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viernes, 25 de noviembre de 2022

ECONOMÍA....DR. JUAN CARLOS DE PABLO


El Gobierno lo necesita a Rubinstein, el país también
Juan Carlos de Pablo
¿ En qué se diferencian las aparentemente similares siguientes afirmaciones: 1) “si la hace bien, es gol”; y 2) “un salto devaluatorio, si sale mal, produce otro Rodrigazo”?
En que la primera es una tautología, porque cuando no se convierte el gol, el autor de la frase agrega: “lo que pasa es que la hizo mal”, mientras que la segunda explica por qué, aquí y ahora, el Poder Ejecutivo hace todo lo posible para no implementar la referida medida.
La otra diferencia fundamental es que la primera la formulan comentaristas deportivos, mientras que la segunda la planteó el viceministro de Economía de la Nación. Una nueva aplicación de aquello de que, en el omelet de jamón, la gallina participa, pero el chancho se involucra.
Gabriel Rubinstein es un economista profesional que, como número dos del ministro Sergio Massa, no se olvida de lo que aprendió en la facultad y afirmaba ante sus clientes. Mejor todavía: no lo oculta. No siendo funcionario, yo me puedo dar el lujo de ser más explícito. Desde hace años vengo diciendo que, error tipo I, error tipo II, hay que adoptar todas las decisiones sobre la base de que no habrá salto devaluatorio, sino manejo administrativo del segmento oficial del mercado de cambios. Porque ¿qué otra cosa se puede hacer con el actual accionar de las máximas autoridades del Poder Ejecutivo?
Rubinstein puede dejar el Gobierno porque lo echen o porque se harte. En cualquiera de los casos, sería un enorme dolor de cabeza para el Presidente, la vicepresidenta y el ministro de Economía, quienes cometerían un grave error prescindiendo de sus servicios. Es más, tienen que mimarlo un poco para que no decida dejar el puesto.
Nadie es insustituible, pero esto no quiere decir que en todos los casos la sustitución resulte igualmente fácil. Ironizando, ilustraba la dificultad que tuvo Massa para encontrar quien lo acompañara en la gestión, diciendo que estuvo a punto de publicar un aviso en los diarios con el siguiente texto: “Se busca economista idóneo, que esté dispuesto a trabajar debajo de mí, por encima de De Mendiguren y Tombolini y que no haya criticado a Alberto y a Cristina”.
La Argentina enfrenta multitud de problemas objetivos, políticos y económicos. No hay soluciones fáciles y, menos aún, medidas que satisfagan a todos. Más allá de los discursos grandilocuentes, la política económica práctica requiere idoneidad y, sobre todo, coraje para decidir y para comunicar.

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lunes, 21 de noviembre de 2022

ECONOMÍA....DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿Cómo es que ahorramos “tanto” e invertimos “tan poco”?

