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martes, 27 de marzo de 2018

RECUPERAR LOS TEATROS DE CORRIENTES...UNA MAGNÍFICA IDEA



El circuito teatral de la avenida Corrientes es una marca registrada porteña que se asemeja al Broadway neoyorquino, distrito en el que, curiosamente, la mayor parte de las salas está en las calles adyacentes a esa célebre avenida. O podríamos decir que Broadway se asemeja a la calle Corrientes, ya que ambas crecieron y se desarrollaron en la misma época. La diferencia es que en Manhattan persiste la mayor parte de sus teatros históricos. En Buenos Aires, no.
En 1920, el circuito teatral de Buenos Aires estaba formado por cerca de 40 salas. Salir al teatro era casi tan habitual como ir al cine. Pero cuando Corrientes se convirtió en avenida, en 1936, entre el centenar de edificios demolidos hubo muchos templos del entretenimiento. Hoy, la avenida que intenta no dormir gracias a sus teatros y librerías y sus calles circundantes cuentan con un poco más de la mitad que entonces: catorce teatros comerciales, a los que se suman tres oficiales (uno de ellos, el Presidente Alvear, está cerrado desde mayo de 2014) y otros ocho en las cercanías, como el Liceo, La Comedia, el Regina, el Coliseo, el Teatro del Globo, el Avenida, el SHA y el Caras y Caretas

