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viernes, 22 de diciembre de 2017

HIJO DE TIGRE; TUTE....LECTURA RECOMENDADA


Lo que pone en juego una sesión de psicoanálisis, según Tute
El humorista gráfico reúne en un nuevo libro chistes de divanes



"Me cuesta soltar", dice una paciente recostada en el diván mientras sujeta la pierna de su analista. La viñeta lleva la firma de Tute y es una de las casi 250 ilustraciones que dan cuerpo a Humor al diván, el nuevo libro del dibujante.
La publicación recopila una amplia selección de los chistes relacionados con el psicoanálisis realizados en los últimos cuatro años. Con diversos registros, allí están las emociones del ser humano y los temas que se abordan en una sesión de terapia. El diseño de tapa incluye un troquelado que da forma a un diván en tres dimensiones sobre el que yace un individuo en busca de sí mismo.
Tute se psicoanaliza -con idas y venidas- y su trabajo habla de temas existenciales, el vínculo con los padres, con la pareja, las amistades. Más tarde o más temprano, todo lo que le interesa aparece dibujado. Como objeto, además, el diván le resulta atractivo: "Gráficamente es interesante la cuestión del psicoanálisis y muy proclive al humor. Ya tener a un tipito ahí sentado y a otro ahí al costadito, contando sus cuestiones más íntimas, es algo que da mucho juego. Si bajara un extraterrestre no sé qué pensaría de esos cuarenta minutos para hablar con un desconocido".

El dibujante ve el humor como un mecanismo de defensa para enfrentar momentos difíciles, también a nivel sociedad. "Nos protegemos con humor de golpizas políticas como las de hoy [por ayer], es un mecanismo para defendernos de lo que nos duele. Como en un velorio, cuando estás triste esa amargura sólo se rompe con humor, y todos se ríen ahí porque necesitan descargar. Es milagroso", reflexiona.

Autor: Tute
Editorial: Sudamericana

C. M.

sábado, 5 de agosto de 2017

UNIVERSO TUTE

El sillón giratorio que el humorista gráfico heredó de su padre, Caloi, mantiene vivo el legado de un oficio y el gesto creativo del artista
El sillón tiene inscripto el paso del tiempo. No se trata de la simple acumulación de los años, sino de la suma de las horas marcadas por la persistencia del trabajo humano. Por el simple uso. En él se sentaba Caloi a trabajar. De chico, Tute lo veía frente a la mesa y el tablero. Primero, pensaba en silencio. Cuando surgía la idea, trazaba el boceto en lápiz. Y después lo pasaba a tinta. Hoy Tute repite casi exacto este proceso sentado en el mismo sillón giratorio. Lo heredó cuando murió su padre, hace cinco años. "Mi viejo pasó más tiempo aquí sentado que en cualquier otro lado -dice-. Tal como ahora paso yo buena parte de mi vida."



