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sábado, 3 de abril de 2021

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


Respiración ovárica, de Ingrid Sarchman
Sátira en la medida justa

Divorciada, con dos hijos y en ese punto medio de la vida donde las expectativas por el futuro empiezan a corrugarse ante las experiencias del pasado, la protagonista de Respiración ovárica, la primera novela de Ingrid Sarchman (Buenos Aires, 1973), se sumerge en una espiral de terapias, pseudoterapias y falsas terapias para demandarles exactamente lo que proponen: un sentido a préstamo para la vida. Pero ese sentido demora su llegada y la crisis existencial se profundiza. En consecuencia, el carácter “prusiano” de esta traductora profesional de literatura alemana colapsa y su búsqueda metafísica se empantana cada vez más (y peor) entre soluciones inmediatas como los somníferos, el alcohol y una atropellada necesidad de amar y ser amada por hombres que, al parecer, no están dispuestos a conciliar sus planes con los de ella.
A partir de este punto, Sarchman intercala lo que comienza como una típica historia de reconstrucción personal en forma de diario íntimo con la sátira, un género siempre esquivo en la literatura argentina actual. Y ahí es donde Respiración ovárica, narrada como si fuera, también, una confesión catártica a un terapeuta, encuentra su verdadero oxígeno.
La clave para que esta combinación funcione está en lo que, contra su propia convicción, muchas veces comparten tanto los evangelistas y los astrólogos como los “consteladores”, los tarotistas y los maestros de “escritura creativa” con los que la protagonista intenta reconstruir su rumbo: una espectacular confusión entre la realidad y la ficción. Alrededor de este equívoco, la mejor sátira se desenvuelve cuando esta mujer, que en un momento se esfuerza por decodificar a qué personaje de la novela que acaba de publicar uno de sus proyectos de novio se parece (“le das algunas pistas al lector de mi color de pelo, o de mis ojos, porque sé que es lo que más sobresale de mí en la vida real”) tampoco logra desprenderse de la placidez falsa de las redes sociales (“no era tanto analizar sus fotos en Instagram sino sus movimientos, qué contactos agregaba, qué comentarios recibía”) ni de los “chantas” para los que “todo es culpa de los demás”.
En las soluciones rápidas siempre hay algo de ficción; ¿pero qué pasa con lo que esas ficciones pueden hacer por nuestra realidad? Es así como Respiración ovárica, que sabe en qué medida permitir la entrada de la tragedia para atenuar el tono de la comedia, plantea su pregunta: “¿Si creyéramos en algo nos iría mejor?”

