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Aunque la demanda de litio crece, un especialista asegura que el “nuevo oro” no siempre reluce
“La industria de vehículos eléctricos y de baterías crece a un ritmo mucho más veloz que la extractiva”, dice Obaya
“Nunca existirá un país litífero en los mismos términos que existe un país petrolero”, dice el investigador del Conicet Martín Obaya, uno de los especialistas que más conoce el tema
Flavia Tomaello
El litio, hasta no hace mucho, estaba reservado a ciertos tratamientos médicos para la salud mental. Sin embargo, su condición de metal blando, el más liviano conocido, lo convirtió en el nuevo oro. De los más codiciados del planeta, es esencial para gran parte de los dispositivos tecnológicos de uso corriente, además de sumarse en productos tan comunes como las bicicletas y los automóviles.
Se localiza principalmente en salmueras naturales, pozos petrolíferos, agua de mar y campos geotermales. Ofrece excelentes propiedades para la conducción del calor y de la electricidad. Su uso más común es para la producción de baterías para celulares, notebooks, cámaras digitales y vehículos eléctricos. Sin embargo, con ciertas aleaciones aligera los artículos finales, como los chalecos antibalas, los trenes de alta velocidad o la industria aeronáutica.
Aunque Australia es el mayor productor mundial, aportando el 52% del litio necesario cada año, con reservas declaradas de 6,2 millones de toneladas métricas, Chile es el más grande reservorio, con 9,3 millones de toneladas métricas, según datos de portal de estadística Statista. La Argentina se ubica en el tercer puesto, con un estimado de 2,7 millones de toneladas métricas, y le siguen China, con dos, y los Estados Unidos, con uno. Se espera que la demanda de litio alcance los 1,5 millones de toneladas para 2025, y más de tres millones para 2030. Según los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), se produjeron globalmente 540.000 toneladas durante 2021. Pero, de acuerdo con las proyecciones de demanda, la puesta a disposición de litio debe triplicarse para 2025, y aumentar casi seis veces para 2030.
El análisis indica que aun cuando el suministro siga teniendo una trayectoria de crecimiento exponencial, pueden pasar entre seis y más de 15 años para que las nuevas explotaciones entren en funcionamiento, lo que implicaría un déficit importante del compuesto. La propia Cepal en su último informe asegura que América latina está desperdiciando su potencial. Mientras tanto, el jugador más fuerte del mercado, Australia, anunció que el precio del litio se desplomará para 2024. Gabriel Bóric, en Chile, se montó sobre este recurso y está revolucionando la minería del otro lado de la cordillera, alejándose por primera vez del cobre.
El litio se considera el oro que nos salvará en el corto plazo. Uno de los especialistas que más conoce el tema es Martín Obaya. Nativo de San Martín, Gran Buenos Aires, se recibió de economista, doctor en Ciencias Sociales de Monash University (Australia) y magister en Relaciones Internacionales de la Universidad de Bolonia (Italia). Es investigador del Conicet, con sede en el Centro de Investigaciones para la Transformación, de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de San Martín.
"Es probable que les queden algunas décadas a las baterías de litio como la tecnología preferida por la industria"
“El primer proyecto vinculado al litio en el que trabajé fue por invitación. Conjugaba los procesos de aprendizaje tecnológico en la industria automotriz y el área de recursos naturales. Pasó a formar parte estable de mi agenda de investigación. El litio genera discusiones económicas, productivas, ambientales y sociales, e involucra una dimensión geopolítica. Este escenario es un laboratorio para estudiar cómo un país rico en recursos naturales define su modelo de desarrollo y de inserción internacional”.
Preparar la alcancía
El proceso de transición energética en marcha es intensivo en minerales. “Un vehículo eléctrico utiliza seis veces más minerales que uno tradicional –explica Obaya–. Su componente más importante es la batería de ion de lito, la tecnología dominante a escala comercial. Varios de los minerales considerados críticos, como el cobalto o el níquel, pueden ser reemplazados. Esto no es posible con el litio. Es probable que les queden algunas décadas a las baterías de litio como la tecnología preferida por la industria”.
La electromovilidad ha crecido a un ritmo intenso. En la región aún no se percibe, pero el año pasado se vendieron 10 millones de vehículos eléctricos en el mundo, que representa el 14% del total. En 2018, ese número era sólo de 2 millones. “Esto supone una creciente demanda de litio –afirma el especialista–. La industria de vehículos eléctricos y de baterías crece a un ritmo mucho más veloz que la extractiva. El acceso a las materias primas es el principal cuello de botella de la electrificación del transporte”.
El litio es un recurso abundante en términos geológicos y se encuentra en distintos tipos de depósitos. Sin embargo, en la mayoría de los casos no existen tecnologías para obtenerlo a costos rentables.
En términos de recursos disponibles, la Argentina es jugador primordial, con un 20% del total mundial, pero explota menos del 5% de la producciónUna de las ventajas de los salares sudamericanos es que el costo de producción es más bajo. El proceso productivo (método evaporítico) presenta otros problemas. “Es poco eficiente –explica–. Una proporción considerable del litio en la salmuera no se puede recuperar. No se explotan otros recursos que se encuentran junto al litio. Conlleva riesgos ambientales, que se manifiestan sobre la biodiversidad de los ecosistemas y las cuencas de los salares”.
Están en marcha desarrollos tecnológicos que buscan abordar los retos de este proceso. La actividad se realiza en territorios con baja densidad poblacional, habitados por comunidades, en su mayoría pueblos originarios, que desarrollan allí sus propias actividades productivas: turismo, agricultura, cosecha de sal, ganadería.
