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miércoles, 7 de febrero de 2018

MUDANZAS, LIBROS Y BIBLIOTECAS


Persiste cierta confusión en relación con las bibliotecas. La célebre estrofa de Jorge Luis Borges -a quien entrevisté en dos ocasiones y me llevé varias anécdotas deliciosas- no ha hecho sino profundizar el malentendido. La suya no es solo una metáfora inspirada. La ceguera realmente lo expulsó de su paraíso.
El primero y más siniestro de los equívocos es el que sostiene que una biblioteca es una colección. De ninguna manera. Una biblioteca es un lugar, un tópos. Modesta e incipiente o antigua y enorme, es un espacio en el que nos aventuramos.

Es también, y creo que muchos compartirán esta extraña sensación, una fortaleza. Rodeados de nuestros libros, nos sentimos a buen resguardo. Esto es literal. No me refiero a que esas generosas páginas nos defienden de la ignorancia o del tedio (que es una forma de la ignorancia), sino que entre nuestros libros nos sentimos a salvo.
-¿Más libros, jefe? -me preguntó, entre atónito e indignado, uno de los muchachos que debió cargar mi biblioteca cuando me mudé, en 2015. Las cajas se apilaban en el camión, y la mayoría tenía escrita la etiqueta libros. Todavía están en esa prisión desgraciada. Pero no es tan malo como parece. Hay dicha también en planear una biblioteca. ¿Cómo los ordenaré esta vez? ¿Cuáles querré tener más cerca? Vamos, hace muchísimos años, un simple consejo en un librito precioso me indicó cuál era el camino que debía tomar en mi vida. Rilke tuvo razón, debo añadir.
La otra confusión nefasta, entiendo que la más difundida, es que una biblioteca es un lento y torpe mecanismo de consulta, obsoleto, vetusto, en vías de extinción. Permítanme contarles un secreto, uno que es bien conocido por todos los que han poblado sus propios anaqueles con paciencia y pasión. Ninguno de nosotros tiene una biblioteca para darle uso. A menudo, en cambio, pasamos morosamente los dedos por los lomos dormidos, leyendo títulos y autores. Sonreiremos aquí, negaremos con la cabeza por allá, es probable que nos asalte una pena honda o que recordemos un amor o un año bueno. O uno malo.
-¿Pero de verdad vos leíste todo esto? -solían preguntarme en mi casa anterior, ante la prodigalidad de esos estantes. Mis respuestas contenían, por fuerza, alguna cuota de ironía.

Sí, una biblioteca es la materialización de una parte de nuestro espíritu, de nuestra sensibilidad, de algo que hemos cultivado en nuestro interior. Recorrer esos lomos dormidos es un viaje hacia uno mismo. A veces sacamos un volumen, buscamos aquel poema imperfectible y lo leemos en voz alta, como debe leerse la poesía, y las palabras resuenan hasta los abismos últimos del alma. Otras veces recorremos los párrafos de alguna novela y al devolver la obra al estante sentimos que estamos guardando no ya un atado de páginas, sino un universo. Sabemos, asimismo, que seguirá allí cuando decidamos regresar. Casi nada será tan leal como un libro.
Me dicen que ocupan mucho espacio. Caramba. Qué novedad. También nosotros ocupamos espacio y no he oído a nadie quejarse de eso. No entraré en ese debate. Además, los libros no solo ocupan espacio. También ocupan tiempo. Por eso nos fascinan los libros antiguos. Tengo solo un puñado, porque son un lujo caro, pero no me canso de recorrer esas páginas que han cruzado océanos y eras, y que, sin embargo, permanecen. En la cambiante fortuna de la existencia, eso constituye un alivio.


Hay un mundo imaginario en el que existe, inconclusa, imposible y sin embargo eterna, una biblioteca que contiene toda la literatura jamás escrita. Recorrerla llevaría un sinnúmero de vidas, pero todo autor sueña con que en alguno de esos vastos anaqueles existe un espacio vacío esperando su obra. Es la gran lección que enseña cualquier biblioteca. En medio de gigantes, uno aprende a ser humilde.

