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martes, 28 de noviembre de 2017

¿ ROBOTIZACIÓN?......


Robots. Nuestros dobles vienen marchando
En espejo. ¿Amigos o enemigos? Si bien su presencia será cada vez más notable, es difícil que puedan reemplazar la empatía y la creatividad humanas
No photos! No photos!" Apenas uno atraviesa la gran puerta de vidrio y pone un pie en el lobby de la compañía X en Mountain View, California, la fornida empleada de seguridad ejecuta su show: en su breve performance -exclamaciones, movimiento de brazos, ceño fruncido y cara de pocos amigos- pone de manifiesto que se trata de una instalación semi-secreta, originalmente una división del gigante Google en la que se realizan los proyectos tecnocientíficos más extravagantes. Aquí se lleva a la práctica aquella máxima esgrimida por el escritor Arthur Clarke, según la cual "la única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible".
Sólo hay un área donde las prohibiciones se vuelven laxas: aquella que funciona como una especie de sala de trofeos de caza, un minimuseo del futuro que congrega y exhibe con orgullo éxitos, fracasos y demás desarrollos de impacto aún incierto. En un rincón está el gran globo del Proyecto Loon, que pretende democratizar el acceso a Internet en zonas remotas. En el centro, relucen los escuálidos Google Glass, cerca de las lentes de contacto que miden glucosa. Pero la figura, el David de esta fábrica del asombro, es el coche autónomo -hace poco bautizado Waymo-, imán de miradas, propulsor de fantasías y preocupaciones, disparador de debates varios, promesa de potenciales revoluciones.
Los rostros de nuestra trepidante era robótica son múltiples. Tiene muchos embajadores: enjambres de drones, sondas espaciales, robots-insectos, supercomputadoras, como Watson de IBM, que buscan curar el cáncer; robots industriales enemigos de los gremios, aspiradoras automáticas domésticas, sistemas informáticos sin rostro como AlphaGo que aprenden por sí mismos y vencen a maestros de juegos de mesa antiguos, inquietantes androides que practican parkour. De algún modo, todos ellos sirven de espejos donde mirarnos y poner a prueba nuestra humanidad. Cada anuncio, además de actualizar nuestra ancestral fascinación por gólems, autómatas, monstruos como Frankenstein y demás descendientes no biológicos de nuestra impetuosa creatividad fáustica, logra que la categoría de robot se ensanche tanto como nuestro asombro y, en algunos casos, nuestra preocupación.
Sentimos su presencia y nos preparamos para el impacto: es decir, para compartir nuestras camas, casas y calles con una nueva especie -parte material, parte digital- capaz de hacer lo que nosotros no podemos. Eso, si es que primero no nos hacen a un lado. Ya lo dijo el filósofo francés Bruno Latour: el individuo del siglo XXI es un ser colmado de miedos por aquellos objetos que poseen la autonomía suficiente para atormentar a la humanidad y hacer tambalear su reinado: virus, asteroides, supercomputadoras, robots.
Hoy, además de constituir una constante amenaza fantasma (pese a las repetidas advertencias emitidas desde hace unos 40 años de que "se vienen los robots", aún aguardamos), estos seres artificiales que exceden la pretensión de ser meras copias humanas son uno de los más candentes objetos de reflexión filosófica y de debates económico-políticos, en especial por las probables transformaciones sociales que pueden llegar a desatar.
El miedo a una inminente ola de desempleo tecnológico es uno de los discursos prevalentes de nuestros tiempos. Se dice, se repite, se copia y pega: a medida que el software y la inteligencia artificial avancen y la ficción acorte su brecha con la realidad, los procesos de producción se volverán más automatizados. Es decir, millones de trabajadores serán reemplazados por máquinas más rápidas y eficientes (unas tres millones de unidades para 2020, como estima la International Federation of Robotics). Sin embargo, la realidad muestra que el impacto es ambiguo: Alemania tiene más robots industriales que Estados Unidos (7,6 cada 1000 trabajadores humanos) pero, según un reciente estudio conducido por el economista Wolfgang Dauth de la Universidad de Wuerzburg, no han causado grandes pérdidas de empleo. Más bien, como ha sucedido a lo largo de la historia con cada incorporación tecnológica, han provocado el desarrollo de nuevas especializaciones en tareas complementarias.