RESPIRACIÓN OVÁRICA
Ingrid Sarchman
Milena Caserola
209 páginas
$ 750

N. M.
 
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lunes, 8 de febrero de 2021

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


El mérito, de Liliana García Carril
Palabras como balas o sables

 Bajo la Luna Poesia
Hay libros de poesía que se piensan como un artefacto. Están construidos a partir de poemas que se pueden leer de manera independiente pero cuya verdadera potencia está en la serie que conforman. Es el caso de El mérito, cuarto libro de Liliana García Carril. Dividido en dos partes, "Pravda" -en alusión al periódico de la ex-Unión Soviética- y "El mérito", el libro gira en torno a la figura de un padre y su relación con la hija.
García Carril trabaja un cruce interesante: el de las ideologías y la vida familiar. "Un día descubrí que un montón de horas/ de la militancia de mi padre/ tenían nombre de mujer/ judía", dice. La poeta, entonces, recorre la infancia, las escenas con el padre, con los amigos; "y una intenta/interpretar la vida/ y convertirla en libro". Ya no es una niña: no sólo ha descubierto una vocación literaria sino que también puede reconocer la tragedia: tiene a "las rusas leídas", como dice. Ana Ajmátova y Marina Tsvietaieva, esas grandes escritoras que, entre otras cosas, padecieron los horrores posteriores a la revolución. En otro poema describe una foto en la que su padre está en una aerosilla y dice: "todo está destinado a caer/ o a distorsionarse/ pero ¿cómo?"
El padre como héroe, la infancia, pero también la revolución y sus ideales: todo termina o terminó y en gran medida de eso depende el pasaje a la vida adulta. La cuestión es con qué grado de violencia. Cómo se reinterpreta la figura del padre, de este padre. En el último poema, justamente "El mérito", la poeta narra un encuentro con su padre, ya grande. Evadiendo cualquier solemnidad, conjuga lo trivial con lo fundamental de un diálogo en el que dice: "le hablé del malestar en la cultura/ no de mi malestar hacia él/ por haberme abandonado por una rusa;/ me comporté como una chica dura/ me entusiasmaba discutir las razones/ de la caída de un mundo: el de él."
Se trata de un libro en el que las palabras son elegidas con gran precisión. Palabras como balas o sables que abren sentido, que golpean o desgarran a la vez que construyen poemas bellísimos. García Carril trabaja con los sonidos, las rimas -en el mejor legado de quien ella describe como su maestra: Mirta Rosenberg-el corte de verso que no siempre respeta el sentido de la frase, sino que responde a leyes formales del poema. Leer El mérito es adentrarse en una historia familiar pero, sobre todo, en la certeza casi esotérica de que un buen poema es aquel capaz de transmitir algún tipo de verdad.

EL MÉRITO
Liliana García Carril
Bajo la Luna
60 págs.
$ 580

C. E. 

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miércoles, 9 de diciembre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


Un lugar llamado antaño, de Olga Tokarczuk
Caleidoscopio de vidas que se entrecruzan


El orden de aparición en castellano de los libros de Olga Tokarczuk (Sulechow, 1962) ha sido contrario al cronológico. Durante un tiempo circuló Bajo los huesos de los muertos (2009). En cuanto obtuvo el Premio Nobel de Literatura, se tradujo Los errantes (2007). Ahora le toca el turno al más antiguo de los tres, Un lugar llamado Antaño (1996), que tiene varios puntos de contacto con Los errantes, el libro más celebrado de la polaca, a la vez que diferencias esenciales.
En los dos predomina una estructura fragmentaria, y una firme oposición al orden convencional de la narración. La clave en Un lugar... es Antaño, que ha llevado a una asociación un poco apresurada con el realismo mágico de Gabriel García Márquez. A pesar de su fantasía inagotable, Cien años de soledad tenía una firme raíz en el costumbrismo, en la descripción realista. Tokarczuk utiliza a Antaño como un lugar mucho más geométrico, más elusivo que Macondo. Depende del tiempo pasado más que del espacio, imaginario o no.
Las vidas que se entrecruzan en el relato son numerosas. Aparecen y desaparecen (sin que el lector conozca su final) y, en algunos casos, objetivamente, mueren. El mayor peso de los personajes está del lado de las mujeres. Un juego adicional de la novela es la manera en que se concentra en objetos o estructuras: los subtítulos de las distintas historias hablan de un "Tiempo de Genowefa" o de un "Tiempo de Kurt", pero también proponen un "Tiempo del molinillo de Misia" (concentrado en un moledora de café), o un "Tiempo del juego", que ofrece un escape metafísico a los límites de lo real.
Algunas referencias reflejan el paso del tiempo, que incluye las dos guerras mundiales del siglo pasado. En el caso de la Segunda, se la muestra con una dureza fuera de lo común. No falta la simbología cristiana, tan decisiva en la historia de Polonia.
Como en sus otros libros, la autora demuestra de sobra su capacidad para producir emoción y momentos bruscos de fulgor narrativo. La idea previa de montaje y desmontaje interviene una y otra vez. El pulso con que se maneja el tiempo lleva sin embargo a que los múltiples personajes de Un lugar llamado Antaño aparezcan algo inmóviles en comparación con los múltiples viajes y cruces que propondrá Los errantes, el libro en que Tokarczuk lograría afinar aún más su particular estilo caleidoscópico.

