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jueves, 2 de noviembre de 2023

FRACASO


La rendición de los honestos
Los idealistas parecerían condenados a la perplejidad, sin embargo, son imprescindibles para contener la codicia de los fulleros profesionales; a veces se gana, la mayoría de las veces se pierde
Jorge Sigal
La rendición de los honestos....Alfredo Sábat
Cada fracaso era un sentimiento colectivo; la decepción y la tristeza, la consecuencia inevitable de no haber podido alcanzar el sueño de un país en el que la política tuviera valores. No sabíamos muy bien qué sistema económico era el adecuado para sacar a la Argentina de la postración, pero habíamos logrado consenso sobre la necesaria integridad moral de nuestros dirigentes. Antes, al menos, nos unían la congoja y la decepción.
Cuando, en el año 2000, renunció Carlos “Chacho” Álvarez a la vicepresidencia, muchos presintieron que otra ilusión se diluía entre sus dedos. No importaba tanto el fracaso de sus ideas, una combinación de neoperonismo –con renuncia expresa a las prácticas clientelares del viejo movimiento– y de la socialdemocracia de Felipe González, sino la penosa comprobación de que un tipo simple, buen lector, amante de los cafés compartidos con amigos, no tenía lugar en esa liga. Ese día de la puesta en escena en el Hotel Castelar, en la que Chacho ensayó una mueca –posible ocurrencia de algún ingenioso publicista– que pareció imitar la legendaria foto de Perón y Evita de las postales del renunciamiento, el alma de muchos se comprimió. Se podía presentir el inicio de una nueva frustración.
Yo, que ni siquiera lo había votado, sentí que el final de Chacho se llevaba puesto algo más que a un vicepresidente. Como les pasó a muchos, nunca pude, sin embargo, odiar al exmilitante de la JP Lealtad por aquella dramática determinación. Al principio creí, también como muchísimas personas, que su desplante era una maniobra táctica, pero que, en realidad, estaba tomando envión para volver como un huracán al lugar en el que lo había colocado el mandato popular: sanear la práctica política.
Que la inocencia me valga.
Pasaron los días, luego los meses y los años, y siempre esperé la llegada de la contraofensiva chachista. Pero Chacho, que retornó a sus rutinas mundanas y a su mesa en el legendario Café Varela Varelita, se esfumó para siempre. Obsesionado como estaba por su futura jubilación –solía decirle a uno de su mejores amigos: “No quiero terminar como mis viejos, necesito pensar en mi retiro”–, se conchabó, finalmente, en un cargo diplomático y nunca volvió a intentar el duro oficio de cambiar las reglas del juego de la política.
Es probable, especulé también por entonces, que el vice hubiera visto cosas oscuras, inconvenientes para preservar su salud. O, al decir de Gustavo Beliz, otro eterno desencantado, “cosas que no me gustaron”.
Hoy no creo siquiera eso.
Lo que, en realidad, el exasesor de Antonio Cafiero habría comprobado en su meteórico recorrido hacia la cumbre –para desgracia de las instituciones y la decepción de sus seguidores– fue, simplemente, que no estaba dotado del temple necesario para cambiar las reglas del juego de un deporte que se practica, no solo con habilidad, simpatía y talento, sino para el que hacen falta voluntad, coraje y ambición de la buena. Él, que era un destacado intelectual y un conversador nato, se habría resistido a mutar en burócrata del poder: todo un mérito, si no fuera porque había llegado al sitio equivocado y dejaba un tendal de huérfanos en la estampida.
Su encanto personal, que a tantos sedujo cuando era un bohemio trasnochador, trocó finalmente en tragedia colectiva. Chacho se volvió a su departamento de siempre, en la calle Paraguay, traicionando a sus antiguos compañeros, arrasó en la estampida con gente imprescindible como Graciela Fernández Meijide, y nunca más supimos de él; al menos de él como el proyecto del estadista que prometía ser.
