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miércoles, 22 de marzo de 2023

LA PÁGINA DEL DR. DE PABLO


Las crecientes erogaciones en seguridad social y salud
Juan Carlos de Pablo
La enorme mayoría de los seres humanos tenemos la entendible pretensión de vivir la mayor cantidad de años posible, con la mejor calidad de vida posible. Lo cual, aún en un contexto de empresarios y funcionarios angelicales, es decir, que sólo piensan en el bienestar de la humanidad, genera tensiones en los sistemas de salud y de seguridad social. ¿Qué se puede esperar y qué no al respecto?

Para contestar estos interrogantes me contacté con el escocés Gavin Hunter Mooney (1943-2012), a quien observar la diferencia existente en las tasas de mortalidad entre pobres y ricos le despertó una pasión por la justicia social. A mediados de la década de 1980 se trasladó a Dinamarca. 



En 1987 visitó Sídney, migrando a Australia en 1993. Allí conoció y se enamoró de Delys [Del] Weston. El 20 de diciembre de 2012 Mooney y Weston fueron encontrados muertos, con fuertes traumas en el cráneo, en el living de su casa ubicada en una zona despoblada de Tasmania.

–Usted es autor de varias obras, referidas a economía de la salud.


–Efectivamente. Entre ellas cabe destacar La valuación de la vida humana, Alternativas para el cuidado de la salud, Medicina y cuidado de la salud, Ética médica y economía de la salud, Cambios valorativos en medicina y decisiones médicas, Cuestiones claves en economía de la salud, Desafiando la economía de la salud.

y–Alan Shiell, quien lo califica como el padre de la economía de la salud, apunta que usted no tenía miedo.

–¿Por qué habría de tenerlo? En una sociedad donde los médicos esperan ser reverenciados, me pregunté por qué los procedimientos médicos, por ejemplo las cirugías, variaban dependiendo de la forma en que los galenos eran remunerados. Como comprenderá, De Pablo, mis recomendaciones no siempre fueron bienvenidas.

–En todo el mundo los gastos privados y públicos en salud y seguridad social aumentan con el paso del tiempo.

–Resultado inevitable del aumento de la expectativa de vida y de la entendible pretensión de vivir la vida con la mejor calidad posible. Lo cual tensiona los sistemas de seguridad social y de salud. Subrayo lo de “en todo el mundo”, porque esta no es una cuestión de regímenes capitalistas o socialistas, o de países desarrollados o en vías de desarrollo. Permítame hablar primero de la cuestión de la salud y, para que se entienda mejor, enfocaré el análisis en el caso de la medicina prepaga.

–Adelante...

–Una persona se afilia a una prepaga cuando tiene, digamos, 35 años, para “no tener problemas” hasta el día que se muera. Pensemos en términos “angelicales”: ¿cuánto tiene que pagar de cuota? Depende. Un contrato “a prueba de todo” es carísimo, probablemente prohibitivo. Porque nadie, en materia de salud, puede pronosticar la aparición de nuevas enfermedades o de equipos y medicamentos mejores, pero más caros.

–¿Qué hace el Estado en estas condiciones?

–Regula las cuotas, con aumentos inferiores a los gastos de las empresas de medicina prepaga y obliga a los prestadores a brindar el servicio frente a la aparición de nuevas enfermedades. ¿Qué aparece cuando esto ocurre? El deterioro de la calidad del servicio: turnos para mucho más adelante, y prestaciones que no se cubren totalmente, entre otras cuestiones.

–Que el afiliado siente como una estafa.

–Sí, pero en la crítica es importante apuntar bien los cañones. De repente, algún prestador es irresponsable, pero lo que estoy diciendo es que, aun en condiciones angelicales, el problema existe y es creciente.

–¿No debería controlar el Estado las irresponsabilidades?

–Sí, pero diagnosticando bien el problema. Pago el helado en la caja y luego me lo entregan en el mostrador que está al costado. ¿Por qué los heladeros no desaparecen con la recaudación antes de entregar los helados? Porque se trata de muy poca plata y arriesgan graves daños. En medicina prepaga ocurre lo contrario: la mayoría de los seres humanos son sanos durante buena parte de su vida y enfermos al final. Lo cual implica que aportan neto a la medicina prepaga, y sacan al final de su vida. El Estado debería controlar que el dueño de la prepaga guarde una parte sustancial de sus ingresos para hacer frente a dichas erogaciones. Pero, como dije, no es lo que hace.


–¿En seguridad social ocurre lo mismo?

