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lunes, 6 de noviembre de 2023

DILEMAS DE HOY




Infidelidad: ¿si la pareja de un amigo lo engaña es conveniente contárselo?
Introducir el tema requiere mucha prudencia y tacto, aunque no suele ser apropiado inmiscuirse en la intimidad del vínculo
Gabriela Vigo  Ilustración Javier Joaquín

Juan Eduardo Tesone



◗ Médico(uba) y psiquiatra por la Universidad de París XII
◗ Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Sociedad Psicoanalítica de París
◗ Doctor en Psicología y profesor asociado por la Universidad de París-nanterre
◗ Profesor emérito de la USAL
◗ Autor de En las huellas del nombre propio, –premiado por la Secretaría de Cultura de la Nación–, Un dolor sin sujeto, y de numerosos libros en colaboración, todos traducidos a varios idiomas
◗ Condecorado por el Gobierno de Francia como Chevalier de l’ordre National du Mérite y como Chevalier des Palmes Académiques.


No consiste simplemente en brindar una información cruda, sino en acompañar al amigo, intentar ser su confidente, ayudarlo a pensar sobre la calidad de sus relaciones amorosas”
Yaseaquevivamosenuna gran ciudad o un pueblo pequeño, podemos a veces encontrar sorpresas insospechadas. Por ejemplo, ver a la pareja de nuestro amigo (o amiga) en una situación inequívoca de infidelidad. Se nos estruja el corazón y nos quedamos pensando en qué debemos hacer con esa información. ¿La compartimos con el engañado o engañada?...
El doctor Juan Eduardo Tesone, médico de la UBA y psiquiatra de la Universidad de París XII, considera que no es apropiado inmiscuirse en la intimidad del vínculo de pareja.
El especialista en vínculos afirma también que el concepto de fidelidad cambia con cada pareja, ya que muchas veces puede haber pactos privados que las amistades no conocen.
–¿Es aconsejable contarle a un amigo que su pareja lo engaña?
–No existe una respuesta inequívoca a dicha pregunta. Existen muchas variables que pueden influenciar tal decisión: grado de amistad, personalidad del amigo, estilo de vínculo que tiene con su pareja, si existe previamente entre los amigos una demanda explícita en tal sentido, etc. Conviene tener presente que la omisión no es una mentira, y algunas verdades son agresivas.
–¿Sería un mal amigo si no se lo contara?
–Si la demanda del amigo fue explícita con anterioridad, lo cual ya denota cierta desconfianza hacia su pareja, es probable que lo considere un “mal” amigo. Pero fuera de esta exigencia no lo creo, dado que en parte sería inmiscuirse en la intimidad del vínculo de pareja de su amigo o amiga. De todas formas, aún en el caso de que el pedido existiese, suele ser ambiguo y requiere mucho cuidado. Con cierta frecuencia existe una demanda consciente en el sentido de querer saber, que coexiste con otra inconsciente de no querer saber nada.
–¿La infidelidad es una forma de maltrato de la que debemos proteger a una amistad?
–No creo que sea necesariamente una forma de maltrato. Depende en parte del grado de exposición pública y del cuidado que se tenga hacia el otro. Pero sobre todo, habría que definir en qué consiste la infidelidad, cuál ha sido o es el acuerdo consciente o tácito de cada pareja. Hay relaciones abiertas por mutuo consentimiento que no pregonan públicamente dicho acuerdo y para quienes la noción de “infidelidad” no existe. ¿Cómo saber cuál es el acuerdo de cada pareja? ¿Por qué presumir que un “otro vínculo” es vivido como “una traición” que habría que “denunciar”? En ciertas ocasiones la persona privilegia la fidelidad hacia sí misma, a su modo de vivir sus vínculos, que no implica necesariamente un maltrato hacia el otro.
–¿Si decido contarle, cómo sería la mejor manera de hacerlo?
–Quizás hay que interiorizarse bien en cómo está su amigo y cómo se siente en su vínculo de pareja. Se requiere mucha prudencia y mucho tacto. No consiste simplemente en brindar una información cruda, sino en acompañar al amigo en la vida, intentar ser su confidente, ayudarlo a pensar sobre la calidad de sus vínculos amorosos, sobre lo que le hace bien o no. Y esto último es muy variable. Cada subjetividad lo vive a su manera. Lo que es el mal para uno puede ser el bien para otro.
–¿Contarle podría resentir la amistad?
–Es un riesgo cierto si existió previamente la demanda de ser informado, pero suele ser una demanda excepcional. Aunque no excluyo que pueda resentir la amistad, dado que la información puede ser vivida como una intrusión en su vida privada. Incluso como una violencia gratuita. ¿Por qué me decís lo que no quiero saber?, podría ser una respuesta a dicho “sincericidio”.
–Y el caso contrario: si mi amigo se entera de que yo sabía que su pareja le era infiel y no se lo dije, ¿puede afectar la amistad?
–No necesariamente, depende de la personalidad de cada uno y si había o no previamente un pedido en ese sentido. Pedido al cual el amigo no está obligado a someterse. No es una demanda que obliga. Pero en regla general no se puede sacar conclusiones universales.
–¿Sería conveniente hablar primero con el infiel, si también nos une una amistad?
–Por un lado, pienso que sería arrogarse un derecho inexcusable. ¿En nombre de qué o de quién se sentiría alguien autorizado para pregonar fidelidad? Cada persona es libre de vivir lo que considera bueno para sí mismo, y deberá asumir su propia responsabilidad si sus acciones perjudican o dañan a terceros. Por otro lado, la palabra infiel, contiene una fuerte carga religiosa.
Los vínculos interpersonales no son religiosos, sino humanos. Nadie puede arrogarse un lugar divino que castigaría al supuesto infiel, con alguno de los círculos del Infierno de Dante. Más allá de que si aceptamos la palabra infidelidad, nunca existe solo un involucrado, sino que al menos participan dos.
–¿Cómo estar seguro de que mi amigo no sabe de la infidelidad?
–Imposible saberlo, aún si se le preguntara. Forma parte de la intimidad de la pareja como cada vínculo tramita dichas experiencias. Existe un saber consciente y otro inconsciente, cuyas defensas pueden preferir no saber. Y aún sabiendo, privilegiar que quede en la intimidad de su vínculo.
–¿Cómo saber si mi amigo preferiría que no le dé esta mala noticia?
–A mi juicio es muy difícil saberlo, y deja de tener sentido si uno no se plantea la pregunta. ¿En nombre de qué principio sacaría a la desnuda luz una información no solicitada? A veces, en nombre de la amistad o de la ética, se cometen errores que en vez de ayudar, lastiman.
–Si mi amigo continúa con su relación de pareja, ¿quedaría mal parado?
–Evidentemente, toda intrusión en la vida afectiva del otro, más allá de que sea un amigo, puede retornarse negativamente en el vínculo de amistad. Como bien dice el proverbio: “El infierno está empedrado de buenas intenciones”. Y el infierno de uno no es necesariamente el del otro.

