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El precio es demasiado alto
Salvo en regímenes con ministerios de propaganda y control del pensamiento, las obras culturales no son sustraídas de tu biblioteca o tu discoteca; online las cosas son algo más complicadas....Análisis
Un disco desaparece de tu colección de una plataforma de música por streaming, y adiós. No hay derecho al pataleo, ni siquiera cuando pagues una cuota mensual. Pero incluso esto, que ya es distópico, puede empeorar
Ariel Torres
Es solo un CD. Contiene sonatas de Haendel para flauta dulce ejecutadas por la danesa Michala Petri. En el clavecín, nada menos que el enorme Keith Jarrett. Una delicia. Así como lo encontré en Spotify, lo agregué a mi colección, y lo escuchaba (a veces solo lo oía, mientras trabajaba) con mucha frecuencia. Es una joyita. Cuando me pasé a Tidal, estuvo entre los primeros discos que añadía mi colección. Lo de mi colección entre 400 comillas.
Unos días atrás fui a oírlo y había desaparecido de entre mis álbumes de Tidal. Lo busqué sin mucho esmero en Spotify, porque la plataforma sueca ya me había dado un dolor de cabeza idéntico en 2019 con You must believe in spring, un extraordinario disco póstumo de Bill Evans. Tampoco lo encontré ahí. Pero esperen, porque el asunto resultó más retorcido, e incluso seguí descubriendo cosas una vez cerrada la edición de papel, que, por lo tanto (y tomen esto como una fe de erratas, acaso innecesaria), contiene solo una parte de la historia. En Spotify mi colección (entre comillas) tiene muchos más discos que en Tidal. Así que usé el buscador, y no encontré el disco de Petri y Jarrett. (Solo daría con esta obra unos días después, cuando recorrí trabajosamente todos los álbumes de mi colección. Por fortuna, tiene una tapa colorida.) En todo caso, sé que en la Argentina tenemos problemas peores, pero si uno tiene que esperar a que todo esté más o menos bien para hablar de estas cosas, al final la cultura se convierte en un lujo, y no es la idea.
Cultura y entretenimiento
El álbum con las sonatas de Haendel por Petri y Jarrett fue grabado en 1990 y no daba la impresión de ser una obra que originara con facilidad un escándalo mediático por derechos de autor. No obstante, y aunque no me fue posible averiguar la razón de su súbita desaparición (spoiler: no había desaparecido; era peor), como en muchos otros casos, estas incalificables sustracciones están causadas por conflictos de intereses. Pasó con Evans. Era muy probable que hubiera pasado con el disco de Haendel.
El catálogo del servicio de Tidal ha ido ganando terreno y siempre ofreció calidad de CDLo que pago por Tidal es realmente ridículo (145 pesos, final), tomando en consideración la enormidad de música que ofrece y su extraordinaria calidad de audio. Aclaro eso antes que ninguna otra cosa. De a poco la aplicación va mejorando (pero aquí es donde iba a encontrar el mayor disgusto), y hasta que Spotify no se decida a hacer streaming en calidad de CD (iban a estrenar esa función hace unos ocho meses, pero sigue ausente), prefiero Tidal. Con auriculares más o menos decentes o un equipo de audio bueno, la diferencia entre una y otra plataforma es abismal.
Dicho esto, e incluso cuando es un hecho que toda nueva tecnología puede traer aparejados riesgos que solo aparecen con el uso masivo, el que obras enteras desaparezcan de tu colección sin avisar, sin preguntar y sin el menor derecho a reclamo es inadmisible. No se trata de un riesgo. Se trata de que las plataformas de música, películas e incluso libros son una pantomima de la cultura. Por eso fueron barriendo esa palabra bajo la alfombra para reemplazarla por entretenimiento. No son lo mismo. Mis discos, en mis estantes, son míos y, más importante, no son descartables, no son consumibles y no son suntuarios. Y además, salvo en una sociedad con un ministerio de control del pensamiento, se supone que nadie va a venir a sacarme un libro o un disco de mi casa.
Aunque el precio sea razonable (e incluso muy bajo, como en Tidal) y la oferta de obras, enorme (al revés de lo que se ve en Netflix, Prime, HBO, Disney y demás), si un disco puede esfumarse sin aviso, el precio que estamos pagando por tener toda esa música a un clic es demasiado alto. Entiendo lo de los conflictos de intereses, los plazos de gracia, las jurisdicciones, los acuerdos, etcétera. Pero si una persona agregó una cierta obra a su colección, ya no deberían sacarla de ahí. No es cualquier cosa. Es un disco. O un libro. Un objeto cultural que constituye la identidad de esa persona, y que muy probablemente atesora.
Que no esté disponible para nuevos clientes, OK, forma parte de las reglas de juego. Pero o dejan de meterse con mis discos o le cambian el nombre a la sección y, en lugar de llamarla Mi música (Tidal) o Tu biblioteca (Spotify), le ponen algo como “Discos que vas a poder oír cuando quieras, hasta que se nos ocurra sacártelos”.
El que busca encuentra
Hasta aquí llegaba la versión en papel de esta columna. Sin embargo, a pesar de las evidencias, algo no me cerraba. Así que seguí buscando el dichoso disco de Petri y Jarrett, búsqueda que ya por sí era distópica y completamente reñida con lo que se supone que debe ser una colección de obras culturales. No quiero significar con esto que soy un tipo muy ordenado. Pero sé que el libro está. Hay una gran diferencia entre buscar un libro en anaqueles algo desordenados donde sabés que está que buscarlo en una plataforma que podría haberlo eliminado.