Teatro argentino, ayer
Teatros que alguna vez fueron emblemas de la calle Corrientes y que hoy ya no están, como el Odeón, el Argentino y el Politeama, podrían sumar sus marquesinas y su arte al circuito comercial porteño en dos o tres años. Cada uno se encuentra en una situación edilicia distinta: sin fecha estimada de apertura, avanzan sin embargo en su construcción.
Teatro argentino, hoy; Bartolomé Mitre 1444 Crédito:
La ley 14.800, de 1959, indica que cuando se demuele un teatro, el propietario tiene la obligación de construir otro de características semejantes en su lugar. El enorme valor comercial de los terrenos, que por su ubicación céntrica y su gran tamaño son requeridos para edificar oficinas, torna problemático su cumplimiento efectivo.
El viejo Teatro Odeón, emplazado en 1892 sobre las ruinas del demolido Teatro Edén, en Esmeralda 367, fue uno de los más bellos templos teatrales de Buenos Aires. Su construcción fue iniciativa del empresario cervecero alemán Emilio Bieckert. En su subsuelo, en el Bar Royal Keller, se reunía, entre 1925 y 1926, el grupo Martín Fierro, por el que pasaron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Xul Solar y Emilio Pettoruti, entre muchos otros. Por su escenario actuaron las más importantes figuras de la escena nacional, además de Carlos Gardel, Ástor Piazzolla, Margarita Xirgu, Lola Membrives, Luigi Pirandello, Vittorio Gassman y hasta Pescado Rabioso, la banda liderada por Luis Alberto Spinetta.
En 1985 fue declarado inmueble protegido por su interés cultural y arquitectónico, según la citada ley 14.800 que, además, declara de interés nacional la actividad teatral. Sin embargo, esa protección fue revocada durante la intendencia de Carlos Grosso y, en 1991, el edificio fue demolido, empleándose el espacio para la construcción de una playa de estacionamiento.
Hoy, en ese lugar, pero sobre Corrientes 780, está a punto de concluir la construcción de la Torre Odeón, un edificio de 36 pisos. En los primeros cinco funcionará el teatro. "En la Torre Odeón se planificaron dos salas de calidad equivalente a la que tenía el Odeón, y una cantidad similar de espectadores", detalló María Dujovne, arquitecta que participó en el proyecto de la obra, del estudio Dujovne & Hirsch. "Se realizaron estudios específicos para que las butacas tuvieran la pendiente adecuada con el objetivo de que la visual del escenario sea óptima. Las salas van a estar acondicionadas con la acústica y la climatización correspondientes", explicó la arquitecta, que aclaró que "la dirección de la obra está a cargo de otras empresas".
Tabarís, ayer
Sebastián Papadopulos, jefe de obra del edificio de la constructora Arupac, suma detalles: "La perspectiva de entrega de las oficinas es para marzo de 2019, a diferencia del teatro, donde tenemos planificado terminar el hormigonado, aunque no se sabe todavía quién lo va a hacer ni tenemos una directiva para avanzar con las instalaciones y terminaciones". Es decir, se sabe que ahí debería haber un teatro, pero no hay aún nadie que tenga la responsabilidad de continuar la obra del Odeón.
Tabarís, hoy; Avenida Corrientes 831
Desde que se demolió en 1958, el Politeama, en Corrientes 1490, está cerrado. Francisco Loetscher, arquitecto a cargo de la dirección de la obra de la constructora SD, describió las particularidades de la situación: "El teatro va a estar en la intersección, al fondo de dos edificios de oficinas que están conectados. El primero, sobre Paraná, está terminado, y ahora estamos construyendo el otro, sobre Corrientes". Además especificó que todavía no se sabe qué empresa será contratada para hacer el teatro. "No hay información exacta sobre la fecha de inicio de la obra -informó Loetscher-, pero para terminar la estructura de las oficinas faltan al menos dos años, por lo que difícilmente pueda haber un teatro en menos de cuatro". Juan José Campanella está trabajando para que allí se construya. "Noté que falta una sala mediana, de alrededor de 700 butacas. Y decidí construir una: el Politeama. Empecé de cero. Es un proyecto a dos años", dijo
Aunque las causas por las que no se progresa en la reconstrucción de los teatros difieren, las situaciones se repiten. El Teatro Argentino, en Bartolomé Mitre 1444, fue devorado por el fuego en mayo de 1973, cuando se iba a estrenar allí Jesucristo Superstar. Un comando armado irrumpió en la sala y, desde la bandeja alta, arrojó 25 bombas molotov que no dejaron nada en pie. En aquella época, el Argentino era propiedad de Alejandro Romay, quien, shockeado por ese episodio, no quiso reconstruirlo.
Hoy ese proceso avanza. "Toda la estructura del teatro está armada. Falta hacer la impermeabilización y la acústica", explica Fernando Guillar, el encargado de la obra realizada por la constructora M&M. Sin embargo, según Gennaro Amitrano, que trabaja en el mismo lugar, "la apertura del teatro depende de la llegada de los insumos, porque los materiales necesarios, como las butacas, no son convencionales". También especificó que "el edificio que está arriba del teatro está absolutamente terminado e incluso ya hay personas habitándolo". El productor Héctor Cavallero, quien está colaborando en el proyecto, detalla que "se ha diseñado toda la cáscara del teatro, pero hay que montarlo en su interior". Las empresas, aunque no lo manifiestan abiertamente, le otorgan prioridad a las oficinas y las viviendas, en detrimento de la finalización de los teatros.
A. Discépolo, ayer
Algo fuera del circuito de la avenida Corrientes, en Pichincha 53, donde estaba el Armando Discépolo, funciona actualmente una iglesia evangelista que alquila el predio desde 2009. Antes había un estacionamiento y no hay indicios de que allí se esté construyendo un teatro. En este sentido, el Lassalle, en Perón 2263, se encuentra en una situación similar: el local está cerrado. De lo que fue, solo queda una marquesina venida a menos.
A. Discépolo, hoy; Pichincha 53 Crédito:
"Es fundamental entender que el mayor problema de la ley 14.800 es que no cuenta con un organismo de aplicación -explica Teresa Anchorena, presidenta de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos-. Cuando una ley no está reglamentada, lamentablemente se genera un vacío legal, y finalmente queda a criterio de quienes realizan las demoliciones y las obras la voluntad de construir otro teatro que cuente con las mismas características".
Salvo honrosas excepciones, como el Astros, donde fue construida una sala en el subsuelo del nuevo edificio, y el impecable Teatro del Picadero, la resurrección de los teatros porteños otrora demolidos no es tan segura como podría augurarlo la pujante actividad artística de Buenos Aires.
Teatro Lassalle, ayer
Hay razones para no perder las esperanzas. El Tabarís, en Corrientes 831, tiene fecha de apertura para fines de junio. Su propietario, Carlos Rottemberg, asegura que pasará a llamarse Multiteatro Comafi y tendrá tres salas. "La original volverá a tener su espacio en planta baja, con capacidad para 500 personas. Una segunda será subterránea, con 400 butacas, y la tercera estará en la planta alta, con idéntica capacidad", explicó el empresario teatral. A diferencia de otras salas, el flamante Multiteatro Comafi es una remodelación, no una reconstrucción. "Se resguarda el edificio histórico, principalmente la fachada, todo el volumen del escenario, las parrillas y los palcos", explica Ariel Aidelman, arquitecto de la constructora Venetto, a cargo de la obra.
Lasalle, hoy; Presidente Perdón 2263 Crédito:
Buenos Aires, una de las ciudades con mayor producción teatral en el mundo, merece recuperar salas perdidas. Espectadores, artistas y productores estarán agradecidos. Solo resta esperar que la ley se cumpla y que aparezcan inversores capaces de recuperar la gloria de estas salas.

