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martes, 10 de septiembre de 2024

EL ESCENARIO Y SENADO


Chispazos que iluminan problemas y debilidades
Claudio JacquelinJavier Milei y Cristina Kirchner
Javier Milei y Cristina Kirchner volvieron a jugar el juego que mejor juegan y que más les gusta. Un juego de espejos en un laberinto en el que el Presidente y la expresidenta se proyectan a sí mismos y logran que no se vea nada ni nadie más que ellos, sin su permiso. Pero el dispositivo tiene fallas. Al final, potencia los puntos débiles de cada uno y cristaliza sus propios problemas.
La nueva semana de fuego y furia retórica (también normativa) de Milei no impidió que salieran a la luz del sol las debilidades de su espacio en dos dimensiones estructurantes de la narrativa oficialista: la eficiencia y la ética.
Por un lado, quedaron expuestas, otra vez, las dificultades que sigue teniendo para llevar adelante medidas y proyectos. Por el otro, se manifestaron conductas que se suponían patrimonio excluyente de “la casta” que el libertario prometió erradicar, como el escándalo de los asesores del presidente provisional de la Cámara alta, Bartolomé Abdala. Y todavía queda mucho por conocerse.
En el caso de Cristina Kirchner, por debajo del lanzamiento de su nueva polémica (pretendidamente) académica sobre la economía, asoma la crisis que sigue atravesando su espacio para revincularse con la sociedad, más allá del núcleo duro de sus fieles, así como para ofrecer alguna muestra de renovación dirigencial capaz de satisfacer las nuevas demandas ciudadanas.
La estrategia de ambos sigue siendo la misma: ocupar el centro de la escena con estridencia, culpar a otros (y al otro), criticar para evitar autocríticas y, sobre todo, para que no queden expuestos sus errores, sus fragilidades, sus contradicciones y sus limitaciones.
Milei y Cristina Kirchner corren una carrera contra el tiempo estructurada sobre la base de cálculos disímiles, aunque no necesariamente antagónicos, respecto del éxito o el fracaso de las políticas oficiales, especialmente en materia económico-social.
“El mejor gobierno de la historia argentina”, según el irrefutable índice Milei, exhibe, recorta, edita y promociona indicadores económicos destinados a prolongar su popularidad y sostener la expectativa social.
Sin embargo, la curva descendente de la caída de la inflación y la curva ascendente de la recuperación de la actividad no terminan de cruzarse para alcanzar el punto de quiebre y llevar la economía hacia un sendero virtuoso consistente. Demasiadas dudas se suman en la superficie y demasiados restos se acumulan bajo la alfombra, según una mayoría de economistas que potencian luces de alarma, con el cepo cambiario y las reservas en el centro de la escena.
De todas maneras, la dimensión económica junto con la gestión de la seguridad y el control de la calle, así como la determinación y la retórica de Milei, siguen siendo los activos sobre los que se sostiene el oficialismo. A ello se suman la fragmentación y la confusión que sigue atravesando a la oposición.
Sin embargo, nada de eso termina de allanar el camino, no solo por la capacidad de obstrucción de los distintos sectores opositores, que se juntan y se separan por temas y circunstancias. También operan como obstáculos constantes (y crecientes) la heterogeneidad, la escasa idoneidad y la impericia de algunos funcionarios y de la mayoría de los legisladores, potenciadas por la ausencia de una conducción política en el terreno. Un problema de cantidad y calidad.
“Los nuestros no solo son pocos, sino que demasiados son malos o inexpertos. Y con eso hay que lidiar todo el tiempo”, admite entre resignado y exhausto un funcionario con despacho en la Casa Rosada, que prefiere no hablar de las interferencias que suele haber en la línea de mando. Menos de la “sombra terrible” (diría Sarmiento) de Santiago Caputo, que se cierne sobre todos.
Una internación sintomática
El trastorno intestinal que terminó ayer en la internación del jefe de Gabinete y ministro del Interior, Guillermo Francos, parece reafirmar la máxima psicológica de que el cuerpo habla a través de sus síntomas. Los propios, tal vez más que los ajenos, le están dando trabajo extra.
“Han sido y son semanas muy duras”, reconoce un estrecho colaborador del jefe de los ministros. Su primer informe ante la Cámara de Diputados, en el que debió responder más de 2500 preguntas, junto a varios cuestionamientos incisivos, y que finalmente fue interrumpido por los incidentes ocurridos en las afueras del Congreso, resultó la parte visible y no la más complicada de lo que debió superar Francos en los últimos días.
La permanente tensión en el seno del Gobierno, las diferencias de criterios y el constante equilibrio que está obligado a hacer entre su rol de constructor de puentes con la dirigencia política y, al mismo tiempo, el de defensor/moderador de las posiciones extremistas (en las formas y en el fondo) del “triángulo de hierro” del Gobierno habrían dejado terreno liberado para que se ensañe algún virus gastrointestinal.
No se trata de nada nuevo ni grave para los que ejercen el poder. Pero sí es un llamado de atención para una estructura en la cual Francos es una pieza clave, sin recambio a la vista. El paso casi sin escalas, ni pretemporada, de la confortable Washington a la ultramaratón mileísta ha sido un salto abrupto.
El paso del tiempo empieza a ser, así, un factor cada vez más gravitante. Las últimas encuestas que llegaron a la mesa del poder de dos de las encuestadoras a las que Milei respeta y presta atención muestran que, por debajo de una benévola superficie de alta popularidad y apoyo, empieza a advertirse cierta fatiga en los sectores más afectados por el impacto y la prolongación del ajuste sobre sus hábitos cotidianos.
El mandato de aguantar, más el rechazo hacia el pasado y el temor a un vacío político fuera del oficialismo, siguen modelando la dinámica colectiva, pero muestran una potencia declinante como ordenadores del humor social.
El último paro dispuesto por los sindicatos aeronáuticos que volvió a trastornar impiadosamente la vida de decenas de miles de argentinos y extranjeros sirvió como demostración de esa realidad compleja, que tiene más grises que blancos y negros.
La mayoría de la sociedad rechazó (y rechaza) las medidas de fuerza, pero no hay unanimidad en cuanto a la magnitud de esa impugnación ni a la justificación que se haga de las medidas de fuerza en reclamo de mejoras salariales.
