superman Lives: What Happened (2015), de Jon Schnepp, que incluye entrevistas y aporta imágenes del universo imaginado por Tim.
“No me veo haciendo una película de superhéroes, ya hay demasiadas -sentencia para concluir el capítulo-. Hoy sólo pienso en los chicos de Peregrine.”
Hablamos de una película para toda la familia. Sin embargo, hay quienes temen que sea demasiado oscura para los chicos.
Pensemos en los cuentos de hadas, esas sí que son historias terribles. Son gráficas, grotescas, movilizadoras, con madres que se comen a sus hijos. Este tipo de historias ayudan a procesar diversas cuestiones, a hacer frente a la vida misma. Sirven para resolver eso que intelectualmente no pueden entender. De alguna manera el propósito de los cuentos populares, para mí, es una especie de versión extrema, simbólica de la vida, de lo que está pasando. Me parece que hay que darles mayor crédito a los chicos, ellos conocen sus propios límites, son los adultos los que generan ciertos prejuicios y tabúes sobre distintos temas y cuestiones supuestamente atemorizantes.
Dicen que todo aquello que vivimos y sentimos en nuestra infancia nos acompaña siempre.
Cuando leí el libro de Riggs, pensé que sentirte de esa manera, extravagante, peculiar, sentir que estás loco, que no encajás en la sociedad, todas esas cosas quedan en uno. No importa el éxito que tengas ahora o los amigos que hagas con el tiempo. Si has sentido esas cosas de joven, es un sentimiento que nunca desaparece, permanece con vos. De hecho, pasas la mayor parte de tu vida intentando asimilar esas experiencias.
Oda a lo extraño, así describe la revista Rolling Stone a Miss Peregrine. ¿No fue siempre así?
Constantemente me siento atraído por este tipo de personajes. En ciertos momentos de la vida, uno también se siente así. Hoy atravesamos una época en la que se habla tanto de bullying, de la necesidad de encajar, de no ser diferente. Lo único que puedo decir es que yo no busco a este tipo de personajes, sino que ellos son los que me encuentran. Es algo con lo que me puedo identificar. Me gusta conectarme con los personajes.
QueTim Burton haga suyo a los personajes no es algo nuevo, es parte de su sello. Es un director descaradamente autobiográfico. “Trato de que todo sea personal, aunque se trate de una gran producción de Hollywood -reconoce el cineasta que ha reinventado mundos como el de Charlie y la fábrica de chocolate-, me resulta más difícil que no lo sea.”
En reiteradas oportunidades Burton confesó que El gran pez, El joven manos de tijera, El extraño mundo de Jack, Ed Wood y Frankenweenie son sus películas más personales. En todas ellas existen conexiones con su propia vida, uno puede descifrar sueños de mundos imposibles, padecer el aislamiento, conocer al fabulador de grandes historias, toparse con el amor y la muerte, sentir el peso de la mirada de los otros y el temor a la normalidad, el miedo a la gente real (como lo muestra en la genial Beetlejuice). “Para mí la vida es muy extraña”, asegura este fóbico confeso, que se siente uno más entre sus personajes imperfectos.
La niña dentro de la botella, El bebe flotante, La niña que levita, El perro con cara de niño, Un muchacho y sus abejas son algunos de los títulos que llevan las fotografías publicadas en El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, la novela de Riggs que editó Planeta.
¿Como buen coleccionista de fotos antiguas, te llamó la atención que Riggs incluyera en su libro imágenes reales?
Fue una de las cosas que más me atrajo, ver esas imágenes reales y la manera en las que la relaciona con la historia. No tengo una colección tan grande como la de Riggs, pero me gusta observar y coleccionar fotos antiguas. Amo el misterio que hay en ellas, así como la poesía, su rareza y el hecho de que siempre ahí hay una historia, aunque uno realmente no sabe cuál es. Resulta maravilloso indagar e imaginar sobre cada una de ellas.
La nueva musa
Pocas son las escenas que la comedia Sombras tenebrosas [2012] dejó para el recuerdo, una de ellas es la que tiene a Johnny Depp y a una sensual Eva Green en un rojo brillante rebotando por las paredes con el deseo de asesinarse mutuamente. Entre besos y cuchillos. El cine de Burton está plagado de musas, esas mujeres capaces de inspirarlo dentro y fuera de la pantalla. Hoy Eva, la que supo ser Vanesa Ives en Penny Dreadful, y que fue descrita por el propio Bernardo Bertolucci como “tan bella que raya lo obsceno”, es la nueva musa.