Ante el sillón, nadie dudaría de la dedicación de padre e hijo a su oficio. Se diría que trabajar de humorista es estar ahí. Mantenerse quieto hasta que alguna idea mueva la mano hacia el papel. Tanto han estado ahí Caloi y Tute que el sillón pide a gritos un tapicero: el cuero marrón del respaldo está hecho jirones y el del asiento ya no existe; todo lo que queda es la funda blanca y raída de la gomaespuma. Pero Tute no necesita más. O, mejor, eso es precisamente lo que necesita. "Estoy buscando al tapicero indicado -dice-. Cualquier psicoanalista diría que me resisto a arreglarlo."
Tute no se apega a los objetos. Junto con una planta que no deja de crecer, el sillón es lo único que conserva de Caloi. Sin embargo, todavía le dura el duelo. Ya no hay angustias, pero sí una tristeza que a veces viene de visita. "Es difícil creerle a la muerte. Mirá lo que me pasó. Dos días después de que mi viejo muriera recibí un e-mail suyo. En una fracción de segundo, mi cabeza eligió creerle al mail y borrar el velorio y todo. Creí que seguía vivo. Al final, era un mensaje de la mujer de mi padre, escrito desde su casilla."
Aquel hombre, sin querer, por el simple hecho de aceptar su compañía mientras trabajaba, le legó un oficio. Se aprende por imitación: Tute dibujó su primer Clemente, el personaje más reconocido entre los que creó su padre, a los cuatro años. Al terminar la secundaria, decidió hacer diseño gráfico. Pero la carrera no le cerraba del todo. ¿Podría acaso ser humorista gráfico? ¿Era capaz de hacer buenos chistes que entendiera todo el mundo? Se quedó toda una noche despierto, dibujando, para responder esa pregunta y encontrarse con su destino. Al día siguiente, puso los dibujos en una carpeta y con ellos entró directo a segundo año en la escuela de humor gráfico de Garaycochea. "Esa noche me di cuenta de que sabía. Pero hasta ahí no sabía que sabía."
Hay lecciones que Tute recuerda. Una vez estaban los dos, padre e hijo, haciendo modelo vivo. Entonces Caloi, quizá ante las dificultades que enfrentaba su hijo, o ambos, le dijo: "Al dibujo hay que aprender a resolverlo. Y resolver en el papel te enseña a resolver en la vida".
El arte ayuda a sublimar la pérdida. Tute está escribiendo una historieta autobiográfica sobre la relación que tuvo con su padre. Tiene hasta ahora 80 páginas hechas y un título: "Diario de un hijo". Además, en un disco con canciones propias que está a punto de lanzar, hay una dedicada a Caloi. La canta Lisandro Aristimuño, se llama Sin querer y hay un verso que dice así: "Y en el papel, al dibujar, es mi mano tu mano también".
Pasan las generaciones, los gestos quedan. Y es en ellos donde Tute se reencuentra con su padre: "Cuando estoy trabajando y giro sobre este sillón para ver a mi hija, enseguida lo veo girar a él para mirarme y hablarme a mí". Así, pasado y presente se confunden. Pero es aquí y es ahora: para Tute ese sillón que ha resistido el peso de tantas ideas ya no es más "el sillón de mi viejo", sino el suyo propio. Y bien ganado que lo tiene.
H. M. G.