Juan Carlos de Pablo
Muchos argentinos transforman su ahorro en un atesoramiento en dólares
En todos los cursos de macroeconomía de corto plazo se aprende que los actos de ahorro e inversión son diferentes, y que no siempre los realizan las mismas personas. El ahorro es la porción del ingreso que no se consume; la inversión es un gasto que busca un beneficio futuro. En la década de 1960, cuando esa macroeconomía se estudiaba sobre la base de La teoría general, de John Maynard Keynes, y de los libros de texto inspirados en esa obra, las funciones ahorro e inversión eran diferentes, pero los montos de ahorro e inversión en cada economía eran iguales. ¿Por qué esto no parece ser cierto, hoy, en países como la Argentina?
Al respecto, conversé con el argentino Alberto Roque Musalem (1940-2015), quien estudió en las Universidades de Cuyo, Tucumán y Chicago y enseñó en las de Cali, Bahía, en la Ucema y en la Universidad George Washington.
 Entre 1985 y 2004 trabajó en el Banco Mundial, y a partir de 2005 se desempeñó como economista jefe en el Centro para la Estabilidad Financiera. Lo entrevisté porque fue pionero en materia de ahorro contractual (planes de pensión y seguros de vida) y en el impacto que tiene sobre los mercados de capital y el desarrollo económico; un análisis que en 1990 se aplicó a México y desde el Banco Mundial se generalizó a otros países.
Julio Jorge Elías, su asistente en el Banco Mundial, recordó a Alberto, cuando falleció, en los siguientes términos: “Fue un economista con lo mejor de la tradición de Chicago, la de utilizar economía en forma rigurosa para pensar el mundo que nos rodea, otorgándole un rol mayor a los incentivos. Tenía ideas firmes y era combativo, pero sumamente amable y respetuoso a la vez; un verdadero caballero. Aquello de que lo cortés no quita lo valiente refleja de manera precisa la forma en la cual se conducía en la vida profesional”.
–¿Qué pasa en la Argentina, que ahorramos, aunque no tanto como los chinos, pero la inversión apenas alcanza para reponer el desgaste del capital?
–Que la economía argentina es una economía abierta, no como la economía inglesa en la década de 1930, que podía funcionar como si fuera una economía cerrada. A propósito: la economía inglesa comenzó a operar como una economía abierta desde la Segunda Guerra Mundial, al punto tal que la semilla de la macroeconomía de corto plazo para economías abiertas está claramente planteada en los memoranda que escribieron los economistas que trabajaban en la sección económica del gobierno inglés, como James Edward Meade, Lionel Charles Robbins y John Richard Nicholas Stone.
–¿Qué porción de la balanza de pagos es la relevante, a propósito de esta conversación?
–No la cuenta corriente, que registra el intercambio internacional de mercaderías y servicios, sino la cuenta capital, que documenta los movimientos internacionales de capital y los cambios en las reservas del Banco Central.
–Lo escucho.
–Cuando los residentes de un país interactúan con los que viven en el resto del mundo, en el plano financiero los montos de ahorro e inversión siguen siendo iguales, pero hay que incorporar al análisis la localización geográfica de unos y otros. Concretamente, el argentino que transforma su ahorro en atesoramiento, en dólares emitidos por Estados Unidos, está financiando ¡gratis! al Estado de dicho país.
–¿Qué ocurriría si lo dejara en la Argentina y el sistema financiero le prestara los fondos a algún empresario?
–Buena aclaración, porque lamentablemente hoy, en Argentina, el grueso de los depósitos financia al Estado. Alejándose de la intermediación tradicional, que conecta a los ahorristas, personas que tienen más recursos que ideas, con los inversores, a quienes les ocurre exactamente lo contrario. Ahora respondo: si los argentinos dejáramos los ahorros dentro del sistema, se podría desarrollar un mercado de capitales. Pero, lamentablemente, eso no ocurre.
–¿Por qué?
–Por la suma de “genialidades” que implementaron diferentes gobiernos, castigando sistemáticamente los activos denominados en moneda local. No es extraño que la literatura especializada sobre sustitución de monedas tenga entre sus autores a algunos compatriotas nuestros.
–¿Qué implicancias tiene esto?
–Un enorme costo. A los argentinos nos pagan muy poco por los dólares que tenemos fuera del sistema; pero tenemos que pagar mucho por los dólares que nos prestan. Compare el rendimiento de cualquier alternativa financiera internacional, razonablemente segura, con el riesgo país. En una palabra: pagamos enormes costos por la incertidumbre que nos creamos nosotros mismos.
–La transformación del ahorro en inversión tiene otro costado, el de la productividad de la inversión.
–Una cuestión planteada de manera magistral por el peruano Hernando de Soto en El misterio del capital, publicado en 2000. De Soto se inmortalizó cuando en 1986 publicó El otro sendero, que documentó el tamaño y las características de la economía informal en su país natal. Tema también relevante en la Argentina.
–¿Cuál es la tesis de De Soto?
–Que, desde el punto de vista del comportamiento, los seres humanos somos muy parecidos; pero que la transformación del ahorro en inversiones productivas, sin las cuales es imposible que aumente el PBI, es muy diferente en los distintos países. Un turista puede maravillarse ante las Pirámides de Egipto y el Taj Majal; pero más allá de que su construcción generó trabajo, su aporte al aparato productivo es más que dudoso (no me digan que los faraones construyeron las Pirámides pensando en el ingreso turístico de Egipto en lo que va del siglo XXI).
–Suficiente para el diagnóstico. ¿Qué habría que hacer?
–Bajarles los miedos a los argentinos que, por razones individualmente entendibles, tienen cuantiosos recursos fuera del sistema económico productivo. La mayoría de los cuales está en blanco, pero que, igual, no ayudan a financiar la inversión privada.
–Fácil de decir, pero, ¿cómo se logra?
–Desandando un largo camino, sin esperar resultados espectaculares a corto y mediano plazos. Pero no nos vamos tampoco al otro lado. Es fácil decir que quien sacó plata del sistema económico no la trae de vuelta nunca más, no importa los impuestos que le cobren por mantenerla fuera de las fronteras del país. Pero la Argentina no necesita que sus habitantes inviertan de golpe la totalidad de los recursos que tienen fuera del sistema económico (es más: si lo hicieran generarían formidables problemas, aunque diferentes a los que estamos enfrentando hoy). Basta con que inviertan una módica porción de ellos. Restablecer la confianza es un proceso largo, nada fácil, lleno de zig zags, pero que vale la pena intentar. Seguramente que quienes están pensando en llegar al gobierno el 10 de diciembre de 2023 lo tienen en carpeta.
–Recordado Alberto, muchas gracias.