Una cuestión de matiz
"Algunos creen que los humanos estamos a punto de volvernos obsoletos, que los robots se encuentran a una sola actualización de software de la plena autonomía -dice el ingeniero e historiador del MIT David A. Mindell, autor de Our Robots, Ourselves: Robotics and the Myths of Autonomy-. Impulsado por un desmesurado entusiasmo tecnológico, una fe naíf en las promesas de la tecnología, este temor se basa en tres mitos: el del reemplazo, el del progreso lineal (es decir, la idea de que la tecnología evoluciona por sí sola) y el mito de la autonomía total: la idea utópica de que los robots, hoy o en el futuro, pueden operar completamente solos."
Se olvida que, como en cualquier otra industria de ingresos millonarios, la robótica y la inteligencia artificial también están atravesadas por la lógica del show, la puesta en escena, la performance publicitaria que alimentan la llamada "hype machine" (o máquina de la exageración). Los anuncios del sector suelen estar teñidos por la retórica de la ciencia ficción, que en muchas ocasiones tergiversa y amplifica el estado real de las investigaciones.
"Aun así hay mucho miedo", dice Ken Goldberg en un laboratorio pequeño y desordenado de la Universidad de Berkeley, California. Y reflexiona sobre las implicaciones sociales de la robótica mientras les "enseña" a máquinas cómo realizar incisiones y suturas más precisas. Este ingeniero y artista espigado y de cabello electrizado es toda una rareza: en un campo acostumbrado a los extremos (tecnoutópicos vs. tecnoapocalípticos), practica la moderación. "Sufrimos de lo que algunos llaman ?ansiedad de la automatización': hay muchas expectativas exageradas sobre la robótica. Estamos progresando, pero no tan rápido como se piensa. Es importante reportar los fallos. Muchos piensan que debido a la conocida ley de Moore, la tecnología está avanzando tan rápido que en pocos años superará las capacidades humanas. Yo no lo creo. No tenemos que olvidar que somos el resultado de millones de años de evolución. Y sería ingenuo pensar que los ingenieros pueden lograr lo mismo tan rápido en robots."
En este sentido, Goldberg encabeza una iniciativa conocida como "People and Robots", que apunta a encontrar formas de mejorar la colaboración humano-robot.
"En lugar de la temeraria idea de la singularidad y de pensar que en un futuro cercano las máquinas nos van a superar y eliminar, me gusta pensar en la idea de multiplicidad: grupos de máquinas y grupos de humanos trabajando juntos; ver cómo combinar nuestras habilidades con las de los robots de la mejor manera. Creo que ya lo hacemos, pero podemos hacerlo mejor", dice.
A diferencia de los anuncios tremendistas de celebridades científico-tecnológicas como Stephen Hawking o Elon Musk (en resumen: "la inteligencia artificial podría augurar el fin de la especie humana"), Goldberg piensa que en un mundo compartido con los robots, los seres humanos vamos a ser necesarios para ser creativos, sensibles y empáticos. "Desde hace unos 30 años hay piloto automático en los aviones y todavía hay pilotos humanos en las cabinas. Vamos a tener que trabajar con las máquinas y las máquinas van a tener que aprender a trabajar con los humanos. Los robots nos pueden enseñar muchas cosas. Yo creo que por mucho tiempo más habrá conductores, por ejemplo. Tendremos asistentes computarizados cada vez más avanzados que nos ayudarán a conducir mientras estamos distraídos o cansados, pero no creo que nos reemplacen por completo."
Aun así, en este sector la palabra precaución suena cada vez más fuerte, como se evidenció en enero de este año cuando, en una conferencia organizada por el Future of Life Institute, más de 2000 especialistas se comprometieron a respetar 23 principios básicos -de seguridad, transparencia, responsabilidad, libertad y control- para que la IA sea beneficiosa para la humanidad en lugar de conducir a nuestra aniquilación. Las intenciones son buenas, pero quizá se olvide que la tecnología es ante todo un fenómeno cultural: como tal, está moldeada por valores y aspiraciones que, por las características innatas de nuestra especie, se encuentran siempre en una delicada tensión.