UN LUGAR LLAMADO ANTAÑO
Olga Tokarczuk
Anagrama
Trad.: E. Rabasco y B. Wyrzykowska
262 págs./ $895

E. E. G. 
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lunes, 30 de noviembre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac
Madre e hijo, en una novela fuerte y original
"Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea." Así empieza El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tîbuleac (Moldavia, 1978). Quien narra es Aleksy, un adolescente con problemas psiquiátricos a quien su madre le pide pasar un verano juntos en un pueblo de Francia. A través de un lenguaje crudo, poético, que sigue las impresiones y los pensamientos tortuosos del narrador, la novela cuenta la transformación de ese vínculo madre/hijo a la vez que narra el pasaje de la vida a la muerte: la madre, le confiesa en las primeras páginas, está muriendo de cáncer.
Inmigrantes polacos que viven en Londres, la familia de Aleksy es lo que los norteamericanos llaman una familia disfuncional: un padre violento que abandona a la madre y al hijo, una hermana muerta, una madre demasiado herida como para hacerse cargo del padecimiento de otro -"alguien que me había apartado de un puntapié como a un perro cuando yo estaba dispuesto a ser un perro solo por sus caricias", dice Aleksy- y una abuela ciega. 
Puede que esta semblanza roce lo grotesco: afortunadamente el narrador se ríe, por momentos, de sí mismo y así sortea lo que de otra manera hubiese sido un largo melodrama. No lo es. De lo que habla la novela es de dos personas -madre, hijo- que esperan la muerte como si se tratara de un alumbramiento y que, a partir de esa espera, sin solemnidad, empiezan a reencontrarse. La manera en la que la autora narra sin demasiada acción pero con descripciones potentes, el leitmotif que se intercala entre los capítulos ("Los ojos de mi madre lloraban hacia adentro/ Los ojos de mi madre eran campos de tallos rotos") y la construcción de los personajes hacen de El verano en que mi madre... una novela conmovedora, aunque sin la menor sensiblería. Tîbuleac pone en boca de Aleksy metáforas originales: "Mi madre parecía una planta de interior sacada al balcón. Yo parecía un criminal lobotomizado. Éramos, al fin, una familia".
La autora moldava no se instala, sin embargo, en la retórica del dolor. Fiel a los preceptos clásicos de la novela, los personajes cambian, hay un tránsito que el lenguaje acompaña. La vida de Aleksy avanza y la crudeza se vuelve más amable. El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una obra sobre la relación filial de gran belleza, que reflexiona sobre el arte sin soltar la atención del lector.


EL VERANO EN QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES
Tatiana Tîbuleac
Impedimenta
Trad.: M. Ochoa de Oribe
256 págs./$985

C. E. 

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jueves, 5 de noviembre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