La mayoritaria paciencia con la que los pasajeros varados enfrentaron el paro es todo un síntoma del singular momento que se vive en la Argentina. Salvo el oficialismo duro y la oposición más extrema, nadie tiene certezas sobre lo que sucede y menos sobre lo que vendrá.
Eso genera que entre los antagonistas se libre cada día una pelea de largo plazo contra el tiempo en la que cada uno adopta estrategias según el resultado que imagina del actual proceso.
Cristina, la ofensiva defensiva
“Yo no apuesto a que esto vaya a fracasar, y menos en el corto plazo. Es más, creo que puede imponerse, pero con resultados nefastos”, les ha dicho Cristina Kirchner a varios de sus interlocutores.
Por eso, además de discutirle a Milei en el terreno en el que este se autopercibe el mejor de todos (un premio Nobel de Economía), lanza propuestas para tratar de actualizar el ideario perokirchnerista ante el clima de época que amenaza su vigencia, aunque sin hacer autocrítica ni cambiar su cosmovisión.
El documento titulado “Es la economía bimonetaria, estúpido”, que publicó el viernes pasado en las redes sociales y con el cual (gracias a Milei) volvió a reinstalarse como la retadora del “mejor del mundo”, es una continuidad del anterior pronunciamiento del 14 de febrero pasado. Solo cambian algunas bolillas del mismo programa.
Tras la nueva clase de economía política y monetaria, la expresidenta volvió a abrir la puerta para discutir lo que podrían ser herejías en otra época reciente y hoy son tópicos ineludibles, como privatizaciones (a su manera), modelo educativo y hasta la representación sindical, entre otros.
Sin rendirse, instala y reformatea todo eso que no se hizo o “se torció” durante el gobierno del vapuleado Alberto Fernández por su incapacidad y resistencia a la conducción cristinista, según la versión kirchnerista. O por la obstrucción tácita y explícita del cristinismo, según el relato de exfuncionarios albertistas y de peronistas no cristinistas.
Mileístas y kirchneristas pura sangre celebran la reinstalación de lo que para ambos es el superclásico que los potencia a ambos y para el resto resulta apenas una estelar remake de Titanes en el ring. Lo cierto es que el rating se lo llevan ellos dos, aunque en ese programa el único ganador siempre termina siendo el Martín Karadagian de turno.
“Entre los gobernadores no kirchneristas y los intendentes no abonados al camporismo no cayó bien lo de Cristina. Lo interpretan como un ‘córranse de esto los peronistas tradicionales porque no están a la altura de la batalla que se viene’. Y los sindicalistas lo leyeron como un ‘ustedes ya representan poco’. Pero también la mayoría de esos se callan en público porque aunque con ella no quieren estar, temen que sin ella dejen de existir”, explica un baqueano que transita por todos los campamentos del panperonismo, incluido el kirchnerismo.
La imagen del ancla que evita que los vientos libertarios arrasen con el perokirchnerismo y la del tapón que impide que surja nada nuevo vuelve a agitar el desconcierto y los conflictos entre la dirigencia del multifacético justicialismo.
Por eso, el alter ego de Axel Kicillof, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, salió a decir que el gobernador está abocado a la gestión, que no está trabajando para ser candidato a presidente. Y luego señaló: “Tenemos que transformar nuestra fuerza política en una alternativa […] Volver sería volver a un gobierno nuestro que fracasó. Hace falta algo distinto a lo que fracasó hace un año. El peronismo deberá tener un liderazgo”.
Mientras recorre el país y teje vínculos con gobernadores peronistas y no peronistas, el mandatario bonaerense quiere evitar verse en el espejo de Horacio Rodríguez Larreta, convertido en candidato presidencial inevitable antes de tiempo, obligado a resolver el dilema de someterse o confrontar con quien ha sido y es su líder partidario. Cristina y Máximo Kirchner lo saben demasiado bien. Y lo explotan.
Mientras tanto, desde el entorno del activo, pero silencioso, Sergio Massa juegan como siempre a varias bandas. El triderrotado candidato a presidente mantiene los vínculos con madre e hijo, sin dejar de marcar diferencias y de oficiar de puente cuando se tensan las relaciones de los Kirchner con Kicillof. Al mismo tiempo, disputa espacios, leyes y cargos con el gobernador y con La Cámpora. Massa en estado puro.
Desde allí, los massistas le bajan el valor al pronunciamiento de la expresidenta: “Cristina salió a ponerle freno a su descomposición interna”, cuentan que Massa les dijo a dirigentes del Frente Renovador. La definición llega después de que desde lo más alto de La Cámpora negaran negociaciones con el Gobierno y le enrostraran al massismo, a través de Eduardo “Wado” de Pedro, algún de tipo de sociedad con el mileísmo, expresada en la permanencia de exfuncionarios massistas.
“Wado salió porque ellos estaban negociando la ampliación de la Corte y Sergio se le plantó”, explican cerca del exministro de Economía. Lo que no dicen es que Massa rechaza la idea kirchnerista porque no tiene reparos (sino más bien entusiasmo) frente a la postulación del cuestionado Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema y no ve motivos para complicar su llegada. El problema es que los votos en el Senado los maneja el kirchnerismo.
Una demostración cabal de que, como en el oficialismo, en la oposición kirchnerista los chispazos no ocultan sino que iluminan los problemas y los conflictos.
Milei y Cristina Kirchner tienen pronósticos disímiles, aunque no antagónicos, sobre el éxito de la gestión
“Yo no apuesto a que esto va a fracasar, y menos en el corto plazo”, dice la expresidenta
Después de semanas de tensión, el cuerpo de Francos habló y terminó internado

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El Gobierno intenta aprobar la boleta única y enfrenta dos posibles derrotas
Apunta a matizar con una victoria el aumento de los fondos universitarios y el rechazo al decreto de gastos reservados
Delfina CelichiniLa vicepresidenta Victoria Villarruel recolecta los votos para sancionar el cambio electoral
En una semana que se preanuncia compleja, el Gobierno apuesta a mostrar en el Senado algo más que solo derrotas. Con muchas dificultades, busca a avanzar en la implementación de la boleta única de papel (BUP) para las próximas elecciones nacionales y apuesta a matizar, con ello, dos inminentes fracasos. Se trata del rechazo del decreto de necesidad y urgencia (DNU) 656, que aumentó los fondos reservados de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), así como de la sanción del proyecto que garantizará el presupuesto para las universidades, que Javier Milei anticipó que vetará.