F. K.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿ROBOTS vs HUMANOS ?


Jessica tiene 26 años. Es contadora y hasta hace un tiempo trabajaba como analista de cuentas en una empresa. No era el trabajo más apasionante del mundo, pero se había formado para ello. Un día, sin embargo, su jefe le comunicó que lo que hacía podía automatizarse por completo, por lo que ya no se la necesitaría. Una máquina se haría cargo de todo. Aunque es una millennial y pensaba que esta tendencia no la afectaría tan pronto, Jessica se dio cuenta de que un robot se había quedado con su trabajo.
Su historia, contada por ella misma, fue una de las seguidas con mayor atención en el último Coloquio de IDEA, en Mar del Plata. Aunque en nuestro país otros temas más urgentes acaparan la agenda de empresarios y gobernantes, el inexorable reemplazo de trabajadores humanos por robots se ha convertido este año en uno de los debates más intensos del mundo corporativo a nivel mundial. Hace días, la tapa de la influyente revista The New Yorker, ilustrada por el artista R. Kikuo Johnson, mostraba a un hombre -presumiblemente un desempleado- recibiendo limosna de parte de robots que se paseaban como nuevos dueños de la calle. Johnson, que ya no usa tinta ni pinceles para sus dibujos, enteramente digitales, no teme -afirmó- que un día un robot lo reemplace a él también, al menos "hasta que los robots no avancen tanto como para ser neuróticos. Entonces sí me preocuparé".



Desde que el escritor Philip K. Dick imaginara un mundo colmado de "androides que sueñan con ovejas eléctricas" -tal el verdadero nombre de la novela llevada al cine como Blade Runner-, otros novelistas, cineastas y científicos han imaginado un futuro en el que las máquinas adquieren cada vez más características humanas, no sólo en su apariencia sino fundamentalmente en su personalidad. Ahora que la inteligencia artificial ya no pertenece al género de la ciencia ficción, el temor de los humanos a ser sustituidos por robots aparece como una pesadilla distópica palpable, una suerte de nueva Guerra del Cerdo, en la que en vez ser jóvenes los que eliminan a viejos, esta vez son máquinas las que acorralan a toda la especie humana.
Pero quizá no haya tanto que temer. Aunque aún no los sintiéramos como una amenaza, los robots hace tiempo que ya están entre nosotros. Cada día, al conectarnos a la Web, antes que nada debemos convencer a una máquina de que nosotros mismos no somos robots. Estos, aunque no siempre estén dotados de brazos y piernas, son cada vez más utilizados en todas las industrias, y a diario, en todo el mundo, desarrollan tareas tan variadas como desactivar bombas, realizar operaciones quirúrgicas o conducir automóviles. Alemania y Japón lideran a nivel mundial la avanzada robótica y -oh, sorpresa- son los países con menor tasa de desempleo en el mundo desarrollado.
Jessica, que no perdió su empleo, lo aprendió: fue transferida a otra área de la empresa y ahora es parte de un sector denominado precisamente Robotic Process Automation Team, integrado por cincuenta profesionales, desde programadores a contadores, como ella. "La buena noticia es que lo que hago ahora es más divertido", dijo, y recordó al auditorio que "la mayoría de las profesiones del futuro todavía no existen". Adaptarse, más que temer, parece ser la tarea, y seguir soñando, que, por ahora, es algo que sólo podemos hacer los humanos.

J. N.

jueves, 7 de septiembre de 2017

LAMENTABLE PÉRDIDA....PERO RECUPERABLE; DEPENDE DE NOSOTROS

Un mes atrás perdí mi billetera. Adentro tenía mis documentos, mi tarjeta de crédito y credenciales varias. Antes de dar todo por perdido decidí esperar unas horas para ver si quien la encontrara se contactaba conmigo para devolverla. Y felizmente así sucedió. Esa misma noche, después de pasar por varias manos, una persona amable la dejó en mi casa.