Hace poco me lo encontré en una pequeña parrilla de la zona norte de la ciudad. Estaba con su hija. Un poco más viejo, pero siempre desbordante de elegancia y simpatía. Al despedirlo, no pude menos que experimentar el amargo sabor de la nostalgia. El fracaso (o la claudicación) de aquel hombre era la expresión de mi propio fracaso. Había representado un cambio de época, una oportunidad para sanear la moral pública y aminorar la codicia como única fuente en la que abreva el poder.
Su denuncia sobre los presuntos sobornos en el Senado, el supuesto motivo de su dimisión, parece, a la distancia, un chiste de mal gusto, comparado con los casos hartamente probados de la delincuencia estatal de los tiempos recientes.
Después de aquella dramática deserción al gobierno de la Alianza –que había llegado con el aval de más de la mitad de la ciudadanía– todo fue decadencia. El 2001, el helicóptero, las hordas callejeras, los muertos, los sucesivos presidentes provisionales, tuvieron que ver, aunque no de manera excluyente, con aquella movida, solitaria e inconsulta, del hombre al que la historia había empujado al sitio equivocado.
Una vez evitado el colapso total del sistema democrático –todo un logro–, la sociedad fue regresando, paulatinamente, a su predilección por la caterva de los especialistas en latrocinio. De a poco, fueron volviendo todos. Lo que, en los obscenos años noventa había saturado a la población –el maridaje insolente entre políticos millonarios y empresarios venales–, fue quedando paulatinamente en el olvido.
Después de una breve temporada de recato, a partir de 2003, ya con Néstor Kirchner –el presidente que firmaba leyes y decretos con una Bic y revoleaba con torpeza el bastón de mando–, la política fue, lentamente, quitándose el maquillaje de la humildad. Cuando, a fuerza de planes sociales y otros sedantes, la economía lo permitió, el negocio se fue normalizando. Los huérfanos dirigentes del Frepaso (el partido que había creado Álvarez), en su mayoría naturalizados kirchneristas, también se adaptaron a la nueva realidad: aprendieron rápido a disfrutar de los bienes terrenales. La palabra “caja”, que antes les producía alergia, se convirtió en una herramienta imprescindible para “cambiar las perimidas estructuras sociales”. Excitados por el relato setentista –un brebaje que anestesiaba toda discusión profunda sobre los trágicos años 70–, se volcaron a la caza de bienes y servicios. La vida, finalmente, es única e irrepetible.
En el circuito de la farándula televisiva (antes de nuestra era) se le atribuye al talentoso Gerardo Sofovich haber convocado, en los 90, a un escritor progre para su programa Polémica en el bar; más por una pulsión dinástica que por necesidades de rating. Dicen en esos mentideros que Gerardo recurrió primero a la seducción intelectual para luego desembuchar su primera oferta en moneda contante y sonante.
–Ya te dije, Gerardo, mis diferencias con vos son de carácter ideológico –habría dicho, palabras más, palabras menos, el convocado.
–¿Cinco mil dólares por mes? –habría ofertado entonces el productor.
–De ninguna manera –respondió, al borde de la ofensa, el convocado.
–¿Siete mil?
–Con todo respeto, Gerardo, creo que no comprendés que lo mío es una cuestión de convicciones...
Finalmente, ante una cifra irresistible, el intelectual pareció ceder:
–Bueno, en fin... quizá podría evaluarlo...
A lo que el rey de la pantalla habría cerrado la conversación:
–Solo quería saber cuál era tu precio –le espetó, pagó el café y se retiró con una sonrisa desbordante.
Los idealistas parecerían condenados a la perplejidad. Sin embargo, son imprescindibles para contener la codicia de los fulleros profesionales. A veces se gana, la mayoría de las veces se pierde. Pero, lo que resulta intolerable, visto a la luz de los últimos acontecimientos, es comprobar que la legión de honestos haya sufrido tantas bajas. Que la insolencia se muestre arrogante. Que un paseo en yate de un servidor público pueda ser entendido como legítima aspiración y no como oprobio.
“Voté a Massa para que no gane la derecha”, le escuché decir a un exintegrante de la cofradía de los honestos. Inmediatamente pensé: qué bien estábamos cuando, al menos, compartíamos la congoja.