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lunes, 14 de noviembre de 2022

ECONOMÍA....DR. JUAN CARLOS DE PABLO


Los brasileños, ¿qué querrían coordinar?
Tras la elección en Brasil, desde la Argentina se plantean iniciativas para la relación entre países; De Pablo analiza si son viables.
Juan Carlos de Pablo
PREGUNTAS A CELSO MONTEIRO FURTADO
Economista 1920-2004
Estudió en las universidades de Brasil y de París, doctorándose en esta última en 1948; fue jefe de la división Desarrollo de la Comisión Económica para la América Latina (Cepal)
La victoria de Lula da Silva, quien el próximo 1º de enero asumirá como presidente de Brasil, generó entusiasmos en el oficialismo. El presidente Alberto Fernández se subió a un avión para saludarlo personalmente y abrazarlo de manera tan efusiva que Lula no sabía qué hacer. Además de lo cual, con la típica velocidad argentina, se plantearon iniciativas como la creación de una moneda común o, al menos, de un tipo de cambio fijo entre el peso argentino y el real brasileño, y la creación de un Banco Central Regional. ¿Es viable algo de esto?
Porque me interesa la perspectiva del otro país, sobre el particular dialogué con el brasileño Celso Monteiro Furtado (1920-2004), quien en 1944 viajó a Europa como miembro de la Fuerza Expedicionaria de Brasil. Estudió en las universidades de Brasil y de París, y se doctoró en esta última en 1948. Fue jefe de la división Desarrollo de la Comisión Económica para la América Latina (Cepal), entre 1950 y 1957; director del Banco Nacional de Desarrollo Económico (BNDE); jefe de Desarrollo Agrícola del Nordeste y ministro de Planeamiento, entre 1963 y 1964.
El golpe de Estado de 1964 le quitó los derechos políticos, forzándolo a emigrar. Trabajó como investigador o profesor en Yale, París, Cambridge, San Pablo y Columbia. Entre 1985 y 1986 fue embajador de su país ante la Comunidad Económica Europea, y entre 1986 y 1988, ministro de Cultura. Su trabajo como economista se puede dividir en tres etapas: primera, los años que pasó en la Cepal; segunda, su labor en el nordeste de Brasil, y tercera, su trabajo universitario en los Estados Unidos y Europa, principalmente en París. –¿De dónde provienen las ideas básicas de su pensamiento? –Hasta los 20 años viví donde había nacido, en Pombal, Paraiba, donde aprendí que vivimos en un mundo dominado por la tiranía y la violencia, lo cual no se puede entender vía teorías sobre simplificadas. Y también aprendí que la lucha nunca termina con una victoria final porque, como el agua del río, se renueva permanentemente. Cuando a los 26 años comencé a estudiar economía de manera sistemática, mi visión del mundo estaba ya básicamente formada. El análisis económico no tuvo ningún efecto en dicha visión. Nunca me imagino la existencia de problemas económicos puros. Manuel Fernández López me caracterizó en los siguientes términos: “Hay dos clases de economistas: los teóricos y los aplicados. Furtado buscaba la diagonal: integrar el análisis económico con el método histórico”. –A propósito de Formación económica de Brasil, considerada su obra maestra, hay un episodio dramático, que felizmente terminó bien.
–La escribí en cuatro meses en Cambridge, Inglaterra, entre noviembre de 1957 y febrero de 1958. Envié el original a Brasil, buscando editor, sin tener la precaución de conservar una copia. Cuando parecía que se había extraviado, alguien lo encontró en la oficina de correos, donde estaba retenido como material sospechoso. La obra, finalmente, se publicó en Río en 1959. A propósito: como aclara el autor en el prólogo, mi libro inspiró La economía argentina, escrita por Aldo Ferrer, cuya primera edición vio la luz en 1963. –Más allá del plano comercial, ¿cómo ve la posibilidad de integración monetaria y cambiaria, entre la Argentina y Brasil?
–Espero que los argentinos no se enojen por lo que voy a decir. –Anímese, don Celso, que lo estoy entrevistando como economista.
