Cien años de soledad, en vivo
MADRID Sergio Ramírez
He asistido en la Casa de América al pase del primer capítulo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, la serie que Netflix estrenará el 11 de diciembre. No pretendo juzgar sobre la base de una muestra el todo de este ambicioso proyecto cinematográfico −la mayor superproducción que se ha filmado nunca en América Latina−, sino hacer algunas consideraciones sobre las distancias, a veces tan insalvables, que hay entre un libro y una película.
Una vieja boutade cuenta que unas cabras comen en un baldío películas, desde luego que las cabras comen de todo, y una le pregunta a la otra: “¿Qué te parece?”, a lo que la interpelada contesta: “Estaba mejor el libro”. Para el espectador que ha leído el libro, siempre estará mejor el libro, y es a partir de este prejuicio que la versión en la pantalla de una obra literaria debe abrirse paso.
Y sobre todo en el caso de Cien años de soledad. Quien se sienta en la butaca puede no haber leído el libro, y, motivado, sale después a buscarlo para comparar. Pero esta es una novela que desde su publicación, en 1967, fue leída con avidez y asombro por todo el mundo, porque desbordó los círculos habituales de lectores de libros literarios para pasar a las barberías, siguió siendo devorada por sucesivas generaciones de lectores cultos y profanos, en español y en todos los idiomas del mundo, y se mantiene en los programas escolares.
No hay entonces espectadores desprevenidos para este libro. Todos tienen en la cabeza sus propias imágenes de los personajes, y de la secuencia de la acción y de sus escenarios, y por tanto, cada quien ha filmado su propia película. Necesariamente habrá de comparar, de cara a la pantalla, la versión que la superproducción le ofrece con la que tiene en su memoria.
Porque el milagro de la literatura consiste en una transferencia de imágenes de la cabeza de quien las concibe a quien las descifra a través de la lectura, para construir, a su vez, su propia imagen en su propia cabeza; y esa operación se hace a través del vehículo de las palabras. Nunca hay dos imágenes iguales, porque la imaginación es múltiple y nunca reclama fidelidades entre el autor y los lectores; y como tampoco hay un solo lector, habrá tantas imágenes como lectores.
Por tanto, toda obra literaria es una construcción verbal, y las imágenes en un libro están hechas a base de palabras. Y Cien años de soledad, más allá del membrete de realismo mágico, es una de las más espléndidas construcciones verbales de nuestro idioma.
El cine es, en cambio, una construcción hecha sobre la base de imágenes, y la narración que corresponde a las imágenes nunca podrá ser sustituida por las palabras, digamos la voz de un narrador en off, porque esta clase de auxilio viene a ser una especie de rescate de las imágenes, cuando no funcionan. Otra cosa son los diálogos, que cuando en un libro son decisivos por eficaces, pasan íntegros al guion.
Pero aquí hay otra dificultad que Cien años de soledad presenta al guionista: en el libro no hay diálogos. Cuando un personaje habla, lo hace con una frase muy rotunda, terminante, y entonces los diálogos hay que inventarlos, lo cual viene a ser un desafío mayúsculo: ponerse a la par del autor.
En una escena del primer capítulo que vimos, la voz en off nos está contando que en los años de fundación de Macondo “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo”, mientras un niño desnudo, José Arcadio Buendía, recibe unas frutas de una vecina para que las lleve a Úrsula Iguarán, su madre. Sabemos que son corozos por una mención de la vecina o de la madre; pero es el momento en que las cosas no tenían nombre, con lo que se impone aquí el silencio. La palabra la tiene la imagen, si aún no hay palabras.
Por el diálogo que siguió a la proyección nos enteramos de que la voz en off que narra es la de Aureliano Babilonia, el último de los Buendía; pero son las palabras de García Márquez, una interposición textual de la novela que fuerza a las imágenes a convertirse en una ilustración de la narración; dificultad agregada, porque la voz literal del autor se vuelve un pie de amigo que no deja a las imágenes hablar por sí solas.
El primero en desconfiar de que sus novelas pudieran ser eficaces en el cine fue el propio García Márquez, que vio cómo no cuajaban los buenos intentos con las versiones filmadas de otros libros suyos, y temía que la tentativa con Cien años de soledad no curara su escepticismo. Es muy temprano para saberlo con esta serie antes de terminar de ver los 16 capítulos de que consta, y ojalá, como se nos anunció al final del pase, cada uno de ellos sea mejor que el otro
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Un bipartidismo de izquierdas y derechas
Bernardo Saravia Frías
Los extremos se tocan y sale a la luz lo que los amalgama: un bipartidismo de izquierdas y derechas
Caos no es desorden. Etimológicamente es lo que se abre inconmensurablemente, sin punto de apoyo. Por eso es la base del poder en la concepción populista: el poder es tal, solo y mientras siga siendo acrecentamiento y se ordene a sí mismo más poder; su detención marca el inicio de la impotencia.
Para entender la nueva configuración política argentina cuenta más que nada lo que dice con lo que no se dice. Hay dos datos para explicar este aparente trabalenguas: el temario para sesiones extraordinarias anunciado por el Poder Ejecutivo y las recientes declaraciones de una de las más prominentes figuras de la “oposición”.