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martes, 31 de octubre de 2023

DILEMAS DE HOY


Hacia un cambio de vida: cómo reinventarse en la etapa jubilatoria
Es recomendable prepararse con anticipación al fin del ciclo laboral y priorizar el entrenamiento deportivo y mental
Gabriela Vigo| Ilustración Javier Joaquín
Alejandro Luis Bègue


◗ Médico Psiquiatra. Psicogerontólogo
◗ Miembro del Departamento de Adultos Mayores de la Asociación Psicoanalítica Argentina
◗ Especialista en Psicoanálisis de Adultos Mayores en consultorio, domicilios y geriátricos
“La jubilación nos recuerda que es hora de poner en acción nuestra agenda, ocupándola gradualmente a partir de nuestros propios intereses”

Después de varias décadas de trabajo, en las cuales muchas veces no se les da el tiempo necesario a nuevos intereses o estudios, deportes, hobbies y amistades o el amor, se desemboca indefectiblemente en la etapa jubilatoria. Con ella, por un lado llegan el tiempo deseado por años, pero también muchas dudas.
Lo que es seguro es que, una vez que se cerraron las puertas de la empresa, la fábrica o el negocio, otras muchísimas ventanas pueden abrirse.
El doctor Alejandro Bègue, psiquiatra especialista en adultos mayores, confirma lo importante de prepararse para este momento cada vez más largo y feliz de la vida.
–¿Cuáles son los cambios que enfrentamos en la etapa jubilatoria?
–La jubilación es el hito principal del cambio de la edad adulta o madurez,
a la de los adultos mayores, también conocida como vejez. El envejecimiento se define como el paso cronológico del tiempo sobre el organismo humano. En biología, es una acumulación de múltiples daños celulares y moleculares a lo largo del tiempo, que lleva a una disminución de las capacidades tanto físicas como mentales y, a su vez, eleva el riesgo de sufrir enfermedades.
En nuestra vida afectiva, los cambios de la edad jubilatoria provocan Duelos, ¡sí, con mayúscula! Los duelos provienen de pérdidas, en general inesperadas, en lo económico, lo afectivo, lo social, la autoestima y la salud tanto física como psicológica. Por eso lo más difícil suele ser el transitar estos duelos, conectarse con lo que realmente está sucediendo en nuestras vidas y salir airosos constituyendo las adaptaciones que nos permitan recorrer y disfrutar esta nueva etapa de la vida, que es común a todos los seres humanos y a la vez, diferente y particular para cada uno de nosotros.
–¿Estamos preparados para enfrentar esos cambios o hay miedos u otros sentimientos?
–En general, no estamos preparados para enfrentar cambios ni pérdidas, que nos toman por sorpresa. La vida nos enseña y siempre con dolor. Y porque le tenemos miedo al dolor, tratamos de ignorar tanto los cambios como las pérdidas que vendrán, recurriendo casi por reflejo a la negación.
–¿Después de más de 30 años de trabajo, llegó el momento definitivo de pensar en uno?
–Es una pena esperar a la vejez para pensar en mí mismo. Pensar en uno mismo, presente y futuro, debería suceder cada día de mi vida. Los que se han preparado, sufren mucho menos el cambio y hasta disfrutan del comienzo de la nueva etapa. Pero en general no sucede de esta manera. Los que no se dan la oportunidad de pensar en este cambio
normal de la vida, les puede resultar muy costoso adaptarse a la nueva situación. En algunos casos vemos depresiones, accidentes y enfermedades provocadas por la resistencia al cambio.
–¿Es necesario pensar en reinventarse desde lo laboral, o puedo disfrutar de mi tiempo sin culpas?
–El reinventarse es algo inevitable, porque la realidad me obliga. Cambian las rutinas, los tiempos, los vínculos. ¿Cómo seguir adelante sin reinventarse? Poder disfrutar mi tiempo sin culpas, no depende de una etapa de la vida, sino de lo que considere culpas, las cuales pueden frustrar cualquier etapa de la vida.
–Si ya me reinventé varias veces a lo largo de mi vida laboral… ¿debo hacerlo otra vez?
–¡Claro! ¿Acaso no me reinvento al terminar mis estudios, para empezar a trabajar? ¿No me reinvento cuando dejo de ser soltero? ¿O cuando tengo un hijo? Esta también es una situación diferente, con cambios en muchos sentidos, a los cuales debo estar atento. Muchas personas que no saben cómo reinventarse se deprimen o padecen otras enfermedades. Cuando llegan a la consulta, nos ponemos a pensar en esas fantasías negativas respecto de la vejez. Entonces buscamos a través del trabajo analítico llegar a acomodarse a estos cambios tan temidos e inesperados, y concretar el pasaje que va de sentir que la vida “no tiene sentido”, a disfrutar de todo ese tiempo.
–¿Cómo enfrentarse a una agenda vacía de compromisos laborales?
–Sin duda que lo mejor es tener otras actividades en agenda antes de jubilarse. Es más natural traer esas funciones desde antes, que tener que ponerse a inventarlas, cuando no se las recorrió en los 30 o 40 años previos. De todas formas, la jubilación nos recuerda que es hora de poner en acción nuestra agenda, ocupándola, gradualmente, a partir de nuestros propios intereses.
–¿Qué actividades sugiere empezar?
–Primero, prestarle atención a una nutrición equilibrada; luego, una actividad física diaria, de preferencia grupal. También es muy importante el entrenamiento mental y el hábito comunitario en un entorno saludable. Y en caso de dependencia, la asistencia necesaria para lograr el desarrollo personal más adecuado según la necesidad de cada persona.
A nivel general, la expectativa de vida está relacionada con los hábitos y el entorno de la persona. Por eso, para vivir una vejez sana y tranquila, recomiendo seguir los consejos citados y acudir de manera periódica al médico.
–¿Qué pasa cuando este cambio provoca una crisis?
–Crisis viene del griego y significa separar o decidir. De eso se trata, de un momento de cambio, reflexión y toma de decisiones para acomodarse a esta nueva y saludable etapa de la vida. Aunque se asocie vejez con enfermedad, debemos asociarla con vitalidad. Amor, proyectos, vida social, trabajo, actividad física, disfrute, desarrollo personal, así como la madurez, pero con nuevas condiciones y desafíos.
–¿Es bueno armar una estrategia un tiempo antes de la jubilación?
–Citando a Joan Manual Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.” Por lo tanto, prepararse bien hace una enorme diferencia