–Guido José Mario Di Tella solía decir que los argentinos hacen lo mismo que hacen en los otros países, pero con mucho mayor entusiasmo. por lo cual, es lógico que intenten “pegarse” a alguna porción del extranjero, para importar certeza o, al menos, disminuir la intensidad de las oscilaciones. Ejemplos: la convertibilidad con el dólar de los Estados Unidos. –¿Cuál es el problema?
–Que lo vean como un sustituto, y no como un complemento, de la racionalidad con la cual tienen que encarar la política económica. Pegarse al dólar, como pegarse al real, al peso boliviano o al guaraní paraguayo, no tiene que ser considerado un viva la pepa, aunque al comienzo lo parezca. la experiencia del euro viene a cuento. –Lo escucho.
–Grecia fue uno de los países que reemplazaron el dracma por el euro. Lo cual, en los primeros años de existencia de la moneda europea lo hizo elegible para un conjunto de inversiones, mejoras en infraestructura, etcétera. Implícitamente, la política económica diagnosticó el boom resultante como un fenómeno permanente, aumentando el gasto público con financiamiento “genuino”, los aumentos salariales muy por encima de los observados en los otros países de la Comunidad Económica Europea, etcétera. Hasta que apareció la crisis. –Por eso, queremos pegarnos a ustedes, para que no nos permitan seguir haciendo locuras.
–Entre los países las cosas no funcionan así. Vuelvo al euro. El tratado de Maastricht les había puesto límites a los desequilibrios que podían tener las economías de los países que se incorporaban a la moneda europea; pero en el camino de ida no hubo forma de evitar que países como Grecia generaran una crisis. A propósito, ¿a qué se debió la cuantiosa ayuda prestada por Alemania a Grecia? Muy sencillo, a que el grueso de los acreedores de la deuda pública griega eran… los bancos alemanes; lo cual quiere decir que para Alemania se trató de una decisión de política económica interna. –Si entiendo bien, usted está diciendo que las iniciativas que inspiraron esta conversación difícilmente encuentren eco en su país.
–Así es. Me sorprendería que ocurriera lo contrario, y le digo más: no estoy pensando solamente en el actual gobierno argentino, que como transita su período final genera fuertes dudas referidas a su credibilidad, sino que muy probablemente esto siga siendo cierto a partir del 10 de diciembre de 2023. –Pero, entonces, ¿no hay nada que pueda hacerse?
–Sí, pero en terrenos donde el aumento de la vinculación sea factible. Por ejemplo, el comercial. No solamente para facilitar las transacciones entre las personas que viven en los dos países, sino también con los seres humanos que habitan en el resto del mundo. Es cierto, como enseñó Jacob Viner, que cualquier proceso de integración económica que no involucre al mundo en su conjunto crea y desvía comercio, y que lo primero mejora la asignación de los recursos y lo segundo la deteriora. Pero, junto a esto está el aprovechamiento de las economías de escala. Piénsese, por ejemplo, cuál sería el costo de los autos si los siguiéramos fabricando como a comienzos de la década de 1960. –Pero los autos siguen costando fortunas.
–Por el componente impositivo, que no fue creado pensando en la mejora del medio ambiente, para inducir el uso del transporte público, sino en la recaudación fiscal. –Don Celso, muchas gracias.

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martes, 4 de octubre de 2022

ECONOMÍA....DR. JUAN CARLOS DE PABLO


Claves en la política económica del futuro gobierno
Algunas cuestiones dependerán de la realidad inmediata, pero otras deben ser analizadas ya mismo

Juan Carlos de Pablo
El ministro de Economía, Sergio Massa, junto al presidente Alberto Fernández
Hay que adoptar todas las decisiones sobre la base de que algún integrante de la oposición ganará las elecciones presidenciales de 2023. No porque ya se sepa el resultado electoral, sino porque las decisiones se toman a partir de la probabilidad y los costos de pifiar. Se terminarán equivocando quienes apuesten a que gana el oficialismo, si éste pierde; pero también se terminarán equivocando quienes apuesten a que gana la oposición, si el oficialismo obtiene más votos. ¿En qué puede consistir la política económica del integrante de la oposición que tenga la “mala suerte” de vencer en las urnas?