"¿Cómo se puede aspirar a desarrollar una industria especializada y exportadora si a cada empresa le ponemos como límite el mercado de una provincia?"
“La minería es una actividad disruptiva con gran impacto sobre las dinámicas económicas y sociales. Es necesario pensar de qué modo la convivencia entre estos mundos puede ser posible”. La cuestión económica es objeto de debate. ¿Cómo hacer que el litio contribuya al desarrollo económico de los países con una dotación abundante del recurso? “El elemento central es que, además de los ingresos directos que produce, sea una plataforma para generar nuevas capacidades productivas y tecnológicas que estén a disposición del resto del tejido productivo”.
El litio en la Argentina es, desde hace años, una promesa que no se termina de concretar. Es jugador primordial en términos de recursos disponibles, con un 20% del total mundial, pero explota menos del 5% de la producción. En 2017, el área de minería había estimado que en 2022 la capacidad de producción superaría las 145 mil toneladas anuales. Sin embargo, ese año fue la misma que cuando se había publicado el informe, en torno a las 32 mil. Este año comenzó a operar la tercera planta de producción. La anterior había sido puesta en marcha en 2015. Ocho años pasaron entre la inauguración de una y otra.
“Un problema específico del país es el tema de los precios –sigue Obaya–. Chile produce seis veces más que la Argentina, pero sus exportaciones son 11 veces mayores. Hay problema de valores por las prácticas de precios de transferencia que aplican las empresas que operan en la Argentina para reducir su carga impositiva”. La Argentina no escapa a los retos internacionales, aunque la capacidad para afrontarlos asume rasgos particulares en el país, fruto del esquema de gobernanza que existe para el litio.
“Un aspecto es distintivo: su naturaleza federal. La Constitución determina que el dominio de los recursos pertenece a las provincias. Teóricamente, cada una puede definir su estrategia en función a las preferencias de sus ciudadanos, lo que implica una serie de obstáculos al momento de diseñar una estrategia integral para los recursos naturales. Las burocracias provinciales tienen capacidades limitadas para lidiar con los desafíos más complejos de la actividad minera. Tienen que sentarse a negociar con multinacionales que quieren acceder a uno de los recursos más codiciados”.
Las provincias imponen, formal o informalmente, requisitos mínimos de contrataciones que deben hacerse a empresas registradas en cada jurisdicción. “Se trata de esquemas de ‘compre provincial’ –explica–. ¿Cómo se puede aspirar a desarrollar una industria especializada y exportadora si a cada empresa le ponemos como límite el mercado de una provincia?”. Todos los esquemas de gobernanza tienen claroscuros y responden a trayectorias propias. No es posible trasplantarlos.
“Hay que evitar esquemas que generen obstáculos para la colaboración entre actores. Los procesos de aprendizaje son más ricos con sistemas que faciliten la creación y la difusión de conocimiento. Los casos extremos han sufrido este problema: Bolivia, donde el estado concentra la mayor parte del poder, y la Argentina, cuyo régimen tiene escasa capacidad regulatoria y para generar vinculaciones.
Se utilizan metáforas como “oro blanco” o la “Arabia Saudita del litio”, que generan expectativas desmedidas. Para Obaya, la comparación con el petróleo es equivocada. “En el actual paradigma económico, el petróleo es la principal fuente de energía, además de ser materia prima de muchos otros derivados. Su consumo constante mantiene en funcionamiento a la economía mundial. El litio, en cambio, es un mineral de nicho, utilizado principalmente para producir baterías que acumulan energía. Representa alrededor del 7% de las baterías. Nunca existirá un país litífero en los mismos términos que existe un país petrolero. El litio nunca será determinante en la matriz productiva y exportadora de un país, como lo es el petróleo”
En la Argentina, las exportaciones de litio se triplicaron en 2022 respecto de 2021. Así y todo, representaron sólo el 0,8% de las exportaciones totales. Cada operación de litio emplea alrededor de 300 personas. “No deberíamos esperar que el sector solucione por sí solo los problemas estructurales de la economía. Ahora bien, el litio tiene un potencial para motorizar las economías provinciales donde se encuentra, que son de tamaño más pequeño y con indicadores de desarrollo económico relativamente más atrasados que el promedio del país”.
Así es procesado el litio en un estanque de salmuera en la mina SQM bajo el sol en el desierto de Atacama, ChileEl modelo chileno, el segundo productor a nivel mundial
Como señala el investigador Martín Obaya, el modelo chileno tiene rasgos que vale la pena observar. “Es el segundo productor a nivel mundial y ha logrado aumentar su producción en los últimos años. Además, ha establecido un esquema de regalías que varían en función del precio de exportación, que llegan hasta el 40%. En la Argentina, el tope es de 3%. Ese esquema móvil permite gravar la actividad cuando genera rentas extraordinarias, y no ahogarla en los tiempos de precios bajos”. Los contratos con las operadoras incluyen aportes de entre 12 y 19 millones de dólares anuales para financiar centros de investigación y desarrollo.
Desde lo ambiental y social, en Chile los sistemas de monitoreo son más transparentes y sofisticados, y las empresas deben aportan dinero a las comunidades. Una de ellas acordó aportes equivalentes al 3,5% de las ventas, y otra, más 14 millones de dólares para inversión y fomento de desarrollo sustentable de las comunidades.
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