–Imaginemos un régimen jubilatorio de reparto, es decir, que en cada período el conjunto de los jubilados y pensionados recibe exactamente lo que aporta el conjunto de quienes trabajan. Tanto los aportes personales como las contribuciones patronales fueron fijadas sobre la base de cierta expectativa de vida de la población. Si aumenta dicha expectativa, el mismo monto recaudado se tiene que repartir entre más pasivos que siguen viviendo. En este contexto, o aumenta la edad jubilatoria o se consiguen ingresos de otras fuentes, o se deteriora el haber jubilatorio. El famoso 82% móvil, creado en 1958, supone que existen tres activos por cada pasivo, cuando en su país ahora debe estar cerca de 1 a 1.

–No me diga que en la Argentina este deterioro se explica sólo por el aumento de la expectativa de vida.

–No lo digo, porque no es cierto. Es más, en su país la edad jubilatoria aumentó varias veces, sin tanto barullo como el que acaba de surgir en Francia, con la pretensión de aumentarla un par de años.

–¿A qué se debe entonces?

–Por una parte, a la creciente economía informal, que no aporta al sistema de seguridad social. Claro que la tensión no sería tanta si a quienes nunca aportaron, cuando llegan a la edad del retiro de la fuerza laboral, el Estado les hiciera “pito catalán”.

–No pretenderá usted que el Estado deje en banda a quienes nunca aportaron al sistema de seguridad social.

–Yo no pretendo nada, pero por eso dije “por una parte”. Porque, por la otra, existieron programas del tipo “jubilación del ama de casa” y la notable cantidad de moratorias previsionales, cada una de las cuales agregan nuevos integrantes al “club” de los jubilados y pensionados.

–¿Cuál es el problema?

–La señal que reciben quienes trabajan en el sector formal de la economía, que no visualizan su aporte al sistema de la seguridad social como una caja de ahorros que tiene como única limitación que los retiros se pueden hacer desde determinada edad en adelante, sino como una urna donde lo que cada uno saca no tiene ninguna relación con lo que puso. Lo cual induce a poner lo menos posible.

–¿Qué tendría que ocurrir?

–Que se califique como jubilado y pensionado a quien aportó y como “hermano a quien no podemos dejar tirado en el camino” a quien no lo hizo. Ajustando por inflación a los primeros y por una fracción de la inflación a los segundos. Alternativamente, financiar a quienes aportaron con las recaudaciones de seguridad social y con los impuestos generales a quienes no lo hicieren.

–Don Gavin, muchas gracias.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

martes, 28 de febrero de 2023

LA PÁGINA DEL DR. DE PABLO


Con la estadística, evitar los extremos; con el VAR, tener la cabeza fría
Juan Carlos de Pablo

Estadístico 1890-1962
Basándose en los estudios hechos por Gregor Mendel, introdujo el concepto de “varianza”; desarrolló complejos argumentos matemáticos; era inglés y sufría problemas de visión
Luego de viajar en París en un subte cuyo primer vagón no llevaba ningún conductor humano, comenté entre amigos que yo no me subiría a un avión que solo fuera conducido por un piloto automático. Al escuchar esto, uno de ellos afirmó: “Y yo no me subiría a un avión que no tuviera piloto automático”. En aviación, las estadísticas son nítidas: el error humano, incluyendo el terrorismo, causa más accidentes que los algoritmos. En el fútbol, ¿no estará ocurriendo algo parecido?
Al respecto consulté al inglés Ronald Aylmer Fisher (1890-1962), quien, según Anthony William Fiarbank Edwards, se distinguió en matemáticas, a pesar de que por problemas de visión no podía trabajar con luz artificial. Sus instructores le enseñaban a través del oído.

Generó una significativa capacidad para desarrollar en su cabeza complejos argumentos matemáticos. Esto se manifestó en su habilidad para llegar a conclusiones olvidando la demostración, y en desarrollar e informar de manera verbal argumentos esencialmente matemáticos, que sus alumnos luego traducían al lenguaje algebraico. También Antoine Cournot, Leonhard Euler, Henry Fawcett, Aleksandr Lyapunov, Carlo Ponzi y René Roy terminaron su vida ciegos, o con graves problemas visuales.

–Impresionantes sus logros académicos, dada su limitación visual. ¿Cuáles fueron los más significativos?


–Antes de graduarme hice una buena estimación estadística basada en los datos de Gregor Mendel, donde introduje el término “varianza”, principal indicador de dispersión de un conjunto de datos; publiqué una monografía introduciendo el método de máxima verosimilitud; proporcioné una prueba de la distribución del estadístico “t”, que Student (seudónimo de William Seale Gosset) solo había conjeturado; fui uno de los primeros en advertir la importancia del descubrimiento del DNA, realizado por James Watson y Francis Crick, y en 1934, y de manera independiente de John von Neumann, descubrí y publiqué la idea de la estrategia “mixta”, solución que ya había sido obtenida por James Waldegrave.