Como precaución, decidí llamar a la empresa que emitió mi tarjeta para chequear si había sido usada. Después de navegar un buen rato por varios larguísimos menús de opciones que intentaron ahorrar dinero negándome el acceso a una persona, logré que me atienda un ser humano. Le expliqué la situación y le pedí que me dijera si se registraban consumos a mi nombre desde la hora en que había perdido la billetera. Con un tono metálico y monocorde me respondió: "Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web." Insistí. Después de todo sabía que los sistemas no dejan de funcionar a las 20 y que seguramente él podía acceder a la información que yo necesitaba. Una vez más, con el mismo tono de voz me recitó una por una las mismas palabras: "Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web." Muy frustrado, tuve ganas de levantar la voz pero enseguida pensé que no debía agarrármela con él porque esa mala atención no era culpa del pobre telemarketer. ¿O sí?
Cada vez con más frecuencia se publican investigaciones académicas y notas periodísticas que nos advierten que pronto muchos de los trabajos actuales dejarán de existir. Estadísticas del Banco Mundial y la Universidad de Oxford señalan que dos tercios de los empleos presentes son susceptibles de ser automatizados y quedar en manos de robots, sean máquinas o software. El análisis incluso evalúa el grado de riesgo de diferentes tareas y el rol de telemarketer aparece generalmente entre aquellos cuyo reemplazo es más probable e inminente. Mientras mi monocorde amigo recitaba una y otra vez el insensible guión que su supervisor escribió para él, los robots se aprontan para dejar a ambos sin empleo.
Lo mismo sucede con muchas otras profesiones. Los robots se preparan para quedarse con muchos de nuestros trabajos actuales. Se sienten seguros de su superioridad y confiados de su éxito. ¡Pero no saben que los humanos contamos con un arma secreta! Hay algo que sucede cuando dos personas se encuentran. Ese algo se llama empatía, y es la habilidad de comprender y compartir lo que el otro está sintiendo en ese momento. Esa capacidad de ponernos en el lugar del otro y conectarnos emocionalmente hace que los vínculos entre personas no se parezcan en nada a las relaciones que tenemos con las cosas.
¿Se imaginan si al recibir mi llamada quien me atendió hubiera empatizado conmigo? ¿Si hubiera compartido mi sentimiento de preocupación, me hubiera hecho sentir acompañado y se hubiese ocupado de ayudarme en vez de recitar desapasionadamente un libreto? Reemplazar esa persona sería muchísimo más difícil, si no imposible.
Alguna vez los trabajos humanos estuvieron llenos de empatía. En algún momento las reducciones de costo, el aumento de la productividad o la mera desidia la fueron dejando a un costado. Frente al avance de la automatización, tenemos la oportunidad y el desafío de hacer que nuestros trabajos actuales y futuros desborden de "humanidad". De basar nuestro diferencial en la empatía, esa cualidad humana que los robots difícilmente puedan emular. Contamos con esa arma secreta. ¿Decidiremos usarla?

S. B.

domingo, 3 de septiembre de 2017

TECNOLOGÍA...."YO ROBOT"