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lunes, 23 de octubre de 2023

DILEMAS DE HOY


Dinero en la pareja: cuando uno gana mucho más que el otro
Para evitar conflictos, es fundamental que ambos puedan hacerse cargo en forma equitativa de las decisiones económicas 
Gabriela Vigo Ilustración Javier Joaquín


María Fernanda Rivas




◗ Licenciada en Psicología. Psicoanalista

◗ Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina

◗ Asesora del Departamento de Familia y Pareja de APA

◗ Docente de la APA y de la Maestría en Familia, Pareja y Grupos de la USAL

◗ Autora de los libros La familia y la ley y Familias a solas


Atrás quedaron los tiempos en que los hombres trabajaban y eran los únicos proveedores en una familia donde la mujer se dedicaba al cuidado de los hijos y la casa. Hoy, las parejas cambiaron: por lo general sus integrantes trabajan, pero uno de ellos puede ganar mucho más que el otro.
Cuando esto sucede, hay quienes logran acomodarse a esa situación y continúan con un vínculo sano y armónico. Sin embargo, la terapeuta María Fernanda Rivas, especialista en el tema, considera que también pueden surgir celos, rivalidades y otros problemas que podrían terminar con el amor y la convivencia.
–¿Cuáles son los conflictos que pueden generarse en una pareja cuando uno gana mucho más que el otro?
–Más allá del amor, el compañerismo y la atracción sexual que pueda existir en una pareja, también hay envidias y rivalidades ligadas a la posesión del dinero. Estos conflictos ocupan un lugar importante entre los motivos de consulta terapéutica. A veces resulta doloroso –pero necesario– asumir una realidad que va en contra de las ilusiones del enamoramiento. El dinero, en algunos casos, puede constituirse en símbolo de poder.
–¿Los problemas pueden surgir tanto en una relación nueva como en una constituida hace tiempo?
–Una relación estable se diferencia de una circunstancial porque está conformada por el amor, el deseo y el proyecto de vida en común. Una pareja podría sostenerse en el tiempo casi sin amor ni deseo, pero no sin un proyecto institucional en el que están incluidos los aspectos económicos y patrimoniales comunes. Los conflictos en relación con la distribución del dinero pueden estar presentes a través de todo el ciclo vital de la pareja, desde la juventud hasta la abuelidad, y pueden ir configurándose de distintas maneras o reciclándose positiva o negativamente.
–¿Cómo debería organizarse la pareja?
–Al comienzo es frecuente que ambos partenaires traigan modelos de sus familias en relación al manejo del dinero, lo cual es causa habitual de conflictos. Por ejemplo: “Mi papá le daba dinero semanalmente a mi mamá y ella lo administraba” o “Mis padres trabajaban codo a codo y mantenían juntos el hogar”. A veces lleva tiempo conciliar ambas modalidades o armar un modelo propio, que sería el más satisfactorio.
–¿Existe alguna diferencia cuando quien gana más es el hombre o la mujer?
–Para el hombre a veces el hecho de ganar dinero es sinónimo de virilidad y potencia, en función del modelo cultural de proveedor que predominó durante muchísimo tiempo. Por eso, cuando su salario es inferior al de la mujer, o cuando se queda sin trabajo, puede sentir humillación y experimentar sentimientos de depresión. Cuando la que gana menos o pierde el trabajo es la mujer, existen más posibilidades de que estos “vacíos” puedan ser llenados con las labores ligadas a la crianza de los hijos o al hogar.
–¿Se genera una relación asimétrica de poder?
–Cuando el dinero genera exacerbación del narcisismo de quien lo obtiene, puede llegar a generar asimetrías fuertes y la instalación de un sentimiento de superioridad para con el otro. Y cuando las diferencias de ingresos llevan al maltrato o a la humillación, será importante hacer consciente el deterioro del vínculo que estas cuestiones desatan y suelen retornar en forma de resentimiento y reproches.
–¿Quién se siente más incómodo, ¿el que gana más o el que gana menos?
–Pueden experimentarse distintos tipos de incomodidad en ambos. A veces se arman sistemas paradojales, como “trampas” inconscientes que generan parálisis e infelicidad, cualquiera sea la solución que se intente. Por ejemplo: quien sostiene el hogar porque gana más dinero debe trabajar muchas horas diarias, lo cual le impide estar presente en determinados eventos familiares. Si bien quien está a cargo de las cuestiones domésticas se siente orgulloso/a del trabajo de su pareja, se queja de sus ausencias. Él/ella se siente culpable e intenta participar más pero, al sentirse “en falta”, experimenta malestar y mal humor. También pueden darse funcionamientos polarizados: posiciones de antagonismo extremo en las que se cree que el otro posee algo de lo que uno carece. Por ejemplo, uno gana mucho dinero y el otro se vuelve extremadamente despilfarrador.
–¿Cómo conversar acerca de las cuestiones del dinero?
–Es importante entender que no es posible acordar en todo y los temas ligados al dinero no son la excepción. Por lo general son muy delicados porque se asocian con el egoísmo y a veces llevan a mentiras u ocultamientos. Por eso, es aconsejable, desde el principio, el diálogo permanente sobre aquello que constituye “lo tuyo, lo mío y lo nuestro” y sobre los acuerdos y las diferencias.
–¿Qué recomienda para evitar conflictos?
– Es fundamental que ambos puedan hacerse cargo en forma equitativa de las decisiones económicas y del manejo del presupuesto, más allá de quién gane más o menos. Y que exista espacio para los gastos personales (siempre que no pongan en riesgo la estabilidad económica de la pareja) pero sobre todo para “lo nuestro”, entendido como el patrimonio que simboliza aquello construido entre los dos, aunque los aportes económicos sean o hayan sido diferentes.
Lo que sostiene una pareja no son únicamente los ingresos económicos, sino también las labores de organización, la logística cotidiana y el cuidado de hijos y mascotas. El mayor obstáculo al diálogo es la tendencia al “no cambio”, sin tener en cuenta la evolución de la pareja o del contexto. Entonces se encuentran dificultades para reconocer y aceptar la opinión. No nos damos cuenta de que si podemos pensar juntos tendremos más posibilidades, por ejemplo, de afrontar crisis económicas. El poder conversar acerca de las cuestiones económicas es un ejercicio que hay practicar con frecuencia. 
Es importante que exista espacio para los gastos personales, pero sobre todo para el patrimonio que simboliza lo construido entre los dos, aunque los aportes sean diferentes”