“Muchos piensan que ella es una mujer oscura, pero es mucho más interesante que eso. Tiene algo de misterio que no es común en estos días”, asegura el director, quien ya separado de Helena Bonham-Carter, madre de sus dos hijos [Billy-Ray Burton, nacido en 2003, y cuyo padrino es Depp, y Nell, nacida en 2007], se lo relaciona con la actriz de 36 años nacida en París. “Ambos compartimos un interés por lo insólito, lo extraño -confiesa-. Además, Eva tiene esa cualidad de vieja estrella de cine. La conozco, pero no del todo, y ese misterio es lo que me gusta de ella. Aún más, en estos tiempos donde todos saben acerca de todos. Logramos conectarnos, entiende lo que busco. Siempre aporta ideas y me da la impresión de que en cualquier momento se puede convertir en pájaro [haciendo referencia a una de las habilidades de Miss Peregrine].” Personaje que la propia Eva denominó como “una oscura Mary Poppins”.
La película se estrenará en la Argentina el próximo 6 de octubre con el título Miss Peregrine y los niños peculiares, y al elenco que encabezan Eva Green y Asa Butterfield [el chico de la La invención de Hugo Cabret] se suman Samuel L. Jackson, que interpreta al villano, y Judi Dench. “Siempre quise trabajar con Sam, creo que vi todas sus películas. Es una persona muy divertida y sumamente profesional, al igual que Judi. Son actores con una gran experiencia, que están abiertos a nuevas cosas, aún sienten curiosidad.”
La misma curiosidad que mantiene vivo a Burton: “No se trata de tener un niño interior, sino de mantener una mirada abierta, maravillosa. Nunca me sentí un niño del todo, tampoco como un adolescente, un joven, o un adulto. Siempre me sentí igual. Siempre me movieron mis propias búsquedas”.
Desde hace años adoptó Londres como su hogar. “No dejo de sentirme extraño en esta ciudad, un extranjero. Es raro, pero la verdad es que me gusta ser un extranjero”, reconoce.
Golpean la puerta de la habitación para avisar que sólo queda tiempo para unas pocas preguntas más. Por eso, intenta ser lo más preciso en sus respuestas para ganarle al tiempo. El ping pong resulta ser la manera más eficiente de lograrlo.
¿Beetlejuice 2?
Es uno de los proyectos. Con Keaton, por supuesto. Pero antes está el estreno de Miss Peregrine y Dumbo, para Disney.
¿El sueño de hacer una versión de Black Sunday, de Mario Bava?
No, dejémosla así. Es perfecta.
¿Internet, redes sociales?
No entro casi nunca a Internet. No me gusta enterarme de lo que dicen de mí. Prefiero hacer otras cosas.
¿Como dibujar servilletas de papel en los bares [publicó un libro con estos dibujos The Napkin Art of Tim Burton]?
Demasiado tiempo en los bares.
Que el MoMA le haya dedicado una retrospectiva [fue en 2009], ¿lo convierte en un artista?
Nunca fue parte de mis sueños. No me considero un artista, tampoco lo contrario. Es interesante mantenerme en ese limbo, en el que no te exige una etiqueta y te permite seguir explorando.
La puerta se volvió a abrir. Sólo restó un apretón de manos. Y el deseo de volvernos a encontrar.
“Tim es un artista, un genio, un tipo raro, un insano brillante, valiente, histéricamente divertido, leal, inconformista y un amigo honesto -escribió Johnny Depp en el prólogo del libro de conversaciones Burton on Burton-. Nunca he visto a nadie tan fuera de lugar encajar a la perfección en todo. Y a su manera.”
1958
Nació el 25 de agosto. Creció en Burbank, California. Tiene un hermano. A los 12 años se fue a vivir con su abuel
1971
A los 13 años, realizó su primer corto animado: The Island of Doctor Agor. En 1976 ingresó al Instituto de Artes de California, fundado por Walt Disney
1980
Ingresa a Disney. En 1982 dirige el corto Vincent y comienza su amistad con Vincent Price. Dos años después hace el corto Frankenweenie
1985
Debuta con La gran aventura de Pee-wee. Le siguen Beetlejuice, Batman, El joven manos de tijeras, El extraño mundo de Jack, Ed Wood, El cadáver de la novia y Big Eyes
1989
Se casa con la alemana Lena Gieseke. En el 92, comienza su relación con Lisa Marie. En 2001, con Helena Bonham-Carter, con quien tuvo dos hijos. En la actualidad se lo relaciona con Eva Green
El futuro
Luego del estreno de Miss Peregrine y los niños peculiares pondrá manos a la obra a Dumbo, una mezcla entre live-action y CGI. Aún sin una fecha precisa, Beetlejuice tendrá una segunda película, con Michael Keaton y Winona Ryder