La titular de la Cámara alta, Victoria Villarruel, logró postergar una semana la sesión que tratará estos tres temas para, en ese plazo, reunir los 37 votos que den luz verde a la iniciativa que consolide la BUP. No obstante, esos avales todavía están en duda por un viraje de último momento de una porción del radicalismo. Por tratarse de una ley electoral, la Constitución nacional exige una mayoría especial de la mitad más uno del total de miembros del cuerpo para su aprobación y para ello es crucial que todo el bloque de la UCR apoye sin fisuras.
La reforma electoral impulsada por el Gobierno apunta a eliminar la actual papeleta partidaria –que distribuye y cuida cada espacio político– para adoptar una única boleta que aglutine toda la oferta electoral. Esta modificación del sistema tiene un gran simbolismo para la Casa Rosada. No solo ataca las prácticas clientelares y el negocio de la impresión de boletas, sino que también garantiza el derecho de elegir y ser elegido sin la necesidad de una estructura robusta de fiscales, algo que en la última elección les costó a los libertarios un pacto con el sindicalista Luis Barrionuevo en las PASO y con Pro en el balotaje.
La implementación de la BUP es una meta que al Gobierno se le escurre desde principios de año.
Para destrabar esta discusión, La Libertad Avanza concedió modificaciones que devolverán la iniciativa a Diputados y dilatará su sanción definitiva. Incluyeron el pedido de la senadora Mónica Silva, ligada al mandatario provincial Alberto Weretilneck, de eliminar el casillero que permite votar la lista partidaria completa. Con ello, se neutralizará casi por completo el “efecto arrastre” propio de la actual boleta partidaria. La forma en que se diseña la boleta única en caso de simultaneidad electoral es otro de los puntos a modificar. Se plantea que en caso de concurrencia de los comicios, se oficializará una boleta para cargos nacionales, provinciales y, de corresponder, municipales.
Pese a estos consensos, ahora el oficialismo lidia con la posición de algunos referentes de la UCR que se rehúsan a acompañar el proyecto. La principal oposición la esbozó el senador Eduardo Vischi, de Corrientes, quien como un peón del gobernador de su provincia, Gustavo Valdés, considera que la reforma podría afectar los objetivos de su jefe político. La boleta única complicaría su intención de retener el poder el año próximo, dado que se beneficia del complejo sistema electoral actual, donde diferentes partidos pueden presentar, a través de una papeleta partidaria propia, la misma oferta de candidatos. Es decir, bajo la alianza oficialista, el sucesor de Valdés puede figurar en una treintena de boletas partidarias y ganar terreno por el peso de la estructura.
A la complejidad de desbaratar este sistema, a Valdés –que no puede ser reelegido– se le suma la necesidad de construir un discípulo que resulte conocido en un contexto político adverso: su espacio perdió adhesiones por la falta de resultados frente al caso de Loan Peña, el niño desaparecido hace ya casi tres meses.
“No tiene margen para votar en contra”, señalan otros referentes del radicalismo, que aseguran que el resto del bloque aprueba la reforma electoral impulsada por el Gobierno. Consideran que, pese al golpe que podría suponer para Valdés, sería difícil que los dos correntinos aliados del oficialismo provincial, Vischi y Mercedes Valenzuela, asuman el costo político de quedar como los obstaculizadores del objetivo de los libertarios, junto al kirchnerismo.
Para sorpresa de muchos, existen más cuestionamientos al actual proyecto de BUP dentro de la bancada radical. Un puñado no ve con buenos ojos la eliminación del casillero que permite votar la lista completa de un partido, no solo porque consideran que es beneficioso para el elector, sino que también especulan con que puede haber mucho voto en blanco para las categorías subnacionales. Temen que el votante considere que con la selección de la opción nacional se derrame hacia el resto y no tilde el resto de las cajas. Argumentan que en Mendoza, una de las provincias que implementaron este sistema, el 85% optó por la opción de lista completa en la última elección.
Frente a este complejo escenario, el oficialismo tendrá tiempo hasta el jueves para acercar posiciones con esta porción de radicales que a último momento dificultaron la concreción de la reforma electoral. Quienes conocen los pliegues de este debate aseguran que no habrá definiciones hasta pasado mañana. Es probable que también se cuele la conversación para saldar la deuda previsional que el Estado nacional mantiene con 13 provincias, entre las que se encuentra Corrientes. El veto de Javier Milei a la ley de movilidad jubilatoria, donde se fija un plazo para que el Poder Ejecutivo liquide estos pasivos, erosiona la ya muy intrincada conversación política en otros frentes.

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viernes, 6 de septiembre de 2024

EL ESCENARIO Y SENADO


Los riesgos de la exhibición de impericia
Carlos PagniJavier Milei
Las últimas semanas pusieron de relieve una de las paradojas más llamativas que ofrece la gestión de La Libertad Avanza. Entre las razones principales por las que Javier Milei llegó al poder está su oposición a lo que él denomina “la casta”. Es una oposición completa. No solo denuncia los vicios de la clase política. También confronta con su profesionalismo. Porque entre los atractivos que una parte del electorado reconoce en el Presidente está su ignorancia del ritual del poder.
Esto incluye las inconsistencias de muchos de sus argumentos, el carácter invertebrado de su equipo, su reticencia a negociar y llegar a algún acuerdo.
Es muy posible que la exhibición de la impericia haya sido decisiva para conquistar el poder. Sin embargo, suele ser perjudicial para ejercerlo. Los agitadores como Milei son con frecuencia buenos candidatos. Y gobernantes deficientes.
Las características por las cuales muchos lo votaron son las mismas que hicieron naufragar varias operaciones del Gobierno. El Senado terminó de sancionar una nueva fórmula de actualización jubilatoria, obligando al Presidente a vetar la iniciativa.
La Cámara de Diputados rechazó el DNU que incrementa el presupuesto de la SIDE en 100.000 millones de pesos. La fractura con la vicepresidenta Victoria Villarruel quedó mucho más expuesta. Con un aliado estratégico, como Mauricio Macri, se agigantan las diferencias, que se hacen visibles en el interminable conflicto fiscal entre la Nación y la Ciudad de Buenos Aires.