Las sesiones extraordinarias tienen una connotación de urgencia que excede la coyuntura y se explica por asuntos impostergables, que justifican convocar al Congreso fuera de lo ordinario. Los temas propuestos no cumplen con ninguno de los requisitos; todos podían esperar y ninguno es eminentemente central. Pero lo más importante es lo que no está: brillan por su ausencia el presupuesto y las polémicas nominaciones para ocupar asientos en la Corte Suprema de Justicia.
Al presupuesto se lo llama programa de gobierno y ley de leyes. No es exagerado. Es la brújula normativa para el normal funcionamiento de un país: se trata de autorizar qué se gasta y cómo se gasta, de manera transparente y a resultas de una discusión en el Congreso. Se distorsionó durante el largo período kirchnerista, en línea con romper instituciones guía, como el Indec, para ocultar la inflación. Toda una tradición que tristemente continúa y empieza a dejar mensajes preocupantes, incluyendo a inversionistas tan proclives a denostar las formas, hasta que con el tiempo se arrepienten, porque no la vieron.
Lo de las nominaciones a la Corcon te es un silencio que sugiere acción oblicua: su designación en comisión por decreto, para esquivar la falta de mayorías en el Senado, aprovechando el receso estival. Se cita como antecedente justificante la última nominación del presidente Macri: un error disfrazado de verdad a medias, porque ese decreto establecía expresamente la correspondiente anuencia legislativa, que estaría faltando en este caso. Manipulación institucional y argumental, que abre signos de interrogación de gravedad.
El marco de análisis se completa
la declaración de necesidad de reforma constitucional por parte de una prominente opositora. Tiene carices acuerdistas si se consideran los fundamentos: elección popular de los jueces, para terminar con “rémoras monárquicas”; votación cada cuatro y no cada dos años, y algo no tan claro, pero enunciado al pasar: la libertad de prensa como una formación de dominio para controlar.
Silencios de un lado, palabras del otro, que dejan entrever más concordancias que desacuerdos, y empiezan a delinear un pacto de olivos reciclado. Los extremos se tocan y sale a la luz lo que los amalgama: un bipartidismo de izquierdas y derechas, sobre la base de un poder sin control judicial y de la prensa, que asegura que nunca caiga en la impotencia de rendir cuentas ni dar explicaciones. Debilitar la política y el control. Todo lo que no es una república; todo lo que está mal y hay que evitar
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Pornografía infantil
En lo que se considera la operación contra tráfico y producción de pornografía infantil más grande realizada en la provincia de Buenos Aires, más de 1100 agentes policiales, fiscales y fuerzas federales realizaron semanas atrás en forma simultánea 114 allanamientos en una veintena de localidades bonaerenses y detuvieron a 21 hombres y mujeres involucrados en abuso, acoso sexual en línea (grooming), corrupción de menores, difusión de pornografía y otros delitos contra niños y adolescentes.
La investigación llevó dos meses y medio de trabajo conjunto de más de 20 fiscalías especializadas a partir de la búsqueda proactiva de material en internet, denuncias de particulares y presentaciones de organizaciones de alcance internacional dedicadas a la protección y prevención de las víctimas de pornografía.
La operación, denominada Protección de las Infancias IV, constató que entre los detenidos hay padres de menores abusados y familiares directos de estos. El Ministerio de Seguridad informó que se pudo identificar y rescatar a 70 chicos, algunos incluso de menos de 9 años, que fueron abusados para producir el material pornográfico. Resultaron imputados 116 sospechosos: 97 varones y 19 mujeres. Hay 16 que trabajaban en contacto directo con infancia y 67 que convivían con menores de edad.
El operativo del Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires, a cargo del procurador general Julio Conte Grand, es la cuarta misión organizada de acciones para combatir la pornografía y el abuso sexual infantil desde 2023. El procedimiento estuvo coordinado por el Departamento de Delitos Conexos a la Trata de Personas, Pornografía Infantil y Grooming, a cargo de Eleonora Weingast.
Las nuevas tecnologías en manos de niños y adolescentes se han vuelto muy riesgosas. Escudados detrás de perfiles falsos en las redes sociales, los delincuentes establecen comunicación con las víctimas y se ganan su confianza hasta lograr la entrega de material pornográfico. Entrampado en situaciones que no puede manejar y que le suman vergüenza, el menor sufre coacción para suministrar más imágenes y, eventualmente, acudir a sitios donde se pone en riesgo su integridad física. La inexistencia de fronteras en el mundo digital es usufructuada por los traficantes de pornografía infantil.
Un joven de 15 años en el partido de San Martín vendía fotografías de sus compañeras de colegio de entre 13 y 17 años, robadas de las redes y modificadas con inteligencia artificial (IA). El pack de fotos se vendía a 25.000 pesos. Algo similar ocurrió en mayo en otro colegio de La Plata. Según la agencia policial europea Europol, el uso de la IA para crear pornografía infantil en línea crecerá también de manera exponencial y las imágenes falsas pero hiperrealistas, que utilizan el rostro de personas reales en escenas sexuales, hará cada vez más difícil identificar a las verdaderas víctimas.
La pornografía infantil es un delito aberrante y combatirla es un desafío que debe ser asumido por las autoridades nacionales, provinciales y municipales con total decisión y responsabilidad. Sin un manejo ético y responsable de las herramientas digitales y sin el acompañamiento de padres, educadores o personas conscientes de los peligros que los acechan, los menores transitan por campos minados.