Periodista. Miembro del Club Político Argentino

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sábado, 3 de diciembre de 2022

FRACASO


La Justicia de Kicillof ofrece poca seguridad

Daniel Bilotta
Sergio Berni insiste en que el fracaso del combate contra el delito es responsabilidad de la Justicia, una interpretación que redime a Axel Kicillof, pero que también revela su predisposición a omitir lo que no puede desconocer: los jueces no determinan la política criminal, lo hace el gobernador a través de su Ministerio de Justicia, la cartera conducida por Julio Alak, el único mencionado para sustituir a Berni en todas las versiones que circulan y que, tal vez por eso, se le atribuyen al propio Alak. Por supuesto, el ministro desmiente toda esa malicia.
Alak usó twitter para solidarizarse con Kicillof, molesto porque se le siga endilgando la suelta indiscriminada de presos en la pandemia. “Me tienen podrido con eso. Un gobernador no decide quién entra ni quién sale de la cárcel”. Tan cierto como eso fue el escaso interés expresado para detener las liberaciones que ordenó Víctor Violini con una aplicación amañada de la resolución 158/20 de la Procuración General para morigerar las condiciones de encierro de la población carcelaria con riesgo objetivo de contagio de Covid.
La Corte adhirió a esa medida con la resolución 386/20 que dejó a Violini habilitado a concentrar todas las decisiones que el Tribunal de Casación Penal distribuye en sus seis salas con dos miembros cada una. Resulta curioso que el máximo tribunal haya resuelto delegar esa función en un magistrado que reunía las condiciones para preservar su salud frente a un riesgo semejante: mayor de 70 años y con severos problemas cardíacos.
A la Corte le insumió un tiempo considerable reparar ese desliz que tuvo lugar en la presidencia de Daniel Soria, exfuncionario de Alak durante sus cuatro mandatos como intendente de La Plata. En ese intervalo Violini le concedió prisión domiciliaria a Enrique “Quique” Petrullo. El simpático inf luencer judicial que oficiaba de contacto con Martín Manuel ordoqui destituido como juez de Casación, entre otros cargos, por sospecharse de sus vínculos con la megabanda dedicada al robo de viviendas que lideraría el exjuez César Melazo.
El escándalo por la excarcelación de Petrullo contra la opinión de los peritos médicos del sistema penitenciario privó a Melazo de acogerse a ese régimen. Una posibilidad que Violini le rechazó en dos ocasiones. Está previsto que el 5 y 6 de diciembre comiencen los alegatos en el juicio oral y público contra el exjuez de Garantías de La Plata. Un trámite donde no deja de ser llamativa la aparente coincidencia de la parte acusadora, la fiscal Virginia Lago, con el juez del ToC N° 2, Santiago Paolini.
A ninguno de los dos los satisfaría el nivel de contundencia que presentan las pruebas contra el exmagistrado. En ese juicio todavía no prestó indagatoria ordoqui, cuya detención a ese efecto dispuso Bettina Lacki. La fiscal que investigó su caso sigue reuniendo pruebas. Aunque la que provoca más expectativa sigue siendo por ahora un rumor inquietante. En las escuchas telefónicas que ordenó, otros tres jueces de Casación aparecerían involucrados con la megabanda: Violini, Daniel Carral y Fernando “Pipi” Mancini. La Procuración General pidió el juicio político a Violini por su comportamiento en la pandemia.
Soria preside el jurado que deberá investigarlo una vez que Casación remita todas las resoluciones del juez en ese lapso. A fines del año pasado, el secretario de Casación, Fernando González, se excusó por la demora en girarlas. Adujo que eran demasiadas. Hasta fin de este año, ese tribunal es presidido por Carral. Alak sigue de cerca ese proceso. Igual que en los abiertos contra el fiscal de Tigre, Claudio Scapolan, y el que finalizó en la destitución de ordoqui, la preocupación del ministro se expresa en llamadas telefónicas a legisladores del oficialismo y de la oposición que integran esos jurados.