Además, cuando se esperaba que el oficialismo capitalizara su éxito en las encuestas cooptando diputados y senadores de la oposición, se verificó el movimiento inverso: fueron los bloques de La Libertad Avanza los que se desgranaron. La Casa Rosada reaccionó ante estas dificultades estableciendo una mesa para coordinar las decisiones. Y el propio Presidente, que suele desentenderse de las rutinas cotidianas de la administración, condescendió a reunirse con los míseros presidentes de las bancadas amigas. Es la humildad de un gigante, cómo él mismo se define. Pero también el reconocimiento de que, entre elección y elección, el Gobierno depende de capacidades que no son las que exige la campaña electoral.
Este paisaje de carencias e inconvenientes permite descifrar mejor el significado del paso del jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ayer, por la Cámara de Diputados. Francos se instaló con solvencia en el corazón de la casta. Demostró su arte de viejo parlamentario para tratar con quienes debían interpelarlo. Concurrió a ofrecer el informe al que lo obliga la Constitución sin asesor alguno. Se mostró comprensivo, amable, paciente para escuchar planteos hostiles. Desde casi todas las bancadas le dedicaron felicitaciones envenenadas, destinadas a celebrar un estilo opuesto al que caracteriza al resto del Gobierno. Él logró un éxito final: el kirchnerismo y la izquierda se retiraron del recinto. Nadie abandona un ring en el que va ganando. A través de esta coreografía, Francos ratificó que ocupa un lugar imprescindible en el elenco del poder.
El hilo argumental de toda la presentación del jefe de Gabinete fue el credo del Gobierno: debe respetarse la restricción presupuestaria. Respondió así a los reproches por la austeridad de las jubilaciones o por el recorte a la obra pública. Es fácil impulsar iniciativas agradables cuando uno no se pregunta por su financiamiento: ese fue el criterio defensivo. El respeto de esta regla está, junto a las desregulaciones de Federico Sturzenegger, entre los máximos encantos de la administración frente a su feligresía.
Francos debió responder por tres cuestionamientos principales. En un caso lo hizo con humor: las disparatadas afirmaciones del inesperado moralista Mariano Cúneo Libarona sobre el valor de la familia desde una perspectiva homofóbica. Mucho más lacónico fue el ministro cuando debió explicar el status funcional del Mago del Kremlin, Santiago Caputo. Remitió al número de una respuesta que había dado por escrito a un cuestionario de la Coalición Cívica. Casi invitó a cursar una pedido de información pública de esos que el Gobierno pretende ahora restringir. Agregó poco a lo que se sabe: Caputo es una especie de superministro en las sombras, que controla desde la SIDE hasta la designación de jueces de la Corte. También domina áreas cotizadísimas de la administración como, por ejemplo, la de Transportes, a cargo de Franco Mogetta.
A propósito: ¿qué verosimilitud tienen las habladurías que circulaban ayer sobre un inminente alejamiento de Mogetta como resultado de un pacto entre Milei y Macri para controlar esa área? Minucias. Lo interesante es que Caputo administra esa masa incalculable de poder desde su modesta condición de asesor vinculado a la Secretaría General de la Presidencia a través de un contrato de locación de servicios.
La definición más relevante de Francos fue la referida al decreto que restringe el acceso a la información pública cuando se trata de datos relativos a la vida doméstica de los funcionarios. Por ejemplo, el costo de los caniles de Olivos, que debería desvelar a un oficialismo obsesionado por ahorrar en obras públicas; o las veces que se utilizó un avión oficial para llevar encomiendas particulares desde Buenos Aires hasta Río Gallegos. El jefe de Gabinete aclaró que no había existido la intención de limitar la transparencia informativa, y sugirió que, llegado el caso, esa nueva reglamentación podría revisarse.
Las palabras de Francos tuvieron un efecto práctico inmediato. En la Cámara de Diputados trascendió que la autora de esa polémica norma, la secretaria de Planeamiento Estratégico Normativo, María Ibarzábal Murphy, se comunicó con varias legisladoras, entre ellas las radicales Karina Banfi y Carla Carrizo, para estudiar una nueva redacción del texto. La misma versión afirmaba que, un rato más tarde, el “Mago” Caputo llamó a Banfi para aclararle que no habría camra ya que la norma expresaba la posición definitiva del Gobierno sobre el tema.
Había que presumir que el oficialismo no cedería en esa controvertida decisión. Porque un rato antes de que Francos sugiriera una revisión, desde la cuenta de X @bprearg, que lleva “John” como nombre de fantasía, se advertía lo siguiente: “El que quiera reglamentar de otra manera la ley de acceso a la información pública lo que tiene que hacer primero es ganar las elecciones y para eso es MUY importante (FUNDAMENTAL DIRÍA) no perder las elecciones”. La declaración es relevante porque se trata de una cuenta adjudicada una y otra vez a Caputo el menor. Y él no desmiente esa atribución. Por eso numerosos funcionarios del Gobierno leen los mensajes de “John” como apotegmas de Caputo.
El episodio ofrece varias razones para el asombro. Una es la curiosa condición de Caputo, una especie de funcionario blue. Maneja tres cuartas partes del gobierno con un contrato de asesor y explica los criterios oficiales desde el dudoso anonimato de una red social. Sin embargo, lo más interesante es el argumento de ese post, sea del “Mago” o de cualquier otro apologeta del Gobierno. Porque manifiesta con brutal sinceridad la premisa de todo populismo: sólo existe una legitimidad y es la que dan los votos. Los votos que obtuvo el Poder Ejecutivo. No el Congreso. Es el mismo modo de pensar, impregnado de antiliberalismo, que llevó a Cristina Kirchner a preguntar a los miembros del Tribunal Oral que la juzgaba en la causa “Vialidad” quién los había votado para pretender sancionarla, a ella, la vicepresidenta. No debe sorprender esta afinidad. Una corriente importante de La Libertad Avanza considera que el populismo kirchnerista no debe ser contrastado con una política liberal-republicana a la Macri. La única forma de vencerlo es oponerle un cesarismo de signo contrario, en defensa de una economía capitalista. Es decir, una especie de autoritarismo de mercado.
El desafío de “John” Caputo es audaz. Sentados también sobre las urnas que les otorgaron las bancas, los diputados y senadores pueden poner en riesgo políticas importantes del Gobierno.
En la Cámara baja, a instancias del presidente del bloque radical, Rodrigo de Loredo, se está estudiando una estrategia jurídica pachazo, sostener la ley de actualización jubilatoria que Milei tuvo que vetar. Consiste en aplicar una “insistencia parcial”. Es decir, reunir dos tercios de los votos para mantener el núcleo de la norma, que es la fórmula de ajuste. Existe un antecedente para ese tipo de votación, que se aplicó en una ley sobre YPF defendida por Elisa Carrió.