Al respecto conversé con el norteamericano
Murray Lew Weidenbaum (1927-2014), porque fue el primer presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Ronald Reagan, cargo que ejerció entre enero de 1981 y agosto de 1982, cuando fue reemplazado por Martin Feldstein. “No te quedes ahí parado, haz algo”, era una de sus frases favoritas. Luego de su experiencia gubernamental volvió a enseñar. “Haber trabajado con un presidente me sirvió mucho como profesor”, declaró en 2005.

–¿Qué rescata de su experiencia como funcionario público?

–Fui el menos doctrinario de todos los miembros del equipo económico. Encontraba ideas útiles, tanto en los partidarios de la economía de la oferta como en los monetaristas, por lo cual ninguno de los dos bandos me consideraba uno de ellos. Los contactos directos con el presidente tienen mucha importancia. No necesité explicarle el impacto negativo de las elevadísimas alícuotas del impuesto a las ganancias, porque las había sufrido en Hollywood. Mi tarea no consistía en explicarle economía a la Nación, sino en llevar adelante el programa económico del presidente. Reagan no demandaba lealtad, sino que la inspiraba. En las reuniones que tenían lugar en la Casa Blanca discutíamos muy fuerte, hasta que ingresaba el presidente. El tono de la reunión cambiaba, hasta que él se iba. Entonces volvíamos a las acaloradas discusiones.

–¿Cuán importantes son las consideraciones políticas en la determinación de las políticas públicas que tienen que ver con la economía?

–Muy pocas decisiones públicas son adoptadas exclusiva o principalmente sobre la base del análisis económico o de la información proporcionada por los economistas. Reagan nunca hubiera sacrificado la seguridad nacional por consideraciones económicas.

–Esto me da pie para que nos ayude a imaginar la política económica a partir del 10 de diciembre de 2023.

–En cualquier país del mundo, en cualquier momento, la política económica surge de combinar ideas generales y circunstancias. A medida que avanza la gestión de un gobierno, el peso de las ideas generales disminuye, frente al de las circunstancias. Porque se producen novedades en el contexto internacional o, con mayor frecuencia, por la necesidad de ajustar el esquema inicial a dinámicas no previstas o circunstancias cambiantes.

–¿Las ideas generales de quién? ¿Del presidente de la Nación o del ministro de Economía?

–El próximo gobierno no debería arrancar con un conflicto en este sentido. En ausencia de conocimiento previo, el lapso que existe entre la elección y la asunción del cargo sirve para que se efectúen serias conversaciones entre ambos funcionarios. Estoy descontando que el próximo gobierno no cometerá el pecado que llevó a Mauricio Macri y a Alberto Ángel Fernández a no reunir el área económica de sus gobiernos en una sola persona.

–La política económica también dependerá de la futura composición de las cámaras legislativas...

–Fundamental. Vea lo que está ocurriendo en Diputados e imagine lo que estaría pasando si el oficialismo hubiera triunfado en la elección de medio término de 2021.

–La política económica es respaldo político, votaciones legislativas, pero también es sustancia.

–Así es. Una porción de la política económica que se lance el 10 de diciembre de 2023 dependerá de la situación económica del momento. Ejemplo: dicha política económica no puede ser la misma si la tasa de inflación de noviembre de ese año se ubica en 4% mensual o en 40% mensual. Pero esto no quiere decir que no se pueda ir avanzando en otros frentes.

–¿Por ejemplo?

–Si Sergio Massa y Gabriel Rubinstein evitan un estallido que les obligue a adoptar más medidas que las que están adoptando, al tope de la agenda del próximo equipo económico se ubicará la corrección de desequilibrios, como el tarifario o el cambiario.

–¿Por qué los ubica al tope de la agenda?

–Porque si continúan los desequilibrios, será imposible mejorar la credibilidad en la acción gubernamental y encarar la estabilización macroeconómica. En 2023, terminar primero con la inflación y luego corregir los desequilibrios es técnicamente imposible.

–Este planteo se conecta con otro: el de shock versus gradualismo.