Podría sumarse más trabajo después de la anulación de la elevación a juicio de la causa por supuesta asociación ilícita entre dirigentes y barras de Independiente en respuesta a una presentación efectuada por Héctor “Yoyo” Maldonado, exsecretario del club. Borinsky se opuso a esa decisión que avaló Violini en un voto con fundamentos redactados por Carral en una sorprendente violación de su propia doctrina: rechazar pronunciarse sobre la validez de juicios en los que no hay sentencia definitiva.
Además del recurso extraordinario que presentará en la Corte por ese fallo se especula con que la fiscal de Casación, María Laura de Gregorio, podría acusar a Carral de prevaricato ante la Secretaría Permanente de Enjuiciamiento a Magistrados. El trámite inicial de un eventual juicio político. La transgresión de Carral se inspiraría en la necesidad de sentar jurisprudencia favorable a Pablo Moyano. La Sala 2 de la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora tendría decidido incluirlo otra vez entre los acusados de integrar una asociación ilícita en la causa Independiente. Lo haría para romper un círculo vicioso: ordenarle a Brenda Madrid un fallo en el que se rectifique del que dictó para sobreseer en dos ocasiones al dirigente camionero. El tribunal daría a conocer el suyo tras la feria judicial. Lo que vuelve casi una ironía que Carral y Violini repitan el pedido efectuado infructuosamente por la Cámara de Apelaciones a la jueza Correccional N° 1 de Avellaneda. Juntos presentaron en la Legislatura bonaerense un pedido de juicio político a Madrid por los sobreseimientos a Moyano.
Kicillof no lo dijo, pero su queja fue en defensa de la crítica que le efectuó María Eugenia Vidal por el estado del sistema carcelario. El gobernador aseguró haber recibido una herencia de 16.000 presos hacinados. Probablemente la ira lo llevó a desdecirse de su propio argumento: los gobernadores no resuelven quién entra y quién sale de prisión. Más sensible es otra contradicción expresada en el presupuesto del próximo año. Allí prevé la incorporación de 7000 agentes al servicio penitenciario. No lo haría si no previera más detenciones.
Esa inversión contrasta con el 0,5% asignado al Poder Judicial sobre un total de $6,2 billones. Recursos destinados exclusivamente al pago de salarios y sin posibilidad de reasignarlos, como ocurre con todos los afectados a la partida uno. La titular de la Corte, Hilda Kogan, le reclamó a Kicillof más fondos para cubrir las 500 vacantes que complican el funcionamiento del Poder Judicial. Donde podrían repetirse casos como el de Alejandro Ruggeri. El fiscal de Florencio Varela solicitó dos años de licencia sin goce de sueldo para radicarse en Italia con su esposa y tres hijos ante la creciente ola de inseguridad de la que ya fueron víctimas sus padres.
La agenda de Alak tendría como prioridad satisfacer a los intendentes del conurbano. Junto a su segundo, Lisandro Pellegrino, representa al Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura, a cargo de seleccionar futuros funcionarios judiciales y de sancionar a los que ya lo son si violan sus deberes.
Aunque su puntaje es inferior al de María Dolores Pérez Ugido (90) en el concurso para ser fiscal general en Merlo, Carlos Baccini (80) es el candidato a ocupar ese cargo que dejará libre el de jefe de todos los fiscales que ocupa en Lomas de Zamora. Baccini rechazó el pedido de juicio político a Javier Rodiño, involucrado en la quiebra del Policlínico Lomas. Antes de ser juez en la Cámara Civil y Comercial de Lomas de Zamora, Rodiño lideró la gerenciadora que quebró a esa empresa. Baccini se habría reunido con Rodiño el mismo día que desestimó la medida en su contra.