No es un río, de Selva Almada

Una historia gótica con fondo litoral
Las voces del río y el monte resuenan en los personajes de No es un río, la tercera novela de Selva Almada (Entre Ríos, 1973), una historia que construye el mito de una región en el espacio mínimo de una isla, y más extraordinario aún, conjuga en su universo dos tradiciones a primera vista inconciliables: la poética del litoral y el gótico latinoamericano.
En la escena inicial parece cifrarse toda la trama. Enero Rey, Tilo y el Negro pelean contra una raya gigante. El bicho se resiste, la vencen con tres disparos de revolver. Ya muerta e inútil, unos días más tarde, la devuelven al río. El mismo río donde se ahogó el padre de uno de ellos. Esa escapada a pescar a la isla, tan habitual en la zona, más que sacarlos de su rutina, los traslada a un tiempo donde el presente cristaliza el pasado y el futuro.
En la isla, por supuesto, ocurren eventos extraños. Los tres hombres se cruzan con los habitantes del lugar; los vivos y los muertos. El monte y la naturaleza que los rodea tienen una presencia material poderosa, que se escucha, se huele, se cierra y abre sobre ellos y también se palpa en la textura exuberante de las plantas, el graznido de un pájaro, el reverberar del sol sobre los árboles.
Al mismo tiempo el lenguaje alcanza la condensación de la poesía. Las frases son brevísimas, las descripciones, ajustadas, las imágenes, exactas. "Hay un ruidito de pájaros, de bichos chicos. Un bisbiseo de yuyos. Aperiás, comadrejas, vizcachas se escurren entre los pastos". El ritmo hipnótico enmarca el silencio de los personajes, que apenas conversan, más bien recuerdan los tramos de sus vidas que no terminan de resolver.
En No es un río vuelven los temas que Almada ya había abordado en sus novelas anteriores, pero esta vez se aventura también a lo sobrenatural. Al igual que en El viento que arrasa y Ladrilleros aparecen los vínculos entre hombres, el amor y la violencia, pero la autora pone en el mismo plano el espacio físico y las fuerzas invisibles que lo habitan. Los personajes en la isla atraen los ecos del pasado: el ahogado y su historia, las chicas lindas, la culpa, los muertos, la locura de un personaje por el fuego.
Almada no es costumbrista, pero, aun así, sabe captar la idiosincrasia de una región. Sus personajes revelan, en su parquedad, una vida interior densa, azotada por inquietudes existenciales. Quizás el silencio y las voces de la naturaleza ocupen el lugar de una respuesta posible.

NO ES UN RÍO
Selva Almada
Random House
144 páginas
$899

V. B. 


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miércoles, 4 de noviembre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


Los nombres epicenos, de Amélie Nothomb

Nueva fábula contemporánea
La fascinación de Amélie Nothomb (Kobe, Japón, 1967) por los cuentos de Charles Perrault no es ningún secreto. En la última década se dio el gusto de volver a narrar dos de ellos sin siquiera cambiarles el título: Barba Azul y Riquete el del copete. Su novela previa, Golpéate el corazón, es en cierto modo un cuento de hadas freudianas y lo mismo puede decirse de su nueva ficción, Los nombres epicenos. La diferencia entre ambas radica en el lugar que ocupa el monstruo dentro de la familia. En la anterior el ser horrendo que abominaba a su hija era la madre; en ésta, es el padre.
Los nombres epicenos es la historia de una joven de provincia que vive sin saberlo entre dos tentativas de venganza, una fallida, la otra exitosa. Con astucia y oficio, Nothomb consigue que el lector adopte el punto de vista inocente de Dominique que, al igual que su siniestro marido Claude y su hija Épicène, tiene un nombre que puede designar a personas de uno u otro sexo, o sea epiceno.La cuestión onomástica no es un asunto menor. Por ejemplo, Claude significa "rengo" en latín, es decir, lo opuesto a alguien recto, y Épicène, cuyo prefijo de origen griego "epi" significa "por encima de", es la que pasa sobre el río Sena (Seine) cuando se ve obligada a mudarse, dejando atrás sus afectos.
Para infundir dramatismo a este cambio de orilla parisina, Nothomb hace un paralelo con el cruce de la laguna Estigia que realiza Orfeo para rescatar a Eurídice. Claro que además de la anécdota mítica este evento tiene un fuerte componente sociológico, por no decir balzaciano, ya que la ambición de Claude es la misma que abrigan unos cuantos personajes de La comedia humana: vivir en un barrio chic de la orilla izquierda.
El estilo de Nothomb, que tanto se parece a una falta de estilo -frases cortas, adjetivos banales, diálogos rasos-, somete la prosa a una depuración que podría hacer creer que la autora es algo aniñada. No obstante, hay en la trama una eficacia técnica -aprendida tal vez de su admirado Stephen King- que incita al lector a devorar el libro en una sentada.
Los episodios se suceden como en una fotonovela, dejando elipsis insalvables entre una imagen y la siguiente; y el final, que llega después de varios zigzagueos, cierra la fábula con solvencia y cierta picardía. De hecho, cuando a modo de coda alguien se le acerca a la protagonista para confesarle que "el secundario era Claude", intuimos que, en una acrobacia metaliteraria, Nothomb le está contando al lector un secreto al oído.