P. G. y J. P. B. 

sábado, 10 de junio de 2017

LA ALEGRÍA DE MÁS TEATROS



En el
teatro Tabarís se presenta el espectáculo Como el culo. El título se presta para infinidad de interpretaciones que exceden este post. Más allá de ellas, en su segunda temporada, la comedia anda muy bien de público. Claro que dentro de unos dos meses, aunque quizá ni lo sepa el elenco, se mudará de sala porque el Tabarís, como tal, tiene los días contados.
Es que el dueño del teatro de Corrientes al 800, Carlos Rottemberg, decidió cerrarlo, tirarlo casi abajo (se preservarán la fachada y el escenario actual) y reconvertirlo una vez más: a mediados de agosto, dato siempre impreciso para una obra de este tipo, pasará a ser
Multiteatro Esmeralda, después de haber sido un cabaret, un cine bajo el nombre Royal, la cuna del teatro de picaresca, la sede forzada de Teatro Abierto, un templo evangélico, y de haber coqueteado con transformarse en librería para salvar los números.
Así como hace 20 años Rottemberg convirtió la sala Blanca Podestá e­n el Multiteatro, junto con el mismo equipo de arquitectos hará lo propio con el Tabarís, que pasará de tener una sala a cuatro y de contar con una capacidad para 500 espectadores pasará a unos 1500 y una gran marquesina de 169 metros cuadrados. Semejante apuesta tiene un costo de inversión de 1.200.000 dólares.
Esto sucede mientras, a pocas cuadras, en donde estuvo el mítico teatro Odeón se está levantando una torre que, según consignan sus planos arquitectónicos, tendrá dos salas teatrales; y, pasando el Obelisco en dirección a Callao, en donde estaba el Politeama -otra de esas históricas salas de enorme valor patrimonial tirada abajo-, Juan José Campanella apuesta a crear otra sala, para unos 700 espectadores.
Todo este movimiento de salas comerciales, al que habría que sumar la reapertura del Teatro San Martín, coincide con un plan del gobierno porteño para volver a renovarle la cara a la avenida Corrientes,peatonalizando el trayecto entre Callao y Florida en ciertas franjas horarias, al mejor estilo Broadway (o su imaginario).
De las otras dos salas como del plan del gobierno porteño todavía no hay anuncios concretos; del Tabarís, sí. Lo cuenta Rottemberg, el señor de los teatros, en un bar, después de haberme mandado varios correos electrónicos imaginándose preguntas (así es él) sobre el tema.
En el primero, traza su propia línea histórica. Dice: "Hace 20 años el Multiteatro era una idea que comenzó a rondarme y pude concretar en 2001, en el edificio que originalmente se llamó teatro Smart y luego Blanca Podestá. En esos años, preocupado por la baja de espectadores en el circuito comercial, decidí reconvertir una sala en varias, siguiendo el modelo que estaban realizando las cadenas de cines. Lo registré por si la fórmula funcionara y, en un futuro, clonarla".
La clonó (o está por hacerlo). Sigue él: "En 2017 llega el nuevo Multiteatro, a construirse en el predio del actual Tabarís. Llega la oportunidad de integrarse al campo del teatro para siempre seguir multiplicando las fuentes laborales de los actores por la cantidad de escenarios que se suman".


Según Google Maps, donde Rottemberg se tomó el trabajo de chequear porque es un hombre obsesivo, desde el Obelisco hay la misma cantidad de pasos en dirección al actual Multiteatro (en el futuro, Multiteatro Libertad) que hacia el actual Tabarís (en el futuro, Multiteatro Esmeralda). Pero lo que suena como expansión tiene su explicación, su marco, su contexto.