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lunes, 28 de noviembre de 2022

FRACASO


Un costoso engranaje al servicio del fracaso
Francisco Olivera
Hay interlocutores que han empezado a dudar no ya de los juramentos de acceso al mercado único de cambios, sino de la coordinación entre los funcionarios del Palacio de Hacienda: cuando parece que la operación se aprobó, consultan las pantallas y advierten que los dólares siguen sin entrar
Ni siquiera Carlos Demián Mundín, dueño de BTU, la constructora que hará el último tramo del gasoducto Néstor Kirchner y promete inaugurar, como pide Massa, la obra el próximo 20 de junio, está seguro de tener los dólares para trabajar. O eso es, por lo menos, lo que Mundín les dice a sus pares en privado. Seguramente eso y algo de interés genuino lo habrán convencido anteayer de estar en el hotel Alvear, en el almuerzo que tuvo al ministro de Economía como orador. No fue el único. “Fui especialmente a verlo, porque no nos liberan ninguna importación”, coincidió otro industrial ante la nacion. “Estamos todos en la misma”, agregaron en una textil.
Parecen solo lobistas, no empresarios. Massa los atiende bien. Es lo que rescatan todos. Pero ni las sonrisas ni las promesas generan divisas. Y hay interlocutores que han empezado a dudar no ya de los juramentos de acceso al mercado único de cambios, sino de la coordinación entre los funcionarios del Palacio de Hacienda: cuando parece que la operación se aprobó, consultan las pantallas y advierten que los dólares siguen sin entrar. Este ejercicio constante les insume tiempo, recursos y energía. No solo cuando, como anteayer, la situación requiere interrumpir al ministro en una sobremesa, sino de manera continua. Hay empresas que han designado ejecutivos que tienen casi el 80% de su actividad ocupada en recorrer despachos para gestionar las autorizaciones. Y no siempre da resultado. “Dos gerentes míos fueron tres veces esta semana a la Secretaría de Comercio y les cancelaron las reuniones”, graficó un fabricante.
El problema de los funcionarios del Palacio de Hacienda es que no tienen por ahora respuestas para dar. Y eso pone a todos tensos. Al ministro, por lo pronto, a quien se lo vio esta semana más preocupado que otras veces, y hasta molesto con canales de televisión que, dijo, parece que estuvieran haciendo todo lo posible para provocar otra corrida cambiaria. Son arranques de mal humor que lo sorprenden en general por la noche, cuando, como explicó en el Alvear, se dedica a “recorrer opiniones” al cabo de un día de trabajo.
La urgencia de Massa es acumular reservas en el Banco Central. Lleva perdidos 1000 millones en un mes. Sin dólares no hay programa: lo sabe perfectamente y esa es acaso la razón por la que viene anticipando en público el acuerdo con el Internal Revenue Service (IRS) de Estados Unidos para penalizar cuentas de argentinos no declaradas. Si, como trascendió, ese convenio acaba siendo la antesala de un blanqueo, tal vez unos cuantos hombres de negocios se convenzan de una vez de traer capitales. La dificultad sería en ese caso más local: esas leyes requieren de la aprobación del Congreso y deberá convencer a la oposición.
La falta de dólares y la inflación han empezado a resentir la actividad. En septiembre, según acaba de informar el Indec, el producto cayó 0,3% en relación con agosto. Se advierte en diversos rubros, entre ellos, la industria automotriz.
Como faltan bienes, las terminales han dejado últimamente de acopiar y empiezan a adelantar vacaciones. Algunos fabricantes de maquinaria agrícola que les compraban a sus proveedores insumos para un año de producción achicaron ahora esos requerimientos al stock de un mes.