A. T.

martes, 12 de diciembre de 2017

DE A POCO; NO MÁS VILLAS.....UN GRAN LOGRO


Trasladarán a las últimas familias y desaparecerá la villa 26 de Barracas
El asentamiento, a orillas del Riachuelo, albergaba un total de 222 hogares; hubo una primera mudanza en 2015 y este mes habrá otra; el lugar será saneado y parquizado, como lo ordenó la Corte
Los últimos días en la villa 26 fueron agitados. Hay ansiedad por lo que vendrá, un cambio radical en la vida de las 118 familias que aún viven en esa franja del barrio de Barracas, a la vera del Riachuelo. Una palabra se repite en los pasillos: mudanza.
La fecha ya está establecida. Entre el 11 y 17 de este mes dejarán atrás las casillas ruinosas y expuestas a la contaminación del río para ser propietarios de nuevas viviendas en complejos de Barracas y Parque Avellaneda. Todos tendrán el título de propiedad en su poder y el compromiso de afrontar un crédito hipotecario con cuotas adecuadas a las posibilidades económicas de cada uno. Cuando las últimas familias se muden, la villa 26 quedará reducida a escombros y en el lugar avanzarán los senderos, parques y calles del proyecto Camino de Sirga, como ocurrió en el espacio liberado en 2015.
Es un paso más del proceso que se inició en la ciudad en 2014, con el objetivo de relocalizar a toda la población de la vera del Riachuelo. Hasta el momento fueron reubicadas 566 de las 1837 familias registradas en el censo de 2010; vivían en los asentamientos Luján, Magaldi y El Pueblito, y en las villas 26 y 21-24. Las más de 1100 restantes habitan en el meandro y pertenecen a la 21-24; para ellas, el Instituto de la Vivienda (IVC) construye unidades en cinco complejos habitacionales. Según la promesa oficial, para 2019 ya habrán sido trasladadas.


Trasladarán a las últimas familias de la villa 26 de Barracas.

La nueva mudanza, que coordinará el IVC, responde a una obligación del gobierno porteño tras un fallo judicial de la Corte Suprema, conocido como el Fallo Mendoza, de abril de 2008. El tribunal exigió, entre otras cosas, que los gobiernos de todas las jurisdicciones de la cuenca Matanza-Riachuelo garanticen mejores condiciones de vida a las personas instaladas en los primeros 35 metros de la orilla, mediante relocalizaciones. El proceso avanza a paso lento.


Vale recordar, además, que ya pasaron siete años del convenio firmado entre el Estado nacional, la Ciudad, la provincia de Buenos Aires y 14 municipios para el cumplimiento del Plan de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios en Riesgo Ambiental y muchos vecinos siguen aún esperando respuestas. De las 17.771 soluciones habitacionales necesarias para familias en situación de mayor peligro, , contempladas en dicho acuerdo, sólo se entregaron 3725, según cifras de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar).
La 26 tiene una estructura diferente de la de otras villas porteñas. Tiene un sólo pasillo con casas a ambos lados; algunas, sobre la margen del Riachuelo. Hay una que llama la atención porque cuelga sobre el agua, apoyada en columnas de hormigón que se hunden entre el fango y la basura. "Las hizo un tío nuestro porque cada vez que el río subía se llevaba una parte de la casa. Así ganamos un espacio más, que usamos para dormir o cocinar", cuenta Ángeles , que desde que nació vive allí junto a sus cinco hermanos, sus padres y su abuela.
Todo tipo de alimañas
Ángeles tiene un quiosco que da al pasillo y vende un poco de todo: productos de limpieza, cigarrillos, productos comestibles. Atiende por una ventana en la que cuelgan carteles escritos sobre cartones. Su mamá, Ana, es secretaria y está estudiando para chef; su papá, Ricardo, trabaja en la cocina de un supermercado. "La mudanza es necesaria. No se vive bien cerca del río porque hay ratas, lagartijas, víboras. Tuvimos muchas enfermedades respiratorias, sobre todo los chicos, y también infecciones", recuerda.
Cuando finalizó la relocalización de los primeros vecinos de la 26, empezaron reuniones semanales con los demás habitantes para organizar temas como formación de consorcios, asignación de los departamentos, vacantes en los colegios y más. "Ayer fui a la reunión para saber cuándo nos mudaríamos, fue como estar en una lotería", dice Ángeles, entre risas ansiosas. La familia se mudará a dos unidades del complejo de la calle Lacarra, que cuenta con 54 departamentos en Parque Avellaneda. El otro módulo, situado en San Antonio al 700, en Barracas, tiene 64.
La asignación se realizó según la cantidad de miembros de la familia y los ambientes que necesitaban. Además, se les ofreció elegir con qué vecinos compartir el entorno. En los casos en que eso fue posible, se destinó a todos un mismo sector