–A la luz de los resultados del gradualismo, sobre todo a partir de fines de 2015, el shock tiene un gran atractivo. Pero le pone mucha presión a quienes diseñan e implementan las políticas económicas. Porque una política económica gradualista se puede ir corrigiendo, mientras que una de shock, una vez lanzada…

–¿Pueden el gradualismo y el shock ser aplicados de manera simultánea?

–Sí. En la descripción de la herencia recibida, el próximo gobierno tiene que aplicar un shock; en la corrección de los desequilibrios puede ser gradualista, pero sabiendo que hasta que no termine de corregir los desequilibrios no podrá enfrentar, por ejemplo, la lucha contra la inflación, teniéndose que bancar que lo acusen de no hacer nada en la materia.

–¿Cuán creíble será la acción del próximo gobierno?

–Pregunta fundamental. Guillermo Antonio Roberto Calvo ubica en un lugar destacado la cuestión de cuán creíble es la acción del gobierno, señalando que una misma medida de política económica puede tener resultados bien diferentes dependiendo de la credibilidad que el gobierno de turno despierte en la población. Esto es particularmente importante en el caso de las reformas; porque si el sector privado cree que llegaron para quedarse, modificará su comportamiento; mientras que si cree que serán transitorias, lo que hará es resistir, que es algo muy diferente.

–¿Pesará la historia cuando arranque el próximo gobierno?

–Ojalá que no, pero no hay que descartarlo. Porque, de repente, el mejor gobierno desde el punto de vista político, con mayoría en el Congreso y un equipo económico idóneo, inicialmente puede encontrar que la política económica no genera los resultados esperados, si en función del pasado el sector privado dice: “interesante, pero lo quiero ver”. La demora en la aparición de los resultados no debe ser leída como un error de la política económica, sino como un problema de falta de credibilidad.

–Don Murray, muchas gracias.

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lunes, 8 de agosto de 2022

ECONOMÍA....DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿De qué hablamos? ¿Del plano del ser o del plano del deber ser?

Juan Carlos de Pablo
En el resultado de las medidas, como las anunciadas por Sergio Massa, es clave la credibilidad
¿Qué pensaba Adam Smith del homo economicus, pero como persona? Seguramente que algo parecido a lo que Nicolás Maquiavelo pensaba del homo politicus. Ambos se inmortalizaron por haber entendido el comportamiento del ser humano como es, no como debería ser, para, en función de ello, imaginar la mejor forma de organización económica y política posibles, respectivamente. Pero entonces, ¿queda algún espacio para los anhelos y la ética?

Al respecto conversé con el italiano Giuseppe Toniolo (1845-1918), quien enseñó en las universidades de Venecia, de Módena y durante 40 años, en la de Pisa.




 Según describe Francisco Emilio Valsecchi, “fue una de las figuras más prestigiosas del pensamiento católico del siglo XIX, y uno de los precursores que más influencia tuvieron en los albores de aquel gran movimiento de acción social cristiana que culminó con la aparición, en 1891, de la memorable encíclica Rerum Novarum, de León XIII, en cuya elaboración participó activamente”.

–¿Cuál es la esencia de su pensamiento?


–Sintetizo lo que al respecto escribió María Cecilia Díaz. “Fue protagonista de la aparición de ideas, doctrinas y teorías hasta entonces desconocidas, que buscaban explicar y solucionar la denominada cuestión obrera. Planteó la existencia empírica de una ley de proporción o de intercambio de influencias, entre el progreso económico-social (bienes materiales) y el moral-cívico de la sociedad (bienes inmateriales), que presentó en Tratado de economía social, publicado en 1907. El principal desafío para una economía orientada al bien común consiste en someter más y más las teorías a la guía de las ciencias sociales filosóficas”.

–¿Tuvo discípulos?

–Mi labor académica fue continuada por Luigi Sturzo, Amintore Fanfani y Francesco Vito, y en la Argentina por Valsecchi. Según Ludovico Videla, “Valsecchi siempre quiso crear en la Argentina una escuela de economía de orientación católica que abrevase en la perspectiva epistemológica que brindaba Toniolo. Uno de los problemas que enfrenta la perspectiva de Toniolo y Valsecchi es que debe dialogar con una ciencia, la economía, dominada por la escuela positivista neoclásica, que rechaza la indagación sobre los principios filosóficos y éticos de la acción económica. Aunque tampoco en el campo teológico católico el diálogo es sencillo”.