"Yo robot": un reemplazante para lo peor de nuestras rutinas
La inteligencia artificial avanza sobre la idea de que uno pueda desligarse de las tareas que no le gustan para que las realice una máquina
La consulta se posteó tres semanas atrás en Stack Overflox, un sitio donde los programadores plantean dudas para que sus colegas les sugieran respuestas. Un experto en sistemas anónimo contó que 18 meses atrás había automatizado el trabajo para el cual lo habían contratado.
Como la tarea la debía hacer desde su casa, pasaba el día cuidando a su hijo y con dos horas semanales resolvía los objetivos por los cuales su empleador le pagaba 40 horas a la semana. Para borrar rastros, metía en el código algunos pequeños errores "humanos", que no pudiera haber cometido el algoritmo que había diseñado. El posteo produjo un intenso debate ético. El programador estaba asustado porque pensaba que si lo contaba, la empresa lo iba a echar y a prescindir de sus servicios. Hubo quienes lo condenaron (en particular nadie estuvo de acuerdo con borrar los rastros), pero otros lo alentaron a seguir, dado que cumplía el objetivo para el cual lo había llamado la empresa.
Se trata de un dilema cada vez más usual y que no está circunscripto a EE.UU.: en las oficinas porteñas de Accenture hay 200 robots que realizan el trabajo administrativo de 500 personas, y la firma tiene el compromiso de promover y recompensar a quien logra automatizar algún proceso.
Las noticias de 2017 de automatización e inteligencia artificial alternan entre juegos en los cuales las máquinas nos van ganando a los humanos (go, poker, etcétera) y tareas que van siendo asumidas por entes no humanos, desde el trabajo más aburrido hasta parejas virtuales que nos mandan mensajes durante el día para preguntarnos cuándo volvemos a casa y decirnos cuánto nos extrañan. Todos los días aparecen noticias o informaciones (algunas de dudosa comprobación) sobre la pérdida de trabajos humanos y el reemplazo por parte de los "robots" y algoritmos. Ni tan así, ni tan alejado...
En el caso de
Alejandro Crosa, la actividad que le estaba colmando la paciencia y que decidió reemplazar en sus jornadas por un programa de computación fue la de tuitear.
"Tuve uno de esos días en los que se discuten cosas insólitas y sin argumentos en Twitter, me cansé y decidí armar un bot para que me reemplace por un tiempo, y así no tener que lidiar con conversaciones ridículas y repetitivas. ¡Fueron mis vacaciones de Twitter!", cuenta este argentino que desde hace diez años trabaja en Silicon Valley para distintas empresas de tecnología.
Peregrinaje al valle
Crosa llegó a la costa oeste de los EE.UU. en 2007, y desde entonces vive allí con su esposa y sus dos hijos. Trabajó en los inicios de LinkedIn, cuando la empresa tenía 300 empleados y creció en cinco años a cuatro mil trabajadores y 200 millones de usuarios. De allí se fue a Twitter, en 2013, donde lideró el proyecto del Mundial para iOS entre otras iniciativas. Actualmente está por lanzar una start up junto a ex compañeros de Twitter y LinkedIn, en el mercado para empresas, de lo cual no puede dar detalles porque está en etapa final de preparación.
Harto de pelearse en la red social, Crosa pensó que su reemplazo virtual debía ser alguien que hablara como él, tuiteara cosas parecidas y respondiera usando palabras que él suele utilizar (además de imágenes de memes).
"En un par de horas del fin de semana bajé todo mi historial de tuits, los procesé removiendo usuarios, URL, y demás; y finalmente pude armar una pequeña base de datos de unos 20.000 tuits. Como mi idea era armar una red neuronal y entrenarla con esos datos (estoy aprendiendo machine learning, una rama de la inteligencia artificial), agregué también algunos posteos que había escrito a ese corpus de tuits y algún que otro texto que encontré por ahí que había escrito anteriormente", explica.