 "Esta dinámica es importante para que el proceso se facilite: no sólo se apropian de la casa sino también del proceso. La persona deja de ser objeto de políticas públicas y pasa a ser sujeto de políticas públicas", opina el presidente del IVC, Juan Maquieyra.
En las próximas semanas se terminarán de definir las líneas de créditos que deberán afrontar los vecinos y, en dos meses aproximadamente, comenzarían a pagar las primeras cuotas. Ésa es una preocupación para Marcelo Gregorio, a pesar de esperar ansioso la mudanza y de saber que es necesario un cambio, sobre todo para sus hijas. "Estaba más contento cuando tenía laburo, ahora no tengo y se me hace difícil afrontar gastos. La casa no me la regalan, tengo que pagar cuotas, por más que sea muy baja. La gente piensa que es todo gratis y nada que ver", dice, rodeado de tres de sus hijas, recién llegado de preparar cuatro kilos de milanesas en un comedor comunitario donde hace trabajo voluntario.
A la casa actual, dondelo encuentra tomando mate, llegó relocalizado hace dos años y ahora espera la mudanza a un departamento de Lacarra. Él y su familia vivían en la primera zona que fue liberada. "No voy más para ese lado, ni siquiera miro. Acá empezamos con mi esposa, nacieron todas mis hijas... Al Riachuelo ya estamos acostumbrados, pero no se puede vivir más. Acá las ratas ya no son como gatos, son como caballos", describe, y despierta las risas de sus hijas.
Nuevos departamentos
Un complejo de departamentos de Barracas recibirá a la mitad de las familias.
Ángeles Parindari. "Tuvimos muchas enfermedades respiratorias e infecciones" "No se vive bien cerca del Riachuelo porque hay ratas, lagartijas, víboras. Tuvimos muchas enfermedades respiratorias, sobre todo los chicos, y también infecciones", relata Ángeles 

Marcelo. "Acá las ratas ya no son como gatos, son como caballos" Marcelo Gregorio, su mujer y sus seis hijos son habitantes de la villa 26. Su vida cambiará pronto, cuando se muden a un departamento propio. "La casa no me la regalan, tengo que pagar las cuotas.
Una mudanza histórica en la Villa 31
Hace algunas semanas empezó la relocalización de familias dentro de la villa 31, un hecho histórico que se realiza por primera vez en la vida del barrio. Se trata de 110 familias que habitaban el sector por el que pasará la nueva traza de la autopista Illia, entre el peaje y la Avenida del Libertador; en la traza ociosa se construirá un parque en altura. La mudanza se realizó en tres etapas, a cinco módulos habitacionales nuevos que se construyeron en el sector conocido como Containera, un predio que pertenecía al tren Belgrano Cargas. Son departamentos de dos, tres y cuatro ambientes. Las viejas casillas están siendo derribadas por AUSA para avanzar con la nueva traza. Tal como anticipó la nacion, los nuevos complejos están dotados de paneles solares en las terrazas para generar energía, que será utilizada en la alimentación de espacios comunes de los edificios, como escaleras y pasillos, y también en algunas prestaciones en los hogares. La tecnología ya funciona en el Centro de Desarrollo Emprendedor y Laboral y en un galpón recuperado del narcotráfico.