Los fondos de los servicios
¿Qué pasará con el DNU de los fondos de la SIDE en el Senado? Contesta un miembros de esa Cámara: “No sé si ya están los votos para rechazarlo; lo que está es el entusiasmo”. Algo parecido podría suceder con la ley que otorga estabilidad fiscal a las universidades nacionales. Estos dos desafíos al Poder Ejecutivo proceden del mismo actor político: el radicalismo de la Capital Federal, encarnado en Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau. Por ahora la suerte del Poder Ejecutivo está a salvo: la discusión de esas iniciativas se postergó una semana. Milei se lo debe a Villarruel.
La relación con el Gobierno fractura a la UCR. Se da la paradoja de que Lousteau, que se ha instalado en la vereda de enfrente de casi todas las decisiones oficiales, no se opuso todavía a la más controvertida: la postulación del polémico Ariel Lijo para la Corte Suprema de Justicia. “Curiosa variación de un filántropo”, diría el Maestro.
Ese silencio de Lousteau, que además de senador es el presidente del partido, irrita a muchos radicales. Por ejemplo, anteayer se conoció una declaración del radicalismo de Chubut pidiendo al Comité Nacional que repudie la candidatura de Lijo. El malestar fue escalando. El mismo lunes, dialogando con Luis Novaresio, De Loredo, que es nada menos que el presidente de la bancada radical en Diputados, señaló que la UCR no podía renunciar a una bandera histórica, como es la transparencia de la Justicia. Agregó que no tenía que ceder esa reivindicación al Pro que, encabezado por Macri, adoptó una postura mucho más nítida frente a la candidatura de Lijo.
Al mismo tiempo, el diputado cordobés se quejó de que, frente al resto de la agenda pública, Lousteau haya adoptado una postura inclemente con un gobierno que asumió el poder en medio de una crisis heredada del kirchnerismo y con muy pocos recursos institucionales. Las líneas de adhesión y de rebios, como se ve, están cruzadas.
El repudio radical es un problema grave para Lijo. Porque Cristina Kirchner, mucho más coherente que el intermitente Lousteau, envió un mensaje previsible: no pondría los votos que controla en el Senado al servicio de dos candidatos, Lijo y Manuel García-Mansilla, promovidos por una administración con la que ella no tiene coincidencia alguna. Este fuerte condicionamiento del kirchnerismo vuelve más indispensables los votos de los senadores radicales y del Pro.
Una denuncia impactante
Además, Lijo enfrenta desde ayer otro problema. En su juzgado cayó una bomba: la jueza María Eugenia Capuchetti formuló una denuncia penal contra Juan Martín Mena. Es nada menos que el ministro de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires. Mena es un eslabón discreto, pero crucial, en la relación de la señora de Kirchner con el aparato judicial. Fue la figura más gravitante del Ministerio de Justicia durante la gestión de Alberto Fernández, a pesar de que estaba ubicado en un segundo escalón. Durante la Presidencia de Cristina Kirchner tuvo responsabilidades importantísimas en el área de Inteligencia.
La materia de la denuncia de Capuchetti es tan importante como su voltaje institucional. Se trata del misterioso bloqueo del teléfono celular de Fernando Sabag Montiel, el autor del atentado contra Cristina Kirchner del 1º de septiembre de 2022. El aparato habría quedado inutilizado después de ser manipulado en una pericia por Alejandro Heredia, un cabo de la Policía Federal, experto en cibercrimen, pero no en dispositivos electrónicos. Capuchetti sostiene que el trabajo de Heredia fue monitoreado por varios expertos, en presencia del propio Mena, que estaba en el juzgado por el interés que tenía en el caso, en su condición de viceministro de Justicia.
La magistrada cita una declaración del secretario de su juzgado, Federico Clerc, delante de María Servini de Cubría, quien investiga la peripecia del teléfono del “copito”. Allí Clerc aseguró que ese aparato fue depositado en la caja fuerte del juzgado, cuya llave quedó bajo su propia custodia.
Capuchetti quiere que Mena sea investigado por encubrimiento ya que el ministro de Axel Kicillof afirmó ante Servini que el secretario Clerc le había confesado que aquella noche la jueza le pidió la llave de la caja fuerte para acceder el teléfono que resultó inutilizado. Es decir, según Mena, Capuchetti habría manipulado el dispositivo al margen del procedimiento regular. La acusación de Capuchetti tiene un peso especial porque se realizó pocos días antes de que Clerc vuelva a declarar ante Servini. Lijo debe desentrañar esta controversia. Tal vez delegue la investigación en el fiscal, Franco Picardi, quien en su momento fue funcionario del Ministerio de Justicia, cuando allí reinaba Mena.
Dramática encrucijada la que se le plantea al camaleónico Lijo. Debe elegir entre su colega Capuchetti o Mena. Es decir, entre Capuchetti o Cristina Kirchner, que tiene una influencia decisiva para habilitar o promover su escandalosa y accidentada marcha hacia la Corte.

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El oficialismo logró postergar otro posible revés en el Senado
Senado. La vicepresidenta postergó una semana la sanción de la ley de financiamiento universitario y el rechazo al DNU de la SIDE; el kirchnerismo baja igualmente al recinto
Gustavo Ybarra.El presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, ayer, tras la reunión de Labor Parlamentaria
El oportuno giro de los gobernadores radicales, que ahora no quieren aprobar la boleta única de papel, y de la mano del apoyo de los otros bloques dialoguistas, la vicepresidenta Victoria Villarruel logró neutralizar, al menos por una semana, la ofensiva opositora en el Senado que pretendía sancionar la ley de financiamiento de las universidades nacionales, que Javier Milei prometió vetar, y el rechazo definitivo al DNU que inyectó $100.000 millones en fondos reservados a la SIDE, que controla el asesor presidencial Santiago Caputo.
“Queríamos evitarle una derrota al Gobierno. No estaban los votos para boleta única y para nosotros ese tema es importante”, afirmaron voceros de Villarruel para explicar la postergación de la sesión para el jueves de la semana próxima. La reunión quedó citada para las 14 y el temario contempla el tratamiento de la boleta única de papel, el financiamiento universitario y el DNU, en ese orden.
