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lunes, 22 de enero de 2024

LA PÁGINA DEL DR. JUAN PABLO DE PABLO


Gobiernos y bienestar: historia de una relación
Desde hace un siglo las autoridades de los países se ocupan de los problemas sociales; la visión de De Pablo sobre el tema.
Juan Carlos de Pablo El gobierno de Javier Milei busca reducir la cantidad de empleados públicos
PREGUNTAS A Rondo EMMETT CAMERON

profesor de historia económica 1925-2001 Enseñó, entre otras, en la Universidad de Emory (Atlanta); recibió el premio The Editor’s Award for Exceptional Books por Historia económica mundial

La escasez es un subproducto directo de la decisión divina de echar a Adán y a Eva del Paraíso por haber desobedecido. Así que eso de que “no hay de todo, para todos, gratis”, es tan viejo como el mundo. Pedirles a los economistas que solucionen el problema de la escasez equivale a pedirle a los médicos que solucionen el problema de la muerte. Pero esto no quiere decir que nada pueda hacerse. Hace muchos siglos que los gobiernos se ocupan de algunos problemas económicos, pero solo desde hace un siglo lo intentan de manera integral. ¿Por qué ocurrió esto último?



Para que me ilustrara sobre la cuestión conversé con el estadounidense Rondo Emmett Cameron (1925-2001), un verdadero personaje: escogió su propio nombre, porque le gustaba como sonaba, y odiaba las corbatas, por lo cual vestía camisas con bordados y utilizaba un conjunto de pectorales o collares, que según él eran muy superiores al tradicional nudo. Descendiente de escoceses, su amor por Escocia era profundo. Cada año la visitaba y asistía a las reuniones del Clan Cameron vistiendo el tartán y jugando golf.

–Su obra muestra las ventajas de la interacción entre la historia y la teoría.

–Así es. Apliqué los principios económicos a la elucidación de los hechos históricos concretos y viceversa, apliqué el conocimiento histórico para la mejora y el entendimiento de los principios económicos. Porque, para mí, la historia es un campo de experimentación de las ciencias sociales, y su rol consiste en extraer las conclusiones fácticas sobre las cuales se pueden basar las recomendaciones normativas.

–Según Gabriel Tortella, su libro de texto Una concisa historia económica mundial, desde el período paleolítico hasta el presente, publicado en 1989, es la clase de obra que solo un líder dentro de la profesión podría haber escrito.

–Muy generoso de su parte. Mis discípulos y colegas han desarrollado mis ideas, y de ellas se puede decir lo mismo que John Harold Clapham dijo de la Revolución Industrial: es un limón que, aunque ya fue exprimido tres veces, tiene todavía mucho jugo adentro.

–Hablemos de la acción estatal referida al bienestar de los seres humanos a lo largo de la historia.

–Pensemos en el control de los precios, incluido en el Código de Hammurabi, o en las antiquísimas “leyes de pobres” dictadas en Gran Bretaña. Estas últimas, entonces como ahora, desataron fuertes debates entre quienes consideraban que algo había que hacer en favor de las personas de menores recursos, y quienes pensaban que fomentaban la vagancia. En el plano laboral, pensemos en las restricciones impuestas al trabajo de menores y mujeres.

–Todo muy anterior a la crisis de la década de 1930. ¿Cuál fue la novedad planteada por esta última?

–Los padres fundadores del análisis económico no pensaban en términos cíclicos, sino en términos de tendencias y de la aparición, cada tanto, de crisis. No eran revolucionarios ni conservadores, sino reformistas. La verificación y la preocupación por la evolución cíclica de la economía es un fenómeno que arrancó en la segunda mitad del siglo XIX. La preocupación pública fue particularmente clara en el plano de la desocupación.

–¿Qué se les ocurrió a los funcionarios de los países más desarrollados en épocas de crisis y desocupación?

–Nunca hay que mirar el pasado con ojos del presente. Créase o no, en dichos países se pretendía reducir la desocupación invitando a los desempleados… a migrar. En el caso inglés, como complemento a las inversiones realizadas en el exterior. La Argentina no solo importó ferrocarriles, sino también ingenieros, gerentes y contadores ingleses.

–¿Cuál fue la novedad que planteó la Gran Crisis de la década de 1930?

–Que, además de prolongada y profunda, fue “mundial”, con la posible excepción de la Unión Soviética. Cuando los gobiernos advirtieron que no podían solucionar el problema de sus desocupados exportándolos nació el “pleno empleo”, como un objetivo adicional a la política económica de los países.

–Un verdadero cambio de paradigma.

–Así es que encontró al análisis económico técnicamente mal preparado, porque desde la revolución marginalista de la década de 1870 se había volcado al análisis de la asignación de los recursos, en un contexto de equilibrio general. Nada que ver con lo que estaba ocurriendo.