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lunes, 9 de octubre de 2023

DILEMAS DE HOY


Cómo acercarse a un hermano después de años de estar distanciado
Si la infancia dejó heridas, con buena fe puede haber pedidos de perdón; reconstruir el vínculo es sanarse a uno mismo 
Melanie Shulman Ilustración Javier Joaquín
Suele decirse que la unión entre hermanos es la ley primera y que los vínculos que se forjan entre ellos traspasan límites y fronteras. Pero a veces, se generan rispideces que deterioran la relación y que a la larga, pueden provocar un enfrentamiento que en ocasiones se hace difícil de resolver y que pone en una situación incómoda a su entorno.

Miguel Espeche


◗ Licenciado en Psicología
◗ Especialista en vínculos
◗ Autor del libro Criar sin miedo
◗ Conferencista sobre relaciones familiares, responsabilidad social empresaria y voluntariado


Desde que una persona nace, construye y moldea su personalidad alrededor de su familia. En los primeros años de vida, el rol que ejerzan los padres y los lazos que tenga con sus hermanos lo marcarán. Para el psicólogo Miguel Espeche, la interna familiar y el manejo del afecto con los que han crecido, son los principales cimientos de la relación fraternal, tanto buena como mala.
–¿Por qué es tan frecuente la rivalidad entre hermanos?
–En general sucede por el manejo afectivo que hay en la interna familiar por parte de los padres. Muchas veces lo que se termina dando es una situación de competencia entre los hijos por su cariño. Por ejemplo, puede pasar que los chicos nazcan en distintos momentos de la vida de los padres: quizás uno es muy esperado porque no llegaba el embarazo, pero no pasó lo mismo con el segundo. De igual modo esto no quiere decir que los padres quieran más a uno que al otro.
–¿Qué rol tienen los padres respecto al desarrollo de un buen vínculo entre sus hijos?
–Lo óptimo es que cada padre sepa leer el mundo emocional de sus hijos. Hay chicos que son más propensos a sentir inseguridad, otros que son más vehementes o menos sensibles. A partir de estos rasgos de personalidad van a surgir distintas situaciones que como padres hay que poder administrar: ser justos, firmes y lo suficientemente buenos a la hora de mostrar afecto e imponer un orden que posibilite el crecimiento de los hijos lo más sano posible. En este tipo de contextos, las ansiedades que se podrían generar entre los hermanos por la competencia se atenúan porque cuando saben que hay justicia y que tienen un lugar en el corazón de sus papás, se tranquilizan.
– ¿Cuáles son los principales motivos de enfrentamiento?
–Las causas son muchas. Las más frecuentes son los celos frente al afecto de los padres o ante una sensación de miedo a perder lo que tienen. Estas situaciones, muchos años después se pueden traducir por ejemplo, en peleas patrimoniales por la herencia. También puede haber envidias por la forma de ser del otro. Hay veces que alguien siente que sus padres quieren más a su hermano entonces se activa su inseguridad. Igualmente también existe el otro costado: entre hermanos también suele haber una relación de mucho afecto y colaboración más allá de los conflictos que puedan haber.
–El orden de nacimiento, ¿determina la manera en que los hermanos se relacionan?
–El orden seguramente influye en cuanto al lugar que cada hermano ocupa en el territorio de los padres. El mayor es quien inaugura el rol y el quinto, si bien es querido ya no es el rey de la casa. Este concepto repercute pero no determina el vínculo fraternal porque acá también entra en juego la forma de ser de cada chico.
–¿De qué manera afecta al vínculo un favoritismo explícito de los padres hacia un hijo?
–En ocasiones se puede llegar a ver más afinidad con un hijo que con otro, pero esto no quiere decir que se lo quiera menos. Pero en familias disfuncionales, ese favoritismo explícito es muy dañino para el chico. Por otro lado, el que se siente el favorito de los padres, suele sentir culpa y pena por sus hermanos no favorecidos. Es acá donde empiezan a haber ciertos desequilibrios.
–Las confrontaciones, ¿suelen arrastrarse desde la niñez o se pueden desencadenar en la etapa de la adultez?
–En general hay una manera de relacionarse entre los hermanos que se asocia con cómo se fue narrando la historia desde los primeros tiempos. Esto se ve mucho en el momento de una herencia donde pueden aflorar los rencores o puede haber un hermano que siente que tiene que reivindicar algo porque considera que sus padres fueron injustos con él. Mucho tiene que ver con cómo se miran los unos a los otros. A veces durante la adultez aparecen confrontaciones que se pueden limpiar. No todo enfrentamiento es sinónimo de guerra y muchas veces se pueden blanquear y lograr que aparezca el afecto más puro.
–¿Cómo se reconstruye el vínculo?
–Una reconstrucción se produce cuando honra la buena fe. Si la infancia dejó heridas entre hermanos, con honradez puede haber pedidos de perdón. También es bueno entender que a veces el problema, más que un conflicto entre hermanos, tiene que ver con una mala relación o desacuerdos entre los padres. Por ejemplo, puede haber un caso de padres inmaduros que propician un clima de agresión en la casa y esto genera que entre los hermanos se peleen.
–¿Conviene involucrar a otro familiar para lograr el encuentro?
–Depende del tipo de pelea que sea. Muchas veces hay gente en la familia que intermedia con lucidez mientras que otros lo hacen desde un lugar común planteando ‘que lindo que la gente se quiera’. Si alguien intermedia con racionalidad y amor, en ocasiones puede resultar útil, aunque también hay que tener en cuenta que dependiendo del conflicto hay vínculos que son muy difíciles de reparar y otros donde la sanación se produce sin tanta intervención externa.
–¿Es posible sanar esa herida de años sin rencores?
–Por supuesto que es posible. También es una manera de librarse del lastre del pasado o de los malos entendidos. A través de reconstruir el vínculo con un hermano, uno puede sanarse a sí mismo y ver al otro como alguien que navegó con nosotros durante años muy importantes y que así como uno hizo lo que pudo, hay que entender que el otro también hizo lo que pudo. El vínculo entre hermanos es uno de los más luminosos que hay más allá de que estén vestidos con ropaje de conflicto.
También es bueno entender que a veces el problema tiene que ver con una mala relación o desacuerdos entre los padres”