El kirchnerismo insistió en que la Cámara alta sesionara hoy para tratar los temas que complicaban al Gobierno, pero se encontró con la negativa del resto de los bloques participantes en la reunión de jefes de bloque celebrada ayer a la tarde, que pidieron una semana más de plazo para tratar de encontrar un acuerdo en torno a la boleta única para llevarlo al recinto junto a universidades y el decreto de necesidad y urgencia.
No obstante, la bancada de Unión por la Patria anunció anoche que hoy “bajará al recinto” a las 14 para tratar de sesionar. “Esperamos poder contar con la presencia de los otros bloques para poder darles repuesta a todas las universidades del país y ponerle un punto final al despilfarro que hizo este gobierno con los fondos reservados a la Secretaría de Inteligencia”, comunicó el principal bloque de oposición.
El resultado de la reunión de Labor Parlamentaria fue tomado como un triunfo para la vicepresidenta, que le evitó así al Gobierno el duro golpe legislativo que implicaba la sanción de la ley que obliga al Poder Ejecutivo a actualizar por inflación el presupuesto universitario y la caída definitiva del DNU de inteligencia, que ya fue rechazado por la Cámara baja hace dos semanas.
El acuerdo que cerró el recinto de la Cámara alta por segunda semana consecutiva fue alcanzado por Villarruel con representantes de los bloques dialoguistas minutos antes de que se realizara el encuentro de jefes de bloque. Allí quedó en claro que no había acuerdo para destrabar el proyecto de ley que instaura el uso de la boleta única de papel por divergencias de última hora.
Desde la vicepresidencia aseguraron que fueron varios los bloques que plantearon diferencias con el texto que ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Diputados. Sin embargo, según pudo saber
son los gobernadores radicales quienes ahora parecen no querer saber nada con el uso de la boleta única. Un giro copernicano desconocido hasta el momento.
De acuerdo con esas fuentes, fue Gustavo Valdés (Corrientes) uno de los que habrían manifestado su oposición a que avance el proyecto que elimina el uso de la boleta partidaria. El argumento que habría esgrimido es que la papeleta única complicaría las elecciones para gobernador que celebrará la provincia del año próximo, en un distrito que tiene un complejo sistema electoral con infinidad de pequeñas agrupaciones que se favorecen con el sistema de empalme de listas.
La boleta que se usa ahora es la partidaria, por la cual cada fuerza política recibe fondos del Estado para imprimir las papeletas para distribuir entre sus votantes durante la campaña y proveer el día de la elección en los puntos de sufragio.
El instrumento es clave en muchas de las maniobras que vulneran la voluntad popular en las elecciones, como su uso en el denominado voto cadena, y también era una fuente de erogación de fondos públicos, que debía financiar la impresión de varios padrones electorales para que los partidos puedan usarlos como parte de su campaña y en los días de las elecciones. Esto dio lugar a la proliferación de listas, sobre todo en las primarias, que reunían apenas unos pocos centenares de votos, pero que hacen un gran negocio con la facturación de la impresión de boletas.
El proyecto que ahora quedó cuestionado fue impulsado por Villarruel y obtuvo dictamen de comisión en enero. Pero en una jugada de último momento el kirchnerismo, que se negaba en redondo a aceptar la boleta única, se sumó a una propuesta alternativa planteada por los senadores de fuerzas provinciales Mónica Silva (Juntos Somos Río Negro) y Caros Arce (Frente Renovador de la Concordia de Misiones).
Por tratarse de una ley electoral, la Constitución exige una mayoría especial de mitad más uno del total de miembros del cuerpo para su aprobación, que en el caso del Senado son 37 votos. Así, el tema quedó empantanado, ya que el Senado quedó partido en partes iguales, con 36 votos por lado a favor de cada iniciativa.
La propuesta de la rionegrina y el misionero apoyaba la BUP, pero según el sistema de Santa Fe, con una papeleta por cada una de las categorías en juego en la elección. El proyecto que había aprobado Diputados impulsaba el método que se aplica en Córdoba, en el que los candidatos de todas las categorías están en una única papeleta.
Parecía que todo marchaba sobre ruedas, pero en las últimas horas los gobernadores radicales cambiaron de opinión y decidieron quitarle su apoyo a la iniciativa. Desde la vicepresidencia prometen trabajar para tratar de vencer el nuevo obstáculo. Tienen una semana para, al menos, evitar que la próxima sesión sea solo de malas noticias para la Casa Rosada.

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sábado, 17 de febrero de 2024

EL ESCENARIO Y SENADO


Sombras sobre la luna de miel
Claudio JacquelinJavier Milei

Hace ya un buen tiempo que uno de los mitos ordenadores de la política moderna entró en crisis. Lo que nadie se anima a fijar es la nueva fecha de caducidad de la luna de miel de los gobiernos inaugurales con la sociedad (la que los votó y la que no los votó). Se trata de un tiempo idílico, en que la pasión es ciega a los defectos y el arrobamiento invisibiliza urgencias y necesidades.
Esta parece ser la cuestión central de estos días con la que se debate buena parte de la dirigencia política no libertaria, después de haber pasado apenas los dos primeros meses de gestión de Javier Milei. Mucho menos que cien días.
¿La luna de miel se volvió una luna de Milei en cuarto menguante? ¿Solo hay sombras pasajeras que proyectan rivales ansiosos? ¿Es apenas un eclipse fugaz? Los últimos acontecimientos pueden leerse en esa clave.
El tropiezo indisimulable del Gobierno en el Congreso, la posible reconfiguración del espacio político oficialista, el envalentonamiento de gobernadores afectados por las medidas y por las embestidas del Presidente, la reinstalación de Mauricio Macri como líder de Pro y la reaparición intempestiva de Cristina Kirchner son solo algunos elementos que alimentan esos interrogantes.
La política no puede escapar a la era del “just in time” y de la satisfacción inmediata. Lo acaba de demostrar Cristina Kirchner con su extensa (en todo sentido) carta, con la que el miércoles sorprendió hasta a los propios y llevó a muchos a preguntarse sobre la premura para sacarla. ¿La apuró la percepción de que el Gobierno entraba en un proceso de turbulencias y declive o temía lo contrario y solo proyectó sus propias sombras y temores fundados?