Finalmente llegó el lunes y Crosa conectó el programa para que respondiera en Twitter como si fuera él. ¿Qué fue lo que aprendió de esta experiencia? (además de divertirse un montón):
1 - "No es descabellado pensar que con un data set muchísimo más grande y un entrenamiento mucho mayor le resultaría muy difícil a la gente diferenciar entre un bot o una persona real."
2 - "Ser reemplazado por un bot puede ser catastrófico si el bot tuitea algo que sea violento, misógino o directamente inapropiado usando tu identidad. Algún que otro tuit lo tuve que borrar porque me pareció inapropiado. De hecho un usuario bloqueo al bot pensando que era una persona".
3 - "Dejar un bot haciendo una tarea que a veces no nos gusta (responder tuits) es liberador y me encantaría en el futuro automatizar otros aspectos de mi vida de manera más controlada, creo que ahí hay muchísimo futuro e industrias enteras por explotar".
Por ejemplo, Crosa cree que estamos muy cerca de que "bots asistentes" nos ayuden a combinar una llamada o reunión a partir de una charla por WhatsApp, a partir del acceso al calendario de las personas que están chateando.
"El área de asistentes automatizados es muy interesante y tiene miles de aplicaciones que vamos a ver en breve", sostiene.
Entusiasmado por su experiencia de "Yo robot", el programador argentino que vive en Silicon Valley se propuso luego replicar la tarea pero con los tuits de Ricardo Fort. La iniciativa fue algo más difícil, porque el algoritmo tenía menos tuits sobre los cuales aprender (unos once mil), pero el resultado final, su creación "@ricartdobort", fue igualmente alentador.
En el medio, su álter ego virtual se peleó, fue bloqueado, tuvo interacciones absurdas y una larga conversación en la red social con un representante de Telecentro.
"Creo que vamos a ver cada vez más aplicaciones de este tipo de «inteligencia» que resuelve problemas tediosos o aburridos. A medida que evolucione más este campo de machine learning y las computadoras puedan hacer más tareas con igual o mayor efectividad que nosotros, vamos a poder usar ese tiempo libre que ganemos en cosas más interesantes para nosotros", cuenta Crosa.
Hay que ser cuidadosos porque hay experiencias recientes en las cuales los algoritmos, librados a su propio aprendizaje, escalan en violencia.
Ocurrió con el bot del Microsoft, que el año pasado se volvió nazi y empezó a defender a Hitler. Y Google difundió recientemente resultados de un testeo sobre DeepMind (su principal sistema de inteligencia artificial), en el cual se comprobó que sometido a situaciones de estrés y de juegos de cooperación, el sistema de algoritmos comenzaba a aplicar estrategias "altamente agresivas" para maximizar resultados.
"¿Es el comienzo de Skynet"? (en alusión a la superinteligencia maléfica de la película Terminator) se preguntó al reportar el estudio el sitio especializado Science Alert.
Si le sumamos a esto que la semana pasada el grupo ruso Kalazhnicov anunció que comenzará a fabricar máquinas para la guerra completamente autónomas (con redes neuronales de inteligencia artificial), tal vez no sea mala idea empezar a averiguar precios de refugios subterráneos.

S. C.

miércoles, 9 de agosto de 2017

TECNOLOGÍA; ROBOTIZACIÓN EN TERMINALES ARGENTINAS


Avanza la robotización en las terminales de autos argentinas
FCA y Renault-Nissan están reconvirtiendo sus plantas en Córdoba para producir nuevos modelos; entre las dos suman US$ 1200 millones
En las plantas de Fiat y Renault de esta provincia hay decenas de ingenieros trabajando y preparándolas para la fabricación de nuevos modelos; las instalaciones que vienen suman robots y una creciente automatización de procesos, sumándose a la tendencia internacional.
En Ferreyra, donde está Fiat Chrysler (FCA), hay sectores con ingresos reservados. Si el nombre no aparece en la lista que tiene la guardia, la persona no entra. No importa cuál sea su cargo. Tampoco están permitidas las fotos con teléfonos móviles; son las áreas donde las transformaciones tecnológicas son más significativas.


Hacia fines de este año, y después de una inversión cercana a los US$ 600 millones, la terminal empezará a producir sus nuevos modelos. En la empresa confirmaron que en unidad de chapistería habrá un "salto tecnológico muy grande con la incorporación de 163 nuevos robots", que la convertirán en una de las "más modernas de América latina". El nivel de automatización en el sector superará el 80%, para "asegurar la perfección en los puntos de soldadura, lo cual se traducirá en un salto de calidad importante".
Las nuevas líneas del sector de chapa tendrán un sistema de posicionamiento del techo a través de cámaras que aseguran la ubicación correcta y, además, suman la aplicación automática de adhesivos y un sistema de grafado automático de puertas. En la unidad de pintura trabajarán seis robots que aseguran la calidad en la terminación y en la de montaje operará una "moderna máquina de rolos", donde se podrán realizar pruebas dinámicas de funcionamiento sobre los vehículos, además de una línea de unión entre motor y caja de cambios que garantizará la flexibilidad para montar cualquier motorización o tipo de cambio, manual o automático.
Ejecutada la inversión, las autoridades del grupo plantearon que la planta cordobesa estará a la altura de las instalaciones de FCA más modernas del mundo, que es la planta de Pernambuco (Brasil).
En el caso de la alianza Renault-Nissan, la producción de pick-ups se iniciará en el segundo semestre de 2018; participan del proyecto -junto al equipo argentino- profesionales de Japón, Brasil, México, España, Venezuela y Holanda. Las obras demandarán unos US$ 600 millones para fabricar la Nissan Frontier, seguida por la Renault Alaskan y un modelo de Daimler para el final de la década. La capacidad instalada será de 70.000 unidades al año.
En Renault señalaron que ya vienen sumando automatización y robotización para mejorar productividad y calidad. Por ejemplo, incorporaron 80 vehículos guiados automáticamente (AGV, por sus siglas en inglés), que hacen mucho más fluidos y eficientes los procesos logísticos que van desde el almacén de piezas a las líneas de montaje. "Así se logra entregar las piezas en el momento exacto en el que son requeridas y evitamos el almacenamiento a los costados de la línea", explicó un vocero, y agregó que próximamente contarán con sistemas de líneas más flexibles: son de diferentes alturas y se adecuan al operador".
También avanzarán en la trazabilidad de las piezas, con sistemas que permiten identificar exactamente en qué instancia se encuentra la parte, lo que redunda en "un control de calidad más robusto".
Cuando se presentó la iniciativa, Diego Vignati, presidente y director general de Nissan Argentina, dijo que por sus características la fábrica cordobesa "se integrará a una gran red de plantas en Tailandia, México y España, conocidas por su fortaleza en la fabricación de la pick-up NP300 Frontier".