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lunes, 25 de septiembre de 2023

DILEMAS DE HOY


Cuando un adolescente quiere someterse a una cirugía estética
Más allá de permitir o no un procedimiento, es bueno tener en cuenta que probablemente haya un conflicto de autoestima
Texto Mariana Israel | Ilustración Javier Joaquín

Aconsejaría bucear en las profundidades de la vida psíquica para saber qué motiva el deseo de cambio, qué le preocupa y qué no acepta de sí mismo”
En la búsqueda de la belleza hegemónica, muchos son los adolescentes que recurren a cirugías estéticas y “retoques”. La Argentina fue el séptimo país del mundo con más procedimientos estéticos en 2022, según un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (Isaps), y los menores de edad no son inmunes a la tendencia.



Juan Eduardo Tesone
◗ Médico (UBA) - Psiquiatra (Universidad de París XII)
◗ Doctor en Psicología y profesor asociado de la Universidad de Paris-nanterre
◗ Profesor emérito de la Universidad del Salvador
◗ Miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)
◗ Autor de En las huellas del nombre propio, lo que los otros inscriben en nosotros y Un dolor sin sujeto, marcas disruptivas en el psiquismo resignificadas


A los riesgos que conlleva operar un cuerpo aún en desarrollo y bajo una mente condicionada por la inmadurez psíquica y emocional propia de la edad, se suma que, muchas veces, las expectativas son inalcanzables y el resultado, insuficiente. Por eso, más allá de prestar o no el consentimiento necesario para una cirugía en un menor, para el psiquiatra y psicoanalista Juan Eduardo Tesone, ante el planteo de un hijo que quiere hacerse un procedimiento, sería conveniente indagar en un posible conflicto psicológico de fondo.
– ¿Qué deberían hacer los padres ante un hijo que manifiesta el deseo de operarse o retocarse?
–Me parece importante que este planteo abra o continúe un diálogo, y que se convierta en permanente. Aconsejaría bucear en las profundidades de la vida psíquica para saber qué motiva el deseo de cambio, qué le preocupa y qué no acepta de sí mismo.
–¿Por qué en general es imposible hacerlo cambiar de opinión?
–Para comprenderlo, hay que diferenciar soma y cuerpo. El soma es el organismo con el cual venimos al mundo. El cuerpo es la representación imaginaria que se va haciendo la persona. Por eso, la percepción del cuerpo es siempre subjetiva. Y por mucho que le digamos a: “¿Para qué querés cambiarte eso de tu cuerpo, si estás bien así?”, la concepción de su imagen no responde a la lógica de la conciencia. De hecho, podría derivar de una patología psíquica más importante.
–¿En qué casos recurrir a apoyo psicológico?
–Esto puede ser muy variable. Quizás, cuando la demanda o la expectativa de los hijos generan un conflicto irresoluble entre ambas generaciones, la mediatización de un tercero puede poner aceite en la asperidad. Consultar a un experto también puede ayudar a conocer el porqué de la decisión del adolescente. El psiquismo no es solamente conciencia; a veces no sabemos por qué tomamos una decisión, de dónde viene ese deseo.
–¿Qué hacer cuando el adolescente tiene un complejo desde hace años con su cuerpo?
–El complejo se crea a partir de la propia mirada. Se miran en el espejo y no les gusta ese reflejo. Pueden llegar a odiar su cuerpo. Conviene, en primer lugar, explorar de qué se trata ese complejo y si es pertinente. Hay que diferenciar cirugía reparatoria y cosmética. Una anomalía congénita puede requerir una cirugía pasada la pubertad. En cambio, si el único propósito de la intervención es “embellecer” el cuerpo, hay que analizar las raíces de esa motivación.
–¿Y si es víctima del bullying en el colegio por un rasgo físico?
–Cuando algún rasgo del niño, ya sea físico o de personalidad es objeto de bullying, el trabajo tiene que ser en conjunto con el niño y el grupo al que pertenece, dentro del entorno escolar. No creo que la respuesta adecuada sea una intervención en el cuerpo de la víctima, sino en el medio escolar y en la dinámica grupal.
–¿A qué deberíamos estar atentos desde la infancia, para evitar problemas más adelante?
–Sirve estar atento a cómo vive su cuerpo, si está conforme con su imagen o se queja de algún rasgo. Cuando la percepción de su propia imagen genera padecimiento se puede transformar en una preocupación obsesiva llamada dismorfia. Esta puede resultar en trastornos alimentarios o en aislamiento social: se evitan las fotografías, ir a la playa o simplemente sacarse una selfie. En el cuerpo se inscribe el imaginario, que no siempre es fácil modificar.