–Además de lo cual, ejerció gran influencia sobre Robert Charles Geary, el más grande de los estadísticos de Irlanda.

–Eso dijo él, cuando afirmó que la mayor suerte que había tenido en su vida fue que su período como investigador en gran parte había coincido con el mío, agregando que “todo está en Fisher, lo único que hay que hacer es cavar un poco”.

–Lo consulto por las críticas que en la Argentina está recibiendo el VAR.

–Me pregunto cuántos saben qué significa VAR. Estamos delante de uno de esos casos donde la versión en inglés y en castellano utiliza las iniciales en el mismo orden. Diferente de lo que ocurre con el Fondo Monetaria Internacional (IMF en inglés, FMI en castellano) y Naciones Unidas (UN y NU, respectivamente).

–¿Qué significa VAR?

–Video que Asiste al Referí. El VAR proporciona información más precisa que la que surge de los ojos del árbitro y de los ojos de sus asistentes, quienes siguen el partido desde los laterales, para determinar si el delantero estaba en posición adelantada cuando pateó e hizo gol, si la pelota salió del campo de juego o entró en el arco, así como la dinámica de la jugada que puede merecer un penal. En una palabra, el VAR le proporciona al referí información más precisa que la que surge del plano ocular.

–A ver si entiendo bien. Usted dice que no es el VAR el que define si una determinada jugada merece ser castigada con penal.

–Obvio, pero hace bien en plantearlo para que quede bien en claro. Como su nombre lo indica, el VAR es una herramienta al servicio del árbitro, que sigue siendo quien finalmente toma la decisión. Luego de consultar al VAR, un referí se puede equivocar, pero tuvo más tiempo –y contó con más ayuda– para verificar qué pasó.

–Quiere decir que el VAR no se puede equivocar.

–¿Cómo se va a equivocar una herramienta? Lo que puede ocurrir es que no sea perfecta, pero eso se corrige con el cambio tecnológico. Con todos los adelantos ocurre lo mismo. Piense en los celulares, los programas de traducción, etcétera.

–Con el VAR, ¿no se corre el riesgo de interrumpir mucho los partidos y, por consiguiente, de “enfriar” el clima generado en la cancha?


–Otra vez, el uso y el abuso del VAR dependen de una decisión humana, en este caso, del árbitro del partido. Es una cuestión empírica; de repente, las autoridades de la AFA le pueden llamar la atención a un referí “Varmaníaco”, pero ciertamente que, para el desarrollo del juego, es mucho mejor poder revisar determinadas jugadas que continuar con el vértigo pre-var, una era con mayor cantidad de errores, cuando la aplicación del reglamento dependía exclusivamente de lo que veían o no veían el referí y sus ayudantes.

–Usted enfatiza el hecho de que el VAR aporta información; por consiguiente, lo llevo al plano de las estadísticas en general.

–Plano en el cual se presentan dudas, pero de naturaleza diferente a las que plantea el VAR. Porque en este último caso la duda se puede plantear referida a si la tecnología permite trazar la raya del “orsay”, teniendo en cuenta no solamente la panza de los jugadores, sino los pelos de sus cejas; mientras que, en el caso de las estadísticas económicas, las dudas son mucho más graves y se refieren tanto a problemas conceptuales como de estimación.

–Lo escucho.

–Tomemos el caso del PBI. En un primer análisis, todo el mundo mira la variación del PBI para saber si estamos mejor o peor. Ahora bien, desde el punto de vista conceptual, ¿qué productos deben incluirse en la estimación estadística? Por ejemplo, ¿deben incluirse las bombas y las drogas? En un país donde el aumento de la delincuencia obliga a que algunos carpinteros trabajen de policías, ¿en qué sentido esto significa un aumento del bienestar de la población?

–Además de lo cual, existen los problemas de estimación.

–Sigamos con el PBI. En la Argentina la economía informal equivale a por lo menos la tercera parte del PBI formal. Esto no se debe a problemas conceptuales, sino de estimación.

–Porque la porción informal de la economía no aparece en las estimaciones oficiales.


–Aparece, pero solo parcialmente. Porque la fábrica que opera en la informalidad compra energía, y el sector energético solo opera en blanco. Los “enganchados” roban energía, pero igual hay que producirla. Adrián Claudio Guissarri fue un pionero de la estimación de la economía informal en la Argentina.

–¿Qué me quiere decir con todo esto?

–Que en materia estadística hay que evitar los extremos; ni ignorar los datos, porque no son exactos, ni hacer teorías sobre la base de los decimales.

–¿Y en el caso del VAR?

–Poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente. ¿Tu equipo perdió el partido? No le eches la culpa al VAR.

–Don Ronald, muchas gracias.

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