LOS NOMBRES EPICENOS
Amélie Nothomb
Anagrama
Trad.: Sergi Pàmies
25 págs./$895

D. V. 

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jueves, 29 de octubre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


Con rabia, de Lorenza Mazzetti
Una posguerra personal





Toda lengua tiene autores poco conocidos más allá de sus fronteras. La italiana Lorenza Mazzetti (1927-1920) es una de ellos. No solo fue escritora, sino también una de las fundadoras del Free Cinema inglés. En su novela inaugural, El cielo se cae, narraba el trauma del asesinato de su familia adoptiva por los nazis (el padre era un primo de Albert Einstein), hilo autobiográfico que retoma Con rabia. Narrada con una sencillez que destaca la desolación, energía e ingenua ambigüedad de su trama, la época del relato es la posguerra, cuando la protagonista vive en Florencia, en la casa familiar heredada, con su hermana gemela. 



La novela cuenta en tiempo presente una educación sentimental surgida de la ruina histórica, que oscila entre la picaresca y "el deseo de dinamitar la sociedad". Con rabia termina con un viaje a Alemania y una pregunta ("¿Puede prestarme su pistola por favor?") que, promisoriamente, es la misma que da título a la siguiente entrega de la serie. Un hallazgo.

CON RABIA
Lorenza Mazzetti
Periférica
Trad.: Natalia Zarko
276 páginas
$ 950

M. S. 

sábado, 10 de octubre de 2020

AUTORA Y LIBRO RECOMENDADO


La otra cara del relato americano
Hay que admitir que alguna que otra cosa, en el universo de la literatura, cambia de vez en cuando para bien. Un cuento, por ejemplo, es una estructura cada vez menos rígida, menos autodefinida, menos signada por reglas. las clasificaciones son a lo sumo un punto de partida para la lectura, pero jamás representan lo que el texto, en última instancia solo idéntico a sí mismo, termina siendo.



Desde esa perspectiva ampliada, saludablemente híbrida, habría que pensar una narrativa –y en verdad toda literatura– como la de la
norteamericana Deborah Eisenberg (Winnetka, illinois, 1945), una singular autora reverenciada en su país, o más precisamente en el epicentro de la intelligentsia literaria como es nueva York.
Se trata de seis relatos extensos, cuya construcción de sentido parece moverse en pliegues, como si trabajara en diversos planos, con diversos intereses jugándose en paralelo, superponiéndose. persiste en algunos una cierta idea de desarrollo, pero lo que se impone es la sensación de que un hecho nunca es una isla, sino una constelación. El otro aspecto a subrayar es la constante interrogación de Eisenberg sobre las posibilidades –es decir: las limitaciones– del lenguaje, lo que valdría extenderla al acto mismo de narrar.



Sin embargo, lo que en sus relatos casi nunca elige alinearse o convertirse en una suerte de progresión en general termina estancándose, produciendo una indudable saturación, así como la sospecha de que en ocasiones el misterioso núcleo de sus historias es un espacio vacío. así, “
Taj Mahal”, el cuento que da título al libro diluye su prometedor punto de partida –la reunión de un grupo de actores veteranos a propósito de un escabroso libro de memorias– en la deriva de un sinfín de pequeños episodios que solo logran amontonarse; “Tu pato es mi pato”, la particular experiencia de una artista en casa de una excéntrica pareja, se pierde en una acumulación de episodios bizarros o apenas ingenuos; “la capacidad de combinar” o “Tachar y seguir”, desde la lucidez de su autora para describir vínculos complejos, podrían haber sido conmovedores, de no ser por la arbitrariedad y artificialidad con que casi todo irrumpe, o se dice, o se recuerda. aunque carezca de brújula, y por momentos resulte incómoda, la de Eisenberg en Taj Mahal es, contra todo, una literatura con la que vale la pena sentarse a discutir. (231 PÁG, 850 $)
J. M. B.