–¿Es esperable que quiera cambiar su imagen según los cánones de belleza actuales?
–Los estereotipos de belleza son fuertementeepocalesynoesextraño que las personas quieran modificar su apariencia. Desde el Renacimiento, los retratos realizados no reflejaban la realidad, sino cómo el retratado deseaba verse. La renovación de esta primacía otorgada al rostro se ha popularizado con las selfies y las imágenes modificadas en las redes sociales. Pero es una vieja aspiración humana ofrecer una imagen mejorada de uno mismo. Entre los adolescentes, “embellecer” su cuerpo brinda seguridad. Jugar con la imagen de uno mismo, puede ser a la vez una actividad lúdica sin consecuencias o un anticipo del deseo de modificar el cuerpo con cirugías.
–¿Qué tan importante es la actitud de los padres como modelos a seguir?
–La mirada de los padres es importante para confirmar al niño de su propia afirmación como persona, que no dependa tanto de sus rasgos físicos, sino de su personalidad. Los padres pueden transmitir que la belleza no es solo la armonía de los rasgos, sino la actitud, la personalidad, el humor y el modo de relacionarse.
–¿Cuáles podrían ser los riesgos psicológicos de una cirugía estética en un menor de 18 años?
–Hay cirugías que pueden ser irreversibles y, con el paso del tiempo, la persona podría repudiarlas. Las intervenciones pueden prometer mucho, pero no garantizan nada y los resultados podrían no ser los buscados.
–¿Podría ser una solución proponerles a los hijos retrasar la decisión un poco?
–Sí, para evitar decisiones compulsivas. Conviene darse tiempo uno y darle tiempo al menor para entender qué significa su deseo de modificar su cuerpo. Comprender que algunas cirugías conllevan riesgos no solo quirúrgicos, sino psicológicos, que no siempre son reversibles. En la adolescencia, introducir cambios irreversibles requiere una reflexión profunda. ¿Cuál es el cuerpo al cual el otro quiere acceder? ¿Cuál es el fin de esos cambios? Si el adolescente no puede disfrutar de la imagen de su cuerpo, no lo siente como propio, habrá que evaluar la posibilidad de una cirugía, pero la decisión amerita un tiempo

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martes, 5 de septiembre de 2023

DILEMAS DE HOY




Dilemas de hoy. “¿Qué vas a estudiar?” La pregunta que puede abrir conflictos en casa y la respuesta más temida
Los adultos trasladan sus expectativas y se decepcionan cuando los adolescentes no tienen una definición vocacional
Muchos jóvenes necesitan una transición entre el secundario y la elección de una carrera; cómo juega la ansiedad de los padres y cómo pueden ayudar a despertar el interés de sus hijos
Mariana Israel

Las épocas cambian y nuestras preocupaciones también. En esta serie, acerca la opinión de expertos reconocidos en sus áreas de trabajo para sumar sus aportes a viejos y nuevos dilemas. La idea es contribuir a debates actuales con la perspectiva de prestigiosos profesionales que ayudan a ordenar ideas en tiempos convulsionados.
“¿Qué vas a estudiar?”, puede ser una pregunta incómoda para muchos jóvenes recién salidos del secundario, que aún no tienen definida su vocación. ¿Cuál es el momento indicado para tomar una decisión? ¿Es posible despertar el interés de los hijos? ¿Cómo juega la ansiedad de los padres?
Cuando la respuesta de los chicos es que no van a estudiar, suele estallar el conflicto en casa. Pero dejarles espacio y tiempo para vivir su proceso de elección es un camino posible, de acuerdo con el especialista en niñez y adolescencia Ricardo Rodulfo. El experto brinda algunas pautas para que los adultos contengan sus expectativas, pero también para que puedan detectar señales de alarma ante la apatía, cuando están frente a hijos “ni-ni”.


RICARDO RODULFO
Doctor en Psicología y psicoanalista especializado en niñez y adolescencia
Director del Programa en Especialización de la Niñez en la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a su esposa, Marisa Rodulfo
Extitular de Cátedra de Clínica de Niños y Adolescentes de la carrera de Psicología de la UBA
Exdirector de la Fundación Estudios Clínicos en Psicoanálisis
Autor 14 libros, entre ellos Padres e hijos en tiempos de la retirada de las oposiciones
Diploma Konex (2016) y premio UBA a la trayectoria (2017)