Recientemente dijo en un acto que en la cartelera porteña comercial actual hay más bombitas de luz arriba de los escenarios que actores. Se lo recuerdo. Lo piensa. Entonces agrega, en plan de alejarse de cualquier título catástrofe de crisis en el teatro como de la euforia de un boom teatral o en plan de no dejarse llevar por los brillos: "En la cartelera actual va a haber una recaudación mayor en manos de los pocos actores consagrados".
Y en otro correo electrónico en el cual se autorreporteaba agrega: "Este proyecto comenzó a gestarse en septiembre de 2015 ante la sorpresiva aparición de la ley del actor y durante el año pasado con el achique de la demanda, combo que empujaría a trabajar con elencos acotados. Ante este panorama, una empresa debe reconvertirse para adecuarse a cada época, acelerando una propuesta que permitiese neutralizar costos y maximizar el rendimiento. Entiendo que hay dos caminos en algunas coyunturas: achicarse, minimizar la empresa -incluso, a riesgo de cerrarla- o defenderla con inversiones a largo plazo que permitan seguir apostando por lo que creo y quiero. Estoy por cumplir 43 años haciendo teatro todos los días de cada año. No quiero truncar ese recorrido y tampoco lo quiere Tomás, mi hijo mayor, que ya está al frente de la responsabilidad continuadora. A mi segundo hijo, bebe de 9 meses, no he podido consultarlo aún".
El bebe se llama Nicolás. Del esplendor de la avenida Corrientes como eje del teatro comercial porteño no debe saber nada. Su padre, sí. Escuchó o presenció cómo salas de alto valor patrimonial y de fuerte tradición en el mundillo del espectáculo vernáculo eran tiradas abajo. Claro que en cumplimiento de la ley 14.800, que en casos de demolición de salas teatrales obliga al propietario a construir en el nuevo edificio un ambiente teatral de características semejantes a la sala demolida, empezaron a aparecer salas que en nada tenían el esplendor de las históricas (caso Astros, caso Apolo; y los que se vienen: Odeón y Politeama).
Rottemberg tiene otra escuela. Cuando construye un teatro es eso: un teatro. "Ni un quiosco le pongo. No digo que esté bien, pero es lo que hago y a esta altura no voy a cambiar", acota
En el eje de la avenida Corrientes en donde está el Tabarís hay menos concentración de salas que del otro lado, en ese eje que va de Callao al Obelisco. Pero no hay que dejarse llevar por los brillos. "Hay menos salas, pero hay más butacas y cantidad de espectadores en términos anuales que en el otro sector. Y si al nuevo Multiteatro le sumamos el Odeón, el Maipo que Lino Patalano tiene espectacular y la refacción de El Nacional, el eje Obelisco hacia el Bajo se pone a la par del otro. Sí me preocupan los teatros que están fuera del eje Corrientes, como el Liceo [suyo], La Comedia, el Ateneo [fue suyo], el Regina, el Santa María o El Picadero, que es como la entrada a Corrientes. Yo haría un llamado de atención para dejar en claro que el teatro comercial no termina en Corrientes. No vaya a ser que las luces LED nos tapen las salas que todavía tienen las viejas luces de neón."
El Tabarís empezó su actividad en 1924, en tiempos de espectáculos en los que convivían el faisán y las copas de champagne. En un salto histórico, en 1981, Carlos Rottemberg y Guillermo Bredeston alquilan la sala. Con la recaudación de un espectáculo, la compran. En los noventa, pasa a ser alquilada por una iglesia evangelista. En 2007, Carlos Rottemberg la recupera. Cuando la reabre, como cerrando un círculo, programó una obra que llamó El champán las pone mimosas.
A mediados del año próximo, mientras la cara de la avenida Corrientes estrene nuevo look, pasará a ser Multiteatro Esmeralda, iniciando un nuevo tiempo de revancha.
La avenida Corrientes
El Tabarís pasará de ser una sala con capacidad para 500 a cuatro salas, con una capacidad total que rondará las 1500 butacas. El costo de inversión será de 1.200.000 dólares.
Mientras el plan del Tabarís avanza, continúa la construcción de las torres en donde estuvieron los teatros Odeón y Politeama. Allí, en total, se construirían otras tres salas ubicadas todas en el eje de la avenida Corrientes.
La icónica avenida, especie de Broadway porteña en donde se concentra el eje de la actividad teatral comercial, está en la mira del gobierno porteño con un plan de peatonalización en ciertas franjas horarias.
A. C.