Andrew M. Greenwell documenta el reconocimiento que la Iglesia Católica hizo de su persona y su obra.

–Así es. Fui el primer economista en la historia de la Iglesia que recibió el honor de ser beatificado. Algunos me consideran el santo patrón de la Doctrina Social de la Iglesia. En 1971 el papa Pablo VI me declaró “venerable”, y en enero de 2012 el papa Benedicto XVI autorizó promulgar el decreto que certificó la existencia de un milagro atribuido a mi intercesión, lo cual condujo a mi beatificación.

Me preocupa la frecuencia con la cual, cuando se formulan propuestas de política económica, se confunden los planos del ser y del deber ser; es decir, no se parte de lo que resulta factible.

–Comparto su preocupación, pero no exageremos. En la Argentina 2022, efectuar recomendaciones de política económica ignorando la extrema debilidad política del actual gobierno puede resultar inútil o, lo que es peor, causar más problemas que alivios. Tomemos la cuestión de la importancia de la credibilidad, por parte de la población, de las acciones de un gobierno con respecto a sus resultados.

–Lo escucho.


–Guillermo Antonio Roberto Calvo enfatiza que una misma medida de política económica puede generar resultados muy diferentes dependiendo de la referida credibilidad. Si hoy el Gobierno anunciara la eliminación del cepo cambiario, esto no sería leído como una medida destinada a despertar la confianza de “los mercados”, sino como un error de diagnóstico de lo que cabe esperar y, por consiguiente, aumentaría la demanda y no la oferta de dólares por parte del sector privado.

Usted lo dijo: no exageremos.

–Efectivamente. Como bien clarificó Gary Stanley Becker, el denominado enfoque económico aplicado al comportamiento humano no supone que el ser humano es egoísta, es decir, que le resulta indiferente lo que le ocurre a su familia, amigos cercanos, conciudadanos y habitantes de la Tierra; supone que, más allá de los objetivos propuestos, las decisiones se adoptarán sobre la base de consideraciones de incentivos y desincentivos.

–¿Es posible, entonces, modificar los comportamientos humanos sobre la base de anhelos y consideraciones éticas?

–Es posible, pero si se está dispuesto a transitar un estrecho sendero o, en términos del conocido chiste, “teniendo fe, pero caminando por las piedras”. Un país en el que la mayoría del gasto público está representado por transferencias entre diferentes personas que integran el sector privado es un país poblado por mucha gente “solidaria”. Esta solidaridad forzada se complementa con la voluntaria, como la que se implementa a través de ONG o cuando ocurren catástrofes.

–Existen otros mecanismos…

–Peligrosísimos. Como cuando se pretende mejorar el salario real apelando al corazón de los dueños de los supermercados para que “no ganen tanto”, para lo cual se controlan los precios y se realizan manifestaciones frente a los locales, y particularmente cuando alguien intenta mejorar los comportamientos humanos vía la desaparición física de aquellos que “no entienden”, idea que inspiró al Hombre Nuevo de la Revolución Cubana, o el exterminio de aproximadamente 15% de la población de Cambodia por parte del Khmer Rouge.

¿Qué rol les asigna a los economistas católicos?

–Una noble y difícil tarea. Nada menos que la de ser buenos economistas y también buenos cristianos. Lo primero pasa por entender bien qué es lo que dice la teoría, así como por modelar esquemas que muestren la importancia económica de los valores. Desde el punto de vista del bienestar, con los mismos recursos y la tecnología en uso, el producto bruto interno (PBI) es mayor en un país de gente honesta, que en otro de gente deshonesta. Porque los ladrillos que se dedican a construir cárceles, en este último país, y los seres humanos que trabajan de policías, en el primero, se pueden dedicar a construir jardines de infantes o piletas de natación o a mejorar las plazas o pintar las casas.

–¿Cómo se es un buen cristiano?

–Pregunta difícil de responder, pero al respecto subrayo la importancia de dar el ejemplo. No es de buen cristiano vender por debajo del costo, fundir la empresa y dejar sin trabajo a los obreros y empleados que trabajan en ella. Es de buen cristiano decidir qué se hace con las ganancias obtenidas en mercados competitivos, luego de pagar los impuestos. Pero tampoco nos pasemos al otro extremo, demandando que los seres humanos adoptemos comportamientos angelicales.

Don José, muchas gracias.

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