- ¿Cuáles son algunas posibles razones detrás de la falta de interés de un joven en estudiar?
- Los chicos ansían ser grandes pero, cuando llega el momento, eso les genera miedo, temen quedar desamparados o les parece una tarea demasiado grande. Empiezan a patear afuera. De golpe, fracasan en el secundario, dejan materias y por eso no terminan. Hacen cosas como para demorar el momento de “ser grande”.
Tuve un paciente de 17 años, muy inteligente, a punto de terminar el secundario. Pero no estaba entusiasmado, porque sentía que el futuro era una lista de obligaciones que cumplir. Elegir una carrera, graduarse, casarse, tener hijos… El camino le resultaba poco atractivo. Esto también pasa: los jóvenes no están acostumbrados a elegir por sí mismos, porque siempre lo hicieron por ellos, y cuando llega el momento de elegir, no saben qué hacer.
Puede haber razones históricas, extrapersonales, por ejemplo, que sus padres o sus abuelos nunca hayan tenido trabajo porque recibían subsidios. ¿Qué valor se le da al trabajo en esa familia?
- ¿Cuánto puede influir la actual crisis económica?
- Lamentablemente, influye mucho un país que nunca arranca, donde casi todo el mundo está muy mal. No es el mejor terreno para el chico crezca. Muchos jóvenes no tienen la esperanza puesta en el estudio. Ven que estudiar a veces no sirve o que no da dinero. Se les presenta ese planteo en casa, cuando apenas sugieren que les gustaría estudiar cierta carrera y la respuesta de los padres es: “¿Se puede vivir de eso? ¿Da plata?”. Los padres, quieran o no, les transmiten a sus hijos su escepticismo con respecto al país.
Para muchas familias, si no se sigue una carrera universitaria, no sirve. Es un prejuicio anacrónico”.
- ¿Y si no quiere estudiar, pero sí trabajar?
- Hay personas que aprenden mucho “en la calle” y les va muy bien. No tienen vocación de estudiar y no tienen por qué tenerla. Aquí hay que recordar ciertos mitos de la clase media argentina porteña. Para muchas familias, si no se sigue una carrera universitaria, no sirve. Es un prejuicio anacrónico; antes, alguien que era doctor tenía el futuro asegurado, hoy está lleno de profesionales que no consiguen trabajo o que tienen empleos muy malos.

Cuando no estudian pero tampoco buscan empleo la preocupación de los padres se agudiza y puede ser necesario consultar con un profesional
- ¿Cuál debería de ser el papel de los padres para fomentar el interés por el estudio?
-Primero, meterse las ideas en el bolsillo y darle tiempo a su hijo para que haga un proceso de elección vocacional en serio, que implica que se puede equivocar. Muchas veces, el problema son las expectativas de los padres. Les cuesta dejar lugar para que sea el chico quien resuelva. Cuando terminan el secundario, los jóvenes están habitualmente muy desorientados, lo veo sobre todo en los varones, y los padres empiezan a ponerse ansiosos. “Metete en un curso de ingreso”, “no podés perder el año”, les dicen. Quieren que el chico empiece cualquier cosa aunque no le guste, incluso cuando eso seguramente signifique perder el año, porque no le sirve. Se generan choques y desencuentros.
Quizás el chico necesite una pausa. Un viaje puede ser muy positivo a esa edad, tener una experiencia laboral en otro país y “abrir la cabeza”. Y, si está muy indeciso, que empiece por trabajar. Eso puede ayudarlo a encontrar luego qué estudiar, qué le gusta. La vida no se termina cuando se acaba el secundario; no existe ese apuro por definir. La inseguridad de los padres trabaja en contra de que los hijos puedan elegir bien y, sobre todo, que puedan elegir ellos.
La inseguridad de los padres trabaja en contra de que los hijos puedan elegir bien”.
- ¿Qué otras acciones pueden motivar a los jóvenes?
- Hay jóvenes que saben qué van a estudiar desde chicos y otros que necesitan hacer una larga exploración para descubrirlo. En esa travesía, sobreabunda la información y hay muchas carreras nuevas que pueden confundir, porque el espectro ya no es tan reducido como antes. Por eso, es importante que los secundarios sean visitados por profesionales de distintas áreas que puedan darles a los alumnos un panorama.
Otros jóvenes encuentran salidas más sociales a estas situaciones, a través de voluntariados o de actividades de protección del medioambiente. Estas opciones son muy útiles para encontrarse a uno mismo y adquirir una dimensión de futuro. Sienten que pueden hacer algo para tener un futuro mejor.
También, los amigos que estudian o trabajan pueden alentar a los jóvenes a hacerlo, y mucho mejor que los familiares, que suelen ponerse ansiosos.
- ¿En qué situaciones o ante qué signos deberían preocuparse los padres?
- En principio, si vemos que un hijo no tiene ninguna iniciativa y parece incapaz de encontrar algo que le guste hacer. Si no lo vemos feliz, ni satisfecho consigo mismo, si nunca se ilusiona con nada más allá de diversiones frívolas, entonces necesita ayuda.
En otros casos, la psicoterapia también puede ayudar a los jóvenes a aprender a estudiar, disciplinarse, calmar las inseguridades y arriesgarse a elegir.
En el caso de los “ni-ni” hace falta una actitud más enérgica. No puede dejarse a elección del chico”.
- ¿Cómo abordar la charla para no encontrar rechazo del otro lado?
Lo primero es evitar que la pregunta “¿Qué vas a estudiar” sea el único tema de conversación. Es importante estar abierto al diálogo, buscar el momento oportuno para hablar y elegir cuidadosamente el tono, para que no sea de reproche o culpabilización. Sirve ofrecer recursos y herramientas: a veces, los primeros trabajos surgen por contactos de los padres. Esto puede ofrecer una salida transitoria que ayuda mucho.
- ¿Y si tampoco quiere trabajar? Es decir, no quiere ni estudiar, ni trabajar.
- En el caso de los “ni-ni” hace falta una actitud más enérgica. No puede dejarse a elección del chico. Tiene que tener en claro que, mientras viva en casa, debe estudiar o trabajar. Hay que ser contundente. Si no entra en la facultad, que busque un trabajo. Además, buscando trabajo puede descubrir finalmente lo que le gusta hacer.