Inmune a las contradicciones, el pronunciamiento expone el dilema sin resolución que anida en la exvicepresidenta. Tanto augura el fracaso del experimento libertario como expresa alarma ante el posible éxito de Milei. También en ella “El Dorado” de la dolarización despierta tanta atracción como temor y rechazo. Por eso, la “plataforma electoral” lanzada por la vía epistolar que tanto le gusta cultivar busca mostrar un aggiornamiento de su ideario. Hay propuestas y vocablos que avanzan sobre santuarios del kirchnerismo y que hasta hace nada nadie escuchaba salir de su boca. Un reconocimiento de hecho de que el triunfo de Milei le corrió las fronteras.
A través de su documento, Cristina Kirchner exhibe, asimismo, la dificultad que tiene para entender o para admitir las razones de la victoria del libertario. Sin autocrítica alguna y con la excusa de la gastada aguja hipodérmica de los medios (más las redes sociales) que les lavan el cerebro y el corazón a los votantes elude explicar cómo y por qué Milei penetró en el universo tradicional del voto peronista para llegar a la presidencia. Como si hubiera una estructura social que no lograra aprehender tanto como niega y mitifica.
La nueva derecha irreverente, joven y con arraigo popular, que encontró en Milei su continente, no es el macrismo fácilmente demonizable para el kirchnerismo en el colectivo del antipueblo, la elite, los ricos y los gorilas. Las nuevas realidades exigen nuevas categorías de análisis y ponen a tiro de archivo viejos paradigmas. Ahora todo dependerá de los resultados. Antes de que lleguen, a la expresidenta le podría venir bien leer Está entre nosotros, el esclarecedor libro ensayístico coordinado por el sociólogo y antropólogo Pablo Semán que aborda y explica el surgimiento y la consolidación de “la extrema derecha que no vimos venir”. Advertirá que ella, su gestión, su narrativa y sus políticas (muchas de ellas fallidas) no son ajenas a este fenómeno.
Para el peronismo
Mientras tanto, “el documento hay que leerlo, antes que nada, como una manifestación hacia dentro del peronismo y del propio kirchnerismo. La clave está en la primera persona del plural que ella utiliza todo el tiempo. Manifiesta una idea de unidad y representación, a sabiendas de que hoy la representación y la unión están en cuestión. Cuando se pregunta dentro del peronismo y de lo que fue el kirchnerismo quién es ese “nosotros”, ahí empiezan los problemas. Ya hay demasiados haciendo la propia. Ella lo sabe y por eso salió, consciente de que todavía logra una centralidad con la que nadie en el peronismo puede competir, pero “el piso está agrietado”, explica uno de los hombres que la conocen profundamente y la suelen interpretar cabalmente.
Los dos primeros meses posteriores a la derrota electoral fueron acumulando señales inquietantes para “la jefa”. Entre otras, desde el propio peronismo señalan: el mal paso de Máximo Kirchner dentro y fuera del Congreso cuando se trató la ley ómnibus; la avanzada del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, y otros dirigentes bonaerenses sobre la conducción justicialista provincial que formalmente aún ejerce el hijo bipresidencial; algunos gestos autonómicos de Axel Kicillof, gobernador del último bastión kirchnerista, y la unión por espantos concurrentes de los gobernadores peronistas.
En ese último círculo, donde el peronismo preserva cierto control territorial, pero adonde Milei penetró más allá de lo esperado, confluyen la estrategia de asfixia mileísta a las provincias que no se cuadran y un mayoritario rechazo a seguir bajo el yugo cristinista. Aunque esos jefes provinciales siempre hayan postergado el grito de independencia.
Más contundente es uno de los mejores traductores del cordobesismo peronista: “Cristina ve que está quedando fuera del juego y, por eso, sale con la carta. Además, la situación del kirchnerismo, encerrado en la provincia de Buenos Aires, es un problema para la proyección de Axel [Kicillof]. En lo fiscal y en lo político; le quita potencial de proyección”. Para esta perspectiva, la que está en su cuarto menguante es la luna kirchnerista.
Centralidades
La apresurada centralidad adquirida por el gobernador cordobés, Martín Llaryora, al que Milei subió al ring central, también aporta un elemento que impacta en el sistema y suma distorsiones al calidoscopio peronista del que Cristina Kirchner se resiste a ser un cristal roto más. Por ahora, retomó la centralidad y, como dice un cristinista crítico, “consiguió mantener la centralidad y condiciona a los demás; los que tenían la intención de instalarse en los medios saben que si lo hacen van a tener que hablar de ella y de su carta”.
Ante esa reposición de lo viejo, como es la reaparición de la expresidenta y la reinstalación de Mauricio Macri como articulador de una ampliación del espacio oficialista, celebran Milei y los suyos. Sin éxitos para ofrecer y con varios tropiezos por disimular o maquillar, en el oficialismo sienten que
Cristina Kirchner, en lugar de proyectar una sombra sobre el Presidente, le devolvió brillo. La luna de Milei no se eclipsa. Eso creen.
La disputa concentrada en el plano económico es vista como un triunfo por el oficialismo. “Cristina quiere demostrar que tiene algo para decir con autoridad sobre economía; por eso, la golpea la descalificación que le hace Milei en ese campo”. Una vez más ese es el terreno de disputa entre ambos, la corrupción o los abusos de poder de la era kirchnerista siguen sin ser parte de la batalla. Por estrategia o conveniencia mutua. Muchas veces han estado más cerca de lo que la ideología los distancia.
Tal vez una barrera traspasó el extenso recordatorio que hizo la jefa del kirchnerismo de presidencias inconclusas por haber intentado soluciones aparentemente parangonables a las de la actual gestión. Para el oficialismo, y aun para vastos sectores opositores, esas referencias tienen un carácter tan destituyente como una falta de sentido de oportunidad muy profunda. Demasiado pronto para pronósticos tan agoreros. Puede ser riesgoso.
Una encuesta concluida en los primeros días de febrero por la consultora Equipo Mide, que dirige el politólogo radical Manuel Terradez, hecha para la UCR bonaerense, muestra que según el 52% de los consultados “el país va en la dirección correcta desde que asumió Milei”.
Aunque también concluye que para el 45% la gestión del Gobierno es entre mala y muy mala y que para el 41% es buena o muy buena. Al mismo tiempo, la culpa por la alta inflación, que es el primer problema para los encuestados, es adjudicada por el 49% a Alberto Fernández y Sergio Massa. Por eso, así como el 50% dice estar de acuerdo con las medidas del Gobierno, el 54% se expresa en desacuerdo con la liberación de precios. La moneda está en el aire.