Pero Massa necesita creer. Y, al igual que varios de sus colaboradores, traza un sendero virtuoso al cabo del cual la inflación empezaría a ceder, probablemente en marzo o abril, hasta alrededor del 3% mensual. En las empresas lo ven ilusorio; como aquel pronóstor tico del segundo semestre de Macri. Y ese descrédito no se circunscribe solo al ministro, al Frente de Todos y al próximo trimestre: lo ven más bien como la dificultad endémica y estructural de un país en el que ningún sector de la política parece dispuesto a resignar gasto público. Una promesa de endeudamiento y emisión permanentes. Lo explicó Rubinstein hace una semana.
Tampoco parece haber en este peronismo una coincidencia generalizada sobre las causas de la inflación. Consultado sobre cuánto pediría de aumento, HécDaer, uno de los líderes de la CGT, salió el martes de la reunión del Consejo del Salario con un argumento más gubernamental o patronal que sindical: “No vamos a buscar valores nominales inflacionarios”, dijo. Que quien debe exigir la suba en la paritaria crea que el salario es inflacionario y, más relevante, lo proponga como ancla representa toda una novedad. Falta que Daer pida un ajuste.
Como no le encuentra la vuelta a los precios, el Gobierno vuelve a enredarse en cuestiones retóricas. Puestas en escena con nulos antecedentes de éxito. Ayer, después de varias semanas de ir y venir, los supermercados firmaron el acuerdo de Precios Justos. Pero a los fabricantes todavía les cuesta entrar. “Si puedo, voy a hacerle ole a eso”, admitieron en una pyme donde sí piden, en cambio, “que no se abusen” quienes les venden insumos. El congelamiento en el ojo ajeno.
El plan debería empezar la semana próxima, pero tiene flancos sin resolver. Ejecutivos que visitaron a Iván Bouzada, asesor de la Secretaría de Comercio, se sorprendieron al ver las paredes del despacho prácticamente empapeladas de planillas con precios y costos. Un embrollo de datos al que le falta todavía la otra parte: la buena voluntad empresarial.
Hay aun imágenes menos convincentes. Una de ellas fue fotografiada y difundida el martes por el Palacio de Hacienda. Muestra a más de 33 personas que, sentadas en derredor de una gran mesa ovalada y encabezadas por el secretario Matías Tombolini, se proponen reflotar una idea que Kicillof aplicó en 2014 y que ahora tiene nombre más extenso: la creación de un Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos, Bienes y Servicios. Entre otros, además de Rubinstein, acompañan a Tombolini Rodolfo Yánez, coordinador del Gabinete de Asesores de la Jefatura de Gabinete; Gastón Jaques, secretario de Planificación del Ministerio de Transporte; Gustavo Iglesias, subsecretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología; Gustavo Villa Uría, subsecretario de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas, y Julia Gordillo, asesora en el Ministerio del Interior. Es probable que el número de integrantes haya acrecentado las disidencias. Porque hubo quienes, por ejemplo, plantearon ahí que el observatorio no tenía ninguna atribución que fuera distinta de las de Defensa de la Competencia o los tribunales arbitrales.
¿Creen realmente el Gobierno y los empresarios en este tipo de iniciativas? La experiencia indica que, en general, estos encuentros rebosan de escépticos solo dispuestos a mostrar que algo se está haciendo al respecto. Esta lógica extraña, inimaginable en el sector privado, se parece bastante a la que impulsa últimamente la autonomía de Alberto Fernández. “Tengo la lapicera del PJ”, volvió a decir el Presidente al cabo de su viaje, dispuesto a insistir con el armado de espacios propios en las listas del año próximo. Es el modo en que ha elegido despedirse de la gestión. Acaso el único desafío que ve a su alcance.
Daer salió de la reunión del Consejo del Salario con un argumento más gubernamental o patronal que sindical: “No vamos a buscar valores nominales inflacionarios”

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