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martes, 8 de agosto de 2023

DILEMAS DE HOY


¿Es aconsejable usar el localizador para saber dónde están los chicos?
Las diferencias entre utilizar la herramienta como control parental o cuidado y la importancia de estimular la confianza
Mariana Israel Es contraproducente un espionaje a espaldas de los hijos”, dice Espeche
La necesidad de saber dónde y cómo están nuestros hijos siempre existió. Antes, los padres exigían llamados para confirmar que habían llegado bien a destino o pedían que los despertaran de madrugada para avisar que ya estaban en casa. Hoy, el formato cambió: las nuevas tecnológicas que permiten conocer en todo momento dónde están pueden ser buenas aliadas de los padres a la hora de permitirles salidas a los adolescentes.
Usar o abusar de localizadores, que se instalan en el celular o en un reloj, puede disparar peleas en la familia, ya que no todos los chicos o adolescentes lo aceptan. Ellos sienten que pierden libertad y privacidad; los padres, que es la única manera de estar tranquilos cuando sus hijos salen a divertirse.
Miguel Espeche, psicólogo y psicoterapeuta especialista en vínculos, introduce una pregunta fundamental para abordar el dilema: ¿el localizador se usaría como una herramienta de cuidado o de control parental? Y aporta una interesante reflexión a modo de respuesta: todo depende del ánimo con el que los padres utilicen la herramienta.
–¿Cómo podemos diferenciar entre cuidado y control?
–Usar estos términos como sinónimos es una confusión habitual, y son el día y la noche. Entonces, es muy importante tener clara la diferencia entre el concepto de cuidar y el de controlar. No siempre controlar es cuidar, pero a veces es un elemento del cuidado. El problema surge cuando se convierte en el único elemento y, entonces, pasa a ser pernicioso.
Cuidar es tutelar y ofrecer a los hijos, gradualmente, una mayor autonomía porque se confía en ellos y porque partimos de la base de que existe una cierta intimidad del mundo interno del chico y del propio.
–Entonces, ¿sería una buena idea usar un localizador con nuestros hijos?
–Yo creo que es un instrumento que puede ser usado de buena forma como un tutelaje y, obviamente, dependiendo de la edad y, sobre todo, del estado de ánimo del padre o de la madre a la hora de poner el localizador. Es decir, si el uso del localizador está acompañado de angustia, ansiedad, afán de control y poca confianza en el hijo, el problema es la angustia, la ansiedad y la poca confianza, no es el localizador. Entonces, siempre hay que rastrear el estado de ánimo o la actitud de los padres a la hora de hacer jugar en la cancha al instrumento.
–¿De qué manera podría ser bien recibida esta herramienta?
–Yo creo que se puede ofrecer a los chicos esta posibilidad o directamente usarla como un elemento a favor de su libertad, porque a partir del hecho de estar acompañados por la mirada de los padres, sobre todo en la pubertad, no digo a los 20 años, pero sí al principio, van agrandando su autonomía bajo tutela paterna. Después, generalmente las cosas se van acomodando solas, excepto que los padres estén habitados por una gran ansiedad o afán de control, que es un problema que hay que tratar por ese lado, no hablando de tecnología, sino de qué les pasa a los padres por la mente.
–¿Por qué genera tanta controversia con los hijos?
–Más allá del localizador en sí, a los hijos suele causarles malestar la ansiedad, la falta de confianza y ese miedo de los padres que a ellos los contagia y los hace querer alejarse. Caen en ese jueguito del gato y del ratón, que no es privativo de las cuestiones tecnológicas, sino que ha ocurrido desde que existe la familia en este mundo, con padres que quieren controlar e hijos que escapan a ese control porque los asfixia. Su rebeldía no es contra la tecnología, sino contra la ansiedad de los padres.
–Quienes usen un localizador, ¿deberían pedir permiso a los hijos?
–En general, el reduccionismo ideológico indicaría que hay que pedirles permiso a los chicos para todo, lo cual es una barbaridad, porque es como pedirles permiso para ponerles un nombre. Los padres asumen una función de árbitro y tienen que confiar en su propio arbitraje, sobre todo cuando los chicos no están madurativamente preparados para ejercer algunas funciones que sí van a tener en el futuro. Entonces, a la hora de cuidarlos no hay que pedirles permiso para todo, pero sí tener una actitud de respeto con ellos. Suponer de entrada que el chico va a estar haciendo macanas es una falta de respeto hacia él o ella, excepto en casos en los que uno ya ve que hay problemas de conducta, generalmente relacionados con tramas vinculares dentro de la familia. Sí me parece muy contraproducente un espionaje a espaldas de los chicos.
Por ejemplo, ocultar un localizador en su teléfono o reloj, sin que sepan. Es como abrirles el diario o revisar sus e-mails, y me parece indigno, excepto en situaciones muy graves. Salvo esos casos, que son contados, la actitud de atropellar la intimidad de los chicos en nombre del control me parece que es sumamente contraproducente.
–En caso de usar estos localizadores, ¿cuándo se dejan de lado?
–Suelo ver que, pasada una etapa de mayor tutela, son reemplazados por una autonomía más madura por parte de los adolescentes y por un criterio más confiado por parte de los padres.
En general, cuando los hijos vienen educados en un clima de respeto son más permeables a tener a los padres cerca y no están tan apurados por expulsarlos de su mundo, sino que esto se da en un proceso más gradual y amable, que cuando los chicos tienen que defenderse de la ansiedad de los padres.ß
Cuando los hijos vienen educados en un clima de respeto son más permeables a tener a los padres cerca y no están tan apurados por expulsarlos de su mundo”

Miguel Espeche




◗ Licenciado en Psicología

◗ Especialista en vínculos, salud mental comunitaria y potenciación humana

◗ Coordinador General del Programa de Salud Mental del Hospital Pirovano

◗ Autor de los libros Criar sin miedo y Penas de amor

◗ Conferencista sobre relaciones familiares, responsabilidad social empresaria y voluntariado

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