Tres gigantes: Jack DeJonette, Gary Peacock y Keith JarrettTidal tiene un problema adicional. Cada dos por tres (literalmente; ocurre a menudo) le doy clic a un disco en mi colección y me dice, sin anestesia, Este contenido ya no está disponible. Horrible. Insisto con esta idea, porque es el eje de todo el asunto: se suponía que un objeto cultural no podía desaparecer, salvo en regímenes espantosos a los que creo que no querríamos volver.
Ahora bien, en este medio siglo de vivir entre computadoras he aprendido algunas cosas. Así que cuando Tidal me dice que un álbum ya no está disponible, dudo. Voy a la sección de la banda y resulta que ahí el disco está. ¿Pero cómo, lo tenés que volver a agregar? Exactamente. Al parecer tienen algún problemita con su base de datos. La cosa es que estoy acostumbrado a que los discos aparezcan en mi colección como no disponibles, pero que en realidad estén en la sección de la banda. Un susto nada más, digamos. Pero un susto que tampoco ocurre con tus libros y discos reales.
El sitio de RPWLAhora, una cosa es si, por poner un ejemplo, me desaparece un discos de RPWL o de Porcupine Tree. Y otra muy diferente si esto ocurre con un disco de Haendel, porque hay docenas de versiones de las obras clásicas. Entra en escena el otro gran problema de estas plataformas: el buscador. No sé quién se los diseñó, pero con el disco de Petri y Jarrett tuve que hacer cuatro intentos antes de que apareciera. También busqué en todos los álbumes de Haendel. Nada. ¿En los de Michala Petri? Cero, a pesar de que figura como la intérprete. ¿En los de Jarrett? Tampoco. Como se ve en la imagen, más abajo, el buscador deja mucho (pero mucho) que desear. Solo cuando puse handel sonatas petri el dichoso CD volvió a aparecer.
El sitio de Porcupine TreeAsí que, aunque mi primera impresión fue que había ocurrido lo de siempre –es decir, que te sacan una obra sin preguntar y sin derecho a reclamar–, el asunto era peor. El disco estaba, pero era muy difícil de encontrar. ¿Cuál es la diferencia entre eso y que no esté? Casi ninguna. Pero con una vuelta de tuerca. En casa debo tener unos 1000 discos compactos. Es un trabajo encontrar algo, si, como es el caso después de mudarme, la discoteca no esté bien ordenado. Pero cuando la plataforma se ufana de ofrecer 90 millones de canciones (hagamos unos 7,5 millones de álbumes), si el buscador no es muy solícito, entonces resulta inútil, con la frustración adicional de que algo te dice que podría llegar a estar.
Salvo la última, todas las búsquedas daban cero; Tidal, además, prefiere la forma Händel a Haendel. O Handel a secas, que es la otra forma original del apellido del compositor alemán-británicoEn Spotify ocurre algo semejante, aunque su buscador es claramente mejor. Si uno pone lo obvio (Haendel Petri Jarrett), el disco no aparece. En realidad, el apellido de Haendel es Händel; Haendel es una forma afrancesada, pero muy común en la Argentina. Así que si en Spotify ponés Händel Petri Jarrett, ¡bingo!, el álbum aparece. Bueno, noticia de último momento: estos pequeños conflictos en la escritura de apellidos extranjeros (piensen en los compositores rusos, sin ir más lejos) ya los teníamos resueltos hace rato. Por comparación, en Google basta poner Haendel Petri Jarrett para que el disco aparezca en primer lugar.
Así que, redondeando, no solo estas colecciones que uno siente como propias son evanescentes, frágiles, volátiles, inestables (o sea, todo lo que no queremos de la cultura), sino que además los buscadores son muy pobres, poco intuitivos, engañosos, y lo son con volúmenes de música monumentales. Digo, 7,5 millones de discos no solo es un número 7500 veces mayor que lo que tengo en casa, sino que si estuvieran ahí, materialmente, pesarían alrededor de 750 toneladas. Tal vez, si lo vieran así, se darían cuenta de por qué el buscador es tan importante como el algoritmo de sugerencias, que anda bastante mejor, aunque a veces tiene ideas un poco extrañas.
Recuperadas, no sin esfuerzo, las sonatas de Haendel por Petri y Jarrett; de paso, encontré otro másLa buena noticia: he recuperado ese amado disco de la Petri y Jarrett ejecutando magníficamente sonatas para flauta dulce de Haendel. O Handel. O Händel. La mala: lo recuperé porque soy testarudo, porfiado, obstinado y terco. De otro modo, y si no me llevara así de bien con las computadoras, habría bajado los brazos. Y tampoco es la idea que para poder oír tu música favorita tengas que saber que los buscadores tienen mañas. En resumen, y como ya lo dije en varias ocasiones, estas plataformas son un sueño para los que de verdad amamos la música. Pero deberíamos acordar, de mínima, que una vez que una obra es incorporada a la colección de un cliente, no se toca. Uno siente que sus CD y sus libros son sagrados. Online tiene que ser igual.
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