–¿Está usted diciendo que durante aquella trágica década los economistas estaban completamente desarmados?

–No tanto. Muchos hicieron pronunciamientos, tanto individuales como colectivos en favor de la obra pública, para compensar la caída en la inversión privada. La teoría general de John Maynard Keynes es la más conocida de las propuestas, pero ciertamente no la única.

–Subproducto de la crisis de la década de 1930 nació la teoría macroeconómica de corto plazo.

–Efectivamente. Que, tal como era de esperar, pasó por varias etapas. La inicial, algo burda; la época de los refinamientos, hasta fines de la década de 1960; el desafío de incorporar primero las expectativas inflacionarias y luego reformular todo sobre la base de la hipótesis de las expectativas racionales, y, últimamente, la necesidad de incorporar al análisis la importancia de los stocks financierosyelfuncionamientoespecíficodel sistema financiero. Porque es evidente que en ningún país del mundo la cantidad de dinero aumenta porque el Banco Central emite dinero tirándolo desde un helicóptero.

–¿Cuál fue la consecuencia de todo esto?

–Que pasamos de un extremo al otro. En casi todos los países –el suyo, De Pablo, es un buen ejemplo– se le fueron encargando a los gobiernos de turno más y más tareas. Ningún burócrata o funcionario político va a decir que no; sino que va a pedir oficinas, personal, etcétera. Resultado: ustedes tienen un Estado gigantesco que presta malos servicios. La prueba es que las primeras medidas de ajuste fiscal, dictadas por el gobierno presidido por Javier Gerardo Milei no afectaron los servicios públicos y, probablemente, hayan aumentado la moral de los funcionarios de carrera, que vieron cómo son expulsados los ñoquis. Tarea que seguramente va a continuar.

–¿Qué significa, aquí y ahora, que el Estado se ocupe del bienestar de los ciudadanos?

–Que libere las energías del sector privado en aquellos sectores o regiones donde puede operar la competencia, para poder concentrar sus energías humanas y materiales en aquellos puntos en los cuales la competencia no es factible. La generación de energía se puede desarrollar sobre bases competitivas; la distribución, no. Es fácil cambiar de pizzería cuando uno no es atendido como esperaba; no es fácil cambiar de empresa que presta servicios de medicina prepaga en las mismas condiciones. No estoy planteandounacuestióndoctrinaria,sino una aplicación directa de principios generales a casos concretos.

–Don Rondo, muchas gracias.

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miércoles, 23 de diciembre de 2020

LA PÁGINA DEL DR. JUAN PABLO DE PABLO


Las razones y los efectos del ahorro y de la inversión

Juan Carlos de Pablo

El consumo y la inversión forman parte de la demanda, por lo que a un macroeconomista miope le da lo mismo que determinada cantidad de madera se utilice para fabricar la puerta de una casa o un banco de carpintero. Pero tanto desde el punto de vista decisorio, como de las implicancias de largo plazo, consumo e inversión son categorías diferentes.


Sobre el particular conversé con el norteamericano Richard Brumberg, quien murió muy joven, en 1955, víctima de una embolia cerebral. Sabemos de él por uno de sus profesores, Franco Modigliani.
-¿Cómo fue la relación entre ambos?
-Kenneth Kenkichi Kurihara le había pedido a Franco que escribiera un artículo sobre el ahorro, para incluir en un libro que pensaba publicar. Como no encontraba cómo encarar el tema, me invitó a que escribiéramos juntos el trabajo. Ambos participamos en una aburrida conferencia que tuvo lugar en la Universidad de Minnesota. Volviendo en auto a Illinois, discutimos largamente dónde pensábamos que nuestros colegas estaban equivocados. De repente se hizo la luz: en vez de considerar la acumulación de riqueza como un fin, pensamos en los ahorros como un stock que se reserva para el final de la vida, para consumir durante los períodos de vacas flacas. Así nació la teoría del ahorro basada en el ciclo vital. Luego de un par de días de trabajo frenético habíamos planteado el modelo, pionero del enfoque de generaciones superpuestas.

-Teoría que expusieron en un par de monografías.

-Efectivamente. Una de ellas se publicó de inmediato; la otra, un cuarto de siglo después.


-¿Por qué?


-Se dice que se puede sacar a un ruso de Rusia, pero no a Rusia de un ruso. Con Franco ocurría lo mismo, a pesar de haber migrado a Estados Unidos en 1939, siguió siendo "itálico" durante toda su vida. Cuando se enteró de mi fallecimiento, según sus propias declaraciones, se entristeció y enfureció tanto que no pudo tocar el manuscrito y recién lo publicó en el año 1980.



-¿Qué implicancias macroeconómicas tiene la teoría del consumo basada en el ciclo vital?