También Volkswagen en su planta de cajas de velocidad cuenta con 59 robots en sus líneas de montaje. En la fábrica señalan que "ayudan" en tareas que -por el peso de las partes a mover- no podrían ser hechas por una persona o en aquellas que significarían un alto riesgo de accidente, por ejemplo, carga de piezas a máquinas de cortes de alta velocidad.
Temor por la mano de obra
La automatización de los procesos genera preocupación entre los trabajadores por la reducción de mano de obra que podría significar. Diego Casali, director del Cluster Tecnológico de Córdoba, advirtió que la robotización del empleo ya no sólo avanza en procesos rutinarios, operativos y de poco valor agregado -en los que las automotrices fueron pioneras-, sino en puestos donde el análisis es clave.
"Hay mucho debate sobre cómo se distribuirán los beneficios de la automatización del empleo. Hay quienes plantean que en la próxima década se perderán en el mundo 7 millones de puestos y se incorporarán 2 millones de nuevos perfiles -agregó-. La transformación digital afectará el mundo laboral, y de eso ya no hay vuelta."
En la alianza Renault-Nissan ratificaron que incorporarán 1000 trabajadores y que prevén programas especiales que incluyen la realización de talleres en centros donde las nuevas tecnologías ya están en marcha. "Habrá un grupo de especialistas y técnicos que se capacitarán en plantas de Japón."
En FCA enfatizaron que "se está capacitando en las mejores prácticas mundiales a los operarios que serán los encargados del montaje".
"Hay programas de entrenamiento para trabajar con robots para operadores, mantenedores e ingenieros -describieron en VW-. No necesariamente los robots implican relocalización de mano de obra; en la mayoría de las aplicaciones ya las tareas eran realizadas por otros tipos de equipos."

Otros planes de inversión para este año
Toyota anunció este año una inversión de US$ 100 millones en equipamiento para mejorar la calidad y la ergonomía de la marca; localizarán 137 nuevos números de partes en 20 autopartistas argentinos.
Peugeot Citroën ejecutará una inversión de US$ 320 millones en un plan de transformación de su planta en El Palomar para convertirla en referencia a nivel mundial; el lanzamiento de un primer vehículo sería en 2019.
El año pasado Volkswagen anunció una inversión de US$ 100 millones para la renovación de la pick-up Amarok. El Proyecto Bala de Plata, con una cifra de inversión aún no confirmada, es la garantía de continuidad y fuentes de trabajo que tanto se esperaba en Pacheco.
GM invirtió el año pasado en su complejo de Alvear, Santa Fe, US$ 740 millones para la nueva versión del Chevrolet Cruze.
Ford está ejecutando el plan de US$ 220 millones, que incluye la renovación de la Ranger y el Focus y una parte para localizaciones de piezas.
G. O.