La leve desaceleración de la inflación en enero, tan celebrada por el Gobierno como las sonrisas (y el silencio sobre la gestión) que le prodigó el Papa a Milei, sigue profundizando, no obstante, el acelerado deterioro que sufre desde hace dos meses el poder adquisitivo de los salarios y de los haberes jubilatorios, que es, además, el gran soporte del también festejado superávit fiscal.
El aumento de tarifas de los precios regulados y el inminente gasto de insumos escolares aparecen como las nuevas cuestas a enfrentar por la sociedad. También por el Gobierno. Allí se posa la mirada de políticos, economistas, referentes sociales y analistas. Mucho más que en lo que se proponga precipitar o pretenda contener una dirigencia política descompuesta.
En tal contexto, los achicados salarios de docentes y miembros de fuerzas de seguridad, y las dificultades que ha tenido la nueva administración para aceitar la asistencia alimentaria a los sectores más vulnerables asoman como probables disparadores de situaciones de tensión, según dirigentes con anclaje territorial.
La gestión llama. La luna de miel necesita algo más que pan y cebolla para no padecer sombras ni eclipses prematuros.

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Milei no prorroga las sesiones extraordinarias y descoloca a Villarruel
La vicepresidenta buscaba tratar cambios en la legislación de lucha contra el lavado de dinero que había pedido el Gobierno
Gustavo YbarraPrensa senado...La vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel
El desconcierto y el asombro quedaron dibujados en los rostros de varios senadores y funcionarios del Senado que responden al oficialismo de La Libertad Avanza cuando se enteraron de que el presidente Javier Milei no extenderá las sesiones extraordinarias del Congreso y que, por lo tanto, Victoria Villarruel no podrá convocar a sesión el viernes próximo para tratar el proyecto de ley que modifica la legislación vigente en materia de prevención y represión del lavado de dinero.
La noticia impactó fuerte por el hecho de que había sido el propio Gobierno el que había realizado gestiones para acelerar la sanción del proyecto ante la inminente llegada de una misión del Grupo de Acción financiera Internacional (GAFI) para revisar si el marco normativo de la Argentina en materia de lucha contra el blanqueo de capitales obtenidos a través de delitos se ajusta a sus estándares.
De hecho, fue el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, el que se encargó de llamar y convencer a legisladores de la UCR y Pro de que dejaran de lado sus cuestionamientos al proyecto y apuraran la sanción de la iniciativa, que fue aprobada el año pasado por Diputados, con el objetivo de impedir que el GAFI termine ubicando a la Argentina en la denominada “zona gris” de países con legislación permeable o favorable al lavado de dinero ilegal.
“No entiendo nada. Victoria había hablado la semana pasada con (el ministro del Interior, Guillermo) Francos para pedirle que extendieran las extraordinarias y nos habían dicho que estaba todo bien”, confió un legislador oficialista, que no terminaba de digerir la noticia, en diálogo con la nacion.
No todo era sorpresa en el oficialismo. También había enojo con la Casa Rosada por haber convertido en inútil el despliegue realizado por
Villarruel y el jefe de la bancada libertaria de la Cámara alta, Ezequiel Atauche (Jujuy), para conseguir el respaldo suficiente a la iniciativa.
Según confió uno de los voceros legislativos consultados  el Poder Ejecutivo avanzará por decreto de necesidad y urgencia (DNU) con las modificaciones a la legislación vigente para así tener todo en regla cuando llegue al país, a principios de marzo, la misión del GAFI. Este tema también generó molestias entre la tropa oficialista del Senado.
Tras la intervención de Cúneo Libarona, el proyecto que modifica algunas figuras penales del Código Penal, como el delito de terrorismo, y la ley de lucha contra el lavado de dinero para adecuarlas a los estándares exigidos por el GAFI obtuvo dictamen en un plenario de dos comisiones la semana pasada.
Para que el proyecto obtuviera luz verde en las comisiones fue clave la decisión de la UCR y Pro de acceder a dejar de lado sus cuestionamientos al proyecto, por lo que lo habían votado en contra cuando se discutió en Diputados en abril de 2023. Lo hicieron en virtud de la promesa del ministro de Justicia de que se ajustaría el texto al momento de la reglamentación y mediante el veto de algunos puntos conflictivos.
Con el dictamen en la mano, Villarruel había planificado convocar a una sesión especial para el 23 del actual para tratar el proyecto. De hecho, la vicepresidenta ya había negociado con la oposición dialoguista los términos de la eventual reunión con la intención de evitar que el kirchnerismo pueda modificar el plan de labor y pedir el tratamiento del controvertido DNU 70/23.
La decisión de Milei de mantener su enfrentamiento con el Congreso como consecuencia del fracaso en la Cámara baja de la denominada ley ómnibus y negarse a prorrogar las sesiones extraordinarias, que culminaron ayer, terminó por tirar por la borda los planes de Villarruel y sumar un nuevo mojón de malestar y tensión política en el Senado hacia el Poder Ejecutivo.
“Normalizar la actividad”
En este escenario, Villarruel dijo ayer que buscará “ir normalizando la actividad legislativa” como parte de su trabajo al frente de la Cámara alta y remarcó que impulsará una “política” que “acreciente los lazos” entre diferentes sectores de la vida política de la Argentina.
“Mi deseo es ir normalizando la actividad legislativa y llevar una política que acreciente los lazos entre la clase política, más allá de las diferencias”, dijo Villarruel durante una reunión que mantuvo con el embajador de Portugal, José Frederico Viola de Drummond Ludovice.
Además, la vicepresidenta afirmó que “queda por delante un arduo trabajo por recuperar la seguridad jurídica y hacer una Argentina previsible y confiable”.
Pese a las declaraciones de Villarruel, el interbloque de senadores de Unión por la Patria (UP) pidió ayer por tercera vez a la titular de la Cámara alta que convocara a una sesión especial para tratar el megaDNU del Gobierno. Lo hizo con la firma de sus 33 senadores.

Ritondo descartó una alianza
Cristian Ritondo descartó una alianza entre su bloque y los libertarios, aunque aseguró que el acompañamiento de Pro “fortalece” al Gobierno. “Tenemos una idea del cambio que compartimos. Por eso muchos de nosotros tomamos la decisión de dar el apoyo que dimos en la segunda vuelta. Así nos hemos comportado como bloque integralmente con los 37 miembros, votando y acompañando a ley”, dijo.

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