jueves, 1 de junio de 2017

TUTE...BRAVO HIJO DE PAPÁ CALOI

A los 10 años, a la hora de irse a dormir, caminaba en pijama hasta el living donde su padre tenía un tocadiscos y ponía vinilos de Joan Manuel Serrat. Con incorporada delicadeza ubicaba la púa en el primer tema, movía el parlante apuntándolo hacia su cuarto y volvía corriendo a la cama. Si cuando terminaba el lado A no se dormía, se levantaba, daba vuelta el disco y así hasta caer en los brazos de Morfeo. "Toda mi infancia tuve la canción muy presente", dice Tute, el humorista gráfico y poeta argentino de 42 años que en julio editará Canciones dibujadas, su primer disco con temas compuestos por él, sin siquiera haber aprendido a tocar un solo instrumento. Las canciones las compuso tarareando y entonces algunos versos se le van.
"No sé música ni sé cantar, así que me la tuve que rebuscar con amigos y gente que me diera una mano, porque esas melodías que se me ocurrían no las podía reproducir con ningún instrumento. Las tarareaba torpemente, con mucha inseguridad y las registraba en un grabadorcito". Con la ayuda de su pareja y del músico y amigo Gustavo Ecclesia convirtió esas melodías en canciones y al poco tiempo ya estaba metido de lleno en la producción de su álbum, para el que convocó a grandes cantantes y músicos que admira desde siempre, muchos de ellos viejos amigos de su padre, Carlos Loiseau, el también dibujante e historietista porteño hasta la médula conocido como Caloi: Jaime Torres, Ricardo Mollo, Manuel Moretti, Lisandro Aristimuño, Víctor Heredia, Adriana Varela, Gillespi, Inés Estévez y Kevin Johansen, entre otros. Pero el proyecto no quedó ahí, sino que como la idea era combinar las diversas actividades que Tute viene desarrollando durante los últimos años, el dibujo, la poesía, el cine y más cerca en el tiempo, la música, el proyecto sumó la producción de un DVD, con videoclips animados de cada una de las canciones, con diferentes técnicas, creados por distintos dibujantes y animadores.
Como su padre, Tute sufre de porteñidad aguda y confiesa con sonrisa ser viejo desde muy joven y que a los 18 años tomaba clases con Virgilio Expósito solo para que "el viejo" le contara historias. Ese amor por el tango, acompañado por una voz grave que parece marcar el 2 x 4 desde la cuna, lo llevó a escribir en 2010 las letras del disco Nuevos tangos, que firmó junto al cantor Hernán Lucero. Pero como si se tratara del remate de una de sus historietas, a Tute el que lo estaba esperando no era el tango, sino el rock.
"En mí conviven muchas músicas. En mi casa también se escuchaban los cantautores, que son mi otra gran influencia más allá del rock y del tango. La canción de los españoles, de los franceses que sonaban en el tocadiscos cuando yo era pibe¨.
-¿Cuándo empezaste a escribir letras de canciones?
-A partir del convite de Hernán Lucero de hacer un tango juntos. Él tenía unas músicas, quería debutar como compositor y le faltaba un letrista y me preguntó cómo me veía. Y la verdad es que no tenía ni idea, porque mi aproximación a eso era a través de la poesía, no de la canción. Nunca había escrito una canción. Me entusiasmó tanto que hicimos como veinte tangos y después fuimos por una zamba, por un bolero y en un momento, de tanto poner letras y laburar con melodías, empecé a despertarme con melodías en la cabeza, que eran mías, que estaban ahí.
-¿Escribís letras como hacés viñetas?
-A veces sí, es como un sistema medio inconsciente. Yo laburo mucho en la historieta y en el humor gráfico con el inconsciente. Y en la canción hice algo parecido, sobretodo en la letra. Por ahí tengo una idea de por dónde arrancar, como en un poema, y después lo completo en torno a esa idea. Borges decía que visualizaba los dos extremos, las dos orillas de una isla y, con inteligencia, construía todo lo del medio. Yo no siento que sea la inteligencia, sí por ahí alguna astucia, pero es más el inconsciente. El gran descubrimiento fue encontrar que eso que yo suelo hacer en la historieta o a la hora de incorporar la poesía en la historieta, de pronto con un vehículo como la música tenía otra dinámica. Además de la música interna de los versos y la musicalidad de las palabras, está la melodía y la sensación de que el mensaje se potencia.
-¿Encontraste un estilo en tus canciones como lo hiciste en tus dibujos?
-Creo haber encontrado algo, en esto es como que estoy haciendo mis primeros palotes, ¿no? Pero me quedo con una sonoridad como si fuera una mezcla de un cantautor con el rock y el bandoneón, que descubrí al final de las grabaciones, que me parece que le da un color que me representa, donde me siento identificado. Por lo ciudadano, por cierta atmósfera de la ciudad.
"Mi viejo siempre destacaba la inquietud que tenía, a diferencia suya, por meterme en otros mundos", dice Tute y recuerda que Caloi, tanguero por naturaleza, llegó a escribir una letra para un tango, con música de Raúl Carnota, basada en uno de los personajes de su historieta, Bartolo. "Pero no se grabó hasta que Hernán Lucero la incluyó en un disco suyo." Ahora Tute le escribió un tema a su padre, "Sin querer", que para Canciones dibujadas grabó Lisandro Aristimuño. "Para mí es la canción más conmovedora y por eso lo elegí a Lisandro. A él lo conocía superficialmente, de habernos cruzado por ahí, pero no es amigo mío y la verdad es que lo tomó con una responsabilidad muy emocionante. Me mandaba fotos de cuando estaba ensayando la letra que yo le había mandado y me decía: «Es una responsabilidad muy grande, te lo agradezco». Lo que hizo Lisandro es una belleza."