-Que el impacto de corto plazo de un aumento en el ingreso sobre el consumo, es mucho menor del que pensaba John Maynard Keynes, sobre la base de lo que él denominó la "ley psicológica fundamental", ley que por supuesto ningún psicólogo conoce. A propósito: cuando durante la crisis subprime, en Estados Unidos el gobierno redujo los impuestos a las ganancias que les cobraba a los asalariados para aumentar la demanda agregada, el aumento del consumo también fue muy pequeño, pero porque la incertidumbre lleva a ahorrar, por razones precautorias.

-Modigliani se volvió a acordar de usted cuando en 1985 le dedicó la conferencia Nobel, donde diferenció vuestra explicación del consumo y el ahorro, de la planteada por Milton Friedman, quien distinguía entre el ingreso transitorio y el permanente.


-Franco y Milton también cambiaron espadas en la controversia planteada entre keynesianos y monetaristas, con anterioridad a la revolución que planteó Robert Emerson Lucas.

-¿Qué explica una decisión de consumo, a diferencia de una decisión de inversión?

-Compro un helado porque me gusta y tengo suficientes ingresos para hacerlo. Pero nadie compra una heladería porque le gusta comer helados, de la misma manera que nadie compra una línea aérea porque le gusta viajar en avión. Los actos de consumo tienen que ver con los gustos o las necesidades humanas, los de inversión son actos instrumentales. Como usted dice, al vendedor de madera no le interesa para qué la va a usar el comprador, pero tanto desde el punto de vista decisorio como de las implicancias a largo plazo, no da lo mismo.

-Elabore la toma de decisiones referidas a las inversiones.


-Volvamos a la heladería. Quien la instaló y la opera piensa que, como consecuencia de ello, terminará ganando más que si hubiera dejado los fondos depositados en una cuenta bancaria, o atesorado dólares. Obviamente se puede equivocar, pero nadie invierte pensando que va a perder plata. Albert Otto Hirschman mostró que, en muchos casos, el éxito de los emprendimientos surgió del hecho de que quien los tuvo a su cargo se las ingenió para superar miles de obstáculos impensados cuando adoptó la decisión.

-¿De qué dependen las equivocaciones?


-De una mezcla de consideraciones micro y macroeconómicas. Piensa vender tantos helados, por los cuales piensa cobrar tanto; para lo cual piensa comprar tanta crema, por la cual piensa pagar tanto. Además del resto de los gastos, la temperatura, la competencia, etcétera, le pueden jugar buenas o malas pasadas.

-En todos los países del mundo ocurre esto.

-Efectivamente, la incertidumbre microeconómica es inherente a todo acto de inversión. Pero el componente macroeconómico en los resultados individuales, es mucho más importante en la Argentina que en otros países. Está referido a la propia volatilidad de la actividad económica, la incertidumbre de la política impositiva, la falta de seguridad jurídica, etc.

-¿Qué importancia tiene esto?


-Que reduce el monto que se invierte, porque la enorme mayoría de los seres humanos, en la enorme mayoría de las situaciones, somos aversos al riesgo. También los empresarios, aunque por su naturaleza no son tan aversos como el resto de las personas.

-¿Y qué pasa en un país que dedica una limitada porción de su PBI al ahorro y la inversión?


-El capital se deteriora: por el uso o por el mero paso del tiempo, dado el avance tecnológico. Ergo, no ya para crecer, sino simplemente para mantener el PBI, una porción de la actividad económica se tiene que dedicar al ahorro y la inversión.

-¿Cuál es esa proporción?

-Imposible contestar con precisión, pero pensemos en aproximadamente el 15% del PBI.

-¿Y?


-En la Argentina, en 2020, la tasa de inversión está muy cerca de esa cifra. Imaginemos que fuera exactamente el 15% del PBI. Esto quiere decir que la inversión bruta es apenas la requerida para reponer el capital que se deterioró; por eso, la inversión neta de reposición es cero. Si esto fuera así, la capacidad de producción no aumenta, y por consiguiente -salvo por alguna deficiencia circunstancial en la demanda agregada-, el crecimiento de la economía argentina también será cero.

¿Cómo ve el aumento del consumo agregado para aumentar la inversión privada?

-Es el sueño de algunos empresarios, quienes afirman que ellos invertirían si esperaran vender más; es la propuesta de los economistas "demandomaníacos", quienes aplican la versión burda de las recetas keynesianas, cualesquiera sean las circunstancias.

-No veo el problema.

-La inversión depende de las ventas esperadas, pero también de los costos y de los riesgos. En un contexto de fuerte incertidumbre, un aumento de la demanda puede no encontrar respuesta del lado de la oferta, y mucho menos, aumento de la capacidad instalada.

-Don Richard, muchas gracias.

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